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Diabulus Magister [Priv Aki] ~FlashBack~

Mensaje por Ayperos el Sáb Dic 21, 2013 12:03 pm

El infierno tenía un aspecto desolador. Era una dimensión paralela al mundo humano. Una vastísima extensión de tierra color ceniza, sin rastro alguno de vida vegetal en ella. Solo tierra y piedras. Allá donde alcanzaba la vista se podían observar algunas montañas aquí y allá, la mayoría de ellas volcanes activos, de los que emergía una espesa y ardiente lava rojiza, que salpicaba el paisaje de ríos de sangre. También había otra clase de afluentes y lagos, llenos de agua tan oscura que parecían de petróleo. En la superficie estallaban curiosas burbujas. No sería una buena idea meter un solo pie allí dentro. El olor que rezumaba de las pozas era similar al del azufre, y a saber qué clase de criaturas malignas y mortales habitaban en las profundidades. El cielo que cubría dicha estampa era lo más maravilloso del lugar, un orgasmo para el sentido de la vista. La cúpula celeste estaba cubierta de manera constante por una espesa capa de nubes gris oscuro, como si se tratara de polución. Esas nubes siempre estaban presentes, y nunca dejaban ver lo que había más allá, si es que había algo interesante que ver. En ese cielo plomizo no había rastro de ningún sol, u otro astro luminario, pero sí que había luz. Era como si las mismas nubes exhalaran vapores luminosos de tonalidad carmesí. El calor era abrasador.

Eran muchas y muy variadas las formas de vida demoníacas que habitaban en ese lugar. Había espíritus hechos de éter, totalmente invisibles, pura energía. Ésos eran los elementos de más bajo nivel en la escala evolutiva. A fuerza de ir superando retos, misiones y peleas, los entes iban evolucionando, hasta llegar a poseer un cuerpo hecho de carne y huesos, o de otros materiales. No todos los demonios terminaban adoptando apariencia humana, eso solo se otorgaba a los de mayor rango, pues era la manera perfecta de poder interactuar con los humanos sin ser detectados a simple vista. Era el camuflaje perfecto. Y entre los primeros y los últimos, existía toda una serie de formas de vida, engendros sin forma definida, o gigantes como una montaña, con mezcla de rasgos animales. Cualquier apariencia terrorífica que se pueda imaginar tenía cabida en ese sitio.

Ayperos había acudido a la llamada de su señor UT. Fluctuó en su inmenso castillo, que estaba tallado en las mismas rocas de la montaña, al igual que todas las edificaciones de ese lugar. Era como si las ciudades brotasen del suelo, casi fundiéndose con su entorno. UT le había hablado de Aki, el menor de 4 años de edad al que debía instruir en varios artes, entre ellos la lucha. Aunque también nombró otros aspectos mucho más interesantes de aquel entrenamiento. A pesar de ser un diablo solitario, no hecho para cuidar y criar a un niño, Ayperos se tomó aquella misión con la máxima seriedad y disciplina, primero porque se lo había ordenado UT y tenía que quedar bien con él si o si, no tenía otra opción. Si le fallaba no dudaría en matarle. Y segundo, porque ardía en deseos de violar salvajemente a ese mocoso con rostro angelical. Eran tan pocas las ocasiones que le entregaban un regalo como ese que se sentía hasta feliz de haber sido elegido por UT para ese propósito.

Ayperos acudió a la zona de entrenamientos, situada en el patio de la fortaleza de su señor demoníaco, pues era allí donde había ordenado UT que le llevasen al crío. La zona era bastante parecida a una ciudadela medieval, con el castillo del Amo y Señor de las tierras en lo alto de un montículo, enorme y de afiladas columnas negras que se alzaban hacia el infinito. Alrededor de éste se hallaban las casas de sus súbditos. Cuando mayor rango tuviera el demonio, más cerca del castillo de UT viviría. Ayperos, que era la mano derecha del señor de las tinieblas, tenía una gran casa situada justo al lado del castillo. El demonio de pelo carmesí lucía ese día un hermosísimo kimono de color verde esmeralda, que brillaba y cambiaba de tonalidad de verde según fuese la luz, y en las costuras tenía cosida una rama de espino negra, que envolvía toda su figura. Su larga melena rosada estaba recogida en una impoluta trenza alta. Llevaba su sombrilla colgada a su espalda. Por el momento no la iba a necesitar.

