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Mensaje por Shuusei Usui el Sáb Ene 25, 2014 2:58 pm

-Un perro tendría más sentido común que tú, rata asquerosa.- alzó la mano, predispuesto a impactarla contra la cara del esclavo. –¡Trágate esa maldita mirada! ¡La mirada hacia abajo y el culo arriba! ¿¡Cuantas veces deberé repetírtelo?- bofetón directo. –¿Desde cuándo se ha visto a una rata retar a su amo?- mano enguantada agarró por el pescuezo a quién emitió nada más que un jadeo ante el repentino corte del necesitado suministro de aire. –¿Es que eres una de esas sucias prostitutas con ganas de ser golpeada y atada? Te haré gatear como una gata en celo tras tú amo.- propinó empujón desde la sujeta garganta dejando a un desnudo cuerpo del subyugado contra las húmedas y malolientes colchonetas disgregadas en ése lugar dónde educaban a los que más tarde serían vendidos al mejor postor. No era el único siendo humillado, no muy lejos de él había otro en su misma posición aunque entre sus piernas habían estocado un palo de tamaño considerable, no supo si el empalamiento estaría causándole o no la muerte, pero ése otro no emitía ni un solo sonido.

El sonido de la cremallera del pantalón del de mano floja evidenció lo que venía ahora.


✖ ------ ✖ ------ ✖ ------ ✖ ------ ✖ ------ ✖

Les habían obligado a permanecer en fila, uno tras otro en estricto orden de altura, desnudos y sin otro enguante que no fueran las cuerdas, mordazas o vendas que les habían vestido para atraer las miradas de los más depravados. En aquella destacaba muchacho que se encontraba entre los de altura media, no por su belleza o fuerza, si era al que primero mirarían sería por la cantidad de cadenas y cintas de cuero que bloqueaban unos brazos que se adivinaban lánguidos y alargados. A éste le escoltaba un gorila con férrea vara de bambú seco en mano para poder azotarlo de cuando en cuando, ya que cada terminado número de pasos ése de cabellera castaña daba un tirón y trataba de luchar contra lo que era inevitable inestabilizando así al resto de sus congéneres. Todos y cada uno de los que en algún momento pudiera considerar iguales tenían la nuca apuntando el techo y la mirada clavada en sus propios y sucios pies, evidenciando sumisión y futura clemencia del dueño, su cabeza posiblemente era la única de todas aquellas que se mostraba con la mirada firme al frente, erguido y arrogante entre los que sin dudarlo, se arrastrarían hacia los pies del primer comprador con tal de salir de ése lugar.

-Esclavo nº 5069.- el hombre apartó la mirada del blanco papel que sostenía y estiró el brazo con aquel entre sus dedos para apuntar en dirección al que más destacaba de los de su altura y promedio. –Ése chico de ahí, Señores míos, toda una fiera!- se armó bullicio, estallaron carcajadas. El tono jocoso y burlón del portador del micro creo expectación. –¡¿Veo deseo en sus miradas, señores?! ¡Vamos, anímense! No encontrarán a otro que dé tanta pelea cómo éste! ¡Fueron necesarios cuatro hombres para someterle la primera vez!- y más risas. –Rómpanlo, moldéenlo a gusto y semejanza, reventadlo, usadlo, extraerle los órganos mientras os mira con tesón! ¡Vamos! ¿He escuchado 100? ¡¿50?!- los interesados fueron mostrándose, totalmente divertidos por la dispar presentación. Por norma general la ventas eran insulsas pero ése encadenado había logrado cautivar la atención de más de uno.

-10.000- un rubio alzó la mano con el desmedido precio en boca cuando canceló una llamada que ejecutó en medio del transcurso de aquella subasta. Era joven, posiblemente de la edad del ofertado y su indumentaria era pulcra. Se ganó mirada dilatada de más de uno de los que habían estado batallando por esa pieza de carne.

