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The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

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The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Miér Oct 16, 2013 7:29 pm



THE FLAME OF THE MATCH, ALWAYS OFF

"Magheq" IV. Kahlfuss ||  Flash back situado en Alemania,
luego de los sucesos en el Navis, antes de la separación de los alquimistas



¿Es que acaso era idiota?, bueno lo era. En cierta forma era un total idiota, ¿Qué estaba haciendo en ese lugar y a esa hora de la noche?; no podría dormir, eso era completamente claro pero porque razón viajaría a altas horas de la noche solo para llegar a unas tierras de las cuales no tiene absolutamente nada, solamente arrastrando los viejos recuerdos amarrados al pasado de siglos atrás. De alguna u otra manera me siento nostálgico, pensó arrodillándose un poco sin tocar por completo el suelo con sus rodillas, solamente viendo las viejas tablas de una casa tiradas por toda la zona, siendo cubiertas por la naturaleza que seguía creciendo alrededor de las ciudades creadas y lo nuevo que tenía el mundo. Su mano tomo aquella tabla de madera y levanto una ceja asombrado por la fecha, y rio un poco divertido por aquello, pero el sonido no salió de sus labios, quedo flotando en su garganta.

. Esto… si no estoy mal fue después del Navis —menciono en silencio cerrando sus ojos —, ¿Qué fue lo que sucedió? —se pregunto, aguantando claramente un suspiro de frustración de sus labios.


[ F L A S H   B A C K ]

No habían pasado si no algunos días luego del viaje en aquellas aguas del índico. Y bueno, se suponía que todos tenían que emprender su viaje de inteligencia a todo el mundo, pero él se encontraba en Alemania, en aquella casa y sin mover un solo dedo de su cama. Era natural el comportamiento de Gintoki cuando no quería ejercer algo que le causara fastidio o molestia, de hecho quería quedarse unos años más en Alemania, le gustaba ese país era tranquilo y la cerveza deliciosa, incluso tanto que la regalaban como el agua. Pero ese no era el problema… ¿o sí? Bueno, digamos que si era el problema; principalmente por un alcohólico amante del dulce como él. A veces su comportamiento hacia que muchos se enojaran o lo tomaran como enemigo, pero ¿Por qué? Sí el no tenia para nada la culpa.

Giro de nuevo en su cama hacia la derecha y observo el techo, giro de nuevo en su cama hasta la izquierda y no respiro por unos segundos al estar bocabajo, volvió a rodar y cayo de lleno en el suelo, golpeando su rostro con el frío piso de la casa y se quejo por lo bajo. No fue capaz de asomar su cabeza debajo de la cama por temor de que algo saliese, tampoco es que le interesase hacerlo; pero bueno. Se levanto y toco su nariz a ver si la había roto o en el peor de los casos fue robada –siendo el último caso imposible, pero era Gintoki de quien hablamos- se asomo en el espejo observando su reflejo, un suspiro de alivio salió de sus labios al ver que estaba completamente entero y ningún duende se había llevado su preciada nariz. Escucho algunos pasos por la casa, y algunas voces, comenzó a reconocer las voces que se escuchaba y levanto una ceja con bastante curiosidad, pensaba que solo él se encontraba en Alemania, el sonido de una puerta al cerrarse y de unos caballos marchándose en coche se alejaron de la casa y el los observaba con curiosidad. Camino hasta la salida y abrió la puerta suavemente notando una figura girada hacia adelante.

¿Qué haces aquí?, pensé que te habías ido a América —en el marco de la puerta cruzado de brazos observaba a aquel chico de cabellos morados, o tal vez ese color se acercaba más al color de su cabello, después de todo era más natural que el suyo que era de color blanco o plateado. Aunque se arrepintió completamente de hacer esa pregunta, sabía que le iba a contestar con sarcasmo y le iba devolver la pregunta, y comenzarían de nuevo una pelea; y no había nadie alrededor que los detuviera, eso le asombro completamente y se dio la vuelta entrando a la habitación, algo sonrojado —. Claro… no es como si me interesara, jaja —menciono dejando la puerta entrecerrada y sentándose en su cama tomando un libro y abriéndolo para comenzar a ojearlo, ya que se lo sabía de arriba abajo y solamente era para disimular el incomodo ambiente que se iba a formar, para luego levantar la mirada —. ¿Oh me extrañaste tanto que regresaste solo a verme? O… tal vez te dijeron que seguía aquí y no podías vivir sin mi —siguió con los juegos metido en el libro, se quedo callado un momento y levanto la mirada, y la bajo de nuevo lanzando un suspiro como un niño. Que de hecho, se escuchaban algunos por los alrededores.


Última edición por Gintoki “Grim” V. Sakata el Jue Oct 17, 2013 12:26 am, editado 4 veces





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Miér Oct 16, 2013 11:28 pm

Encogió las rodillas y en el movimiento las sábanas se ajustaron a su cuerpo con pereza. Era entrada la noche pero el sueño no parecía desear bendecirle con uno de sus oscuros sueños, esa madrugada su mente divagaba en recuerdos del pasado, unos que creyó enterrar... Unos que deberían estar muertos. Giró bruscamente su posición estirada cuando el rostro de cierto personaje apareció nítidamente en su mente: Reconocería dónde fuere ése claro cabello, esa mirada picara. Gruñó a la nada y su mejilla se hundió cuanto pudo en lo mullido de la almohada, buscando el refugio del dolor ahora estancado en su estómago. Todo aquello era demasiado difícil de explicar, de digerir... De procesar. Cerró los ojos en nuevo intento por descansar. La mañana fue movida, los suyos le habían mantenido ocupado con el conteo del capital de la ciudad y creyó estar agotado, pero tan buen punto su ojo observó el cuarto a oscuras se dio cuenta de qué día era. De qué fecha era.

El estomago se contrajo y tuvo que volver a encoger las piernas. Era como si a su maltrecho organismo le faltase algo, algo más importante que el ojo. Algo más esencial que la vista. Más importante que un órgano.

Maldito fuere aquello que le faltaba.

[ F L A S H   B A C K ]
Por favor.- el cuerpo de un joven de estatura media se encontraba en el ángulo correcto de una perfecta reverencia, su pelo, rebelde de por sí, caía a los laterales de un siempre pálido semblante.

-[b">Magheq...- la voz del adulto pareció compadecerse del que tenía frente a sí pero el aludido no movió un milímetro su posición. El hombre suspiró ante la tozudez de IV, sin lugar a dudas no podían estar juntos, pero tampoco separados. -Has perdido días de viaje en vano y has regresar aquí simplemente para... Pedir una sandez. - el de cabellera entintada en morado tembló débilmente, predispuesto a recibir el peor de los castigos, si más no... Lo habría intentado luchando. No obstante el ambiente pareció cambiar, relajó la posición de los hombros y poco a poco fue enervándose, encontrando el orgullo en aquella mirada del hombre al que, juraba, quería más allá de lo terrenal. – Me alegra veros tan unidos. Los años han conseguido lo que ningún castigo hizo.- sonrió apacible y el menor de ambos tuvo, por fin, la respuesta que vino a buscar. –Ve, pero deberás reanudar la marcha en cinco días.-

La tempestad del primer día no ayudó en absoluto, muy a pesar del beneplácito de Padre el viaje tubo que enmendarlo por cuenta propia y por los medios que en cada momento consideraba más oportuno. Las aguas del índico eran feroces y sus brazos tuvieron que soportar el fuerte oleaje, empujando mísera pala de madera junto a otros tantos para lograr mantener el rumbo; Era un maleante más, un polizón alcanzado por la guardia de ése navío. El castigo había sido ser participe de la maquinaría más letal...: Remar. El descanso no era amigo de nadie empero logró resistir las siguientes diez horas de marcha. No acabaría ahí el tormento pues según las indicaciones de sus mayores, el hospedaje para los futuros líderes resultaba estar apartada. Pactó un carruaje con un hombre de edad mediaba a cambio de trabajos en el campo. Aquello le llevó malgastar su segundo día en trabajos nuevamente físicos que le deterioraron aún más. No, no podía permitirse caer rendido. Eso era lo que se repetía una y otra vez cuando el pico de su instrumento se hundía en la tierra a plantar: Quedaba poco.

El comerciante pagó gustoso su parte del trato la noche del tercer día y es que la mañana del mismo se encontró al muchacho desmayado en el terreno, con la faena ya acabada pero rendido al sueño, así pues, no iniciaron la marcha hasta que el hombre se aseguró que el joven no moriría al iniciar el rumbo deseado. Era entrada la noche, la luna estaba ya arriba, muy arriba. Desconocía la hora pero en su mente sólo había una meta: Encontrarle. Su cuerpo osciló peligrosamente hacia delante cuando el carruaje frenó. Los caballos chistaron molestos por el repentino gesto del dueño al tirarles de las correas pero el hombre le silbó para llamar su atención y al conseguirla, le indicó que sin lugar a dudas, esa era la parada que estaba deseando encontrar. Magheq bajó del carro y corrió hacia la entrada, más bien, la lluvia le obligó a acelerar el proceso de su marcha, emapándose de todas formas en el corto trayecto.

La puerta fue abierta por una doncella de palabras amables, no tuvo más que decir su nombre y... número. Esta comprendió y le guió dónde, según palabras textuales; Estaba su amigo.

Sí... Brazos cruzados, mirada altanera. Su mirada divagó en aquel rostro una y otra vez, hasta que sus comentarios lograron lo que creyó imposible: Molestarse. Se mordió con afán el labio. ¿Tanto trabajo para eso? ¿Tanto esfuerzo para ser rechazado? Tenía los brazos agarrotados, las piernas no las sentía... Y ése maldito imbécil se atrevía a jugar con palabras de esa forma, como siempre. Nada, nada cambiaría entre ambos.

Sin embargo que el de cabellos plateados dejase la puerta entreabierta y no la cerrase de un estruendoso portazo fue motivo suficiente cómo para que él mismo abriera la puerta y la cerrase tras de sí, quedándose apoyado en la misma para permanecer con las distancias establecidas por V. -Me dio permiso para venir.- fue directo al grado, obviando los intentos ajenos por molestarle. Se sentía estúpido ahí, en medio de una habitación que no le pertocava intentando no estallar en batalla con quién peor se llevaba. -Cállate, imbécil.- orden clara, directa. Firme. No era momento de pelea, no cuando el tiempo apremiaba cómo lo hacía. -Me iré dos años a América.- ¿Lo sabría él? ¿Le hubiese buscado? ¿Y extrañado?. Desvió la mirada hacia un lugar de la alcoba. -Sólo quería despedirme de ti.- de él. A solas. Estaban justo cómo se había imaginado y se encontraba incapaz de separarse de la puerta e ir hacia él.

Silencio atroz. Escuchó un par de niños en la lejanía, pero procuró no alejarse demasiado del terriblemente vergonzoso discurso. -Quizás si sea cierto que no pued... Que no quiera...- despegó una mano de la puerta y se la llevó a la cara, cubriéndose párpados y boca incluso barriendo con ello las gotas que aún caían de su pelo hacia su dermis, hablando en un hilo de voz.  -Quizás no quiera estar sin ti.-





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Jue Oct 17, 2013 12:22 am

No había nada que le distrajera en esos momentos, ¿es que acaso necesitaba una razón para poder distraerse?, no, no la había. Sobre todo porque fue el, quien se opuso de irse de Europa desde temprano, prefería quedarse en Alemania, en aquellos apartamentos que pagaron durante años para poder sobrevivir en lo que todos los alquimistas estuviesen reunidos; pero fue el único quien no se marcho y regreso solo hacia Alemania, aunque le toco remar durante mucho tiempo no le importaba completamente; después de todo eran tonterías, ya que le acompañaron algunos pesqueros y practicando sus poderes, o lo nuevo que había sido otorgado por aquel diablo controlo la mente de aquellas pobres personas, no tenía nada que perder; después de todo era divertido y el disfrutaba de absolutamente todos los juegos mentales que existían.

