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...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Vie Dic 13, 2013 5:44 am

Potente escalofrío recorrió su cuerpo cuando su costado se vio abordado por unos fríos dedos que incluso llegaron a robarle el aliento, su piel se erizó al contacto producto del brusco cambio de temperaturas, dios. Podría llegar a acostumbrarse esa clase de gélidas caricias, le aportaban mucho más que un par de candentes manos a las que el sudor empapaba, aquellas eran distintas, únicas. Su pezón se erizó bajo el contacto, mierda.
Acelerado tras el beso sonrió con son de prepotencia cuando el foráneo le mencionó de aquel modo pero atraído enigmáticamente por aquel tan bien formado cuerpo apoyó un codo sobre la cama para alzarse lo menester y así poder observar como la camisa abandonaba poco a poco la piel contraria. Vientre perfecto, bien definido, contorneado: De repente le envidió, era un cuerpo digno de deseo, digno de pecado. Formas masculinas que todo desearía, que toda mano querría tocar y apoderarse. Y sin embargo, todo lo que su vista alcanzaba era retorcidamente suyo. O algo así... ¿No? su mirada se centró poco después en seguir el camino de esa prenda lanzada, oh, sí, Orion era listo. Muy posiblemente terminaría sin armario si se seguían dando esos encuentros entre ellos. Tenerle cerca era sinónimo de perder el control, de carecer de él en todo aspecto. No podía ni quería evitar que la pasión animal que le procesaba se marchitase, era un extraño símbolo de ambos. Allí no había sitio para la vergüenza o la gentileza, cuando las puertas de la habitación se cerraban, Tohru a pesar de haber compartido cama con él una vez debería imaginar a que se enfrentaba: No sabía con que clase de chicos el otro se habría juntado, no obstante, se encargaría de borrar huella.

Podía llegar a jurar que la mirada que ahora le dedicaba aquella carmesí refulgía y brillaba embebida por el deseo era igual o más intensa que el odio que el ajeno disgregó cuando vio a Jack, ése chico con el que pretendía olvidar lo visto en el improvisado campamento de la sesión, aunque... Le dedicó una sonrisa retorcida cuando una de las manos de este aterrizó cerca de su cara pero la misma mueca fue borrada cuando la lengua adyacente se contorneó sin permiso por encima de su comisura pero su sinhueso salió al encuentro de la otra, asegurándose de empaparle bien en su saliva, tatuándole calladamente en su aroma, fue un gesto que se ejecutó fuera de ambas bocas por lo que se vio libre de hablar cuando así lo quiso. –¿Eres el perro de la reina?- ¿Cómo mierda podía ponerle tanto tener a ése imbécil sobre una cama? Su diestra se alzó de ahí de dónde la mantenía entre las sábanas y se apoyó sobre el oscuro cabello de su manager, enredando los dedos entre sus mechones con muy fingida inocencia. –Entonces deberías ser bueno y obedecer antes de que te corten la cabeza.- dejó las caricias aparcadas pero su palma no se movió de la cabeza contraria.

Su mirada buscó la otra y entonces hizo algo de fuerza contra esa mata de pelos oscura, empujándole sin pudor hacia su bajo vientre: Estaba siendo bastante directo en su deseo. –Baja.- pero por si el otro no lo comprendía volvió a valerse de su viperina y siempre directa lengua. Estaba acostumbrado a otro tipo de situaciones en el camastro, lidiar con sonrojos, procurar contener su lado más salvaje... Pero con Tohru se dejaba a lo que sus sentidos marcaban por más pervertidos que estos pudieran parecer o fueran y respondía con la misma intensidad, incluso con una mucho más intensa, era su maldito y más retorcido cielo, su infierno... Maldita sea, ése imbécil se había convertido en una parte imprescindible en sus días. Muy posiblemente ése sería... sí, sería la única persona por la que sería capaz de luchar, la única que en sus veinte años de vida podría admitir algo de cariño –algo que no diría en voz alta, antes muerto a tal comentario-. Dedicó otro pequeño empujón, deseándole ya entre sus piernas.



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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Invitado el Vie Dic 13, 2013 10:16 am

Aquella lengua no tardó en salirle al paso, a recibirle fuera y no tardó en seguir el juego de la misma, abrazándola con la suya propia. Por supuesto que el blondo no tardó en seguirle el juego y le bajó a "perro de la reina". Sonrió burlón mientras aquellos dedos ajenos se movían por sus cabellos. —¿Porque no me deja ser Alicia mejor? Pintaría todas las rosas que usted quisiera su majestad, incluso su propio cuerpo así lo desea. —La nariz del vástago se paseó por el cuello del blondo, rozando el mismo en camino hacia más abajo antes de que aquella orden llegara. Sus orbes parecieron mirarlo con malicia mientras sus manos se movían de aquella posición, movido más por el deseo que por la orden de Natalie, después de todo, aquella vez se había detenido frente a la ausencia de condones y por lo mismo, esta vez quiso hacer la pregunta por medio de un comentario mientras con una de sus manos subía la ropa del rubio, despejando con sus gélidas falanges parte de su abdomen y pecho. —¿Nunca has disfrutado de aquello sin condón? —Realmente no lo sabía pero esta vez no tenía la menor intención de detenerse. Quizá porque ya habían pasado la primera vez sin el uso del preservativo, pero también porque quería que aquella segunda vez, fuera su saliva directamente la que marcada territorio sobre el miembro del blondo y luego sobre todo su cuerpo.
Sonrió descarado ante lo impaciente de su presa y sin embargo, se acomodó entre aquellas piernas mientras sus manos dejaban rastro de su fría presencia por sobre la piel del cantante, llegando así hasta el borde de su pantalón, del cual tiró del redondo botón y seguidamente, bajó el cierre listo para tirar de él antes de que su alteza se diera cuenta de que le estaba haciendo esperar a propósito.

Lanzó la prenda a los suelos, allí donde ahora descansaría junto a su camiseta. Ahora tenía a la vista tanto las piernas del blondo, como aquella rotunda erección apretada bajo la ropa interior. Miró hacia arriba a Natalie, a sus ambarinos orbes antes de erguirse hacia adelante y presionar por una de sus manos sobre la zona antes de quitar la prenda. Ese maldito le arrastraba al deseo de querer consumirlo por completo, pero lo disfrutaría, parte por parte. Sus manos se movieron hacia los costados del otro para tomar su ropa interior de los extremos para bajarla, haciendo que el miembro de este se viera libre y expuesto ante el vampiro, quien terminó de quitar el boxer antes de devolver la atención hacia aquella zona. Sin duda le llamaba la atención aquellos piercings que descansaban en la punta y término del miembro del rubio, y aunque se preguntaba si no le habría dolido el colocarlos allí, no dijo nada, sino que simplemente exhaló una buena porción de aire frío contra el miembro del otro.
No se podría decir que no estaba disfrutando aquello, porque claro que lo estaba haciendo. Se podía ver en aquella expresión divertida que tenía su rostro, aunque la misma parecía en realidad la de un depredador a punto de atacar a la presa que tenía justo delante de sus narices.

Rodeó con sus manos los muslos del otro, apretándolos entre sus dedos al tiempo que su lengua salía a dar recibimiento al falo de Natalie, dándole una primera y larga lamida desde el final hasta la punta, deteniéndose para juguetear con el piercing que allí se hallaba, paseándolo por su lengua antes de ir más profundo sobre la intimidad del blondo. Sus labios rozaron la punta del mismo antes de hundirse completamente en él, atento a sus reacciones. Porque las disfrutaría, disfrutaría sentirse dueño de cada gemido, cada nuevo jadeo, cada nuevo empujón de ansiedad por parte de su presa. Le daría lo que se había negado a entregarle a otro, todo su deseo y las perversiones que se escondían en lo más hondo de su ser. u lengua se movió por sobre la extremidad, untándola en su saliva, apretando con la misma sobre aquella vena que le recorría, dejando aquél lugar completamente empapado antes de continuar...antes de llevar una mano hasta el mismo y ayudarse para comenzar a chuparle.
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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Vie Dic 13, 2013 7:30 pm

¿Era coña? ¿Cómo mierda había ése idiota adivinado que él no...? Le miró desde su posición, su pecho subía y bajaba con brusquedad no por que nadie le impidiera respirar como era menester, si no por el hecho de saberle justo encima, predispuesto a otorgarle placer, totalmente dispuesto a jugar con él incluso con palabras mayores, incluso riéndose de las posiciones de mandato: Pudiera ser que Tohru fuera el activo en cuanto a la penetración pero sin duda el activo en cuanto a los gestos y palabras tenía nombre y no parecía ser el morocho. –No.- apoyó la nuca en el colchón, olvidándose de la posición foránea, dejándose a lo que pronto se daría, disfrutando, claro, de aquellos fríos dedos deslizarse por toda su piel de manera tan sumamente apetitosa, erizándole hasta la mínima y más pequeña porción de piel anteriormente descubierta, no obstante y para cuando el ajeno tiró de su pantalón enervó las caderas para permitir que la tela se deslizase entre su cadera y posteriormente piernas. –No la he chupado ni metido sin condón. Y tampoco me lo han hecho a mí. Siéntete afortunado, capullo.- cuando el bóxer también abandonó posiciones su sexo saltó como un muelle en espera de contacto, alzándose frente al contrario y mostrándose urgido por aquello que sabía que se daría. Uf... frío. Aliento gélido le rozó el pene y entonces se supo la futura presa de aquel cazador de vítae. Apretó los ojos: Ohhh... delicioso. Las manos de su amante le rodearon los muslos de manera sin igual y el primer contacto se dio. ¡Por UT! ¡Era como deslizar un húmedo hielo por toda la extensión de su polla! Era frío, sensual, mojado... Arqueó vagamente las caderas por el placer de lo acontecido y emitió un primer quejido, algo similar a un jadeo que procuró esconder de los oídos contrarios. Mierda. Era muy temprano aún para mostrarse tan... excitado.

Pero sin lugar a dudas ése maldito cuerpo estaba creado para el mismísimo pecado y fuera como fuese se sentía irremediablemente atraído por él, tanto era así que su excitación crecía con tan solo mirar como se procuraba en su entrepierna. No pudo estarse quieto y nuevamente su codo derecho se apoyó en la cama para intentar alzarse lo menester para verle. Las vistas eran fabulosas. Su dedos apartaron con minucioso cuidado las hebras que cubrían la frente de su compañero viendo como se tragaba esa porción de carne. –Oh, tengo al gran Orion entre mis piernas...- intentó reír pero en vez de hacerlo un gemido ahogado amaneció en su garganta, resonando sus cuerdas vocales y haciéndolas incluso vibrar. No perdió su posición semi-erguida pero su mirada dejó de estar tan vívaz y divertida por culpa del placer. Sus párpados se entrecerraron y la diversión consagrada en su semblante pasó a ser un gesto del más puro placer... Aquello no podía ser real, ése placer no podía existir. Era demasiado. Enroscó los dedos entorno a lo oscuro que sujetaba y tiró de sus hebras, no con intención de dañarle, si no con la de empujarle hacia aquello que estaba engullendo, chupando, lamiendo. –A-ahh... P-para. No..- ni él mismo sabía que quería o deseaba decir, estaba comenzando a perderse en aquella espiral que un par de noches atrás ya le envolvió.