La zona de entrenamiento era un amplio patio exterior, donde varios sujetos de aspectos diversos, anómalos y diablescos entrenaban a su ritmo. Los había que peleaban entre ellos. Otros levantaban pesos, competían en una carrera, o hacían gala de sus poderes. Al ver entrar al demonio de mayor rango, los demás soldados saludaron, gruñendo. Ayperos hizo un leve gesto con su cabeza hacia arriba, sin molestarse demasiado en ser cortés con ellos. Podría aniquilarlos a todos juntos en un parpadeo si le apeteciese, y ellos lo sabían. El demonio de pelo carmesí empezó a impacientarse - ¿Cuánto tardarán en traerlo hasta aquí? Malditas gárgolas borrachas… - dijo en voz alta, quejándose a nadie en concreto. Y es que quien tenía que guiar al niño hasta aquel lugar eran un par de bufones súbditos de UT, llamados Dee y Dum, que tenían apariencia de gárgola. Eran una especie de animales de rasgos grotescos, bajitos y con alas, con las pieles duras como rocas, y andaban a cuatro patas, aunque podían hablar en idioma humano. Y eran unas borrachas empedernidas. Fuese la hora que fuese siempre bebían de una petaca mágica que su amo les regaló, que no se terminaba nunca. Siempre estaba llena de sake. Y se demoraban muchísimo en cumplir con las órdenes que les daban. Una vez Ayperos le preguntó a UT porqué mantenía a esos seres despreciables y que no servían para nada en sus filas, es más, dejándolas vivir en su propio castillo, cuando eran unos incompetentes que no acertaban nunca ni una. Y lo que Ut le respondió fue “Me hacen reír”. El señor demoníaco tenía un sentido del humor de lo más curioso. Si hubiera dependido del pelirrosa, esas dos harpías con voz de camionero carajillero ya haría tiempo que estarían muertas.

Los minutos pasaban y no parecía que aquellos a quien esperaba fuesen a aparecer pronto. Ayperos no era conocido por su paciencia, así que empezó a impacientarse. Necesitaba algo de acción. Miró alrededor y escogió al sujeto con pinta de ser el más fuerte. Era un demonio mucho más alto que él, con figura humana, pero con rasgos de dragón. Su piel era verde y tenía duras escamas cubriéndole toda su anatomía. El medio animal vestía solo unos calzones cortos marrones y un chaleco naranja. Ayperos le dio una patada a una piedra, que impactó sobre el rostro de su contrario. Acto seguido el demonio-dragón se puso en actitud ofensiva y empezó a gruñirle - ¿Es que quieres morir, imbécil? – le gritó mientras le enseñaba sus afilados dientes. Ayperos no se movió de su posición relajada. Le alucinaba que hubiese tipos por ahí que a esas alturas no supiesen que él era la mano derecha del amo UT. Solo por eso, ese idiota merecía recibir una paliza – Me encantaría ver cómo lo haces, chulo – le respondió, provocándole para que le atacase primero. Y funcionó. El híbrido de dragón empezó a correr hacia el de la sombrilla y cuando lo tuvo a su alcance comenzó a soltarle puñetazos. El enemigo atacaba de manera rápida y usando toda su fuerza, intentando golpear el rostro, pecho, estómago, o la zona que pudiese del cuerpo del otro, haciendo gala de un estilo de lucha tipo boxeo. Ayperos en cambio se movía de manera rapidísima, ejecutando movimientos que eran mezcla de varias artes marciales ancestrales, para esquivar todos los golpes que el otro intentaba propinarle. Pronto el de pelo carmesí se cansó de jugar al gato y al ladrón y se puso serio. Agarró la parte baja del chaleco que llevaba el demonio-dragón, lo levantó, como si quisiera quitárselo, pero dejándole atrapada la cabeza dentro.  Regiró la tela en el cuello del contrario, y sin soltar los extremos de la misma, empezó a soltarle una serie de puñetazos a la cara del otro tan rápidos que sus manos no se veían. El dragón había alzado sus manos para intentar quitarse el chaleco, que le tapaba su cara, impidiéndole ver, y empezó a emitir gemidos de dolor. Eso no hizo que Ayperos sintiera pena por él, todo lo contrario. Con lo grandote y fuerte que se le veía, y lo ridículamente fácil le estaba resultando vencerle – Jódete, cabrón! – gritó el de pelo rosado, al tiempo que tiraba fuerte del demonio-dragón, alzándolo por los aires boca abajo, por encima de su cabeza, aun asido por el chaleco que tenía entregirado en el cuello - ¡¡Waaaaaaaaaaaaaaaah!! – gritó el perdedor, cuando se vio lanzado por los aires, unos metros más allá. El impacto con las duras y afiladas rocas fue estrepitoso, y seguro que muy dañino. Ayperos dedicó una última mirada a su débil oponente, dedicándole una sonrisa sarcástica. Se quitó el polvo que manchaba su kimono dando unos golpecitos leves con la mano y se volteó, para ver si ya habían llegado las gárgolas estúpidas y el condenado niño.


