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Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

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Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

Mensaje por Invitado el Mar Ene 14, 2014 5:49 pm

Bajó segundo del avión, dejando que el pequeño niño berrinchudo (Magheq) tomase la delantera. Sus ojos rojizos emprendieron entonces un amplio recorrido visual, contemplando el helado aeropuerto que les había acogido, el cual se extendía por numerosos metros, ofreciendo diversos servicios tanto alimenticios como comerciales de variados rubros. Las vistas definitivamente le agradaban. Urbem Pruína era original y elegante, labrado en hielo por manos artistas, y al conejo le gustaba explorar. Iba a disfrutar mucho de aquel atrevido viaje que se agenció sin consentimiento de su acompañante, al fin y al cabo sus manos expertas no permitirían que los berreos del alquimista se prolongaran más de la cuenta. Un par de contoneos y bastaría para que le siguiera, de ello estaba seguro. Magheq tenía buen paladar y sabía apreciar los manjares a disposición.
 
Le arribó por la espalda al aludido, enroscando amorosamente sus brazos en torno a la delgada cintura de este y agarrándose a su cuerpo con firmeza, mientras se reclinaba encima de él y apoyaba el mentón sobre su hombro -¿Te gusta el sitio que he escogido para nuestra luna de miel? No conozco la nieve, así que este conejo merece saciar su curiosidad. Este tipo de cosas no existen en el infierno, por desgracia. Deberíamos intercambiar sitios… mudarnos aquí y exiliar a los numans al inframundo- comentó sin rodeos, empezando a besar delicadamente el cuello a su lado –Relájese y disfrute de estas mini-vacaciones junto a mí- sugirió, sonriendo con picardía y lamiendo la extensión de piel que yacía frente a sus labios, para luego librar un mordisco en la misma. Todavía le recorrían cosquilleos por la blanca epidermis de su mano, donde los besos de IV se habían postrado tan dulcemente que los escalofríos agradables y extraños no cesaban. Quería más contacto, quería tocarle, estar pegado a él le producía un inhóspito gozo, pero a la vez eso le molestaba en cierta medida. ¿Desde cuándo sus emociones se veían tan ligadas al placer de una grata compañía?
 
Le liberó improvisadamente y lo tomó con precisión de la mano para empezar a arrastrarlo con rumbo a una tienda de ropa. Se detuvo frente a la ostentosa vidriera, contemplando los costosos y elegantes atavíos, siendo estos todos de marcas comercializadas internacionalmente –Entremos aquí a comprar abrigo… no querrás morir de frío- comentó, guiñándole un ojo y empujándolo al interior. El sitio se asemejaba a una cabaña, muy cálida y acogedora, donde la madera predominaba en la mayoría de mobiliario y otorgaba una base suficientemente opaca para que las tonalidades de las ropas sobresalieran –Ohhhh, qué gran calidad tienen estas telas. Me gustan, me gustan- pronunció emocionado, removiendo entre las perchas de los abrigos con una sonrisa satisfecha hasta que halló uno en particular que le causó una notable risa divertida -¡Maggie, mira este! ¿A que me va pintado?- preguntó, a la vez que alzaba un abrigo felpudo rosado que tenía una cola de conejo en la parte posterior, a la altura del trasero, y orejas de conejo en la capucha. Sin siquiera tomarse la molestia de usar el probador, se lo puso allí mismo y giró frente al rey, dando una cómoda panorámica de su nuevo “juguete”. Luego caminó hasta el espejo y se miró con gusto, colocándose la capucha y acariciando las suaves orejas –Mmmm ahora soy un conejo rosado ¿No tiene en color blanco?- preguntó al vendedor, quien les miraba entretenido. Enseguida el encargado sacó el solicitado por Aki y se lo entregó en mano con una sonrisa –¿Han venido de luna de miel? Parecen una feliz pareja recién casada, y este lugar está de moda para los novios- inquirió el dependiente, curioso con el agraciado dúo –Ah, ja, ja, sólo estamos de cita- añadió el albino, observando con picardía al tirano, sin darle lugar a opinar sobre su situación y rodeándolo con un brazo por detrás de la cintura para apegarlo a él -¿Hacemos buena pareja?- le pidió opinión al trabajador, a la vez que besaba la mejilla del morocho –Oh… sin intenciones de adular, realmente se ven bien los dos. Es lindo el contraste de sus rasgos… Son como… un ángel y un demonio, sin ofender claro- añadió el empleado, sonriendo contento y causando una suave carcajada en el conejo, el cual la bloqueó rápidamente con su mano –Cerca de aquí hay un parque bastante concurrido donde pueden realizar muchas actividades juntos, deberían visitarlo- recomendó el extraño finalmente y se puso a repasar su escritorio para dejar de incordiar.
 
El divertido prostituto agradeció la oferta y se giró hacia el alquimista, buscando con sus labios rosados el oído de su amante –Sería lindo follar en tan famoso parque, mientras llevo únicamente mi disfraz de conejo- susurró de forma sugerente, aunque más bien tenía planeado esta vez prolongar el panorama sexual para más tarde. Reprimiría al rey hasta que su pasión desbordase y lo exprimiría en su punto más jugoso, eso sonaba realmente bien. Mientras las maquinaciones pervertidas se sembraban en su mente y el morocho se ocupaba de encontrar su abrigo predilecto, Akira dio con un encantador gorro negro con orejas de oso y sorprendiendo al rey por la retaguardia, se lo puso en la cabeza, dando la vuelta alrededor de él para verlo a la cara. Sonrió enternecido y divertido a proporciones iguales -¡Pero qué monada! Hasta un tirano puede verse adorable con un accesorio como este. No se atreva a quitárselo ¿ok?- le exigió, hablándole a escasos centímetros del rostro, teniéndolo sostenido por las mejillas e inclinado hacia adelante, para lentamente irse aproximando, con las rojas pupilas clavadas en él, y así besarlo con verdadero e íntegro gusto.
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Re: Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Miér Ene 15, 2014 1:22 pm

¿Cómo...? ¿Cuándo...? ¿En qué momento...? ¿Es que Exules no era el único destino a tomar? Tic asomaba en la ceja de un monarca que observaba con clara molestia al que iba y venía por la tienda a la que fue arrastrado de la mano de aquel, parecía danzar y no caminar. La alegría que disgregaba ése acompañante suyo pudiera haberse contagiado en cualquiera... cualquiera, claro, a excepción del que proseguía de malas por las noticias declaradas en pleno vuelo. La conversación entre el dependiente y en el que por breve le sujetó no hizo más que sentenciar al conejo a una muerte lenta y tortuosa. Giró sobre sus talones tan buen punto brazos delgados dejaron de ejercer presión sobre sí y fingiendo interés por las ropas correctamente posicionadas en su emplazamiento estiró la diestra para palpar uno de los abrigos que tal vez más le llegó a llamar la atención pero antes de que sus dedos se hicieran con la mencionada un sombrero recayó sobre su cabeza y nuevamente, compañero jocoso se abrió paso entre él y su soledad observándole como posiblemente nadie lo hizo en siglos.

Vesania enmarcó la endurecida expresión del monarca al recibir ése elogio tan poco apropiado para lo que él era y representa. Con gesto áspero más propio de los cortadores de leña de la zona del que tenía a sus pies un imperio se arrancó de las hebras el sombrero más cuando ése entelado bajó posiciones el beso llegó, volviendo a hacer que sus malos modos tambaleasen de manera evidente. Cerró el párpado y aseguró el sombrero a la altura de la unión de aquellas bocas para tapar lo evidente. El ósculo se presentó profundo desde el mismo inicio y es que desvergonzada sinhueso apremió el contacto con la otra que el demonio resguardaba, abriéndose espacio entre los voluminosos labios de su pareja para ello, empujando y logrando mayor contacto que el ahora destinado. No hubo ponderación en el asalto protagonizado por Akira pero obviamente aventajado por el de cabellera oscura, cualquier medida estaría de más si quería mostrarse imperante y soberbio frente al que de un modo gradual estaba arrancándole del papel que durante tantos años se procuró en aprenderse para no volver a caer.

Entre la hendidura de aquella boca abierta para él se produjo cruzada hostilizada dónde órgano rosado suyo ofrecía pleno y delicioso contacto, enroscándose en la otra y liberándola más tarde para propinarle lamidas más indecorosas. Cuando le supo con la respiración acelerada y posible rubor se apartó de él con una socarrona sonrisa. –Prefiero el rosa.- y quedaba claro que se refería al atuendo que su amante sujetaba, más aún era portador del rosa que no pareció quitarse todavía por lo que la mano que tenía libre se alzó para tocar una de las afelpadas que recaían hacia el rostro del que desde un inicio apodó justamente como conejo, amasó la punta de esa alargada extensión y pasó a soltarla con esa expresión que rozaba entre lo peligroso y la diversión momentánea. No era capaz aún de discernir de su propio sentir cuando ése otro revoloteaba cerca suyo. Seguía molesto, pero la maldita alegría de Akira... clavó su ojo en él y enervó ahora la mano con la que sujetaba el sombrero con orejas de oso, poniéndoselo a él por encima del de conejo. –Deja esto dónde estaba y deja de desordenar la tienda.- y ahora sí se predispuso a buscar algo de abrigo para los días venideros: Ir con yukata no estaría permitido para sus defensas humanas, así que valiéndose de su agrado por el negro sacó de la percha un pantalón gris oscuro entallado junto a un jersey tan negro como la misma noche y un abrigo que si era abotonado en su totalidad le cubriría la boca, çeste se arrimaba a su cintura dándole incluso forma, pero ciertamente y con lo referente a tener la boca cubierta, se evitaría cortarse los labios por la feroz temperatura que parecía agitar a esa ciudad. Con todo ello en brazos fue directo a los probadores y se encerró en los mismos con la esperanza de que el albino le otorgase cierta intimidad. Para su suerte había acertado con las tallas -a pesar de no ser para nada asiduo a comprarse ropa con entallares de aquella índole-. Dobló con mimo el yukata con el que Akira le vistió en el hogar y salió con la ropa ya puesta, a fin de cuentas, no podría pasearse por el lugar con lo que traía en el avión. Ya en el mostrador buscó al albino con la mirada. -Akira, trae las ropas que hayas elegido.- extendió la visa Oro a quién parecía seguir observándoles maravillado, cosa que no gustó al monarca y le dedicó tal gélida mirada que el transcurso del intercambio de papel y tarjeta éste no le dedicó ni una sola mirada, creyéndose muerto de hacerlo de nuevo.