-¡V-vendido! ¡Increíble, Señores! ¡Vendido por 10.000!- el mazo golpeó con fuerza una tabla y se dictó sentencia. El obligado a estar arrodillado durante el proceso de la venta fue alzado por manos gruesas que le clavaron los dedos en las clavículas y llevado dónde las instrucciones del comprador –y ahora dueño- dictasen. Se movió con brusquedad para soltarse pero vara azotó uno de sus muslos y terminó con los intentos de fuga.

✖ ------ ✖ ------ ✖ ------ ✖ ------ ✖ ------ ✖

-Mmmmh...- se miraron. Estaban en la parte posterior de un rudimentario camión que no hacia en absoluto gala al porte de ése chico. Se sintió observado, vejado. Degradado. Habían sido varios los intentos de morder la mano del amo por ello ahora tenía un bozal de cuero decorándole la quijada y sellándole las fauces al animal descarriado. Hombre rebuscó entre sus bolsillos y tomó el celular, se bastó con marcar a la tecla re-llamada para guiarse el aparato al oído. –¿Hola? Sí, sí. Tengo un buen ejemplar. Está sano, ya he revisado el historial médico. Podremos... Ah, calla y escucha. De éste podremos aprovechar hasta la retina.- se pellizcó el puente de la nariz, el martirizado escuchaba conversación sin pizca de miedo o asombro, tarde o temprano esa vida tenía que acabar. Y mejor que fuera pronto.  -¿Dónde te lo llevo? El despiece debería ser antes de esta noche. Estupendo, sí. A las ocho.- y colgó dedicándole una sonrisa casi endulzada. –Pronto dejarás de mirarme así, perra.-


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Re: Estallidos. { Privado.

Mensaje por Invitado el Sáb Ene 25, 2014 3:26 pm

Despertó con pesadez y rostro abatido sin saber qué hora era. Ciertamente tenía sus propios tiempos, sin prisas pero sin pausas. Nadie le apuraba ni ponía limitaciones, por lo que no necesitaba de un despertador o reloj alguno en su vivienda. Giró hasta colocarse boca arriba y observó el rocoso cielorraso con pesadez. Al vivir en una cueva tampoco disponía de ventanas para observar un cielo que delatara qué comida del día debía servirse, pero de todas formas quería llenar su estómago con algo no muy empalagoso. Almorzaría, ya lo había decidido.

Se sentó en la cama, haciendo que las finas y suaves frazadas se escurriesen por su torso desnudo hasta caer sobre su regazo, dejando al descubierto una tonificada y morena musculatura de rústica piel. Alzó su mano para batir sus cabellos y apartarlos de su rostro, y al hacerlo sus bíceps resaltaron llamativamente. Atractiva masculinidad podía conseguirle acompañantes con facilidad aún a pesar de las malas leyendas que se servían sobre sus métodos en la cama, pero eso no impedía que algún osado apareciera con ansías de experimentar adrenalina de la mano de un buen físico como ese. Sin embargo esa atracción generalmente sólo era unilateral, pues el de blancas hebras alborotadas poseía un gusto bastante exquisito y tal vez con cierto masoquismo prefería a aquellos que no se rendían a sus brazos con simpleza.

Apoyó los pies en las pantuflas que yacían en el rudimentario suelo junto a su cama y se las calzó con intenciones de ponerse en pie para acercarse a la superficie donde había dejado regada algo de ropa en juergas anteriores. Su cálido cuerpo no precisó más que un simple pantalón holgado, poco elegante y más bien de aspecto añejo y pobretón, en una tonalidad mostaza. Se lo ajustó con una faja a la cintura morada y tras cambiar el atavío de sus pies por unas sandalias muy simples de tela negra, salió de su dormitorio bostezando con rumbo a la cocina. No había puertas en su vivienda. Arcos ovalados y tallados sobre la roca eran las divisiones de esa humilde morada, por lo que no tardó en arribar a destino y abrir el refrigerador en búsqueda de un comestible. Qué lamentable... tan vacía. Nada de lo poco que aguardaba en la nevera era capaz de satisfacer su paladar.
 