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Re: Diabulus Magister [Priv Aki] ~FlashBack~

Mensaje por Invitado el Vie Dic 27, 2013 10:37 am

Mi habitación era blanca, las rocas pulidas por las manos de múltiples obreros con su esfuerzo y sudor, habían formado una de las pocas paredes lisas del palacio y estaban decoradas por un tono impoluto de pureza. Así como mi cabello e incluso la palidez de mi piel, resaltaba con todo el resto del infierno hasta el punto de despertar hostilidad y celos. Incluso yo mismo no comprendía porque mi aspecto era tan inusual y diferente a mi padre. Lo único infernal en mí eran las inescrutables pupilas rojas que destellaban como la mismísima lava ardiente de los volcanes.
 
A menudo solía observarme al espejo grande del tocador que yacía en mi dormitorio y permanecer cuantiosas horas en silencio, analizando mis características físicas y preguntándome por mi origen. Era hijo de UT, de eso no me quedaban dudas, pero no porque tuviese formas de comprobarlo, sino porque así él me proclamaba y para mí su palabra era absoluta. Amaba a Padre, aunque él se mantuviera tan distante y nulamente paternal. Sabía que algo oscuro había en mi nacimiento, estaba seguro de ello, pero no había forma alguna de averiguarlo. Padre se mostraba completamente reticente al asunto y una vez me dijo que los demonios no se cuestionaban cosas sin relevancia. ¿Era realmente así? Pues mi curiosidad tan sólo iba en aumento y mi entorno no ayudaba. La gran mayoría de demonios se metía conmigo haciendo comentarios poco agradables sobre mi apariencia, otros más osados preferían directamente intentar matarme, molestarme, golpearme o arruinar mi aspecto para quitarme estos finos rasgos “divinos”, pero por supuesto, los de mayor nivel no se dejaban perder su status por insurrección; aún así sus miradas a veces se tornaban más filosas que puñales. Me sentía muy impotente y débil en mi “hogar”. Debía estar alerta las veinticuatro horas del día si deseaba conservar mi vida y honrar a mi Padre.
 
Quería ser fuerte, quería resaltar y volverme muy poderoso, quería así llamar la atención de UT y que me observara con orgullo y cariño, sintiéndose afortunado de tenerme como hijo. Él pasaba la mayor parte de su tiempo en la otra ala del palacio, entre obligaciones y quehaceres. Miraba atentamente a los humanos y seguía de cerca sus pasos. Todo su corazón estaba puesto en esas criaturas mortales que le divertían a diario y se habían transformado en su pasatiempo principal. Especialmente trece hombres eran sus favoritos pues constantemente superaban sus expectativas. Algunos apenas eran simples niños como yo o menores. ¿Qué tenían de especial? No lo entendía y eso mismo transmití a mi Padre un día, cansado de que en las pocas “audiencias” que compartíamos él solo me hablase de los mismos; a lo que me respondió sin mucha atención que algún día descubriría sus encantos y a entretenerme con ellos. Imposible. Los odiaba. Odiaba y despreciaba a los humanos, a esos seres que me robaban a mi Padre, que eran tan magníficos sin que yo siquiera pudiese saber porqué, que me superaban en todo, volviéndome insignificante para la única persona que amaba y que existía en mi mundo: UT.
 
