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I think, I might be losing my mind || Saito

Mensaje por Aharén Rammsteiner el Dom Dic 29, 2013 3:05 pm


I think, I might be losing my mind

SAITO HAJIME || 19:00 || LUNES, DÍA LABORAL || 34ºC

Lunes, justo acaban de dar las siete de la tarde y el cielo se mantiene despejado. Las temperaturas son bastante veraniegas. Viste una camiseta de manga larga remangada a juego con un pantalón vaquero bastante ligero. De nuevo ese hombre se encorva frente al mismo escaparate de ayer, donde se exponen instrumentos musicales de gran calidad. No sabe tocar ninguno de ellos y, ciertamente, tampoco busca hacerlo ahora, sin embargo desde hace varios días se detiene a admirarlos durante largos minutos. El que más llama su atención es la guitarra de cuerpo oscuro, donde la calle reflejada en el cristal se ve con mucha más nitidez.

Echa un suspiro desde lo más profundo de sus pulmones, negando con la cabeza en gesto desaprobador. Quizá por el altísimo precio que marca la etiqueta del instrumento. Se separa y, una vez más, retoma el camino. Guarda una mano en el bolsillo derecho del pantalón, donde lleva la cartera.

Como ayer y pasado y el día anterior a ese y otros cuantos más, él está detrás suya. A estas alturas que se trate de una casual coincidencia está descartado y bien enterrado a kilómetros bajo tierra. A cada paso la preocupación crece, quizá hay más. Únicamente le persigue durante unas horas que una pasadas... ¡puf! Desaparece como por arte de magia, se va igual que llega. Desde el punto de vista de Aháren estaba siendo perseguido por varias personas, lo que explicaría esa curiosidad, un «cambio de guardia». No obstante todavía no había descubierto al resto. Bien podía tratarse de un novato o ser los otros verdaderos artistas del camuflaje. Aunque pensar así era aún peor. Si sus compañeros eran tan rematadamente buenos, ¿quién le aseguraba que no había sido observado por meses por ese sujeto antes de detectarlo?

¿Y por qué era observado? Esa era la pregunta que más le crispaba los nervios.

Contaba ya con casi un año de residencia en Hortus Deorum y desde entonces no se había expuesto más de lo necesario, incluso sus camellos y cocineros no conocían de él nada excepto el nombre, algunos ni eso. Tantas ocasiones donde había estado a nada de ser detenido le habían vuelto un hombre extremadamente precavido. Lo que le unía a sus compañeros de trabajo era el dinero. Tal vez lo conociera alguno de sus clientes, pero tampoco tenía sentido. Las transacciones se llevaban a cabo en lugares oscuros para evitar que alguien pudiera reconocerle e incluso si mostraba su cara muchos de ellos estaban demasiado pendientes a la droga como para prestarle atención. Así que... ¿qué explicación tenía esto?

Las puertas se abrieron a su paso. Le sacudió una bajada de temperatura bastante importante. ¿No se habían pasado un poco con el aire acondicionado? Entre eso y las neveras el supermercado parecía Pruína. Estiró las mangas hasta que le cubrieron los nudillos. Del bolsillo trasero sacó la lista de la compra, muy amplia para tratarse de un hombre que vive solo. La gran mayoría eran alimentos frescos. Le agradaba mucho cocinar cuando tenía tiempo, que era casi siempre. Cogió unas de las cestas verdes; era suficiente, sólo compraría una parte aquí. Las verduras de este establecimiento tenían una pésima calidad, igual que la fruta y el pescado. Estaba bien para comprar comida para pre-calentar y especias, eso sobretodo. Tenían una gran variedad de ellas.

Tardó más de lo usual en elegir las que consideró mejores, pero tenía otras cosas en la cabeza, como el par de ojos que le vigilaban desde la parte de los vinos o quizá de las verduras pochas. Sinceramente, ya no tenía ni idea de dónde se encontraba. En la medida de lo posible evitaba dirigir cualquier tipo de mirada “extraña” hacia su dirección, oficialmente no tenía ni idea de su existencia.