Era suyo. Suyo. Y pensarlo mientras le tenía en esa posición únicamente le lograba excitar aún más. Pero era cierto: No podía estarse quieto. Una de las piernas que el vampiro sujetaba no pudo estarse ahí quieta y cómo si estuviese obligado a ejecutar aquella acción su extremidad se movió hasta que la planta herida se apoyó contra el hombro de su compañero, dándole mejor acceso a aquello que engullía. No podía ser verdad, se negaba a creer que la ausencia de un plástico estuviera envolviéndole en un placer tan exagerado, tan intenso. De seguir así, mucho se temía no tardar en acabar por lo que, con cierta desesperación esta vez sí intentó desincrustarse de su boca, jadeando su nombre.



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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Invitado el Vie Dic 13, 2013 10:18 pm

¿Oh? Entonces sí, se sentía bastante afortunado de ser el primero en abrirse paso a través de ese cuerpo sin protección de por medio. Sonrió al escuchar aquél gemido mal disimulado por el otro, lo cierto era que su cometido era hacerle temblar y no estaba muy lejos de lograr su cometido. La engullo hasta la garganta, dejando que aquél idiota llegara a tocar el cielo con los dedos aunque no le permitiría llegar al clímax de aquella manera. No, todavía faltaba mucho para que le permitiera terminar y aquello solo había comenzado. Sus orbes rojizos apenas se abrieron ante el contacto de los dedos del blondo entre sus cabellos, aquél era en definitiva alguien incapaz de quedarse quieto por un momento, incluso en una situación como aquella. Ahora que lo pensaba, seguramente Noiz debía hacer más de activo con sus otras visitas esporádicas ¿no? Siendo así, debería ser algo complicado el pasar de aquello a convertirse en el sumiso...porque Tohru ni de coña iba a tomar el papel del pasivo. No, no, eso era algo que ni siquiera su majestad podría conseguir, ni con todas las galletas caseras del mundo.  
De momento prefirió evitar el contestar a aquél comentario del blondo solo para procurarle más lamidas y chupadas que en un momento se volvieron en un constante vaivén apretado por parte de sus labios. Así, quería tenerle al borde del abismo, gimiendo y temblando, sabiéndose cerca del final gracias a las atenciones que desperdigaba por todo su miembro.

Era divertido ver como el otro le pedía que parase aun cuando acomodaba sus piernas para permitirle un mejor acceso. Lo cierto era que sentir vibrar aquél cuerpo le empujaba a continuar, a profundizar las chupadas, a dar uno que otro mordisco suave sobre aquella piel excitada, enrojecida y dura. Lanzó otra bocanada de aire frío contra la erección del rubio antes de observar hacia su rostro tras que este gimiera su nombre. Ese era su aviso. Sabía que muy pronto el rubio llegaría, pero no quería aquello y por lo mismo se separó de su miembro tras una última lamida a la punta. —Siéntete afortunado de haberme tenido entre tus piernas, capullo. —Atacó ahora con la misma frase que Natalie había pronunciado momentos atrás, pero no se quedó solo allí, sino que levantó una de las piernas del cantante, irguiendo su cuerpo apenas hacia adelante para poder dejar un par de besos sobre la misma, al tiempo que comenzaba un camino de saliva por la misma, hasta llegar a su rodilla, donde mordió la piel apenas lo suficientemente fuerte como para dejar una marca rojiza. Buscó con sus orbes el rostro de Natalie para entonces volver a hablarle: —Esta vez no será tan fácil majestad. A mí también me gustaría ver a esa boca haciendo algo más que hablar. —Su mirada se afilo en una sonrisa arrogante. Su cuerpo se irguió para esta vez quedar prácticamente arrodillado sobre la cama y frente al blondo. ¿Qué haría?

Sí, el vampiro andaba en busca de todas sus primeras experiencias sin el plástico de por medio. Ya tenía dos de las mismas y le faltaba la tercera, y aunque había una cuarta experiencia, no arriesgaría al cantante a aquello, no podía permitirse aquello ahora que el otro se vería impulsado hacia horizontes más altos. Era su manager después de todo y debía protegerle, incluso de él mismo y de decisiones que pudieran perjudicarle. Y ahora que le veía desde aquella posición, no podía negar que era jodidamente atractivo y definitivamente aquella posición sobre las sábanas, con las piernas abiertas y su entrepierna a la vista, lo hacía una presa sumamente deseable, tanto, que si no se controlaba a sí mismo, podría lanzarse sobre el mismo con tal de hacerse de él y oírle gemir incluso mucho más fuerte mientras le llenaba por dentro. Natalie sacaba en definitiva al verdadero ente creado por UT que resultaba ser, lujurioso y deseoso de aquél cuerpo, pero también dispuesto a cumplir los caprichos de su poco tímida presa. Se relamió antes de fijar la atención sobre el ombligo del cantante, allí donde aún descansaba la mariposa que le había obsequiado. Sí, sin duda aquél regalo le lucía bien.
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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Sáb Dic 14, 2013 9:01 am

Vaya, vaya... al parecer y sin que ninguno de los dos fuera realmente consciente habían creado una especie de código: Jadear y/o gemir el nombre de su compañero era sinónimo a morir ahogado en placer, a estar alcanzando el clímax. Sería entonces cuando el compañero cesaria caricias para poder... Ampliar la tortura. Aquello era sumamente delicioso, no había otra cosa que pudiera excitarle más que justamente aquello que entra ambos estaban creando sobre las sabanas. El otro era experto en las lamidas propinadas, intensas, suaves, húmeda... Arqueó la espalda al no esperar que la ejecutada fuera la última lamida y no pudo más que gruñir cuando esa condenada boca se separó de su erección. Mierda. Abrió a duras penas su mirada, una que en algún momento e la contienda se cerró por culpa de las fuertes sacudidas que le envolvían, por culpa del temblor que le tenía preso. No obstante y a pesar del ladrido del vampiro no pudo más que sonreír: Oh, sí, le había tenido justo dónde quería y tan siquiera le había tenido que obligar a ello, había sido el vampiro quién se dejó a los empujones, o quizás, realmente nunca hicieron falta los mismos para que aquello aconteciera, de todos modos, sin duda si podría llegar a sentirse orgulloso de haberle tenido ahí, de haber estado incrustado en la garganta del mayor. Sólo de pensarlo bien se podría poner duro en cualquier otro momento.
Y de nuevo el condenado castigándole, su sensible piel recibió los labios de su compañero con un gesto particularmente sorprendido. Nadie le... ¿Cuándo le quedaría aún por aprender? ¿Cuánto por descubrir?

Tensó ligeramente los dedos de los pies conforme aquellos labios se hacían camino pero, claro, el manager era experto en negociar, y... estaba claro que no daría sin recibir. Una sonrisa se formó en su comisura al escucharle y no dudó en erguirse a como pudo debido a los espasmos que a pesar de no haberse podido correr se hacían en su cuerpo. Bajó la pierna que el otro tenía atrapada con brusquedad, marcando bien el gesto para atemorizar al otro –algo que, claro, dudaba que sucediera- pero deseaba mostrarse la reina, hacerse sentir importante en la siguiente escena. Con la pierna ya apoyada sobre el colchón se sentó cuidando que el otro no se moviera, que restase ahí, con las rodillas hincadas a los lados de sus caderas y entonces, sus manos se agarraron a la cintura del adulto, creando caricias tan tenues como sin duda posesivas aprovechando para tocar lo que hasta ahora no había podido acariciar, aunque sus dedos fueron más bien bruscos y se aseguraron de dejar surcos enrojecidos ahí dónde pasaban, presionando dónde gustaba, tatuando dónde quería. Condenada piel aquella fría que tenía a su merced. –Así que pidiendo favores de la reina....- ladró, riéndose. –Más te vale pagar luego con cara moneda. O te cortaré la cabeza... La inferior.-

Inclinó el rostro hacia delante y rozó con la nariz la punta de aquello que estaba aún escondido, lamiéndolo por encima de la ropa que portaba, humedeciendo así la tela y creando un pequeño surco sobre la misma. Aspiró aire caliente sobre lo frío de esa dermis y las manos que contornearon el cuerpo del vástago ahora se abrieron paso hasta la cinturilla de su pantalón, tironeando de él hacia abajo junto a la ropa interior sin andarse con ningún tipo de recato, sin pensar en quitarle botones o deshacer la cremallera: Nada. Brusco. Quería verle y verle ya, ahí, así por él, por sus caricias. La tela cedió al empuje y ahí estaba su desnudez, palpitante por él. Se relamió los labios de manera gustosa antes de, con una lentitud abrumadora ir en busca de su glande y dar su primera lamida: Agrio, extraño. Arrugó el puente de la nariz y dio otra lamida, esta vez centrándose en el pequeño agujero de la uretra del mayor: Acido. Excitante. La mueca pareció disgregarse y su mano derecha, trémula por las acciones acometidas fue a sujetarle el falo para encararselo a aquella lengua, aunque el pircing era protagonista de las caricias, deslizando metalico artilugio con cada nueva contienda, con cada nueva acción.



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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 14, 2013 11:18 am

Sonrió al ver al otro dejar su posición sobre las sábanas, entre medio de temblores. Ah, ciertamente podría solo quedársele viendo desde aquella diferencia de alturas, pero sabría que con eso no estaría conforme, no podía estarlo cuando se trataba de aquél vándalo. Su maraña de pelo rubio apenas le dejaba verlo, pero sí que podía sentir como aquellos dedos tibios se rozaban contra su piel con algo de rudeza, seguramente, dejando marcas sobre la pálida piel. Al otro debía gustarle realmente aquello ¿no? Dejar marcas por su cuerpo, ¿símbolos de posesión? Era lo más probable.
Escucharle responder hizo que riera antes de volver a hablarle: —Por favor su majestad, pareciera que no me conociera. —Una de sus manos subió por el costado del blondo, rozando su hombro, su cuello, la forma de su oído y luego sus cabellos, en los que finalmente su mano reposó, enredando sus dedos en las hebras doradas del cantante. —Pagaré y le dejaré algo extra para su real regocijo. —Bromear con él de aquella forma sobre la cama le divertía pero también le excitaba. Ese vándalo, no tenía la más remota idea de lo atrayente que era todo él, incluso el aroma de su cuerpo, la temperatura del mismo en contra de su piel fría y sus gemidos...Noiz era una trampa mortal sin duda.

Al sentir el primer acercamiento, sus dedos se deslizaron por los cabellos del otro. Esta también sería la primera vez del otro y se daría cuenta que no era para nada igual a cuando el plástico se alzaba entre la boca y la carne. Por supuesto que no pudo evitar el sonreír al sentir como el otro tiraba de su ropa con brusquedad, sin siquiera prestar atención al botón que por allí se encontraba. Bueno, así era él, no importaba, simplemente quería sentirle allí y ver más de sus reacciones, de sus expresiones, de aquellas que a cada día que pasaba podía descubrir más a fondo, tal como en el avión al verle dormir, tal como al verle llorar entre sus brazos, tal como la primera vez que se habían acostado, viendo y escuchándole gemir. Pronto la ropa cedió ante el ataque del blondo y su hombría se vio expuesta ante el cantante. La primera lamida hizo que entrecerrara los ojos por acción del contacto y sin embargo, no quería perder detalle, como un observador que también era parte de aquella obra. Bajó un poco la mirada para poder observar hacia al que ahora había tomado de su miembro y le procuraba caricias por el mismo. Desde su miembro y hacia arriba, podía sentir como unos leves piques eléctricos recorrían su cuerpo. Era extraño sentir aquella bola también contra su miembro y sin embargo también era parte de las ondas de placer que subían desde la punta de su pene.