Ese “afecto” a cuentagotas que me ofertaba quien daba valor a mi existencia, muchas veces me era insuficiente para conseguir la voluntad para quererme. Estaba tan confundido, no era más que un crío desesperado por atención. Y en esos instantes de distorsión emocional, siempre recalaba en mí la duda sobre quién era el ser que me había parido, quién era tan especial como para haberme dado esta habilidad nata para desencajar con todos. ¿Hombre? ¿Mujer? ¿Hermafrodita? ¿Sería de otra raza? En mis teorías injustificadas imaginaba a menudo que sería un ángel, por eso me veía así y por ello era desagradable a la vista de los demonios. ¿Mi madre estaría muerta? ¿Me habría abandonado? ¿Sólo me trataba de un simple accidente o abuso? Cuán feliz hubiese sido si alguien me hubiere sabido responder a mi duda, pero creo que ni siquiera una sola criatura aparte de Padre conocía aquel misterio.
 
Cuando las gárgolas irrumpieron en mi dormitorio sin un solo atisbo de respeto, supe que finalmente había llegado la hora. Hoy comenzaba mi entrenamiento con uno de los sirvientes más allegados a Padre: Ayperos. No le conocía en persona, pero había escuchado varias historias sobre su fuerza y habilidad, y sabía que UT confiaba mucho en él, por lo que sería realmente alguien fuerte. Tragué saliva e inspiré profundo para calmarme mientras me ponía en pie. Tenía miedo, no iba a negarlo. Hasta ahora nunca había salido del palacio y jardines con guardia, tampoco me relacionaba demasiado con los demás. ¿Cómo sería aquel ente? ¿Cómo me trataría? ¿Qué clase de cosas podría aprender? Por aquellos tiempos yo era realmente asustadizo y bastante cobarde, pero muy testarudo y aquello me ayudaba a afrontar por mero orgullo aún las peores cosas a pesar de que las piernas y el pulso me temblaran. Así que erguido caminé por el sendero marcado por las gárgolas, mientras los nervios me carcomían el cerebro. Mi voluntad se sostenía sobre el hecho de adquirir poder, ganar el suficiente para ser reconocido ante todos como hijo de UT y por ende que él también me mirara con esos mismos ojos radiantes con que se fijaba en los humanos.
 
Llegar no fue sencillo, me tomó más tiempo del previsto, considerando que mis escoltas se pelearon a mitad del sendero y acabaron por dejarse inconscientes mutuamente. Tras meditarlo unos minutos y sin conseguir que retomaran la consciencia, continué por mí mismo hasta que entre vueltas y vueltas alcancé aquel patio de entrenamientos donde la guardia infernal tenía instrucciones precisas de dejarme pasar. Inspiré profundo y atravesé las puertas con una mirada desafiante y voraz, destinada a espantar todo posible enemigo que quisiera dañarme –claro que a esa edad aquello no resultaba ni en mínimos porcentajes, pero por supuesto que no me percataba de ello-. Yo lucía atuendos elegantes y poco cómodos: una camisa blanca con mangas largas holgadas en los puños y bordados dorados en la zona posterior, encima un chaleco negro de cuero, y unos pantalones cortos morados, cerrados bajo la rodilla; mientras que en los pies calzaba unos zapatos de plataforma baja de apariencia costosa y refinada.
¿Quién sería Ayperos? Los guías que le conocían ya no se encontraban a mi lado, de modo que sólo me restaba averiguarlo a mí. Tal vez era ese pelirrojo del centro del estadio, quien se ubicaba solo y con aspecto de pocos amigos. Avancé queriendo llegar hasta él, pero varios demonios musculosos e inmensos se interpusieron en mi camino con sonrisa burlona, zamarreando sus armas con claras intenciones de hacerme daño. Retrocedí unos pasos, asustado y sin saber cómo hacerles frente –A-Alguien… ayúdeme- susurré imperceptible, casi sin deseos de ser escuchado. Si mostraba mi pánico y debilidad, Padre definitivamente se decepcionaría de mí y me odiaría. Aún si mi vida corría peligro, no podía lucir miserable.
 
