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Terrorist. || { Privado Orion }

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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Mar Jun 24, 2014 9:34 am

A pesar de estarle pidiendo que se callara, que dejara de estar así, Tohru estaba casi seguro de que en verdad Natalie no deseaba separarse de ese abrazo, o al menos, no todavía, y el agradecía que le dejara quedarse allí por unos momentos más, con el rostro escondido sobre su hombro porque no deseaba que el rubio viera la difícil expresión de su rostro y la niebla que azotaba sus ojos tras pensar en lo que debería hacer. Tohru no hubiera pensado nunca en vengarse y en este momento la idea batallaba contra la razón, era su naturaleza contra su opción como una criatura diferente, alguien que velaba por su trabajo y que ahora también amaba. ¿Qué podía hacer? ¿Debía dejar pasar aquello así sin más? Pero, ¿Cómo podía hacerlo cuando sabía muy bien que aquella vez podía no ser el único evento peligroso para Natalie? Entonces la primera idea que acudió a su cabeza fue la de hablar con Sasha, esta vez con la firmeza que debió haberle demostrado desde un principio, misma que quizá hubiera evitado lo que ya no podía reparar.

El sonido del nombre de Daichi fue algo casi completamente ajeno al momento que estaba atravesando, pero sabía bien que era parte de sus responsabilidades y que debía ser consiente que tenía más de una cosa de la que ocuparse. Ya se encargaría de hablar con Sasha, cuando el momento indicado se diera, aunque no volvería a esperar, ya no se mostraría condescendiente con el albino.
La mano que mantenía sobre la espalda del otro, hizo un movimiento suave desde las zonas altas de la espalda hacia abajo, como un mimo que no hubiera entregado nunca sino que ahora era uno de esos momentos en los que no se sentía tan serio, arrogante y confiado de sí mismo. —Le deje una llave para que pudiera volver solo al edificio, además, aún quiero tener un par de minutos más contigo si me lo permites. —Y si no, de alguna forma sabía que lo retendría, porque no se sentía capaz de dejar ir a quien se aferraba a sus brazos así como él mismo también lo estaba haciendo. Desde hace unos segundos atrás, había perdido completamente la cuenta de que ambos aún se mantenían en una postura muy apegada, sobre todo por sus caderas y piernas, pero lo que en verdad le importaba a Tohru, era saber que ese calor que tanto le agradaba, pertenecía a Natalie y que este se encontraba allí con él, que no le había dejado, que había desistido al hecho de separarse de quien ahora no se sentía capaz de dejarlo ir.
El rostro de mármol se giró, apenas lo necesario para que los labios rozaran la tibia piel. Aspiró el aroma y suavemente besó la zona. Si había pedido confianza, estaba seguro de que aquél único nombre entregado por el cantante, significaba su respuesta, misma que agradecía a pesar del dolor que le estaba causando. Claro que de alguna manera se lo había buscado, pero ya no perseguiría lo que había hecho, sino que su objetivo sería una solución para que aquello no se repitiera.

Tohru abandonó la comodidad del hombro del menor y volvió a buscar los ambarinos del otro, rozando su frente contra la ajena, para mostrarle una expresión quizá más calmada, aunque no permitió que viera por mucho tiempo más la misma, pues sentía unas imperiosas ganas de avanzar terreno en la mente del otro y tomar de aquellos recuerdos, hacerlos añicos y reemplazarlos con memorias más agradables, pero Tohru no podía hacer aquello y aunque hubiera podido, estaba seguro de que Natalie nunca le hubiese perdonado el manipular sus recuerdos. Apenas y se mordió el labio menor antes de que sus labios buscaran chocar con cautela contra los ajenos, besando despacio y casi con devoción, como si temiera dañar cuando sabía bien que no lo haría, que cuidaría de aquél con el mayor esmero. Los labios resbalaron por la suave piel y una única y corta frase se desparramó entre ambos: —Te quiero. —“Tanto y aun así no pude evitar esto” le hubiera gustado agregar, pero las palabras no salieron, sino que en lugar de aquello, sus manos se movieron hacia la espalda del menor, ambas, aferrándose a él, contra sus ropas.

