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Terrorist. || { Privado Orion }

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Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Lun Feb 17, 2014 5:34 pm

Tenía la cara apelmazada contra la amplitud de la almohada, siquiera el sol parecía atreverse a irrumpir el sueño del cantante. Al estar en una cama de tamaño King no tenía problemas en estirar las extremidades sobre la mullida superficie. No, Orion no dormía con él. Era parte del castigo que él mismo le hubo impuesto por traer al hogar a ése chico sin tan siquiera consultárselo con anticipación, todo había sido rápido, demasiado incluso para dar una rotunda negativa a lo que venía. Claro, cabía destacar que estaba frente a todo un hombre de negocios, alguien que sabía perfectamente en qué terreno se movía y de qué manera imponer sus normas para hacerse valor, escuchar y ante todo, obedecer. Le odiaba. Le odiaría una y mil veces. –Orion...- la boca del rubio se movió contra la almohada que yacía justo debajo de su cabeza, una ligeramente empapada en la saliva del mismo y es que el sueño aquella noche había sido más profundo de lo acostumbrado. Las primeras noches sin el frío cuerpo del vástago a su lado habían sido complicadas, eternas, no obstante y para esa ocasión cayó en cansancio y se dejó arrastrar por Morfeo. El sol no saldría esa mañana. Las nubes eran espesas y entapiaban el cielo, dejándolo de un oscuro color grisáceo que evidenciaba futura y no muy lejana tormenta. Muy posiblemente Daichi estaría ya camino a la escuela... Muy por el contrario del que merodeaba sobre el lecho, ése chico era verdaderamente responsable y gustaba de obedecer los dictamenes de Orion, etiquetándolos como los acertados para empujar la carrera que pronto compartirían. No obstante el entusiasmo de ése rubio no hacía más que alimentar la ira del propietario de la casa, quién miraba con ojos verdaderamente culpabilizadores al responsable de todo aquel entuerto y de verse envuelto en una vida para nada deseada. ¿¡Dónde mierda quedaba él en esa jodida adopción?! ¿¡Así era como Orion le demostraba afecto?!

Se movió de manera perezosa por encima del mueble y buscó a tientas algo que... Evidentemente no encontraría. Dejó su búsqueda para volver esa mano junto a su cuerpo en busca de recuperar el calor que ése gesto desgastó y con los ojos aún cerrados con evidente cansancio se mantuvo sobre un par de minutos: Tres... Dos... Y ahí estaba. La alarma de su móvil sonó de manera estridente con una de las melodías ya predeterminadas para utilizarse cómo alarma y despertar incluso al más letargado. Otro gruñido y ahora su diestra se hizo con el aparato, silenciándolo tras tocar el botón correspondiente de la pantalla táctil. Miró con gesto adormilado y los ojos aún a medio abrir la hora que el aparato reflejaba: Ocho de la mañana. Poco a poco fue flexionando las rodillas hasta que quedó a gatas sobre la cama, aún cubierto por la manta: Ése era el puñetero día que él mismo se había marcado para llevarse a Tohru lejos. Para, tal vez, y de manera ciertamente infantil y recelosa, llamar la atención de su pareja, por que a pesar de todo... ¿Seguían siéndolo? Ciertamente y tras la llegada del otro rubio a la casa no habían compartido gestos de cariño, no dormían en la misma cama y las conversaciones eran triviales, normalmente cuando los tres se reunían en la cena.

Se procuró una ducha rápida y se calzó las ropas que consideró más cómodas y menos llamativas de todas las que yacían en su armario, lo oscuro le acompañaría en esa ocasión. Pantalones de imitación de cuero negro que se ajustaban a las formas de sus piernas y una camisa blanca, nada fuera de lo normal o que pudiera destacar... No si, obviamente, no se dirigía la atención a los adornos que perforaban su piel. Preparado y dispuesto a salir de lo que parecía ser una casa totalmente desalojada tomó el móvil y escribió algo escueto, el destinatario era obvio.

[quote=Natalie]Te espero en el garaje, ven pronto.[/quote]

Tras aquel escueto texto guardó el mencionado aparato en el bolsillo posterior de su atuendo y se encaminó a la puerta con un paraguas en mano y las llaves colgando por la anilla de uno de sus dedos: Bien, no había marcha atrás, esa mañana sería... De los dos. Aunque muy posiblemente estuviera enturbiando los planes del manager para con aquel día, poco le importaba. Ahora le demostraria si verdaderamente le importaba más la fama o... lo que fuera que ambos tenían, mierda, ya se habia encargado de meter a otro en la casa. Una prueba. Sólo necesitaba algo para volver a sentirle suyo y verle aparecer sería posiblemente una de las cosas que le aliviaría.

Los pasos del cantante resonaron en aquel paraje prácticamente desértico, los coches que allí descansaban eran de las mejores gamas, promociones y marcas. Estaba oscuro. Vacío. La sensación de pánico comenzó a apoderarse de él aunque mantuvo la postura y se aseguró de cubrirse la espalda con una de las columnas que daba la separación entre un puesto de aparcamiento y otro. Ahh... Quizás había sido mala idea citarlo así, tal vez aún podría volver a casa. Miró de reojo y ciertamente impaciente hacia la puerta de entrada de los vehículos. Dos segundos. Le daba dos segundos antes de estallar en cólera.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Lun Feb 17, 2014 7:24 pm

Como todas las mañanas —desde que Daichi había llegado a vivir al mismo departamento que Natalie y él— se había levantado temprano para poder estar perfectamente arreglado para cuando su pupilo despertara. Como otras tantas veces, sintió algo de dolor en la zona posterior de su cuello y el mismo se arrastró provocando un leve dolor de cabeza, probablemente siendo el resultado de las malas noches que estaba pasando en el sofá. Por suerte dormir no era un problema, podía pasar dos o tres días sin dormir si así lo deseaba, pero estando con Natalie y Daichi lo mejor era recuperar energías, sobre todo ahora que el director de Idolorum le había presentado un nuevo expediente de alguien que realmente prometía. El desayuno pasó sin ningún tipo de conversación realmente relevante. Tohru había tomado un vaso de jugo de naranja, aunque todo lo que el mismo le había sacado había sido una buena mueca de fastidio. Otra vez le tocaba salir a comer afuera. Había suspirado pues realmente no tenía planeado molestar a Natalie con aquello y por lo mismo, luego de volver de dejar a Daichi en la escuela, tenía planeado perderse por un par de horas antes de ir a ver el nuevo departamento que la empresa le había ofrecido. Bostezó apenas durante el viaje, dándole algunos consejos al blondo sobre las clases de canto que le esperaban a la tarde; así también se aseguró que este tuviera algo de dinero para el almuerzo y un poco extra por si llegaba a necesitar de tomar un taxi hasta casa. Y cuando Daichi bajo del coche y Tohru le vio ya alejándose del lugar, fueron otros pensamientos los que llegaron hasta su mente. Primero que era culpa de la compañía el que Natalie se hubiera enfadado con él, después de todo, sabía que desde que había informado del descubrimiento del chico le habían presionado para que fuera por él y lo pusiera bajo su cuidado. Tohru no se arrepentía, pero todo había sido tan rápido, que no había tenido tiempo para preparar a Nate para que recibiera la noticia con calma.

Por los expedientes de Natalie, sabía que ya se había separado de un grupo por peleas entre los miembros y era obvio que el presentarle una nueva idea de grupo no debería de parecerle demasiado atractiva. Tomó dirección hacia el idolorum para poder averiguar un poco más sobre "Gloom", pero fue entonces que una melodía pegajosa escapó desde el bolsillo derecho de su pantalón. Era un mensaje de Natalie. Lo sabía porque tenía aquella melodía puesta solo en caso de que fuera una llamada o mensaje entrante desde el móvil del mismo. El azabache movió el auto hasta un costado de la calle y se detuvo allí para poder leer el texto del mensaje con calma:

Nate escribió:"Te espero en el garaje, ven pronto."

Se quedó mirándolo por un segundo antes de suspirar aliviado. Quizá este fuera un aviso de que las cosas empezarían a mejorar, después de todo, él no estaba molesto con Natalie y le había extrañado cada una de las noches que habían pasado separados. Al final tenía que admitir que se había acostumbrado a la tibieza de su piel, a abrazarlo contra su pecho y enredar en aquél mismo contacto, sus dedos contra los blondos mechones del otro. Kaede se había dado cuenta con facilidad, sin siquiera tener que decírselo, que el pequeño vándalo había despertado sentimientos muertos en el vampiro. Dejó el móvil nuevamente en el bolsillo de su pantalón y volvió a poner en vehículo el automóvil, tomando esta vez la ruta más corta hasta el edificio donde se alojaban los dos blondos y el vástago. No se tomó la molestia de responder pues su respuesta sería su propia presencia en unos pocos minutos. Hace mucho que no pasaban algo de tiempo solos y aunque no culpaba de aquello a Daichi, tampoco era como si pudiera escabullirse por ahí con Nate dejando a su pupilo solo, todavía era menor de edad y no estaba dispuesto a que un oportunista le quisiera ganar la tutoría del conejito.

Los minutos pasaron y las calles se fueron llenando de un ambiente residencial, con varios árboles agolpados delante de los edificios y gente que se dirigía hacia sus trabajos. Tohru se detuvo delante de uno de los edificios más altos de la zona y detuvo el coche frente a las puertas de lo que era la entrada al garaje. Las mismas estaban abiertas pues era la hora en que varios de los residentes salían hacia sus puntos de trabajo, pero lo que llamó particularmente la atención del azabache, fue una sombra de rubio cabello que estaba apoyada contra uno de los pilares del edificio. Ese era uno de aquellos días en los que era seguro que caería algo de lluvia, aunque de momento las nubes lo cubrían todo bajo una capa de un gris oscuro, Nate también debía de estar enterado sobre la posible lluvia, porque desde la distancia pudo ver que tenía entre sus manos un paraguas.

Tohru sonrió. Admitía que estaba algo contento por haber recibido ese mensaje y por ver que realmente le estaba esperando donde había dicho. Llevado por sus más de mil años, bajó del vehículo y caminó hasta la puerta del copiloto, abriendo la misma y mirando nuevamente hacia la dirección donde estaba Nate. Era obvio que si le estaba esperando allí, era porque quería que ambos salieran de allí ¿no? aunque tampoco le importaría llevarlo a donde sea que él le pidiese. Quizá el rubio se había convertido en una de sus fuentes de buen humor, aunque el vástago nunca pensara en admitirlo. Sonrió con algo de diversión en su mirada, aunque solo la suficiente como para no enfadar al otro, aunque incluso si Natalie pensaba en devolverse en aquél momento, estaba seguro de que iría a por él y tal como aquella vez en año nuevo, se lo llevaría incluso si tenía que amordazarlo.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Mar Feb 18, 2014 2:41 pm

Estaba tardando. El jodido condenado hijo de Caín... La mirada impaciente del rubio se centró en el lugar, ni un alma parecía dispuesta a irrumpir la calma pero estaba escrito en la mirada de éste que el nerviosismo se acentuaba con cada nuevo tic tac del reloj imaginario. Le mataré. Oh, si, de la manera más horripilante e insana posible. Orion... él... ¡Estaba allí! El chirriante sonido de la puerta metálica abriéndose llamó la atención de quién estaba colocado de manera que su espalda quedase resguardada contra la columna y poco tardó en ver aparecer el coche que ya era algo así como el vehículo familiar. No pudo vislumbrar el gesto del vástago hasta que éste descendió del coche y clavó esa mirada en él. Un escalofrío le envolvió la espalda y se tuvo que contener en no dirigirse hacia él para golpearle el estomago por provocarle esa clase de sensaciones que parecía haber olvidado con el paso de los días en aquella casa dónde no compartían más que un par de palabras. Ni un beso, ni un abrazo... Nada. La relación se había enfriado tanto como lo era el cuerpo del que carecía de latidos. Pero se negaba a perderle, era suyo, condenadamente suyo. Tohru era la única persona con la que no tenía que ocultar ser nadie más, conocía cada detalle de su personalidad y no dudaba en aceptarlo e incluso mimarlo con paciencia. Golpes que a más de uno hubiere molestado Orion los encajaba y calmaba. Nadie podía compararse a ése imbécil que estaba ahí, de pie, abriéndole la puerta de copiloto con una estúpida y no muy marcada sonrisa. ¿Qué mierda...? ¿Estaba feliz? ¿O es que Daichi le había comentado algo que le provocaba aquel estúpido gesto?. Algo se removió en su interior, similar al momento en el que cuando hizo la sesión de fotos se encontró al vampiro con otro chico. Cruzó los brazos sobre el pecho de manera ciertamente más defensiva que en sí prepotente y separó la espalda del cemento. Con el moreno allí nadie se atrevería a ponerle un dedo encima y era algo que le hacía coger el coraje perdido en la violación pasada.

-Has tardado.- habló de manera impersonal, con ése tono que una vez utilizó con él cuando a duras penas estaban conociéndose y compartiendo los puntos de vista del contrato. Arrugó entonces el puente de la nariz acentuando el pircing que le cruzaba el mismo y avanzó un par de pasos. Pocos. Casi parecía estar meditanto si realmente salir con ése idiota era o no algo que debía hacer. Aún estaba enfadado, en exceso, pero debía admitir que muy en el fondo –no, realmente, no tan en el fondo- sentía la necesidad de estar a su lado, al menos, de tocarle de manera superficial. Sopló, molesto con aquella nueva necesidad en la que se veía en vuelto desde que le conoció. No le dio tiempo a responder, como siempre se adelantó a lo que el manager pudiera aportar en esa oración. -Vas a invitarme a desayunar.- ah, sí, Tohru despertaba muy temprano pero lo cierto es que él permanecía en cama hasta entrada la mañana, no era que estuviera superado el problema para con la comida pero era... Era la única excusa que podía darle sin tener que pronunciar cosas vergonzosas que ni en sueños manaría de tan descortés lengua perforada.

Así pues y ya con el rumbo dicho dejó que sus pasos le llevasen junto al vástago, su aroma impactó de manera directa cuando agazapó la posición para meterse dentro del vehículo. Dios... ¿Desde cuando olía tan bien? Le miró de reojo de manera casi imperceptible antes de tomar asiento de manera adiente y tras aquello, cerró la puerta por cuenta propia, asegurándose de escapar de cualquier gesto que pudiera hacer el otro. Un beso y le desataría. Una caricia y posiblemente le arrastraría. Quería salir de casa, irse lejos, por el contrario se dejaría a esas sesiones de sexo duro que habían quedado en el olvido desde la llegada de Daichi. Su espalda encontró confort contra el respaldo del asiento y ya acomodado fijó la vista al resto de los coches que la luna del propio le permitía ver.