La llegada de nuevo a Alemania fue un juego, el carruaje que los llevo lo devolvió directamente hacia la casa, el hombre pago lo que tenía que pagar y desapareció dentro de aquella casa, después de todo sus esfuerzos en la calle para trabajar tenían de alguna u otra manera recompensa. Pero no había otra recompensa que fuera simplemente alejarse de él, lanzo un largo suspiro de sus labios y se acostó de nuevo en la cama mirando el techo; podría jurar escuchar la voz de padre en esos momentos, como le recalcaba que debía viajar a América primero antes de poner un pie en otra parte. “Puedo saber la razón de la cual quieres regresar” era una de sus menciones, no era una pregunta por lo cual el peliblanco no estaba dispuesto a contestarla, pero luego de varios minutos de silencio el hombre siguió prosiguiendo con todo “¿Has olvidado algo?” con nerviosismo dirigió una de sus manos a uno de los flequillos de su cabello enredándolo y cruzando sus piernas en el aire “Tiene que ver con él”, un violeto sonrojo invadió su cara y arrugo la frente enterrándola en la almohada que estaba debajo de su cabeza y comenzó a contar hasta cincuenta por si podría morir en esos momentos, pero nada. Podría estar tranquilo sin respirar, es que… ¿se había vuelto innecesario?

Su mente volvió a volar de nuevo y el sonido de la lluvia en la parte de afuera de la casa era ruidosa, sobretodo escuchando las gotas en el techo que hacían que clavaran completamente la soledad dentro de su cuerpo Estoy solo, se recordó cerrando sus ojos, se agacho y saco una pequeña maleta observándola con una sonrisa en sus labios, mientras la abría. Observo con diversión aquella libreta que tenía el nombre de los dos, la tomo con sus manos y la comenzó a abrir para leer lo que estaba dentro. Cerró sus ojos y recordó aquellas palabras “Esto es su castigo. De ahora en adelante compartirán conocimientos”, de alguna u otra manera estaba alegre; pero no le gustaba de todo, revisaba su letra y la ajena mientras seguía pasando las hojas y reía un poco al ver los tachados de ambos. Si que éramos unos críos, pensó con diversión. Escucho la puerta cerrarse y con ello pasos acercándose, guardo la libreta de inmediato y con ello el bolso debajo de su cama y se coló rápidamente hasta arriba de la cama con una rapidez de no estar haciendo nada, su corazón bombeaba rápidamente y paso su mano pero quedo con algo colgando en esta, observando el retrato donde aparecían todos los alquimistas, se sonrojo un poco y bajo la mirada guardando aquello debajo de la almohada, iban a ser largos siglos sin ellos.

. ¿Eh? —respondió como si no hubiese escuchando absolutamente nada, permaneció en silencio con su mirada dirigida hacia donde estaba, con la puerta cerrada y su mirada hacia abajo, tal vez estaba preparando una venganza, por lo cual su mente comenzó a hacer lo mismo. La única debilidad de su poder de mentalidad era no poder leer con claridad la mente de los alquimistas y eso le molestaba. ¿Por qué quería leer su mente con tanta desesperación?, movió su rostro de un lado a otro ignorando aquello y mordió su labio cerrando el libro y colocándolo a un lado de la cama, escondiendo un poco la fotografía que estaba sobresaliendo, ya tenia veintiunavos para siempre; por lo cual, debía comportarse como tal. Bajo la mirada evitando la ajena mientras lo escuchaba abrió sus ojos y quedo mirando sus rodillas y sujetaba estas con sus manos ligeramente apretadas ¿Dos años?, coloco su mano en su cabello y comenzó a reír por lo bajo; es lo que tenía preparado para permanecer ahí en Alemania sin hacer movimientos algunos, solamente trabajos caseros para pagar el alquiler de este lugar. Por alguna razón era un tiempo demasiado largo; dos años para ellos sería una eternidad ¿el estaba de acuerdo? —. Tu… ¿estás de acuerdo con eso? —pregunto por lo bajo apretando sus manos —… digo, irte… siguiendo las acciones de los demás —finalizo cerrando suavemente sus ojos. Escuchando lo ajeno que había dicho sus ojos se abrieron y tapo su rostro evitando mostrar las mejillas sonrojadas y el latido rápido de su corazón que se comparaba al sonido de los caballos al correr rápidamente arrastrando las carrozas.

Se levanto y camino hacia el baño pasando por su lado sin mencionar absolutamente nada, el silencio era presente entre los dos, recogió rápidamente una toalla que estaba colgada en el baño y la abrazo a sus manos caminando de nuevo a la habitación, cerro sus ojos y aspiro una cantidad de aire para tomarse el valor de quien sabe dónde y caminar hasta delante de él colocando la toalla en su cabeza, comenzando a secar su cabello —. ¿Qué tan idiota puedes ser?, si vas a seguir así mojado todo el viaje va a ser en vano porque te vas a enfermar —dijo por lo bajo, secando su cabello, como solían hacer con ellos dos luego del baño y cuando se escapaban para mojarse bajo la gran fuerza de la lluvia —. Eres demasiado astuto, Mag-chan —susurro en su oído para subir su rostro y tomar las mejillas ajenas y acercar su cuerpo hacia el suyo mientras se detenía en los labios ajenos —. Yo… yo… también me quería despedir de ti —sonrió lentamente, y le dio un beso en la frente, escuchando el sonido de su corazón que estaba latiendo rápidamente.

Deslizo sus manos hasta dejarlas en la puerta, siguiendo cerca de él, mientras su rostro seguía cerca del ajeno, sintiendo su ropa siendo mojada por la ajena y sus manos temblando para abrazarlo contra su cuerpo, pero algo le grito que no debía hacerlo, bueno… no ahora —. Toma un baño… te esperare aquí, ¿no has comido?, cierto. Te invitare a almorzar ahorre bastante del viaje hacia aquí —giro su rostro algo sonrojado, caminando hasta la cama y abriendo de nuevo el libro.





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Jue Oct 17, 2013 12:58 am

Dos años. Dos años que para el resto del mundo pasaría volando. Dos años que para los inmortales no sería más que un suspiro. Pero no dejaban de ser dos años que pasaría en ausencia de ése que desde sus primeros años de vida le tendió una mano cuando sus pies tambaleaban al aprender a caminar. Dos años era una prueba que estaban poniéndole para determinar su estabilidad y saber hacer por su cuenta, pero esos dos años se verá perdido sin la compañía de ése que le acompañaba en esos momentos, ése que... Ése que tras la doliente declaración no mentó nada de lo que esperó. Si más no, no había estallado en risas, tampoco en bromas, parecía que Gintoki había captado la veracidad en sus palabras. Nadie cruzaría los kilómetros que él hizo para gastar una broma, si más no, su declaración iba completamente en serio. Muchos años I repitió una frase que tenía grabada a fuego pero que hasta ahcía poco no fue capaz de entender: Ni con él, ni sin él. La voz ajena le llegó cómo un cosquilleo lejano pero fue consciente de las palabras y de lo que ello comportaba. –No estoy de acuerdo con ello.- ¿Abandonarle? ¿Irse sin más? No. No quería aquello pero era algo que debía hacer y de lo que no tenía escapatoria.

Vio aquella otra figura alzarse y caminar hacia él, pero no pudo siquiera distinguir su mirada, el contrario pasó por su lado demasiado deprisa y antes de poder reaccionar de alguna manera, la puerta se cerró a sus espaldas. ¿Se ocultaba? ¿Huía? Tensó ligeramente unas manos que en todo momento yacieron apoyadas sobre la fría madera de la puerta, sintiéndose realmente estúpido. ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué intentaba siquiera abrirse a quién quedaba claro que no le interesaba saber absolutamente nada de lo que por su mente merodease? Empero antes de hacer cualquier otra divagación, una tela mullida aplastó sus húmedos cabellos y junto a ello, unas manos le envolvieron la zona, frotando los laterales de su cabeza. –...-

Quizás esperaba algo así, esa calidez que compartían en puntuales motivos cuando nadie les observaba. Cerró los ojos y esta vez la voz de V le acarició el oído, estremeciéndole de buen grado. Pronto quedaron frente a frente, le tenía cerca, tanto que podía respirar del aire que esa boca expulsaba al hablar: Siquiera estaba prestándole atención. Ahora su foco de atención era esa comisura tan cercana y apetitosa. Un estremecimiento se forjó en su vientre cuando los brazos del albino pasaron por los laterales de su rostro y apoyó las palmas contra las puertas: Estaba acorralado, pero lejos de incomodarle aquello le causó una sensación curiosa de victoria. ¿Estaba invitándole a almorzar? ¿ÉL? –Gin.- antes de que se alejase agarró una de las muñecas de éste, pero con suavidad, no era momento de hacer pulso de poderes. Pudiera ser que llevasen años juntos pero todo lo que estaba sucediendo ahora lo vivía cómo si se tratase de algo nuevo y diferente. Ya no eran los mismos. Ninguno de los dos. Sus falanges suavizaron el agarre entorno a la muñeca del otro y es que su objetivo meramente fue el de mantenerle cerca para poder responder a ciertas menciones que el otro hizo. –Báñate conmigo.-

¿Cuántos baños habrían compartido de niños? En más de uno de aquellos chapuzones, los mayores de la casa habían tenido que entrar a gritos para separar a los enzarzados en una pelea por la esponja o quizás, por algún muñeco, sin duda aquel no sería el primer baño, empero si el primero con un significado distinto. Sus dedos perdieron poco a poco la fuerza y soltaron el brazo de aquel al que hubo pedido compañía con la esperanza de que aceptase, aunque obviamente y por esa vez, no iba a obligar que hiciera lo que no gustaba en caso de que aquella fuera su determinación. Esas mejillas sonrojadas e incluso el rápido movimiento de su pecho al respirar estaban gritándole su estado. En lo mientras esperaba algún tipo de reacción tiró de uno de los laterales de la toalla que caía perezosa por un lado de su cuerpo y la dejó caer a sus pies. Empero y a pesar de hacerse el duro proseguía con la ropa completamente empapada y pronto se dio el primer estornudo. La convulsión de su cuerpo fue instantánea y de manera casi automática enervó una mano para tocarse la frente, descubriendo que se encontraba a una temperatura algo más elevada de lo que la normal refería.

Sin duda no pintaba nada bien, sin embargo tenía la esperanza de recuperarse en dos días para salir el tercero o se perdería la marcha de poco más de la mitad de el camino que por norma general debería hacer con su "familia".





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Jue Oct 17, 2013 11:44 am

Su mano se deslizo suavemente para tomar las mejillas de aquel chico, sus ojos quienes estaban siempre entrecerrados con su iris pequeño lo observaba sin mencionar palabra alguna, entendía de alguna u otra manera la posición del ajeno, sus labios temblaron un poco y algo logro morder lentamente su labio. Sus manos en si estaban temblando con la fuerza que estaba ejerciendo para controlar sus impulsos, sus labios estaban entreabiertos y pudiesen soltar cualquier estupidez de estos, pero eso no era el momento; debía comportarse como un adulto, por primera vez en su vida debía comportarse y no hacer bromas que molestaran a los demás, por primera vez… no se rio delante de una confesión. Sus labios temblaron; era para él aquella normalidad con la que tomaba las cosas y las rechazaba de inmediato, no le gustaba estar amarrado a una persona; era molesto pero sus labios temblaban al momento de hablar con él, nada quería que saliese sin ser cuestionado antes por su cabeza: “¿Lo amas?”, amar… ¿Era la palabra adecuada para decirlo de esa manera? Lo hacía. No pudo evitar reír de sus propios pensamiento, tanto que I se lo había repetido y este se lo pasaba por alto porque era totalmente mentira, escuchar algo de los labios ajenos era más que tranquilidad para él —. Si no quieres… no lo hagas —pero sus palabras, más que para ese chico; era para él, todos los alquimistas tenían algo que hacer en el mundo. Todos tenían metas planteadas y querían resolverlas de inmediato, pero él… quien había sido nombrado Shiroyasha por el propio diablo, un demonio que no tenía nada que hacer en ese lugar al pasar los años; era como si estuviese en un bucle infinito.