Resguardó el yukata en una bolsa propiciada por el mismo comerciante y con ella bien agarrada salió de la tienda esperando ser seguido por esa bola de pelo blanca. En tiendas más céntricas compraría lo que precisasen, por ahora con una única muda podría estar tranquilo, al menos el frío no sería problema y las botas que compró en último momento también le protegerían de la nieve aglomerada en las aceras: Estaba listo para lo que fuera que ése conejo tenía pensado.


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Re: Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

Mensaje por Invitado el Vie Ene 17, 2014 12:20 pm

La forma en que el alquimista correspondió a su beso le tomó por sorpresa y le hizo perder la victoria que llevaba asegurada desde su iniciativa. La separación le dejó agitado y anhelante. Se relamió los labios para rejuntar cualquier vestigio de sabor o saliva ajena que quedase en los mismos y no prestó demasiada atención a lo que el rey realizaba hasta que le vio salir del probador. Maldito. Los ojos rojos de los que era portador agraciado conejo, contemplaron con intensidad la esbelta figura siempre erguida e imperante que se lucía tan maravillosamente en atuendos orientales como occidentales. Aún si no había mucho trasero para agarrar, el pantalón que prácticamente desnudaba la silueta del morocho tentó súbitamente a la palma diestra del demonio, quien se contuvo únicamente por la mirada atenta del vendedor. No es que le importase el ser admirado en sus pervertidos actos, pero bajo ningún concepto permitiría que alguien más aparte de él notara y deseara ese perfecto culo de IV que tan suyo era.

Salió del negocio habiéndose comprado el abrigo rosa para satisfacer el gusto de su huésped y llevando el gorro de oso escondido en un bolsillo interno. No era un conejo que se rindiera con facilidad y definitivamente estaba decidido a conseguir que Magheq lo usara. Lo tornaba demasiado lindo como para rechazarlo así. Cogió entonces la maleta que había dejado junto a la entrada y tomó la delantera hacia el exterior del aeropuerto. Una vez fuera, inspiró profundo el aire gélido que emanaba el ambiente, sintiendo cómo sus fosas nasales se helaban a su paso y su nariz enrojecía. Tosió un poco y se rió observando el cielo opaco pero despejado del mediodía. No había viento a pesar del descomunal frío y eso era bueno (no quería despeinarse en su primera cita).

–Deberíamos alquilar un coche- propuso, señalando una agencia ubicada estratégicamente frente al aeropuerto. Seguidamente enroscó su brazo al del alquimista y le jaló melosamente hacia dicha dirección, donde dejó que su acompañante escogiese modelo y marca. Luego guardó la maleta en el baúl y se sentó en el asiento del copiloto. –Estaciona en el parque que nos mencionó el vendedor. Mira, desde aquí se ve- indicó con su dedo hacia donde miraban sus ojos, inclinándose hacia Magheq y robándole algunos besos por su mejilla y cuello. Después se apartó sin mucho preámbulo, asegurándose de no distraer al conductor y provocar un accidente que arruinase toda la velada que se había preparado minuciosamente en su mente.

En pocos minutos arribaron al mencionado paraje recomendado y el conejo descendió primero, echando un vistazo general. Todo estaba cubierto de nieve y era la primera vez que la veía en persona e interactuaba con ella, por lo que se agachó en medio del cúmulo entre sus pies y juntó un puñado, inspeccionado su temperatura y textura. Acto seguido, la bola de agua helada impactó como un violento proyectil contra la nuca de su distraída pareja y la carcajada del divertido atacante se oyó nítida y triunfadora -Esas nuevas mechas blancas en el pelo te sientan perfecto, Maggie- comentó burlón, lanzándole otro par más por el resto del cuerpo, antes de echarse a correr, anticipándose al castigo que con seguridad le sería aplicado. La huída, de todas formas, no significaba su rendición ni mucho menos. Las bolas de hielo continuaban siendo arrojadas contra el humano a diestra y siniestra por ese rosado conejo diabólico que en un santiamén había cortado el aire de paz y silencio que desprendía la zona.
 
Repentinamente se esfumó frente a los ojos del ex-inmortal, esbozando una sonrisa traviesa y socarrona a la par que adoptaba la transparencia del aire, convirtiéndose en parte de este mismo. Entonces reapareció tras la retaguardia de su amante y estirándole el cuello del abrigo hacia atrás, le metió una aglomeración de nieve entre el ropaje, empujándolo tras ello para tirarlo al suelo y enterrarlo entre la impoluta helada, mientras reía con completa impunidad, sentado sobre su espalda -Ah, jajaja, de verdad que he elegido bien este lugar con nieve. Toma, lo necesitarás ahora- y tras pronunciar tales palabras con entera supremacía y sorna, estampó nuevamente el gorro de oso en la cabeza de su compañero -Es-te co-ne-ji-to va-a co-mer o-si-to hooooy~- canturreó, agarrándose a los omóplatos de su amante y mordisqueándole la oreja de forma picarona.
 
-Disculpe... ¿cuando acabe con su cliente puede atenderme a mí? Es realmente mi tipo, me gustaría compartir con usted al menos un turno- pidió de pronto con respeto y ojos radiantes, un extraño tipejo salido de la nada, cautivado con Akira en cuanto lo vio y con un empalme que iba bastante bien encaminado y aguardaba por servicios claramente de índole "íntima", habiendo creído que tal belleza sin duda alguna debería ser un chico de compañía.
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Re: Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Sáb Ene 18, 2014 11:09 am

Poca ventura le guardaba en ése helado paraje, lo advirtió en el minuto cero de poner los pies sobre la crujiente nieve del parque al que ambos se adentraron tras estacionar correctamente el vehículo. Glacial rincón de naturaleza propia de estampa Navideña y sin embargo su mirada estaba perdida en un desnudo árbol, reconociéndolo de inmediato como uno de aquellos que en épocas de temperatura menos bajas nacían rosadas que tantos recuerdos evocaba en su ya perdida niñez. La protestad de atención por parte del albino cayó directa en la nuca del monarca con el impacto de lo recogido del suelo y éste con gesto misántropo buscó al que no sólo le atacó, si no que en público le había llamado de un modo al que, según recordaba, también se apodaba antiguamente a las mujeres. -Akira.- su voz sonó tétrica, acreedora de posible doblador de una película de terror. Sorpresa irradió en su molesto semblante cuando el foráneo pareció volatilizarse en medio del aire, más pronto fue conocedor de los retorcidos motivos que el otro tenía en mente.

Instintivo arqueamiento se ajustó en su columna cuando la fría compacta se hizo espacio entre lo prieto de unas ropas propiamente forradas para no tener que lidiar con lo fresco del ambiente y tras el empuje el rey profirió un gruñido de alerta para ése conejito rosa suyo: Las carcajadas cristalinas de su compañero estaban lejos de apaciguar al sometido bajo una fina capa de nieve. Sin embargo y cuando creyó no poder hallarse de peor humor, voz proveniente de la nada atacó la diversión del que se encontraba sobre su estirada espalda y por supuesto, se embolsó todo el interés del que ya lucía con ganas de ejecutar feroz contienda para con cualquiera que se atreviera a cruzarle palabras.

-¿Y bien?- el rey fue el primero en tomar movimiento. Extendió su brazo diestro y con éste empujó sutil la masa corpórea de su compañero para desligarse del peso extra al que su espalda se vio vencida. Arpado y de movimientos de clara filiación monárquica volvió a alzar su horizontal compostura a una en la que poder alinear miradas con el desconocido. Con sombrero o no en la testa su mirada advertía enfado, uno desmedido pues aquel se quería llevar a la bragueta a quién con esa genuina felicidad y casi infantilismo estaba llevándole a sentir lo que no admitiría jamás a viva voz. Desbotonó los primeros del abrigo para que su boca quedase aireada de tela y con gesto altanero ladeó hacia un lado y posteriormente al otro la cabeza, su hálito chocando contra la brisa invernal logró que se formase una densa nebulosa blanquecina alrededor de aquella predispuesta a robar las ilusiones al desconocido. –¿Cómo te atreves tan siquiera a ponerle los ojos encima?- ése maleante no era siquiera merecedor de que alguien tan importante cómo él le hablase con educación, no para con un hombre que parecía dejarse llevar por sus bajas pasiones de manera tan repulsiva. Elaboró un único movimiento para que delicada figura encubierta por abrigo rosado quedase justo detrás de sí en claro ademán protector por su parte, aunque único ojo refulgía desprecio para aquel que se hallaba a bien pocos metros de ambos.

