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Two kinds of happiness || Fuku

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Two kinds of happiness || Fuku

Mensaje por Valefar el Sáb Ene 04, 2014 7:23 pm


Two kinds of happiness
FUKUWA || EN UN SEÑOR PALACIO

Como siempre nadie se presentaba antes el propietario sin ser llamado. Sacó con cuidado la flor que el extravagante chico del casco le había regalado, depositándola entre las páginas de un libro de la estantería que adornaba la habitación. En su momento leyó cada una de las historias, algunas fantásticas, otras sobre caballería e incluso libros sobre bioquímica. Lamentablemente sus favoritas se habían perdido siglos atrás, antes de que los alquimistas volvieran a crear el mundo a partir de cero. Cerró el libro titulado «Lo que hay más allá del agujero de los donuts», dejando la flor atrapada justo entre las páginas del centro; sin embargo, en vez de devolverlo a su sitio, lo dispuso sobre la mesa de lectura, de manera que más tarde no le costara encontrarlo. Acarició su tapa antes de volverse hacia Fukuwa, quien, una vez más, le dejaba sin palabras y con grandes ganas de reír. Y, contra todo pronóstico, esta vez sí lo hizo.

No fueron estridentes carcajadas, sino una mesurada. Colocó una mano frente su boca, la otra apoyada en la cadera. Pese a haberla soltado finalmente, aún se contenía para no acabar en un ataque. De verdad... ¿existían personas así? Aunque aquello fomentaba su curiosidad, apenas le preocupaba, a fin de cuentas en el momento donde dejara de entretenerle lo tiraría al igual que los demás juguetes. Quién sabe, quizá le había gustado llevarlo. Tomó una profunda bocanada de aire, calmándose al fin. Se acercó hasta agacharse delante del muchacho, quitándole él mismo el casco.

Sé que es un casco bonito, pero una vez te bajas de la moto es normal quitárselo.“O, en tu caso, al entrar a mi casa”, aunque eso se lo guardó para él mismo.

Fin del descanso: comienza el verdadero juego. Ya no había manera de que Fukuwa escapase de él, ahora Valefar jugaba en casa y eso le daba mucha más ventaja de la imaginada. Sin saberlo, se acababa de meter en la boca ya cerrada del lobo, si todo iba bien al final de la velada lo estaría saboreando.

Seguidamente, tras abandonar el casco en el suelo, tomó al chico de la mano: — No te sientes ahí, el suelo es bastante incómodo, ¿no te parece?

Después de sentarle en el sofá se dirigió a un pequeño minibar escondido tras las puertas de madera de uno de los muebles, aclarando lo sediento que debía de estar y sacando un par de bebidas sin preguntar. Podríamos esperar un surtido enorme de bebidas alcohólicas, mas las predominantes eran las gaseosas o los refrescos sin gas, cualquier opción era válida. Por esa razón y por no saber apenas nada del otro, se decantó por las más neutrales: zumo de naranja y agua. Quizá algo más caro habría estado en mejor sintonía con el ambiente, como una buena botella de vino, pero, al menos por el comportamiento que había observado en él hasta ahora, ese tipo de cosas no le gustarían. Junto a las botellas dos vasos de cristal.

Al igual que las cortinas, el sofá era de tonos cremosos. La mayoría de muebles eran de esas tonalidades, de hecho era a propósito, para que tanto el interior como el exterior del hogar combinasen. Sería bastante chocante encontrar unas cortinas verde brillante junto a un sofá negro teniendo azul en los tejados y blanco hueso en la fachada. Como guinda del pastel, los suelos estaban hechos de una madera algo más oscura, para diferenciarlas de las mesas o los armarios. Hasta la esquina más recóndita estaba pensada a detalle, incluso las flores de las habitaciones o el diseño de los vasos. Un poco enfermizo, pero a él le gustaba así.

Se sentó con las piernas cruzadas a la izquierda de Fukuwa, apoyando el brazo derecho sobre el respaldo del sofá, justo por detrás del chico. Había dejado ambos vasos llenos: uno con agua, el otro con zumo. No había tocado ninguno, se conformaría con la bebida que su acompañante no quisiera. Girándose parcialmente hacia el invitado, comenzó a hablar.