Pagó en caja con dinero en efectivo, compró dos bolsas re-utilizables, de las cuales sólo utilizó una. Salió por la puerta y esta vez fue el pegajoso calor el que le abofeteó. Se remangó y retomó el camino. Con la vista clavada en los alimentos repasó mentalmente la lista para ver si se olvidaba algo antes de marcharse, y efectivamente, la leche.

Giró sobre sus talones sin siquiera pararse, olvidando por un instante a su “escolta personal”. Era una manía suya, ¿para qué perder tiempo parado? Se arrepintió dos segundos y el resto lo agradeció. Tal vez si se veían cara a cara podría preguntarle -inocentemente- la razón de la persecución. Pero sólo tal vez, porque quién sabe, quizás él sí sabía que se olvidaba la leche.
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Re: I think, I might be losing my mind || Saito

Mensaje por Invitado el Dom Ene 05, 2014 10:15 pm

Su primera misión asignada en Hortus Deorum no era nada simple y llevaba ya tiempo siguiendo las pistas, averiguando los pocos datos que quedaban descubiertos y progresando en la escasa información que circulaba en torno a su objetivo: un misterioso traficante de drogas que impunemente proveía gran parte del reino. Esa misma dificultad representaba el motor que lo motivaba a continuar esforzándose hasta el punto de no dormir en variadas ocasiones y pasarse la noche en vela recorriendo sitios de mala muerte, interrogando criminales y cazando detalles del entorno donde esos turbios negocios se desarrollaban. Fue así que su esmero terminó por dar frutos y un nombre salió a la luz en medio de la oscuridad absoluta: Aharén.
 
¿Y el apellido? Ese era el problema mayor con que se enfrentó dos meses atrás. Exactamente nueve personas vivían en la nación con ese nombre, el cual debía agradecer que al menos no fuese tan común como para repetirse demasiado. Aún así centrarse en otro y desviarse del verdadero objetivo podía suponerles perderlo definitivamente. Por eso Saito decidió investigar detalladamente a cada uno de los individuos y dividir sus unidades para recolectar datos. Antecedentes diversos fueron ubicados en los numerosos sujetos excepto uno, el que se apellidaba Rammsteiner. Aquel parecía ser el de perfil más bajo, el menos llamativo y que despertaría ninguna sospecha, por lo que el policía extranjero resolvió centrar su atención en el mismo. Alguien que se movía de forma maestra y con tanta experiencia para despistar a la ley de su sombra, sin duda tenía que ser una mente bastante aguda para escapar de cualquier inconveniente que dejase huella en su registro.
 
Temerario quizás, se determinó a perseguir a ese que parecía tan transparente. Si fallaba en su corazonada sin respaldo probablemente le costaría el puesto y con ello incluso era probable que trajese inconvenientes entre Pruína y Hortus, pero si algo sabía era que sin riesgos no existía el triunfo. Con un pequeño número de oficiales prestados para soportarlo en su hipótesis, empezó a hostigar las huellas de su objetivo día y noche, mientras planeaban un operativo secreto lo suficientemente eficiente como para atraparlo con pruebas fehacientes de sus múltiples crímenes.
 
Hoy definitivamente todo estaba listo para ponerse en marcha con un nuevo y brillante plan.
 
Cuando Ren se giró para regresar por aquel producto que se había olvidado, chocó contra la caja de leche que Saito llevaba en sus manos. Fue el primer encuentro cara a cara que los dos tenían en meses y la cercanía les permitió un amplio rango de visión mutuo. El policía era tan sigiloso y hábil en sus movimientos que su esencia era indetectable y por ello el convertirse en una sombra para el traficante no le había representado el menor inconveniente. Mientras sus compañeros le espiaban de lejos, fácilmente cualquiera podía notar sus presencias por pequeñas que fueran las fallas, pero el oficial extranjero prácticamente no existía hasta que entrabas en contacto directo con su cuerpo, justo como ahora. Atemorizante que hubiese un ser con tal neutralidad anatómica y sentimental como para no generar adrenalina y ni tan siquiera acelerar un poco su corazón ante el peligro. Aún si se quemaba, él no gritaría en pos de proteger su identidad oculta. Ese tipo de estricto entrenamiento había recibido antes de que el nuevo mundo llegase a nacer y durante los siglos venideros se fue perfeccionando. Estancarse no era una opción.
 