El anónimo pareció dudar y buscó esta vez al que creía prostituto, salvándose por breve de la asesina mirada del de cabellera oscura.-¿No está de servicio? Prometo robárselo un par de minutos únicamente.- y aquella fue la gota que rebasó al de poca paciencia. Abandonó al conejo de la protección que su propio cuerpo le proporcionaba y ladeó el cuerpo lo menester para que su brazo pasase por detrás de la figura del albino y dedos pertenecientes se cobijasen en la sinuosa y delgada cintura de a quién pegó contra si en un acto puramente posesivo. Reyerta con los puños no sería beneficiosa para quién no sabía golpear cómo era debido sin su preciada katana. Manteniéndole cautivo en ése abrazo el líder de Exules pasó a besar uno de los pómulos foráneos sin despegar atenciones de aquel presuntuoso desconocido.

El hombre, quién no dejó de contemplar la escena con el asombro tildado en sus fracciones pareció desistir en ganarse revolcón para con ése de fisonomía perfecta y con gesto compungido le dedicó una mirada casi lastimera antes de volverse por dónde hubo venido, arrastrando los pies por encima de aquel manto que el invierno les dejó a entera disposición. Pero lejos de apartarse una vez el control volvió a ser de ambos, el moreno apretó con mayor fuerza ése cuerpo de apariencia frágil pero que ya había obtenido muestras fehacientes que aquello no era del todo viable ni cierto, al menos en el baño, Akira supo comportarse como un hombre, aunque más tarde se viera nuevamente devorado por su comportamiento aniñado y risueño. –¿Es que no pensabas decirle lada? sonó molesto, enfado para esconder celosía impartida por alguien que vino y se fue. Su boca buscó entonces la del albino, girándole la cara con la mano que no compartía abrazo, sujetándole firme desde el puntiagudo mentón para confrontar aquellos enrojecidos por el ambiente. Fue un gesto poco gentil y de un único asalto sin más contiendas que la de un beso fortuito y brusco como el propio monarca era.

Una vez el contacto se diluyó le empujó lejos de sí mismo y avanzó sin volverse para mirarle. Ése demonio le confundía, le hacía sentirse débil en cuanto a unos sentimientos que siempre procuró mantener alineados para no volverá pasar por el sufrimiento ya vivido hacia años atrás. No obstante... Fue ágil, tanto cómo cuando batallaba y precisaba de una última finta para hacerse con la victoria, agazapó su posición y agarró buena porción de nieve, cobijándola contra abrigado pecho para procurarle una forma más o menos redonda antes de voltear sobre su eje e impulsarla hacia el que la recibió de manera limpia. Su gesto proseguía manteniendo esa aura de hostilidad empero dentro, dentro de ése organismo suyo pudo sentir cierta y extraña felicidad que le obligó a girarse para que su compañero no viera la sonrisa que profanó su comisura.





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Re: Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

Mensaje por Invitado el Dom Ene 19, 2014 4:10 pm

La diversión desmedida que expresaba la sonrisa del conejo se vio opacada de pronto por un ligero proyectil helado que impactó rudamente contra su níveo rostro, bañando el mismo. Akira tosió un poco, escupiendo algunas partículas de nieve coladas por jocosa comisura y esbozó entonces una mueca de reproche infantil, mientras se limpiaba la cara y peinaba su flequillo con las manos. Aún así, cuando acabó de embellecerse nuevamente, todavía con las manos alzadas en torno a su pelo, se quedó mirando la espalda del menor con una risilla. Al menos los celos habían servido para que el alquimista olvidase patear su bonito gorro de oso.
 
-¿Es que realmente necesitaba decir algo? Mi celoso amo se ocupó muy bien del asunto él solo, así como de marcar territorio- comentó el pervertido conejo, caminando hacia Magheq y agarrándolo de un hombro para girarlo bruscamente, cogerlo por el mentón y estampillarle un beso en la boca -Empatía, esa es una de mis habilidades- confesó, explorando el pecho foráneo con su mano libre, deleitándose con la firme pero delgada masa muscular -No puedes esconderte de mí, Maggie. Todo lo que sientas llegará a mi corazón, emociones y recuerdos ligados a los mismos, cada tristeza o alegría. Nadie en el mundo te conocerá como yo- sonrisa ladina marcó agrado ante el poder sobre el monarca que obtenía, por ser este un ente íntimamente movido por sus desenfrenos. Luego le tomó con firmeza su mano y enlazó sus dedos a los contrarios, obsequiándole una expresión cómplice -Pero hay mejores cosas para hacer durante el día en Urbem, más que hablar- comentó, empezando entonces a jalar al rey hacia el camino donde se oía el bullicio de los habitantes y turistas disfrutando de las atracciones del lugar. A lo largo de un bello sendero asfaltado se alzaban encantadoras farolas, algunos bancos donde parejas se sentaban a mimarse y puestos callejeros donde se vendían alimentos y juegos para los niños; de tanto en tanto se hallaba un pequeñuelo entreteniéndose en la nieve con sus padres o amigos, pues todo el resto del enorme parque contenía la nieve con frondosos árboles rebozados de blanco impoluto y diversidad de ofertas en actividades recreativas.
 
-¡Vamos ahí!- indicó animado conejo, arrastrando a su consorte hacia una pista de patinaje. Otorgó dinero al dueño y cogió dos pares de patines, entregándole uno a Mag en sus propias manos. Sin perder tiempo se calzó los suyos y ansioso por experimentar aquello que parecía tan simple para algunos humanos, se lanzó dentro de la superficie deslizante que le jugó una mala pasada -¡Ahhh! ¡Ah!- exclamó al notar cómo al apenas avanzar unos centímetros perdía el equilibrio y aunque luchó por evitarlo, terminó cayendo y golpeándose el trasero con el hielo. Algunos espectadores se rieron divertidos, pero no en mala actitud sino más bien con ternura. Era imposible burlarse de una criatura tan mona como ese prostituto y en especial si iba vestido como un encantador conejo rosado.
Un amable muchacho que pasaba lo agarró de la mano y lo alzó, sosteniéndole de la cintura mientras le llevaba una vuelta y le indicaba cómo moverse, a lo que el albino enseguida comprendió la lección y pudo conseguir llevar un ritmo principiante pero estable como para mantenerse en acción sin desparramarse sobre la pista.
 
Miró a Magheq y agitó su mano de lado a lado, llamándole con ahínco -¡Ven, Maggie!- le gritó, mientras no dejaba de practicar y esperaba en el extremo contrario al alquimista con atención, preguntándose si aquel realmente sabría patinar o no. Era incapaz de imaginarse a ese trabajador compulsivo haciendo cosas de ese estilo, pero si había estado en pareja con Gintoki seguramente citas no le habrían faltado, ni experiencias diversas en entretenimientos como estos. Aquí el principiante en salidas de pareja era Akira ¿Verdad? Sintiendo cierta molestia inconsciente en su interior ante esas ideas que su mente le presentaba, terminó en la entrada de la pista casi sin darse cuenta, yendo él mismo por su pareja y agarrándolo de un brazo con posesión -Ven conmigo- dijo imperante, abrazándolo por la espalda con diestra y cintura con zurda, dejando los brazos del alquimista apresados bajo su agarre. Apoyó el mentón en el hombro del ex-tirano y apegó su cabeza a la contraria, respirando sobre la parte trasera de su oreja pausadamente, pero aquel ambiente cálido se rompió abruptamente cuando un padre con su pequeño tocó a la pareja -Disculpen... no quisiera interrumpir, pero mi niño deseaba patinar y ya que ustedes van a entrar a la pista, ¿sería mucha molestia pedir que al menos le pasearan una vuelta de la mano?- El crío que tendría unos tres o cuatro años sonrió ampliamente, enseñando su blancuzca dentadura a la que faltaban algunos dientes y cogió de la mano a Akira y Magheq, aguardando con ilusión por el viaje.
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Re: Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Mar Ene 21, 2014 10:23 am

Barruntó futuro despeñamiento de su integridad contra el hielo mientras sujetaba las botas que debía calzarse antes de entrar en pista.
Nadie te conocerá como yo.
Aquella oración se repitió en su cabeza mientras observaba como el de cabellera tan blanca cómo el ambiente invernal que les rodeaba se daba contra el hielo ganándose las risitas de aquellos que habían observado a ése animado muchacho que tanto se asemejaba a un conejo silvestre. Se sorprendió a sí mismo estudiando cada uno de los movimientos del que parecía haber conseguido tener cierto control por encima del agua resbaladiza e impoluta y antes de que el propio Akira pudiera percatarse de ello filtró toda atención en ponerse los condenados patines.
No era que le gustase la idea –o quizás era simplemente que no deseaba verse codeado de tanto desconocido- pero tenía la sensación que de no acatar el capricho de su amante éste sería muy capaz de formar un innecesario escándalo y a pesar de que los numans posiblemente no reconocerían la posición y liderazgo del que ahora estaba en pie con los patines ya puestos no podía arriesgarse a que posibles enemigos fueran conscientes de una nueva pero poderosa debilidad: Akira.