Esa podía ser no la mejor forma de expresarse, pero sí lo era para Tohru, puesto que en referencia a sentimientos, siempre había sido una criatura poco comunicativa y de difícil entendimiento. Quizá nadie más pudiera oír nunca al vástago diciendo algo como lo que Noiz había oído, pero estaba bien así, porque las palabras de Tohru en referencia a sus sentimientos se bañaban en verdad y por lo mismo eran contadas, pero esperaba que fueran preciadas para el blondo. Arrugo las telas entre sus dedos y mordió con suavidad el labio inferior. Ya no podía volver a lo que había sido antes, era imposible cuando esa clase de sentimientos se alojaban en su interior, mismos que había evitados por cientos de años, pero que ahora formaban parte de su ser y de su día a día. Natalie era una parte importantísima en su mundo, y debía comenzar a hacérselo entender.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Sáb Jun 28, 2014 8:42 am

Una expresión de odio cruzó su faz pero para restar quizás tensión a la misma un tic se marcó en su ceja derecha: Daichi tenía una llave de SU casa. Ése condenado podría entrar en SU casa siempre que quisiera y disponer de SUS cosas cuando le diera la gana. Quiso gritarle, bufar, golpearle, hacerle meterse en el coche para que fuera en busca del maldito rubio para que le devolviera aquella pieza metálica, sin embargo intentó mantenerse en calma entre los brazos del que ahora conocía el único secreto que juró no compartir con nadie y es que por más fríos que esos brazos fueran al contacto el cantante los reconocía cómo cálidos y llenos de un cariño que jamás en su vida esperó ni tampoco deseó de nadie. Por ahora le dejaría hacer, por esta vez no le armaría bronca por el tema del que ahora formaba parte de sus vidas (Por su parte, de manera totalmente impuesta y obligada, claro), no ahora, no en ése momento. Para su suerte su gesto fue encubierto por el mismo abrazo que compartían al estar uno contra la figura del otro, jugando a esconderse, a besarse en secreto.

Te quiero.
Aquella confesión llegó nítida, con fuerza. Y ése condenado no se bastó con decírselo, también se adueñó de él en un abrazo férreo y sin precedente, aclarando sin duda que uno necesitaba del otro. No obstante y a pesar de que el sentimiento era mutuo él aún no era capaz de hacer cómo el foráneo y darlo a conocer de manera tan sencilla. Demasiado acostumbrado a tratar con chicos de una noche, demasiado miedoso para comprender todo a lo que ése maldito sentimiento que le ahogaba les llevaba, Natalie no era de los que disgregaba amor, no de ése modo tan tierno, no con caricias ni palabras típicas en los amantes que comparten un mismo sentir. Así que, pronto se desencadenó su reacción, teniendo las mejillas ardiendo en carmesí. –¿Qué...? ¿Qué mierda has dicho, Tohru?- chistó, intentando que su voz pareciera verdaderamente molesta pero dudando de su propio resultado final. El blondo movió ahora las manos de dónde las mantuvo recargadas durante el reparador abrazo y empujó desde los hombros al vástago, haciéndole retroceder. Avanzó hacia él mientras el otro trastabillaba y antes de que recuperase la compostura le propinó otro empujón que hizo que el adulto terminase desparramado sobre el sofá que condecoraba aquella privada habitación dónde la gente, por norma general, no hacía más que tomar el té de manera recatada... Algo que no iba en absoluto con el estilo del cantante. Se llevó una sola mano al cuello de la camisa y se desbotonó con apremio la misma, descubriéndose la ya conocida piel blancuzca y lampiña. –Así que si yo te lo digo, no me crees, pero si lo dices tú...- apoyó una rodilla sobre el asiento, alzando su cuerpo para que así el pie contrario dejase de tener contacto también con el suelo, clavando fiera mirada ambarina en su semblante, terminando por quedar arrodillado sobre el mueble, abordando una de las figuras más deseadas del país.