Su hermoso cabello de un negro morado flameaba con el viento aunque yacía elegantemente trenzado, pues sus hebras eran tan finas y delicadas que no suponían suficiente peso como para caer sin vida ante el travieso soplo de la naturaleza. Sí, trenzado. No era común en él, pero su identidad también debía ser inventada desde ahora y detalles reajustados de su perfil así como su aspecto le favorecerían en la misión. No más coleta, ni uniforme, ni mucho menos su típica yukata negra. Desde ahora ropa occidental y de tonos claros vestiría su por demás atractiva figura, la cual obviamente también sería un importante punto al instante de obtener información y el favor de su víctima. Justo ahora lucía un pantalón liviano de lino irlandés blanco junto a una camiseta de algodón simple en color celeste con un estampado de letras plateadas; en los pies: zapatillas también blancas.
 
-No vuelva. Aquí tiene lo que olvidó, señor Rammsteiner. Soy su nuevo editor, mi nombre es Fujita Goro y estoy aquí para supervisar su trabajo y protegerlo- tomó una mano del contrario y depositó la leche en esta. Luego le cogió por un brazo de una forma prácticamente romántica, simulando así que buscaba no levantar sospechas de los "persecutores" mientras lo alejaba del lugar -Le están siguiendo, supongo que lo habrá notado ¿Algún enemigo o quizás un fanático obsesionado?- susurró al oído de su sospechoso -Puede que tenga algún rastreador o micrófono en sus prendas, sea cuidadoso-
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Re: I think, I might be losing my mind || Saito

Mensaje por Aharén Rammsteiner el Sáb Ene 18, 2014 12:49 pm

De un empujón apartó a Fujita Goro, con tal fuerza que casi se choca contra un señor que, como él, llevaba bolsas de la compra. Ajeno a la situación de alrededor le fulminó con la mirada, mostrando un ceño fruncido. Estaban en mitad de la calle, eso era lo único que le detenía a gritarle. ¿Quién era Fujita Goro para creer que confiaría en él ciegamente y qué quería de él? A diferencia del «nuevo editor», Aháren no mentiría acerca de su vida personal; mantendría su nombre, actuaría según sus opiniones, sería honesto, pero ignorando la verdadera naturaleza de su segundo trabajo. Por eso mismo no podía estar cómodo a su lado. La verdad era la mejor arma de los inocentes. No obstante, desconocía las intenciones de Fujita Goro, quizá ni siquiera tuvieran que ver con sus especulaciones, cabía la posibilidad de tratarse de una persona normal con objetivos mucho más diferentes. Como bien había dicho «tal vez un fanático obsesionado» lo persiguiera. Si la verdadera naturaleza de aquello era el fanatismo, aunque por parte lo tranquilaba esa idea, no por ello dejaba de ser tan molesto como un grano en el culo.

¿Quién eres?—le inspeccionó de arriba a abajo—. Porque mi editor seguro que no.

Al viejo Jay todavía le quedaban años para jubilarse, e incluso si ese momento estuviera a la vuelta de la esquina nadie le informó de un cambio, menos cuando se encontraba trabajando en su nueva novela. Aunque era calificada como novela de ficción estaba ambientada en la segunda guerra mundial, narrando desde dentro algunos de los episodios más importantes. Los nombres de los personajes y lugares eran quizás la única ficción en la novela, exceptuando un par de capítulos fruto de la imaginación del autor. Aunque para Aháren eran sencillo recordar y plasmar a papel esos pensamientos en forma de Best-Seller, había ocasiones donde el viejo Jay le hacía reescribir ciertos capítulos por una razón u otra, generalmente por detallar demasiado, haciendo de su lectura un verdadero fastidio para el lector. Justo dentro de dos días tenían una reunión para repasar los nuevos capítulos, por eso mismo un nuevo editor... debería haberse buscado una mejor identidad.