Gruñó molesto y se encaminó al exterior de la cueva. A medida que avanzaba hacia la salida, el ruido de la corriente del agua se volvía más y más intenso, hasta que finalmente se topó con la cortina líquida que cubría la entrada a su hogar de ojos curiosos. La cueva donde residía se ubicaba tras la caída de una catarata, justo en medio de la elevación, de modo que para pisar roca firme, debía escalar hasta la cima del terreno más elevado o saltar a la costanera de la desembocadura. Lo que hizo fue descender, no sin antes coger su caña de pescar que siempre reposaba junto a la entrada, para así entretenerse y al mismo tiempo ser capaz de capturar alimento fresco. Sin embargo cuando sus pies rozaron la ribera del río, percibió unas sutiles vibraciones que muy lejos estuvieron de agradarle.
 
A ceño fruncido avanzó en dirección opuesta a las aguas, dando al metro con una carretera algo desolada que muy pocos utilizaban, no porque su trayecto no fuese estratégico, sino por lo territorial de ese dragón que bien sabían los de bajos mundos que vivía en los alrededores. Y allí vio claramente cómo venía ese camión a toda marcha, quizás por mera ignorancia del conductor o tal vez en un riesgoso intento por mofarse de su vigilancia. Observó como detalle extra que el conductor iba bebiendo de una botella de vino considerablemente añeja, definitivamente una buena cosecha. -Imbéciles- susurró, riendo de lado. Entonces, sin más, lanzó un escupitajo a una de las gomas delanteras y esta al quemarse se averió, causando que la velocidad del camión le hiciera desequilibrar y volcar a un costado de la ruta.
 
Caminó a paso lento hacia el conductor que había quedado inconsciente y herido, atravesado en el hombro por una chapa que se soltó del techo de la cabina, y le arrebató la botella antes de que se desperdiciara junto a un futuro cadáver. -Gracias- pronunció con sorna tras agenciársela y empinarla frente a sus labios para beber un poco, a la vez que se dirigía a la caja trasera y cerrada, en cuyo interior radicaban dos personas. Tomó la puerta y la arrancó, ante lo cual, el amo de Shuusei se lanzó en su contra -inútilmente, por supuesto-. Kansuke lo tomó por una muñeca y al instante la carne, huesos y músculos de ese brazo empezaron a deformarse como simple goma derretida, junto al resto del organismo hasta formar una criatura pequeña y horrenda, similar a un gnomo sin siquiera extremidades con fuerza suficiente como para agarrar o caminar, sólo arrastrarse. Dejándole en aquella miseria peor que la muerte misma, divisó una figura más en ese transporte y sujetándolo por el mentón, lo atrajo parcialmente hacia sí. Sonrió al verle el atractivo rostro que le resultaba familiar, los delicados rasgos, la piel blanca y principalmente esos dorados ojos cautivadores -¿Y tú qué quieres?- preguntó extrañamente a ese ser que no parecía poseer demasiada vitalidad.
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Mensaje por Shuusei Usui el Sáb Ene 25, 2014 7:20 pm

Un quejido arañó la garganta del castaño cuando al despeñamiento de la furgoneta ambas figuras se vieron incapacitadas de poder mantener compostura, sacudiéndose como dos peleles sin facultad para protegerse de aquello. Al que debía llamar amo y guardar sumisión se le subieron los colores a la cara por obvia rabia contenida y fue capaz de encararse al que desencajó la puerta como si el metal no fuera más que gelatina a la que poder alterar según gusto y semejanza, pero los improperios lanzados al claro culpable del descarrilamiento fueron substituidos por gritos de la más pura y prolongada agonía. El olor a carne quemada logró lo que pocas cosas conseguía, y era que el estomago se le revolviese hasta el punto de crearle nauseas, fétido olor fue apoyado por macabra escena que obligó al esclavo a mantener la mirada puesta en cualquier otra parte que no fuera aquel antes vigoroso convirtiéndose en derretido cárnico maloliente. Pero a pesar de mantener atención puesta en otro punto los constantes y agónicos quejidos de la víctima no cesaron de golpear cada fibra de su sistema, empequeñeciendo al tigre que moraba en su fuero interno.