Como la arena que se deja amasar y arrastrar por las olas, la figura del que aún tenía enguantado sobre la cabeza el sombrero de oso dejó que el imperativo de su compañero cumpliera cometido y abrazados se predispusieron a avanzar por la pista, estaba con las emociones demasiado abatidas como para negarse a esas constantes muestras de afecto que tenía consigo, aunque su fuero interno le recordaba que debía seguir mostrándose enfadado por lo que éste le confesó en el avión. El silencio parecía hablar por ambos y cuando creyó que tendrían momento de paz sin peleas por ninguna de las dos partes fue mano de un hombre de la edad aproximada a ambos quién pidió aquello, más antes de posible y rotunda negativa por parte del huraño un mocoso se agarró a su mano con minúscula fuerza, pero muy posiblemente ése crío estaría afianzándose con toda el brío que sus pequeñas manos podían entablar. No le temía, no era cómo aquellos niños de su oscuro hogar, quienes cuando rey asomaba corona fuera del imponente castillo se escondían bajo las faldas de sus padres en incontrolable llanto. Éste sonreía y disgregaba la felicidad por cada poro. –¡Va!- el niño intentó impulsar el inicio de la marcha con aquella única imperativa y el moreno arrugó ligeramente el puente de la nariz antes de mirar de reojo el modo en el que Akira sujetaba la mano del incorporado en aquella... ¿Cita? Debería quitar esa palabra para designar lo que compartían ése día. Había cierto cariño, protección. Algo distinto que removió instintos olvidados.

Deslizó con elegancia el pie derecho por encima de la resbaladiza pista y antes de impulsar su otro pie el niño siguió por acto reflejo el movimiento, ayudando a que no fueran desacompasados y que por consiguiente se estrellasen en el primer intento de llevar un paseo más o menos fluido. A pesar de no haber practicado jamás ése deporte parecía contar con ancestral maestría. Ni un titubeo, ni un oscilamiento ni contoneo que indicase futura caída. Muy por el contrario era el encargado de que la patosidad del pequeño que había entre ambos no les desestabilizase.

Las carcajadas del que dejó de impulsarse para que fueran los adultos quién arrastrasen de su pequeña figura lograron lo imposible: Que el de sentimientos siempre guardados bajo llave esbozase una sonrisa sincera como pocas. Sería el frío, esa cálida mano que apretaba sin miedo la suya o el hecho de sentirse liberado por fin de un pasado que melló durante siglos su personalidad. Miró de reojo hacia Akira y no supo cómo, pero esa milésima de segundo en la que buscó lo carmesí de la mirada adyacente bastó para que toda armonía terminase por romperse y que aquellos dos se tropezasen entre sí. Fue rápido, voraz.
Emuló los movimientos que solía en las batallas y cargó al niño cómo si no se tratase más que de un saco de patatas a un costado de su cadera con la zurda; el cuerpo del lloroso tenía brazos y piernas tendidos hacia la pista rajada por el constante ir y venir de las diversas cuchillas pero no llegó tan siquiera a rozar el suelo en futura caída. Diestra, por otra parte, asiaba la cadera del albino arrimándolo contra sí para devolver la estabilidad que no sabía del cierto si había perdido por culpa del niño o por propia torpeza. Su nariz, en algún momento de ése improvisado abrazo, se escondió entre las hebras incoloras y aspiró ése aroma que en las horas pasadas le azotó con fuerza el alma. –¿Estás bien?- una cita, tenía... tenía toda la pinta de serlo para los ojos de los padres que con ojos abiertos no pudieron pasar por alto los movimientos del ex tirano, confundiéndolo con alguna promesa de las artes marciales.

Semblante ceñido nuevamente en esa aura de indiferencia se apartó lo suficiente como para encontrarse con la mirada que anteriormente no pudo observar pero... –¡Niño!- el mocoso se removía de su agarre como toda una culebra y no cesó hasta que de nuevo sus pequeños pies tocaron suelo logrando con aquello que el moreno soltase el cuerpo de su... ¿Amante?. Sí, amante y nada más que amante. Proveedor, quizás. –Quédate aquí.- esta vez fue él quien dictaminó la orden mientras su mano afianzaba la de aquel que tendía la mano libre hacia uno de los padres que, arrodillado y de brazos extendidos, esperaba a la llegada de su benjamín. No precisaron más que un par movimientos por parte de sus alargadas piernas para llegar dónde esperaban por él. –¿Son profesionales?- la admiración se palpó en esa voz masculina, nuevamente, no temían, aceptaban su persona más allá de poder adquisitivo. –Q-quiero decir... Son sensacionales. Akira, da las gracias.- miró con incredulidad al que se mentaba igual que aquel de rosado abrigo y estalló en carcajada cuando ése pequeño infló las mejillas y soltó el agradecimiento tan rojo como las manzanas maduras, debió ser el sonido de esa voz en pleno jolgorio lo que hizo que incluso el padre llegase a sentir las mejillas arder.

Se sentía... Pleno. Distinto. Con vida.

Giró su posición una vez ambas partes pusieron fin al encuentro y ahí, entre las idas y venidas de los que se divertían sobre la pista se encontró al conejo justo dónde le había dicho que guardase. Tenía un cuerpo excepcional aún y con ropa; El abrigo aunque le protegía del frío no dejaba de aportar a la vista de cualquiera la forma de aquel creado para el pecado, piernas largas, delgadas... Repasó con detalle cada una de las extremidades enemigas hasta que llegó a su rostro poniendo atención especial en comisura voluminosa y tan rosada como el manto que le cubría de venideras tormentas.

Avanzó. El primer desliz fue suave, el segundo amplió el rango de obertura de sus extremidades inferiores, y al tercero... Al tercero ya inició una marcha tan rápida que varios fueron los que se vieron obligado a apartarse del trayecto del encubierto monarca, menguó la velocidad de su empuje únicamente cuando quedaba escaso metro para alcanzar su presa, aunque por su parte extendió las manos aún en medio de la pelea entre sus pies y el hielo y sujetó las heladas mejillas del albino afirmándole el rostro para recibir su propia boca cuando su cuerpo alcanzó al ahí dejado.





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Re: Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

Mensaje por Invitado el Miér Ene 22, 2014 6:18 pm

No se sentía nada bien y por ello se dejó guiar en todo momento, sin protestar por tener que cargar con hijos ajenos y sin siquiera disfrutar de tener al alquimista a su lado, cumpliendo sus caprichos. La pista, en cuanto ellos entraron, se fue llenando de más valientes y otros tantos que les rodeaban por el simple placer de admirarlos. Lo peor era la enorme cantidad de mocosos, plagados en energía y emociones… esa interminable lista de sentimientos diversos, provenientes de cada criatura, era lo que torturaba desmedidamente al pobre conejo que no pensó nunca verse en situación semejante. La cabeza le dolía y el estómago se le había revuelto, mientras sensaciones completamente fuertes y contrastantes llegaban a su alma y le abatían. Cuando Magheq le pidió que lo esperara, no pudo hacer otra cosa que quedarse ahí tieso, intentando con mucho esfuerzo mantener el equilibrio a la vez que buscaba estabilizar sus mareos.
 
Necesitaba un bastón fuerte a donde agarrarse y entonces fue que aquel sagrado beso cayó sobre sus labios. Justo a tiempo, justo lo que necesitaba. Los fuertes sentimientos del alquimista pisotearon al resto y no fue nada complicado para Aki centrarse solamente en ellos.
Aliviado, se abrazó a ese ser que progresivamente estaba cambiando de una manera extraña. ¿Favorable o perjudicial? No importaba, de cualquier forma ese moreno se las arreglaba para mantener su sensualidad intacta, o tal vez Akira ya se había encaprichado con dicho particular monarca. Sólo… Sólo quería permanecer así un rato más y olvidar cualquier otra existencia a su alrededor, mientras sus rosados labios tan aclamados y su pequeña lengua intrépida correspondían con entereza a la demanda. Yendo de un lado a otro, no desperdiciaría nada de tan venerable comisura.
 
-Salgamos de aquí, no es bueno para mí que haya tanta gente- pidió finalmente, tras relamerse con lentitud, limpiando los restos de saliva que dejó su pareja tras el beso. Entonces arrastró con delicadeza a su compañero, tomándolo de la mano hasta abandonar la pista. Se quitó los patines y retomó su antiguo calzado, aguardando por IV para proseguir el camino.
Iba nuevamente feliz y recuperado en su totalidad, cariñosamente aferrado a la mano contraria y zarandeando la misma hacia atrás y adelante, luciendo ante los espectadores a su pareja con orgullo. Así hizo al menos hasta toparse con un pequeño puesto ambulante que se ocupaba de vender conos de nieve. No parecían de gran calidad y no contaban con demasiados gustos, ¿pero no era acaso eso lo que se hacía en las citas? –Compremos helado- anunció el nuevo objetivo, deteniendo la marcha frente al vendedor y analizando el producto detenidamente. A decir verdad, él no era alguien que se jactase de los dulces, pero uno no le mataría ni tampoco aportaría tantas calorías a su cuerpo –Yo… pediré… algún gusto hecho al agua y no con crema, es más dietético. Este de frutilla… combina con mi chaqueta- superficial, sí. Decisión digna de conejo playboy.
 