No pudo evitar sonrojarse violentamente con aquella proposición; su corazón que latía rápidamente en esos momentos no pudo evitar comenzar a jugar con su cabella con una de las manos que estaba libre, nervioso; tratando de controlar aquello que se estaba saliendo de control, rio un poco y comenzó a sentirse nervioso —. Pero que dices, Mag… digo… ya estamos grandes y bañarse implica otras cosas —a pesar de que intentaba llevar todo de vuelta a la normalidad no podía hacerlo. Tal vez maldecía mentalmente por la gran perversidad que cubría sus huesos, de la mayoría de los alquimistas compartía tantas cosas con IX, y era aquellas noches de huelga en las que salían a escondidas de I, solamente para esconder el pasado y meterse dentro de las noches de placer; pero otro asunto era sentir la piel ajena, y la fuerza pequeña que estaba ejerciendo, sus labios temblaron un poco y su mirada se poso en la ajena, no pudo mencionar más nada, quería aceptar… ¿Quiero hacerlo?, se pregunto; pero era estúpido, ya que cuando llegaba a una decisión no podría echarse para atrás, y no lo estaba haciendo… no quería hacerlo.

Bañarse implicaba muchas cosas a estas alturas, y Gintoki las conocía absolutamente todas y todo lo que puede pasar dentro de un baño, cuando era joven entendía que todos los baños entre los niños de la casa era natural, siempre terminaban luchando en el baño y los demás llorando por los juegos sucios de ellos dos, pero ahora… movió su cabeza de un lado a otro; ¿Estaba bien amar a un hombre?, bueno… iba a vivir toda una eternidad para descubrir muchas cosas del mundo que eran permitidas y otras que eran completamente prohibidas pero eso no le impedía colocarse realmente nervioso, solo era un baño cierto; solo… un baño. ¡Solo es un baño Gintoki! ¡No van a hacer absolutamente nada! Le lavas la espalda, el te la lava a ti… sus pensamientos quedaron flotando y lanzo un largo suspiro al aire para luego expulsarlo con total tranquilidad Si, solo es un baño, se dijo a si mismo decidido, pero algo llamo su atención, y fue aquello que salió de los labios del chico; no pudo evitar reír entre sus dientes y darse la vuelta mientras negaba completamente divertido por el asunto.

. ¿No te lo advertí?, es que acaso no te cuidas —le reprendió con diversión en sus labios, mientras apretaba un poco su muñeca y comenzaba a caminar directo hacia el baño, mientras bajaba la mirada con el latido rápido de su corazón —. No… no me voy a bañar porque me lo hayas pedido tu, solo… lo voy a hacer para asegurarme de que no mueras dentro de la bañera… ¿correcto? —le dijo, pero era estúpido, ellos ya no podían morir aunque podrían enfermarse como cualquier persona común y corriente, las enfermedades terminales y asesinas podrían ser como un simple refriado para ellos, según tenía entendido; pero habían muchas otras que podrían realmente dejarlos en cama durante bastante tiempo, o perder algún miembro del cuerpo también podría ser eterno, abrió de nuevo la puerta del baño y salió un ligero suspiro de sus labios —. Vamos, quítate la ropa antes de que comiences a estornudar de nuevo, dámela la lavare cuando terminemos de tomar el baño para que descanses un poco… —mencionaba con la voz baja —, terminemos esto rápido… ya que somos adultos, nos turnaremos para lavarnos las espaldas… ¿de acuerdo? —fingir crecer en esos momentos, era algo que era tan natural para ellos; tan natural para él y tan molesto para otros.

En Alemania eran vistos como los pocos extranjeros que vivían por sus alrededores, sobretodo porque ellos eran japoneses que se aferraban a las reglas de otros países. Deslizo su yukata por sus hombros hasta dejar que cállese al suelo al igual que el obi que portaba; para él, vestir de esa forma le recordaba el pasado y tenía que estar junto a algo que lo llevase a caminar hasta el futuro aunque sea de empujones. Se acerco a la tina para verificar la temperatura del agua observando su reflejo, sin mencionar nada sin decir nada había aceptado pero ahora tenía la ligera necesidad de salir corriendo, como cosa rara absorbió un poco de aire y metió su cabeza en esta para luego sacarla le gustaba sentir la sensación de que el agua hacia que sus cabellos rizados pareciesen un poco, por lo menos un poco lisos.





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Jue Oct 17, 2013 3:32 pm

No hacerlo. ¿Podía realmente no hacerlo? ¿Podía negarse a ello?. ¿Podría plantarle cara a su propio destino? No. No podía. El sendero estaba ya delineado y él debería limitarse a seguir el rumbo que se le había asignado. No se quejaba del cargo o de la posición, lo que le molestaba realmente de todo aquello era y sería siempre separarse de aquel que ahora le daba la espalda, riéndose de tanto en tanto: Típico. Tan típico que era cotidiano. Tan cotidiano que... Era familiar. Sí, su familia. ¿Hermano? Procuró poner en orden sus sentimientos, encontrándose de nuevo con aquella pelea interna con la que durante años estuvo batallando: ¿Odio o amor?. Por el albino sentía lo más fuerte que hasta ahora bombeó en su pecho, cada disputa encendía una mecha en él, llama que no deseaba ser extinta y que con el paso de los años proseguía activa, candente. Odiarle... Amarle. ¿Qué importaba? Ahora le tenía para él. Pasarían la noche enclaustrados en un cuarto cómo cuando I les castigaba a compartir lecho para procurar unir a los hermanos, pero aquella noche tenía algo distinto: Ninguno de ambos estaba obligado a permanecer ahí.

Grandes para bañarse juntos. Quizás estaba en lo cierto pero según tenía entendido y siempre siendo ambos movidos por la cultura nipona, bañarse con otro adulto no era nada pecaminoso ni algo que estuviera fuera de contexto, aquella era una inocencia que llegaba a caracterizarle: No solía haber segundas intenciones con connotaciones sexuales en sus palabras. No merodeó demasiado en su idea, el cálido contacto de las falanges foráneas enroscándose entorno a su muñeca le sacaron del abismo de dudas y por mera inercia alzó la vista, fijándose en la amplia espalda cubierta por la fina tela del yukata que el otro traía consigo: Tan japonés, tan puro... No parecía siquiera ése que solía regalarle palabras envenenadas para hacerle enfadar. No era el mismo que luchaba consigo para ver quién se sentaba primero en la mesa y conseguía el trozo más grande de carnaza.

-No te preocupes, no le diré a nadie que mi poder de persuasión consiguió hacerte entrar en la bañera.- no moriría por un mero y mortal resfriado, eso lo sabía él y por supuesto, también el que le tenía sujeto por la muñeca. La puerta del baño fue abierta por su acompañante y el calor de la fuente de la tina pronto llegó a ambos, consiguiendo que el de cabellera morada soltase un sonido satisfactorio. La orden llegó clara, directa y concisa: Debía desprenderse de la ropa. Se separó del contrario y se sujetó la parte baja de la camisa cubierta en barro que traía consigo, alzándola: Lo primero en descubrirse fue su plano y tonificado vientre, zona corpórea la recién liberada de tela fue la primera en dar a conocer el arduo entrenamiento que solía ejecutar todos los días con la katana. Más tarde encogió los hombros y pasó por los mismos lo que restaba de la tela: Los hombros eran amplios, quizás si se comparaba su cuerpo con el de Gintoki no era de tamaño tan extenso pero las formas eran similares: Las de un hombre curtido en batalla y entrenamientos constantes. Dejó caer la tela en el suelo de cualquier forma, siendo el siempre desordenado que caía en las riñas más profundas de I. Llegó el turno a los pantalones, sus dedos sujetaron ambos laterales de la cinturilla... ¡Error! Su mirada se fijó momentáneamente en el otro, en un inicio para saber su posición, segundos más tardes fue para contemplar su estructura. Estaba ahí, a escasos centímetros de él totalmente desnudo. ¿Cuánto hace que no nos bañamos juntos?. No recordaba esas formas tan marcadas, esas líneas tan suaves trazadas en el cuerpo adyacente.

Hizo un sobre-esfuerzo por no mirar hacia el contrario y centrarse en el descender de sus propios pantalones. ¿Sería pecado amarle? Le quiero. Sí. Vale. ¿Y desearle?. Sus mejillas se sonrojaron de manera vivaz e involuntaria aunque para su suerte, aquel inicio de fiebre sería un pretexto para la misma si el ajeno jugaba a tenderle una trampa. Los pantalones hicieron compañía al a tela abandonada de su camiseta y a éste le siguió la ropa interior. No esperó esta vez ordenes, caminó con porte elegante y seguro en dirección a la tina... Para observar cómo el otro metía la cabeza. –Si quieres te ayudo a ahogarte.- mencionó por demás con esa voz orgullosa y altanera que solía enmendar, no fue en dirección a la tina si no que fue hacia la pared de pequeños pero elegantes cuadros de mármol para, tras alargar la diestra, sujetar el monomando de la ducha. Muy a pesar de no estar en Japón el baño parecía estar diseñado para ellos, para que su estancia fuera reconfortante y casi hogareña. Giró débilmente la palanca con la que accionaría el agua caliente y apuntó hacia el albino, sonriéndole con la malicia que solía cuando era niño, sí, esa misma expresión era la utilizada antes de someterle a una broma.

-Gin.- de nuevo por su nombre. Solo en la soledad. Únicamente cuando nadie más pudiera escucharle mencionar el apelativo de ése al que supuestamente odiaba. Giró pues lo correspondiente y un chorro de agua fría dio contra el cuerpo del otro, aunque poco a poco, ése torrente de agua fue tomando calor y el inicial gélido se convirtió en algo mucho más ameno. Las risas por su parte no tardaron en llegar. Voy a extrañarte.. Mente traicionera: No podía dejar de repetirse lo mucho que repercutiría en su animo no volver a verle, quizás en mucho más de dos años... Quién llevaría el control sería I.





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Jue Oct 17, 2013 4:35 pm

Era definitivo, Gintoki no sabía cómo reaccionar en esos momentos y seguía haciendo cosas estúpidas como era de costumbre; hablar de más con toques bromistas y momentáneos, disfrutar de la cálida compañía de todos lo que le rodeaban y hacerlos enojar era su rutina diaria, una rutina que estaba cortándose lentamente, si los años seguirían pasando; ¿el volvería a encontrarse con ellos? No, esa no era la pregunta que rondaba por su cabeza; ¿había la posibilidad de encontrarse con él?, a pesar de que los años pasasen, los siglos debían haber momentos en los cuales cruzasen de nuevo; volviera a sentir su respiración en torno a sus agitadas peleas, su voz enojado, feliz –claro que no con él- pero lo que más le gustaba era aquel sonrojo que se dibujaba dulcemente en sus pómulos, cuando hacían ver su rostro más vivas dejando relucir aquellos orbes que tanto le gustaban. Era definitivo que aquella frase calaba en lo más profundo de su alma, “Del odio al amor hay un solo paso”, pero… ¿el siempre lo odio? No, eso no era cierto; de alguna u otra forma le molestaba que la persona que lo salvo siempre estuviese velando por él cuando estaban ellos dos solos pero, luego comprendió que I hacia lo mismo con todos, lo que si tenía claro es que IV estaba primero que todos los demás, no era lo suficientemente para superar el puesto de I, quien fue el primero en librarlo de sus cadenas, pero hacia que su corazón y su mente dieran un salto y se comportarse como otra persona rompiendo su ritmo habitual. Era gracioso, lo era.