No había motivo para estar nervioso. Habían ido a multiples lugares juntos, planeado diversas cosas en pareja y por supuesto, habían follado cómo animales desesperados pero... Pero la sensación de nerviosismo, el corazón en la garganta e incluso las manos sudorosas evidenciaban el estado del cantante quién no volvió a poner los ojos sobre el cuerpo de su acompañante. No se relajaría, juraba, hasta que el motor no tomase vida y ronronease a modo de bienvenida para él. Salir del jodido aparcamiento y estar rodeados de la muchedumbre sería el único modo de no lanzarse contra él y obligarle a decirle una y otra vez que... Su propia mirada se abrió con sorpresa ante esa clase de pensamientos y el rubor le azotó con fuerza en los pómulos, dándole un aspecto casi inofensivo a pesar de ser de puño fácil como bien podía saber su pareja. Tensó las manos en su regazo e intentó alejar el recuerdo de la voz de Orion mentándole los sentimientos compartidos.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Mar Feb 18, 2014 3:23 pm

En realidad no es como si se hubiese esperado algún tipo de recibimiento más amable por parte de Natalie, de hecho, con el solo hecho de que el otro le hablase y le hubiese llamado, ya era más que suficiente. Era obvio que el blondo seguía enfadado con él y esperaba que lo mismo pudiera solucionarse en algún punto. Tohru siguió con la vista al cantante mientras el mismo se acercaba hacia él y antes de que pudiera dar cualquier excusa por su tardanza, recibió las nuevas palabras de Natalie. Su gesto apenas mutó en sorpresa y es que, sabía de los problemas alimenticios del blondo y por lo mismo, que fuera el propio Natalie quien quisiera salir a desayunar el resultó toda una novedad…aunque quizá —y aunque no lo mencionaría— más que una idea de salir a desayunar, quería verlo como una oportunidad de estar juntos y a solas y se preguntó, si Nate también lo vería de aquella forma. Sonrió al verle pasar por su lado sin agregar nada más. Era muy posible que así fuera, después de todo, dudaba que aquél solo hubiera deseado salir a desayunar porque sí. El suave aroma del shampoo del blondo golpeó contra su nariz justo antes de que la puerta se meciera y tras un clic la misma se cerrara. Debería esforzarse entonces.

Era curioso como antes de conocerlo solo se dedicaba a complacer a sus representados por mero contrato, por mantenerlos contentos y satisfechos, pero con Natalie, la barrera del contrato había sido rebasada hace mucho, se sentía molesto por haberle provocado tales molestias y su trabajo como tutor algunas veces chocaba con la parte de él que deseaba estar junto a Nate, porque eran novios ¿no? Era difícil llevar todas las cosas con orden y había fallado miserablemente al intentar explicarle a Natalie, noches atrás, el por qué Daichi ahora se encontraba viviendo con ellos. Pero fuera como fuera, si esta era una oportunidad para arreglar un poco las cosas entre los dos, entonces la tomaría y se aferraría a ella.

Su cuerpo se giró y caminó en dirección hacia el asiento del piloto, metiéndose dentro del coche antes de —como siempre— recordarle a Natalie que se cruzara el cinturón de seguridad. Ciertamente en Hortus había muchas buenas cafeterías, pero no estaba seguro de si les permitirían algo de privacidad y estaba claro que deseaba cruzar algunas palabras con aquél sí que otros se vieran atraídos por ellos mismos.

—Creo que sé de un buen lugar que tal vez te agrade. —Bien, al menos en ese lugar no solía haber mucha gente y el servicio al cuarto era bueno. Solo esperaba que Natalie no lo malentendiera. Siendo así, arrancó el vehículo y tomó la vía principal hacia la enorme zona natural de Hortus. El viaje hasta aquél lugar no les tomaría más de quince minutos si iba a una velocidad constante además, ya iban a ser cerca de las diez y no deseaba retrasar más el desayuno de Natalie. En cuanto a su propio desayuno…el mismo tendría que esperar, realmente aquello no le preocupaba lo suficiente ahora que podía tener una oportunidad de charlar a solas con el blondo además…tenían una conversación pendiente desde hace mucho, pero aún no podía decidirse acerca de si sería un buen momento o no; en realidad, primero intentaría arreglar las cosas con él y luego vería aquello, pues el tiempo pasaba y la espina seguía muy bien clavada en medio del estómago del vampiro.

—Espero que no te moleste que sea un hostal de la empresa. Allí no suelen ir muchas personas y seguramente podremos tener un momento a solas. —Su vista se concentró en el camino recorrido antes de volver a hablar. —Y me alegro que tu voz al fin haya mejorado totalmente. —Había intentado decírselo días atrás, pero el ambiente entre los tres —pues raramente se quedaban solos ellos dos en el mismo lugar de la casa— nunca había sido el adecuado además, no estaba muy seguro de si a Natalie le gustaría que anduviera diciendo ese tipo de cosas delante de Daichi. La sonrisa no había desaparecido de los labios de Tohru y apenas dio una ligera mirada hacia su costado derecho, hacia donde se encontraba el blondo.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Jue Feb 20, 2014 1:10 pm

No había el foráneo cruzado la puerta del vehículo para sentarse dónde le correspondía que su voz se dio a mostrar con aquel imperativo que lejos de molestarle le causó cierta sensación de haber vuelto a días pasados. ¿Tanto hacía que Daichi merodeaba por la casa? ¿Realmente eran tantos? Extrañaba detalles tan míseros como ése... Quizás es que únicamente estaba ablandándose, tal vez movido a estar acostumbrado a esa presencia amable, comprensiva y ante todo, profesional. Su faceta desconfiada había vuelto loco a más de uno de aquellos que habían intentado llevar su vida profesional, empero ninguno logró la confianza que el foráneo se ganó en tan poco tiempo, no, no sólo confianza... Era... Miró desde el retrovisor los ojos rubí centrados en la carretera mientras sus manos obedecían y se anudaban entorno a la cintura el cinturón de seguridad. Lo que sentía por ése condenado iba mucho más allá que un simple respeto o mera cordialidad. Orion provocaba todos sus instintos y realmente cuando pensaba en todos, quería decir justamente eso, TODOS. De nuevo algo pareció latir dentro de su cuerpo, estaba hablándole a él de manera directa, no en plural como hasta ahora en las comidas. A él. No había nadie más en el vehículo. Mierda. ¿En qué punto se había vuelto tan condenadamente posesivo?

-Está bien mientras sea tranquilo.- frío, aunque disimuló la sorpresa de descubrir el paradero de aquella improvisada cita: Una sala para ellos. A solas. No supo por qué pero la carretera dejó de parecerle un punto de interés y en algún momento giró el rostro hacia el moreno, momento preciso en el que éste también le dirigió una mirada que no supo interpretar. En ella había alegría, pero también... ¿Tristeza? ¿Pena? La sonrisa con la que le había recibido se había extinguido totalmente de ése otro rostro y aunque deseó alargar la mano para tocar esa fría dermis que creía olvidada mantuvo las manos férreas sobre su regazo, negándose a la idea de necesitarle de ése modo, de verdaderamente necesitar tanto de otro ente. Sopló casi con desgana. No era que el interés de Tohru no le gustase, claro... Pero... ¿Por qué mierda no se lo había dicho antes? Ni una sola noche la cabeza del vampiro se asomó por la puerta –y podía bien jurarlo pues se quedaba despierto tantas horas como su cuerpo aguantaba con la atención puesta en la misma-. Le esperaba. Cada puñetera noche. –Estoy mejor.- sí. Sería única respuesta. No podía dejarse a más pues si comenzaba a pensar demasiado posiblemente terminaría por saltar incluso del coche en marcha para escapar, movido por el intenso enfado que sentía.

Su mirada se perdió en algún punto de la media luna que tenía frente a sí y pronto supo que estaban frente al edificio que procuraba no visitar, oh, sí, el mismo al que enviaba a su manager con tal de no poner un pie en el lugar dónde, de poder, aquellos de caros trajes le agarrarían por los tobillos y sacudirían para ver si lograban arrancarle algo de los bolsillos. Los consideraba patéticos, estúpidos y en su mayoría incluso superficiales, siempre guiándose por la belleza externa más que por la propia pasión que alguien pudiera poner al cantar. La productora, jodida empresa a la que pertenecía y que, gracias a los buenos tratos de Orion no había tenido que asistir desde que le tenía a su lado. Esperaba simplemente no encontrarse con un jefe toca narices, pues muy seguramente y aunque se negasen aquellos se les unirían gustosos al almuerzo con tal de poder discutir sobre los tratos del nuevo disco o quizás el tema de interés en esa ocasión sería Daichi.

Su mirada se entrecerró con molestia al pensar en ése mocoso ser nuevamente el centro de atención y con cierto desdén en su acción se desabrochó el cinturón que acordonaba su cintura antes incluso que el vehículo se estacionase del todo, aunque no accionó la pequeña palanca de su derecha para salir del auto, muy por el contrario a ello dirigió toda atención hacia el que había conducido hasta el lugar, su rostro entero enfocó al del adulto con ése gesto de enfado aún latente en su expresión. Quería hablar, decirle algo... Pero en vez de hacerlo giró la cabeza y movió la palma para, ahora sí, abrir la puerta que le correspondía cuando finalmente cesó el contoneo de las ruedas. No estaba seguro de qué decir, cómo hacerlo. Se sentía jodidamente perdido y aunque se moría de ganas de enterrar los puños en el cuerpo foráneo estaba conteniéndose: Tohru le debía muchas, muchas explicaciones aún. Salió pues del reducido espacio y cerró tras de sí con un golpe seco, quedando para entonces de pie en espera da la llegada de su... manager.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Jue Feb 20, 2014 7:08 pm

No pasó mucho tiempo para que llegaran hasta la hostal de la empresa, un lugar que a simple vista parecía un largo edificio con forma de media luna y que no tenía más de dos pisos, aunque lo cierto era que el lugar era bastante grande por sus adentros rodeados de vegetación. Sonrió al escuchar la respuesta del blondo y tras apartar la mirada del espejo retrovisor, buscó un buen lugar donde aparcar el carro; no tardó en hallar un sitio, aunque antes de que terminara de posicionar el vehículo escuchó algo de ruido detrás y en cuanto las ruedas traseras tocaron ligeramente contra el borde del lugar, sintió la puerta del otro abrirse. Creía haber visto algo de enfado en la mirada de Natalie justo antes de que el mismo decidiera salir del coche, aunque en lugar de quedarse a pensarlo, apagó el motor del coche y tan pronto tuvo todo en orden, salió del mismo y cerró la puerta tras de sí. La luz del día pego sobre su traje blanco y la suave brisa mañanera desordeno algunos de sus mechones mientras caminaba cerca del blondo. Se detuvo delante de él y le dio una ligera mirada. Ahora que lo miraba bien, si parecía algo molesto y lo cierto era que aquello no le alegraba aunque no haría nada hasta que estuvieran a solas, después de todo, el lugar donde se encontraban parados debía ser el peor lugar para que se pusieran a conversar.

—Señor Orion. —Tohru suspiró en cuanto una voz algo mayor le llamó desde la entrada del lugar. Ya conocía a aquél hombre de visitar anteriores, aunque esta era la primera vez que venía en compañía pues siempre acudía a aquel lugar para descansar un poco de la compañía de sus otros representados. El hombre que los esperaba tenía una avanzada edad y se mantenía apoyado con sus dos manos sobre un bastón y en efecto, era aquél el encargado de la Hostal, un humano que había vivido como encargado del lugar desde su juventud; el tiempo volaba y Bastien era la prueba de aquello. —No lo esperábamos por aquí hoy, pero tengo una sala vacía. —El hombre pasó sus apenas orbes azules de Tohru hacia Natalie y tras darle una ligera mirada, el mismo sonrió.

—Es perfecto, disculpe por no avisar, yo tampoco sabía que vendría...fue algo de improviso. —No hubo sonrisas en el rostro de Tohru, incluso a aquella persona le hablaba como lo hacía a todo el mundo, a aquellos que no entraban dentro de su pequeña burbuja social. —Nos quedaremos hasta la tarde si no es molestia. —Simple y sencilla respuesta. No le faltaría el tiempo para hablar con Natalie y sobre todo, para escuchar lo que este tuviera que decirle, pues por las miradas de antes, estaba seguro de que quería hablarle pero que también estaba esperando el momento oportuno para hacerlo. Daichi no era problema pues le había dado dinero para un taxi y tenía llaves del departamento, por lo mismo podría estar tranquilo aunque, si veía que no llegaban antes que él a casa, le enviaría un mensaje para que no se preocupara. Era extraño como tenía ese sentido del "deber" con el conejo, pero suponía que aquello sería una de las consecuencias de haberse vuelto su tutor, no era una mala sensación de cualquier forma y se asemejaba un poco a aquellos deseos de protección que sentía por Nate, aunque estaba más que claro que eran cosas muy distintas las que sentía por uno y por el otro; y se preguntaba si no estaría haciendo que Natalie dudara de él con sus acciones.

Por acto reflejo a sus pensamientos volvió a mirar al blondo, aunque tras una leve tos por parte de Bastien, decidió ponerse en marcha tras él. —Bien, si me siguen por favor... —El hombre mayor se giró y comenzó a caminar por dentro del lugar, pasando por la sala de recepción y por la entrada a una pequeña sala de té. Siguieron a paso lento por un impoluto pasillo adornado con algunos muebles de cedro y con pinturas en sus paredes de hermosos parajes de los distintos países que constituían el mundo luego del surgimiento de los alquimistas. Tohru se aseguró que Natalie fuera tras ellos y al cabo de unos cuantos metros recorridos más, llegaron hasta una pequeña sala donde no había mucho, solo una mesa redonda con sus respectivas sillas y a los costados algunos muebles juntos con un piano con varios años de antigüedad, un último detalle eran el grupo de sillones en forma de "L" que decoraban el cuarto y sobre los cuales varias almohadas decoradas con tejidos descansaban a la espera de recibir a alguno de sus visitantes. Al otro extremo de la habitación había otra puerta doble cubierta con cortinas y que llevaba hacia uno de los jardines alternos del lugar y que gustaba a Tohru especialmente por encontrar en el mismo unos cuantos exponentes del arte bonsái. Las paredes de aquella habitación eran de un color crema bastante suave por lo que la luz del sol parecía bañar las paredes con su luz. Era en definitiva un sitio bastante simple, pero que cumplía la función de "escape" momentáneo en tiempos pasados y ahora, bueno ahora lo estaba ocupando para poder charlar con Natalie.

—Sobre la mesa podrán encontrar la carta. En unos minutos estará aquí unos de los mozos. —Y esas fueron las últimas palabras del anciano antes de que el mismo hiciera una ligera reverencia hacia ambos y caminara hacia la salida. Las puertas se cerraron tras ellos y nuevamente quedaron a solas, allí nadie les escucharía ni prestaría atención y quizá esa fuera una de las mejores cosas del lugar, podrían estar tranquilos de que nadie les molestaría.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Mar Feb 25, 2014 8:57 am

Hasta... ¿Hasta la tarde? ¿Y qué mierda pasaba con la jodida comida del jodido niño? No era cómo si la alimentación de ése pretencioso le importase, sin embargo era totalmente consciente de que Orion no dejaría que algo así se le escapase de entre las manos, era un hombre demasiado metódico para con sus cosas. Así que la posibilidad de ver aparecer a lo que se hubo tornado un dolor de cabeza constante no le pareció una idea tan descabellada, pero para entonces estaba seguro que no aguantaría su furia y la contienda sería digno espectáculo lejos o no de miradas que pudieran más tarde meter leña e en el fuego de la desdicha dentro del mundo en el que procuraba alcanzar la cima. Sin embargo, cundo su mirada se cruzó con la de ése numan que entraba a ciencia cierta en la tercera edad cierto deje de extraño alivio le invadió. Ni de lejos devolvió esa sonrisa que le regaló aunque bien pudo sentir como el enfado menguaba y así, siguió los pasos de ambos hombres que le superaban en edad, admirando con ojos sorprendidos cada minúsculo detalle del lugar. ¿Les traería a todos ahí para que las cámaras no fijasen objetivos en las practicas sexuales con sus estrellas? Tensó los labios hasta el punto que aquella carnosidad rosada no fue más que fina línea en rostro tenso y malhumorado por parte del blondo, más procuró entretenerse con los detalles del lugar en busca así de poner fin a su propia oleada de pensamientos para nada gratificantes, si no lograba calmarse posiblemente la charla que deseaba llevar con Tohru no serían más que replicas y empezar la charla con enfado no les traería más que distanciamiento.