Tras recibir su cono se hizo a un lado, dejando espacio para su compañero y observando su aperitivo con curiosidad. Seguidamente dio una limpia lamida desde la base hasta la punta, recolectando una buena cantidad y saboreando con lentitud. Torpeza e inexperiencia en el campo hicieron que estuviese a punto de volcar una gran parte de su helado, pero logró atajarlo justo a tiempo con su mano libre, ensuciándose y chorreándose los dedos con ese pegote rosado –Agh- se quejó, sacudiendo un poco el excedente tras regresar el helado a su sitio y luego lamiendo la palma de su mano. Se detuvo de pronto y llevó su mano frente a la cara del alquimista –Lámelo- movió sus dedos de forma juguetona mientras sonreía travieso, mirando de forma sugestiva al comensal. Evitando nuevos mirones y buscando por primera vez algo de intimidad, se llevó al menor tras unos árboles para que cumpliese su indicación. Ah, los dos a solas tampoco estaba nada mal.
 
Besó la mejilla de quien procuró alguna vez mostrarse como tirano y acercó su boca al oído del mismo –Conozco un aderezo especial para conos de nieve ¿Lo quieres probar?- propuso con sonrisa seductora, mientras desabrochaba los primeros tres botones de su rosado abrigo y camisa. Luego hundió tres de sus dígitos en el helado de su amante y los dirigió a su propio albino cuello, largo y delgado, untándose desde debajo de la barbilla hasta el inicio de los pectorales, mientras aludido pecho subía y bajaba agitado por la helada textura que lentamente se extendía sobre su piel –Pero no te emociones demasiado, tengo hambre, así que cuando te termines tu comida llévame a cenar a un buen restaurante- y tras decir aquello, ensució la punta de la nariz del alquimista con helado, riendo y acercándose a este para limpiarle con su suave lengua.
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Re: Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Jue Ene 23, 2014 10:19 am

Empuñó helado con la diestra cuando el comerciante terminó de rellenar la galleta hueca del sabor seleccionado: Vainilla. Gusto dulzón pero suave al paladar. No era como si fuera a lamer hielo, gustaba del sabor y de la textura de la crema así que muy a posible pesar del conejo, el del extirano si contaría con calorías de más en su organismo tras la ingesta. Rebuscó por su nuevo y entallado abrigo la moneda de pago pero frente a sí dedos frágiles y alargados se removieron tras un imperativo con tintes pícaros consiguiendo que antes de terminar la transacción la boca del alquimista apresase esas falanges sin hacer mayor acopio de vergüenza y arrastró sin hueso por aquellas sin más, limpiando lo pegajoso de lo derramado en gran medida, substituyendo enganchosa sustancia por una traslucida y menos pesada.

Dejó el dinero de manera rudimentaria sobre el aparador que tembló bajo la palma del moreno y entre tiritera y miradas esquivas por parte del comerciante se negó a recibir el cambio, dejándose arrastrar por su amante. No pudo evitar que aquel ojo buscase a su próximo acompañante: Primera cita en toda su vida. Primer intento de patinaje –superado con éxito-. Si bien sus anteriores prostitutos le sirvieron únicamente en la cama con aquel se deleitaba en todo y retorcido aspecto, preocupación por verse en compañía de alguien más en las transitadas calles del helado paraje dejó de ser preocupación. Nadie hasta ahora reconoció al tirano que escondía la cara de las cámaras o de los reportajes que chismosos periodistas pudieran ir buscando algo con lo que lucrarse a su costa. Era un transeúnte más. Eran una pareja más, aunque la gracia, elegancia y inigualable atractivo de quién le acompañaba atrajese de manera constante y repetida miradas de los que parecían quedarse prendados a primera vista del albino, tal vez por ése único motivo no se negó a ser apartado de dónde por común la gente paseaba y agradeció que poco a poco la soledad les embaucase.

Durante corto trayecto no fue capaz de otorgar más de dos lamidas a su propio helado. Siendo que parecía entretenido en eespantar con la mirada a los que miraban más de la cuenta a su compañero. –¿Aderezo?- dedos atacantes hundieron posición en la cremosidad y esponjosidad de la vainilla helada y para grata sorpresa aquello fue untado sobre apetecible cuerpo. Saliva se aglomeró en boca del moreno tentado en profanar lo que parecía una virginal pero muy suculenta dermis. –Sujeta esto.- era su turno de otorgar algún imperativo. Le entregó su helado y cuando se liberó del mismo aquella mano ocupó posición en la curvatura natural de la baja espalda del albino, tecleando los dedos por zona cubierta por mullida chaqueta de felpa.

Asomó sinhueso y emuló el camino de los dedos que lograron mantener la tersura de esa piel erizada debido al frío de lo ahí derramó. Fue burdo, tosco. No detuvo movimientos ni paladeó más de la cuenta. Su lengua reptó por aquella piel en busca de llevarse el sabor robado a su dulce hasta que llegó al límite impuesto por el propio conejo, pero el moreno lo sobrepasó y bajó la lánguida y única caricia hasta el borde del pantalón que tan bien se ajustaba a ése envidiable cuerpo, pero al no rescatar su órgano y acogerlo ni una sola vez durante el transcurso de esa alargada caricia para cuando tocó tela baja ya carecía de saliva. –¿Y si no quiero llevarte a cenar?- su corva posición aderezó a duras penas la espalda y mientras la lengua se recuperaba dientes hicieron presencia sobre el plano vientre mordisqueando justo por debajo de su ombligo, siendo lo suficientemente diestro cómo para que su garganta quedase justo sobre el paquete aún por despertar de su aparente letargo. –¿Y si te quiero encerrar y castigar por lo que me hiciste en tú casa?- dejó la contienda entre dientes y piel para apoyar ahí la boca entreabierta y succionar con la fuerza suficiente como para que ahí restase un muy evidente y muy rojizo chupón. Sabía que a un prostituto no se le debía marcar, pero ése era suyo y nadie más que él tendría permiso para verle.

Otra vez su lengua hizo segundo acto de presencia y retomó el camino que aún lucía con la estela de saliva que él mismo disgregó sobre el lampiño cuerpo, alzándose poco a poco mientras la caricia avanzaba sobre aquel terreno de peligrosas curvas masculinas. Esta vez sí alcanzó su cuello –siendo que posteriormente la caricia se inició en la clavícula- y cuidándose en movimientos rotatorios retiró también de ahí la crema. –Sigo sin perdonarte el encuentro en el baño.- no era eso por lo que estaba molesto y dejó que el tono en tensión hablase por su cuenta: Era la noticia en medio del vuelo lo que le tenía huraño, aunque muy a pesar de estar cabreado se mostraba participe y casi atento a todos y cada uno de los caprichos.

Terminó finalmente con un beso justo detrás de la oreja del albino y se apartó lo suficiente cómo para que su mirada se hundiera en la foránea. –Nada mal.- el aderezo, quiso añadir, empero los temblores del cuerpo del demonio hicieron comprender al ahora mortal que el frío no era amigo de ése delgado cuerpo y valiéndose de ambas manos agarró los extremos de las ropas abiertas, cerrándoselas con brusquedad y aprovechando el mencionado enganche por parte de ambas para atraerle contra sí de ése modo rudimentario que ya tenía por norma, estampando su boca contra la foránea, aprovechándole sin movimientos al estar sujetando ambos helados. Fue un beso tan áspero cómo corto. . –Vamos al auto.-

Agarró su helado con la derecha y con la zurda sus dígitos buscaron enroscarse entorno lo delgado de ése brazo que le acompañaría tirando de él con mucho menos estilo de lo que Akira hacía consigo al incentivar el rumbo, siendo bastante directo en cuanto a los empujes y la dirección a tomar. Definitivamente no estaba acostumbrado a deshacerse por nadie.





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Re: Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

Mensaje por Invitado el Jue Ene 23, 2014 5:43 pm

Anatomía envuelta en escalofríos de placer, pezones erizados y un pene algo incómodo que con esfuerzo había mantenido en su sitio, eran las lamentables características en que el conejo acompañante se dejaba arrastrar por el monarca, aunque no del todo conforme con sus modos. Tsk, ¿por qué era así con él? Le dio un golpe en la mano para soltarse, no lo suficientemente fuerte como para lastimarlo, pero sí para dejarle la suave piel enrojecida y acelerar el paso para tomar la delantera hacia el coche, llegando primero y sentándose de mala gana. ¿Por qué? La verdad es que no estaba seguro, pero aunque la marca en su abdomen no le agradó en absoluto, lo que realmente le cabreaba era el hecho de que el alquimista protestase con su encuentro sexual en el baño. Él, el rey de contiendas genitales, maestro de la seducción experimentado, le había otorgado la bendición de acostarse más de una vez con él, en diversas muestras de impoluta habilidad e incluso accedido a mudarse a tierras poco agraciadas por la moda; aún así ese desagradecido... ¿qué tanto le molestaba? ¿No le había gustado? pft, patrañas ¿Cómo es que entonces su cuerpo había respondido de manera tan formidable? Acaso... No...... No podía ser eso. ¿¡Realmente es que se había estado imaginando a Gintoki en su lugar mientras follaban!?
 
Ceño del de plateadas hebras se frunció considerablemente hasta tornar sombrío y tétrico su semblante. La mirada berrinchuda que antes había huido infantilmente de la contraria, fijando su objetivo en el paraje mostrado a través del vidrio, regresó con lentitud hacia aquel que intentaba asesinar con los ojos y le apuñó visualmente. Tenía que ser una broma y una muy mala. Karma tal vez. ¿Cómo a una criatura deseada por todo ser viviente con el mínimo intelecto o sentido del gusto se atrevía a hacerle eso? Era definitivamente el peor insulto recibido en su vida. ¿Qué había de malo con el cerebro de ese IV? ¿Y por qué demonios tenían que parecerse tanto? Aunque Akira no fuese a reconocerlo jamás, los que oprimían poderosamente su pecho eran los celos. Quería insultarlo, quería golpearlo y luego follarlo hasta dejarle bien en claro a ese moreno quién era el mejor de los Sakatas; pero perder así su aire cool y superado no era su estilo. A Magheq le caería una buena lección en el momento más propicio.
 