Si se esforzaba tanto ¿Cómo no le dejaría totalmente satisfecho a su alteza? Le dejaría jugar con aquella extensión de su cuerpo un poco más antes de tomar lo que verdaderamente quería. Se relamió al recordar su estrecho interior mientras sus dedos se apoderaban de sus cabellos, tirando de los mismos con cierto cuidado y aunque se había quejado por la hiperactividad del blondo cuando le había procurado atención sobre su miembro, él también sentía que no se podría estar en aquella posición por mucho, aunque estaba disfrutando con aquella lengua cálida, con su aire tibio al rozarse contra su piel. Pero era por eso mismo, por las cosas que le provocaba que no podría mantenerse en esa postura por mucho. Apenas empujo con su cadera en busca de un poco más de contacto. ¿Quién podría entenderlo si a veces el mismo se contradecía? No, era Natalie que le llevaba a actuar así, incluso haciendo que terminara por cambiar de opinión. Ese vándalo no era humano, era un demonio dueño de un cuerpo, una voz y una personalidad que le tenía atado y completamente preso, ansiando contacto con cada centímetro de su piel.
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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Sáb Dic 14, 2013 7:04 pm

Bien. El sabor no era del cierto desagradable, si desconocido y extraño, pero en absoluto desagradable. Olía... Olía intenso, sabía distinto a ése plástico envolvente de falos que aseguraba la protección de los dos que follaban, pero... Pero ahora se sabía dueño de un solo cuerpo así como el suyo pertenecería a su manager, por consiguiente, todo el rollo del condón no debería ser algo que a ambos arruinase la diversión. ¿Contagio? Si ninguno era infiel al otro no tenía por que existir ningún tipo de problema... Excepto, claro, el jodido embarazo, algo que sin lugar a dudas no deseaba pero que por el contrario si quería notarse lleno de él, que fuera el primero en tomar posesión de los rincones más escondidos de su figura incluso de manera interna, tal y como hizo al tatuar con su dentadura su pierna. ¿Es que ése idiota creía que se dejaba tan fácilmente a las manos de cualquiera? El pensamiento se hizo mientras su lengua proseguía la tediosa labor de llenar de cálida saliva aquello erecto frente a sí. La bola metálica que adornaba su extensión hizo especial hincapié en el glande de su amante, lo frío del mimo rozó repetidas veces aquel ínfimo espacio de piel por el que el otro tarde o temprano secretaría esperma y que ahora manaba líquido traslucido que le tenía embelesado y e que a pesar de ser primerizo no hizo ascos y persistió en hacer que más de aquel fuera expulsado para tragar, para saborear.

El empuje que hizo el vástago para con sus cabellos le hizo gemir, más no de gusto. Molesto con la acción del morocho a forzarle a meterse la tranca hasta más de la mitad mordió su extensión adornada por aquellas gruesas venas que lo enmarcaban, no con fuerza, en absoluto, pero el otro si podría saber que quién tenía ahora una delicada parte de su anatomía en sus manos era él y por lo tanto, sería su persona quién delimitaría acción, contienda y reyerta. Sin embargo no se dio ningún tipo de arcada ni gesto eventual a pesar de tenerla atravesada. Dios... Sin el plástico jodiéndole era incluso agradable. Por cuenta propia reclinó algo más la cabeza y aún con los dientes envolviéndole la carne se hizo poco a poco hacia abajo asegurándose que notaría el mordisco conforme descendía la cabeza y se insertaba por cuenta propia hasta su garganta la erección contraria. Aspiró y volvió a empujarse hacia él consiguiendo que sin más preámbulos terminase rozándole la campanilla. Entonces se dio a sus armas: Se inicio un vaivén de cabeza feroz, cabellera rubia se movió con la misma brusquedad en la que su cabeza lo hacía al insertárselo de manera voraz y demandante en la boca, en la mismísima garganta. Esa mano que anteriormente se ocupó de inspeccionar ahora acariciaba los testículos de su compañero, palpándolos, apretándolos. Ahí era dónde guardaba la carga pesada que esperaba poder saborear pronto y por ende hizo especial tarea en amasar la zona, estimulándole cada punto que creyó oportuno.

Si bien era hábil en sus acciones con la cadera, con la boca solía ser más diestro por algún motivo u otro. La lengua no se apartó durante aquel irrefrenable demostración de placer, si no que se unió a las múltiples caricias ofertadas por la cara interna de sus mejillas y delineó una y otra vez la grandarie del falo para asegurarle empapado en lo candente de su saliva, intentando de manera infantil que aquello gélido se tornase cálido a su paso igual que el vitae al abrirse paso en el sistema foráneo lograba débil latir bajo su caja torácica inerte. El calor aumentaba y por consiguiente el cantante comenzó a sudar, pequeños hilos de aquel líquido salado iban deslizándose casi con gracia por los costados de su rostro empero y a pesar del propio placer no cesó en caricias, aunque algo falló: Estaba sintiéndose morbosamente excitado por culpa de ése imbécil y no pudo contenerse.

Se llevó la única mano libre a su propia erección aprovechándose sentado sobre el colchón y se agarró su propia polla en busca de calmarse y haciéndolo, claro, de manera manual. Mientras su boca subía y bajaba envolviéndole, su mano se aseguró de agradecerse a sí misma la labor otorgada y se inició una masturbación que le inhibió los sentidos: Joder. Ése estúpido le ponía, le encantaba. No había poro de su ser que no le atrajera de la manera más morbosa jamás imaginada.



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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 14, 2013 7:47 pm

Arrugó el semblante mínimamente al sentir aquella mordida sobre su hombría y es que, a pesar de que no había dolido, debía admitir que el otro era bastante valiente como para atreverse a atacar aquella zona. De cualquier manera, su gesto solo duro unos momentos, hasta que se el continuo vaivén por parte del rubio logró arrancarle un apenas audible jadeo. Tiró con suavidad de los cabellos dorados del otro, sí, ese vándalo sabía lo que hacía y le encantaba; verlo, sentirlo, oírlo, todo era parte de la atracción que sentía hacia el cantante, incluso aquella lengua traviesa que se movía contra su miembro buscando cubrirlo de su saliva. Por Ut que ese chico le ponía y tras cada nuevo movimiento por parte de él, más deseoso de él se sentía, más curioso de todo lo que aún le faltaba por descubrir. Con tan solo verlo en aquella posición podría excitarse nuevamente. Y fue en cuanto sus orbes se volvieron a posar en la figura de Natalie que se encontró con que aparte de estarle comiendo con la boca, se estaba masturbando a sí mismo. ¿Oh? Así que aquello también le calentaba.
El vampiro sonrió antes de acomodar sus dedos sobre la mata de cabello dorado para tirar de estos mismos hacia atrás. Ese vándalo lo hacía tan bien, que no estaba seguro de cuanto más aguantaría y no sería así como terminaría aquello, no claro que no. El tirón solo fue lo suficientemente fuerte como para despegar aquellos labios de su falo. No deseaba hacerle daño al blondo, pero sí que deseaba ser él quien le hiciera llegar al clímax.

Por aquello mismo, se irguió hacia abajo, dejando su frente apoyada contra la del otro al tiempo que sus labios se paseaban por los ajenos. No importaba si su propio sabor estaba allí, seguía sintiendo lo dulce de la esencia de Natalie en los mismos y, tras tomarle por la nuca con una de sus manos, sus labios se pegaron a los de él en un beso intenso, quizá como un premio por aquella demostración de habilidad, quizá simplemente como la simple manifestación de su deseo por él y por aquellos labios dulces que le atraían irrefrenablemente. Su otra mano se dirigió hasta la cintura del rubio, hábil y fuerte le tomó por la misma y le levantó de la cama, acomodándolo en seguida sobre las sábanas, recostado y al alcance de su completa visión. ¿Cómo podía ser? Realmente anhelaba a ese idiota, pero por sobre eso, con el simple hecho de saberlo a su merced, podía sonreír, sabiéndose poseedor de aquél cuerpo que nadie más volvería a tocar mientras él estuviera allí para evitarlo.

—No detengas aquello. —Murmuró mientras sus manos tomaban lugar a ambos costados del cuerpo del blondo y sus piernas se hacían de algo de espacio entre las del otro. Por supuesto que al decir aquello, se refería a la masturbación propia de Natalie. Sonrió mientras sus orbes se paseaban por el cuerpo del cantante, subiendo desde su erección hasta aquellos ambarinos y esa expresión a la que seguramente tomaría por sorpresa. Una de sus manos se arrastró hacia una de las piernas del rubio, tomándole de la misma a la altura de la rodilla para posteriormente morder aquella piel, tal como lo había hecho antes y sin embargo, mantuvo aquella pierna levantada mientras su otra mano se estiraba hacia el rostro del cantante, dejando el dedo índice y el anular juntos frente a aquellos labios, frente a la mirada de Natalie. Solo entonces volvió a hablar desde su posición entre las piernas del blondo. —Lámelos. —Ya sabía que el otro no era alguien que muy probablemente necesitara preparación, pero no podía evitarlo, quería torturarlo de aquella forma, hacerle desear y que se desesperara, después de todo no quería que fuera una segunda vez tan rápida como aquél primer encuentro. Quizá esta era una de esas pocas veces en las que de verdad estaba disfrutando tener sexo y la razón, debía ser porque se trataba de su mariposa ¿no?
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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Sáb Dic 14, 2013 8:15 pm

Mierda. ¿Y ése imbécil se quejaba de que él no podía estarse quieto? El férreo y firme tirón que sufrieron sus hebras fue respondido con un jadeo por su parte al verse obligado a soltar aquello que había tomado como juguete. La respiración estaba truncada por lo evidente, la estimulación otorgada al mayor sumada a su propio amasijo de masturbaciones logró que no pudiera respirar en calma o como hubiera deseado para seguir demostrándole autoridad. Ahora era masa cárnica temblorosa a espera de ser comida por su depredador: Y visto desde fuera tampoco era que la situación se diferenciara demasiado de las contiendas entre carnívoros y vegetarianos. La lucha de uno, el deseo del otro. Fríos dígitos acogieron su nuca y su cuello se flexionó lo suficiente cómo para exponer aquella que entre jadeos procuraba recuperar el aliento. Así fue como se volvieron a dar en batalla ambos entes de distintas razas, el sabor del vástago restaba entre sus fauces pero no pareció molestarle, el beso se dio como todos aquellos en los que se demostraban el más oscuro deseo, haciendo participe al contrario de qué tipo de sentimientos arrastraba. Gemido. Más placer. Esta vez fue su espalda la que se arqueó ante el mordisco en su pierna y a pesar de la orden otorgada por el adulto su mano abandonó momentáneamente la tarea de darse placer para meramente sujetársela en vago intento por calmarse, por recuperar el hilo de sus propios pensamientos. Estaba extasiado, confundido. - ¿Qué cojon-...?- Oh, ahí estaban, dedos largos, delgados, bien podrían pasar como los de un pianista si no fuera por la fuerza que estos escondían y posiblemente disgregarían en caso de reyerta contra otro. Quizás y dijera lo que dijera su amante la posición de guardaespaldas le quedaba que ni pintado: Todo numan se doblegaría a la fuerza de un vampiro, ¿No?