No se sorprendió cuando aquellas rusticas puertas les dieron paso a aquella exquisita sala, al contrario del primer encuentro entre ambos en lugar parecido esta vez los ojos del cantante si merodearon por el lugar para intentar memorizarlo, aprendérselo. ¿Sería punto de encuentro romántico? ¿O quizás sólo lugar escondido dónde poder resguardarse en paz? Tras las palabras y próxima retirada del anciano su cuerpo no dudó en hacerse paso al interior de manera altiva y segura, pasos firmes resonaron por encima de la calma inicial, demostrando con ello que no estaba acongojado ni avergonzado, más si molesto y quizás incluso impaciente. Aunque no negaría que tan siquiera sabía por dónde empezar a exponer todo lo que deseaba hacerle entender, pues, a las buenas o a las malas, ése idiota le escucharía. Ahora que nadie pondría los oídos en su conversación le obligaría a escucharle.

Mano desnuda tomó una de fina extensión sedosa de cortina que obstaculizaba la visión para con el florido exterior, aunque por desgracia el día no parecía desear acompañarles y las nubes que amenazaron con tormenta y lograron que el cantante se bastase de un paraguas para aquella improvisada cita observase cómo una de las tantas y tantas hojas verdes ahí disgregadas se agachasen débilmente ante el peso de unas gotas traslucidas y débiles que caían poco a poco, muy poco a poco. La lluvia parecía haber esperado a que aquellos dos estuvieran bajo techo y aunque se inicio en calma, lo grisáceo del cielo aseguraba tempestad. Recolocó la tela en el lugar, cómo si estuviese escondiendo la escena del mismo cielo y así volteó para mirar de manera más o menos directa al responsable de todo sentimiento que pudiera estar ciñéndose en su persona.

Le observó por segundos que parecieron minutos, aquellos orbes oscuros fueron prácticamente devorados por el menor de los dos y aunque él no precisaba de sangre juró desear en secreto que la del contrario se regase por el piso en claro símbolo de poder frente a él. Despacio, de manera apacible, volvió a retomar posición en el centro de la sala y con cierto desaire de desinterés tomó la carta. Era caro. Oh, sí. Ninguno de los menús de desayuno traían consigo el precio, ninguno. Miró por encima de la misma hacia el vástago y reanudó su lectura, aunque más bien se dejó llevar por las fotografías ahí impresas para el deleite visual de los que venían con el estomago vacío. –Quiero el menú americano. Pero sin salchichas.- arrojó aquella plastificada contra la impoluta y pequeña mesa y su trasero encajó a la perfección con uno de los cojines de aquellos que parecían esperar a recibir las nalgas de los apoderados pues era sublime y altamente reconfortante, tanto que incluso ahogó algo similar a un suspiro de placer cuando incluso su espalda, atraída por el confort, se apoyó contra el mullido respaldo. -¿Va a venir tú novio?- y ahí estaba sacando las uñas.

Estaba claro por dónde se iniciaría la conversación y cual era el punto de interés, aunque no quisiera admitir el sentimiento de inferioridad o el de celos, lo cierto era que la llegada de ése nuevo inquilino en la casa le dejó con cierto sabor amargo. ¿Tohru... y Daichi? No le parecía imposible, no sabiendo el historial amoroso del mayor.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Mar Feb 25, 2014 3:46 pm

Sus carmines siguieron la figura del blondo hasta que el mismo tomó la carta y comenzó a leer. No era intención del vástago el molestarlo mientras decidía y por lo mismo enfoco pronto en otro lugar su vista, más específicamente sobre uno de los cuadros que decoraban las paredes. Aquello solo duró leves segundos, Natalie parecía haberse decidido ya por algo y en cuanto Tohru escuchó su decisión, dio un pequeño golpecito contra la puerta tras él y añadió algo propio de él: —Un desayuno americano sin salchichas y lo de siempre. —El vampiro tras la puerta apenas dejo percibir sus pasos mientras se alejaba de la sala donde el ambiente parecía estar de alguna manera algo cargado, pero solo se materializó en palabras cuando el mismo blondo comenzó la conversación. La vista del azabache volvió hacia la figura del cantante, la cual ahora se encontraba sobre uno de los sillones, pero no pensó en responder en seguida, sino que primero camino hacia la mesa y tomó asiento en una de las dos sillas con las que contaba. Su pierna derecha se acomodó sobre la izquierda y descanso sus brazos sobre su regazo. El golpeteo de las primeras gotas dio contra el ventanal aunque el mismo no era visible por estar cubiertos por un fino cortinaje. —Pensé que ya estaba aquí con él, o es que yo no me enteré de que el tiempo de prueba ya se había terminado. —En realidad no estaba añadiendo aquello con el ánimo de molestar a Natalie, sino que le había salido prácticamente de forma natural, como al principio cuando se habían conocido, dejando a la vista una vez más el choque de sus personalidades y el poco interés del vástago en caer bajo la ironía del blondo.

Tohru suspiró antes de que moviera una de sus manos y desbloqueara el teclado. Movió los dedos por sobre el teclado tan rápido como siempre y terminó con lo que era un sencillo mensaje para su ahijado:

Orion escribió:Estaré fuera hasta tarde. Asegúrate de  comer y mantener todo cerrado.
Natalie también llegará tarde.
Ten cuidado.

Un par de toques por sobre la pantalla táctil y pronto el aparato móvil volvió a descansar en uno de los bolsillos de su pantalón. Lo cierto es que por mucho que se lo negara, le molestaba que Natalie estuviera nombrando a Daichi de aquella forma, porque había esperado el ser claro en que el mismo era su ahijado y en que no tenía nada a nivel amoroso con el chico. Tohru no era alguien que pudiera reparar en lo que hizo o no en el pasado y mucho menos podría ponerse a pensar en que eso era lo que probablemente estaba dándole alas al cantante para pensar que podría estarle engañando. Pero en lo que sí reparaba Tohru era en que aparte de hacerle una promesa en el hospital, le había dicho que no estaría con nadie mientras ellos dos estuvieran juntos como pareja, entonces, ¿Estaba el blondo dudando de su palabra? Quizá debería ser más claro porque estaba comenzando a odiar que le atacara con preguntas sin sentido como la anterior. Los orbes del vástago volvieron a subir hacia el blondo, quizá esperando que este explotara finalmente y dejara salir todo lo que producía aquella atmósfera casi imposible de evitar.

Pero el suave toque del mozo dio contra las puertas y la vista del vástago se volvió hacia aquél punto, por donde ahora se dejaba escuchar una suave voz pidiendo permiso antes de seguir. El muchacho era mucho más bajo que Tohru, de complexión delgada y cabello albino hasta los hombros, sus orbes se mantuvieron lejos de ambos clientes y sin decir mucho más arrastró el carrito con el pedido del humano y del vampiro. Ese era un silencio que precisamente no pareció de los más normales y es que efectivamente había sido empujado por la presencia del mozo. El albino dejo todo sobre la mesa, pero antes de retirarse de vuelta hizo una pequeña reverencia delante de la puerta, de tal forma que la misma fuera para ambos comensales. El pedido de Tohru no era nada del otro mundo, una botella ancha y de aspecto incoloro, pero que en cuyo interior contenía un líquido rojo oscuro. Sangre por supuesto. Y aunque antes había pensado en otras alternativas, su cuerpo pidió por el primero, antes de que se le ocurriera pedir alguna otra cosa con la que acompañar a Natalie.

Otra vez, puerta cerrada y ellos dos nuevamente solos. ¿Sería que esta vez sí serían un poco más claros entre ellos?
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Dom Mar 16, 2014 2:53 pm

Quizás el mozo que les fue capaz de notar la tensión acumulada en el ambiente y es que a pesar de que a duras penas habían cruzado un par de palabras habían sido estas suficientes como para encender la delicada mecha de odio por parte de quién, arrogante, no despegó ni un segundo su atención de los movimientos que el mayor de ambos pudiera estar ejecutando en ése instante. Posiblemente ése que les había abastecido con comida conocería ya a Orion lo menester cómo para saber que no debía importunar. Así fue. Chico listo partió con boca cerrada y gesto sumiso dejándoles nuevamente envueltos en silencio incomodo y poco fácil de interpretar. Tan buen punto el de cabellera oscura clavó de un modo más intenso su mirada en la perteneciente fue cuando por primera vez desde que ambos estuvieron ahí enclaustrados los ojos del famoso dejaron de intentar adivinar lo que el otro ejecutaría para deleitarse con lo que sobre un plato le esperaba. Olía bien. Terriblemente bien. Su estomago se contrajo, recordándole que hacía más horas de las permitidas que no probaba bocado y de un modo más bien disimulado pegó su propio codo derecho contra la zona para amortiguar el vergonzoso sonido, estando convencido que su propia acción habría bastado para tal fin. Juraba odiarle del mismo modo en el que se prometía a sí mismo quererle. Orion le había procurado protección desde el fatídico día en el que su brusco temperamento le llevó caer en la trampa de aquel maleante de hebras rubias sin embargo y aunque le costaba admitirlo, Daichi... Daichi era para él algo similar a una amenaza. El blanco perfecto para los celos antes inexistentes por parte del que se las daba de frívolo para en esas ocasiones.

Seguía sin comprenderlo, seguía sin entenderlo. Todo estaba bien, las cosas volvían a ése cauce que ambos abandonaron momentáneamente tras el incidente. No lo entendía. ¿Por qué? ¿Por qué en ése momento? ¿Por qué diablos meterlo en casa? ¿Por qué?

Pensamientos que él pudiera haber considerado de índole vergonzosa salieron casi sin que antes el cerebro del blondo masticase lo que ahí el otro tendría que digerir, haciéndoselo tragar a la fuerza: Era su turno. –¿Por qué?- ¡Si fuera tan sencillo...! La pregunta pareció quedar inconclusa. El cantante en ningún momento retiró aquella mirada furiosa del manjar que tenía justo frente a sus hambrientas narices, aunque tan siquiera se atrevió a mover un solo musculo para acortar las distancias entre su propio cuerpo y lo que sobre la mesa empezaría a enfriarse. Pero de moverse muy posiblemente no se bastase con agarrar el tenedor... Iría a por él, a por su piel. Y no para regar besos o gestos cariñosos. –¿Por qué ahora? ¡Mierda, Tohru!- sus palmas se cerraron en un férreo puño que en ése momento deseó más que nada estampar contra la perfecta cara de su representante y éste, de tan fuerte que se encontraba cerrado tembló sobre el regazo del menor de ambos. –¿Es que no soy suficiente? ¿Es que tú hambre de fama supera el honor que creía que me guardabas?- y aunque intentó poner fin a sus propios temblores sus hombros se sacudían cómo hoja dejada a la tormenta, nervioso, dolido. Ahhh... Le odiaba. Le asqueaba. No entendía absolutamente nada sobre las maneras en la que un mero manager podría impulsarle a la cima pero consideraba que aquello había sido una traición, una puñalada más doliente que la paliza que aquellos infernales le propinaron.


No solía hacer esos esfuerzos por contener la rabia y no atacar, empero estaba poniendo su mayor esfuerzo para que el primer encuentro privado entre ambos tras la llegada del pupilo se diera lo más... ¿Humanizada? Posible dentro del odio que solía explotarles en la cara cuando las cosas estaban en tensión cómo en ése mismo instante. Intentó entonces ocupar atención –y todo sea dicho, también manos- en los cubiertos que descansaban sobre la mesa, asiéndolos para sí y llevándose junto a estos el plato sobre su regazo, volviendo a posicionarse sobre la amplitud del sofá con el mencionado de porcelana sobre unas rodillas que ahora, cruzadas, descansaban también sobre el mueble. No importaba cuan lustrosa se viera el cuarto, él se encargaba de darle al mismo ése toque de rebeldía que solía. Pinchó el tenedor sobre el huevo que poco tardó en desparramarse sobre el resto del desayuno casi cómo si se tratase de la sangre que gustaría que manase del rostro de quién procuraba tan siquiera mirar. Torció el gesto, lo cierto era que a pesar de estar muriéndose de hambre no quería comer, se negaba a hacerlo cuando sabía a la perfección que la mirada del adulto estaba postrada en todas y cada una de sus acciones venidas y por haber.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Dom Mar 16, 2014 7:03 pm

El vampiro decidió dejar tranquilo a Natalie por esos momentos, por aquello mismo fue que separo su vista de él y en cambio, puso su atención sobre la jarra de vidrio que había delante de él, tomando de la misma por el extremo con una de sus manos, llenando hasta más de la mitad la copa que se encontraba justo delante de los cubiertos que no utilizaría. El líquido espeso apenas se movió contra los contornos de la copa y Tohru pensó en darle una primera probada, pero entonces volvió a escuchar la voz del blondo y sin poder evitarlo, sus carmines subieron de nuevo hacia él. No era necesario el que siquiera preguntara por lo aquello a lo que se quería referir puesto que los últimos días habían sido pesados en referencia a una sola temática: La presencia de Daichi en la casa. Claro que había intentado arreglar el tema con Noiz en más de una ocasión, pero nada parecía conformar al blondo; el vampiro todo lo que esperaba era que el tiempo le hiciera entender que aquello lo había hecho con la mejor intención y que no era en su fama o gloria en lo que pensaba cuando comenzaba a planear nuevos movimientos. Suspiró cuando las palabras de su representado se detuvieron. Debía entender que aquél no había sido el mejor momento para presentar a esos dos pero, eran proyectos distintos, uno de ellos lo había añorado desde que le vio en una popular revista juvenil y el otro, sus demos habían llegado a sus oídos y desde entonces había hecho lo posible por ubicarlo, pero el trámite para que le reconocieran como el tutor de Daichi no había sido nada fácil. Las cosas se dieron de tal forma que ahora cuando necesitaba una respuesta, no encontraba manera de que la misma fuera fácil.

La copa que había tomado fue dejada nuevamente sobre la mesa justo antes de que él respondiera, pero su mirada fue hacia los cortinajes que apenas cubrían la entrada hacia el jardín. —No quería que fuera en este momento, pero las cosas se dieron así. Y no es que seas insuficiente...es que mi trabajo como manager supera el de muchos otros porque yo busco talentos desde su juventud. El chico al que has llamado como mi "amante" perdió a su familia y sus recuerdos, tampoco recuerda nada del tiempo en que comenzó a acercarse a la música. —El vampiro no quería enternecer a Natalie con aquella historia, sino que entendiera el por qué estaba haciendo aquello. —Quizá nunca se hubiera percatado de su talento si hubiera seguido en aquél orfanato, pero...yo quiero darle una segunda oportunidad, que aproveche la oportunidad que le estoy dando y siempre su propio camino. —Fue solo entonces que Tohru volvió a mirar a Natalie. —Si sus destinos se unen o no en un futuro, dejare que el tiempo lo decida, pero por ahora, te pido que comprendas que no estaría haciendo esto si no supiera que aquél chico tiene talento y...tampoco deseo que creas que lo estoy haciendo para ganar renombre por la fama de los dos, porque eso ya no lo necesito. —Entrecerró la vista. Natalie debería saberlo, que ya llevaba tanto tiempo en el mismo negocio, que buscar estrellas solo por hacerse de la fama de estos no verosímil. Lo hacía "Por amor al arte", no había ninguna mejor expresión que pudiera describir sus motivos para hacer todo aquello.