En el fondo estaba relajado, pese a su apariencia mostrar un creciente enfado nacido de la confusión. Era mil veces más probable que se tratara de un acosador, una idea agradable si la comparamos con la incansable policía sospechando de su tapadera. ¿Pero era una tapadera? No, no lo era. En realidad la vida que más apreciaba era esa misma en la que salía al supermercado a comprar, sin embargo la otra traía beneficios muy claros. Había comprado hace tres años un apartamento en el centro de la ciudad y que hace siete meses había ampliado, contaba con una planta para él sólo. El dinero que dejaba su trabajo era realmente generoso por las grandes ventas de sus libros, mas no podía evitar temporadas de vacas flacas. Costear sus muchos viajes, sus gastos o estar temporadas sin trabajar sería complicado si no fuera por el suplemento de las drogas. Él quería vivir cómodamente, y con adrenalina para no caer en el aburrimiento. En estas últimas décadas había disfrutado, continuaba haciéndolo; el único problema ocasional era ocultar el dinero y justificar sus compras, pero bueno, todos tienen ahorros en casa, así que no era para tanto. Guardaba sus ganancias repartidas entre todas sus residencias, así se aseguraba de que esos “ahorros” no fueran sospechosamente cuantiosos. Había pasado por muchos problemas para alcanzar el equilibrio entre las dos vidas, un acosador era como un regalo caído del cielo para sustituir la mala fortuna de la sospecha policial. Sin embargo aunque deseaba creerlo la duda era inamovible; sólo podía cruzar los dedos y esperar a que fuera realmente un fanático enloquecido.

Bajó la vista hasta el bote de leche. ¿Qué persona no sospechosa le daba a su protegido la leche que él mismo había olvidado por completo? En una mentira los detalles son fundamentales.

Cualquiera diría que eres tú el que me sigue...—murmuró de manera audible para Fujita Goro. Alzó la mirada clavándola en la contraria—. Aléjate de mí, sino llamaré a la policía.

Dejó la botella en el suelo y con paso ligero se alejó de aquel personaje. Lo normal era alejarse del sospechoso que te asalta en mitad de la calle, mas los planes de Ren guardaban un truco para dar el primer paso hacia la verdadera identidad de Fujita Goro. Por ahora tenía claro que, además de perseguido, fue investigado, su matrimonio con las letras no era de carácter público.
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Re: I think, I might be losing my mind || Saito

Mensaje por Invitado el Mar Ene 21, 2014 10:49 am

-¡Agh!- libró un quejido de dolor al impactar su trasero contra el suelo, habiéndose dejado caer intencionalmente para no demostrar alguna especie de fortaleza o reflejo especial ante aquel brusco empujón propiciado por su perseguido. Se sobó la zona afectada torpemente y miró desde el asfalto al hombre que intentaba huir de él durante algunos minutos, hasta finalmente ponerse en pie y continuar siguiéndolo a una corta distancia pero la suficiente para no ser abatido nuevamente –Señor Aharén, su editor renunció ya que consiguió una oferta más prometedora en otra compañía donde le ofrecieron ser editor de un autor con mayor renombre. Haberle acompañado en la creación de sus best-sellers fue un punto muy favorable para el currículum de su antiguo editor, pero eso no compró su lealtad, por supuesto. Para los trabajadores como él lo único que importa es conseguir la mejor remuneración por sus esfuerzos- explicó, acelerando el ritmo hasta caminar junto al joven de albina cabellera –Si no cree en mis palabras, puede comprobarlo con sus propios ojos o incluso llamar a la editorial- añadió, extendiéndole una tarjeta de presentación donde figuraban los datos falsos conseguidos por la policía con la colaboración de todas las entidades necesarias. Para aquel operativo tan importante, Saito tenía muy buen soporte y ni un solo cabo suelto.
 