Fuku, siento curiosidad, ¿de dónde eres?—preguntó con voz pausada, posando con suavidad su mano en una de las rodillas del contrario, sin quitarle ojo de encima.
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Re: Two kinds of happiness || Fuku

Mensaje por Invitado el Miér Ene 08, 2014 11:02 am

Se dejó conducir por aquel hombre amable que parecía tan interesado en él. Valefar era extraño, especial, o algo así creía el morocho, pues generalmente las personas no le atendían de aquella manera sino que más bien preferían alejarse lo más posible. Definitivamente no estaba acostumbrado a ese tipo de tratos ni a la gente amable. El guardián de Patriam le tenía sobrecogido y desorientado, pensando preocupado cómo comportarse o reaccionar a los eventos inesperados que se le presentaban delante. La única existencia conocida para Fukuwa era la del maltrato y esclavitud, motivo por el que había perdido la individualidad, la capacidad de soñar, aspirar o forjarse una voluntad propia. El único instante en que recibió afecto, fue estando en pañales y justo antes de pronunciar “mamá”. Anhelar una familia, un hogar, habían sido su condena.
 
Acabó sentado inesperadamente en un mullido sofá de aspecto tan confortable como en verdad lo era. Sus ojos se ampliaron ante la extraña y suave sensación que invadió a sus nalgas. ¡De verdad que eso era lindo y a él le encantaba ese tipo de texturas! Le perdió la pista a Valefar, concentrado en su propio trasero, y maravillado como un extraterrestre que recién comenzaba a explorar el mundo; se agitó arriba y abajo con curiosidad, viéndose brincando por los resortes del asiento. Se detuvo cuando notó las copas con diferentes líquidos sobre la mesa y ya que se ubicaban frente a él, asumió que su deber era beberlas. ¿Otro análisis? ¿Qué efectos le causaría esta vez? Tragó saliva, preocupado y nervioso, aunque su expresión no lo dejaba apreciar tan nítidamente, y alzó ambos recipientes, uno en cada mano, observándolos con intensidad durante varios minutos. ¿Acaso tenía que beber primero uno y luego el otro? ¿En qué orden? ¿Quizás ambos a la vez? Valefar en verdad era extraño. ¿Por qué no le daba instrucciones detalladas como los científicos o el director del orfanato? Suspiró y optó por tomarse rápidamente el zumo y luego el agua sin detenerse siquiera a respirar, como si aquello fuese un reto.
 
Cuando acabó se sentía muy cansado e incluso hasta mareado por falta de aire. Su pecho subía y bajaba más rápido de lo normal, hasta se veía en la obligación de fruncir los labios para no dejar escapar un eructo y para colmo de males, obviamente que le habían dado ganas de orinar tras tomarse todo ese líquido. Fina capa de sudor recorría su frente, a la vez que observaba los alrededores con nerviosismo, sin siquiera haberse percatado en algún momento de la pregunta hecha por el dueño del hogar. Fue durante dicha extenuante investigación visual que se topó con la cadera del mayor y descubrió un llavero muy particular que colgaba de su bolsillo, el cual tenía la forma de un lindo gatito negro. Fukuwa lo miró con especial emoción y sin lograr contener su curiosidad y encanto por el adorable juguete, extendió su mano y lo tomó, acercándolo luego a su rostro para detallarlo.
 
¡Se articulaba! Las orbes del de negra cabellera resplandecían como las de un infante, mientras contorsionaba las patitas del felino con gran euforia, aunque su rostro continuara inexpresivo. Le hacía saludar, inclinarse y buscaba de colocarlo en diversas formitas como la de un círculo, un corazón, un cuadrado. Realmente le gustaba. Los juguetes eran una de las aficiones que el vampiro no había perdido, a falta de ellos en su niñez. Nunca tuvo propios. Si alguna monja se le compadecía en el orfanato y le obsequiaba uno, los demás chiquillos se lo destruían o robaban, tampoco le prestaban ni le permitían usar los que el director les facilitaba para el grupo. Era una escoria indeseable y nadie se tomaba la molestia de demostrar lo contrario o velar por él, excepto que atentaran gravemente contra su vida.
 
Sin embargo todavía no resolvía el problema de su vejiga y orinar se le volvía cada vez más urgente. Le dolía contenerlo, tenía que liberarlo. Se puso en pie repentinamente y corrió hasta una esquina del palacio, abriéndose con presura la bragueta del pantalón y sacando su pene por encima de la ropa interior para mear allí mismo, tal como estaba acostumbrado a hacer en las celdas de castigo donde siempre era mandado en el orfanato o el cuarto vacío en que le mantenían clausurado los científicos. ¿Baño? Fukuwa ni siquiera sabía lo que era eso. Lo más similar que sus ojos vieron durante su longeva existencia fueron pozos en la tierra.
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Re: Two kinds of happiness || Fuku

Mensaje por Valefar el Dom Ene 26, 2014 4:10 pm

Había muerto. Se negaba a creerlo. Y si todavía respiraba era por poco. Incluso Valefar se olvidó de todo por un instante, en el que su mente fue llenada exclusivamente por una oración: no te rías. Pero cuando la vida te da la opción de llorar o explotar, eliges la segunda. No cabía en su asombro. ¡Quién le diría a Valefar que a estas alturas de la vida algo le tomaría por sorpresa! Sin embargo, en el momento donde ambos montaron en la moto debió haber dado rienda suelta a su imaginación exagerada y saber que esta situación no era tan remota, aunque sí tan inverosímil como parecía a primera vista.