—No es tu hijo ni mucho menos, no tienes que quererlo, pero al menos te pido que no pienses impuramente de él. Lo que ves es el único tipo de relación que hay entre él y yo, no existe nada semejante a lo que tengo contigo aunque...pensé que lo sabrías. —Era francamente estúpido como perdía todo su ego y orgullo cuando hablaba con Natalie. Sonrío sin ganas ni el habitual brillo que poseía en su mirada. —Quizá creas que es fácil decir "Te amo" o vivir día a día con las ganas asesinas de querer atrapar a quien sea que se atrevió a violarte. —No, no debía tocar aquél tema en ese preciso momento, debía aguardar, pero aun cuando sabía que tenía que esperar, no podía evitar comenzar a impacientarse por escuchar la respuesta de parte del blondo, el nombre que desataría su ira finalmente. Por lo mismo decidió volver a prestar atención a la copa de sangre que tenía adelante y esta vez si tomó de la misma y empujo un poco del contenido por entre sus labios, sintiendo el alivio mas el gusto poco familiar de la sangre, se había comenzado a mal acostumbrar a beber la sangre de Noiz.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Jue Mar 20, 2014 6:49 am

Si hasta ahora no había mostrado otra cara que no fuera la del terrible enfado y traición que sentía, todo pareció desmoronarse cuando su compañero, amigo y amante le mencionó lo referente a la violación. Hasta ahora el sendero de la conversación fue siempre guiado hacia el mismo propósito: El de mostrar disconformidad con la entrada de ése maldito conejo en sus días, no obstante, Orion se las había ingeniado para que aquello careciese ahora totalmente de importancia y que aquella feroz de antaño mostrarse el pavor del recuerdo que aún, quisiera o no, le seguía atormentando. Él, toda una estrella mediatica, él, conocido en toda discoteca o bar cómo un rompe corazones sin sentimientos... Él, él había sido violado nada menos que bajo la mirada atenta de ése que, sabía, estaba obsesionado con Tohru. La mano con la que sujetaba el tenedor perdió la fuerza a tal nível que incluso dejó de sostener entre aquellas el mencionado artilugio. Hambre se fue y por ello se reclinó lentamente para dejar el plato sobre aquella mesita que hacía de barrera entre su cuerpo y el de su manager. Volvió a su posición con la mirada puesta en quién había sido capaz de sacar el jodido tema aún y cuando tenían algo que atender de manera más... ¿Urgente?. Ya daba igual. Ningún pensamiento merodeaba ahora en destruir o intentar dañar la relación entre su pareja y su hijo, era la rabia y la impotencia de aquella debilidad que por lo acontecido tuvo que mostrar frente a quién siempre intentó dar su cara más altanera y prepotente. Más fuerte y segura. Se llevó una mano a la cara, bordeando sin demasiado interés uno de los pircing que estaba en el lateral derecho de su labio. No podía huir. Estaban solos. Y bastaba con mirarle para saber que tenía un sinfín de preguntas en la recamara que, quizás por respeto, no pronunció en los días posteriores.

-Así que... No deberás malpensar si yo meto en casa a un coreógrafo. ¿No?- a pesar de intentar recuperar el cauce perdido de la conversación sabía que el mismo posiblemente ya sería imposible de recuperar, no con la tensión que él mismo mostraba. Soltó un suspiro que maldisimuló un gruñido más típico de un león que no de un chico y la mano que merodeó por su semblante se hizo hueco en el reposabrazos del amplio sillón, tensando los dedos sobre el mismo, sin duda llegar a la calma por cuenta propia era verdaderamente complicado si se evocaban sobre sí recuerdos de aquel suceso. Buscó aquella carmesí cuando finiquitó el trago a la copa que sujetaba y no despegó ni un segundo su plena atención del semblante foráneo, cómo si estuviera intentando memorizarse el rostro de éste, cómo si de verdad pudiera leer más allá que ése sombrío semblante pudiera estar diciéndole tras esa pequeña coraza de indiferencia que hubo intentado forjar al entablar el tema de Daichi. -No los conozco.- a ellos. A esos malditos que le habían profanado no, al que sí conocía era al que sonreía mientras contemplaba la escena. Desvió el tema completamente sin darle opción a quejarse por lo anteriormente mencionado. Con pesadumbre llevó aquellos orbes claros hacia el ventanal humedecido por la continua lluvia, estos estaban empañados, evidenciando sin duda el cambio de temperaturas entre la estancia y el patio interior decorado de manera exquisita. -Éste negocio...- cabeza hacia atrás y así, su nuca se hundió apacible contra aquel blando respaldo. Cerro ahora su propia ventana al mundo, intentando olvidarse de que estaba intentando –y sólo intentando- desnudarse por primera vez de manera emocional. No era la primera, empero si la que salía a marchas forzadas. -... Es competitivo. Y no sólo el ser cantante. Las envidias se levantan también desde otras... Perspectivas.-

Suspiró de manera inquieta y su pecho llegó a subir y bajar con cierto amago doliente, aunque por supuesto, el semblante inquebrantable del cantante permaneció sin cambios ni alteraciones. Aquellos pares de orbes volvieron a mostrarse, apuntando hacia el techo con una extraordinaria y bien fingida indiferencia. –Busqué yo mismo ése enfrentamiento.- la voz no le tembló, pero si lo hizo esa mano aferrada al brazo del lustroso sillón. Aún podía recordar el calor de esas respiraciones, el dolor de las acometidas.. Pero más profundo que todo aquello yacía clavada la mirada de ése estúpido que en algún momento se creyó con derecho a importunar en su vida, en la de su manager. En la de SU Tohru. no era algo que estaba dispuesto a permitir, jamás.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Jue Mar 20, 2014 9:38 am

Su gesto se hizo hacia un costado cuando la respuesta por parte de Natalie llegó. Apretó los dientes y sus orbes se cerraron. Era obvio que no estaban avanzando para nada y por alguna razón, no quería creerle a aquél que en verdad no conocía a sus atacantes. Es que...si no les conocía, entonces ¿Por qué aceptaba que este negocio era así? Si tenía una idea de quien podría haberlos enviado, de quien le tenía la envidia suficiente como para atacarlo, entonces ¿Por qué no se lo decía? La más mínima pista sería suficiente para comenzar la búsqueda y sin embargo, no veía en el rostro del blondo ni la intención de cooperar, ni las ganas de seguir con aquella conversación. Tohru estaba molesto, por primera vez desde hace algún tiempo atrás, volvía a sentir su mano hecha puño, clavándole de forma dolorosa las uñas en la piel de la palma. Si solo quería proteger lo que quería, lo que le pertenecía, entonces ¿Por qué el otro le denegaba cualquier pequeña información que pudiera recordar? Lo que más molestaba a Tohru, era que no podía creerse el que Nate no pudiera recordar nada de aquellos hombres, aunque reconocía que el solo recordarles debía de ser abrumador para el cantante. Parecía estar siendo arrastrado hasta el borde, siendo consiente que tendría que abandonar el tema porque no conseguiría nada por parte del blondo y que le pudiera ayudar en su búsqueda. En lugar de eso, Natalie estaba empecinado en continuar discutiendo el tema de Daichi, algo que podría resolver de forma fácil, pero que había estado evitando al saber que sería mal entendido y que probablemente su relación se rompería. —No es lo mismo. —El vampiro miró la copa delante de sí mismo. El cantante parecía no haber escuchado nada de lo que había dicho por su firme intención de sacar a su ahijado de la casa.

Tohru cubrió con una de sus manos su rostro, alegando estar quitando un par de cabellos de su frente hacia atrás. Lo cierto es que se sentía asqueado consigo mismo por sentirse tan dependiente del otro, por querer a toda costa hacerle cambiar de opinión y es que, era la primera vez que tenía una relación de aquél tipo, una que involucrara problemas de la vida cotidiana y a la vez, que las resoluciones las pensaran ambos generalmente, el uno se interesaba por el otro y aquello de alguna manera había movido las fronteras del vampiro, le había ablandado y aquello le hacía sentir débil y adolorido. Extraño..., cuando antes no le hubiese importado nada el que al otro le parecieran o no sus decisiones, ahora parecía realmente frustrado por no poder encontrar la correcta manera de actuar tanto para que Daichi no se fuera de la casa, como para que Natalie no siguiera empujando con aquél tema. No quería alejarse de Natalie y sin embargo, tampoco quería soltar a su ahijado, ¿estaba siendo demasiado ambicioso? Quizá. No podía seguir viendo a Natalie sin esperar exigirle por las respuestas que le negara y tampoco podía responder de forma favorable ante la situación de su ahijado; entonces, sus pensamientos parecieron desbordarse sin antes pasar por ningún filtro y la única solución que se vino a su mente fue la que tantas veces había ignorado. —Pero si en verdad no quieres verle, entonces me mudaré con el muchacho lo antes posible. —Así no seguiría presionándolo y Natalie no volvería a ver a Daichi. Mantendría al uno alejado del otro y convertiría a Daichi en alguien que en un futuro lograra sus propias metas con todas las herramientas a su disposición.

La mano no se quitó se delante de su rostro, los firmes dedos rozaron su frente casi masajeándola. Aquello que había propuesto significaría romper con aquél ¿no? Al menos la relación que había traspasado los límites de lo permitido entre un manager y un cantante. Y quizá debió haber estampado a aquél contra uno de los sillones para haberle dejado en claro con sus manos que ese tipo de cosas no las haría con nadie que no fuera él. Había prometido protegerle y sin embargo, era el mismo Natalie quien le denegaba cualquier indicio sobre sus atacantes y para más, lo arrastraba hasta tal decisión. Había sido demasiado ambicioso al querer relacionar al blondo con Noiz, solo para que tuviera a alguien ya con el suficiente talento como guía, había errado al creer que podría adelantarse a los pensamientos de Noiz, la idea del grupo rebotaba y se hundía poco a poco, pero aquello no le importaba. Lo que si dolía, era saber que tendría que romper su promesa de no alejarse de él, porque no podía soltar a ninguno de los dos rubios, su profesionalismo le negaba aquella opción y, aunque le pareciera completamente ridículo, la idea de dejar ir a Daichi de nuevo hacia el orfanato, sabía que le haría sentir tan culpable, como aquella vez en que Natalie calló al hospital por no haberle seguido. ¿Dónde había quedado el Tohru orgulloso y demandante? Ah, probablemente, enterrado bajo los estúpidos sentimientos que le nublaban la cabeza.

De haber sido un demonio, estaba seguro que habría perdido sus poderes y su inmortalidad. El idiota frente a él le gustaba y no tenía idea de cómo mierda hacérselo entender. ¿Besos? ¿Caricias? Si fuera tan fácil, entonces ¿Cómo sería creíble?

Su semblante siguió firme y frío, incluso en el momento en que aquella mano que mantenía sobre su rostro, reveló nuevamente los orbes carmines que observaban hacia la nada.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Vie Mar 21, 2014 4:05 pm

Y por un momento, por un jodido pero eterno instante su cuerpo, su mente y todo lo que conformaba su esencia terrenal dejó de existir: Su exhalación fue posiblemente escuchada por aquel que tenía frente a sí, de hecho, su corazón dejó de latir, su mente dejó de cavilar la información y su corazón no bombeó más sangre, logrando que su faz se tornase blancuzca, más aún de lo que en sí sus raíces ya le hacían verse frente a cualquiera. Intentó procesar la información, intentó... Pero nada detuvo esta vez la ira irracional que solía empujarle siempre. Ése que hasta ahora estuvo intentando mantener la calma la perdió a niveles insospesados y es que desde la violación procuró moderar los gestos violentos a modo que el otro pudiera apreciar su cariño, pudiera ser consciente que por él... Maldita fuera, por él sería capaz de cambiar, de mostrar afecto si eso era lo que su pareja precisaba para darle entender que eran compatibles, que eran... el uno para el otro. Pero no. Tohru... Se largaría con Daichi, violando así la única clausula del contrato. La única que le obligó a firmar antes de que los sentimientos se vieran involucrados. El cuerpo del blondo se hizo hacia delante y agarró la abandonada copa repleta en sangre para, en un gesto de eterno repudio, lanzar el contenido carmesí sobre el rostro carente de expresión u emoción y es que por un momento desconoció al que se encontraba frente a sí. El rojo de aquel pegajoso brebaje escurrió por el anguloso y atractivo semblante del vampiro escurriendo de manera poco agraciada por su mentón y muriendo en el regazo de éste, cuando el contenido se vacío el cantante estrelló la copa contra una de las paredes logrando que esta estallase en cientos de fragmentos.

-Hoy. Hoy mismo.- irguió su posición, siquiera estaba seguro de cómo podía estar hablando en ése momento. Todo su cuerpo ahora erguido temblaba, aunque no por los nervios, no por sentirse avergonzado: Estaba iracundo, molesto. –Largaos de mi casa hoy mismo.- tensó la mandíbula y con una mano barrió aquella decorada mesa, haciendo que el plato que le había abierto posteriormente el apetito terminase en el suelo, embadurnando el mismo con el desayuno. La tregua había terminado. Había intentado por todos los medios intentar remediar los celos, intentar no pensar en la espalda del manager partir hacia el otro... ¿Por qué? ¿Por qué a Daichi si le había seguido? ¿Por qué a él no?: Todo estaba claro. –Da el contrato por finalizado.- se giró y buscó, entre la confusión y la rabia su abrigo, agarrándolo con una mano para calzárselo con prisa, importándole más bien poco el corte de su palma o el hecho que el mismo estuviera sangrando a borbones y con ello manchándole la manga de la chaqueta. Una última mirada de desdén fue la que ahora le dedicó. –No quiero volver a veros a ninguno de los dos.- y dicho eso, giró sobre sí mismo para ir directo a la puerta, sin mirarle, sin aportar más palabras, tal y cómo hacía días Tohru lo hizo al desaparecer para ir en busca del que había abandonado el inmueble. No entendía que pasaba por la mente de ése idiota, aunque realmente... Ya no deseaba averiguarlo. Había perdido la esencia, la motivación, nada restaba ya que pudiera devolverle el aplomo perdido tras semejante bandazo del destino. Si no esperaba llegar a enamorarse de ése imbécil, tampoco esperó que las cosas se dieran así. Pero las cosas... Las cosas no podían ir a más.