. Cállate que no lo estoy haciendo por tu poder de persuasión… ¿viniste a estar conmigo en tu permiso? Que gracia tiene que te tenga que cuidar si te enfermas —seguía con la mirada hacia adelante sin girarlo a ver, por vergüenza. Si por primera vez sintió vergüenza a decir esas palabras que no eran lo que quería expresar pero muchas de ellas daban la importancia de lo que sentía. No pudo evitar lanzar en la canasta de paja su yukata donde sobresalía la demás ropa que también estaba ahí; la que utilizo en su viaje para regresar a Alemania; no era que le gustase presumir, pero la mayoría de su ropa era parecida; le molestaba tener que mostrar distintas clases de ropaje por lo cual era casi siempre el mismo; su yukata blanca, como su cabello. Su mirada cubrió a la ajena observándolo, si; era cierto que implicarse bañarse de nuevo con alguien como él era peligroso, pero mucho más si la persona delante de él significaba demasiado; mordió su labio y decidió caminar hasta la bañera evitando observarlo, y comenzar a detallar el cuerpo de alguien que por alguna razón iba a sonar vergonzoso, pero no pudo evitar mirarlo de reojo y cruzar miradas ¿estaría de igual forma nervioso?, lo dudaba… ese chico era demasiado inocente y no había estado siendo pervertido por los demás por ordenes de I, aunque ellos también estuvieron en aquella orden, era natural que Gintoki se saltara todas y huyera a la oscuridad de la noche para seguir viviendo su vida como le gustase. Pero ¿Qué importaba?, a él le gustaba la inocencia ajena; las mejillas sonrojadas y avergonzadas pero ahora… estaba a punto de enfermarse y estaba algo caliente; por lo cual ese sonrojo, traía un significado incierto para el peliplateado; que no quiso descifrar.

“Desear a alguien no es malo, mocoso” recordaba las palabras de ese rubio pervertido; pero luego el resto le dejo completamente sin habla “Lo malo es estar cerca de él, estando enamorado y no poder ni tocarlo”, ¿es que acaso él se sentía de esa forma? Pero él no tenía ese problema… sí, bueno lo tenía hasta esa confesión repentina que hizo que sus colores volvieran a su rostro, el no le había contestado eso cierto, ¿tenía que hacerlo? Pero que le podría decir Yo, tampoco puedo vivir sin ti, no, no, no y absolutamente ¡No! Demasiado cursi Ya que estamos en esto, ¿Por qué no me abres las piernas?, okey, eso era su estilo, pero… ¡Tampoco! Lo único que se ganaría sería un golpe de él y se marcharía para no aparecer nunca más en su vida. Esto era serio, y lo sabía perfectamente pero… ¿Qué se dice en una maldita confesión? Siempre las había rechazado. No era el momento de pensar en eso ¿O sí? Tenía otros días para poder decirle, conociendo a I seguramente serian unos cuatro o seis días en los que podría estar rondando por ahí; no estaba completamente seguro pero algo era algo, comenzaría por lo sencillo Te quiero…, mordió su lengua, ni siquiera pudo salir de sus pensamientos y ya estaba sufriendo con decirle aquello; lo escucho y río sarcástico girando su rostro para verlo de reojo y volver a bajar la mirada —. ¿Qué te paso?, el cochero te pego lo gracioso. Ya no me puedes ahogar aunque lo quisieras —menciono dirigiendo su mano a sus labios a ver si su lengua había sufrido algún daño por su estupidez.

Levanto su rostro esperando alguna tontería más de su parte, algo que lo hiciese hablar de una vez por todas lo que estaba rondando por su mente, pero todo fue completamente contrario a lo que esperaba, sus ojos automáticamente se cerraron y su piel se erizo completamente al sentir el frío que estaba expulsando aquella llave, su tic se marco en su ceja y se levanto completamente empapado; lo miro con cierto enojo en sus ojos y su cuerpo entro completamente a la bañera para poder aplacar el frío que estaba sintiendo para tomar rápidamente su mano y hacer que cayese en la tina junto a él; sujetando sus manos impidiendo que escapara, no podría evitar soltar pequeñas carcajadas con respecto a eso, ampliando una sonrisa de victoria, pero sintiendo su corazón latir rápidamente; con el contacto del cuerpo ajeno —. Mag… —susurro, suavemente; su impulso le hizo subir su rostro para rozar sus labios con los ajenos —, es imposible… no me puedo controlar —susurro lo ultimo soltando sus manos y subiéndolas a las mejillas ajenas, para profundizar el beso —. Tu, me gustas… —finalizo, con su corazón palpitando rápidamente, sus mejillas completamente sonrojadas por el cambio en el agua; y aquel beso.





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Jue Oct 17, 2013 5:36 pm

Era plenamente consciente que era de los pocos protegidos de la mano de I que no había experimentado nunca el deseo de contradecir las normas: La perversión no era de gusto de padre, por lo que en sus años de vida no hizo ademán de desear quebrantar la ley de la pureza. Sabía perfectamente que el resto se escabullía por las noches para dar riendas a sus más bajas pasiones, Gintoki era uno de ellos. Pero... No. Él prefería no inmiscuirse en el inframundo carnal, no iba consigo el hecho de sentirse parte de otro cuerpo, no le veía sentido a la unión u al deseo de contacto. Ciertamente y por más estúpido que pudiera parecer su propio pensamiento, lo único que él deseaba era una mirada de orgullo por parte de I y quizás, algún roce escondido entre los que frente al resto discutían. No... No era que fingieran, era que el temperamento de ambos era tan distinto como el aceite y el agua. Gustaba el uno de la compañía del otro pero era tan dispar que en ocasiones el único modo de sanar la tensión era sin lugar a dudas actuando cómo solían: Peleándose. O quizás era que él, inexperto en temas más candentes desconocía otras formas de desahogo que no fuere aquella. “Deberás tener cuidado. La primera mordedura suele ser la que más veneno lleva.” sabía que I no se refería a la serpiente cuando le mentó aquello. La panzoña de lo prohibido ya recorría sus venas. Imbécil. Estúpido. Ya había caído en las redes, pero se negaría, negaría cualquier parecido con la palabra amor, rehuiría por completo de la misma y dado que el otro no le había dado respuesta, pronto volvería a su posición altanera de siempre para esconderse del enemigo. Todo, absolutamente todo debía de estar bajo su control y el amor, ése que sentía, estaba tornándole débil, tembloroso. Blando.

Pero ahora el eco de sus propias risas estaban aliviándole el alma: Había viajado dos días sin descanso para poder disfrutar de esa compañía y juraba, no cabrían las peleas en caso de que no fuera menester. El gesto enfadado del otro logró callarle, aunque no se asustó ni retrocedió cuando éste cortó la distancia entre ambos cuerpos desnudos. Plaaaafff. El agua chorreó por los laterales empapando ya en su totalidad el suelo y con ello, también sus ropas, las mismas disgregadas sin pena por el lugar. Tenía las manos capturadas por el otro y el rostro apoyado en su desnudo y mojado pecho al procurar recuperarse del primer impacto, del supor que le hubo provocado aquello tan repentino, pero la risa ajena consiguió que el enfado se enmarcase en su semblante: ¿Acaso no estaba siendo él el ganador? ¿Cuándo mierda se habían cambiado las tornas?. Su nombre... Incluso V le llamaba de manera distinta cuando el resto no estaba entre ellos, pero alzar la cabeza, sus labios fueron interceptados por una superficie igualmente mullida... Mullida, cálida. Quedó petrificado e imposibilitado de reacción. ¿Estaba besándole? ¿Por qué su estomago se contraía? ¿Y qué demonios hacía su corazón palpitando tan rápido? Cerró con fuerza los ojos para intentar rehuir de sus propias emociones, pero Gintoki parecía pre-dispuesto a hundirle en el más absoluto sentimiento de vergüenza. Pero una frase, una sola frase... Le cambió el mundo. ¿Él? ¿Él gustaba a alguien? ¿A pesar de todo?. Volvió a abrir la mirada, teniendo ahora el rostro protegido por las palmas foráneas. ¿Era esa la manera en la que le respondería a su firme confesión anterior? Esperaba ser ignorado, conocía a muchos de los chicos con los que el albino compartió cama, todos y cada uno de ellos destrozado por no recibir una sola palabra alentativa o cariñosa por parte de éste y él...

Su cuerpo era liviano, seguramente pesaría menos que el contrario por lo que no dudó a moverse, sabiendo que no haría daño a su hermano. El agua pareció acunar sus gestos, acomapañándole cuando separó las piernas y bordeó la cadera ajena con las piernas para ganar proximidad, para sentirle. Para que pudiera sentir cómo su propio corazón se movía con fuerza en un latido irregular y nervioso. Aprovechó la liberación de sus manos para apoyar ambas palmas sobre el torso adyacente, sintiendo bajo la yema de sus dedos la suavidad de una dermis que hasta ése mismo instante creyó inalcanzable para él. Sin dudas, se sentía excluído en los juegos del albino. Nunca fue invitado a los bares. Ninguno de sus hermanos le mencionó ninguna de las salidas aunque del cierto adivinaba los días que eran, esas noches Gintoki no aparecía en las cenas y le evitaba. Esas noches eran las que por su cuenta entrenaba con la espada a la espera de su llegada. Una que en la mayoría de ocasiones se daba en compañía. No. No servía. ¿Gustarle? También podían gustarle esos que traía cuando I fingía no saberlo. Irrumpió su primer beso, temblaba. Quizás... No, no se podía engañar. No era el frío. Era ése maldito sentimiento. –... ¿Te gusto como los demás?- quería arrancarle la lengua, los ojos, las manos. Que todo lo que anteriormente entró en contacto con cualquier otro cuerpo fuera suyo y sólo suyo. No le servía aquello: Mas. Quería mucho más. Quería lo que nadie había recibido y aunque sonase infantil... Dámelo todo o no me des nada..

El agua que bañaba ambos rostros disimularía lo que en las comisuras de sus ojos se acumuló: Mierda. ¿Por qué de repente se sentía desnudo? Hacía rato que ya no contaba con las telas, así pues ¿Por qué era ahora, justo en ése momento que se sentía verdaderamente vulnerable? Una sola palabra, un gesto en falso y podría asegurarse muerto. -¿Soy otro juguete?- aunque no hubiera experimentado jamás el pecado carnal si era consciente de todo lo que retraía y es que él mismo, en alguna ocasión y escondido de todos había humillado a esos que salían cabiz-bajos del cuarto del albino. Los odiaba. Odiaba a esos hombres. Odiaba a todos y cada uno de los que le arrebataban un trozo de esa alma que consideraba suya.





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Jue Oct 17, 2013 7:34 pm

No era la razón de ansiar carne, pero los años de su infancia lo marcaron completamente que desear el cuerpo de otra persona se convirtió en un ritual del joven, que desde que llego a ser vendido consiguió ser un chico del cual los adultos fornicaban lo cual comenzó con la misma línea, lo advirtió; I lo sabía y no tenia para nada la necesidad de hacerlo cambiar. Era una costumbre que comenzó a odiar al principio pero con el paso de los años ya era normal para él, abstenerse de tener sexo realmente no era algo que estuviese en sus planes pero ciertamente no podría disfrutar de sus placeres carnales todos los días, a pesar de que con el paso de los tiempos muchos de sus amantes llegaban absolutamente solos y se iban de la misma forma aprendió a no amarrarse a absolutamente nadie, con solo disfrutar de su cuerpo y con ello le bastaba absolutamente todo. Recordaba todavía el día que le prohibió a los demás que invitara a los que estaban rondando su edad, ni VI, ni VII y mucho menos VII sabían absolutamente nada de eso; entendía el punto del resto pero recordaba que simplemente reía pero se enojaba cuando todos querían invitar a IV, siempre terminaban discutiendo y se olvidaban completamente del asunto, no sabía por qué; pero no lo quería ver igual a los demás, de solo imaginarlo le causaba una rabieta interna que hacía que toda su cordura se perdiese. Entendía que guardar sus sentimientos en ocasiones era infantil; el usualmente lo era pero no podría manchar lo que los demás habían sido acostumbrados, algunos fueron protegidos por él para que no recordaran el pasado pero solamente con él, sentía que si lo invitaba o si los demás le decían algo su cuerpo se iba a romper en pedazos. En algún momento, se sintió; como aquellos chicos que lloraban delante de él, luego de su cruel rechazo.

