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Mensaje por Noah "Thánatos" Evans el Jue Ene 02, 2014 8:55 pm


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ÉMILE "KAZ" XII. RUTKOWSKI || EN UNA ZONA BOSCOSA

Se da el capricho de cerrar los ojos dos segundos, con la tenue luz que se colaba entre las hojas heladas bañando su cansada expresión. Respira por la boca suavemente, reduciendo su presencia. En ocasiones sentía cómo le faltaba el aire, sin embargo pronto pasaba, dejando en su lugar un intenso agobio que se aferraba a sus pulmones con garras y dientes. Había corrido más allá de sus fuerzas y quizá todavía tuviera que hacerlo. Los pasos parecían alejarse cuando de repente volvían. Con el corazón en un puño no podía hacer más que guarecerse entre matorrales, esperando por el momento para saltar del escondite y correr, correr muy lejos.

Echó una mirada de soslayo fuera del matorral. La había cagado hasta el fondo. Fuertemente apretó los párpados. El guardia se alejó. Venir a un lugar como Pruína, pensándolo bien qué lógica tenía. No se trataba de una gran ciudad con habitantes de sobra, con un número tan reducido... desaparece uno y cada vez le dan más importancia al repetirse noche, tras noche, tras noche. Sin embargo el error principal no era este, sino negar tal metedura de pata. Pese a poder excusarse en su relativa juventud, eso no le ayudaría a salvar la vida. Debía aprender a abandonar su orgullo ante sí mismo.

Apretó los dientes. Hoy, más que ningún otro día, sentía al frío calándole hasta los huesos conforme la capa de nieve se hacía más gruesa a su alrededor. El clima le agradaba, le hacía sentir más ligero, al contrario que el calor, sin embargo sería por su liviana ropa, la punta de cada dedo gritaba por el dolor. Se resistía a temblar, tampoco se quejaba, a fin de cuentas había sido él quien había decidido abandonar el cálido abrigo en una de las muchas ramas, esperando despistar a los perseguidores. Sólo le preocupaban las huellas que, aunque pocas y ligeras, delataban su escondite; pero, en su beneficio, más fuertes eran las que marcaban el camino hacia la prenda olvidada. Quizá la nevada ya se encargó de borrar las primeras, quizá ya estaba a salvo, pero no podía quitárselas de la cabeza. Era aún un gesto inconsciente, sin embargo en una parte de su ser sabía perfectamente que una de las razones por la que habían dado con él fueron las múltiples señales que dejó esparcidas por las escenas del crimen. Frunció el ceño por milésima vez en el día; no había alcanzado la perfección.

Con cuidado salió de su escondrijo, tras esperar un tiempo prudencial a partir del último ruido oído. Había pasado horas inmóvil en ese matorral, al salir casi podía ser confundido con un cúmulo más de nieve a los pies de un árbol. Miró a su derecha, luego a su izquierda, y lentamente comenzó a gatear, repartiendo así el peso, reduciendo la profundidad de las marcas. Asimismo se trataba de una manera de aprovechar el manto blanco que lo cubría. Sin prisa pero sin pausa, se alejaba de Pruína. Por el momento el objetivo era dar con algún lugar donde descansar y mañana, con fuerzas repuestas, proseguir su escape a otro país. Elegiría destino sobre la marcha.

Continuó de ese modo hasta que las manos dejaron de sentirse reales. Entonces, erguido y empapado por la nieve, apoyó la espalda contra un árbol, descansando un instante que quizás prolongara por varios minutos. En mitad de la calma después de la tormenta era lo que necesitaba: pararse a respirar. Observó su entorno, lo único que variaba era la posición de los árboles, lo demás era igual de blanco. Estaba exhausto. Resbalándose por el tronco acabó sentado a los pies de aquel monumento de hielo. Estaba siendo una persecución demasiado intensa, demasiados larga.

Off. No vi ningún apartado tipo "bosquecito deshabitado", así que... bueno, le tocó a las montañas, que son muy grandes (?).