No se quitó la prenda, simplemente se la dejó abierta por encima de su propio cuerpo para que el otro fuera consciente de quién tenía ahí el control. Era irrisorio pensar que un mero numan se viera con esas confianzas frente a un ser que podría aniquilarle, que de un solo manotazo podría arrancarle una pierna e incluso, desollarle de un mordisco. Pero... Era Tohru. SU Tohru. ¿Y cuanto hacía que verdaderamente no era suyo? Se sentó a horcajadas sobre él, teniendo ya la costumbre de intentar quedar arriba en las posiciones compartidas y se aprovechó de ello para abrirse el botón del pantalón, clavó su mirada en el otro y ahora, descendió la cremallera, dando a mostrar un abultado calzoncillo de oscura tela. –Fóllame y te creeré.- fue complicado lo pretendido ahora por la posición pero se agarró un lateral del pantalón y tiró del mismo hasta que quedó desprovisto de éste y haciendo que el mismo formase parte del entapizado suelo y dejándose las piernas al descubierto, de ése modo la tela no sería impedimento si al manager le apremiaban las horas para volver a sus tareas siempre programadas y bien estructuradas.

Ya a medio desnudar abordó el cuerpo de quién se hubo atrevido a presentarse como su pareja y es que pudiera ser que Tohru jamás hubiera sido visto con nadie, pero... pero él tampoco había echo jamás algo así: Bien era cierto que alguna cámara lo había enfocado dándose un beso con algún chico e incluso se había metido en varias peleas por meter mano descaradamente a parejas ajenas, pero con ése inepto era todo distinto, no tenía la necesidad de esconderse, ni de pelear, ni de... ¡mierda! ¿Qué estaba pasando con él? ¿Por qué le tenía en ése embrujo? Apoyó las desnudas palmas sobre el sofá para buscar acorralar al vampiro y así volver a admirar la belleza de aquellos del color rubí.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Sáb Jun 28, 2014 6:15 pm

No iba a repetir lo que había dicho, y aunque el sentimiento era verdadero, no era como si pudiera repetirlo mil veces delante de aquél, porque su orgullo era grande y aplastaba su espontaneidad, era su necesidad de imponerse la que siempre atacaba cuando otro estaba con él, incluso Natalie debía ser consiente que él nunca se dejaría dominar, mucho menos por palabras que durante mucho tiempo había evitado. Sin embargo, Tohru nunca esperó que sus palabras molestaran al blondo y por lo mismo, no se preparó para ser empujado, lo que trajo como consecuencia que tras dar unos cuantos pasos hacia atrás —y recibir otro empujón por parte de su pareja— terminara dando contra uno de los sillones sobre el que antes había estado sentado, mucho antes de que Noiz se molestara con él y abandonara aquél cuarto. El rostro de Tohru buscó el de Natalie, esperando una respuesta para aquella actitud que no había sido esperada por el vampiro. Observó las acciones del contrario, pero fueron sus palabras las que produjeron una nueva reacción. Una débil sonrisa volvió a alojarse sobre sus labios al entender que su provocación había quedado en la conciencia del otro, pero no era cierto que creyera que Natalie no le quería, sino que había sido la única manera de hacerle comprender que no le gustaba que le escondiera cosas como aquellas, Tohru quería creer que Natalie le quería tanto como el vampiro a él, pero esos secretos y engaños entre ambos habían necesitados ser aclarados, y quizá los resultados de aquello no se vieran ahora, pero seguramente, de este momento y hacia adelante, comenzaría una nueva etapa para ambos, acompañados en su camino por su pupilo.

Natalie debía de saberlo: Que no permitiría que nadie le tratara de aquella forma, nadie, a excepción de él. Los orbes rojizos del vampiro siguieron con naciente embrujo a la figura que ahora se hallaba altiva sobre él. La piel blanca, la postura y sobre todo la actitud, el vampiro no hizo gesto ni movimiento, incluso cuando había escuchado el último comentario de Natalie. Muy en su lugar, Tohru se quedó quieto, hasta que el otro decidió acercarse un poco más, arrinconándolo contra el sofá como si la presa en esta ocasión fuera él, pero el solo pensamiento hizo que una sonrisa brillante y renovada se postrara sobre sus labios. Ese era un premio imposible, incluso para Natalie, pero a cambio de aquello, le daría algo mucho mejor que una simple follada.