No se arrepentía absolutamente de lo que había dicho, no se arrepentía de lo que le había dicho a él. Porque era verdad, aunque estuviese planteándoselo durante largos momentos para poder llegar a una solución por fin estaba en sus manos, por fin disfrutaba de los labios que con los años añoro probar. Pequeños y rosados, siempre sin mostrar emociones pero cuando estaba con padre mostraba esa gran sonrisa que llego a hacer que sus mejillas se sonrojaran y se enojara, ahora entendía que no se enojaba con él, se enojaba porque él no le mostraba esa sonrisa. Siempre obtenía su enojo y con ello se agarraban a golpes, discutiendo y diciendo que los dos no podrían vivir cerca del otro pero luego de horas volvían a estar juntos jugando. Aunque ahora que lo pensaba fue bastante sencillo con ese Me gustas, debía haber sido un poco más sutil, pero ser directo era algo que lo caracterizaba, suponía que la opción D era la correcta. Aquellos pensamientos que le hacían perder la razón de ser le estaban volviendo loco, desde el primer punto hasta el último. Siempre terminaba discutiendo con su cabeza la mejor forma de decirle a las personas e ir eliminándolas de una a una, y los planes siempre terminaban como no era, una pequeña excusa para rechazar a alguien terminaba con una historia trágica que los hacía llorar; por esa razón seguían tan apegados a él, sin importarle absolutamente nada. Historias inventadas por él, excusas para no herir el corazón de la gente y lo que hacía era todo lo contrario; tal vez guardarse todo para sí mismo era malo, pero quererlo decir era peor.

Cerró sus ojos sintiendo el contacto cerca de él. Era una maldita esencia que lo estaba envolviendo desde lo más profundo. Coloco sus manos en el borde de la tina acorralándolo en ese lugar, moviendo sus labios con un hambre insaciable de deseos, sintiendo como el corazón suyo latía tan rápidamente que no podría evitar que si seguía de esa forma conseguiría un triple infarto sin muerte asegurada. Todo lo que había aprendido en esos años estaba siendo mostrado, la forma en la que su lengua se movía contra los labios ajenos, tan torpe, tan inocente, tan él… Se arrepentía de todas las formas posibles de no escapar cuando tenía la oportunidad de cambiar el rumbo de las cosas y no sentirse tan avergonzado como ahora pero no podía hacerlo; una parte lo empujo hasta donde estaba y otra lo amarro hacia el futuro incierto; las emociones lo controlaron y no podía evitar que el contacto del cuerpo ajeno lo llevo a lo que hacía en esos momentos, La culpa fue del roce de ambos, se convencía, pero… ¡él fue el culpable del roce! Bueno, no lo hubiese hecho si el ajeno lo le hubiese empapado completamente con agua fría y luego rematarlo con agua caliente; pero la excusa no era lanzarlo a la piscina, Es imposible, no me puedo comportar como un adulto si se trata de él, taladro de nuevo su cabeza, y sus ojos lo recorrían, su rostro, sus manos terminaron de igual forma en su torso escuchando el latido de su corazón, esperaba que no escuchara también el suyo; el sonido del agua cayendo por los bordes era tranquilizadora; pero no más que el roce entre los dos cuerpos, sabía perfectamente que no era lo suficientemente para que Rito-kun, se levantase por sus experiencias, pero eso no era lo que esperaba; si no que aquellos roces hacia que su estomago comenzase a doler y muchas emociones comenzaran a mezclarse. Sus labios se detuvieron y lo observo a sus ojos, ¿Gustarme como los demás? ¿Qué demás? comenzó a pensar en aquello y abrió sus ojos pegando su frente en el pecho del ajeno con la mirada hacia el agua —. ¿Quieres ahogarme? O tratar de hacerlo por lo menos. A ver si el diablo no mentía —dejo que aquello saliese de sus labios mientras volvía a levantar su rostro para verlo y lanzar un largo suspiro de sus labios, ¿estaba buscando las palabras adecuadas?, el no era lo mismo; no… no era igual que los demás. No, el es más especial.

Pero no contesto, guardo silencio. De nuevo, guardando sus pensamientos. ¿Juguete?, imposible. No era esa clase de juguetes que realmente querría no tener en sus manos, entonces… ¿Qué era? Ni siquiera él mismo lo sabia; pero estaba seguro de que no quería herirlo, que él le gustaba no como los demás; no… ¿es que acaso los demás despertaban algo más que carnal en él? Bueno sabía lo que era gustar, le gustaba padre, pero era por obvias razones, los demás alquimistas le gustaban como hermanos; pero… ¿Qué era lo que le gustaba de él? Que era… ¿Él? Un amigo, si lo era. Un enemigo, en ciertos casos lo era. Un juguete, no… eso no era. Era su hermano pero… también era alguien muy especial —. No seas idiota… como si yo le dijese esas palabras a un juguete —fue lo único que salió de sus labios, temblaron si, con nerviosismo de no ser tan fuerte; tan duro con el ajeno. Sus manos subieron a las mejillas del ajeno y lo observaron sus ojos poco mostraban seriedad y silencio; aquellos que siempre brillaban en tono bromista se encontraban brillando pero de otra manera —. No… no me gustas como los demás. Me gustas no… podría decirte que tú me gustas… de una manera menos superficial —se fue acercando lentamente, de nuevo; a sus labios —. ¿Por qué lo haces más difícil? —pregunto —, es difícil… dar a conocer los sentimientos —confeso aquello, apegando su frente con la ajena, con su corazón palpitando de nuevo, rápidamente.





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Vie Oct 18, 2013 8:51 pm

Su pálpito ya era irregular, aunque frenético estaba en un nivel inconexo de palpitaciones que evidenciaban de manera por demás física su estado de nerviosismo, más ahora que esa otra frente se encontraba contra su propio pecho. No era que la conversación fuera fruto de su encanto, no le gustaba hablar de su sentir, es más, que recordase tan siquiera con I hablaba de los mismos ya que éste los adivinaba u intuía, las conversaciones con padre eran sencillas. Pero maldito fuera ése que se encontraba tan arrimado a su persona, era tan distinto que se le hacia complicado expresarse de manera que ambos pudieran llegar a aceptar la opinión del otro sin peleas u enfados, por ello, justamente por ello calló por tanto lo que su corazón gritaba. La tentativa a ahogarle llegó a sonarle casi sensual, tener las manos contra él, hacerle entrar en pánico para después sumirse a caricias un tanto más candentes que el agua que les rodaba... ¡Para, para... PARA! ¿Qué haces pensando en eso?. Pudiera ser cierto que aquel roce entre ambos fuera mínimo e inocente, a fin de cuentas ninguno tenía las manos dónde no debía, empero el calor, la posición, incluso el beso era suficiente para disparar una imaginación que hasta ahora no se había tan siquiera imaginado el hecho de poder encontrarse en esa situación junto a otro cuerpo. Junto a ése. Junto a Gintoki. Debería buscar, fuera del modo que fuese, calmar ése pequeño resquicio de deseo mal dibujado en curiosidad. No negaría que las caricias eran algo desconocido, que los besos como el compartido algo impensable que no debía ejecutarse y que el sexo era tabú en cualquier sentido, pero... Pero ése maldito idiota conseguía todo lo que hasta ahora creía bajo control y no, no gustaba de ello. Se sentía extremadamente vulnerable.

El silencio... Solamente el agua caer débil por los laterales de la tina y el ligero goteo del grifo mal cerrado era todo lo que en ése momento se escuchó. Por su parte incluso contuvo la respiración en espera de alguna respuesta, la que fuere. Necesitaba saber si todo lo que él estaba sintiendo era correspondido, si era real, si aquello de verdad existía o no era más que una de sus tantas estúpidas ilusiones de utopías. La voz contraria... Por fin se dejó escuchar y para entonces, su mirada buscó la de su hermano, buscando quizás la veracidad verbalizada en aquellos brillantes. Estaba nervioso, tanto que vio cómo aquellos finos y sonrosados labios temblaban: Todo el rostro de su hermano ahora mostraba decisión y aunque vergüenza, también verdad. No había burla o esa juguetona sonrisa que avecinaba algún movimiento que fuera a enfadarle: Nada. Por primera vez en siglos estaban teniendo una charla de verdad, la primera y... tenía que tratarse de los sentimientos que compartían. ¿Es que siquiera sabían escoger bien los momentos?. Unos dígitos húmedos pero cálidos le rodearon las mejillas y su mirada buscó la de su compañero. –Lo hago difícil por qué es difícil.- sonó claramente molesto, es más, habló con los labios prietos en un siseante susurro, como si de un momento a otro fuera a perder la calma, pero no era eso, no, para nada. Era que a pesar de mostrarse tan seguro, él mismo era una masa temblorosa de dudas que no sabía del cierto como podría verbalizarlas sin entrar en terrenos que les pusieran a ambos en la cuerda floja.

Hermanos, hombres, integrantes de un mismo grupo de líderes y... ¿Podían? ¿Realmente podrían? –Gintoki.- cuando iba a decir algo importante o que deseaba de verdad que el ajeno escuchase le mentaba por el nombre entero, aunque nunca lo hacía cuando el resto de gente estaba presente, para cuando aquello acontecía le mentaba por su número: V. Era un callado código que tenía para el otro, totalmente inconsciente de si el otro sabía o no de aquello, de si se habría fijado en que, en la intimidad, en el momento en el que el resto no les acompañaba siempre intentó cortar distancias, mentándole incluso diferente. –He venido aquí justamente por eso. He estado dos días enteros viajando para...- suspiró con fuerza, con desdén hacia si mismo. Cobarde. Su mente le recriminó aquella pausa, del tirón sería más sencillo empero el aliento parecía no nacer en sus pulmones y para hablar necesitaba de ello. Su rostro permaneció hasta entonces entre las manos del que en ocasiones parecía siglos y siglos más pequeño, sintiendo el calor que le dedicaba y compartía, sin embargo, llegó la hora. Separó su rostro con eterna pasividad de aquellas finas falanges, moviéndose despacio hacia atrás para que la caricia de esos dígitos se prolongase sobre su piel. Tenía su atención, lo sabía. –Escúchame bien. Lo que voy a decirte sólo te lo diré una vez y sólo una vez.- su gesto era serio, no había el nerviosismo latente en el rostro del albino, tampoco dudas. Era como si ése dialogo lo tuviera ya pensado, meditado, repasado… como si en ése momento únicamente se estuviera dedicando a leer lo que le correspondía decir. –Negaré ante cualquiera habértelo dicho y desde luego, te cortaré la lengua si alguna vez lo mencionas.- y no era mentira, intuía que V sería capaz de saber que en ése momento no estaría inventándose acciones u gestos para una pelea: Lo haría. Clavó pues sus ojos en aquellos otros. Tres... dos... Uno.Te quiero.- directo, claro, y ante todo... sincero. Se quedó en la actual posición sobre el cuerpo adyacente sin saber del cierto si aquello estaría bien dicho o no, si esas palabras le asustarían o por el contrario le atraerían. Pero en cierto modo nada de eso importaba. Nunca se lo había dicho a nadie, sin padres y con I cómo instructor no había tenido oportunidad de querer, de sentirse querido... lo había descubierto gracias a Gin. Quererle cada vez más cerca, desear cada día encontrarse con él en los jardines aunque fuera de casualidad. Tirarle del yukata para llamar su atención, todo valía en ése juego.

No pretendía ser romántico. No quería ser entendido. Siquiera sabía por qué demonios tubo la necesidad de correr hacia él para aclarar ése nudo en su corazón antes de que les separasen los años, pero ahí estaban. Desnudos. El uno sobre el otro. Y ahora con una fuerte confesión postulada en el aire. Las cartas estaban ya sobre la mesa y únicamente por ése motivo ya se sentía con fuerzas de exiliarse para aprender, para ser tonificado y para volver más fuerte al nido que I consideraba hogar, el mismo que durante tanto tiempo compartió con su hermano y primer amor.