Se miró el chupetón rojizo en el abdomen e infló los mofletes, molesto. –No me marques, no me gusta- advirtió a su pareja y se trasladó al asiento trasero para revisar las maletas guardadas, de donde rebuscó durante un rato y guardó algunas cosas en sus bolsillos mientras que sacaba un spray muy extraño y se rociaba con él la zona afectada por los labios del alquimista, cubriendo con pintura su error. –Quien osa marcar mi piel no sale con vida. Agradece mi compasión hacia un simple y mortal numan- sentenció con sonrisa arrogante, pero hablando totalmente en serio. Akira podía ser un demonio muy libertino, pero poseía una política personal muy estricta que jamás rompía. Tras ello, abrió repentinamente la puerta del coche, obligando a diestro conductor a frenar –Comamos aquí- ordenó cual rey con su siervo, bajando del carruaje como toda una celebridad y al hacerlo solo ganándose las miradas de todos cuantos habían en las veredas. Eso sí era reconfortante. Esas miradas anhelantes siempre sabían cómo elevar el ego de uno, y el conejo les sonrió divertido en compensación, arrancando más de un suspiro e incluso algún silbido. Aún así cuando su acompañante lo alcanzó, se aferró ostentosamente a su brazo, jactándose de ser la pareja perfecta.
 
Ingresaron entonces al lujoso establecimiento escogido por el “humilde”, el cual fácilmente podría considerarse morada de reyes por la exquisita decoración, el impactante mobiliario, los bellos trajes del personal y el enorme tamaño que evocaba incluso tres pisos con ambientaciones distintas. El demonio, por supuesto, escogió la planta 3 donde las parejas se reunían y el color rojo de la pasión predominaba, al igual que la romántica luz de las velas y una suave melodía armoniosa de violín. Magheq acumulaba dinero en cantidades de sobra y ahora tendría un buen administrador que le ayudaría a gastarlo y disfrutarlo debidamente.
Se sentaron enfrentados junto a un ventanal que ofrecía maravillosa vista al helado paisaje y los menús les fueron otorgados, tras lo cual, el mozo retomó su marcha antes de regresar en el lapso suficiente como para que se decidieran. Sin embargo el más travieso de los dos estaba muy lejos de prestar atención a la comida que se llevaría al estómago. Observó más bien que su amante se concentrase en su carta y el resto de comensales ignoraran completamente su mesa para en un diestro desliz, lanzarse bajo el largo mantel. De forma desesperada y anhelante capturó la bragueta del alquimista y la desprendió bruscamente, empezando a palpar con sus expertas y tersas manos la protuberancia acogida por bóxer opaco.
 
-No llames la atención, compórtate como un caballero- musitó en tono bajo, sonriendo lascivo y relamiéndose con verdadera ansiedad por comer aquel trozo de carne dormido –Tendré que enseñarte a tratar bien a un conejito indefenso- añadió, amasando con ímpetu ese miembro que siempre le respondía con tanta adrenalina –Amo tu polla, Magheq… realmente me encanta- susurró frente a esta, estirando la tela de aquella prenda interior para sacar por fuera al aludido. Tomó por la base a ese palpitante mástil y lo acogotó maravillosamente entre sus dedos, empezando a subir y bajar con fuerza mientras su boca chupaba un testículo y lo masajeaba con la lengua, imitando el procedimiento con el contrario –Incluso tus bolas son lindas- elogió, acariciándolas con zurda casi amorosamente –Al menos esta parte de tu cuerpo es más sincera que tu boca- y ceño se frunció en maquiavélica expresión en ese preciso instante. Justo que el mesero regresaba para tomar el pedido, tocó el centro de su lengua y transformó un pequeño porcentaje en un piercing agarrado al bendito músculo, pues particular joya se encargaría de duplicar o triplicar el gozo con que estaba por aplastar a su antagonista. Jocosa lengua salió descarada y recorrió toda la longitud de aquella virilidad hasta llegar al glande y tragárselo de forma ruda, hundiendo el resto del largo pene en su garganta, zarandeando por comisura trozo de carne y aumentando un poco más la profundidad en cada vaivén hasta el punto de tentar las náuseas. No estaba siendo lindo y amable, sólo amante salvaje y depravado. El objetivo era turbar a su presa hasta romper por completo el orgullo reseco del mismo y castigarle por condenarlo. ¿Su boca tenía la habilidad suficiente para un perdón? ¿Para demostrar que era el mejor? Akira podía apostar a que una de sus mamadas sin duda eran capaces incluso de persuadir a un rey para tirar su corona a los cerdos.
 
Iba y venía como un animal en celo, una bestia salvaje. Succionaba con sus carnosos labios húmedos, dejando un pegajoso camino de saliva. Movimientos envolventes le permitían arrastrar aquel duro miembro a través de una estrecha y caliente garganta, que latía adolorida por la brusca fricción a la que era sometida, y a la vez acaparar la longitud de Magheq en su totalidad con músculo lujurioso que acariciaba apremiante aquellas grotescas venas, impulsándolas a vaciarse, a rellenarle; y sin embargo en un preciso instante cortó la mamada, sacándose polla abruptamente con un chupeteo para hablar –Perdóname de una vez. No te dejaré correr hasta que lo hagas, idiota. Deja de arruinar nuestra cita de una jodida vez- y con mejillas levemente sonrosadas por tener que llegar a ese punto para amansar a quien lastimosamente nunca parecía mermar con sus cariños ni tampoco importarle, apretó con fuerza el miembro del monarca para prohibirle la salida de esperma hasta que cediera como buen chico –Sólo debo bastarte yo. Valora de una vez todo lo que ha hecho este demonio por ti- y celos afloraron nuevamente, llevándolo a ejecutar un mordisco en el falo del erecto para marcarle en castigo y devolverle el favor.
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Re: Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Sáb Ene 25, 2014 11:43 am

Nunca más pondría en entredicho el refinado gusto de Akira. Mirase dónde se mirase aquel lugar advertía exquisitez, elegancia. Abultados bolsillos del monarca se harían cargo de la muy posible costosa factura, el parné no fue jamás escaso gracias al continuo tejemaneje que se daba lugar en Exules, adinerando al que poco y nada le importaba experimentar con vidas humanas para conseguir objetivos únicamente alcanzados por las manos de UT. Abrigos fueron tomados tras la distinguida señalización del lugar que ambos deberían ocupar, aunque fue la mirada indiscreta del chiquillo que les acompañó hasta la mesa lo que le recordó que aún portaba el gorro que en una distracción el conejo le enguantó. Palma derecha fue la encargada de apoyarse sobre su frente y barrer de un movimiento ligero la lana adherida a su frente, desacomodando el sombrero de su emplazamiento hasta que no cubrió ni un solo ínfimo mechón más de oscura cabellera. Ya se había recreado suficiente en el juego de la indulgencia, tocaba volver a mostrarse tan frío como ése hielo que aún rondaba por la suela de sus botas. A pesar de restar en encubierto anonimato no podía dejar las formas que desde siglos carcomieron ése ínfimo rastrojo de humanidad que le delataba en contadas ocasiones se mostrase de manera tan abierta cómo Akira estaba consiguiéndolo. Debía recuperarse a sí mismo. Al tirano. Al mundialmente conocido como Rey de Exules.

El menú les fue entregado en una muy elegante carta de empuñadura digna de siglos pasados y evitando mirar al que se encontraba tan molesto cómo él mismo no dudó en abrir la perteneciente, perdiéndose entre las letras que descubrían con detalle y pequeñas ilustraciones cada obra de arte –según el cheff- que ahí servían. Un vistazo rápido fue suficiente para comprender que la especialidad del lugar no era precisamente el pescado. –Pediremos carne.- sentenció al paladar del prostituto con aquello volviendo a los imperativos olvidados. Sin embargo no recibir el esperado desacato logró que bajase la carta para descubrir poco más que ése ojo suyo. –¿Ak-...?- la voz de éste fue callada por el susurro procedente de entre sus piernas. Manos en tensión apretaron la carta sujetada ciñéndola bajo tosco agarre. –Aparta de ahí o te...- antes de poder amonestar al arrodillado latente, pedazo de carne se vio engullido por gloriosa garganta. Corrompido por el inconfundible placer bajó la cabeza y volvió a esconderla tras la carta aún abierta, observando hacia las escondidas bajo el mantel. Ahí, bajo pulcra cortina estaba el maldito demonio mancillando.
-¿Señor?- sonrisa angelical, uniforme de camarero y un pequeño bloc de notas en espera de anotar el pedido. –¿Sabe que desea? ¿Puedo recomendar...?-
El monarca dejó caer la carta sobre mesa puesta para callar al que le miraba con gesto intimidado, por UT... Aquella lengua estaba derritiéndole. Su apéndice creció con mayor vigor en boca del condenado mientras el propietario de mencionado musculo intentaba no dar muestra de lo que se ejecutaba frente a las narices de medio restaurante. –Trae carne.- gesto interrogativo en el semblante del camarero fue suficiente para que el que estaba extasiado en su propia marea próxima –demasiado quizás- al éxtasis supiera que debía añadir el plato, el nombre... Pero no pudo, fue incapaz de centrarse en nada que no fueran los movimientos de la cabeza ajena tragándose su polla a una velocidad inconcebible a capacidades numans. –¡Lo que sea de carne! ¡Y lárgate, me pones nervioso con esa mirada!-
Volcó su cuerpo hacia delante apuntando con el pecho la mesa que le separaba del albino, mantuvo la boca abierta, incapaz de tomar aire por otro método que no fuera aquel. Lo incrustado en habilidosa boca se endureció en máximo exponente y gruesos vasos sanguíneos que conducían el paradero de todo el vítae de su cuerpo palpitaban con apremiante impaciencia. Su trasero se arrastró por encima de la silla en busca de un rango de profundidad mayor, animándose y siendo participe de la reyerta que estaba dándose entre sus muslos. Rozaba el cielo, manos tiranas se aferraron al mantelillo desacomodando los platos, los cubiertos. Alguna mirada se direccionó hacia éste pero poco más que un rostro cabizbajo y pecho agitado era cuanto serían capaces de ver, siendo totalmente incapaces de imaginar lo que estaba haciéndose realmente bajo la tabla de madera.