Fue entonces que el vástago se irguió hacia adelante, tomando con una de sus manos por el cuello de la camisa al numan, forzándolo a mantener aquella cercanía, pero también, a sentir el peso de sus suaves labios devorando los propios. La lengua de Tohru se metió en la boca ajena tras dar una larga lamida sobre los labios del blondo, y buscó con deseo la sinhueso del otro, aunque tras darle un ligero roce a modo de invitación, abandonó el beso y rompió la cercanía, retrocediendo solo un poco, más que nada, lo suficiente para poder ver hacia el rostro ajeno, con sus orbes brillantes producto del deseo que el otro encendía en él y con su sonrisa confiada y —como siempre— algo arrogante.
El hijo de la noche negó con la cabeza antes de que la respuesta llegase: —No te follaré, Natalie. —Y hizo una pausa para darle quizá la oportunidad al otro de confundirse, porque Tohru amaba las expresiones de su pareja, y el que hubiese tan solo pensado en dudar de sus sentimientos, le dio el motivo preciso para ser algo evasivo con él, aunque esa evasión moriría con sus siguientes palabras: —Te haré el amor. En este lugar…ahora  mismo. —Y con aquello borraría cualquier evidencia de que aquél había sido tocado por otros antes. Los demás quedarían en un segundo plano, porque nadie más haría lo que Tohru le estaba ofreciendo a Natalie.

Volvió a avanzar para devorar nuevamente los labios ajenos, metiendo esta vez la mano con la que había tirado de la camisa del otro, por bajo la ropa, teniendo la suerte de que al poco recorrer, halló uno de los pezones del cantante, mismo que atrapo bajo su palma, comenzando un lento movimiento con la misma para endurecerlo. Era alguien que definitivamente no se podía estar quieto y sus manos eran expertas en mantenerse ocupadas en diferentes acciones, por lo mismo fue que la otra se adueñó de la cadera del medio desnudo y, apretándolo contra su propio cuerpo, produjo un empujón similar al movimiento que se daba durante el sexo. Se lo haría lento, y con aquella sola idea, estaba mandando a volar cualquier idea de abandonar pronto aquél lugar. Daichi tenía alimentos en casa y una llave con la cual poder entrar por lo que no debería ser mayor problema el que se tomaran algo de tiempo para ellos dos, pero más tras lo que había ocurrido, deseaba tomarse un poco más de tiempo para Natalie, demostrarle que sus sentimientos no eran ninguna mentira y que si necesitaba hacérselo toda la noche para demostrárselo, entonces lo haría, pero había algo que tendría que tener en claro su pareja antes de que llegaran a aquello.

Tohru mordió el labio inferior de Natalie antes de recordarle algo importante: —Tendrás que hacerle una visita a un médico si quieres seguir intentando tener sexo conmigo sin protección. —Pero eso no sería lo único que haría para motivar al muchacho a que en verdad tomara cartas en el asunto. Tohru rozó sus labios contra los ajenos antes de hablar: —Aunque por mí, te haría diez hijos si todos vienen con esa hermosa expresión molesta en sus rostros. —Y se refería a la expresión que solía poner su pareja cuando algo no le gustaba. Claro que Tohru no se había imaginado nunca como padre, pero Natalie podía significar la expansión de su mundo a muchos terrenos que de momento habían estado vetados por él mismo. Por momentos sentía que volvía a ser el mismo de un comienzo, aunque eso solo en esas manías de lengua suelta que a veces se permitía con sus clientes...aunque en esta ocasión no estaba hablando con un cliente, sino con su pareja, a quien deseaba cuidar incluso de sí mismo.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Miér Jul 02, 2014 3:32 pm