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Vie Oct 18, 2013 9:47 pm

Tengo que controlarme, fuera, aléjense de mi… no quiero tenerlos cerca, se repetía mentalmente tratando de tranquilizar aquellos malditos latidos de su corazón, con solo sentir el roce de la piel ajena, verlo a los ojos y sentir que sus cuerpos estaban desnudos, uno arriba del otro le estaban desesperando; ya de por sí que su desesperación era claramente natural, estaba empeorando en esos momentos, quería correr y gritar que todo era mentira, reírse en su cara por lo que estaba pasando “¡Ha de ser una broma cierto! ¡Yo también estaba bromeando!”, quería creer que era así y seguir como si nada pero no. Estaba 100% no 105% seguro de que no era lo que él quería expresar, tampoco lo que el albino quería hacer pero no podría dejar de pensar en aquello era problemático, realmente problemático; hacer latir tan rápido su corazón era una estrategia demasiado baja, escucharlo hablar, escuchar su corazón; juraría que morirá de felicidad en esos mismos momentos. Apretó fuertemente sus puños, entendía perfectamente esos sentimientos que estaba sintiendo, mucha gente se lo expresaba continuamente y la mayoría hombres, realmente poseía manromonas, o algo por el estilo, pero no era que le molestase; para él solamente era placer sexual y fuera pero en esos momentos, ese chico que estaba delante de sus ojos, no era eso. Tenía que tragarse su orgullo pero él… habían muchas cosas que sabía hacer pero —. Imposible… —susurro para sí mismo, aquellas palabras desearía que solo entraran en sus oídos Nunca me he confesado antes, ¿Cómo se hace? ¿Qué es lo que se siente?, ¿este lugar es el adecuado? ¡Pero qué rayos estoy pensando! No, no, no… tranquilo Gintoki… recuerda todas las confesiones que te han hecho, mala idea. Se deprimió de alguna manera, maldecía su mal tacto con las personas y apretó sus puños de nuevo No quiero lastimarlo… ¿y si digo algo que no debo decir?, aquellos pensamientos consumían su cabeza, no podrían dejar de aparecer en ese lugar se sentía tan… idiota. Oh, como era de idiota y cabezota para este tipo de cosas ¿Por qué la inteligencia no ayuda en estos casos? He memorizado tantos libros de romance y nada me sirve en estos momentos pero ahora que lo pienso… ¿Qué es el amor?, okey otra pregunta estúpida, era de esperarse de Gintoki y su complicada mente.

Difícil, sabia cual difícil podría ser lo que estaban intentando trasmitir hacia todos, sabía perfectamente cual difícil era decir solamente pocas palabras, personalmente sabia cual difícil era dar a conocer los sentimientos. Pero… “Gintoki, hay momentos en los cuales debes decir tus sentimientos. Sentirlos puede ser bien para ti, pero las personas deben de conocerlo y sobre todo las personas que no entienden las emociones humanas” siempre malinterpreto esas palabras, pensaba que I le decía que fuera directo en todo lo que pasaba en su vida. Y sus enemigos crecían día a día. Era fácil decirlo que sentirlo: “Lo siento, no me gustas” “¿Qué? Debes estar bromeando” “Nunca saldría contigo” “¿Amor? ¿Qué es eso?” eran sencillas las preguntas y de hecho era tan sencillo cortarles las ilusiones a las personas pero luego vendría aquel arrepentimiento; siempre odio tener aquella amabilidad que recorría completamente sus venas. Ahora lo entendía perfectamente, no era expresar los sentimientos malos, era dar a conocer los sentimientos que estaban dentro del corazón; esos grandes y dulces sentimientos que hacían que su corazón latiera rápidamente. No importa si era amor, si era simplemente quererlo, entendía perfectamente que no quería alejarse de su lado, sentir su corazón latir al mismo ritmo que él de él, ser completamente directo con esto, ser… Gintoki.

Su corazón comenzó a latir rápidamente, y sus ojos se dirigieron a los de él cuando escucho su nombre Gintoki, nunca había sonado como en esos momentos. No, nunca había escuchado su nombre con una pronunciación como esa, ni siquiera con sus padres… aquellos hombres que lo llamaban en las noches; su corto nombre “Gin” cuando fue completamente vendido a esos hombres. No se había sentido tan nervioso antes, no quería aceptar lo que estaba sintiendo; no… ya lo aceptaba, solo que escucharlo directamente de los labios del ajeno no podría evitar que su corazón latiera rápidamente. Sus ojos estaban en los ajenos, sus labios entreabiertos entendía su comportamiento cuando cumplió alrededor de los 15 años, de que no podría estar dirigiéndole directamente la palabra, escapar a escondidas sin decirle nada, evitarlo para que no lo viese con otros pero siempre terminaba estando delante de su puerta, observándolo, recriminándolo, no entendía perfectamente lo que pasaba por la mente de los demás cuando los jóvenes salían de sus habitaciones pero observándolo a él, mirándolo con… ¿recelos? No. No era eso… ahora entendía, perfectamente; él estaba sintiéndose como él. Sus manos temblaron cuando esa palabra entro directamente en su corazón, ¿Me quiere?, él… ese chico le había dicho aquella palabra a Gintoki, su corazón latía rápidamente sus manos salieron del agua y se enredaron alrededor de la espalda de el chico, sujetando fuertemente contra su cuerpo haciendo que sus cuerpos estuvieran mucho más cerca, su corazón latiendo rápidamente no estaba controlando para nada su cuerpo, su cerebro estaba perdiendo la capacidad para procesar muchas cosas a la vez, y sus manos quienes se aferraban a la espalda ajena era bastante fuerte —. Magheq, eres tan astuto… —susurro sobre su oído —, demasiado astuto… —susurro se separo un poco sin soltar el abrazo para observarlo a sus ojos, no contesto a la confesión; no quería hacerlo a sabiendas de que iba a decir algo estúpido, se acerco a los labios ajenos besándolo de nuevo, afianzando más el abrazo para impedir que el ajeno se fuera; dulce, tranquilo el beso era suave y amable, sin nada de erotismo, era un beso… que se le daba a un niño —. Tan astuto, que hace que mi corazón lata rápidamente. Un idiota astuto —susurro, sus ojos se cerraron y volvió a unir sus labios, en un movimiento suave, sin querer llegar a mayores, Yo… también te quiero, no lo pudo decir, se mordió los labios al separarse del beso, pasando su lengua por estos y sonriendo de lado —. Tan astuto y tan hermoso…





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Vie Oct 18, 2013 10:29 pm

La vergüenza hasta ahora no había sido su aliada, I le enseñó que ser vergonzoso o tener una mente contrariada no era bueno para mantenerse en equilibrio con el propio cuerpo: Uno debía fluir como el aire, sincero, limpio... Y siempre procuró ser cómo padre quería que fuera. Siempre atento, siempre valiente, siempre sincero. No podía callarlo más, aquello que había soltado hacía tiempo que le provocaba dolores internos lo suficientemente fuertes cómo para en ocasiones, pensar en rendirse, en escapar de ése terrible y doloroso sentimiento para no tener que pensar en cómo expresarlo, en qué decir... Era todo demasiado complicado pero la recompensa sería buena si las cosas las hacía como pertocaba, si hacía las cosas bien. No sabía íntegramente si el otro estaba a la altura del sentimiento, si los foráneos eran tan fuertes cómo los que rondaban en su mente, más ya no existía punto de receso, lo había dicho. Tras años de meditación se atrevió a dar el paso que finalmente cortaría la barrera. Estaban tan juntos... Tan irremediablemente pegados el uno contra el otro que fue capaz de sentir el huelco en el corazón ajeno. ¿Eso era algo malo? ¿Bueno? ¿Por qué callaba? No me mires así. No lo hagas. Procuró con todo uso de conciencia mantenerle la mirada a pesar de sentirse perder, demasiado silencio, uno que estaba llegando a incomodarle incluso. Un abrazo. Abrió ligeramente los párpados por el asombro de ése gesto tan terrenal pero que en ese momento le envolvió no únicamente en la calma, también en el acierto de que haberse confesado era lo correcto si con ello se podía haber ganado ése acercamiento tan cálido. Arqueó una ceja ante el apelativo: Astuto. Bien, sí, de los líderes era quién mejor coincidía con aquel apelativo, no podía rebatirlo o negarlo. Beso nació nuevamente en su prieta comisura, destensando con acopio los pómulos e incluso gesto entero cuando la suavidad del beso se apoderó de él. Todo gesto fue correspondido con esa torpeza típica del que nunca a ejecutado gestos similares, aunque intentaba imitar sus movimientos y acciones, se notaba que la voz cantante la llevaba el albino. –Cállate ya.- no era menester que adornase lo imposible con frases, aquellos besos estaban diciéndole más que lo que esa voz pretendía. No era, para nada, que le molestase de escuchar como esa voz acariciaba sus oídos, pero realmente eran los besos los que estaban contestando verdaderamente a esa tan directa confesión de amor.

Rojos como la manzana más madura y traslucidos por la saliva adyacente, sus labios ya no tenían la tonalidad apagada de una flor de cerezo, si no que ahora ya pesar de haber compartido a duras penas un par de besos, estos parecían ya los de un verdadero adulto, uno que observaba a su contra parte con un gesto de determinación. Era suyo. O así lo creía. No podía atar a alguien que merodearía solo hasta que él regresase. Conocía sus costumbres y hábitos...: Sus noches estaban plagadas de hombres, la libertad no podía cortarla a golpe de katana y sin duda, no desobedecería jamás a I. Los besos. Ése abrazo e incluso su confesión... Todo se tornaría un mero recuerdo encajonado cuando se movieran de la tina y decidieran ir a la cama. Quizás fue por ello, quizás y sólo quizás... Se movió en dirección al albino e imitó el modo en el que éste le abrazaba, aunque sus extremidades superiores pasaron por encima de sus hombros y sus manos se anudaron al cuello de su contraparte en un prieto abrazo que no dejaba duda a la necesidad. Cuando el sol saliera el destino les separaría de manera irremediable y justamente por ello aprovecharía todo lo que restase de horas hasta entonces. Para cuando las luces se dieran fuera, fingiría no acordarse de todo lo que desde ése momento aconteciera en la bañera compartida. Abrazado el uno contra el otro sus piernas buscaron apoyarse en el fondo de aquel lugar y su trasero se acomodó sobre una de las piernas adyacentes, sintiendo como, obviamente, sus testículos rozaban con aquella suave piel. No era que le molestase pero si resultaba cuanto menos raro pensar que no era otro que su hermano el primero que recibiera esa clase de acciones y gestos poco inocentes. No era que buscase nada con connotaciones sexuales, siquiera lo pensaba al no haber tenido nunca relaciones, empero tener más contacto por su parte si era... Necesario. No se atrevió a reclamar esos labios, pero si se quedó observando la forma de estos. Eran mullidos a la vista –y al tacto-, carnosos pero finos a su misma vez, era una explosión de contradicciones. Deliciosas contradicciones. Seguramente eran esas pequeñas cosas las que volvían locos a esos que caían rendidos a los pies ajenos, enamorados de alguien que no parecía dispuesto a comprometerse.

Muy por el contrario al albino, él jamás vivió una confesión. Nadie se le había aproximado con algún tipo de presente y se le había reverenciado exponiéndole un sentir distinto al que fuera mera amistad. Nadie. No sabía cómo se sentía al ser querido. Tampoco al ser rechazado. Pero si sabía del cierto como era sentirse enamorado. Como era sentir que la respiración se corta y te asfixia cuando ves salir del cuarto de tu amor secreto a un chico con similitudes físicas a las tuyas. No... La peor tortura fue el día que les escuchó. No. Cállate. No lo debes pensar. Relájate. Pero era complicado cumplirlo cuando ambos cuerpos estaban tan... Sus brazos le rodearon con un poco más de fuerza, incapaz de disimular la ansiedad que sentía por acortar todo tipo de distancias.