Pero olvidándose de todo aquello reparó en otra orden, está más explícita y directa. –¿Vas a ir paso a paso, Tohru?- ni de coña le nombraría Orion en la cama, allí no era su manager, no estaban atando cabos de ningún tipo de contrato, tampoco realizando ningún trabajo en el que la profesión de ambos se viera envuelta. Eran dos hombres disfrutando de placer carnal. De verdadero placer carnal. Alzó la nuca de su posición y fue su lengua la primera en encontrarse con el dedo que imperaba por encima del resto: El índice. Su húmeda se abrió espacio por ése frío dígito para embadurnarlo en la mezcla de lo que era su saliva, la del vástago y también con parte de los líquidos que aún deberían restar en su boca. Esa lengua suya fue ahora hacia el dedo corazón, lamiéndole cuan largo era el mismo hasta que llegó a su palma, lugar dónde depositó un solo beso, quizás siendo aquel el único gesto cariñoso que había tenido para con el otro cuando se juntaban en la cama. Pero como era de esperar, no obedecía a ordenes ni parecía temer al que posiblemente con un solo golpe le enviaría bajo tierra. Prosiguió bajando y esta vez le mordió la muñeca, emperrado en tatuar y ser visible en cada porción de piel del condenado.

La excitación crecía, podía olerle, saborearle y lo mejor de todo; Sentirle.
Su mano volvió al movimiento anteriormente dejado y pasó a la maniobra que le arrancó diversos sonidos del más puro placer dejándose observar mientras su mano se deslizaba desde su glande hasta su base y moría en movimientos cuando se alcanzaba los testículos, iniciando de nuevo el vaivén de vuelta. Más rápido. Un poco más. Pronto sus jadeos se volvieron pesados y la presión de sus dientes entorno a la muñeca del amante creció: Estaba llegando al clímax.



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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 14, 2013 10:48 pm

Sonrió en respuesta a la pregunta del blondo. No era en realidad que quisiera ir lento, sino que quería hacerlo con él como si fuera la primera vez aunque en definitiva no lo fuera. No le entregaría tan fácil su venida, sí, realmente le haría gozar aquello de forma completa, para  que el final lo dejara completamente extasiado. Se relamió ante el primer contacto de la lengua del otro contra uno de sus dedos, y sin embargo, con el correr de aquella acción, la misma no fue como se lo esperaba. Sonrió más abiertamente. Para Natalie era imposible el cumplir una orden de él sin hacer una queja o, en este caso, un movimiento fuera de lo estipulado. Otra mordida ahora quedaría tatuada en su mano. Ese vándalo...
Y aun así sus orbes le observaron atento mientras seguía con su labor, creando una mezcla de sonidos nacidos de la boca del rubio y de la masturbación. —Así no funciona. Eres un vándalo en realidad, no me dejas hacer lo que quiero o terminas dando vuelta mis ideas a tu conveniencia. —Eso significaba que de cierta forma Natalie tenía un poder sobre sus decisiones y acciones ¿no? No, no podía aceptar eso a pesar de que el rubio se estaba saliendo prácticamente con la suya.

Apretó los dientes antes de tomar con una de sus manos a las dos del rubio, llevándolas por sobre su cabeza tal como había hecho noches atrás. Era notable que el clímax no estaba muy lejos de él y sin embargo, no le dejaría venirse todavía, no al menos solo, no hasta que se hubiera hundido dentro de él y lo oyera gemir su nombre otra vez. —Definitivamente tendrás que hacer esas galletas. No importa si salen carbones ¿Acaso los numan no dices que la intención es lo que cuenta? —El vástago dio una larga lamida desde la zona baja del cuello del blondo hasta su mentón, dando algunas mordidas en aquella misma zona, aunque no tan fuerte como para dejar marcas. Demonios. Se preguntaba, cómo para Natalie era tan fácil el morder su piel hasta dejarla amoratada y sin embargo, él ponía tanto esmero en cuidarla, en no hacerle verdadero daño. Tch. Obviamente jugaban desde sus personalidades distintas así como también debían ver aquella relación con cierta mirada distinta, cierto era que a él le encantaban los castigos en cambio a Natalie...le encantaba golpearle.

Suspiró contra el cuello del rubio, dándole una nueva lamida a sus labios antes de alejarse y levantar aquellas dos piernas desde la parte trasera de sus muslos. No, tendría que dejar el juego para otra ocasión pues realmente deseaba a aquél rubio, ya no había vuelta que darle, sus castigos podían ser un arma de doble filo y esperaba que Natalie desconociera lo mismo o terminaría por caer en las redes de aquél que en definitiva deseaba. Sus orbes observaron hacia arriba, a aquellos ambarinos, sí, quería mirarle mientras entraba en él. Se hizo del espacio entre las piernas del otro para después, poder guiar con una de sus manos a su miembro hacia la entrada del blondo. Era extraño como todo había acabado de esa forma y seguramente cierta persona se sentiría muy mal si supiera que lo que había hecho al final había servido para de alguna forma, unir más a quienes deseaba separar. —Natalie. —El vampiro murmuró el nombre del otro mientras se adentraba en la carne estrecha y caliente. Quizá debería haberle preparado, pero en aquella oportunidad no podía pensar en nada que no fuera el dulce aroma del blondo, en lo ambarino de sus orbes y en aquella voz acalorada que poseía. Era la lujuria en persona.
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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Sáb Dic 14, 2013 11:18 pm

Ahhh... –¡Joder! ¡Tohru! ¡Casi estaba, mierda, capullo!- su pecho subía y bajaba pero aquellas dos manos atrapadas por la del vástago se renegaron a ser frenadas en movimientos: Necesitaba más, muy posiblemente un par de sacudidas y ya hubiera derramado lo candente contra el bajo vientre de su compañero pero no, claro, el ajeno tenía que hacerse valor y acorralarle contra el colchón. Le miró con recelo, con odio, su entrepierna estaba doliéndole por culpa de esas enormes ganas de derramarse empero las lamidas foráneas le recordaron el motivo por el cual se dejaba a él...: Su exquisitez a la hora de tratarle a pesar de su trato más hostil, a pesar de sus insultos. Galletas... ¿Qué galletas?: Ni del castigo se acordaba ahora que sólo existía el más puro deseo, estaba demasiado caldeado como para pensar en las maneras de envenenarle con el postre debido a no haberle dejado terminar, estaba sumamente caliente, más que hasta ahora se hubo mostrado y es que el hecho de verse cortado al previo orgasmo le dejó sin defensas de ningún tipo, tembloroso, deseoso por una mísera caricia que lograse aliviar el dolor de testículos que el semen estaba propinándole al no dejarle escapar cómo éste pretendía. Frío aliento chocó contra lo caldeado de su dermis y fue para entonces que se dio cuenta de la situación.

Ambos estaban con el deseo inscrito en la mirada, él jadeante, el otro expectante de sus gestos. Recibió la lamida en su comisura ya sin amago de enfado... después de todo parecía que las cosas se acelerarían, que el juego había terminado a pesar de los intentos de Orion por alargarlos, por sentirse el uno al otro. ¿Había hecho algo mal? Miró de reojo una de las manos que le sujetaban los muslos, deslizando su atención hacia el tatuaje que ahora lucía en la muñeca del mayor. Sí... Quizás para esta ocasión debería haber actuado de otra manera, más suave, tal vez. Cuando volvió su atención hacia el de cabellera oscura éste estaba ya mirándole y el cruce de ambas miradas le hizo sentir un extraño escalofrío. Espera. Espera. ¡¿Sin condón?! Se mordió el labio inferior. Jodido... la vez pasada se la tuvo que insertar él mismo y ahora... La manera en la que le llamó consiguió que todo pensamiento se disgregase y muriera, estaba llamándole. A él. –Tohru.- alzó sus manos, aquellas anteriormente sujetas por el vástago y las llevó hacia el rostro de éste. Por primera vez sus dedos fueron gentiles y bordearon la quijada del adulto, sin embargo no terminó su recorrido que sintió el sexo de su compañero penetrarle ya. Un fuerte sonido similar a un gruñido evidenció el dolor al no tener tan siquiera una mera dilatación previa. Pero ni con aquel dolor incrustado en el recto le apartaría.

Los anillos de su recto parecieron desear ahorcar al intruso, contrayéndose violentamente contra aquel cuerpo extraño que parecía desear adueñarse de su espacio, no obstante no era algo envuelto en plástico. Era carne, era frío. Era él. Sus dedos temblaron sobre el rostro del manager y antes de dañarle o volver a emprender alguna acción violenta dejó caer aquellas contra el colchón, tardando poco en recoger las sábanas entre sus dedos y arrugarlas ante la tamaña fuerza aplicada. –Duele... mierda! Muévete...- tenerle insertado ahí era tedioso, tal vez si se movía... ¡Ah! Su espalda se arqueó involuntariamente llegando al punto que su glande se rozó contra el firme vientre del moreno. Aquello debía ser pecado, todo lo que hacían debería serlo. No podía ser normal que todo lo que les envolvía le excitase de ése modo. No era creíble que el contacto directo de un pene pudiera ser tan magistralmente placentero. Se negaba. Era... sí, debía ser su magia.
Una de las manos arremolinadas en la sábana volvió a enervarse, temblando al igual que lo hacía su fisonomía entera. Tocarle. Deleitarse. Rozó con a duras penas la yema de los dedos el torso foráneo y su mirada inyectada en placer y dolor se ocultó tras sus párpados. -E-estas dentro...- era obvio que lo estaba y vaya si dolía, joder. -...Sin condón.- y eso pudiera ser de las cosas que más le ponía. Saberle el primero que se la insertaba de una manera tan directa, sin preocuparse en andar buscando en los bolsillos el  condón. Cuando había tenido ganas, simplemente le había penetrado... Algo que hasta ahora tampoco había podido debido a la obvia preparación previa.



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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 15, 2013 12:26 am

Luego de sonreír e intentar evitarlo, no pudo sino reírse por culpa del otro. ¿Quién le había dado permiso para venirse ya? Ah, entonces no tenía por qué quejarse ¿no? ¿Qué clase de egoísta podría querer venirse solo? Miró al otro divertido al saberse ya dentro, aunque su gesto se volvió más sereno al sentir el toque de sus manos tibias, por primera vez algo que no era brusco ni que tenía relación con mordidas, rasguños ni similares. Había sido sorprendente y como tal, no pudo apartar sus orbes de aquella ambarina...hasta que el otro se hizo hacia atrás y sus manos se enredaron en las mantas. Allí estaba, por eso había querido prepararlo, pero parecía que no se había dado cuenta de que sus propias acciones le habían conducido a simplemente, adentrarse en él. Sintió el roce del miembro del ajeno contra su vientre, Seguramente sería molesto el estar a punto y que le frenaran ¿no? Pero muy pronto le aliviaría. Movió sus manos, una hasta la cintura del blondo y la otra hasta cerca de su nuca, acomodándose mejor antes de moverse. En lo que sí había caído gracias a las palabras del rubio, era que efectivamente estaba dentro de él...sin condón. Bueno, todavía podía hacer lo mismo que habían practicado la vez anterior ¿no? pero de cualquier forma, quizá si había sido algo descuidado.