El puente de la nariz del rubio fue frunciéndose progresivamente hasta crear la arruga perfecta, mirándole con expresión más que molesta para cuando le hizo saber que no tendrían sexo. Iba a protestar, de hecho, iba a desnudarle a golpe de tiranía para cuando fue el mismo vástago quién le aclaró mentada oración, haciéndole suavizar la expresión con la que procuró vestirse, no obstante, rubor delatador pareció desear avergonzar al que intentó mantenerse con semblante tajante e imperante. Ése imbécil era el único ente en toda la tierra que lograría que su temperamento cambiara de un modo tan atronador y factible, el único capaz de amedrentar el alma siempre violenta de quién se había criado en los peores ambientes de aquella ambiciosa y luminosa ciudad. Las manos siempre frías del que no moriría por falta de latidos bajo pecho se hicieron hueco en una piel caliente siempre predispuesta a recibirle y con piel erizada, el que aún se mantenía sobre la figura adyacente se alimentó del beso otorgado del modo más ruin, perverso y necesitado: Suyo. ¿Cómo hacérselo comprender? ¿Cómo demostrarle que él sólo deseaba estar cerca suyo? Era complicado expresar sentimientos cuando la mayor parte del tiempo incluso él mismo se debatía con su sentir o intentaba pisotear los mismo en busca de liberación, de frialdad. Pero no, con Tohru todo era diferente. Ése desgraciado le tenía comiendo de su mano de tal modo que se sentía una estúpida alimaña en espera de que le tendieran el cuenco con el pienso que degustar. Mierda. Estaba hablándandose. Estaba convirtiéndose en esos chicos que suspiraban al ver el móvil con un mensaje de su pareja. Estaba volviéndose, en resumidas cuentas, en todo lo que detestaba.

Estaba en frenesí, su boca se movía por encima de la del vástago como si pretendiera sobresalir en aquel aspecto, cómo si desease borrar todo lo malo hasta ahora acontecido en aquel ósculo que se le presentaba placentero y empañado del sabor foráneo, pero una vez más se vio coartado cuando tras un mordisco, nuevamente su pareja se dio a escuchar. Bien. Hijos. No, no los quería. Y no, no pudo reprimir una mirada de odio al verse irrumpido de aquel modo y con aquella excusa sobre la manera en la que... Bien, sí, le había prohibido usar condón. Pero... Pero hasta ahora, el único con el que se había permitido follar si la jodida goma irrumpiendo era con él, y fue desde el primer encuentro entre ambos que le vetó la posibilidad de tener consigo relaciones en las que el plástico estuviera en su recto, se negaba rotundamente a ello y es que ése falo tenía una temperatura especial, única. –Y una mierda...- mano justiciera de sus creencias se hizo con el cuello de la camisa de ése al que ahora ya medio mundo debería conocer cómo su pareja debido a la escena protagonizada hacia escasamente delante de unas cámaras golosas de las palabras que el mismo vástago pronuncio. Ya no era un secreto, ya no deberían esconderse –no hasta el punto de intentar no mirarle siquiera durante las conferencias-, todos eran ahora conscientes de ése amorío por lo que... Podría marcarle a placer. Con brusquedad. Con pasión. Con temeridad.

Sostuvo a un par de centímetros por encima el cuerpo foráneo al mantenerlo sujeto desde el cuello de la camisa y lo encaró a su maquiavélica y frívola sonrisa. –... Seguirás follándome con o sin protección. Con o sin pastillas. Con o sin espermatozoides en tus huevos, ¿Me oyes?- le soltó con rudeza, con tanta violencia que le mandó de vuelta al sillón que ahora les serviría de cama y volvió a abordarle cómo la sombra de la mismísima muerte, cómo la sombra del que finaría sus días. Olisqueó con agrado el fino cuello del vástago, arrastrando la nariz por aquella extensión hasta que el puente de la misma chocó contra la quijada adyacente. –¿O quieres que me empastille a hormonas?- masculló, perfilando esa zona de dermis con los dientes pero sin morder, irrisoriamente suave si se tenía en cuenta lo que más tarde haría con él, con todo lo que se le cruzaba por la mente con solo imaginarse entre los brazos de su pareja. Necesitado... Lo estaba. Demasiado tiempo sin sexo a su modo de ver y es que la aparición de Daichi llevó a Tohru a... ¿Evitarle? Tensó ligeramente su expresión aunque no se permitió indagar en aquello pues se prometió a sí mismo aceptar las aptitudes de Orion, a fin de cuentas... él le amaba. Ése jodido demonio le amaba.