Chantaje directo por parte del albino y su uretra pagó las caras consecuencias no pudiendo expulsar todo lo que en sus testículos abundaba a fuerza de aquellas acometidas bucales. –Sigue...- susurro imperceptible cargado de molestia, aún y pese a estar con la polla reventándole –literalmente- supo apreciar el tono encelado del que le prohibía correrse logrando que agotada sonrisa floreciera en su faz. Movió ambas palmas por encima de la mesa, reptando las mismas para ayudarse a sí mismo a recuperar posición erguida sobre la silla. –Cómo no me dejes terminar tendrás más problemas que un enfado por mi parte, Akira.- habló con serenidad a pesar que algún que otro jadeo escapaba involuntario y sin más preámbulos o alertas bajó su diestra y con movimiento firme y tenaz apartó aquella que le impedía correrse. El mordisco se lo cobraría más adelante, ahora todo cuanto quería era terminar con la agónica sensación de estar en las puertas y no poder entrar. –Come.- a tientas logró agarrar la albina cabellera del conejo impulsándolo hacia su mástil, sin embargo al primer contacto para con la piel de su amante se derramó sobre su cara.

Apoyó la espalda contra la silla y ahogó un gemido mordiéndose mordaz el labio inferior. Fueron varias las poluciones que derramaron lo lechoso y caliente de su esperma sobre la faz del conejo. Cuerpo del moreno se estremecía sobre su asiento incapaz de soltar al otro, no pudiendo moverse debido al placer que le bloqueaba los sentidos. Con el corazón latiéndole bajo el pecho a una velocidad que incluso dolía empezó a recuperarse de su estado y así, mano con la que tiró del pelo contrario le dedicó disimulada caricia al cuero cabelludo antes de volver a tomar lugar sobre la mesa. Agitado, rojo. Aquella mamada había resultado ser, con creces, la mejor de toda su existencia y tan siquiera había podido disfrutarla como hubiera deseado por las posibles miradas que aquello trajera. Aspiró por la nariz y torrente cálido de aliento salió por la boca. –Te perdono.- estaba humanizándose en exceso. Aquello le molestaba, le hacía sentirse más humano de lo que la mera mortalidad implicaba. El muchacho al que antes echó sin templanza regresó con dos platos y los colocó en su respectivo emplazamiento, dirigiéndole miradas esquivas, el hombre parecía no encontrarse bien: Respiraba agitado, estaba enrojecido... Pero el malhumor que parecía vestir al mismo le evitó inmiscuirse y tras abrir el vino se retiró.

Antes siquiera que nuevamente el conejo tomase asiento tomó un cubierto para pinchar la carne que se deshizo al contacto con el metal, cordero, no cabía duda. Ornamentado con todo tipo de verduras para suavizar el sabor de la carne. Se llevó un trozo de tamaño considerable del pellizco ensalsado a la boca mirando con semblante casi divertido el hueco por el que no tardaría en aparecer su compañero de mesa. El temblor entre sus piernas por fin menguó, aunque no el deseo por el condenado con cuerpo de estrella porno.

Dejó el cubierto sobre el mantel y con ambas palmas impulsó su cuerpo hacia atrás, arrastrando consigo la silla. Se enderezó haciendo visible al demonio que bajo el pantalón su erección no había sido satisfecha: Una mamada demasiado magistral para una única corrida. Una mirada. Sólo le dedicó una mirada antes de escurrirse fuera de la encasillada y dirigirse hacia el balcón que no quedaba lejos de dónde su plato guardaba. Ahí contarían con la intimidad suficiente pues dadas las bajas temperaturas nadie sería tan idiota cómo par importunar. Abrió la puerta y su figura se introdujo en la obertura, cerrando tras de sí, aunque convencido que la misma pronto volvería a abrirse. Viento gélido le dio la bienvenida acariciándole las mejillas y enrojeciéndole las mismas junto a la nariz. La nieve hacia manto blanco dónde sus pies pisaban, haciendo sinuoso camino hasta la barandilla que daba a esa calle desolada, nocturna y fría.





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Re: Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

Mensaje por Invitado el Dom Ene 26, 2014 2:47 pm

-¡Ah!- una pequeña exclamación asombrada aunque no lo suficientemente sonora como para que el resto de personas lo escuchase, huyó de los labios del albino al recibir aquel copioso chorro de semen en plena cara. Ladeó el rostro levemente y cerró el ojo próximo al disparador como acto reflejo, pero aún así tanto sus cabellos como mejillas, pómulos, nariz, boca y mentón, acabaron rociados con blancuzca sustancia viscosa -Argh- gruñó en berrinche por lo bajo, limpiándose con el pantalón adverso antes de volver a salir al exterior rápidamente, luciéndose en su asiento con completa inocencia y elegancia -Pudiste aguantar hasta que me lo metiese a la boca- reprochó, inflando los mofletes y tomando el tenedor, mientras jugueteaba con el mismo alrededor de su comida, sin mucho interés real en alimentarse. A pesar de su expresión estaba contento y satisfecho, y su sonrisa no tardó en hacerse progresivamente presente en su semblante, mientras observaba de forma sugerente a su acompañante. Pinchó luego un brócoli y lo comió, masticando pausadamente y bebiendo un trago de vino.
 
Sorpresivamente Magheq se puso en pie, dándole un amplio ángulo de visión sobre su aún rígida entrepierna y se deslizó hasta el balcón, metiéndose en este con una clara invitación para su acompañante. El conejo rió divertido, pero se tomó su tiempo con tranquilidad. Devoró todas las verduras del plato y dio un par de degustaciones a la carne, encontrándola bastante buena aunque prefería las cosas con menos calorías; y finalmente llenó con vino las dos copas que reposaban en su mesa. Con estas siguió al alquimista tras haber dejado el dinero por la cena sobre la mesa. No quería que se congelara, aunque hacerle pasar por algunas pruebas de resistencia le divertía.
 
En silencio abordó a la cita en el balcón con su disfraz de conejo, afirmándose contra la barandilla de lado, en pose sensual. Dispuso en la mano de su amante la copa correspondiente y un grato plus extra que se había tomado la molestia de recoger: su abrigo. Lo ayudó a ataviarse para prevenir algún nuevo resfriado o peor, una recaída. Ya suficiente frío había padecido el tirano, cuyo semblante enrojecido evidenciaba la tediosa espera.
Nadie los molestaría ya y la suave música del violín complementaba la velada ideal. Akira entonces rodeó el hombro izquierdo del alquimista con el brazo cuya mano sostenía su copa, acabando dicha vajilla cerca de la nuca del humano, y su otra palma acarició con tersura el cuello del monarca, subiendo por su mandíbula diestra hasta la mejilla que dulcemente palpó con sus dígitos. Pelvis se unieron, frotándose en castos contoneos y lentamente los finos labios rosados del albino se aproximaron a las vendas que cubrían donde antaño hubo un ojo pero ya no. Besó con dulzura los lienzos de una trágica escena y estos adoptaron la exacta forma del ocelo adyacente, mismo color e incluso mismas pestañas.
 