Apretó los dientes antes de moverse primeramente, incrustándose por completo dentro de aquella estrecha cavidad que parecía desear succionarle y tragárselo completo. —ah...tan...apretado. —Debía ser normal ya que no había existido preparación y seguramente aquello sería algo doloroso para el rubio. Demonios. En verdad debería haberle hecho esperar para prepararlo. Su hombría retrocedió lentamente antes de volver a adentrarse, acostumbrando aquella zona a su intromisión antes de comenzar a moverse más rápido. Un jadeo se escapó de entre sus labios debido a la presión de aquella zona sobre su miembro. Tan caliente y apretado, definitivamente no tardaría mucho en venirse si comenzaba a moverse más rápido dentro del blondo. Apretó sus dedos contra la piel de la cadera del rubio; su miembro se adentró y comenzó a atacar cada vez con más rapidez aquél punto sensible. Mierda. En serio, ¿cómo podía ser tan apretado? No importaba si aquella parte se había amoldado a otros antes, ahora se amoldaría solo para él, especialmente para él.

El vaivén se fue volviendo de a poco cada vez más rápido, la zona de a poco fue cediendo ante el ataque del vástago y la mano que había permanecido sobre las sábanas se aferró a uno de los brazos del cantante, subiendo por el mismo hasta que se detuvo sobre el hombro del rubio para tener de donde tomarse para moverse dentro de él. El vástago se irguió lo suficiente hacia adelante mientras arrastraba las piernas de Natalie sobre sus hombros, como para poder llegar hasta aquellos labios que volvía a ansiar. Solo eso, un beso profundo, un encuentro entre su fría lengua y la caliente de su representado...no, de Natalie, el hombre que lograba poner su mundo de cabeza. No lo soportaría mucho más, no había forma, podía sentir los latigazos de deseo en su entrepierna avisando del final. Debía retroceder, tenía que...
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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Dom Dic 15, 2013 8:26 am

Sabía que para aquella clase de dolor sólo quedaba la relajación, sin embargo era complicado intentar siquiera llamar a la calma cuando tenía ése cuerpo sobre el suyo. Su recto parecía totalmente dispuesto a ahorcar al vil villano que estaba introduciéndose en recóndito paraje, sin duda no parecía que fuera a permitir la intromisión sin dar batalla. Los sonidos del vástago evidenciaron que estaba disfrutando, cabrón. Pero hubo algo que le hizo gemir sin rastrojo de dolor previo en la voz y fue cuando el foráneo al iniciar el bombeo golpeó su punto. Ése condenado punto. Era extraño que aquel punto denominado G, ése pequeño bulto de carne escondido en el recto de todo hombre estuviera siendo golpeado por algo frío, húmedo, el glande del vampiro parecía explayarse en rozarle la zona y ciertamente que lo hicieran sin plásticos de por medio era motivo para desear venirse de una buena vez. El placer era excepcional. Para suerte para el morocho su cuerpo era flexible y para cuando se hizo hacia su posición sus piernas se acomodaron sin ningún tipo de problema contra los fuertes hombros de su acompañante y quejumbrosos labios se unieron en batalla: Ahí podría demostrar que había sufrido, ahí podría atacarle. Si. Podría. Pero no lo hizo. Estaba jodidamente extasiado, abrumado por las rápidas arremetidas que esa cadera hacia contra su cintura, internándose cada vez más, golpeándole con mayor ímpetu la zona escondida de su anatomía. Apremió los movimientos del otro e inicio su propio balanceo ajustándose siempre a la rapidez del amante.

No podía a duras penas respirar y por ello el beso fue de índole torpe pero no menos candente. Cada nuevo movimiento por parte de ambos era sentir su polla rozándole el vientre a modo de deliciosa y sinuosa masturbación y sin lugar a dudas, supo que no podría soportarlo más. No deseaba que fuera tan rápido pero se dejaría a una segunda ronda para saciarse, el muy condenado le había frenado en su primer intento por eyacular y ahora... Ahora sencillamente debía hacerlo o el dolor en sus testículos no le dejaría caminar. Movió las caderas con violencia y su comisura le alertó con lo que parecía ser entre ambos aquella maldita palabra clave: Su nombre.
Ya no le importaba –o no recordaba- lo referente a la marcha atrás ni si el otro se vendría o no sobre sí, aquel jodido polvo había terminado por nublar todo pensamiento, era un animal en celo buscando ser complacido y para su suerte, el final estaba cerca, tanto que... –¡¡Ahhhh!! ¡T-Tohru!- y ahí estaba de nuevo su nombre, marcando propiedad, haciéndole entender que sabía en todo momento que se trataba de su gélida presencia y no de otra la que estaba alzándole.

Y sin lugar a dudas, la amenaza no fue en vano. Chorro de caliente esperma salió disparado de la misma punta de su erección manchando ambos vientres, llenándolos de su esencia, una que ahora se desparramaba lánguidamente entre ambas dermis, no obstante y para cuando alcanzó el climax su trasero también sufrió las consecuencias y si anteriormente el vampiro pudo notarlo estrecho, ahora era sencillamente inaccesible a causa de la violenta contracción de su recto durante la secreción de su erección. Aquello había sido sencillamente... abrumador. Delicioso. Su cuerpo entero temblaba con violencia a causa de los espasmos, viviendo el orgasmo bajo la figura del adulto entre gemidos y sonidos de placer, entre las mantas aferradas en sus palmas... Entre lo que se tornaría puro secreto delante de toda cámara.



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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 15, 2013 6:21 pm

Apretó los ojos mientras separaba sus labios de los del blondo para concederle el aire y sin embargo, este no tardo en pronunciar su nombre. Mierda. Ese vándalo de verdad se atrevía a pronunciar su nombre entre gemidos. El roce contra aquél caliente cuerpo, le hizo olvidar por un momento que debía mantenerse atento a salir de dentro del otro, pero fue el jadeo del otro -con su nombre otra vez presente en el mismo- y posteriormente aquella sensación de presión formulada por cada músculo interior del culo de su amante, lo que le llegó irremediablemente a dar marcha atrás, porque ya no sería capaz de retenerse. La semilla de Natalie había dado en parte sobre su abdomen y al separarse, el orgasmo vino a él con clara violencia, obligándole a apretar sus dedos contra los costados del cantante mientras su lefa terminaba sobre el vientre del cantante entre espasmos de placer por parte del mayor. Y Quizá aquello, fuera lo único caliente que su cuerpo mantuviera en secreto...era extraño sin duda, su propia fisonomía, pero más curiosidad le daba aquél que tenía debajo.

Se dio un par de segundos para dejar que los latigazos de placer que recorrían su cuerpo fueran consumiéndose antes de volver a moverse, hacia arriba, entre aquellas piernas, porque no tenía remedio, desde que le había conocido, volver y arremeter contra aquellos labios se había transformado prácticamente en algo de todo momento entre ellos dos. Las hebras negras que conformaban su cabello caían desordenadas a ambos costados de su cabeza así como algunas también por sobre sus orbes carmesí que buscaron los ambarinos del otro. Pero no fue un acercamiento directo contra los labios del otro, sino que una de sus manos fue hasta sus cabellos, haciéndolos hacia atrás entre sus dedos, aunque el tacto no se quedó solo allí, sus frías falanges bajaron a través del rostro sonrojado y sudoroso del otro, posándose al final sobre una de sus mejillas antes de que su rostro se observara desde las distancias nuevamente acortadas. Sus labios se rozaron contra los de Natalie antes de depositar un beso sin profundización sobre los del otro, había sido un beso quizá muy distinto a los otros, un gesto dulce por parte del vástago. Entonces le miró, sonriendo por su propio pensamiento. Había sido como darle una buena mordida a la galleta más cara y sabrosa del mundo y sin embargo sus palabras fueron muy distintas: —¿Y bien su majestad? He pagado lo suficiente o desea que cubra aún más cargos extras.

Quizá aquello también era diferente con Natalie. Con él se podía permitir bromear incluso cuando estaban encamados y aunque la relación entre ambos no podía catalogarse como algo "normal", cada día que pasaba se le hacía más divertido. Aquello era lo que había estado buscando y aunque había tenido sus altibajos, su rebelde mariposa hacía que deseara mirarla con atención, tal y como lo hacía ahora desde aquella corta distancia que les separaba, sí, quería ver que tan alto lograría volar y estar presente en el momento en que sus alas reflejaran la luz del sol. Incluso él le empujaría y apoyaría cuando su vuelo se viera atormentado por inclemencias del mundo que les rodeaba. ¿Era su idea o entre más lo pensaba, más se estaba convirtiendo en una especio de guardaespaldas? Tch. Bueno, ya había probado que podría partirle la cara a cualquiera que se atreviera a tocar al rubio, incluso si entraba a aquella habitación con permiso de Natalie. Les sacaría a patadas, lejos de lo que ahora era suyo.
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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Dom Dic 15, 2013 7:08 pm

Estaba tan sumido en sus propias sensaciones que, francamente, poco le importó en ése momento que el otro se corriera o no, que lo hiciera dentro o fuera. Fue tal el golpe del climax que dejó al cantante enrojecido, sudoroso, jadeante. Algo caliente se hizo sobre su vientre más tardó en asimilar que se trataría del esperma del mayor. Gruñó débil antes de abrir aquellos párpados, encontrándose con la atenta mirada de su ahora amante. Bueno, habían compartido dos sesiones de cama y el uno celaba al otro... Algún título tenían que tener para denominar esa tan extraña pero fructífera relación. No obstante lo que llegó a continuación aturdió al siempre brusco músico, manos frías peinaron y posteriormente acariciaron su mejilla dejando poco más tarde casto beso sobre su comisura, una que siquiera se atrevió a responder por no romper el encanto del momento. ¡Por todos los...! ¿Cómo mierda iba él a responder a algo así? ¿Cómo se hacía? Alzó una de aquellas temblorosas palmas y golpeó sin hastío de fuerza uno de los hombros contrarios, aprovechando su propio movimiento para, así, bajar las piernas ya adoloridas por la posición. –Imbécil.- farfulló, repentinamente avergonzado. –Claro que no. Aún me debes un orgasmo más. Éste ha sido por el rubio.- sí, ése condenado al que se atrevió a abrazar y besar –aún no sabía que había sido para tomar de su vítae.-, ése imbécil al que había arrastrado lejos de la sesión en la que él procuraba ser el mejor para... para esa condenada mirada carmesí.

Su mano, aquella que con vagueza golpeó el hombro adyacente se fue deslizando con pasividad por encima de los hombros del adulto hasta dar con su nuca y a ella se unió su otro brazo, terminando por acordonarle en un abrazo que indicaba posesión, celos, los mismos por los que minutos antes lloró. –Ahora vamos a por el castigo por haber besado al otro.- pareció escupir las palabras, decirlas con furia y claro odio. Era suyo. ¿En qué punto... en qué jodido punto estaban? No sabía del cierto qué eran los sentimientos y en qué medida debían disgregarse, cómo se demostraban o qué mierda se hacía con ellos pero si algo tenía claro era que mataría a quién volviera a ver a los brazos de ése morocho hijo del gran UT. Esta vez adelantó su compostura e incluso su nuca llegó a alzarse de la cama, fundiendo sus labios con aquellos otros enrojecidos por la cantidad de besos compartidos, fue brusco pero no humedeció ni permitió que el otro lo hiciera, era mera advertencia: Era cómo el perro que enseñaba los dientes, asegurándose poder sobre el otro, al que consideraba más débil.