Con un intenso dolor en el estómago se echó en el sofá, rodeando con un brazo la zona dolorida mientras se enjugaba las lágrimas con el otro, mas estas no dejaban de salir al igual que sus hermanas Carcajadas.

Ahí no, Fuku... ahí no.—Logró decir haciendo un esfuerzo sobrehumano para no fragmentar demasiado una frase tan corta. Ya ni siquiera le miraba, muy ocupado en desahogarse.

Sentía desvanecerse el disfraz que lo envolvía. En un parpadeo quizás le costara recuperar el papel tanto como el aliento; con cada lágrima vertida se alejaba a pasos agigantados y cuando quisiera percatarse estaría desnudo frente al invitado. No obstante la preocupación de mantener el engaño hasta el fin del juego desaparecía progresivamente, al mismo tiempo que se perdía en el olvido aquella falsa sonrisa amable. Su lógica convenida se negaba permitir que, el que ahora marcaba como su territorio una esquina del palacio, fuera el único en expresarse libremente. A fin de cuentas Valefar seguía siendo un niño pequeño que veía el mundo como una gran casa de muñecas, si él no podía ser quien más disfrutara no tenía sentido. No soportaba la libertad ajena. Esa posición era para quienes se resistían a bailar para él. No obstante era lo suficientemente maduro como para saber que no podía obligar a todos a complacer sus deseos, por lo tanto, si Val perdía el control del juego al menos no dejaría que otros lo obtuvieran; esa era su filosofía. Mejor que perder era empatar, pero mejor que empatar era ganar; si ganar se volvía un imposible preferiría compartir sus muñecos a dejar de jugar.

En un caso tan particular, si Fukuwa no se comportaba, Valefar tampoco lo haría. Pese a él no reconocerlo y autoconvencerse de lo contrario, la frustración era lo que, realmente, en esos momentos le carcomía y empujaba a esa decisión. La manera en la que había reaccionado le parecía entretenida, pero no quitaba lo enfadado que en el fondo se sentía al ver sus acciones caer en saco roto. O dicho de la peor manera, odiaba ser ignorado, incluso la sola palabra hacía que le hirviera la sangre. Tras la diversión que Fuku representaba, Val se enfrentaba al peligro de caer en el enojo. Por suerte le quitaba importancia al asunto considerándolo “una pausa para ir al baño” o excusándolo con la extrañeza del propio chico; un juego con dificultades, eso es todo, se decía. Le había irritado de veras, sólo se negaba a ser consciente de ello y una manera de devolvérsela era comportarse todo lo mezquino que realmente era.

Se levantó de un brinco, aún con una gran sonrisa en los labios. Chasqueó los dedos y pronunció un nombre en un susurro, como por arte de magia cruzó la puerta uno de sus nuevos “empleados”, dispuesto a cumplir las órdenes del señor del castillo.

Límpialo.—Señaló con un movimiento conciso de cabeza la esquina degradada a baño. Con paso ligero se acercaba al lugar de Fuku, una vez este terminó con las ganas.

Sin pudor ninguno le subió él mismo la bragueta, con todo lo que ello conllevaba. Sin soltar la cremallera una vez subida, tiró hacia él de ella, mirando firmemente al chico. Mientras, el atractivo sirviente se excusaba para ir a por la fregona.

Fuku, este tipo de cosas hazlas en el baño, ¿quieres?—no lo dijo con tono reprochador, sino con uno totalmente despreocupado, en concordancia a su expresión—. Te enseñaré dónde está, y si insistes hasta cómo se usa—rió.

Tomó su mano con resolución, saliendo por la puerta y conduciéndolo por toda clase de pasillos. Los adornaban grandes obras de arte que revelaban mucho sobre el cuerpo humano, la mayoría de ellos poseían un alto contenido erótico. La apreciación de su colección de arte concluyó con el descubrimiento del baño más cercano, tan amplio como el de un hotel de cinco estrellas, blanco e impoluto.

La próxima vez que sientas ganas hazlo ahí, ¿ves?, en el retrete—señaló con el índice—, no te confundas con la bañera, la papelera o el grifo—se burló de él con un poco de malicia, sin embargo ahí no terminó. Tiró de su mano, atrayéndole hasta pasar un brazo por su cintura—. Aunque espero que no dejes de sorprenderme.—Concluyó, dándole un suave beso peligrosamente cerca de los labios.