“Padre, por favor quiéreme, quiéreme… Yo sólo vivo por ti y para ti”.
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Re: Diabulus Magister [Priv Aki] ~FlashBack~

Mensaje por Ayperos el Lun Dic 30, 2013 6:02 pm

Ayperos acababa de tirar por los aires al demonio-dragón, dando así por finalizada aquella irrisoria pelea con él. Cuando se volteó para echar un vistazo a su alrededor, encontró al chiquillo que estaba esperando. No podía equivocarse. Allí, junto a la entrada, había un mocoso albino de ojos carmín, que apenas se alzaba cinco palmos del suelo. Era Akira, el hijo de UT, y estaba siendo acosado por un grupo de demonios mucho más mayores que él. Parecía que el niño fuese a echarse a llorar en cualquier momento. Ayperos encontró divertida aquella situación, y decidió dejar que los diablos se entretuvieran con el pequeño albino un rato más, antes de intervenir para salvarle. Además, así iniciaría su entrenamiento con el mocoso. Akira debía aprender a estar alerta y dispuesto a presentar pelea en cualquier instante de su vida, aunque se encontrase en inferioridad numérica, y aunque sus adversarios fuesen a todas luces, mucho más poderosos que él. Mostrarse fuerte y valeroso ante el enemigo era casi tan importante como serlo. – Vamos, pequeño, saca al demonio que hay en ti – susurró en voz muy baja el pelirrosado.

Aquellos demonios, medio humanos medio bestias inmundas, empezaron a rodear al menor, poniéndose ante él y a sus costados en semicírculo. Akira tenía un alto muro justo a su espalda, y ninguna posibilidad de escapar de allí. A todas luces el menor iba a recibir una paliza de muerte – No deberían dejar entrar a niños en este lugar – rugió uno, con una voz atronadora – Puede haber un accidente y que muera alguien, ya se sabe – amenazó otro, acercándose más y más al chiquillo. Ayperos permanecía inmóvil, completamente estático a unos metros de allí, sin apartar su afilada mirada de aquel grupo de abusones. En el preciso instante en que uno de ellos, el más grande y temible de todos, se lanzó contra el albino, espada en mano, para rebanarle el cuello, el demonio pelirrosado fluctuó, y en un abrir y cerrar de ojos apareció de la nada, situándose frente al muchacho. Había sacado su sombrilla y la mantenía en alto, deteniendo la mortal estocada del arma de aquel malvado demonio – Fuera de aquí si no queréis que me cabree – les dijo entonces Ayperos, con voz suave pero amenazadora al mismo tiempo – Hay que ser cobarde para atacar siete contra uno a un niño – fue su siguiente comentario mordaz. Los demonios empezaban a alejarse del lugar, enfadados con el pelirrosa por haberles quitado su pequeña diversión del día – Al próximo que se le ocurra acercarse al crío tenrá que vérselas conmigo. Quedáis avisados. – seguro que los demonios se lo pensarían dos veces la próxima vez antes de atacar a Akira, pero solo mientras Ayperos estuviera cerca. El pelirrosado sabía que si él no estaba, los demás harían lo que les vendría en gana. Por algo eran demonios, seres hechos de pura maldad.

El pelirrosado entonces se guardó de nuevo la sombrilla, colgándola en su espalda. Se giró y se quedó mirando al mocoso desde arriba, con los brazos cruzados y el ceño fruncido – Tú eres Akira, ¿verdad? – le preguntó, aunque ya conocía la respuesta – Yo soy Ayperos, segundo comandante general de las tropas infernales de UT. Puedes llamarme Sensei. – le dijo, para que el menor supiera que no estaba tratando con un cualquiera, sino con uno de los demonios más importantes del infierno, dejando de lado a su progenitor. - A partir de este momento paso a ser tu Maestro. Vas a tener que obedecerme en todo lo que te diga, sin replicarme ni hacer preguntas estúpidas. – Ayperos no sentía compasión por el chiquillo, a él le daba igual si el pequeño diablo aparentaba fragilidad o dulzura, o su apariencia de niño de mamá. Su misión era convertirlo en un poderoso demonio capaz de cuidar de sí mismo, y de vencer a sus enemigos, fuesen fuertes o mayores en número. Todavía faltaba mucho para eso, pero el entrenamiento ya había empezado. – El adiestramiento será largo y tedioso, y los primeros meses, que son los más importantes, los vas a pasar por completo a mi lado. Vivirás conmigo. Me encargaré de que desarrolles tus sentidos. Haré de ti un demonio temible, y que todos al verte o con solo oír pronunciar tu nombre, se echen a temblar de puro terror – el pelirrosado no estaba exagerando, era justamente lo que pretendía conseguir con él y no se iba a andar por las ramas. Finalmente añadió, en tono más profundo y ronco, mirando fijamente al crío a sus orbes carmesí – UT me ha dado carta blanca en este asunto. Puedo hacer todo lo que quiera contigo. Mientras sea tu Maestro, tu alma y tu cuerpo me pertenecen, y puedo disponer de ellos y hacer contigo lo que me venga en gana. Incluso torturarte, si creo que eso te va a ayudar en algo, o hará de ti un demonio más fuerte. – aunque no estaba pensando precisamente en torturarle cuando le dijo eso, más bien hablaba de poseer su cuerpo de manera morbosa. Algo que no pensaba demorarse mucho en hacer. Pero primero lo primero.