Pareció estallar en carcajadas mientras iba hacia la puerta, aunque no era más que otra de esas muestras de cinismo con las que solía vestirse. –Me mudaré del país, así que no te preocupes, no tendrás competencia con él.- sus dedos se cerraron entorno al pomo de la puerta con tanta fuerza que sus nudillos quedaron blancos por la falta de riego en el mismo, un gesto, uno más y todo habría terminado. No obstante... ¿Por qué cojones costaba tanto? Dudó. Lo hizo. Sus sentimientos eran verdaderos, ¿Qué se supone que debía hacer? Tohru lo eligió esa noche y ahora también lo estaba haciendo, pero aún y así... ¿No podía pensar mal? ¿Debía confiar? Y una mierda. Negó para sí mismo con la cabeza y sin torcer ni una palabra más, terminó por abrir la puerta de un blandazo, desapareciendo por la misma y cerrando tras de sí de un modo que hizo temblar la estancia completa. Sintió la mirada de uno de los atemorizados mozos sobre sí pero no le dedicó ni media fracción de segundo y es que de hacerlo, posiblemente toda su rabia quedase por convertirse en violencia.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Vie Mar 21, 2014 6:59 pm

El líquido golpeó contra su rostro y contra parte de su ropa, tiñendo la camisa blanca y confundiéndose con lo negro del traje y lo rojo de la corbata. Las gotas de color carmín cayeron por sus cabellos mientras la mirada rojiza del vampiro se mantenía ahora sobre el blondo. Y no fue el que lanzara el contenido de la copa —o el mismo recipiente— lo que le sorprendiera, tampoco pareció reaccionar cuando el mantel y todo lo que había sobre la mesa cayó sobre el piso produciendo un leve estruendo. No. Lo que en verdad pareció haber que su rostro se desencajara fue la respuesta de Noiz ante sus palabras. Efectivamente tendría que irse de su casa, pero no solo eso, sino que hasta allí llegaría su contrato con el blondo...por un malentendido, estaba perdiendo a Natalie, porque más que importarle el contrato que llevaba con el cantante, era la otra relación que ambos mantenían la que le hizo ponerse de pie al momento de ver al otro salir de la habitación. ¿Así terminaría todo? ¿Dejaría que el otro partiera sin siquiera haberle convencido de que estaba en un error?...No había nada entre Daichi y él que no encajara en los casilleros de ahijado y tutor, pero Natalie no parecía querer verlo por mucho que Tohru hiciera algo para explicárselo, aun así...y aún si ambos no congeniaban, no podía permitir que el único ser por el que había sentido algo más fuerte que simple atracción, se fuera de su vida para siempre.

El azabache rodeó la mesa y se movió hacia la puerta de salida, dando con un pasillo en el que solo se encontraba otra persona y no era Natalie. El mozo —que era el mismo que les había atendido rato antes— miró a Tohru y pareció quedarse mirando el líquido rojo que había salpicado tanto el rostro del hombre como sus ropas. De cualquier modo Tohru tenía que hallar pronto a Natalie y por lo mismo pasó junto al mozo sin mediar palabras ni una disculpa por lo que había ocurrido en la habitación, pero fue el mozo quien buscó palabras tras girarse para ver a la espalda del vampiro. —Está herido...el hombre que le acompañaba. —Y los pies de Tohru se detuvieron por unos cuantos segundos al escuchar aquello, apurando luego aún más el paso en busca de quien no debía estar muy lejos. Por suerte solo había una salida de aquél lugar y por lo mismo tendría que encontrarlo en aquella dirección, pero aquello no sería lo único con lo que se toparan tanto el blondo como el azabache.

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Rinne había reunido a una gran cantidad de periodistas en la entrada para dar su aviso de lo que sería, el espectacular lanzamiento de su primer disco como solista. Había atraído a reporteros de distintos medios y todos parecían fijar sus miradas en él incluso cuando un grupo de guardaespaldas intentaban mantener a la gente controlada y lo suficientemente lejos del popular idol. El peliverde sonrió una vez más para todos ellos antes de que tras una de las nuevas preguntas para su persona, todos se quedaran viendo hacia una esquina de la estancia de descanso. Incluso el mismo Rinne detuvo sus palabras para poder girarse a ver qué era lo que estaba ocurriendo, pero la gente a su alrededor no le permitía ver nada. Entonces escuchó un grito de una voz que había escuchado más de una vez en el edificio principal de Idolorum.

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Tras cruzar un pasillo, la figura del blondo fue visible para Tohru. Le había alcanzado y solo por aquello, se sentía tan agradecido. Si lo hubiera dejado marchar, estaba seguro de que no se lo había perdonado e incluso cuando Natalie no quisiera hablarle, arreglaría las cosas, de una manera u otra...si Natalie le daba una oportunidad y le escuchaba. —Natalie ¡Espera! —llamó el azabache al cantante, aunque quizá fue un poco ruidoso al llamarle en voz alta y sobre todo, con aquello, acababa de provocar que muchas miradas se posaran no solo sobre él, sino también sobre el cantante. Pero con todo y aquello, Tohru no se detuvo. Esta vez no le dejaría ir y no le importaba si los fans del cantante le mandaban misivas asesinas en un futuro. Cuando su mano derecha alcanzó uno de los brazos del blondo y logró enfrentarlo contra él, pareció que todo a su alrededor simplemente desapareció, dejándolos a ellos dos en un espacio vacío donde lo único prescindible era enseñarle a Natalie y al mundo que le rodeaba, que no dejaría que las cosas terminaran así, que no le perdería por un error suyo, que lo amaba y lo seguiría amando incluso aunque le rechazara ahí mismo nuevamente, porque desde el primer momento, la relación de ambos había sido así: golpes, miradas orgullosas, comentarios hirientes, palabras obscenas y caricias repletas de deseo que, en este último tiempo, también se colmaron de un sentimiento que para Tohru había sido desconocido hasta entonces: amor.  

El vampiro atrajo el cuerpo del blondo antes que se alejara y atrapó sus labios en un beso completamente distinto al de días atrás, éste estaba cargado de sus sentimientos los cuales, esperaba que llegaran hasta el blondo, e incluso si no lo hacían, lo repetiría hasta que comprendiera, incluso si le tomaba días o semanas. No fue un beso profundizado, pero si uno que cargaba todo lo que ese vándalo le hacía sentir.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Miér Mar 26, 2014 3:35 pm

A la mierda. Todo se había ido ya la mierda debido al repentino arranque ocasionado en aquel lugar, no había marcha atrás: Tanto Orion cómo Daichi se irían de su vida y con ello, él volvería a esa insulsa suya, dónde los conciertos, el sexo ocasional y la violencia eran su día a día. Dónde sus manager no le abrazarían por la noche, dónde nadie se preocuparía... Los pensamientos le golpearon con tanta fuerza que la carrera menguó en cuanto a rapidez, más no en decisión, apartarse sería lo mejor, dejarle seguir con ése rumbo era lo ideal para ambos, pero egoístamente deseó que ése imbécil actuase. Que no le dejase. Apretó los puños e intentó sortear a aquellos que, cámara en mano, parecían estar esperando un acontecimiento próximo y tan embelesados estaban con lo mismo que no repararon en que tenían justo delante de sus narices uno de los cantantes más prometedores de toda la región. Al menos, no fue así hasta que un inoportuno gritó su nombre...: No el que él apostillaba y daba a las compañías, no por cómo le reconocían los fans. A voz alzada fue su nombre real el pronunciado, consiguiendo que esta vez sí, detuviera el paso. Empero tan siquiera tuvo tiempo a girarse para encararse contra aquel osado: Una mano firme y amplia le sujetó por un brazo y le obligó a voltearse en la dirección deseada por el otro ente. Y claro... Realmente no esperó cruzarse con ningún otro. No fue otro rostro el que en un momento así se hubiera encontrado y le hubiese causado alivio. Ninguno excepto ése.

Preparó su mano libre en un puño para asestar con los nudillos el golpe que le alejaría definitivamente, el golpe decisivo. El último. Sin embargo lo que aconteció a continuación le dejó sin hálito, incluso pudo llegar a escuchar cómo varios de los espectadores se quedaban también sin aire al no imaginarse lo que frente a sus propias narices estaba dándose. Orion, ése manager que por siglos había sido el guía para las nuevas promesas y no se le conocía ninguna relación estaba ahí, frente a docenas de cámaras con su comisura adherida contra una boca que aunque no se atrevió a responder, tampoco pareció alejarse en un inicio debido al aturdimiento provocado por el aturdimiento. Los flashes pronto se hicieron a la escena y dos de aquellos que merodeaban por la zona se aproximaron raudos: El uno con cámara en mano, el otro con un micro conectado a mencionado artilugio. Ambos personajes intentaron capturar aquella inédita escena de amor, la primera que se veía del tan prestigioso manager, uno por el que más de un artista hubiera hecho lo que fuera (Realmente, lo que fuera) por compartir su talento con aquel hombre que parecía dispuesto a dejar claro a quién pertenecía. Aquel que debía ser el protagonista pasó no a un segundo, si no a un tercer plano. Ni una sola de las tantas cámaras apuntaba hacia él, ni una. A pesar de que aquella aglomeración de periodistas estaba ahí por motivos totalmente opuestos a lo que prestaban ahora atención sin duda aquello atraería más polémica y eso era justamente lo que buscaban: Desengaños, celos, provocación.

Esas cosas no se le daban bien, de hecho, Tohru era el primer hombre que lograba hacerle sentir del modo en el que justamente ahora lo hacía. Verdaderamente ni él mismo pensó ahora en todo el gentío que estaba rodeándoles y planeando las futuras portadas en las que ése maldito e inesperado ósculo sería claro y único protagonista. No. Nada de aquello importaba si ése maldito vampiro le robaba cualquier hastío de razón de ése maldito modo.

-¡Orion-san! ¿Es Noiz su pareja?- a pesar de estar irrumpiendo el íntimo momento aquel reportero de tres al cuarto no dudó siquiera en pisar a cuantos más tenía por delante para empuñar el micro hacia la zona dónde ha ambos hombres parecía haberles absorbido su propio estado de enajenación y cómo si aquello hubiera sido el estallido que el resto necesitaba para lanzarse sobre la pareja, el silencio que hizo hueco y precedió a ése gesto fue bruscamente irrumpido por una docena de voces intentando llegar a oídos de quienes, ahora, estaban con la boca separada. El blondo, quién hubo recibido el beso, se apartó del moreno. No estuvo seguro si su mirada repleta de cólera fue o no vista por quién no estaba seguro si seguía siendo o no su pareja, empero antes de que siquiera pudieran reaccionar, la costosa cámara que ahora estaba enfocándoles fue bruscamente golpeada por el férreo puño del cantante.

Tal fue el golpe proporcionado que la mencionada cayó bruscamente contra el suelo, rompiéndose parte de la lente e incluso del propio cuerpo del caro aparato. Lejos de quejarse el hombre retrocedió pálido: La fama de ése rubio se había extendido y sin lugar a dudas atemorizaba con tan solo una mirada a quién quisiera, era de las pocas cosas que tras la llegada de Tohru en su vida no había cambiado. Todos le creían aún ése crío sin sentimientos, ése de frío corazón que era capaz de abandonar a cualquiera... Quizás por eso los ojos de los presentes se abrió de par en par cuando la blancuzca mano del humano buscó la del vampiro sin darle una única mirada de confirmación para con el gesto y es que ahora, esa mano anteriormente dañada por el repentino ataque contra la bajilla y ahora incluso amoratada tras el puñetazo, agarró los finos, largos y fríos dedos de su contraparte y tiró de esta hacia sí, cómo si buscase que su cuerpo, ridículamente más pequeño al foráneo protegiera de un modo u otro al que había logrado tal escena en un arrebato de índole claramente pasional.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Miér Mar 26, 2014 10:56 pm

El libro dio contra el piso. Los orbes color borgoña del cantante se abrieron con dolor, con la ira quemando todo a su paso y llenando los parpados del peso de las lágrimas que se negaba a soltar. La mirada pálida de Sasha se hallaba sobre el televisor en cuya pantalla, se hallaban las figuras de dos personas que nunca podría confundir, al primero porque lo amaba desde el momento en que le vio por primera vez, y al segundo, al segundo creía haberle dejado una herida de por vida, una que le hiciera saber cuál era su jodido lugar. Las piernas de Sasha golpearon contra el piso y el blanco cabello se dispersó por los alrededores de su cuello. Lucía realmente encolerizado por lo que estaba viendo, pero tras unos cuantos segundos de silencio y escalofríos recorriendo su cuerpo, que se permitió focalizar toda su profunda molestia en un grito que recorrió todo el lugar, hasta donde se hallaba el mismo Garret.

El manager del albino había estado ocultándole la información a su representando; Garret había reunido de un grupo de paparazzi que estaban siguiendo a Tohru desde hace un tiempo atrás y que le cobraron una cifra no menos considerable por una información que de seguro cualquier canal hubiera considerado como una exclusiva. Tohru había llevado a alguien más a su apartamento, el chico que aparecía en las fotos vestido como un escolar más. ¿Un hijo no reconocido? ¿Un joven amante? ¿La competencia de Noiz? Las ideas del manager daban vueltas y al mismo tiempo sabía que debía detener sus pensamientos, puesto que darle más razones a su representado para estar intranquilo era como prender una mecha que sin que Garret lo supiera ya había sido encendida hace mucho y estaba a punto de explotar.

—No fue suficiente con lastimarlo. El muy jodido no entendió que lo quiero lejos de Tohru. —Los orbes del albino se posaron sobre la figura del manager, quien ahora era protegido por quien había destrozado una cámara de otro canal. Sasha mordió tan fuerte su labio inferior que el mismo comenzó a sangrar en un extremo. —Lo odio. —La voz tembló al pronunciarse. Y las ideas comenzaron a maquinarse en su cabeza mientras la imagen del manager respondiendo a la pregunta del periodista terminaba por sacarle una sonrisa. Le había lavado el cerebro a Tohru, a SU Tohru.

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Y durante aquellos segundos, en verdad se dio cuenta de que no podría haberse quedado parado mientras veía como Natalie se alejaba. Necesitaba de su calor, de su toque, de la inentendible sensación de saberlo junto a él, bajo su cobijo y protección, donde nadie podría dañarlo o llevarlo lejos de él. Por Natalie era que se estaba volviendo un hombre celoso...humano, pero también se había vuelto alguien que inevitablemente amaba, y aunque el peso de tal sentimiento le irritaba en ocasiones, la mayoría del tiempo le hacía sentir una calidez interna que ninguna canción ni cuerpo pudo provocar, solo Natalie pudo hacerlo. La pregunta del periodista pareció no llegar hasta él a pesar de que tenía presente que no estaban solos, que estaban siendo acosados por miembros de la prensa. Pero aunque hubiera querido responder a la misma, Natalie ya se le había adelantado, separándose de sus labios para responder al periodista con un golpe que destrozo la cámara y atrapo la atención de todos. Se podría decir que Natalie seguía siendo él mismo ¿no?

El roce de los dedos del blondo contra los de él, hizo que levantara levemente el rostro para mirar a quien parecía querer interponerse entre él y la prensa. Entonces recordó aquella vez que Natalie había abogado por él tras el desastre en el Nocturna. Quizá con aquél vándalo sus debilidades salían a flote, pero también la parte más fuerte de sí mismo. Aquella que deseaba proteger al cantante de quien fuera.
Un paso y pronto estuvo al lado de Noiz, con el rostro en alto y su mirada de siempre, aunque había algo distinto en ella, solo visible en lo más profundo del carmín que los bañaba. Tohru respondió entonces a la pregunta del hombre mientras sus dedos se entrelazaban con los del blondo. —Así es. —Su mirada se movió para poder observar a quien se encontraba a su lado. No estaba muy seguro de que Natalie estuviera contento de que todo el mundo lo supiera, porque también se enterarían sus fans. Pero Tohru decidió que ya no había vuelta atrás y que aceptaría lo que fuera que él pensara respecto a su confesión. Decirle al mundo que eran pareja no significaba nada para el vástago, pero aquello se debía a que no dejaría que nadie se metiera con sus sentimientos, mucho menos con los de Natalie. Esa era una clara afronta para cualquiera que intentara separarles, pues Tohru estaría preparado para defender lo que era suyo por elección.