Al apartarse volvió a mirarle a los ojos. En la posición en la que se encontraban aquella mezcla de esperma de uno y otro se iba deslizando por dónde gustaba de las pieles en las que importunaban pero aquello no parecía molestarle, no cómo el hecho de que ése vampiro hubiera sido capaz de besar a otros dos chicos la misma tarde, en SU jodida sesión de fotos y delante de sus narices. –Una vez más.- fue una orden, directa, por supuesto. Habló pegado a esos labios que adoraba y al mismo tiempo asqueaba, ah, sin duda todo lo que les envolvía, todo lo que tenía que ver con Orion le... ¿Confundía? No, tal vez el miedo venía al estar totalmente seguro de cuáles eran los sentimientos que sin pavor le acechaban y secretamente atormentaban. No obstante se aseguraría de demostrar indiferencia ante cualquiera, especialmente ante el que sería su protegido en secreto. Oh, sí... Nadie. Nadie volvería a tocarle y si tenía que terminar en la cárcel por ello, bueno... Tal vez eso consiguiera aumentar las ventas de lo que en la misma compondría.



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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 15, 2013 7:59 pm

Sonrió al recibir aquél golpe por parte del blondo. Ya podía decir casi con completa seguridad, que cuando decía algo que descolocaba o avergonzaba al rubio, el mismo respondería siempre con un golpe. Pero conocer aquello no hacía que quisiera refrenar sus comentarios, al contrario, parecía divertirle ver aquellas actitudes por parte de Natalie, o de hecho no era solo diversión sino que también le provocaban cierta presión en el pecho que prefería ignorar al no comprender bien por qué sucedía.  Suspiró. ¿Así que se cobraría los dos encuentros de aquél día? Y aunque había pensado en decirle que del primero solo había bebido vitae, realmente no era que deseara interrumpir aquél momento ¿no? No, no tenía la más mínima intensión de separarse de aquél cuerpo, de aquellos orbes ambarinos en los que podía verse reflejado, ¿Cómo un numan podía cambiarle tanto y en tan poco tiempo? Se preguntó si aquello no sería una suerte de predestinación, algo como en lo que se creía en los antiguos tiempos. Sentir aquellos brazos enroscándose alrededor de su cuello, su tibieza, su cercanía, su aroma, todo él era como una droga. Se cobraría el beso de Sasha también ¿eh? En definitiva, en albino solo había vuelto las cosas más en su contra, aunque nunca tuvo oportunidad con el vástago, ni el más pequeño espacio dentro de los pensamientos de Tohru.

—Como usted desee, su majestad. —Sus orbes se perdieron en el reflejo de los ajenos. Se estaba dejando arrastrar por esa marea llamada Natalie, meciéndose a su ritmo, respondiendo a su beso y acomodándose a aquél contacto, como una bestia respondiendo al llamado de su amo, sólo que aquél no era su amo, sino un vándalo al que no dejaría ir con nadie más. El juego de miradas continuó aun después de que los labios de ambos se separaran sin haber dejado y permitido -por el lado de Natalie- el avance ni la humedad. Así como a él le gustaba dar órdenes, a Natalie también parecía dársele bien, pero era extraño, porque al escuchar las palabras salir de su boca, no era como si escuchara una orden, sino más bien, algo que deseaba cumplir, como si fueran las palabras más importantes para él ¿una locura no? —Entonces pongámonos a ello. —Buscó rozar sus labios contra los del ajeno, apenas apretando el labio inferior entre sus dientes antes de soltarlo y volver a besarlo. Sin embargo, algo le molesto, ciertamente se había venido fuera de él, pero esperaba que no quedaran rastros de esperma en su miembro, ¿Podía dejar aquello a la suerte? Se vería quizá como alguien exagerado, pero la imagen de los pequeños vándalos le seguía dando vueltas por la cabeza y aunque los mocosos eran lindos -porque se los imaginaba como Natalie- para el vándalo no sería nada agradable tener familia en un momento así, menos con una persona que se suponía era su manager. Tch. Pensar en aquellas cosas siempre hacía que se confundiera y terminara por abandonar el tema.

Una de sus manos retrocedió para posarse sobre el miembro del menor, tomándolo entre sus dedos para comenzar a deslizarlos por la extensión de aquella piel caliente y húmeda. Uno de sus dedos dibujo la zona alrededor del piercing de la punta antes de moverse hacia abajo, rodeándolo y comenzando un movimiento de arriba hacia abajo. Sus labios se separaron de los del blondo para concederle algo de aire y a la vez, para saber si él deseaba que siguiera con aquello, pero lo cierto es que incluso hacer aquello, verlo mientras le masturbaba, hacía que su propia erección lentamente volviera a la vida. Ah, el demonio Natalie. Definitivamente se habían equivocado de raza al traer a aquella persona al mundo y sin embargo, si se tratara de un verdadero demonio, estaría en problemas frente a él. Quizá si algún día alguien le regalaba el vampirismo, entonces si tuviera que tener cuidado con sus golpes. No, nadie le tocaría, nadie que no fuera él.
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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Dom Dic 15, 2013 8:24 pm

Sonrió a medio labio cuando el foráneo no pudo ningún tipo de peros a su nueva declaración, a esa orden impuesta, le encantaba. No era que gustase saberle sometido u algo así pero entre ambos existía una muy extraña conexión que les advertía del peligro y el humor del contrario. Todo era armonía, los golpes, las burlas...Tomó aire sobre los gélidos labios de su acompañante cuando éste le rodeó y tomó posesión de lo que poco a poco volvía a ganar volumen, aunque realmente su erección jamás llegó a doblegarse, a fin de cuentas se trataba de un cuerpo joven y estaba cerca, muy cerca de alguien que le atraía en todo sentido. Personalidad más bien recatada, con modales exquisitos... Pero había sido capaz de ver la furia en aquellos carmesí cuando Jack se abrazó a él, también ése lado salvaje mientras le penetraba y sin lugar a dudas aquella última expresión cuando al terminar le besó quedaría resguardada en su memoria como valioso tesoro. Todo, absolutamente todo de ése imbécil era nuevo y excitante, diferente pero atrayente. Estaba cayendo en picado en esas redes y para desgracia del vampiro no tenía pensado parar el golpe. Lo quería, quería recibir el impacto.
Encogió ligeramente las piernas cuando el pulgar foráneo delineó la zona del pircing, mordiendo de inmediato el labio superior de éste y exponiéndole el mentón a la comisura ajena: Más. Más... Movió la cadera hacia esa palma en busca de mayor contacto y para su suerte el otro poco tardó en indagar por la zona.

Podría parecer extraño que el tacto gélido le agradase, incluso, bien podría pensar cualquiera que el frío contacto tan directo haría que una erección decreciera... pero no era su caso. Cada vez que le tocaba su fuego batallaba con ése hielo, haciéndoles una pareja plenamente compatible en la cama. Sujetó el rostro foráneo con ambas palmas, moviendo las mismas de su emplazamiento para reafirmarle la cara y obligarle con ello a mirarle, sintiéndose irremediablemente agitado, excitado, cuando su ambarina se cruzó con aquella inyectada en lo que parecía vitae, habló entre jadeos propios ante aquella masturbación. –No me abandones.- mierda, ¿Por qué ahora? Sus dedos se crisparon entorno a la fría dermis de su amante, fijándole el semblante con mayor propiedad. –No...- tragó saliva. Jadeó. –No te atrevas a hacerlo.- ¿Cuánto tiempo había pasado a su lado? Semana y poco... Casi dos, sí. Sentía algo distinto en toda regla cuando se cruzaban sus miradas, cuando se fundían sus cuerpos. Detestaba que sus anteriores manager le tocasen –a pesar de haberse acostado con uno de ellos- pero aquello iba más allá de su entendimiento. Todo su cuerpo le buscaba, le aclamaba y no únicamente de manera física. Sin soltar su gesto se vio obligado a cerrar los párpados, acoplando su cadera a los bombeos de la mano ajena en busca de mayor estimulación. –Eres mío.- no, no pretendió ser romántico. En absoluto. Muy por el contrario a lo que una feliz pareja pudiera entender ante aquello, para Noiz significaba posesión, recelo. Le importaba una soberana mierda que otro fuera a por los contratos que Orion pudiera otorgar, él... ése vástago le pertenecía.

Se acomodó sobre el colchon y una vez tuvo cómodo emplazamiento alzó una pierna para rodear con la misma la cadera del adulto, jugando a acariciarle las nalgas con el tobillo, provocándole a enfadarse pues de vez en cuando le propinaba algún empuje para que perdiera la compostura, para que cayera sobre sí. Le tenía loco.
-Tohru.- le llamó nuevamente aunque sin poder evitar estar con clara falta te aire en la voz, no era que se fuera a correr, no esta vez, nombrándole se sentía más suyo y él, más de su persona. Ése condenado nombre... ¿Cuántos le habrían susurrado el mismo en noches similares? Torció vagamente el rostro y se pegó más a ése cuerpo que parecía estar contagiándose en su calor o quizás era el suyo que ya estaba acostumbrándose al mismo. Sea cómo fuere no le parecía una temperatura tan desmedida cómo cuando los primeros roces.



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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 15, 2013 11:19 pm

Su rostro se vio tomado por las manos del rubio y sin embargo, incluso antes de ello sus orbes ya se habían encontrado con los del cantante. Había representado a muchos, pero llegar a aquello en una semana y un poco más con alguien... ¿Cómo habían acabado las cosas en ese punto? Ciertamente sus acciones habían, de algún modo, impulsado aquellas reacciones por parte del blondo y sin embargo, si Natalie no fuera Natalie, entonces todo habría sido muy distinto, quizá hubiera sido tal como era siempre, la misma rutina donde aparentaba ceder para lograr cierto dominio sobre sus representados, el control sobre sus vidas y decisiones. Aquello no aplicaba para nada a este caso, su relación con Natalie/Noiz dependía de un constante tira y afloja en el que ambos salían ganando mientras sus propios objetivos y deseos fueran cumplidos, pero había algo más allá de aquello, un oscuro deseo que le arrastraba a celar al blondo, a quererlo de una forma distinta a como había querido a cualquier cosa u persona en los años que tenía viviendo sobre la tierra. Natalie debía ser su némesis, de hecho sus personalidades eran bastante diferentes y aun así, habían llegado a tal punto. No pudo evitar el quedársele viendo cuando aquellas palabras nacieron de los labios del otro. No. No podía, ¿Por qué cuando le observaba sentía esa necesidad de acercarse más y de saberse el más cercano a él? Se estaba hundiendo en sus cálidos besos, en sus golpes que a pesar de dolerle, eran un símbolo de propiedad que le hacía sentir, por primera vez, propio de alguien y a pesar que cualquier otro podría haberlo hecho, no sería lo mismo si no se trataba de su mariposa, de aquél que había estado vigilando desde antes de que Kevin se lo presentara.