-Discriminar a alguien sólo por su apariencia no es una actitud adecuada para un escritor. Debería rever pausadamente su comportamiento- pronunció, fingiendo cierta ofensa y estampillando contra el pecho contrario la lista arrugada de sus compras –Y no deje caer sus cosas tan fácilmente, por suerte las pillé yo dentro del supermercado mientras le acompañaba… al menos podría haberme agradecido el detalle de la leche- protestó, desviando la mirada del Rammsteiner con fastidio –Quizás seguirlo le parezca excesivo, pero soy un profesional y estoy al tanto de que los nuevos capítulos de su novela se encuentran en el punto crítico, así que sólo me aseguro de que no pierda demasiado de su tiempo holgazaneando y cumpla con los plazos. Adaptarse a mi estilo no le será tan sencillo, por eso requerirá un nuevo nivel de compromiso- reprendió a su compañero, aún caminando a su lado sin dignarse a tocarlo o forzarle a detenerse para prestarle suficiente atención –Soy mucho más estricto y productivo que el señor Jay. En mi vida no hay lugar para los fracasos o retrasos. Me escogieron con consciencia de mis logros y responsabilidad, así que…-
 
Detuvo finalmente su marcha y se giró en otra dirección -¿Me aceptará como su editor o no? Es una decisión personal que puede tomar, claramente. Si persiste en su capricho infantil de despreciarme sin conocerme por afectos extra-laborales que pudiese tener con su editor anterior, la editorial no le obligará a trabajar conmigo, pero quien se perjudica y entorpece su oficio es únicamente usted. Yo no perderé mi trabajo por sus gustos privados, sencillamente seré reasignado a un autor más inteligente y profesional- estoico e íntegro no demostró un solo ápice de apego o necesidad por permanecer junto a ese que se había convertido en su objetivo. No debía actuar desesperado aún si su misión comenzaba a complicarse o su plan terminaba por fracasar y le esperaba recomenzar una nueva tapadera. Era especialista en esa clase de operativos encubiertos, incluso llevaba honores como doble agente y espía. En todos los campos que su oficio presentaba, Saito destacaba con luz propia y no porque buscase reconocimiento o ascensos, sino porque verdaderamente el proteger la vida y hacer justicia era también su objetivo personal en que depositaba toda su pasión.
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Re: I think, I might be losing my mind || Saito

Mensaje por Aharén Rammsteiner el Vie Ene 31, 2014 7:42 pm

Tampoco es forma de presentarse asaltar a un desconocido con nuevas sobre fanáticos obsesos.—Murmuró molesto por el sermón, repitiéndose lo inmerecido que era.

Quien necesitaba uno era el que predicaba sobre la ética y el buen comportamiento que el escritor moderno debería presentar. Pero los escritores también son personas normales, se dijo a sí mismo, y se asustan cuando extraños los arrastran del brazo. Estaba irritado. Algo le irritaba. En cierta manera había provocado ese encuentro, aún así había un detalle que le tocaba bastante las narices. El discurso podría ser una buena explicación, sin embargo demasiado superficial, estaba realmente irritado. Fruncía el ceño cada vez con más empeño conforme leía su tarjeta de presentación. Figuraba el nombre de la editorial con la que había publicado un sin fin de obras, justo debajo del cargo y nombre de su “guardaespaldas”. Todos pueden copiar tarjetas, con hacerte con una... Sí, eso le tocaba las narices.

Detenidamente repasó hasta el más diminuto punto de tinta en la pequeña cartulina, buscando fallos que le ayudaran a desenmascarar a ese impostor. ¡Su editor era el viejo Jay! De la noche a la mañana... era extraño. Conocía al viejo desde hacía casi seis años, pensar que lo abandonase sin siquiera despedirse, e incluso que la editorial no le avisara con semanas de antelación acerca de un posible cambio de editor estaba fuera de lugar. Mientras más perfecta era la excusa de Fujita Goro más crecía la desconfianza, pero peor era esa especie de espina clavada en lo profundo de su corazón, el origen del creciente mosqueo.

¿Quién era Fujita Goro y qué quería?

Aunque tenía el presentimiento de que si llamaba a la editorial corroborarían la mentira de aquel sujeto, lo haría, tal vez sólo para desahogarse gritándole a un secretario que no sabía por donde coger la queja o para tirar del hilo, pedir explicaciones. No creía en la posibilidad, mas, con suerte, Fujita Goro podía ser un impostor y el viejo Jay seguir trabajando con él para hacer de su libro otro grande. Haría lo que estuviera en su mano por descubrir un fallo, sólo uno, para deshacerse del acosador. Contaba con recursos limitados si no quería levantar sospechas, por lo tanto usaría cualquiera. Llamaría una vez guardara los alimentos en la despensa.