—Ahora, si nos disculpan. —El manager sonrió como en tantas otras ocasiones y pasó una de sus manos por la cintura del muchacho, atrayéndolo contra su cuerpo antes de girarse de regreso hacia el hostal. Con aquello, la prensa pareció despertar de lo que había sido un momento en el que la noticia pareció petrificar a medio planeta. Seguramente nadie se esperaba que aquellos dos terminaran juntos, pero así era y la sonrisa de Tohru lo confirmaba a medida que caminaba con Natalie a su lado.

Los guardias del hostal —que no eran muchos— parecieron percatarse de los cuerpos que se movían tras la pareja y decidieron adelantarse para retenerles, así también pidieron a la pareja que entraran lo más pronto posible. Rinne también había entrado hasta la recepción del lugar y al ver entrar a aquellos dos recordó en lo que tenía pensado decirles, cobrarles de alguna forma por arruinar su entrevista, pero simplemente no podía decir nada, tanto por la sonrisa que manaba de los labios de Orion, como por lo molesto que se pondría Noiz si le llegaba a interrumpir al igual que el tío de la cámara. No, ni muerto planeaba que volvieran a entrevistarlo por haber recibido un golpe del blondo.

Rinne se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia donde se encontraba su manager. —Estúpidos enamorados y sus dramas baratos. —Se le escuchó murmurar a la distancia.

En cuanto a Tohru, el vástago decidió conducir a Natalie hasta la misma habitación donde rato atrás habían discutido. Aunque para sorpresa del manager, la misma se encontraba limpia y en perfectas condiciones; se notaba que habían cambiado todo lo que se había estrellado contra el piso, por lo que luego debería disculparse con el encargado del edificio.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Dom Abr 20, 2014 12:54 pm

Fisonomía siempre violenta del cantante parecía ser ahora manso cordero que se dejaba a las decisiones de una mano adulta y coherente, aunque lejos de todo aquello, Tohru había sido verdaderamente impulsivo e infantil al terminar cediendo a la presión del gentío que les hubo rodeado. De un modo u otro aquello que durante meses habían estado escondiendo de cualquier flash ahora sería portada de revistas y no dudaba que alguno de sus tantos amores de una noche decidiera lucrarse apareciendo en pantalla anunciando algún falso embarazo o inventándose el seguir viéndose con quién, ahora se suponía, tenía pareja estable. En veinte años de vida nadie había sido tan estúpido cómo el que ahora le asiaba de la mano en busca de esconderse de los que gracias a los que velaban por la seguridad de aquel lugar estaban aglomerados a las puertas de uno de los tantos pasillos que juró atravesar. Aunque no sabía dónde iban, hacia dónde estaban moviéndose o cual era el verdadero cometido de Orion se dejaba al constante y firmo tironeo al que se veía expuesto sin demasiada gana de batalla por la libertad. Mirada perdida en la nublosa oleada de pensamientos y extrañas sensaciones que le surcaban se alzó lo menester cómo para fijarse en la recta y alta... ¿Desde cuándo Tohru era tan alto? ¿Había crecido? ¿Él encogido? ¿Es que realmente nunca se había fijado en ello? Creyó estar invadiendo un nuevo aposento debido a lo ordenado de éste pero a duras penas la puerta encajó en su respectivo marco, se dio por fin a pronunciar.

-¿¡Estás loco!?- su mano buscó liberación y no pareció encontrarla hasta que no actuó de un modo poco delicado, tirando con brusquedad del puño que le mantenía cautivo hasta el punto de dañarse a sí mismo la piel. Una vez libre retrocedió un paso, no por temor ni por escapar de lo que para cualquiera sería un tétrico y oscuro ser, en absoluto, pero la diferencia de alturas era jodidamente molesta si deseaba verle a los ojos, por lo que buscar una mejor perspectiva era su cometido en ése movimiento, buscando enfocar al centro de toda su rabia de un modo tan certero cómo tenaz.  -¡Te acababa de dejar!- un paso hacia la derecha que fue bruscamente intercambiado por uno a su izquierda, moviéndose cómo un animal salvaje cautivo en una imaginaria jaula.

Su diestra se alzó pero en vez de enterrarse en la dermis del manager que tenía frente a sí fue a parar sobre la cabeza del que parecía verdaderamente desesperado por despertar de aquello que parecía toda una pesadilla. ¿Qué haría ahora? ¿Seguirían sus fans aclamándole bajo el escenario? Había visto caer a hombres de voz verdaderamente prometedora por cosas similares y sin duda la música era su pasión, su modo de vivir. Estar sin los escenarios no entraba en sus planes de futuro. Tampoco la de…

-¡Vuelve ahí! ¡Maldita sea, Tohru! ¡Vuelve allí y dí que todo era mentira!- esa mano que se encargó de alborotarle las hebras ahora yacía apuntando hacia la puerta por la que habían entrado con cierto nerviosismo, con cierto incontrolable temblor pero a pesar del obvio nerviosismo que toda su fisonomía estaba dándole a advertir al mayor de ambos su voz sonaba a amenaza,  al ladrido que advertía al mundano de la mordida que venía tras la advertencia. -¡¿Por qué lo haces todo a tú manera?!- giró bruscamente pero aprovechó su movimiento para golpear el vientre del vástago con la parte media de su brazo izquierdo intentando dañarle, apartarle. -¡¿Por qué cojones nunca me preguntas?! ¿¡Quién mierda te crees?- tono de voz fue aumentando mientras las injurias subían de nivel, dándole clara muestra de la cólera que estaba sintiendo. Hasta el momento Tohru no le había tenido en cuenta ni para cambiar la distribución de su propia casa, ni para meter a ella a otro chico y ahora... ahora cualquiera sabría que su relación con ése vástago e hijo de la noche no era estrictamente profesional. ¿Y si ahora se proclamaba aquel amor un mero trueque de estrategias? ¿Y si le consideraban uno de aquellos en busca de fama rosa?

Empujó ahora el cuerpo del vampiro entre golpes contra ése férreo e inamovible torso para que la espalda de éste encontrase la fría pared y poder sentirse el depredador con la posición dominante sobre una trémula presa, aunque fuera él quién ése momento temblase cómo la hoja dejada al viento.

-¿Por qué?- fue un susurro que no esperó que fuera siquiera contestado esa vez, su tono de voz bajó con tal brusquedad que casi podía confundirse con un adolescente demasiado miedoso como para afrontar una realidad tan dura, una realidad que traería una nueva trayectoria a esos dos que la fama hubo enfocado. Las brazos del cantante se postraron ya sin fuerza a los laterales de su lánguida figura, sintiéndose desfallecer por momentos conforme los segundos pasaban y buscando un apoyo a la realidad, un ancla a esa vida suya, su cabeza buscó el frío que siempre se hubo mostrado a su lado y avanzó lo menester para que su frente reposase contra la camisa de ése que le había movido el mundo desde que compartieron las palabras iniciales del contrato que, muy posiblemente y llegados a ése punto, moriría por falta de nuevos contratos debido a esa tan rotunda y sincera confesión por parte del que, más que manager, ahora no podía ver más allá de lo que era: Su pareja. Su mayor quebradero de cabeza.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Mar Abr 29, 2014 10:21 am

La mano de Tohru se cerró en cuanto sintió el abandono por parte de la ajena. Realmente no quería escuchar lo que sabía que se vendría, porque ya Natalie le había aclarado esos puntos una vez. Aun así, y siendo él un vampiro de miles de años, no podía evitar el sentir la noción de pertenencia, el querer que el resto supiera que de poner una mano sobre Natalie, se estarían echando encima también su ira. Y si, había entendido que dejarlo ir en aquél momento significaría que sus vidas se separarían, pero ¿Acaso no entendía que no quería dejarlo? ¿Cómo debía decirlo? ¿Cómo debía actuar para que el otro estuviera satisfecho? La cabeza le daba vueltas y es que no podía entender como todo había llegado hasta tal punto de descontrol. La mirada de Tohru se concentró en el suelo, no porque temiera mirar a Natalie ni mucho menos, sino porque su cuerpo no estaba respondiendo como quisiera, la mano que mantenía hecha puño temblaba y sus piernas cosquilleaban ante el espacio entre ellos, ante la sola idea de que otra vez se atreviera a alejarse de aquella habitación sin él.

“¡Vuelve ahí! ¡Maldita sea, Tohru! ¡Vuelve allí y di que todo era mentira!”

¿Era en serio? ¿Tanto le preocupaba a aquél que descubrieran que era feliz? Pero ¿Era feliz?...¿Y si era la música lo que en verdad le interesaba? ¿Y si aquello no era más que un juego de pertenencias en secreto para Natalie? La relación entre los dos ya estaba pendiendo de unos hilos con la llegada de Daichi, ¿Sería que Natalie solo estaba buscando excusas para terminar la relación y volver a enfocarse en lo que en verdad le importaba?
Pensarlo le dolía. Saber que su cabeza podía llegar a ser un descontrol por culpa de aquél…cada golpe, cada paso hacia atrás, ¿Por qué daba tanto por alguien que no podía admitir un ligero cambio en su vida? ¿Por qué se permitía amar aun cuando se había negado a sí mismo aquél sentimiento durante tantos cientos de años?

La fría pared se sintió bien contra su fisonomía, aunque era extraño ser él quien estuviese a la merced del cantante. La pregunta llego hasta él y comprendió que verdaderamente estaba haciéndole mal al cantante, ¿Cómo podría explicarle lo que había llegado a conseguir? No solo desde que se conocieron, sino a través de cada uno de los eventos por los que pasaron. Las rojas orbes se posaron sobre quien se apoyó sobre su pecho, ¿Por qué era tan fácil para Natalie el hacerle sentir culpable? Tenía tantas preguntas y sin embargo, solo quería responder a aquella última que había escuchado salir de los labios del rubio. Las ideas se formaron en su cabeza, pero lo que salió de sus labios fue algo bastante diferente.

Sus manos buscaron aferrarse al cuerpo más pequeño del cantante, sin embargo, solo una de sus extremidades se movió (aquella mano que no había hecho un puño) y fue a parar hasta sobre los cabellos del cantante, dándoles un suave roce antes de que los dedos quedaran detenidos entre los mechones. —Porque te quiero. —Y así de simple fue su primera respuesta, pero a ella, le siguieron unas cuantas palabras más. —Porque no quiero que nadie más intente poner sus manos sobre ti, porque quiero que sepan que no estás solo, que incluso tú…yo, tenemos a alguien en especial. —Apretó los dientes para no seguir, porque lo que iba a ocurrir a continuación le dolía mucho más que admitir que probablemente se había equivocado y era que, no podía seguir así; debía recuperar a su antiguo yo y preservar la misión que tenía incluso si aquello significaba tirar lo que había descubierto hacia un rincón, hacia el mismo rincón donde Natalie parecía desear mantenerlo a él…lejos de la vista del resto del mundo.

Esta vez sí se movieron sus dos extremidades superiores, mismas que se dejaron caer sobre los hombros de Natalie, tomándole con sutileza para separarlo de él antes de que Tohru añadiera algo más, esta vez con sus orbes oscuros y apagados centrados en el rostro del blondo. —Está bien. Si eso te hace feliz entonces mandaré una carta a la prensa para aclarar las cosas. —Y es que por ahora ya no deseaba seguir dándole más vueltas al tema. El día seguía pasando y no deseaba dejar a Daichi solo por mucho tiempo en el departamento. Quizá no lo hubiese dicho en instante, pero estaba dispuesto a comenzar a ser más un manager y un tutor, que lo que había sido hasta ahora. Estaba cediendo territorio a la vez que comprendía, que posiblemente no llegaría a ser más importante que los sueños que albergaba el blondo. Tratar con músicos talentosos y admirados como aquél no había sido nunca fácil, pero quizá ahora se estaba dando cuenta de que en verdad Natalie se había convertido en el escalón que más le estaba costando alcanzar, sus fans, su popularidad, su forma de hacer las cosas…tenía todo un mundo que se interponía entre él y lo que en verdad deseaba alcanzar, pero, se tragó todo aquello y dio un paso hacia el costado. —Vamos a casa. —Sus manos abandonaron al blondo y sus pasos buscaron dirigirse hacia la puerta de salida de la habitación.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Mar Abr 29, 2014 2:14 pm

El roce del vástago por sobre su acalorada piel consiguió que ése nerviosismo en el que se vio impregnado cuando el mayor de ambos anunció a libre albedrío el romance mitigase, que prácticamente dejase de existir. Aunque posiblemente su gesto no fue siquiera reconocido por aquel que parecía estar muy lejos de allí, su rostro buscó contacto con esos fríos dedos que no tocaba desde hacía ya demasiado... Demasiado. Pero se detuvo abruptamente cuando a duras penas su cabeza quedó suspendida hacia un lateral, clavando su clara mirada del más puro oro líquido en su acompañante, amigo, pareja... ¿Qué mierda le pasaba? ¿Por qué su semblante se mostraba de aquel modo? ¿Por qué no discutía? ¿Por qué no atacaba? ¿Por qué...? Toda cavilación mermó tan buen punto la sinceridad de ése idiota le golpeó cómo un balde de agua fría. Él, Natalie Krum, reconocido cantante con el apelativo de Noiz, él, gran promesa sobre escenario, él, dueño y señor de todo cuerpo que desease estaba... Mierda. Lo estaba. Hasta los huesos. De manera intensa. Cómo hasta ahora jamás pudo sentirlo. ¿Era ése el motivo por el cual la mirada cabizbaja del mayor le tenía con el corazón alterado? ¿Era por eso que le dolía cada jodida fibra de su cuerpo? El siempre altivo quedó en su posición, dejándose a las manos del vampiro cuando éste le hizo a un lado con una suavidad inédita entre los de su calaña, empero su mirada siguió a ése otro con pasividad, cómo si no terminase de creerse del todo aquello que había sucedido durante el transcurso de esa mañana.

Moreno avanzó. Rubio quedó en su posición. –No.- giró poco a poco para intentar dar con ése que ahora pasaba junto a él cómo si pretendiera dar por finalizada aquella inacabada conversación y reyerta. Sin restricciones a pesar de saberse en una situación cuanto menos escamosa al estar mezclados los sentimientos de ambos su cuerpo se encaró al que ahora le daba la espalda, mirando la amplitud de aquellos hombros con furia, con miedo. Demasiados eran los sentimientos que ése imbécil le descubría con tan sólo un par de palabras o una sola mirada que rehuyó de la propia. –No quiero que mandes ninguna carta.- fue todo lo claro que pudo y es que cómo Orion ya debía saber, aquel tipo de conversaciones no eran ni de su agrado ni de su estilo, para el blondo lo más factible y sencillo era acudir a los puños para defender su propia postura. –Y no me quiero ir a casa.- Estará él. Quiero estar contigo..

Contigo.

La diestra del más pequeño de ambos se hizo hacia delante. Pero no se atrevió a tocarle, en vez de llevar sus dedos a buscar aquellos que desde un inicio tenían una especie de extraño imán entre estos y la piel de su mentón se hizo con la tela que le recubría gran parte de la muñeca, sujetándole de modo que más bien podría reflejar el intento de un niño por tratar de llamar la atención de ése adulto que no le comprende o que exprime sus deseos hasta el punto de hacerle sentir vulnerable, retorciendo sus falanges entorno a la tela de un modo que llegó prácticamente a arrugarla bajo la presión impuesta de un modo más bien firme. No. No dejaría que ése idiota se escapase. No ahora. No de nuevo. –Quédate.- aunque fue imperativo su voz no fue la amenaza de siempre, tan siquiera procuró mostrarse cómo el animal que solía para satisfacer su propia necesidad. Para aquella ocasión consideraba de verdadera importancia que ése imbécil permaneciera ahí. En esa habitación de lujoso decorado, no dejaría que de nuevo escapase con incógnitas en el tintero. Tiró sutilmente de aquella prenda en busca de atención pero estaba preparado para una posible negativa por parte del que ahora tenía a alguien más que cuidar.