No fue hasta que los lamentos cesaron que no centró nuevamente sus atenciones al asesino, aunque para cuando quiso darse cuenta éste se encontraba desmesuradamente próximo, tanto que el deseo de supervivencia le llevó a enderezar su ligada posición para ser capaz de encararse al que, estaba convertido, le transformaría en lo mismo que a su amo: Masa sin vida, pestilente y humeante. Mentón embutido en cuero húmedo por la saliva del esposado fue atajado por mano que aún y bajo aquel revestimiento pudo apreciar candente, abrasadora. Mas pregunta que parecía entintada en inocencia consiguió desorientarle. ¿Esperaba respuesta de algún tipo? Complicado con aquello cerrándole la mandíbula y oprimiéndole las fauces en contención a los constantes ataques por su parte. Tal vez lo que buscaba aquél otro era la diversión de, justamente, saberle sin habla. Gruñido impetuoso y su cabeza se movió bruscamente para soltarse de los dedos del terrateniente.

Había algo en aquella manera de mirarle que le resultaba familiar, no asociándolo, por ahora, al dragón que años atrás le perdonó una vida plagada en venidera misericordia pero sí que encendía una llama de hostilidad en el constante subyugado. Manos encadenadas por férreas cintas contra su espalda harían imposible protegerse con puñetazos, tensó los puños marcando un cuerpo más bien poco fibrado y dotado en comparación al enemigo, dejando que se amansase una respiración hasta ahora turbulenta y desacompasada por el obvio terror de la escena protagonizada frente a sus narices. Echó el pecho atrás como el animal predispuesto a armar contienda para salvaguardar honor y orgullo, pero su intento por aumentar masa corpórea mediante la posición de poco y nada valió, seguía siendo el raquítico siervo de cualquiera con dinero suficiente para pagar por su trasero.

El numan, ése de semblante sin aparente expresión, acortó distancia con el agresor y posible futuro verdugo. Tenía la posibilidad de lanzarse al precipicio de esa zigzagueante carretera: Eso sería muerte más digna que no terminar cómo quién subastó por él. Ya tenía un contrato apalabrado con la muerte ése mismo día, por ende, las intenciones de salir despavorido y huir de aquella bestia eran ínfimas, pero si lo pretendido era terminar con su vida antes que lo hiciera el tirano, posiblemente aún estuviese a tiempo. Con la determinación llameando en ambos fanales echó la cabeza hacia atrás y se dio toda la propulsión en la que su cuello pudo verse sometido para que su frente colisionase en tenaz impacto contra el desconocido. El revés del destino le propinó con una sanguinolienta brecha contorneando su –posible- ceja partida empero el dolor de la contusión no predominó en sus deseos de huida.

Logró ponerse en pie a pesar del miedo y la adrenalina que hacía de su figura una masa trémula, las piernas amoratadas en diversos puntos al verse día tras día obligado a rendir su labor en posición arrodillada no dudaron en abalanzarse por un hueco de la destrozada salida, escapando por un lateral del que creía a ciencia cierta que se trataba de un demonio. Lo rocoso de aquella desolada carretera le recibió con dolor apuntalado en la planta de los pies, sintiéndolas cortantes, filosas, ásperas. El infierno debería contar con un aspecto similar al que había caído... No había resquicio de vida más allá del sonido de una cascada próxima.

Tomó aire y se encaminó a marchas forzadas directo a su tumba sintiendo en cada nuevo paso cómo las piedras abrían su descalza dermis, encharcando con gotas carmesí el camino. Pronto, pronto la agonía terminaría y podría reunirse con él. Con el amor perdido. Con su hermano. Con su familia.
El acantilado le recibió con viento casi huracanado que le obligó a retroceder por pura inercia mientras le revolvía el pelo, pero la decisión en sus orbes volvió a destellar antes de dar el último y sin duda final paso. Figura encubierta en marcas de látigos por la espalda y trasero desapareció cuando, cómo si aún le quedasen piedras por recorrer prosiguió avanzando hasta que la gravedad lo impelo hacia abajo.