El hecho de que se tratase de un policía ya no le parecía tan lejano. Aún no tenía consciencia de la gravedad del asunto, pero se andaría con pies de plomo.

Soltó las bolsas con cuidado sobre el suelo, cerca de sus piernas. Del bolsillo trasero del pantalón extrajo una cartera usada de cuero marrón, donde guardó la tarjeta de presentación de Fujita Goro. Su rostro no expresaba apenas nada, quizá la molestia se veía reflejada en sus ojos, intentaba comportarse con indiferencia ante la victoria de Fujita Goro en el primer asalto. Por el momento no tenía otra opción que reconocer la existencia del peculiar personaje (algo picado por las últimas palabras del atractivo editor). Sonsacaría cualquier información útil, como por ejemplo a qué se refería con “proteger”.

Llamaré.—aseguró con tono desafiante, dando a entender que era su oportunidad de retractarse si mentía. Volvió a tomar las bolsas, sin perderle en ningún momento de vista—. Y dime, Fujita Goro—dijo con recelo su nombre—, ¿tu plan para protegerme será mantenerme vigilado las veinticuatro horas del día o cómo?
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Re: I think, I might be losing my mind || Saito

Mensaje por Invitado el Dom Feb 09, 2014 3:31 pm

-¿Prefiere ignorar la realidad? ¿Le considera más acorde continuar comportándose temerariamente ante los peligros desconocidos? Me parece una actitud algo infantil de su parte... Si un tren le está por arrollar entonces ¿debería primero hacer una prolongada presentación formal y dejarle morir, o primero resguardar su vida y después hacer mi introducción?- Resopló suavemente, cerrando sus párpados con gesto de pesadez. Luego volvió hacia el escritor y aguardó a su lado tranquilamente -Llame a todos los números que desee- sonrió de lado con sutileza, sosteniéndose su larga cabellera que se mecía por obra del viento, que repentinamente sopló con mayor vigor -Sería bastante productivo si fuese así de precavido en todo ámbito de su vida-
 
-En tanto a protegerlo...- tomó la muñeca diestra del albino, afianzando un instante su mirada en la palma adyacente -Lamento informarle que no soy su niñera. Ya cumplí con mi obligación de advertirle los peligros en los que puede verse envuelto y estaré al tanto de sus llamadas por si requiere mi soporte, pero no tengo ningún particular interés en involucrarme con usted fuera del ámbito profesional- mencionó con frialdad y cierta acidez, actuando como un verdadero y común editor -Aún así me gustaría que no se muera. Que el libro a mi cargo quedase sin terminar sería lamentable para mi currículum. Por favor, mantenga su mente centrada- acotó con seriedad, sin ápice de emoción extra aparte de la que un trabajador pudiese poseer.
 
-Si ya ha terminado con sus averiguaciones, le acompañaré a su estudio para hacer una revisión de sus manuscritos, correcciones y una formal entrevista con usted- propuso sin margen a excusas, observando los alrededores con detalle -¿Cómo se le ajusta mejor que coopere para la cena? ¿Debería comprar la bebida, postre o algún aperitivo?- sugirió, sacando del bolsillo interno de su camisa una billetera negra y soltando la muñeca de su acompañante -Cuide bien sus herramientas de trabajo. El verdadero valor de usted reside en sus manos- añadió con simpleza, mientras revisaba un par de billetes que llevaba consigo, sin ser gran cantidad para no demostrar tan buenos recursos como los que recibía por su alto cargo en la policía.
 
-Me gustaría devolverle la invitación en un futuro, aunque no podrá ser en mi hogar. Lamentablemente vivo en un piso compartido con un sujeto no muy presentable, pero si me dice un sitio de su agrado, haré reservas con antelación. Veo que no tiene demasiados tapujos en mostrarse públicamente... a veces a los escritores les gusta mantenerse algo alejados de la sociedad para no perder la inspiración. No nos conocemos aún, pero cuando lo hagamos verá que el encajar laboralmente no será tan complejo como cree. Sé que puede serle duro cambiar de compañero tras tantos años, sin embargo así es la vida... nada es eterno-
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