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Re: Just made this mess # Flash-Back || Kaz

Mensaje por Émile "Kaz"XII. Rutkowski el Jue Ene 02, 2014 11:12 pm

Los soldados habían salido a buscar al individuo más peligroso en ese momento sobre las heladas tierras de Pruína. Y era que esa tierra helada se había convertido en uno de los pocos lugares donde realmente se podía decir que había paz. Los gemelos eran los encargados de gobernar sobre la misma, Émile como gobernador y su hermano como líder del ejército. Casualidad o no, lo cierto era que el menor de los gemelos no había tomado cartas en el asunto respecto a aquél asesino, dejando a su hermano y el ejército como encargados de resolverlo. Y sin embargo, la búsqueda había llegado hasta un lugar alejado en las montañas, allí donde el azabache mantenía una pequeña cabaña cerca de un nido de zorros polares. A veces, cuando lograba escapar del castillo y de los miembros del consejo, acudía a aquél lugar tanto para jugar con las pequeñas crías, como para intentar componer algo de música. Ese nunca había dejado de ser uno de sus principales hobbies y en aquél lugar contaba con algunos instrumentos, suficiente papel y todo lo que pudiera necesitar para estar perdido por unos días. Ni siquiera su gemelo conocía la posición exacta de aquella cabaña que parecía estar escondida bajo pilas y pilas de blanca nieve; la misma hacía perfectamente de camuflaje, por lo que solo alguien que supiera lo que estaba buscando podría verla.

El alquimista había sentido pasos a unos metros de la cabaña y la pequeña cria de zorro que mantenía cerca de su cuerpo parecía removerse nerviosa ante el peligro, ¿Podía ser que aquél sospechoso hubiera llegado hasta allí?
Sonrió a la cría antes de cerrar los ojos en su posición, sentado sobre un banco de madera. Su hermano tenía una forma de buscar, pero la suya era única en el mundo, sí, nadie se podría jactar de tener mejor oído que él y era que si se lo proponía, podía separar todos las clases de sonidos de los alrededores hasta identificar el que estaba buscando y esta vez, esta vez buscaría el de una criatura con forma humana; vampiro, demonio o humano...estaba más seguro de que se trataría de una de las dos primeras alternativas pues un humano no hubiera dado tanta lucha, él que había estado al momento de crearlos y que había sido uno en un pasado, sabía lo débiles que eran y lo fácil que se entregaban a su destino. Allí, frente a él, en lo profundo de su mente, los sonidos se agolparon uno detrás del otro: ruido de pisadas, el goteo de una columna de hielo contra una hoja, el viento al rajar las ramas congeladas de los árboles, latidos, gente respirando con dificultad a causa del clima y...finalmente el sonido de todas aquellas almas vivientes.

¿Qué canción cantaría el alma de un asesino?

Poco a poco fue organizando los mismos y desechando, como si algo le estuviese arrastrando a través de todos ellos, conduciéndole hasta el correcto, hacia un sonido oscuro, agudo y electrizante. Nada como lo que él podría predecir y sin embargo, su corazón palpitó acelerado al momento en que la música se presentó ante él. Sublime. Abrió los orbes y se puso de pie, calzándose su abrigo blanco y dejando allí a la cría de zorro. Había encontrado algo demasiado llamativo como para dejarlo en manos de su hermano, sí, él no podría escuchar aquella melodía, en cambio él podía incluso tararear la misma.
Y como guiado por aquella misma melodía, cruzo por en medio de la nada congelada, moviéndose grácilmente como si se tratara de algún otro animal de la zona. Los guardias estaban tan equivocados en su modo de hacer las cosas y a aquél, a aquél podría ofrecerle algo mucho mejor si resultaba que aquella melodía hacía juego con su dueño, sí, quería creerlo, que aquél sonido era un firme espejo de hombre con el que se iba a encontrar. La capucha cubría sus cabellos y el suave tono de su ropa, tan blanco como la misma nieve lo haría imperceptible a ojo humano, pero sabiendo que aquél al que iba a buscar no era precisamente a un humano, disminuyo la fuerza ejercida sobre el suelo a cada nuevo paso que daba. Hasta que llegó a un punto en el que estaba seguro que el otro podría olerle o escucharle.

—Es probable que no tengas fuerza para seguir corriendo como lo has hecho hasta ahora. —No hizo esfuerzo en que el otro no le oyese porque ese no era su objetivo, sino demostrarle que no venía precisamente a hacerle daño. Sus pasos giraron cerca de donde aquél ser se encontraba. Sonrió alegre mientras el enorme tronco congelado dejaba en evidencia a una persona, un ente de cabellos negro azabache y mirada refulgente. ¿Vampiro?
El alquimista mantuvo una distancia de un par de metros de aquél y finalmente se detuvo frente al mismo, dejando sus manos extendidas a ambos lados de su cuerpo y una sonrisa inamovible sobre sus labios. El azabache suspiró mientras la música parecía vibrar alrededor de él, pero si llegaba a atacar estaba más que preparado, aun así... —Tu alma es como un poderoso solo de Black metal. —Pareció imitar con sus manos un movimiento de guitarra lo cual hizo que terminara sonriendo ante su propio acto. ¿Qué haría el otro? No quería asustarlo y provocar su huida, mucho menos que los guardias de su hermano lo encontraran. —Mi nombre es Kaz. —Se presentó como si pretendiera que el otro confiara en el de buenas a primeras. —Y si deseas que no te encuentren será mejor que vengas conmigo...pronto. —Sí, le estaba pidiendo confianza a ciegas, siendo que ambos no se conocían...o en realidad, Kaz ya había visto la forma de su alma, le conocía por tanto, de una manera en que ninguna otra criatura podría hacerlo. Una de sus manos se estiró hacia adelante, fijándose en las congeladas del otro. Debían moverse pronto de allí o los guardias darían con ambos.