Voy contigo, mi amado Kansuke.


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Re: Estallidos. { Privado.

Mensaje por Invitado el Lun Ene 27, 2014 9:19 am

Tras golpearlo en un duro pectoral y dejarle una leve salpicadura de sangre por la ceja partida, el crío que definitivamente emitía olor numan salió huyendo a toda prisa. Kansuke lo observó en silencio, dejándolo hacer aunque podría fácilmente haberlo detenido y sometido o simplemente matado. Aquel mocoso ¿quería escapar o suicidarse? Porque bien era capaz de dar cualquiera de esas dos impresiones. Curioso, muy curioso, ese perro rabioso… pero por encima de todo atractivo. ¿Qué debía hacer con él? Ya había capturado su atención y estaba maquinando al respecto mientras avanzaba lentamente, siguiendo el mismo camino del foráneo sin preocupación alguna, bebiendo del vino hurtado.
 
Sus pasos se detuvieron ante un estrecho pero profundo foso que conocía a la perfección, pues él mismo lo había cavado para utilizarlo como basurero donde arrojar sus desechos. Allí se había caído el mocoso, entre cadáveres a medio roer por los gusanos, mugre, basura, y desperdicios verdaderamente desagradables que emanaban un olor nauseabundo. Si no estaba muerto ni quebrado, tenía mucha suerte. –Patético, muy patético- pronunció con simpleza, mientras husmeaba desde la superficie –Supongo que la falta de orgullo en las putas es una facultad exigida- comentó  sin hacerse gran problema y, predisponiéndose a pescar, tomó envión con la tanza y plomada hacia atrás y luego la lanzó poderosamente hacia el río. Se sentó calmadamente a la orilla del pozo, con los pies colgando hacia el interior aunque ni por asomo el otro los alcanzaría, ya que se hallaba a, por lo menos, unos cinco o seis metros más abajo.
 
Continuó bebiendo y contemplando el agua que se mecía bruscamente por la cascada, así como algunos peces que saltaban de tanto en tanto y le estaban produciendo un hambre considerable. Todo lo que él tenía era una botella, pero no le duró mucho sino apenas unos quince minutos a pesar de que intentó prolongarla. Cuando el recipiente se vació y ya no tuvo utilidad alguna para sus labios, la lanzó despreocupadamente dentro del pozo, sin importarle que cayera en la cabeza del crío o no –Ah, necesito descargar- musitó indiferente a su víctima y se quitó la faja que remarcaba sus deliciosos abdominales, liberando su pantalón y sacando su grandioso pene por encima de este para orinar sobre el humano que yacía debajo, totalmente a su merced. Chorro ágil y de considerable tamaño salió disparado hacia quien no tenía suficiente rango para huir y le quemó seguramente hasta hacerle arder los huesos. No le mataría con ello pero sin duda al menos quedaría vibrando de dolor.
 
Aún con todo eso el muchachito continuaba viéndose sexy y su mueca de padecimiento era seguro que no pasaba desapercibida por el demonio. Se relamió disimuladamente, dejando su caña clavada en la tierra a un costado de sí y empezó a tallar con la palma ancha de su mano masculina el pene superdotado con que contaba. Sus movimientos eran rudos y veloces, cobrando ansiedad y fuerza sin abandonar una sola porción de carne. Ese falo que con anterioridad estuvo bastantes horas en pose humilde y flácida, ahora se alzaba rígido, duro y ancho como un mástil, jactándose de su hombría y poder. Amplias venas moradas se remarcaban por encima de la epidermis oscura, rellenas de sangre ardiente aguardando liberación. Su macabra sonrisa se hizo presente, torciéndose en una expresión de pura perversión. Le gustaba mucho ese chico que yacía literalmente a sus pies. Su expresión compungida, esa máscara digna de un villano, ese cuerpo inocente pero mancillado, los ojos refulgentes y radiantes. ¿Qué era lo que quería? ¿Cuánto soportaría sin conseguirlo? Mientras esa clase de pensamientos hurgaban su mente, finalmente y sin gran retardo su esperma salió disparado furiosamente por la uretra, buscando  a su objetivo lascivamente, el cual no era otro que aquel crío humano. Otra vez el mismo ardor, la misma pesadilla. ¿Suplicaría clemencia, ayuda? ¿Se desmayaría? Entretenido estaba el mal dragón con ese nuevo conejillo de indias que había acabado en sus garras.
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Re: Estallidos. { Privado.