No se permitiría dudar, no si aquella flaqueza le apartaba del único ser que deseaba mantener a su lado, se negaba en rotundo, en seco. Bajó un par de centímetros la faz y abrió la boca para que aquel órgano perforado y condecorado con el frío metal rozase una piel que siempre se le presentaba apetitosa, deseable, tan sublime cómo el primer instante que se le cruzó. Un roce lánguido pero severamente largo marcó el terreno que consideró menester, trazando un traslucido y zigzagueante camino que llevaba desde su mentón hasta la misma clavícula foránea, lugar en el que se detuvo, lugar en el que terminó su pecado.

Aquello que aparentaba no ser más que un acto mimoso que toda pareja haría para con la perteneciente terminó de manera fatal para el contrario cuando, de un modo violento y poco cortés, sus dientes atraparón el hueso de la clavícula del que yacía bajo su cuerpo y se sació en rabia para con el mismo, asegurándose de dejar ahí impresa la huella de su dentadura, fue gesto violento que duró milésimas de segundos pero que logró dejar impresa ahí la marca del delito, una que intentó disuadir con lamidas densas que hicieron una capa fina aguada que encubrió al completo la marca rojiza. Pero no... Más. Susurró el nombre de su pareja mientras descendía posición, moviendo las piernas para que su cuerpo quedase perfectamente alineado para con el otro, con la diferencia que ahora su cara estaba encarada en el vientre foráneo, lugar que mordió por encima de la ropa. Por UT. Más. Quería más... mucho más. Un poco más. Ahora se encaró al maldito cierre de ése condenado pantalón... ¿Y sí...? Apoyó el mentón contra lo abultado de entre las piernas del infernal y buscó su mirada a pesar de encontrarse ahí agazapado como el león esperando saltar por su presa, mirándole con los ojos entrecerrados y el deseo irradiando en cada poro de su piel.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Jue Jul 03, 2014 4:43 pm

No pudo evitar el reír al escuchar la respuesta del blondo. ¿Por qué había creído que su respuesta sería diferente cuando le conocía mucho mejor de lo que Natalie creía? No le había importado antes el cuidarse y no le importaría ahora, pero el semblante de Tohru mantuvo cierta seriedad mientras aquél lamía su cuello y no dudó en responderle: —Tan solo no quiero darte otro motivo para que abandones tu carrera. —Y aquello no era broma, pero ¿Qué podía hacer? Era obvio que Natalie no le escucharía en este momento por lo que luego debería encargarse el mismo de aquello.

Aquella no era la primera vez que el menor se divertía sobre él, pero si era la primera vez en la que Tohru lo veía tan ansioso, pero no lo culpaba. Desde la llegada de Daichi al departamento, las cosas habían cambiado un poco, ya no podían encontrarse en la habitación, tanto porque Natalie lo había echado del cuarto, como porque debía mantener cierto control delante de su pupilo. Aquél peso había tenido que ser soportado tanto por Natalie como por él y aunque él aparentara completa calma, lo cierto era que tener medio desnudo sobre sí a la razón de su erección allí abajo, estaba comenzando a sacar lo peor de él hacia afuera, esa parte que palidecía en cuanto a etiqueta cuando se le comparaba con Orion. Natalie parecía saber bien como provocarlo y Tohru no pensaba siquiera poner resistencia a las violentas caricias de su pareja.