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Re: Just made this mess # Flash-Back || Kaz

Mensaje por Noah "Thánatos" Evans el Lun Ene 06, 2014 2:19 pm

Aquella nada resplandecía como si el sol se alzara sobre ella, sin embargo era una capa de nubes espesas las que ocultaban la luz, nubes que en vez de rayos descargaban kilos de fulgurante nieve. Demasiado para estar reflejando el pálido fulgor argénteo cerca de desaparecer. Mientras más le costaba mantener los ojos abiertos, cuanto más le pesaban los párpados, el frío penetraba en sus carnes con fuerza imparable. Casi inmóvil en aquel páramo alejado de la mano del hombre las esperanzas de salir con vida se reducían, pero asimismo crecían. Tal vez estuviera en un deplorable estado, mas si tan alejado estaba, la mano de su rastreador tampoco lo alcanzaría y él por frío no moriría. Y al final el brillo fue tal que cerró los ojos.

Se dejó llevar por el silencio abrumador, permitiendo también a su mente escapar. No imaginó unas playas cálidas de arena fina con agua cristalina y apenas olas, tampoco el mismo bosque bajo el clima de Hortus, sino el paisaje calmo por excelencia: la nada. Allí uno no se acalora, ni congela, ni tiene hambre.

En mitad de su respiro el ruido de las pisadas le alertó. Sólo escuchaba a uno venir, por ahora. Mágicamente le habían vuelto a encontrar, fue lo único que logró concebir. Aún así le costó separar los párpados y aún más hallar un punto fijo, cualquiera, en mitad de aquel esplendor donde todo estaba borroso. Chasqueó, o creyó chasquear, la congelada lengua. Se trataba de una carrera contra reloj, ¿podría moverse? Había permanecido más tiempo del recomendable allí sentado. Probó primero a doblar los dedos, dolían; el resto del cuerpo no era excepción, no obstante se podía mover. Fue la lentitud lo que le condenó.

Aquella voz tenía razón, en su estado tarde o temprano dejaría de huir, incluso si lograba escapar esta ocasión, habría una segunda vez. Se recostaría momentáneamente en algún lugar apacible y paulatinamente cerraría los ojos durante el tiempo necesario para ser apresado. Apretó los dientes, sus músculos se tensaron. Matarlo no era opción, tampoco podía encarar una batalla con aquel que le estuvo persiguiendo durante días y esperar salir con vida. Que, de entre todas las personas involucradas, fuera el pez más gordo... Si tan sólo hubiera sido cualquier numan solitario al que poder hincarle el diente, la solución sería sencilla y potencialmente beneficiosa.

Apoyó una de las manos contra el tronco, irguiéndose con dificultad. No se entregaría con facilidad, mas lo que no sabía Noah era que él no se lo pediría.

Pese a que sus ojos no parecían engañarle, la situación e incluso la figura de blanco abrigo le parecieron extrañas. Ni siquiera un bravo guerrero se atrevería a presentarse solo frente su presa, aunque él fuera suficiente para reducirla quién aseguraba que no existía escapatoria. Una razonable explicación sería que el gran grupo armado esperaba agazapado en los alrededores, por si su jefe no era lo suficientemente bueno como para pillarle. Lo que era una incoherente estupidez considerando la estrategia que hasta el momento habían llevado. Sin embargo no era todo. Esa rara persona había aparecido de frente y, a primera vista, desarmada. Nada tenía sentido, ¡¿cuándo se había cambiado de ropa?! Ni la ropa ni los ojos ni la voz eran las mismas. ¿Realmente ese chico iba a por él? Si debía tratar la situación de una manera concreta no la entendía. Quieto y alerta, prefirió escuchar lo que sea que tuviera que decir.