Mensaje por Shuusei Usui el Miér Ene 29, 2014 5:01 am

-¡Ah!- Si bien prensó los labios para que ningún sonido manase de ellos durante aguacero dorado, ronco y único monosílabo desertó al primer roce directo de ése chorro caliente con capa de fina y pálida piel. El caño de ése potente líquido mermó cuando aún los tejidos de la epidermis no se habían destruido pero el quemazón fue suficiente como para crear los primeros signos de descamación en el brazo con el que intentó protegerse el rostro, por supuesto, micción restante que salpicó desnuda fisonomía causó enrojecimiento en zonas dispares y aunque en ninguna parecía presentar daño en capas más profundas el gesto de suplicio del castaño evidenció el tormento de macabra escena. Osamenta de posibles festines pasados restaban a sus pies en pos de ser elegante capa que le llevaría a imaginaria pasarela siendo él protagonista de la más lúgubre y dispar escena. Varias de aquellas antiguas calaveras cedieron al peso de quién caminaba por encima de ellas en busca de poder encontrar un punto ciego en el que poder encontrar protección, pero hoyo circular imposibilitó escapar. El iris ambarino de sus joyas se dilató ante escena asistida, no dando crédito a lo que criatura de porte viril y hercúleo estaba haciendo con su rabo. Bizarro, perturbado... reculó posición fijando toda su atención en aquel onanismo, no por ser una escena fuera de lugar, tampoco por tratarse de la primera muestra individual de satisfacción sexual que contemplaba; Era grueso y largo sexo lo que logró capturar horrorizada expresión.

Inviable que tamaño falo pudiera siquiera plantearse ingresar en cualquier obertura de cuerpo numan, rompería rectos, asfixiaría gargantas y desencajaría mandíbulas. Horror descuidó las alertas de quién nuevamente se vio regado en líquidos pertenecientes al cuerpo de esa criatura de fluidos ígneos. La conmoción de la escena no obstaculizó que tormento tomase poder y piel ya lacerada con anterioridad ahora forjó ampollas por nuevo orvallo incandescente. Gemido raspó garganta predispuesta a seguir con su voto de silencio, sin embargo, el tormento fue superior a la soberbia del que vivía de rodillas y contrario a todo pronóstico, dedicó mirada del más puro desprecio al gobernante de aquellas tierras antes de caer sobre piezas de marfil levantando nube de partículas de los difuntos. Familiarizado con el dolor pero no con escenarios tan siniestros le llevaron al límite de lo que cuerpo maltratado pudo soportar.

Aún conservaba la consciencia, no obstante, su cuerpo desautorizó movimiento como añejo mecanismo de defensa. Quizás de parecer muerto bestia partiría, tal vez de aparentar expiración suplicio finaría. Tomar aire limpio era completamente imposible, la bolsa pulmonar se saturó con cenizas, con tierra, provocando expectoraciones pesadas por parte del que estaba ahí tendido en espera de que tirano terminase con la merecida fustigación. Las putas no deberían tener ideas de libertad y ambición. Las putas debían estar calladas. Quietas. Dispuestas y siempre entregadas. Esa era la doctrina a seguir y para la que habían intentado amaestrarle.