Apenas se permitió el hacer una expresión de dolor al sentir la mordida y es que ya estaba prácticamente acostumbrado a que el blondo dejara alguna marca de aquél tipo sobre su cuerpo, y claro que se sentía bien aquella saliva contra su fría piel, el paso de la lengua, el adorno de metal rozándose contra la dermis cada que avanzaba hacia abajo. Los rubíes de Tohru siguieron a su pareja en el recorrido que le llevó hasta su estómago, hasta ahora le había permitido tocar cuanto deseaba a pesar los propios deseos de desnudarlo totalmente, morderlo, acariciarlo y hacerle gemir hasta que su voz se apagase por el cansancio. Pero el vampiro pareció tensarse levemente cuando sintió una presión sobre su erección. Natalie se veía tan deseable que le torturaba tenerlo tan lejos y a la vez, tan cerca de su deseo.

Se ayudó con uno de sus brazos para poder erguirse, entonces que quitó el saco, la camisa y la corbata que aún pendían de sus brazos, aunque todo lo hizo a su estilo, dejando que el simple hecho de quitarse algo de ropa se viera increíblemente provocativo; aquello le salía completamente natural, así como aquella mirada encendida en deseo que había provocado quien ahora tendría que resolverlo. Tohru sonrió altivo, orgulloso, como el perfecto hijo de UT que era. —¿Qué crees que estás haciendo allí? —Tohru estiró una de sus manos, y sin preguntar ni esperar movimiento en respuesta por parte del otro, atrapó su mentón y lo acercó hacia sí mismo, quitándole el equilibrio que tuviera sobre sus manos para hacer que el ajeno cayera sobre su propio cuerpo, mismo que le recibió con su fría temperatura pero que sin embargo, se sentía como en casa al tener la piel tibia de Natalie tan cerca. El mentón siguió entre los dedos de Tohru y su otra mano se aprestó a adueñarse de la cadera ajena. Sonreía para él, sabiéndose deseoso de probar cada lugar de aquél cuerpo, pero también sabiendo que le permitiría hacer lo que al parecer quería intentar.  

Los orbes de Tohru chocaron con los ajenos y solo entonces se permitió poner en claro su posición. —Lo que quieras hacer, más vale que lo hagas y lo termines, porque luego será tu culo el que esté contra el sillón. —Y la mano que había mantenido quieta sobre la cadera del ajeno, bajo un poco, aunque solo lo necesario para meterse dentro de la ropa interior y pellizcar con toda la amplitud de su mano la piel de la nalga. Por último decidió darle una larga lamida a los labios del blondo, antes de que quitara la mano para concederle libertad y ocuparse de librarse de su propio pantalón, el cual desabrochó y dejo semi-abierto, en una postura que a cualquiera hubiera puesto en jake. Tohru no era ningún sumiso, pero en un pasado había recibido más de una proposición de ese estilo, lástima que al final terminaran siendo ellos los que cayeran bajo las silenciosas intenciones del manager.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Dom Jul 06, 2014 3:10 pm

Mierda. Le desesperaba que Tohru hiciera aquello. El hecho de restar ahora desperdigado contra su cuerpo al verse a traído por la mano del foráneo de aquel modo logró que le mirase con molestia desde su posición, odiaba que le irrumpiera en sus enmiendas y solía demostrarle su poco agrado de ello con arrebatos que a cualquiera hubiera etiquetado como un gesto violento sin justificación pero que sin embargo su pareja lograba entender sin que se la explicase o se viera en el apuro de tener que comportarse como no era. Siempre, desde siempre... siempre había podido ser él mismo.