El otro sonreía con las manos extendidas cuando Noah abrió los ojos de par en par. ¿Su alma era un poderoso solo de Black Metal? Si la escena era confusa de por sí, ese comentario descolocó por completo al vampiro. Sin pasar por alto la guitarra fantasma que tocaba, mas aquel despreocupado movimiento logró más bien arrancarle una especie de levísima sonrisa. ¿Se trataba de una broma pesada? Sin duda el sujeto estaba ido; además de a él a nadie se le ocurriría dirigirse a un asesino buscado de esa peculiar manera. Era otro hombre. Kaz.

Y entonces se transformó en la respuesta a sus plegarias.

Frunció ligeramente el ceño, repasándolo de arriba a abajo repetidamente, negándose a confiar en una precipitada oferta. Sin embargo esa precipitada oferta era lo único consistente a lo que poder aferrarse, incluso si resultaba ser un error utilizaría la oportunidad para renovar fuerzas y calor. Sin musitar palabra sus pasos salvaron la distancia que Kaz había impuesto entre ellos. Aunque se moría por abrazar al chico para robar parte de su calor, se contuvo, si era cierto todo lo que había oído el ejército no andaba lejos. El cómo lo sabía era otra de sus preguntas, mas se las guardaría por ahora.

¿A dónde vamos?—pronunció su voz ronca y áspera.



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Re: Just made this mess # Flash-Back || Kaz

Mensaje por Émile "Kaz"XII. Rutkowski el Lun Ene 06, 2014 10:16 pm

Sonrió al ver que el otro mostraba cierto interés en la propuesta que le había hecho y es que, tal como Émile lo veía, no tenía muchas más opciones y por el estado de su cuerpo, incluso si su esencia no era la de un humano, el frío le pasaría la cuenta tarde o temprano y le encontraría, quizá incluso antes que los mismos soldados. Vivir en aquellas condiciones no era para cualquiera, por eso la población de Pruína era tan escasa, los vecinos se conocían entre ellos y si faltaba uno, no tardaban en comunicarse para saber qué había ocurrido, era un país amplio pero con poca gente y los dos gobernadores del mismo no permitirían por nada que la paz que habían creado en aquél lugar se viera amenazada. La noche pronto caería y con ella, la muerte helada para todo aquél que no estuviera preparado para recibirla y retarla; aquél frente al alquimista no estaba preparado para ello, los extranjeros siempre se confiaban y luego terminaban encontrando sus cuerpos tirados bajo la nieve.
Los orbes rosados del muchacho dieron un nuevo vistazo al hombre antes de responder a su pregunta: —A mi fortaleza por supuesto. —Los hombros del azabache se elevaron antes de el mismo se girara y le hiciera una seña al otro para que le siguiera. Y aunque hubiera querido acercarse y caminar más cerca de él, no quería provocar una impresión errónea y hacer que el otro se alejara, aunque ya sabía que por mera naturaleza la gente no solía alejarse de él. Era esa aura que su cuerpo parecía irradiar incluso cuando deseaba estar solo, ah, quizá era parte de aquél carácter que poseía, dentro del cual no podía evitar el mostrar interés por el resto, sobre todo por aquellos que poseía un algo diferente...algo como lo que había visto en el interior de aquél hombre que ahora se hallaba a sus espaldas; la luz que manaba entre aquella oscuridad, cálida y desprotegida...como si en cualquier momento pudiera ser succionada y convertida en penumbras.

Sus pasos fueron medianamente lentos, esperando que el otro quizá no le siguiera desde atrás, sino que se animara a caminar a su lado, ya que lo primero lo consideraba una descortesía. —Aquél lugar no queda muy lejos y podrás guarecerte durante las horas más frías. —Sus palabras salieron con la suficiente voz para que el otro le escuchara, sin embargo el alquimista también estaba prestando atención a su alrededor. No deseaba que su hermano se llevara a aquella persona ahora que había encontrado a alguien interesante con quien jugar. Por lo mismo sus sentidos auditivos se expandieron lo suficiente como para poder tener una buena porción de terreno bajo su control mientras se movían. Árboles congelados, maleza quemada por el clima tan agresivo, pero también, plantas que parecían verse aún más bellas en aquél estado de sueño criogénico. Los guardias también deberías guarecerse pronto, aunque ellos estaban más acostumbrados al duro clima de Pruína, cosa que aquél hombre debía aceptar como una desventaja. Se preguntó entonces si se trataría de un vampiro o de un demonio, en caso de ser de los primeros no tendría mucho que ofrecerle y su sangre...¿Sabría distinto la sangre de un alquimista? ¿Haría alguna diferencia?
Entrelazó sus manos tras su espalda. Seguramente para cualquier persona, sería realmente difícil el vivir en aquellas montañas y encontrar un lugar como el que Kaz mantenía allí, alejado de la ciudad principal, después de todo, el ambiente en general estaba completamente tapado por la nieve y los árboles que habían no presentaban mucha diferencia, sin embargo, eran los años los que le habían dado un conocimiento sobre la mayor parte del país, incluso aquellos lugares donde ningún alma se atrevía a morar, a orillas del gélido mar que parecía no tener fin.