Se resistió a su propio estado de parálisis e intentó alargar una mano hacia algún punto que visión no concretó pero mente se encargó de disfrazar. –Kansuke...- timbre raspó la laringe lastimando las cuerdas vocales empero y a pesar del suplicio su voz sonó clara. Difunto no se personificaría para socorrerle, ése le había abandonado cómo tantos otros a pesar de la promesa dedicada. Estiró los dígitos un poco más y los mismos rozaron ovalada y blanca calavera no muy lejana a su posición. Entonces sí se volvió todo del color de la más oscura noche, ciñéndose en maltrecho cuerpo todo el peso del síncope. Mano se derrumbó junto a sus esperanzas de vida.


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Re: Estallidos. { Privado.

Mensaje por Invitado el Dom Feb 02, 2014 1:50 am

“¿Oh? ¿Se ha muerto ya?” pensamiento sorprendido escapó de la mente del dragón, mientras observaba con curiosidad al muchachito tendido sin signos de vitalidad. Su intención no había sido matarle desde el inicio, sólo se estaba divirtiendo y podía decirse que mucho. ¿Sería un simple numan? Aún para ello ese mocoso padecía de una falta de resistencia vergonzosa, o eso creyó el infernal. Como sea, necesitaba hacer un par de comprobaciones antes de decidir lo que haría a continuación, de modo que deformó uno de sus nudillos, extendiendo el hueso hasta crear un largo gancho con que sujetó la mascarilla y alzó al moribundo hacia la superficie, soltándolo sobre la tierra áspera, pero mucho menos que los cadáveres donde antes reposaba. Se acuclilló frente a él y tocó su cuello, comprobando el pulso. Estaba vivo después de todo.
 
Seguidamente regresó su hueso a la normalidad y deslizó sus dedos a través de la piel del jovencito, comprobando la agradable textura. Había algo en él… algo especial que no comprendía. Le quitó la máscara y finalmente pudo vislumbrar el perfecto y sublime rostro de delicadas facciones. Algo en su interior resonó, vibró y se agitó hasta erizarle la piel y resecarle la garganta. ¿Qué demonios? ¿En verdad era un adonis ese que se le presentaba?... Pero definitivamente había conocido grandes y mejores bellezas, y nunca su cuerpo reaccionó de aquella manera tan inhóspita. Qué irritante. Le cogió por la barbilla y luego su dedo pulgar se ocupó de estirar hacia abajo, separándole los tentadores labios donde recargó los suyos. Le besó sin prisas, analizando el sabor que indudablemente le resultó delicioso hasta el punto de llevarle a liberar su lengua en la cavidad ajena y recorrer cada efímero recoveco.
 
Le gustaba terriblemente, por razones desconocidas en las que prefería no indagar demasiado. Ya se había determinado a coger a ese niño con él y unirlo a su colección de tesoros. Frunció la nariz. "Primero necesita un baño". Aunque la culpa de ello recaía directamente en él. Se desnudó a sí mismo y cargándose al crío en un hombro como si se tratase de un liviano saco de patatas, se aproximó a la costa y se zambulló en el río. El agua también le sentaba magnífico a ese condenado numan y las gotas de agua cristalina reflejaban una apariencia angelical a sus rasgos y sus finos cabellos pegoteados a las facciones adormecidas. Un tierno rebelde con fingida inocencia era un muy particular hallazgo para el dragón.
 
-Despierta, dormilón. Sería más divertido si estás consciente- le llamó, torciendo una sonrisa burlona, mientras le mantenía recargado sobre su pecho y le besaba el cuello con gula, intercalando con lascivas lamidas y mordiscos fuertes que progresivamente se transformaban en succiones. Al unísono, las grandes y viriles manos del dragón se colaron por debajo de la prenda superior del esclavo y palparon pasionalmente los pectorales hasta dar con los pezones y apresarlos fuertemente entre sus dedos, tironeándolos y pellizcando. Se mordió el labio inferior y segundos más tardes se relamió extasiado, aspirando profundamente el aroma del muchachito. Le encendía, le excitaba completamente. Su pene lo ansiaba como pocas veces lo había hecho con alguien y ahora aquel pedazo bestial de carne dura sobresalía del pantalón, sosteniendo sobre su rigidez las nalgas del menor. Maldición ¿Cómo haría para calmar tal desesperada ansiedad?
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