Ayperos echó un vistazo, de arriba abajo, al atuendo del crío – Esas ropas no son las más adecuadas para pelear. – comentó en voz alta – Además es un look muy hortera – puntualizó a continuación, buscando enfadar un poco al chico, hacerle sacar su carácter. Necesitaba conocerle a la perfección, saber qué le hacía enfadar, con qué provocación saltaba más fácilmente. También necesitaba conocer sus puntos más débiles, y sus puntos fuertes, para poder trabajar con ambos y llegar a moldear a ese pequeño ser en el gran demonio que tenía en mente. – Quítate el chaleco y la camisa, lo único que harán será estorbarte – ordenó Ayperos con un tono firme que era del todo indiscutible. Con el calor abrasador que hacía en ese lugar, el crío no iba a pasar frío por andar con el torso al descubierto. – Y quítate los zapatos también. Es importarte que tus pies toquen el suelo. – Akira no podía saberlo, pero si en algún momento se veía cegado en una pelea, a través de las vibraciones que sintiera en las sensibles plantas de los pies, podía saber por dónde se le acercaba el enemigo, y podía ser la diferencia entre salir ileso o muerte de una pelea. Además de estarle dando un importante consejo, Ayperos no le explicó el porqué se lo decía a propósito, para saber qué grado de sumisión, lealtad y aceptación de órdenes tenía el crío. Acababa de decirle que sería su Maestro, y que debía obedecerle en todo, sin replicarle jamás. A ver si era capaz de hacerlo, o si el pelirrosado tendría que doblegar antes su ego para conseguirlo.

En ese momento entró en el campo de entrenamiento un demonio realmente asqueroso. Era una especie de ser unicelular enorme, alto como un castillo, y muy ancho. Tenía forma como redondeada, pero muy amorfa, y eso se debía a que su cuerpo estaba hecho por completo de una baba viscosa verde, muy parecida a los mocos. Ese demonio en cuestión no es que fuese tremendamente fuerte, ni muy veloz, pues andaba arrastrándose como una lombriz. Su mayor arma contra sus enemigos era precisamente el asco que les daba, que preferían salir corriendo antes de tener que enfrentarse con él y terminar todos bañados de flemas verdes asquerosos. – Tú, blandito, acércate – le dijo Ayperos al demonio verde y viscoso, que detuvo su avance y empezó a arrastrarse hacia donde estaban ellos dos. El pelirrosado ya había visto a ese demonio entrenándose, su forma de pelea era saltar sobre su enemigo y envolverlo por completo en su gelatinoso cuerpo, asfixiando a su oponente llenándole los pulmones de mucosidad. Una muerte realmente estúpida y vergonzosa. No dejaría que llegase a tal extremo con el menor, pero sería una buena forma de que Akira se quitase los miedos y las tonterías de encima, enfrentándose a un oponente, que si bien era asqueroso, no era mortal de necesidad. Ayperos dejaría que ambos luchasen, y solo intervendría si las cosas llegaban a ponerse demasiado feas para el albino – Quiero que pelees con el crío. No te reprimas. – le dijo el pelirrosado al baboso, señalando con la cabeza a Akira.