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Vie Oct 18, 2013 11:26 pm

Río, por su acción. La estaba suponiendo, entendía de alguna u otra manera aquella forma de reaccionar del ajeno, sintiendo como su corazón latía rápidamente a su mismo compás. No era de pensar mucho en las cosas, a no ser que fuese algo que le apasionara le dedicaría horas y horas de su completa atención pero ahora, con solo un par de palabras estaba a sus pies, sin saber que decir, sin saber que dejar salir de sus labios. Ahora, todo lo que I le había vivido diciendo estaba calando completamente en sus huesos, en su alma; estaban tallándose en ese lugar comprendiendo con más razón como se sentían las demás personas. Tener más tacto, pero no se podría hacer con solo desearse, y mucho menos si eras alguien como él que decía todo directamente; mala costumbre lo sabía. Sus ojos yacían cerrados luego de haberlo escuchado, volvió a retomar su trabajo de hace algunos minutos, volver a recorrer sus labios sin aumentar el volumen del beso; dulce, suave, como si de una joya se tratase; ¿Cuándo había besado de esa forma? La primera vez que lo hizo fue cuando estaba aprendiendo a besar, luego de eso cambio rápidamente su forma de besar; mostrar sentimientos en los besos era un símbolo de debilidad, según aquellos maestros de la perversidad, pero para otros eran sagrados; ¿Dos veces, eh? debería sentirse orgulloso de aquello. Poder mostrar sus sentimientos en un beso que lo trate como una persona completamente diferente, como lo era. Una persona especial para él. Su mano estaba recorriendo el rostro ajeno, pasando lentamente sus yemas por su rostro tan pulcro y hermoso, suave y perfecto separo un poco sus labios y subió hasta su mejilla deslizando su lengua limpiando algo de agua que estaba salpicando de su cabello y le dedico una sonrisa a sus labios, él quería que permaneciera callado, pero no podría esconder sus acciones; era tan normal en él.

Amar a alguien implicaba muchas cosas, así que desde la confesión la cabeza de Gintoki estaba rondando en todas las acciones que realizaba el ajeno para llamar su atención y luego cayó en cuenta de que inocentemente como niño las seguía, los dos intentaban llamar la atención del otro; a pesar de pelear si no lo hacía con él sentía que su corazón sufría de soledad. Se conocían desde niños, desde sus cinco años que vivió rodeado de niños que eran para tráfico sexual fue el primer niño que podría comportarse como tal, el hijo adoptivo de I, IV. La primera impresión fue celos, durante los días que viajo con I entendió su forma de ser y comenzó a quererle un amor que se aferraba desde la primera vez pero cuando lo vio correr a sus brazos y la gran sonrisa de I, sintió celos. Desde su estomago hasta su garganta que alguien fuera realmente especial para esa persona era simplemente un obstáculo, luego comenzaron las discusiones y al final I había quedado aparte y solamente quería hacerle la vida imposible no… quería llamar su atención, inocente sin saber lo que hacía estaba ciegamente enamorado y no se daba cuenta hasta ahora, que idiota. Bueno, era normal que fuese un idiota sin remedio pero habían momentos en los que se pasaba, pudo reír libremente en ese momento, aferrándose mucho más al abrazo y a sentir los labios vírgenes del ajeno, aquellos labios que probaron por primera vez los suyos; disfrutando de su dulce sabor, un sabor que solo tenía él. Era delicioso, era perfecto. Ni en sus más profundas pesadillas imagino estando de esta forma, era como un tabú incluso para su cuerpo; lo quería tanto que inconscientemente buscaba a personas con su parecido, cabello oscuro y comportamiento frío, hermosos y silenciosos todos… como él. Que idiota había sido.

. Espera… —susurro suavemente separándolo de él, mientras bajaba la mirada completamente sonrojado, girando su rostro hacia un lado, apuntando su rostro hacia la pared, sintiendo que el vapor del agua iba en aumento —, si seguimos en el agua el vapor comenzara a marearnos y también es peligroso yo… no quiero hacer nada que tu no quieras, yo digo… todavía no —cerro sus ojos ¿Qué estaba diciendo? No, no quería hacerlo sufrir había llegado a esa conclusión. No quería acostarse con él si no estaba listo, pero… ¿alguna vez lo habría estado?, no. Lo que no quería que pensara el ajeno es que solamente lo quería para jugar y no era así, los besos estaban bien ¡Están bien Gintoki!, pero hasta ahí, se dijo así mismo. Sujeto suavemente sus hombros y se arrodillo un poco besando la punta de sus dientes —, lo siento... —susurro y se levanto de la tina saliendo como si lo estuviesen persiguiendo, tomo una toalla y la envolvió en su cuerpo, colocando una en su cabello y comenzar a tallarlo con fuerza saliendo del baño con un portazo, su corazón estaba acelerado y las rápidas contracciones eran impresionantes; bajo la mirada y quiso hundirse de nuevo en aquella tina, trago seco y se fue directo a la cocina para beber algo frío y tranquilizarse al caminar por la sala.

No puedes hacer eso Gintoki, de nuevo borraba una mala escena de su cabeza y daba la vuelta por la cocina, no era el momento; era el lugar pero no el momento ¡Claro que no lo era! ¿Era bueno hacerlo luego de una confesión? Bueno, si fuera una corriente pero no quería lastimarlo… ¡Estaba actuando como un idiota! Lanzo con mala gana la alacena haciendo que se moviese un poco, la agarro antes de que se rompiera en pedazos y trato de acomodarla Me estoy volviendo loco… aquellos cariños y roces todavía los sentía en su cuerpo, estaba perdiendo la cordura; lo estaba haciendo.





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Sáb Oct 19, 2013 12:05 am

¿Era así cómo se sentía un beso? No sabía si todos los labios eran similares, si todos los besos serían tan estremecedores, pero no tenía dudas de que aquellos eran capaces de conseguir entrelazar su alma con la suya. Podía sentir cada latido y ser participe de su respiración, amoldándose el uno al ciclo del otro para no entorpecer el beso. El abrazo del ajeno le mantenía preso, pero el suyo propio se aseguraba cercanía, una que no quería ni desearía romper por ahora. Estaba demasiado centrado en no decepcionar expectativas, en no parecer un imbécil frente al experto en temática de aquella índole. Con sentirle estaba bien, sólo con abrazarle podía saberle cercano y aquello ya era suficiente. Se atrevió disimulado, incluso, a que uno de sus dedos se enredase entre el ahora lacio cabello de su acompañante, teniendo aquel gesto como uno demasiado lento, demasiado suave, pero dedicándose al mismo para procurar darle a entender que esas palabras estaban repletas de un sentimiento que no quería proclamar con demasiadas voces. Así, entre gestos escondidos se podría sentir feliz. No lo sabrá nadie. Sería el mejor secreto compartido de ambos. Aquello no consistía en robar dulces, ni en mentir sobre los arañazos que traían en las piernas. Sería negarse a que sus corazones ahora estaban conectados... Sí, latían al mismo compás, incluso ambos parecían emitir sonidos pesados a la vez cuando el beso se tornaba candente. Se sentía a su altura, ya no parecía el torpe sonrojado del comienzo, pero... Pero cómo todo sueño, el despertar llega, aunque esta vez no se esperó que el mismo fuera tan temprano: Tampoco que fuera tan duro. Fue separado de su fuente de calor, de esa que desde niño anheló y por un momento la confusión reinó, aunque no llegó a verbalizarla por puro orgullo. Cuando buscó motivos en su mirada... Esa otra le rehuía. Lo has hecho mal.

¿Por qué titubeaba? ¿Nada que no quisiera? No estaba familiarizado con todo aquello por lo que no sabía a qué demonios se refería. ¿Es que no quería frotarle la espalda? ¿O le daba de verdad miedo marearse? En ningún momento se le ocurrió pensar en el tema del sexo, no por que hasta ése mismo momento no tuvo la necesidad de sentirse amado de manera física. El beso... ése último beso le dejó ahí, con una despedida, con una disculpa. Miró hacia el lugar que anteriormente ocupaba el albino, contemplando poco más tarde el agua y la misma la barrió con la mirada hasta dar con su propio reflejo, estaba confuso pero sería algo que no tenía pensado verbalizar. Los pasos del albino fueron rápidos como se hubiera dejado algo en el fuego y se acabase de recordar. El portazo le dio batida a una nueva marea de pensamientos negativos, todos ellos, claro, respecto a lo que acababa de suceder. Enervó las manos del agua para observarse la yema de los dedos, estaban arrugadas por el agua, por el vapor, hasta ahora no había reparado en el rato que llevarían ahí pero sin dudas ya no existía el frío. Relajó la compostura y permitió a su propio cuerpo hundirse en aquella agua, despacio, poco a poco, consiguió que su espalda hiciera de suave palanca y se meció en dirección al fondo de la tina. Repasó los últimos instantes y... Lo supo. Claro. Su comportamiento vino tras el abrazo, cuando él fue quién buscó más contacto. Se alzó raudo, aún podría compartir con él algo de lo que restase de día. No, le obligaría a estar con él. Había estado demasiado tiempo esperando para que ahora... Pero algo falló. Cuando su cuerpo perdió contacto con la calidez del agua al erguirse en la misma, cayó sin más.

El agua volvió a caer por los laterales de la bañera aunque no brotó ni un solo quejido: Estaba acostumbrado a los golpes, aunque no especialmente a las caídas. Ahora podía notar los estragos de esa fiebre con la que entró y quizás ése idiota si tuviera razón y el vapor no fuera del todo beneficioso a tan largo plazo. Se sentía... Involuntariamente se llevó una mano a la frente y de ahí se bordeó a sí mismo la mejilla. El mareo le cegó la visión, era casi como si al vaho estuviera volviéndose más denso y que con ello se le hiciese imposible ver nada. Pero... Todo era más blanco. Jadeó y una de sus manos se apoyó en el borde de la bañera para intentar salir. Gintoki. Y el blanco, ése inmaculado tan parecido al vapor expulsado por el agua que tan gratamente les arrulló a ambos pasó a ser el más tenebroso oscuro cuando perdió la consciencia y le dejó ahí decaído, con el cuerpo medio salido de la tina. El chico jadeaba con los labios ligeramente abierto aun y a pesar de no estar consciente y tenía las mejillas tan rojas que podría asimilarse a cuando se dio el primer beso entre el albino y su persona. El resfriado, muy a su pesar, le había ganado la partida. El frío del mar, quizás la tempestad al venir en carruaje...





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Sáb Oct 19, 2013 12:41 am

¿No se estaba demorando demasiado?, estaba preocupado, ¿lo había herido con su indiferencia?, no estaba seguro de que había entendido, y si no lo había hecho; movió su cabeza de un lado a otro tratando de no llegar a esa conclusión. Se sentó en la mesa de madera de la cocina y comenzó a tocarla, una y otra vez, haciendo un sonido con sus dedos mostrando su preocupación Tac, tac, pero nada. No sentía la puerta, no sentía ni siquiera su voz, ¿lo estaría llamando?, no después de todo el teatro que había hecho. ¿Estaría arrepintiéndose de lo que sucedió? ¡Claro que no! ¡Fue él quien dijo “Te quiero”! de nuevo, el palpitar de su corazón comenzó y su frente termino en la mesa de la cocina de forma brusca, sintiendo sus latidos rápidamente, escucho el agua hervir y se levanto para apagarla. La removió de aquella caldera, la jarra y la coloco en la mesa observándola con detalles y lujos, recordando que fue un regalo de III cuando viajo al extranjero, de todas las veces que ellos viajaron; fue un buen detalle para la casa. Para la familia. De nuevo lo invadió la preocupación, no estaría muerto; lo borro automáticamente de su cabeza se supone que el elixir de la juventud estaba haciendo efecto por los poderes que estaban obteniendo pero, mordió su labio No puedo, no evitar estar preocupado por él; pero con molestia apretando sus manos, golpeo la mesa y se levanto de donde estaba y camino directo al baño, abrió la puerta de la habitación y la ojeo rápidamente por si lo encontraba en ese lugar pero nada, seguía escuchando el sonido del agua caer al suelo, rozando el borde de la tina, frunció el ceño; el agua no debería estar saliendo a ese ritmo del baño —. ¡Magheq! —grito y abrió la puerta del mismo portazo con que la había cerrado — ¡Idiota! ¡Te lo había dicho! —camino mojando de nuevo su pantalón en aquella gran fuente de agua que estaba siendo desbordada por la tina, tomo el cuerpo del ajeno levantándolo con el suyo, tan liviano… tan suave, tan él.