Ah. Claro. Daichi. Su agarre perdió entonces la fuerza. Cómo si hubiera recordado que ahora el mundo de ambos no podría ni debía seguir igual. ¿Sería entonces lo mejor el crear rumbos distintos? ¿El despedirse sin siquiera mirar atrás? Tal vez volver a los papeles de manager y estrella sería beneficioso. Estaría a su lado, no se iría, posiblemente movido por la codicia del poder que lograría alcanzar en el escenario Orion permanecería a su lado. Así pues... ¿Debía alcanzar el cielo para que restase junto a él? ¿O abandonar los escenarios para que el otro comprendiera que era lo verdaderamente importante? Mientras todo aquello le azotaba sin piedad, aquella con la que hizo un amago de detenerle se balanceó hasta que quedó a un lateral de su propia figura sin intenciones de moverse.

Le estaba dando a elegir. No sabía si Tohru entendería la liberación y el repentino silencio que estaba otorgándole a la escena, pero sin lugar a dudas, aquello para el blondo era una clara declaración: Si avanzaba, serían lo que en un comienzo pactaron. Si volvía... No le dejaría escapar. Cosquilleo persistente parecía desear una y otra vez que su mano volviera a tomar la del mayor pero en ningún momento movió la misma para buscarle por más ganas que tuviera de gritarle ahí, en medio de la abandonada sala privada, que se quedase a su lado cómo el estúpido novio suyo que era. Sin lugar a dudas, el mundo en el que por culpa de ése de hebras negras se hubo sumergido era superior a todo lo que en un momento pudiera llegar a pensar u imaginar. No sabía cómo reaccionar, cómo hablar... Le tenía paralizado como en ninguna ocasión atrás recordaba.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Miér Abr 30, 2014 4:51 pm

Más allá del hecho de que le alegrara un poco no tener que pensar en arreglar un documento para dejar contentas a personas que no le importaban, lo que en verdad le llevó a suspirar fue el hecho de no comprender lo que en verdad deseaba aquél blondo tras de él. Había pensado que aclarando su relación frente a la prensa, Natalie se daría cuenta de que no estaba interesado de “esa forma” en Daichi, pero incluso con sus actitudes presentes, era claro que seguía dudando, que aún la molestia persistía en cuanto a estar en el departamento que ahora compartían los tres; “Es obvio, metí a un extraño en su casa de la noche a la mañana” pensó el vampiro. Y seguramente su mirada hubiera seguido detenida en la puerta frente a él de no ser por los dedos que le tomaron por la tela de su ropa. Los orbes rojizos de Tohru y su rostro, giraron para posar la atención nuevamente sobre la figura de cabello blondo. Natalie siempre le había parecido apuesto, incluso desde antes de conocerlo en persona, había aceptado que poseía un encanto capaz de aglomerar a las enormes masas de gente que eran sus fans. No importaba si estaba vestido para el trabajo o si anda en simple ropa interior, a Tohru le gustaba ver las expresiones del rostro duro del cantante, así como había disfrutado de encontrar uno a uno los piercings que escondía en su cuerpo.

Al principio, se había preguntado si no debía simplemente ignorar lo que había comenzado a sentir, atarse a alguien no era algo que él hubiese aceptado en el pasado, pero vivir las eras una detrás de la otra de la misma manera, evitando dañar su orgulloso ser, ya no tenía sentido para él. ¿Qué podía esperar del futuro si vivía siempre de la misma manera?

El sentir el abandono del contacto por parte de los dedos de Natalie le hizo girarse para observarlo. Destruir la fama de Noiz no había sido nunca uno de los objetivos de Tohru y es que, tenía más de una idea de cómo seguir las cosas si en algún momento se llegaba a saber el tipo de relación que ambos mantenían, Daichi formaba parte de ese “plan beta”, pero eso solo se lo explicaría al blondo una vez que este le viera a los ojos y le dijera que confiaba en él. Esta vez fue el quien avanzó hacia el otro, llevando sus pasos en la misma dirección de la que había venido, obligando al otro a retroceder hacia el pequeño espacio que quedaba entre su cuerpo la pared. Pero Tohru no se detuvo hasta que una de sus manos encontró apoyo contra la fría textura de la muralla, alojándose a un costado de la cabeza de Noiz. Desde allí le miró con el mismo gesto arrogante con el que le había observado la primera vez, sin embargo, el mismo se convirtió poco a poco en una sonrisa apagada.

El cuerpo del vástago se irguió hacia adelante solo lo suficiente como para que su rostro quedara a la misma altitud del blondo y solo cuando estuvieron así, fue que volvió a hablar. —¿Todavía dudas de mí? —Tohru pestañeo y dejo un leve espacio de unos cuantos segundos entre aquella pregunta y la que seguiría. —¿Aún crees que puedo tener algo con Daichi mientras estoy contigo? —Pero no solo eso, si había llegado hasta allí, entonces le dejaría entender lo estúpidamente atado que le tenía. —¿Qué debo hacer para que entiendas que solo te miro a ti de esta forma? ¿Cómo puedo hacer para mantener a Noiz y a Natalie satisfechos? —Su otra mano también se apoyó sobre la pared, dejando así acorralado al blondo; y el objetivo de Tohru era efectivamente que no pudiera escapar hasta que no quedara todo zanjado. Esta era la oportunidad que tenían para sincerarse el uno con el otro. —¿Por qué insistes en no darme pistas sobre quien te ataco? ¿Crees que puedo estar tranquilo sabiendo que esa gente anda suelta por las calles? Si en verdad no viste nada, entonces asegúralo aquí, yo creeré lo que me digas. —El vástago llevó una de sus manos hasta el rostro de Natalie y lo tomó tal cual como lo había hecho en ocasiones anteriores, asegurándose así de que aquellos dorados se mantuviesen sobre él en todo momento.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Lun Mayo 05, 2014 1:36 pm

La jugada le fue devuelta y ahora fue su espalda la que terminó apoyada contra aquel frío e inerte muro. Solían tener ése tipo de comportamientos el uno para con el otro. Siempre altivos, siempre intentando que el otro comprendiera el punto de vista ajeno de un modo quizás demasiado tenaz, no obstante, aquel que antes únicamente se desenvolvía a golpe de puño intentaba ahora exponer sus sentimientos de un modo titulado cómo más humano, más... normal. El perfecto rostro del vampiro quedó alineado con el perteneciente, teniendo sin duda que encorvarse para que las estaturas entre ambos quedasen semejas. El estomago se le contrajo, más que por las palabras, fue el hecho de sentir el aliento de su pareja golpeándole tan próximo, tan jodidamente cerca. Demasiada abstinencia, tal vez. Acorralado, se sintió ahora cómo el cordero a merced del lobo feroz... Torció los labios, no quedando satisfecho con aquella posición para él degradante y fue a apartar de un golpe aquel brazo que atravesaba uno de los laterales de su cabeza para crear cierta distancia, cuando, una última pregunta logró que aquello de sentirse inferior quedase en un reducido y vulgar segundo plano. –¿De qué hablas, Tohru?- ¿Ahora? ¿Tenía que sacar ése jodido tema en ése momento? Esta vez pareció desear fundirse con el yeso de la pared que sujetaba su fisonomía, pegándose más a ella en busca de alejarse del que ahora le tenía asiado por el mentón.

Era ahora o nunca. Sabía que para protegerle de sus propios demonios el propio Orion procuró no sacar el tema en la época que el mismo estaba reciente pero ahora... Entrecerró ligeramente los ojos y aquellos claros del color del oro enfocaron de manera certera el semblante pálido de aquel cuyo alimento principal era lo rojizo del vítae. –No los conocía. Debían de ser unos fans depravados.- se la estaba jugando, y lo sabía. Acababa de mentir a la única persona en la faz de la tierna con la que tenía un lazo, una unión. Algo que iba más allá de la firma plasmada sobre un papel, algo que entendía de sentimientos por primera vez desde que la actitud poco afectiva de sus padres se desligó de su camino. Pero aquel dolor le tocaba arrastrarlo a él, sería demasiado estúpido hacer que ése que ahora tendría que cargar con otro cantante se preocupase también de dar caza a ése indeseable. Antes de que su pareja pudiera declinar respuesta o ofrecer un contrapunto que echase por tierra la mentira intentó enfocar la atención de éste en otro tema, quizá no de tanta importancia... No para quién siempre buscó protegerse de aquel tipo de movimientos, de sentimientos.

Escúchame bien, sanguijuela de mala muerte.- su tono no dejó a la duda que esta vez deseaba tener la voz cantante, la dominante. Alzó la diestra y sostuvo con dedos rudos el cuello de la camisa de su compañero para atraerlo de un modo más violento que hasta ahora todo movimiento acontecido con anterioridad en aquel truncado almuerzo. Clavó para entonces su mirada en aquellos que le devolvían su propio reflejo decidido. –Sólo te lo diré una jodida vez y será cosa tuya guardarlo o olvidarlo.- un tirón más y logró que la boca adyacente quedase a la altura idónea para rozarla. No fue suave. Su comisura atacó cómo si estuviera frente a su plato preferido y mordió, lamió y marcó aquella rosada voluminosidad carnosa de manera que hizo evidente el tatuaje de su paso y es que en medio de la trifulca se aseguró de clavar los dientes en el labio inferior contiguo para abrir una pequeña herida que, para su mala suerte, sería sellada cuando el vástago pasase por ahí la lengua. Los dígitos que la tela sujetaban se volvieron aún más bruscos y le soltó la ropa para ahora sujetarle por la yugular, ahí dónde ente con calma y vida tendría el latido acelerado. Apretó el agarre cómo si buscase escañarle, aunque más bien era la vergüenza quién le obligaba a hacer aquello, a buscar pretextos para que el otro no le escuchase, para que estallase en ira y no le dejase avanzar. –Te amo.-



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Mar Mayo 20, 2014 9:39 am

No supo por qué, realmente no podía explicarlo, pero el hecho de oír aquella respuesta por parte de Natalie le hizo sentir algo desconfiado, ajeno a sus palabras, aunque quería creerle, puesto que era muy posible que realmente el otro no hubiera podido identificar a sus atacantes. No podía asumir que se debía a la conexión entre ellos, pues hasta ahora, la misma nunca se había manifestado y eso también le había preocupado; era un vampiro y no podía entender los sentimientos de su presa…pareja…protegido, pero lo cierto, es que incluso desde el principio, nunca había comprendido del todo el modo de operar de aquél. Había llevado a un bastardo hasta el departamento, y él como respuesta, no había sido capaz de entrar, no había sentido nada ¿Qué pasaba con él? ¿Cómo podía ser tan ciego cuando el resto de los hambrientos pájaros que volaban cerca de Natalie se acercaban con tanta tranquilidad? Negar que estaba celoso sería una nueva estupidez de su parte, ¡claro que estaba celoso! Sabía que Natalie podría llamar en cualquier minuto a uno de esos pequeños idiotas e incluso cuando ahora le miraba de frente, no podía saber lo que hallaría en la parte más profunda del blondo. No dudaba de Natalie, esa no sería la forma correcta de mencionar lo que sentía, simplemente, estaba harto de que al final de sus discusiones, el otro terminara llamando a un muñeco de alquiler para suplir su puesto. ¿Cómo podría no estar celoso? ¿Cómo siquiera podría olvidar que por una confusión había metido a otro al departamento? Estaba celoso como nunca recordaba haberlo estado y la sensación era molesta porque era muy impropia en él, del que recordaba fuera hace un par de meses el gran señor de los discos de oro, el que arrastraba a sus estrellas hasta lo más alto para luego dejarlos a su suerte.

Lo besó, atraído por el blondo al principio, pero luego por completa voluntad propia, ¿Por qué tenía que compartir esos besos con alguien más? ¿Había sido demasiado humano al pensar acaso que Natalie le entregaría lo mismo que él estaba ofreciendo? Estaba siendo fiel, la palabra incluso sonaba ridícula en su mente cada vez que la paladeaba, incluso aunque había pensado muchas veces en alimentarse de la sangre y carne de otro, se había limitado solo a lo primero para no sentirse mal consigo mismo en presencia del blondo.

Había cambiado mucho desde que se habían dado la primera mirada en aquella habitación donde firmaron contrato. Pero no estaba molesto por los cambios, sino porque el otro se atreviera a pisotear lo que él mismo en parte había creado, ¿Le dejaría? Claro que no. Si tenía que demostrarle una y otra vez que solo a él le pertenecía y que ningún puto humano sobre la tierra podría hacerle el amor como él se lo hacía, entonces lo haría, hasta que comprendiera y se negara a intentar escapar nuevamente. Gruño ante la confesión del blondo. Jugaría con fuego, pero aunque así fuera, esta vez sería él quien no le dejase las cosas fáciles al otro. —No te creo. —Y quitando una mano de la pared, sostuvo la que Natalie apretaba contra su yugular, moviendo la misma de su piel sin mayor problema y condenando a aquella extremidad a ser sujetada y arrastrada contra la fría pared. Tohru dio un paso hacia el frente y una de sus piernas se hizo lugar entre las del blondo, apretándose contra el bulto del blondo de forma en que apenas lo rosase. Los orbes rojizos del vampiro siguieron enfocados en los de Natalie, aunque también en su expresión, porque quería ver si comprendía, el peso de lo que había creado en él. —¿En verdad me amas?, ¿En verdad puedes asegurarlo? —La vista de Tohru se afiló justo antes de provocar un leve roce tentador en la entrepierna del ojimiel. —Puede que te haya fallado, una y otra vez, pero ¿sabes? Nunca intenté meter a nadie al departamento para acostarme con él, incluso si aquello era solo para provocar celos. No puedes escudarte en Daichi. —Tohru largo una risa amarga tras que moviera su rostro contra el cuello del otro. ¿Entendería a donde quería llegar? —No sería capaz de meter a un amante en tu casa, primero, porque está en el contrato, segundo, porque me has vuelto tan idiotizado por ti, que ahora no quiero probar el cuerpo de nadie que no seas tú, y tercero… —Y el vampiro se quedó quieto contra el cuerpo ajeno, recargando su frente contra el hombro del blondo. —Porque yo sí te amo. ¿Puedes sentir el peso de esas palabras? Si te caes te ayudaré a levantarte, si me pides consejo haré todo lo posible para ser útil, si me dices que estás diciendo la verdad, entonces te creeré, pero no me pidas que acepte verte cerca de otros, porque no puedo, incluso si es un amigo podría aceptarlo, pero saber que otro podría tocar lo que yo cure con mi boca no produce más que odio en mi interior hacia todo aquél que se te acerque con bajas intenciones. —Y no quería volverse la criatura oscura que fue en un pasado.