Pronto llegaron hasta un pequeño lugar entre dos árboles que no parecía nada especial, sin embargo, aquello era cuando se miraba de frente, pues al seguir caminando, se presentaba una leve bajada que llevaba justo a la puerta de madera de aquél sitio. El alquimista miró hacia el azabache antes de avanzar y hacer equilibrio con sus pies sobre la improvisada bajada. Y aunque casi se golpeó contra la puerta, lanzó una pequeña risita antes de abrir la puerta y entrar, mirando desde adentro a aquél que debía estarse congelando. —Anda, en verdad no tengo a ningún guardia escondido en este lugar. —Sonrió con la misma inocencia de siempre, aunque uno de los zorros polares que tenía aún sobre uno de los sillones, chilló en busca de su atención.



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Re: Just made this mess # Flash-Back || Kaz

Mensaje por Noah "Thánatos" Evans el Jue Ene 09, 2014 6:25 pm

¿Y si tan solo bebía su sangre hasta no dejar ni gota? Escapar, sobrevivir al frío... entonces nada de eso escaparía de su mano. Robaría el abrigo del cadáver aún cálido, y este lo enterraría de manera que no fuese descubierto en días, de ese modo no podrían usarlo para rastrearlo. El único inconveniente tal vez fuera la sangre derramada. Si le tomaba por sorpresa fácilmente le dominaría, por el contrario, si algo le delataba se lanzarían al forcejeo y la sangre rociaría la nieve. Entre tanto blanco una mancha de color carmesí se vería a leguas. Eran los resultados posibles si resultaba ser lo suficientemente fuerte como para doblegar al extraño personaje.

Lo dudaba, o mejor dicho, confiaba en que el otro vencería y por tanto perdería la ayuda, si Kaz no decidía acabar con su vida. A juzgar por la osadía de hablarle de esa manera a un prófugo buscado por asesinato, el chico debía tener gran seguridad de poder reducirle -o escapar, en su defecto- si se presentara la necesidad. Ni Thánatos estaba en condiciones de echar una moneda al aire ni se veía capaz de morderle sin ser descubierto. Simplemente suspiró, alargando un poco más sus pasos, colocándose a la altura de Kaz tras desechar por completo la idea de atacarlo.

De vez en cuando miraba atrás, calculaba aproximadamente cuánto tardarían las huellas en desaparecer, lo lejos que estaría el ejército de él y si realmente se alejaba de ellos con cada paso que daba y no al revés. Clavaba los ojos continuamente en su salvador; tampoco le servía mucho enfocar el frente, ya sabía que después del montículo de nieve a su derecha habría otro igual unos metros adelante. Sólo debía tener cuidado de no chocar con los árboles. En otras circunstancias lo habría tachado como inofensivo, sin embargo ahora hasta un niño representaba un peligro. Y aunque pensaba eso había algo en él que le inspiraba un sentimiento parecido a la tranquilidad, o quizá la razón fuera precisamente que pensaba así.

Nada cambió en el paisaje hasta que pasaron entre dos árboles, ahí fue entonces cuando Kaz se deslizó hasta la puerta de una cabaña escondida con muy buena mano. Noah le imitó, con cuidado para no darse de bruces con el joven que recién habría la puerta. Entró sin titubeos, ya había decidido apostar por la amabilidad que le regalaban. Si no era un sueño, a partir de ese momento el frío remitiría y en poco retomaría su viaje. Se detuvo unos pasos más allá de la puerta, no parecía ser una trampa. Respiró aliviado.

¿Qué debería hacer primero pensó? Le gustaría cambiar su ropa por una seca y abrigada, pero antes de ello estaría bien darse una larga ducha para entrar en calor, hace tanto que no se bañaba que incluso sería un detalle para el dueño. El problema principal era la ropa de cambio. Se volvió a su anfitrión.