Y es que cualquier momento era bueno para intentar algo.
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Re: Two kinds of happiness || Fuku

Mensaje por Invitado el Jue Ene 30, 2014 6:02 pm

Wooooooooooow, el baño era definitivamente otro mundo aparte, así como cada habitación o pasillo que recorrían. El tamaño era impresionante y aunque había llegado a este con las mejillas sonrosadas, no era por lo impactado que la casa le tenía, sino por la decoración lujuriosa de la misma. No es que Fukuwa fuese un ignorante ni tampoco un experto en la materia sexual, pero estaba seguro que las poses de esas estatuas se asemejaban a algunas cosas que le habían hecho los científicos a él y aquellos recuerdos le lograron erizar la piel. Sin embargo, antes de que sus ojos se acostumbraran al nuevo entorno, el torso de Valefar le recibió cálidamente y sintió una mano firme y amplia posada sobre su cintura.
 
El beso cerca de comisura resultó en un sonrojo palpitante sobre los pómulos del menor, quien definitivamente no esperaba aquello. ¿Eh? ¿Qué lo sorprendiese? ¿Cómo podía hacer algo así? Jamás le habían pedido nada similar. Sintió las piernas flaquear mientras los labios foráneos continuaban sellados próximos a su boca y a pesar de que sus manos se aferraron a la cintura de quien le estaba abordando descaradamente, pudo ser consciente enseguida de cómo algo se descontrolaba en su interior y estallaba. No, no fue su corazón o alguna arteria lo que reventó por la presión emocional a la que estaba siendo sometido repentinamente, sino el grifo que salió volando por obra de su telequinesis. Tan mal obrante fue la condenada grifería que golpeó fuertemente la nuca de Fukuwa, haciéndole besar abrupta e involuntariamente a su compañero; y por supuesto, el agua fría que salió disparada tras la pieza de metal, bañó toda la espalda del culpable.
 
Se hizo un ápice hacia atrás, mirando con miedo y completa vergüenza al rubio que había sido “violado” por su boca. Rojo, tan rojo que parecía como si tuviese una hoguera dentro de su cabeza. –¡S-Sorry!- se disculpó, temeroso de que su fallo pudiese molestar a ese buen hombre que tan bien le había tratado hasta el momento. Aún así no fue capaz de concentrarse demasiado en la reconciliación porque el golpe del grifo aún punzaba en su nuca, haciéndole comenzar una tenue jaqueca. Para colmo de males, se había empapado toda la retaguardia y se encontraba tiritando frente al dueño del hogar de forma lamentable. Fukuwa tenía serios problemas con el agua por culpa de ser un ser caracterizado por el elemento fuego, y esta lo debilitaba considerablemente. Necesitaba secarse rápido o le traería más inconvenientes a su cordial anfitrión.
 
Valefar era lo único cálido en aquel ambiente húmedo y el exótico vampiro no quería desprenderse de él o sentía que definitivamente acabaría desparramado en el suelo. Con la frente apoyada contra el pecho de su acompañante como único firme sostén, empezó a desabotonarse el pantalón hasta que este cayó pesadamente al piso, dejando al descubierto unas lindas y lampiñas piernas blancas, escuálidas por la falta de ingesta. Tras eso se despojó de la sudadera con cierta dificultad y la prenda terminó junto a la anterior. Aún le quedaba un pequeño bóxer que le apretaba bastante y en el cual se apreciaban algunos dibujos animados algo descoloridos. Definitivamente hacía muchos años desde el estreno de esa ropa interior y no se animaba a quitárselo frente al extraño por puro pudor. Ya suficiente bochornoso era andar luciendo su torso a la intemperie, en el cual resaltaban las costillas y los pezones suaves, sutiles, casi infantiles y rosados.
 
Se sostuvo fuertemente de nuevo por las prendas del favorecido de UT y extendió su brazo libre hacia atrás para coger la toalla que reposaba en el perchero. Secarse la retaguardia se trataba de una actividad un poco dificultosa para un chico torpe como él, pero pedir ayuda sería algo… incómodo. Suspiró, percibiendo el aroma de aquel dulce cuerpo que se colaba a través de su nariz y el trapo se le cayó por andar distraído. Agh… ¿cómo lo alcanzaría? Giró un poquito su figura para mirarlo lastimeramente. Las piernas le temblaban lo suficiente como para convertirle algo tan simple en una misión compleja. Aún así, agarrándose muy fuerte del opuesto empezó a deslizar sus manos progresivamente junto con su cuerpo hasta llegar al suelo y juntar el paño, no sin antes jalarle accidentalmente los pantalones al dueño de casa y dejarlo en ropa interior; hecho que por supuesto subió los colores de Fukuwa hasta transformarlo en una suculenta manzana roja.
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