No se había detenido en sus movimientos y sin embargo, su atención residía sobre Natalie. De ser humano seguramente se habría sonrojado o peor aún, se habría quedado sin aliento. Mierda. ¿Cómo podía existir alguien que le hiciera sentir así?
Sí, era suyo y él le pertenecía. El uno era la propiedad del otro y aquello en alguna otra ocasión podría haberle molestado tan solo de pensarlo sin embargo y aunque el arreglo había sido algo infantil oculto bajo una regla de contrato, sabía muy bien que aquello que había sentido al ver a aquél idiota rodeando a Natalie no podía ser algo inventado...algo que se pudiera ilustrar en un papel. Celos, se había sentido jodidamente celoso y aquello había sacado lo peor de sí mismo. Sí, seguramente aquél numan que ahora jadeaba entre sus brazos, sería quien le permitiera tocar el cielo o el infierno con sus acciones. Sonrió al darse cuenta de las acciones de la pierna del otro sobre sus nalgas. Ese vándalo...Debería decírselo, tenía que, porque por una vez en su vida, quería dar una advertencia segura a aquél que podría llegar a importarle mucho, en otras  palabras... —Deberías tener cuidado al decir mi nombre de aquella forma. Porque podrías hacer que termine enamorándome de ti. —Allí estaba, advirtiéndole a aquél y es que Tohru siempre se había mantenido alejado de aquella clase de sentimientos, pero sabiendo que se trataba de Natalie y de la clase de relación que mantenían, si incluso bajaba la guardia ¿Estaría bien sentir aquello por él? Los contratos pasaban, los numan se perdían en el flujo del tiempo y su estancia junto a Natalie no era nada que pudiera seguir de forma segura por muchos años, Orion siempre decidía dejar a sus representados cuando estos llegaban a un alto emplazamiento y sin embargo, cuando pensaba en abandonar al blondo se sentía incómodo, extraño, como si deseara detener el tiempo para disfrutar de aquél efímero tiempo por mucho más.

Rozó sus labios contra los otros mientras su mano avanzaba con esmero sobre el miembro del rubio, realizando un vaivén que de a poco se volvía más rápido. Sin embargo y aunque rozó los labios del otro, no le besó porque estaba mirándole, esperando que se diera cuenta de lo que allí podría pasar, de lo que las acciones de ambos podrían desencadenar. La sola idea de enamorarse había llegado a ser completamente imposible para el vástago y sin embargo, muy en lo profundo, siempre había sentido miedo de llegar a necesitar de alguien para poder ser feliz, por eso es que existía aquella barrera entre él y el resto del mundo, pero con Natalie la misma parecía temblar desde sus cimientos. Alguien tan fuerte como él, tan severo, a pesar de todo en algún punto tenía su talón de Aquiles y estaba advirtiendo al otro antes que se topara con el mismo y tuviera la oportunidad de ejercer su extraño poder sobre él.
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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Lun Dic 16, 2013 5:49 am

Si bien su respiración estaba ya alterada por culpa de las acciones de la mano que merodeaba por encima de su anatomía par volver a dar rienda a una segunda ronda de aquel tan buen sexo que ambos se propinaban la misma se vio bruscamente mutilada ante la declaración tan directa por parte del contrario. Situación cuanto menos vergonzosa, tenía su erección sujeta y la mirada de Orion encima de la suya, juntos, tan juntos que el uno respiraba del aliento que dejaba escapar el otro y aquellas palabras habían logrado que sus jadeos incluso callasen, que su deseo de hacer algún nuevo brusco movimiento para juntarse más a él quedase totalmente olvidado, en un segundo plano. Las frías falanges de su compañero hacían ahora una labor más contundente pero a duras penas hubo cambio en la sorprendida mirada del cantante, quién se quedó mirando al otro con gesto sorprendido, rojo, más rojo de lo que el orgasmo anterior le hubo dejado los pómulos. Aquellas que hasta ahora sujetaron la quijada del adulto temblaron y una de esas manos se deslizó hacia la que estaba masturbándole para frenar el gesto, agarrándole por la muñeca y posteriormente otorgándole firme tirón, fue para entonces que sus dedos atraparon los del vástago para asegurarse quietud por su parte, así, de un modo un tanto rudimentario fue como sus dedos quedaron enroscados entorno a los del morocho por primera vez. Así fue cómo ambos se daban la mano por primera vez. Su pecho subía y bajaba a causa de la falta de aire pero no por ello apartó su mirada de la otra. –¿Y si yo lo estoy?- si jugaban a ser directos, juraba no quedarse atrás en tal enmienda. Apretó la unión de ambas palmas una vez dijo aquello, bueno, no era que lo estuviera. ¿No? Sólo estaba tanteando el terreno. Sí, eso. Tanteaba el terreno. ¡Había sido ése idiota el primero en sacar el tema!

-¿Piensas hacerte cargo de ello?- oh, sí... Aquello era peligroso, sumamente peligroso. Nunca hasta ahora había caminado por senderos de aquella índole. Nunca nadie había podido significar algo para él y llegaba ése idiota de la nada para desmontar todo su mundo, para... mierda. Esa mirada. Desvió la suya antes de soplar con fuerza, con brusquedad, cómo si así pudiera ser capaz de ordenar de manera poco más certera todo lo que ahora posiblemente se avecinaría. Suus piernas, aquellas que vagamente le hubieron propinado un empujón para asegurar cercanías ahora fueron más violentas y tiró el cuerpo del aturdido contra la cama. No quería que en un momento así el otro estuviera encima, debía estar... Giró su cuerpo sobre las mantas y así se recostó sobre un costado de su cuerpo en posición similar a la que había obligado al otro a quedarse. Ahora era una sola pierna la que descansaba sobre la cadera del morocho, como si de un modo u otro estuviera obligándole a permanecer encarado a su persona pero a alturas similares, pero lejos de lo que pudiera parecer no era esta vez una manera de burla, sino más bien de poder encontrarse... de encontrarle a él.

No soltó su mano, no quería, se negaba. Era todo tan extraño que sentía que aquella irrisoria unión era su única ancla a la realidad, la única que se aseguraría de devolverle algo de realidad a todo lo que estaba sucediendo de manera tan repentina. ¿Cuándo? ¿Por qué? Era algo que no sabía y quizás tampoco le importaba, Tohru había llegado de la nada dispuesto a romper todos sus esquemas, todos sus ideales.

Arrastró su posición por las mantas y esta vez alcanzó los labios ajenos de manera poco menos violenta que otras veces pero siempre mostrándose inclemente a la negativa, obligándole a aceptarle. –Yo puede que ya lo esté.- habló sobre esa otra rojiza negándose a apartarse para que compartir miradas, aquello sin duda resultaba embarazoso. Los celos, ése sentimiento de posesión, el deseo de restar con él... Su definición de amor era justamente todo aquello y aunque hasta ahora no había caído en ninguna trampa, Orion se había asegurado de envolverle en redes invisibles hasta hacer que el gran Noiz, ése prepotente que se mudaba de cama para cuando le apetecía, ése que derretía a las masas con una mirada y partía narices a golpes estaba... Estaba enamorado. Creía. O no. ¡Joder! Aquello era tan confuso como complicado, como arriesgado. Estaba exponiendo sus sentires a un ente que, sabía, tenía por costumbre abandonarles. ¿Lo haría cuando aquellos caían? ¿Cuándo se enamoraban de él? Por mero instinto cando aquella idea le atravesó su pierna se enroscó en su posición y su mano apresó con mayor vigor a la otra: Oh, claro, podría escapar si así el otro lo quería pero... ¿Por qué mierda debía sentirse así? Tenía ganas de empujarle, de echarle de la cama –que por otro lado, era de Orion-, de abrazarle para que no escapase, de gritarle por atreverse a hacerle sentir de aquella irrisoria manera. Y sin embargo, sólo podía estar ahí, soportando la vergüenza de un amorío muy posiblemente no correspondido. Tohru debería haber dicho aquello por mera entretención, quizás para picarle, tal vez para hacerse unas risas para consigo. Pero mierda, verle con aquellos dos chicos había abierto una brecha tan profunda, tan intensa que comenzó a dudar sobre su propio sentir con respecto a la relación que se traía con ése grandísimo imbécil.



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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Invitado el Lun Dic 16, 2013 10:11 am

Bueno, se esperaba una clase de mirada así de parte del otro, después de todo quizá había sido algo...directo en aquella advertencia y sin embargo, no era algo como una declaración de posible amor...¿o sí? No, no, era justo eso lo que deseaba prevenir, caer más allá de donde pudiera sostenerse en pie, sin averiguar un poco sobre el otro y cómo se sentía, podría conducirle irremediablemente a un mal que no deseaba vivir, del que había escapado toda su vida. La mano con la que entonces le había masturbado se detuvo, no por el mismo sino por acción del blondo y aunque le atribuía la culpa a su comentario, no se arrepentía del mismo. Quiso bajar la vista hacia el agarre del rubio y sin embargo la misma se quedó quieta sobre él al escuchar su respuesta/pregunta. No se lo creía, no podía, ese idiota solo estaba probando a ver cómo sería su reacción ¿no? Y sin embargo, a aquella pregunta le siguió otra de la misma índole. Pudiera ser que estaba tan perdido entre las mismas, que su cuerpo se vio empujado contra las mantas y no hizo nada por impedirlo, cayendo de lado sobre las mismas, a un costado del cuerpo del blondo, aunque éste no desató la unión entre sus manos. ¿Era posible que todo aquello fuera verdad? ¿De verdad...?
El beso no le dio opción al escape pero ¿lo hubiera hecho de poder? ¿Habría retrocedido? Su propio juego le estaba llevando hasta un punto que ningún otro había vivido, que ni el mismo Tohru se había imaginado que tendría que vivir.

Tragó saliva. Debía haber escuchado mal, lo había hecho ¿no? No podía ser que el otro hubiera dicho lo que creía haber oído y sin embargo, las otras preguntas habían sido una especie de preparación para lanzar aquél último comentario, o eso es lo que le había parecido. Mierda. Debía ser la primera vez que no tenía la más mínima idea de que hacer o decir ante las palabras del otro, o ante aquél cuerpo que se enroscaba con más firmeza contra él. Esto era malo. Se sentía extraño, como si aquello en su pecho hubiera vuelto a latir por un segundo y sin embargo, era malo, ¿le dejaría caer? ¿Su propio sistema de defensa le estaba fallando ahora que se encontraba frente al vándalo más peligroso de todos?
Hacerse cargo de ello. Significaría que ya no sería más un manager y un cantante, no sería una relación tan sencilla, no cuando los celos estaban presentes por ambos lados. Entreabrió los labios y sin embargo y a pesar de que mantenía la mirada sobre el otro, las palabras parecían no salir. Si verdaderamente el otro lo estaba, el solo pensar que era verdad, le hacía sentir un extraño calor por dentro, sin embargo, necesitaba hablar. —¿Estarías dispuesto a atarte a alguien? Hemos estado jugando a ver qué voluntad domina a cuál, lo debes saber, pero sentir algo por otra persona, no es ningún tipo de juego, puedes salir dañado... —Tenía que terminar de hablar y sin embargo las palabras se le quedaban en la garganta, atragantándole. —He estado escapando de esta clase de sentimientos durante mucho y tú...simplemente haces que parezca un niño en cuanto a estos temas se trata. —No había respondido a aquello, no había dicho nada referente a aquello aún y cuando parecía querer decir algo, se daba cuenta de que era vergonzoso y de que podría estar cayendo en las redes del blondo, sin la opción de volver pero ¿Aún podía volver? y no solo eso...¿Querría volver?