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Re: Diabulus Magister [Priv Aki] ~FlashBack~

Mensaje por Invitado el Mar Ene 07, 2014 2:05 am

Tenía miedo, sí, eso era. Incluso más que los demonios que osaron emboscarme para acabar con mi vida, ese demonio de aspecto notablemente débil en comparación al resto, bajo y común, me provocaba escalofríos e inseguridad. Su mirada no mantenía una sola pizca de compasión y podía sentir perfectamente que a pesar de haberme salvado, ahora mi existencia corría más peligro que antes. ¿Por qué Padre le había dado poder total sobre mí a esta criatura? ¿Tan confiable era? ¿En verdad no me lastimaría? Aunque la lógica apuntaba a ello, mi sexto sentido yacía alerta, completamente en guardia con Ayperos; pero aún así no era capaz de hacer mucho más que obedecerle, ya que al fin y al cabo esa era la voluntad de mi Padre y debía seguirla por dura que fuese.
 
-¿Es... realmente necesario?- pregunté, agachando la cabeza con las mejillas sonrojadas y el ceño fruncido, apretando los puños. ¿Hortera? Tsk, claro que mi aspecto no tenía nada de eso, el sujeto sólo estaba fastidiándome al saber que me correspondía acatar sus órdenes sin rechistar. Suspiré apesadumbrado y lentamente comencé a cumplir la voluntad de mi maestro, desabotonándome la chaqueta y camisa hasta desnudar mi torso y dejarlos caer a un lado. Yo definitivamente no me veía como alguien que pudiese representar una leyenda peligrosa o amenaza entre los demonios, pero ya vería cuáles eran los planes de mi instructor con el tiempo. Lo importante ahora es que me estaba sintiendo bastante incómodo de ubicarme a la intemperie con los rosados pezones al viento y mi blanca piel frágil a simple vista del enemigo, así como los pies descalzos ensuciándose al pisar la plataforma mugrienta. Muy asqueroso. Pero más lo fue la criatura mucosa que mi acompañante llamó hacia nosotros, invitándola a luchar contra mí.
 
Mis ojos se abrieron bien grandes y comencé a retroceder algunos pasos, balbuceando asustado cosas inentendibles -¿Eh?... p-pero yo nunca he... ¡N-no tengo siquiera un arma!- demasiado tarde, debí echarme a correr al instante en que el enemigo se ubicaba excesivamente cerca de mí, intentando alcanzarme. Mi mirada llena de desesperación reflejaba mi falta total de experiencia en el combate, mientras las risas de los espectadores aguardaban burlescas por verme caer. ¿Qué haría? ¡Maldición! Apenas era capaz de correr con todas mis fuerzas para alejarme, no se me ocurría siquiera cómo dañar a un ente así. ¿Por qué Ayperos me había metido en esto? ¿Planeaba dejarme morir si fallaba? Casi sentía que las lágrimas se me escaparían por la frustración, pero aún con la vista algo nublada, no me rendiría.
 
En medio de mi huída a toda prisa, resbalé con la mucosidad dejada en el suelo por mi enemigo y caí de bruces, lastimándome en el impacto las rodillas y raspando mis palmas de las manos ¿Qué haría? ¿Cómo zafaría de esa? Miré con terror a la babosa que aumentó el ritmo y luego detallé con nerviosismo los alrededores, fue entonces que vi un demonio luchando cerca, llevando una cantimplora con agua en su cinturón y una idea vino a mi mente. Tragué saliva preocupado, esperando que el plan funcionara o todo estaría perdido.
Rápidamente mi rival saltó hacia mí, buscando aplastarme, pero rodé por el piso ágilmente, huyendo al mismo instante en que transformaba aquella mucosidad del suelo en fuego de aceite, el cual se propagó desde esa plasta en el suelo hasta su portador. Entonces me puse en pie de un salto y corrí salvajemente hacia el demonio que había capturado mi mirada, al cual robé su cantimplora y lancé el agua sobre las llamas. Una importante explosión se produjo ante el impertinente acto, desatando un verdadero caos y océano de fuego. Yo como consecuencia del estallido volé algunos metros hasta darme contra una pared y perder el conocimiento. Quizás mi plan había sido algo suicida y no saldría vivo de él, pero eso era mejor a fallar sin siquiera intentarlo y que mi padre renegara de mi nacimiento.
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Re: Diabulus Magister [Priv Aki] ~FlashBack~

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