Lo apretó contra su cuerpo y termino arrodillado delante de la tina, el agua que seguía desbordándose mojaba completamente lo abrazo a su cuerpo, sintiendo su respiración que estaba siendo lenta, suave, escuchaba su respiración entrecortada y su mano se dirigió a su rostro y luego se acerco lo suficiente para rozar la nariz de ambos y su frente —. Idiota… luego yo soy el idiota, ¿ves lo que pasa cuando no escuchas a las demás personas? —susurro suavemente, roso sus labios con los de él y su corazón latía rápidamente. “Un beso puede curar las heridas” ¿Podía hacerlo?, río para sus adentros, recordaba que cuando él se enfermaba se colaba en las noches de su cama y se iba a acostar con el dándole un dulce beso en los labios, cerro sus ojos y susurro —. Alíviate, con este beso mágico —rio como si fuese un niño levantándose, y tomando una toalla. Camino hasta su cama y lo deposito con suavidad, sonrojado comenzó a secarlo y a buscar algo de su ropa que encontró en su maleta, decidió por su simple yukata, y la coloco sosteniéndola en su cintura suavemente con el obi un poco desordenado, su pecho subía y bajaba, se acerco de nuevo midiendo la temperatura ajena y busco un balde de agua fría para poderle colocar pequeños paños en su frente —. Cuidar al enfermo; es mejor que compre medicinas —susurro colocando una mano bajo su barbilla —. ¿Qué sería bueno para que digiriera, avena? —cuando entro de nuevo al cuarto coloco aquel balde a un lado y le coloco el paño en la cabeza, observándolo; mientras comenzaba a contar en su cabeza —. Cada cinco minutos lo cambio, vamos a hacer algo de comer —se estiro de nuevo, y le tomo la mano para luego reír Idiota…

. Bien Gintoki, vamos a cocinar —nunca fue malo para la cocina; de hecho era la mayor parte de los días en los cuales él era quien le tocaba cocinar, pero comprar las medicinas y dejarlo solo no quería hacerlo; amplio una pequeña sonrisa y camino hasta la puerta abriéndola haciendo que la campana fuera tocada, eran los pasos lentos de aquel hombre en la recepción lo miro —. ¿Tiene algún encargado para comprar algunas medicinas? —el hombre le explico sobre el asunto y este camino hasta tomar un fajo de billete y entregárselo este afirmo y desapareció de la vista del peliblanco, no le importaba en esos momentos desperdiciar dinero Luego lo recupero en los juegos de azar, pensó con decisión. Camino hasta la habitación dejando la puerta abierta y comenzó a limpiar el baño, no le tomo más de media hora en lo que suspendía cada cinco minutos para cambiar los paños y volver a su trabajo, era como una ama de casa que le hizo reír, la puerta sonó varias veces y corrió hasta está recibiendo las hierbas medicinales, agradeció de nuevo y decidió mezclar un poco con la avena que había hecho. Camino hasta la cama de nuevo y se agacho apretando un poco la mano ajena dirigiendo su mano hasta su mejilla —. Magheq, levántate —susurraba suavemente.





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Sáb Oct 19, 2013 1:46 am

La oscuridad.

Hubo un tiempo en el que la misma le daba verdadero pavor, pero en esa ocasión le transmitía una sensación más bien cálida. No habían sueños a los que temer o sombras de las cuales esconderse. Era como admirar lo profundo de un océano en una noche estival: Temperatura idónea, paz envolviéndole. Pero antes de todo eso... Antes de llegar a esa isla en calma hubo algo, algo que le devolvió la estabilidad con un beso de propiedades mágicas, no sabía por qué o de dónde sacó aquello pero era lo que la luna le susurraba, esa redondeada y amarillenta esfera dibujada sobre el mar oscuro, negro. Estaba estirado. ¿O quizás sentado? ¿Estaría en pie? No se veía las partes de su cuerpo... Pero se sabía vivo, entero. El susurro de la creciente tenía una voz que le aportaba seguridad, era la conocida voz de alguien a quién él...

¿Quería?

Era entonces sencillo...Gintoki. Pronto el arrullo dejó de rodearle el cuerpo. ¿Es que estaban abrazándole? Quiso quejarse al no recibir calor, pero una toalla en la frente le hizo emitir un gemido de placer: Estaba fría... Y su cuerpo tan caliente a causa de la fiebre que agradeció el contacto de aquello.

No supo cuantos minutos habían pasado o si realmente todo aquello estaba presente en su cabeza o no, pero un conocido aroma impactó en su nariz. ¿Cuánto haría que su estómago no recibía alimento? El del carruaje le ofreció escasa comida y en el barco en el que hizo de polizón no le ofrecieron ni una semilla: Nada. Quería despertarse, alzarse, lo que fuera. Simplemente deseaba manifestar su hambre a quién fuere que estuviera con aquel alimento empero su cuerpo parecía no desear reaccionar, además estaba cómo agarrotado, costaba el siquiera tratar de moverse. Estaba... ¿Paralizado? A pesar de pensar en aquello el miedo no nació, eso quería decir que no se trataba de una pesadilla y que por entonces, podría relajarse. Se dejó llevar entonces por el agua sin oponer resistencia de ningún tipo. Era la corriente la encargada de mover su cuerpo con suavidad aunque... aunque algo capturó su mano de buenas a primeras. Contacto frío en comparación a su cuerpo, pero esa piel...

El negro se desvaneció.

-V...- se le escapó la costumbre. Abrió poco a poco los párpados y se sorprendió al verse estirado en una cama, con un yukata, toalla fría en la frente y con una mano sujetándole la propia. Giró débilmente el rostro para buscar la cara de su acompañante, la cabeza aún le daba vueltas pero si más no, ahora ya no tenía el incesante mareo nublándole la vista, era capaz de poder ver más que una nube blanca haciendo de pantalla. No hacía falta preguntar y que el otro recalcase su debilidad o sus te lo advertí: Se había desmayado. Giró el rostro cuando amuebló las ideas en busca de escapar de su mirada, estaban pasando demasiadas cosas en un lapso de tiempo tan pequeño. –Gracias.- con la cabeza gacha y a duras penas un suave, un muy suave susurro de voz manifestó lo que nunca hizo: Un agradecimiento sincero.

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Se llevó una mano a la cabeza y bordeó con desgana aquellas vendas que entapiaban su frente: Mierda, otra noche que se había olvidado desprenderse de las mismas. quizás por eso no podía dormir. No te engañes, deja de pensar en él. Su tez se tensó ante ése pensamiento: Era cierto. debía dejar de hacerlo. Los siglos habían pasado pero aún era capaz de recordar todo, absolutamente todo detalle de esa noche.  Cada palabra. Cada mirada.

Giró una vez más su cuerpo para intentar disipar toda idea de su mente y centrarse en descansar, pero al cerrar su párpado la imagen de un charco de sangre a sus pies pocos días de perder el ojo le desestabilizó y tuvo que sentarse en la cama, teniendo una mano sobre el ojo que proseguía cubierto en vendas.

No, todo apuntaba a que esa noche no podría dormir. Eran recuerdos lejanos pero a día de hoy tan vivos, que aún podían arrancarle estremecimientos certeros.. ¡A él!





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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Sáb Oct 19, 2013 2:21 am

Sonrió suavemente, cuando lo vio abrir los ojos; cerro los mismo en una expresión de alivio pensando que jamás iba a despertar de aquel sueño, se levanto colocando el plato en la mesa de noche y ayudo a que quedara sentado en la cama, apoyando un poco su cuerpo en la cabecera de la cama, se sentó en la cama bajando la mirada —. Te lo advertí —menciono por lo bajo, sintiendo el calor que desprendía un poco la cuchara de madera, acerco sus labios dejando que sus labios dejaran salir un simple y pequeño soplido para enfriar un poco esta, dirigiendo la cuchara a la boca ajena, estaba algo nervioso; sonrojado por lo cual su corazón estaba latiendo rápidamente; abrió suavemente sus ojos de nuevo y dirigió otra cucharada a los labios ajenos, guardando silencio; los dos no decían palabras no eran necesarias para esos momentos para Gintoki expresar absolutamente algo tierno era totalmente imposible, sus labios estaban temblando a medida de que le ofrecía aquello a los labios, no estaba escuchando quejas algunas del sabor; después de todo mezclar hierbas medicinales con comida nunca era delicioso;  y también portaba aquellos granos de medicina en sobres pulidos para beberlos con algo de agua que eran igual de asquerosos pero medicina era medicina y como le hecho a toda la avena el también tendría que comer de eso; aunque no le molestaba si eso le permitía cuidarlo, suspiro; tan imprudente y tan idiota.

. Avísame si quieres más, aunque comer demasiado también es malo, pueden darte nauseas —susurro recordando las palabras de I y repitiéndolas cuando ellos se enfermaban, sobretodo él que le encantaban los dulces tenía prohibido comerlos cuando le pasaba aquello por eso trataba de cuidar más su salud. Al salir a la cocina no dejaba de temblar poco a poco, y llevo un vaso de agua con la medicina en el sobre; lo encontró de nuevo acostado en la cama por lo cual le dio el sobre para que lo tomara y se acomodaba en la cama bebiendo un poco de su vaso; había observado esto en varias parejas cuando se enfermaban, bueno lo había leído; por lo cual cuando lo vio comer aquello acerco sus labios y dejo que el agua bajase de sus labios a los ajenos, dejando que un hilo de baba quedara entre ambos, se sonrojo completamente y se levanto tomando todo lo que estaba a su alrededor —. Limpiare todo esto y cambiare el agua… yo —vacilo antes de salir —, descansa… tonto —dijo con su rostro hacia abajo, y una pequeña sonrisa en sus labios.

[ F I N   D E L   F L A S H   B A C K ]

Se levanto agitado agarrando fuertemente su cabeza que le estaba doliendo, observo todo el lugar donde se encontraba y se levanto de aquella bolsa de campaña que estaba abrazando su cuerpo, giro su rostro observando una fogata y algunas personas dormidas, parpadeo un par de veces confundido, ¿Dónde estaba? Se levanto de hombros y se quito todo aquello de encima caminando hasta la fogata —¿Está bien?, señor —giro el rostro encontrándose con un joven —. Sí, ¿Quiénes son ustedes?, los duendes del bosque? —el chico comenzó a reír y a explicarle su rango dentro de ese mundo.

Pero su pensamiento estaba en otro lado, su corazón seguía latiendo rápidamente y los recuerdos que debieron acabarse hace muchos años atrás seguían latiendo en esos momentos, pensaba haberlos olvidado; sus ojos se abrieron y apretó fuertemente sus dientes viendo de nuevo la espada cubierta de sangre y su mirada de decepción, tapo su rostro con su mano sintiendo un fuerte dolor de cabeza pero supo disimularlo con sus bromas, no sabía cuando había acabado viajando con aquellos nómadas hasta de regreso a la capital.

De alguna u otra manera, recordar cosas trae sufrimiento pero aquel sentimiento seguía latiendo; no le molesto le hizo reír un poco observando hacia el cielo ¿Qué estarás haciendo en estos momentos?, tal vez… odiándolo.  




CERRADO









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Re: The flame of the match, always off || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

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