Voy a usar la ducha, ¿podrías decirme dónde está? También necesitaría algo de ropa.—Habló despacio, procurando ser respetuoso para mostrar cierto agradecimiento.

Pese a todavía no darle su confianza, Thánatos tomó una posición mucho más relajada con Kaz. En cuanto entró sus músculos se destensaron. Este era el mejor escondrijo que podía haber encontrado.



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Re: Just made this mess # Flash-Back || Kaz

Mensaje por Émile "Kaz"XII. Rutkowski el Sáb Ene 11, 2014 6:32 pm

Kaz se irguió hacia abajo lo suficiente para que la pequeña criatura que había bajado desde el sillón cubierto por pieles ahora pudiera subir por su mano y colarse por el mismo hasta llegar a uno de sus hombros. La nariz fría y mojada del zorro se acercó hacia una de sus mejillas mientras cerraba la puerta tras la entrada de su nuevo invitado. El lugar era ciertamente espacioso, mucho más de lo que pudiera parecer desde fuera, aunque como la construcción estaba tapada por la nieve, la misma era difícil de identificar y por lo mismo incluso cuando le mandaban a buscar muchos soldados simplemente no lograban dar con aquél lugar. Allí dentro estaba temperado gracias a un calefactor, por lo que tanto él como la familia de zorros que mantenía de momento allí adentro —y ahora también el azabache—no sentirían el frío que se avecinaba con la noche. Kaz se giró hacia su invitado en cuanto este hizo sus primeros pedidos. Parecía que por fin estaba comenzando a confiar en él y por lo mismo, le concedería aquello, después de todo, debía ser amable si quería saber más de aquella persona y que la misma se quedara a jugar un rato con él. No era que los animales no fueran divertidos, pero las personas eran contadas en Pruína y aquél se le hacía alguien con el que podría divertirse en los días venideros, además el solo hecho de poder concentrarse en la música de su interior hacía que quisiera estar cerca de él. Seguro podría componer algo muy bueno si mantenía a aquella persona cerca por un tiempo...y hablando de aquello...¿Cómo debería llamar a aquél? En el reporte le marcaban como Thánatos, y aunque el apodo le quedaba, Kaz quería saber el nombre verdadero de aquél. Pero esperaría hasta que terminara de ponerse cómodo.

—Pues, el baño esta tras aquella puerta. —Y el alquimista apuntó hacia una puerta que daba junto al comedor. —Allí hay toallas así que puedes ocupar las que gustes. —Sonrió antes de girarse y perderse tras la puerta que daba hacia el lado contrario hacia donde había marcado el baño. Allí estaba el cuarto pero se dirigió específicamente hacia el mueble donde guardaba algo de ropa para cuando estuviera de paso por el lugar. De cualquier forma —y no quería pecar de desconfiado— sabía que el otro no debía estar muy seguro de su presencia en aquél lugar aún, por lo que se mantuvo alerta, aunque no por aquello se veía diferente, de hecho, Kaz tenía esa cualidad para verse de lo más natural incluso aunque sus sentidos estuvieran al acecho. Sus manos desordenaron las prendas en busca de algo que facilitarle al otro y cuando halló lo que buscaba, no tardó en tomarlo todo entre sus manos y volver hacia el comedor. El pequeño zorro que se había adueñado de uno de sus hombros saltó hacia el piso y corrió hacia donde otros tres más se acurrucaban sobre una gruesa alfombra. Émile les observó por un momento antes de devolver la vista hacia el azabache. —Siento que esto sea todo lo que pueda ofrecerte, pero lo cierto es que nuestros tamaños no son muy similares. —El alquimista le alcanzó las prendas para que él mismo evaluase lo que le serviría. Allí iba una remera negra, un pantalón blanco de buzo y un abrigo semejante al que Kaz traía puesto en aquél momento, además de un par de calcetines igual de blancos aunque con unos dibujos que hicieron que se rascase una mejilla. Sin duda no era el mejor eligiendo que ponerse, pero esperaba que su infantilismo con cayera mal al otro.