-No jodas, chupasangre.- tras la lánguida lamida del vampiro los labios del cantante contaban ahora con una fina película de saliva recubriéndole la zona y no logrando más que realzar el apetitoso color de una comisura condecorada con dos diferentes perforaciones en cada lado de su labio inferior. A cualquiera el cuerpo de Orion le hubiera dejado sin habla ni posibilidad siquiera de hablar, sí, seguro que la mayoría de los peleles con los que el otro hubiera compartido cama se verían tan impresionados con la belleza del infernal que siquiera se atreverían a mover las manos por la anatomía maldita... Algo que a Noiz le tenía sin cuidado y se movía sobre éste cómo si siempre, de un modo u otro, ése cuerpo le hubiera pertenecido en tiempos anteriores, de hecho incluso tenía permitido el propasarse con una anatomía que enseguida se recuperaba del maltrato que pudiera impartir durante los encuentros pasionales que ambos solían compartir con demasiado ímpetu y deseo, siendo por una parte y la otra bastante propensos a demostrarse el amor de un peculiar modo, aunque sin lugar a dudas, de los dos, era el vampiro y no el humano el que parecía controlar la fuerza para seguridad de su pareja.

El blondo se separó lo justo para observar al que descansaba contra el sillón en una posición que quitaría el aliento a cualquiera, incluso... a él. La obertura que el foráneo le dio a su propio pantalón logró que el vocal soltase una risa cargada de aquel tinte burlesco del que solía valerse y miró directo a aquellos orbes inyectados en el carmín de la sangre para mirarle tan altivo como siempre. -Haré lo que me de la gana.- apoyó la palma derecha sobre el desnudo torso del vampiro y no se vistió en delicadezas para empujarlo y esta vez ser él quién lograse desequilibrar la posición foránea. -Así que pórtate bien si no quieres que sea yo quién te termine perforando.- y era una realidad el hecho de que Natalie fuera siempre el activo en sus relaciones pasadas, cierto que en contadas ocasiones había puesto el trasero, empero sus fans solían paralizarse por la magia de esa fiera mirada y no podían vocalizar siquiera sin temblar, a lo que para echar un polvo se veía arrastrado a ser el activo para poder satisfacerse, importándole poco y nada que su compañero de cama disfrutase o no del encuentro, siendo terriblemente egoísta en ése sentido.

Pero Tohru lo jodió todo desde el primer momento... Aquello se había tornado en todo un dar y recibir. No miraba únicamente por su placer si no que... Su cuerpo se agazapó nuevamente tras soltarse del agarre impuesto por su pareja y se aseguró de que su semblante se encarase en lo abultado de una ropa interior que parecía asomar temerosa por debajo del abierto pantalón, justo ahí fue dónde el blondo impartió una primera lamida mientras observaba con aquellos orbes del color del caramelo derretido al que había estado intentando liderar desde el primer encuentro sexual en la cama de invitados de aquel cuarto preparado para tal fin. No se esmeró en hacerla rápida o en terminar pronto con la labor, muy por el contrario deslizó el órgano perforado por toda la extensión del bóxer descubierto para que su saliva quedase ahí marcada y que por lo tanto, la tela quedase traslucida y se viera el color de la sexualidad ahí oculta.

Cuando le supo más erguido buscó la punta del pene foráneo a tientas y utilizando siempre la boca, enganchándose a la misma cómo si se tratase de la boquilla de la botella de agua que le daría la vida en el desierto y a pesar de que la ropa estaba de por medio, movió la lengua condecorada con el pircing de manera circular por encima del glande del vástago y luego aquella misma se enroscó en el tronco, presionándole el glande en lo que su boca le otorgaba unas primeras pero muy repetidas y constantes succiones, casi esperando poder sentir su sabor aún y por encima de la ropa. Fue un gesto repetido, su lengua subía, bajaba, presionaba y aunque el tacto de la tela no fuera agradable para nadie, él parecía estar disfrutándolo como nadie. Únicamente su boca dejó de ejercer presión para cuando consideró que era turno de calentar aún más el ambiente, sonando ronco por culpa del propio ascendente calor y deseo. -Ni se te ocurra mirar a otro.- pero no le miraba, no en esa ocasión, le mordió. Era casi gracioso escucharle hablar pues se negaba a soltarle la polla, manteniéndosela en la boca para darle algún abrasador abrazo ocasional con la voluminosidad labial de la que era propietario. -O te mandaré junto a UT. Te mataré.- estaba marcando terreno aunque quizás sus formas no fueran las más certeras al ser el que claramente, ahí estaba en desventaja.



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