—Yo sé que no tengo derecho a dudar de ti, puedes odiarme por eso. —Y finalmente el vampiro guardó silencio, apegándose al tibio cuerpo de quien se había convertido en la persona más querida por él, la única a la que podría mostrarle ese tipo de sentimientos. Algún día hubiese deseado que Natalie no fuera un cantante, así podría estar tranquilo en cuanto a mostrarle al resto la relación de ambos; pero ahora que el mundo debía estarse preguntando acerca de ellos y la relación que mantenían, pensaba que no podía ser más afortunado. Había abandonado la morada de UT y a pesar de tantos años en lo mismo, había encontrado una brillante y cálida estrella; violenta e insegura, pero era su estrella al fin y al cabo, y no dejaría que nadie se la arrebatase sin dar pelea. Lo cuidaría tal y como se lo había prometido en el hospital.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Dom Mayo 25, 2014 1:51 pm

De no ser porque su palma había sido sabiamente bloqueada contra el muro, muy posiblemente su justiciero puño hubiera impactado sin remordimientos contra la quijada del de oscura cabellera cuando dijo de manera tan firme que no se creía los sentimientos que le hubo confesado, ganándose así todo el odio del cantante, quién se movió bruscamente en busca de liberación. –Suéltame, Tohru.- aunque no alzó la voz pudo advertirse la rabia que estaba procurando contener, aunque ése otro le tenía asiado con más fuerza de la que el blondo podía esperar, claro, no contaba en momentos como ése, de secreta tensión, que el foráneo era un ente surgido de las oscuras moradas de UT y que por consiguiente, fuerza física no era impedimento. Se removió empero todo gesto de intento de liberación fue bruscamente irrumpido cuando una de las piernas del otro pareció estar probándole, introduciéndose entre sus muslos con descaro y desfachatez, logrando que el rubio abriese los ojos de par en par movido por la obvia sorpresa. El beso anterior y la escasez de sexo en la que se encontraba le llevó a estar con el bóxer en tensión, por ello y aunque no fue más que efímero y casi inexistente roce soltó un suspiro acelerado y cargado de deseo. Mierda. ¿Cómo se las ingeniaba para acelerarle de esa manera? No tardó en desviar la atención de su propio estado cuando su compañero mencionó aquello, cuando le descubrió su más patética realidad, cuando le hizo participe de que era sabedor de la visita que le realizó ése chico cuando él fue sin más tras Daichi la primera noche en la que éste ingresó en el hogar que, semanas atrás, era únicamente de ambos. –No digas estupideces. No hice nada con él. No...- movió bruscamente los brazos pero de nuevo no tuvo la liberación deseada por lo que cómo castigo para el que le sostenía impactó sus propios brazos contra la pared para que el adulto sintiera cierto amago de dolor en los dedos. –... No quiero un asqueroso cuerpo caliente y sudoroso! ¡No quiero nada más que tu jodido frío!- bramó, aunque por el tono se adivinaba molesto por el agarre al que se estaba viendo envuelto, sintiéndose atrapado y patéticamente oprimido, sin libertad de expresarse cómo él estaba acostumbrado. Con golpes. Con reprimendas. Con lanzar las cosas por los aires. De nuevo se golpeó a sí mismo los brazos contra la pared con la esperanza de que el dolor para el vástago le hiciera soltarle. –¡Jodido chupasangres de mierda! ¡Sólo quiero tenerte a ti! ¿Por qué mierda has tenido que complicarlo todo? ¿Por qué cojones lo metiste a él?- empezaba a comprenderlo, aquel de egoísmo supremo empezaba a entender el punto del que aún podía saberse cómo su pareja, aunque no por ello se mostraría menos molesto.

-¡Te odio, mierda! ¡Tienes razón, no te amo en lo más míni-...!- ¿Estaba abrazándole? Cuando el vástago rompió distancias para apoyarse contra sí la decisión del rubio mermó por primera vez desde que fue encerrado en ése lugar y junto al mayor de ambos guardó silencio. Fuera podía aún escucharse ajetreo debido a la entrevista que el otro cantante estaba protagonizando. Cámaras. Focos. Micros. La fama le llegó sola gracias a su temperamento hostil, no era más que un cantante telonero que protagonizó tal pelea en un bar que todo periódico quiso saber de la trifulca, fue entonces cuando una discografía se interesó en ése rebelde que se ocultaba bajo un sinfín de pircings y bajo un pelo oxigenado y teñido para que se viera más rubio de lo que al natural era. Estar siempre sublime era su lema, poder mirar al resto por encima del hombro su cometido.

-Dejaré la música.- ¿Quería pruebas de que era importante? ¿Qué más mierda quería? Eso era lo único que podía entregarle. Ya había dejado las peleas en baretos. Había abandonado a todos aquellos con los que se acostaba. No tenía nada, siquiera piso, pues ahora también era de ése que pronto se subiría a los escenarios de la mano de Tohru. enervó el mentón para fijar su mirada al impoluto y blanco techo de la habitación, fuera tronó, incluso el cielo parecía estar disgustado con la decisión prematura del que estaba, por primera vez desde la unión entre ambos, comprender sus puntos. –Y me compraré un móvil nuevo, no guardaré ningún número más que el tuyo.- ¿Era así cómo se hacía? ¿Así le valdría? Ya que una de las piernas del vástago se encontraba cobijada entre las propias movió una de las mismas para alzarla y con su muslo rodear la cintura del adulto, apoyando el empeine en el trasero de su manager para hacer que el contacto que ése inició quizás a modo de juego fuera ahora más certero, mucho más firme. El contacto era total, su abultado calor golpeaba con fría estaca escondida entre elegantes y siempre bien parecías ropas y no tuvo pudor en mover las caderas con descaro para incitarle, para provocarle. Cuando se aseguró que de alzar la otra pierna no caería, dio un ligero salto y aprovechándose de la estabilidad que le otorgaba la pared rodeó la esbelta cintura foránea con ambas piernas manteniendo total contacto con la entrepierna del que no permitiría que escapase. Poco le importaba ya no poder valerse de sus apresadas palmas si lo podía hacer con la cadera. –Pero antes de retirarme quiero hacer una gira.- con o sin Daichi, eso por ahora sería un tema que no tocaría. Estaban hablando de ellos y el futuro, no de ése tercero que se había tornado el hijo foráneo y por consiguiente, algo así como el suyo también.

Meditó. Era ahora. No podía, ya no, no tras ése discurso, no tras la amarga sonrisa que había visto en el semblante siempre seguro de Orion. El rubio encogió los hombros, cómo si estuviese protegiéndose de un futuro ataque por parte de los colmillos de su pareja y a tientas, con la respiración pesada por culpa de la excitación buscó la cabeza del moreno. -... Sasha.- hilo de voz, no hubo más. Un nombre. Ni una sola explicación. Nada. Podía tomarlo a cómo quisiera, pero... eso era de aquellas pocas cosas que podía entregarle.



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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Invitado el Miér Jun 04, 2014 6:06 pm

Le hubiera gustado el poder aclararle al otro que no estaba buscando que dejara la música, porque entonces perdería una parte realmente importante de lo que a Tohru le fascinaba, pero entonces, sintió el agarre por parte de la pierna ajena y no dudo en separar un poco su rostro del hombro del blondo, aunque lo mismo fuera solo para poder reposar sus labios sobre la caliente piel del cuello desnudo. Lo del móvil le parecía bien, aunque nunca había pensado siquiera en repararle al otro acerca de los números que allí mantenía, creía que Natalie ya era lo suficientemente adulto para saber con quienes se juntaba, aunque cualquier acto por su parte tendría repercusiones a las cuales debía estar dispuesto, porque lo había arrastrado a un infierno a su lado en el que estaba dispuesto a quemarse, pero no junto a otros que desearan a SU blondo. Una ligera sonrisa se hizo dueña de los labios del azabache al sentir al cantante colgarse de él. Lo cierto era que si aquél creía que le permitiría abandonar la música, entonces todavía no sabía lo persistente que podía ser el vampiro sobre un tema que le importara y para él, la música era un tema de bastante importancia, una de las cosas más importantes en su vida; no podía permitir que Natalie se diera el lujo de abandonar  su carrera por un mero capricho…por creer que las masas dejarían de seguirle al verle junto a otro. —Dejaré que hagas la gira, pero no será la última. —Murmuró el vampiro contra la piel. —Si permitiera que te retiraras de la música, estoy seguro que me lloverían las cartas con amenazas. —Y es que Orion confiaba en que aquellos que seguían a Natalie, no lo hacían solo porque deseaban pensar que alguna vez podrían follárselo o ser follados por él.

Y no quiso interrumpir el silencio del otro. En lugar de seguir hablando, dedicó un nuevo beso a la zona del cuello, frío tacto contra la piel tibia y suave del cantante. Al sentir al otro encogerse de hombros, buscó mirarle para que éste entendiera que no estaba buscando morderlo, pero enfrentarse a los ambarinos del otro trajo una expresión que no se esperaba…un nombre que no pensaba que volvería a escuchar en los siguientes días, no al menos entre ellos dos. Sonrió sin comprender a qué venía aquello, pero su mente, ató cabos tan pronto como recordó las preguntas pasadas, el nombre que le había pedido, una mínima descripción del  atacante. Pero sería muy positivo el admitir que Tohru se esperaba ese nombre y es que, siempre había pensado que Sasha era inofensivo, que en cuanto se diera cuenta de que no era deseado por el vampiro, cambiaría su relación hacia él y dejaría de intentar encontrarse con él. La sonrisa se nublo por completo, los orbes se enfriaron y sintió un nudo creciendo en su vientre. —¿Sasha? —Su voz salió sin permiso de la mente, casi como si estuviera buscando confirmación, aunque tras cada segundo que pasaba, más razones encontraba para aceptar que el platinado tenía suficientes razones para querer a Natalie fuera de su camino.

Una de las manos del azabache abandonó la pared y se movió hasta la mejilla del blondo, rozándola con cuidado, con la marea de pensamientos y sentimientos que le golpeaban por dentro. Su culpa, había sido su culpa el que Natalie terminara en tal estado; de haber sido completamente claro con Sasha desde un principio, seguramente se habría evitado todo aquello, pero ya era tarde, la culpa golpeaba contra la ira y lejos de calmarla simplemente la retenía, porque aceptaba que no había hecho bien las cosas, quizá hasta había cultivado falsas esperanzas en el cantante de hard rock.

La mandíbula se apretó, fuerte…tanto que los colmillos quedaron a la vista y la mano sobre la pared rasgó la madera de la misma. Los parpados cayeron y la frente avanzó un poco hacia adelante, encontrando freno cuando se topó con la frente contraria, misma contra la que se recargó. ¿Qué decir? ¿Cómo disculparse? Había cometido un serio error al creer que Natalie no saldría perjudicado por la relación que ambos mantenían…tanta confianza le había nublado la vista y ahora se encontraba de cara con una verdad que no sabía cómo afrontar. —Lo siento…Lo siento tanto, yo… —Los labios se movieron pero los parpados continuaban apretados. La mano que reposaba sobre la pared se movió rápido para alojarse contra la espalda del blondo y en cuanto a la otra, se movió de la mejilla hacia la nuca, enredando los dedos entre los cabellos del cantante. Pero lejos de pensar en Sasha y en como lo afrontaría, su pensamiento se mantuvo sobre Natalie, en el hecho de haberle descuidado. ¿Cómo podía alguien volverse un ser tan preciado para él? Negó con la cabeza, sin saber qué debía hacer ahora que tenía el nombre que tanto había pedido. Su confianza se había ido a los suelos.
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Re: Terrorist. || { Privado Orion }

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Jue Jun 05, 2014 5:37 am

3... 2... 1... ¡Ahí la tenía! La cara que había intentado evitar por todos los medios, el gesto de dolor que no deseaba que el otro declarase de manera tan abierta pues no era aún capaz de dominar el arte de la contención en situaciones de aquella índole. Tenía que mostrarse desapegado e incluso indolente para un recuerdo que le evocaba directo a la aflicción. Aún podía escucharlos hablarle al oído, aún podía oler el sudor de aquellos, aún... el arrullo de fría mano le capturó en pleno éxodo lejano por lo que al verse bruscamente devuelto a la realidad golpeó la muñeca del vástago para alejar el contacto de quién en los recuerdos lo rechazaba con tanto ímpetu como ahora mostró, el miedo se reflejó de manera pasajera en aquellos dorados que poco a poco volvieron a su acostumbrado gesto de infinita prepotencia. Las lesiones de aquella batalla perdida ya no restaban más que en un lugar dónde sólo el tiempo sanaría por lo que la preocupación de Orion sin duda estaba de más. Ya nada podía hacerse. Nada. No se molestó en enmendar el golpe proporcionado en su muñeca ni intentó que el contacto volviera a darse. Permaneció detallando con todo lujo de detalles las expresiones de Tohru en busca de adivinar lo que pasaba por su mente, la tarea no fue muy complicada. Rabia, en exceso, de manera cruenta. La tensión era tan espesa que costaba respirar pero todo hálito finó cuando un muy inesperado abrazo le capturó espalda y nuca. Pensó en empujarle, en demandar su espacio personal, a fin de cuentas hacía escasos minutos ambos habían estado enzarzados en una pelea que les había sacado el peor y más posesivo lado. Ninguno se libró de mostrar los dientes pero ése abrazo, ése jodido abrazo pudo con su temeraria personalidad y con esas ganas de destrucción constantes.

-Cállate.- no, no se lo había confesado para que el otro se fustigase con la culpa, tampoco para que el peso de todo aquello ahora fuera sobre las espaldas de su representante. ¿No deseaba confianza?: Ahí la tenía. –Si te duele es tú jodido problema... Me lo has pedido tú.- intentó sonar arrogante y despreocupado para con la conmoción que posiblemente su compañero estaría sintiendo ahora, omitiendo la compasión y el deseo de salir corriendo. Afrontar cara a cara los problemas nunca fue su modo de ejercer pero el vástago parecía haber adivinado aquello de algún modo y le tenía atado en un abrazo: Uno que a pesar de que se trataba de un cuerpo frío se sentía terriblemente caliente. Poco a poco ascendió su diestra, movimiento acompasado, cómo si la extremidad pesase demasiado para ser alzada de un modo más raudo, pronto aquella nívea que anteriormente rechazó el contacto de la mano foránea se apoyó sobre la titánica y amplia espalda de su pareja, aferrándose poco a poco a las ropas, era tal el dolor que merodeaba en el pecho de Tohru que casi podía estar sintiéndolo él. –Deja de estar así, imbécil.- tiró una sola vez de las ropas de trabajo del vampiro pero sin fuerza, sin ganas. No, no quería que se apartase.

Asfixiado por la propia marea de sensaciones encontradas buscó la manera de que esa acalorada faz quedase comprimida contra el hombro del vástago. No supo cuanto tiempo se dejó consumir por el abrazo, ni cómo su otra mano se unió para formar parte del abrazo que él de un modo u otro también estaba propinándole al mayor. Sacó la cabeza cómo el león que saca la cabeza de la madriguera, despacio, se valió de la punta de sus pies para ganar altura y así, poco a poco, aquel par de feroces orbes quedaron por encima del hombro del mayor. El silencio les había ganado pero no por ello la incomodidad. Ése abrazo fue quizás la mejor medicina que nadie le hubo dado jamás. Claro que eso sería algo que nunca admitiría.


Miró de soslayo el agua que mantenía empapado el ventanal y de nuevo bajó la cabeza, escondiéndose de nueva cuenta contra el hombro foráneo. –¿No deberías ir a buscar a ése estúpido conejo?- Contradictoriamente manos aún asiadas a las ropas del manager hicieron fuerza en el punto en el que yacían apoyadas en busca de retenerle en lo que se había tornado su refugio momentáneo. No obstante y al mencionar al intruso en el hogar dejó claro que ése ya sería un tema que no le causaría dolores de cabeza a ninguno, si más no... Eso intentaría.



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Natalie "Noiz" Krum
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