Sus orbes rosados se detuvieron en la figura del otro. No era mal parecido, al contrario, le gustaba como el tono de su piel contrastaba con el de aquella larga cola de caballo que caía por su espalda. Y sin embargo, cuando se dio cuenta de que podría molestar al otro con aquellas miradas, simplemente sonrió y se giró para ir hacia la cocina. —Haré algo de té, pero si se te ofrece algo más luego puedes decirme...aunque soy un asco en la cocina. —Y no era mentira. —De cualquier forma, tómate tu tiempo. —El azabache se calzó los audífonos y se perdió tras las puertas de aquél lugar. Por suerte hacer té no necesitaba de ninguna ciencia, aunque se preguntaba cómo era que en mil años de edad, todavía no sabía ni freír ni un huevo. Bueno, eso era lo que conseguía al vivir de aquella comida instantánea y de lo que los empleados que le atendían le preparaban. Qué sería sin esas sopas instantáneas, pensó mientras llevaba un pequeño recipiente con agua y lo dejaba sobre el aparato que la calentaría en unos cuantos minutos. La música sonó baja contra sus oídos, sin embargo, podía escuchar bien cada parte de la misma y es que aquél lugar debía ser, uno de los más tranquilos del mundo incluso si ahora tenía a un invitado allí.


Un plano del lugar:



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Re: Just made this mess # Flash-Back || Kaz

Mensaje por Noah "Thánatos" Evans el Vie Ene 24, 2014 7:57 pm

El agua comenzó a caer al tiempo que Thánatos se desprendía de aquellas ropas gastadas y malolientes, Se miró desnudo en el espejo. No poseía heridas ni rasguños, tampoco ojeras o pérdida de peso causado por los días sin probar bocado; sin embargo la debilidad se reflejaba en su rostro. Esa postura encorvada era resultado de los días en continua amenaza. Con suerte hasta el momento de su total recuperación podía olvidar la preocupación de esconder su presencia. Deshizo la coleta alta, en su muñeca guardó la goma negra casi rota. Aún le dolían los dedos al hacer pequeños gestos como aquellos, mas lentamente iba recuperando el color. La calefacción era mucho más evidente para Noah, la sensación térmica era como rayos de verano bañando su piel. Le reconfortaba. Pasó una mano por el enmarañado cabello, maldiciendo para sus adentros la pésima condición de este. Aunque no fuera alguien que lo aparentase, era muy cuidadoso con su imagen personal, siempre trató con esmero su ropa y con mucho detalle cada milímetro de su larga cabellera. La idea de ser bello no le obsesionaba, pero al igual que sus actos él quería ser arte, ser perfecto; ese era una de sus obsesiones.

Alargó un brazo, el izquierdo, rozó el agua tibia con la punta de los dedos. Ardía. Su cuerpo estaba demasiado helado, el cambio brusco de temperatura provocaba que la ducha hirviera desde su punto de vista. Aún así no se amedrentó. De cabeza se zambulló en el chorro y poco a poco se acostumbró al quemazón, hasta que de pronto sintió el agua como verdaderamente era. Disfrutó del baño con tranquilidad, limpiando cada recoveco de su cuerpo y mimando con delicadeza las hebras de su pelo. Con los dedos lo peinaba, desenredándolo, incluso se detuvo a leer el etiquetado de los escasos productos. Ahora tenía tiempo para esas pequeñeces. Pasó largos minutos en la misma postura, con los ojos cerrados, sintiendo el agua deslizarse por su espalda.

Salió envuelto en la primera toalla que alcanzó y con esta enrollada en la cintura se secó el pelo. Era lo que más odiaba de tenerlo largo, la cantidad de tiempo invertida en arrebatarle hasta la última gota de agua. Al menos el resultado lo valía. Ocupó las variopintas prendas ofrecidas, a decir verdad no le agradaban demasiado, sobretodo esos calcetines, no obstante era lo suficientemente agradecido como para no poner pegas a la amabilidad de otras personas, sobretodo cuando era a su beneficio. Torció el gesto. Por más que se miraba al espejo la ropa apenas combinaba en cuanto a estilos se trataba, igualmente la camiseta le quedaba más ajustada de lo que debería, aunque no alcanzaba a ser incómodo del todo. Los calcetines, contra todo pronóstico eran más cálidos de lo que esperaba, la apariencia no lo era todo en casos de confort...

Con sigilo entró en la cocina. Se trataba de una habitación amplia, donde también figuraba un pequeño salón. Se sentó en una de las sillas de la mesa, sin hacer apenas ruido. No era lo más cómodo, pero estaba bien. Repasó con la mirada la delgada figura de Kaz, no evitando fijarla en su cuello de blanca piel fina por varios segundos. No tenía hambre, no ese tipo de hambre, había procurado dejar vacías a sus últimas obras. Sólo no podía evitarlo.