-Aunque sólo pueda cerrar estas heridas por un par de horas y realmente no sea capaz de volver el tiempo atrás, al menos por estos minutos y sólo conmigo puedes volver a latir y respirar- hizo silencio un instante, dedicándole sólo una sonrisa serena a su amante -Feliz navidad, Magheq- anunció, soltándolo para chocar su copa contra la de él y beber el exquisito vino, mientras reía con ironía. No es que creyera en el significado de esas fiestas de la mano del catolicismo, pero sí desde la perspectiva nipona, donde siempre habían sido oportunidad de encuentros y acercamientos para las parejas -Date la vuelta- ordenó, dejando su copa sobre la barandilla y girando al alquimista. Entonces sacó de su bolsillo una medalla aparentemente tallada en roca roja y con una antigüedad verdaderamente ancestral, la cual cruzó por delante del pecho del amante y ató tras su cuello -Este es tu obsequio. ¿Te gusta?- preguntó, abrazándole a la altura del ombligo y apoyando su barbilla sobre el hombro de este -Hace mucho, mucho tiempo atrás, casi un milenio, bajé por primera vez a la tierra cuando sólo tenía cinco años. Era una navidad como esta también y por ser fecha tan sagrada, mi tutor Ayperos decidió hacerme una prueba. Me dejó en un bosque cercano a una villa japonesa y allí fue donde conocí a un hermoso niño, era tan lindo como una muchachita y el dueño de este pendiente- contó con cierta nostalgia y delicia ante tal inolvidable remembranza -Es irónico cómo el destino me hizo quedarme con esta reliquia tan poco conocida que lleva el símbolo del dios sol "Magheq" y hoy mis caminos se unieron a los tuyos. Pensé "No puede ser una casualidad". Si tomé esto ese día, probablemente fue para hoy poder obsequiártelo a ti-
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Re: Christmas led me to you again [Priv. Magheq]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Lun Ene 27, 2014 6:27 pm

El vendaje que siempre y desde fatal incidente le acompañaba para cubrir el desastre ahora le importunó, renacidas pestañas chocaron contra la tela y un sorprendido alquimista se llevó la mano a la misma, apartándosela con incredulidad. La felicitación de las fiestas chocó contra sus oídos cuando el moreno y menor de los dos hombres pudo vislumbrar con ambos luceros al albino. No atinó tan siquiera a llevarse la copa a los labios, encontrándose demasiado impactado por el presente. Dejó aquella cristalina bajilla sobre la pétrea barandilla y se palpó con gesto escéptico el lugar dónde ahora si tenía un ojo, delineándolo con extremo cuidado. –Akira...- la conmoción hizo hueco en su sorprendido timbre. Sabía que aquello era efímero, no obstante se permitiría disfrutarlo. Tan deslumbrado estaba con su presente que no dio muestras de cólera ante el imperativo, obedeció sin pelea, sin común gesto de enfado. Frente a sí el horizonte nevado y oscuro le daba nueva oportunidad de emprender nuevo rumbo en esa vida destinada a la venganza.

Fragilidad recayó contra su torso y con mano diestra la alzó lo suficiente para poder apreciar la misma entallada en roca, por lo mientras, escuchó callado la historia del albino perdiéndose en algún punto de la misma cuando ambos ojos se centraron en la forma, el color... ¿No era...?. –¿Has dicho Ayperos?- ¿Había mencionado a ése estúpido demonio en algún punto de su relato? Se vio obligado a negar con la cabeza, cómo si aquello no hubiese sido posible, sin embargo, la historia si encajaba con cierto retazo de su pasado. –Era navidad.- murmuró, admirando aquella medalla que se ahuecaba en la palma de su mano. –Argus (Tú lo conocerás como I), quién me crió y educó cómo a un hijo más se durmió a mi lado del futón, pero... Yo no tenía sueño.- el frío hizo mella en el alquimista, quién encogió algo el cuerpo para que el abrigo le entapiase de manera más voraz. –Salí al bosque y un niño de grandes ojos rojos...- el recuerdo era lejano pero exacto. Giró su posición para encararse a los carmesí del demonio antes de proseguir: Era él. El condenado demonio ladronzuelo de tantos años atrás. –... Me arrebató lo único valioso que tenía por aquel entonces.- liberó el colgante del blandimiento protagonizado por su siniestra y éste reposó nuevamente contra su torso, para entonces llevó aquella de dedos fríos hacia la mejilla de Akira, refugiándole ahí en lo que su mirada le apuntaba con cierto aire acusador. –Así que... “Muchachita”.- recalcó las palabras del otro mientras su ceño tomaba fruncido gesto, dándole aspecto hostil pero no excesivamente molesto. –Yo recuerdo que le confundí con un zorro.- y es que el aspecto de aquel par de orbes en medio de la oscuridad lograron que el actual rey de Tenebris temblase de pies a cabeza, aunque la cosa por ése entonces no mejoró al descubrir al demonio.

El agasajo terminó por morir en el mentón adyacente, al que le dedicó un débil empujón que le obligó a alzar la cabeza de manera mucho más contundente y exacta. Besó con extremada delicadeza impropia del tirano aquellas dos voluminosas carnosidades rosadas, casto, efímero. Volvió a retomar distancias para contemplar aquel que era importunado por la fría brisa y llevó ambas manos hacia la capucha del abrigo de su pareja, cubriéndole lo –ahora- desordenado de su cabello con la misma, las orejas que decoraban aquel disfraz cayeron a los laterales del rostro foráneo, dándole un aspecto aún más dulce con el que de por sí esa noche ya le veía.

¿Por qué no bajaste antes?- la melancolía se hizo hueco esta vez. De haber obrado otro tipo de relación, tal vez no hubiese sufrido amarga tragedia que aún aparecía en sus peores pesadillas, tal vez el infante perdido sería ahora un niño feliz de blanca cabellera. Si las cosas se hubiesen dado de otro modo, tal vez no hubiese renegado al modo de actuar de Argus y ahora sería una clase de persona totalmente distinta y.. feliz. La sola idea le hizo suspirar con desazón y para antes de que Akira mencionase nada buscó con su mano la desnuda de su compañero, acariciándole los nudillos con el pulgar en lo que el resto de dígitos se enlazaban. Tiró sutilmente de él hasta tenerle contra su torso y fue entonces que bajó la cabeza para aspirar de su aroma embriagador, de ése con aromas dispares pero dulzones. –Iría al mismísimo infierno para perseguirte ahora.-





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.: FLASHBACK :.

Mensaje por Invitado el Mar Ene 28, 2014 9:51 am

No tenía más de cinco años y no llevaba grandes progresos en mi entrenamiento. No me destacaba por alguna fortaleza o poder significativo y mi tutor Ayperos… él disfrutaba con mis fracasos, aplicándome castigos sexuales desde aún menor edad. Aquel día especial era navidad y ese que tenía pleno derecho sobre mí, decidió llevarme a la tierra por primera vez. No conozco bien las razones, pero nunca me permitían venir al mundo humano, quizás por ser joven buscaban mantenerme en un entorno lo suficientemente oscuro como para que mis sentimientos no flaqueasen. La verdad es que poco y nada se me comunicaba, excepto medidas ya tomadas sobre mi persona. Yo aceptaba todo, a esa edad como cualquier hijo, únicamente deseaba llamar la atención de mi padre, que correspondiera mi amor, que me mirara con orgullo… y sin embargo sólo tenía ojos y palabras para esos desgraciados trece humanos. Fue así que Ayperos decidió aprovechar mis celos y odio contra dichas criaturas como impulso para mis técnicas. Él siempre intentó alimentar mis poderes por medio de la oscuridad de mi corazón.
 
Todavía recuerdo bien cómo un fuego ardió en mí cuando mi tutor me liberó en ese bosque, diciéndome que este se ubicaba cerca de una villa en la que se hospedaban algunos de esos humanos que mi padre admiraba. La meta impuesta por mi superior era que analizara al más adecuado para mi nivel y lo matara, quedándome con un trofeo para constatar que había cumplido con mi misión. Yo estaba determinado a triunfar y mis pasos fueron seguros, precisos. Avancé entre los árboles revestidos de blanco, hundiendo los pies entre la nieve acumulada y entonces tuve la fortuna de toparme con uno de ellos. Era un chiquillo incluso menor que yo y algo más bajo. A primera impresión y aunque la negatividad me dominaba, pude destacar su belleza. Lindo, hermoso como una bella muchacha de finas curvas, piel nívea y cabello sedoso. Me sentí abruptamente atraído, pero eso no mermó mi odio. ¿Qué tenía de especial o maravilloso? Para mí no era más que un mocoso idiota, haciendo cosas sin sentido… y peligrosas. Yo me encargaría de eso.
 
Salí de detrás de los árboles que me refugiaban y empecé a acercarme con lentitud y sigilo, manteniendo mi rojiza mirada clavada en su bonita figura a la que pensaba quitar vida. Pero… ¿exactamente qué le haría? No tenía armas ni habilidades de ningún tipo que funcionaran para el combate. ¿Qué más daba? Le golpearía con cualquier cosa hasta reventar su cráneo. Un pequeñajo así no podía tener mucha resistencia. De modo que recogí una roca del paraje y se la lancé directo a la cabeza, juntando luego una rama espinosa que sería mi espada –Crío estúpido, ¿qué se supone que haces solo por estos lados? ¿Estás buscando morir? ¿Te crees la gran cosa para andar por tu cuenta en un bosque lleno de alimañas y depredadores?- sonreí de lado ante mi clara provocación. No quería sólo destruirlo sin más, primero me quitaría el enojo torturándole un poco y denigrándolo verbalmente –Pareces una mujerzuela, qué lamentable… ¿siquiera eres un niño?- Padre odiaba a las mujeres ¿entonces por qué lo quería a él? Eso me cabreaba, me hacía crujir los dientes de rabia.
 
Yo no era fuerte como el resto de demonios, pero sí en comparación a un humano. Lo que más destacaba de mis capacidades era la destreza y velocidad. Por supuesto, haciendo gala de ello, me deslizaba hacia delante y atrás, entre los árboles, alrededor de él, impidiendo que pudiera seguirme el rastro o evitar los constantes golpes que le impartía con la rama por todo su cuerpo hasta que pude darle un potente zarpazo en plena cara y arremetí contra él, montándolo en el suelo y apretándole el cuello –¿Qué tienes realmente de bueno?- y tras mirarlo detenidamente, debí realmente saciar mi duda sobre su sexualidad. Conduje mi diestra a su entrepierna y apreté el aparente bulto –Ja, sí eres un chico después de todo, aunque por poco- se burló, apretándole más fuerte. Sabía que esa zona era muy frágil y dolorosa, lo sabía por experiencia propia de las múltiples torturas a las que era sometido por quien se encargaba de su tutoría.
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