Off: Perdona, perdona la tardanza, del cansancio tengo que exprimirme la sesera y sacar tiempo de entre las piedras ;A;



Gracias, Kaz<3
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Re: Just made this mess # Flash-Back || Kaz

Mensaje por Émile "Kaz"XII. Rutkowski el Sáb Ene 25, 2014 5:53 pm

El agua hirvió y para ese momento ya tenía dos tazas a un costado del fregadero —cabe mencionar de que el mismo apenas tenía algunas cosas que el azabache se negaba a lavar tras darle una ligera sonrisa a las mismas— con la bolsita de té colgando de cada una de ellas. A Kaz le gustaba más el té de hoja que el en bolsa, pero allí no se encontraba ninguno de los chicos que siempre le preparaba el té así que no tenía de otra más que contentarse con aquél. Con cuidado vertió el agua caliente en las dos tazas. Por bajo la música había escuchado el sonido de la puerta del baño abrirse por lo que se movió para tomar un envase de galletas surtidas y dejarlas sobre la mesa. Su organización de la misma era patética, pero los zorros no se quejarían de lo mismo y a él le bastaba con que el lugar siguiera siendo agradable a su vista, después de todo no podía componer en un sitio desordenado. La atención del alquimista volvió hacia las tazas —que ya habían tomado el color marrón el té y un buen aroma salía de las mismas— y tras ver que las bolsitas ya habían cumplido su función, quitó las mismas y él también hizo hacia atrás sus audífonos, dejando que los mismos volvieran a reposar sobre sus hombros, después de todo, su invitado ya estaba sentado a la mesa desde hace unos segundos atrás. Tomó las tazas y caminó hacia la mesa, dejando una de las mismas frente al azabache y la otra frente al asiento donde tomaría lugar él.

Pero antes de volver la atención hacia la criatura —luego de estar ya en su lugar— sacó el pequeño reproductor que traía en uno de sus bolsillos y lo apagó antes de volver a guardarlo. Lo cierto era que no pudo volver a enfocar sus orbes sobre la figura impoluta de su invitado, aunque su ropa de verdad parecía quedarle algo ajustada. Rascó por ende una de sus mejillas mientras una leve sonrisa se dibujaba en su rostro. —Siento si te quedan algo incómodas, pero al menos te abrigaran y quizá la tela seda un poco con el uso. —No, lo cierto era que el blanco no era para aquél, su piel ya se confundía con aquél tono y estaba seguro de que algo de ropa oscura le sentaría mejor. Ah...¿Ya estaba haciendo planes? Lo cierto era que aún no había escuchado ni siquiera el nombre de su invitado aunque ya había escuchado que le habían apodado como "Thánatos". Bueno, referirse a él de aquella forma sonaría algo mejor que tratarlo por "señor escapista" o "señor asesino". Miró hacia su té antes de volver a hablar. —Entonces, ¿Tienes algún nombre por el cuál llamarte? o ¿Tendré que conformarme con decirte Thá-chan? —En definitiva era culpa de Gin el que se le hubiera pegado aquello de los sufijos japoneses, aunque le parecía una forma bastante tierna de hablar (Pero para variar, Kaz había entendido mal y no tenía idea de la diferencia entre el "kun" y el "chan", también sería culpa de Gin el que hubiera entendido mal).

El menor —en tamaño— sorbió algo de su té sin hacer mayor ruido, el mismo estaba caliente pero dulce, perfecto en la medida en que a él le parecía bien. Lo cierto era que pasarían unas cuantas horas hasta que los guardias volvieran a la búsqueda, pero sabiendo que ya habían pasado por aquella zona y no le habían encontrado, probablemente tomarían otra ruta, aunque los perros de su hermano serían una molestia. Aún le quedaba mucho por saber de aquél como para que los hombres de su hermano quisieran interferir y por ende, sabía que la única forma de que no dieran con aquél sería llevándolo a la capital, a la parte donde su palabra era ley absoluta. Estaba pensando seriamente en secuestrar a un asesino para tenerlo vigilado tanto porque le había parecido alguien “divertido”, eso sí que estaba fuera de cualquier pronóstico que hubiera calculado para aquél día. —Quizá tengamos que irnos de aquí para mañana, pero si te dejo ir puedes estar seguro de que aquellos te encontrarán así que...te propongo un juego Thá-chan. —El ojirosa miró al otro con una amplia sonrisa en esta ocasión. —Si juegas conmigo te dejaré ir de Pruína sin que los guardias de mi hermano te molesten. —Pero en su sonrisa era más que evidente que había una oscura resolución, una carta amenazadora tan clara que incluso podrían leerse las palabras por encima de la cabeza de Émile: "Pero si intentas engañarme puedes estar seguro de que te mataré".



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