¿Podría intentarlo? ¿Compartir con el otro algo más que la cama, que los celos, que la relación -fuera de lo normal- como manager y representado que hasta ahora habían compartido? —...Si fueras tú...creo...que podría hacerme cargo. Pero que lo sepas, nunca he vivido algo así y definitivamente no podría tolerar un engaño, mucho menos una traición. —Y es que cuando se trataba de su vida personal, el sujeto severo y responsable quedaba muy de lado, tal como Natalie podría haberse dado cuenta, Tohru y Orion eran dos personas con ciertas diferencias, aunque el segundo no era más que la tapadera del segundo para negarse a mezclar sentimientos con sus representados, pero esta vez el manager le estaba fallando miserablemente. Suspiró antes de volver a mirar al otro. Mierda. ¿Por qué? ¿Por qué sus dedos se apretaban contra los de aquél idiota como si temiera que aquello fuera una estúpida broma?
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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Lun Dic 16, 2013 7:10 pm

Vamos. Hazlo. Vamos, joder, Natalie... Dile que es una broma. Huye. Escapa. ¡Vete!

Abrió los labios. Guardó de nuevo sepulcral silencio y volvió a cerrarlos.

Vas a cagarla. Se irá. Te dejará.

Su propia marea de sentimientos logró que sus dedos reafirmasen el agarre compartido, que no le dejase escapar... Que se mantuviera ahí a su lado, aferrado a su palma. Aún podía, aún podía escapar, hacer ver que aquello no había sido real y salir triunfante de la habitación con el orgullo herido pero no con el corazón hecho trizas. Si, bueno, no era que el corazón lo utilizase demasiado, más bien era él quién solía romper esperanzas de felices enamorados que se encamaban con él y al día siguiente les hacía fuera del camastro. Pero aquello era distinto. No eran meros polvos con un cuerpo espectacular, no era un capricho, no... Tohru había dejado mella en un cuerpo poco acostumbrado al amor, al afecto y prueba de ello residía en el cuello del morocho dónde una marca amoratada podía verse en aquel níveo y perfecto cuello del mordisco que anteriormente le propinó. No, no quería que aquello cambiase, que la pasión de ambos frenase. El nerviosismo por su parte creció, procurando poner orden a las palabras contrarias, cosa difícil teniendo en cuenta su nerviosismo. En vago intento por alargar el tiempo de espera en cuanto a su respuesta se refería acortó distancias y buscó con la frente el frío pecho de su compañero. Ahí encontró el lugar idóneo para escapar de su mirada aunque la misma no se cerró, no, se centró en la unión de esas manos, viendo la manera en la que sus dedos se enroscaban en aquellos de tamaño superior.

Si fueras tú.... Se aferraría a ello con todas sus fuerzas, con toda su creencia. Arrimó algo más la cara contra el frío torso de su compañero y esa pierna enroscada en su cintura pareció hacer presión: La hacía. Ambos quedaron tan juntos que ni el aire podría ser capaz de entrometerse entre aquellas pieles desnudas y expuestas. Vaya momento para tratar esos temas... Abrió por fin la comisura –Sabes perfectamente que yo tampoco toleraré engaños, traiciones o patadas.- ¿Era eso...? ¿Qué mierda era? ¿Estaban peleándose? ¿Declarándose? Tomó aire por la nariz y la expulsó con la boca, jugando a que lo puntiagudo de sus pircing, aquellos que decoraban los costados de su boca rozasen al que tenía frente a sí, aún procurando no encontrarse con su mirada. Detestaba verse tan jodidamente indefenso, siempre había evitado aquello, ése tipo de situaciones en las que, sin saber cómo, el uno terminaba rendido al otro... él mismo se deshacía de sus folleteos antes que estos pudieran hablarle de algo similar a lo que ellos compartían en ése momento, en esa cama. –Es tú puta culpa.- ¡Claro que lo era! Era ése imbécil quién soportaba cada golpe, quién le animaba a comer, quién se aseguraba de concertar sus mejores fichajes, quién, de un modo u otro siempre estaba con él.
... Aunque obviamente entendía que ése era el trabajo de un manager, no podía más que sentirse vulnerable. Ya había tenido a otros dos en el cargo pero ninguno fue capaz de aportar a su corazón la extraña calidez, la soberana calma que alguien sin latidos estaba trayéndole a su vida. Aquella férrea unión de palmas se alzó, movida obviamente por el ligero empuje que su propia mano ejerció y así llevó la misma hacia el costado de ése cuello tatuado por su violencia, tocándolo a duras penas con los nudillos, de manera sumamente lenta. Si no fuera por que era Natalie... Quizás incluso pudiera dar a pensar que estaba pidiéndole disculpas por aquel ataque que había arruinado tan precioso cuello.

-Demuéstralo.- ahora sí, ahora su mirada si buscó la carmesí. Se separó del torso foráneo: Tenía lo rubio de su cabello pegado a la frente por el sudor, el rubor enmarcaba aún más sus fracciones y sin duda daba una curiosa tonalidad a lo amarillo de aquella mirada que bien podría etiquetarse de gatuna. –Demuéstrame que te harás cargo de esto.- y no se refería a su erección, no.
Había algo que le urgía más atender, algo que no había tenido la necesidad de satisfacer hasta el instante en el que su mirada descubrió tras una puerta aquel de elegante presencia, de mirada firme pero de sonrisa triunfante. Era él, su manager, el primer amigo que tenía...: Tohru.



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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Invitado el Lun Dic 16, 2013 10:21 pm

Cuando había buscado una respuesta en la mirada del otro, la misma se escondió contra su pecho, quizá meditando antes de romper el silencio, aunque eso de cierta forma logró ponerle algo ansioso. No sabía que era lo que pasaba por la mente del cantante, a qué se enfrentaría ahora, aunque el mismo silencio que se había hecho un espacio entre los dos, pronto fue echo hacia un costado por el blondo. Claro que sabía que el tampoco toleraría engaños, después de todo, le había visto observarle de aquella forma en la cabaña y su enfado, mierda, ¿se estaba dando cuenta de que le hería ver al rubio molesto por aquellas cosas?
Sintió cierto cosquilleo sobre su vientre ante el contacto contra los piercings de forma cónica del otro y sin embargo no dijo nada, solo rio ante el nuevo comentario de Natalie. ¿Era su culpa? ¿No había sido el otro el que se había acercado de aquella forma tan poco seria la primera vez que se conocieron? y ¿Que podía decir de aquella escena cuando Sasha dejo esa fotografía sobre la mesa donde se encontraban ambos? No, si de alguien era la culpa, era de él, de él y de su forma de ser, la misma que atraía como la miel a las moscas al vástago. Se quedó quieto al sentir aquél tacto contra su cuello, el otro ni siquiera había querido romper con la unión de sus manos para tocar mejor pero...era extraño, casi como si sus dedos pudieran sentirse más tibios, contagiados por el calor del otro. Natalie había dicho que sería sus latidos y dándole aquél calor, de alguna forma lo estaba cumpliendo, así como su presencia lograba provocar en él cierta calma que se había evaporado al ver a aquél idiota abrazado a su cuello.

Bajó la vista para intentar mirar al otro cuando le escuchó "Demuéstrame que te harás cargo de esto." y efectivamente pudo encontrarse con sus orbes, con aquél rostro sudoroso pero no menos agraciado y aquellas mejillas teñidas en un suave carmín. Iba en serio. Tohru, que nunca había asumido los sentimientos de otros por él, que nunca siquiera había intentado sentir algo por alguien, que se negaba a salir lastimado por culpa de otro, ahora, justo ahora, sabía lo que tenía que decir a pesar de que no podría creer lo que cruzaba por su mente. ¿Y si terminaba dándose cuenta que efectivamente aquello funcionaba? Miró a Natalie con una expresión apenas suavizada por una sonrisa antes de volver a hablar. —¿Entonces tendré que pedirte que andemos de novios? —Era una opción con peligro, pero podría ser una buena manera de darse cuenta si aquello era simple capricho...o si de verdad aquello aspiraba a ser algo más por ambas partes. Y si no resultaba, entonces ambos seguirían como Manager y representado, o como simples amantes. Entre más lo pensaba, más creía que sería una buena idea pero sin embargo, faltaba la opinión del otro, aunque decidió añadir algo más: —Si aceptas, entonces no podremos ocultarlo, tanto para que otros sepan que nos pertenecemos, como también porque no me la voy a pasar aquí encerrado contigo. Me haré cargo de tus sentimientos, pero tú tendrás que soportar...los míos. —No estaba diciendo que sintiera algo justo ahora, o podía que sí, pero el caso era que si uno daba el otro también debería hacerlo, solo así sería un arreglo justo, algo que afectaría lo que un contrato no podía afectar.

Allí estarían expuestos ambos, el uno frente al otro.
Los orbes carmesí del otro miraron al blondo desde una mayor cercanía, esperando por el golpe, por el sí, por el no, por lo que fuera mientras se tratase de una respuesta. Sus dedos se apretaron contra aquellos que se habían enroscado contra los de él. Era extraño como el simple estar junto a él en aquella cama sin hacer nada más que hablar y mirarse podía serle tan calmante. Y sin embargo, dentro de él en algún rincón, aun escuchaba una alarma gritarle que se echara atrás, que no tenía idea en lo que se estaba metiendo. Y era verdad, Tohru no tenía idea de relaciones sentimentales y sin embargo, se haría responsable de lo que había provocado y de lo que el otro provocaba en él. Si Natalie aceptaba, entonces con el correr del tiempo, quizá pudiera llegar a entender el tipo de relación en el que ambos encajaban.
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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Mar Dic 17, 2013 8:48 am

Se le cortó la respiración incluso el bombeo de su corazón pareció erradicar en la nada cuando la mirada del vástago se dirigió hacia la suya con aquella sonrisa capaz de encantarle y enamorarle, mierda, joder. Si bien la mirada de pandora petrificaba a todo hombre, esa juraba por UT que enamoraba, aunque se negase, aunque intentase escapar... Y una pregunta que ni en veinte años de vida hizo o le hicieron logró lo que nadie. Que un fuerte sentimiento envolviera al que proseguía rodeando con cierta propiedad al que, de la nada, apareció en su vida para desencajarla de pies a cabeza, para tirar por tierra valores que con tanto esfuerzo empuñó de manera orgullosa. Ahhh... Sólo podía ser ése maldito. Sólo él. y le molestaba al mismo tiempo que le agradaba: Todo para con Tohru era tan contradictorio que en ocasiones no sabía del cierto como reaccionar, cómo hacerse expresar sin golpes, por que por más que el otro fuera inmortal entendía que recibir puñetazos cada vez que entraba en vergüenza no debía ser agradable. Tomó aire por la boca en busca de volver a activar su sistema respiratorio, en vano. Estaba demasiado nervioso. Pero no todo podría ser tan... Tan como estaba siendo. Para su sorpresa el morocho volvió a tomar la palabra y esta vez el gesto que hasta ahora se mostró entre sorprendido y avergonzado arrugó muy ligeramente el puente de la nariz en ése gesto típico en él que evidenciaba que no gustaba o no compartía la idea expuesta. ¿Ser...? ¿Ser pareja frente a la cámara? ¿Frente a sus fans? Dejó de rozar el cuello herido pero su mano se mantuvo sobre aquel frío paraje, guardó silencio en busca de hablar, en busca de saber que responder y entonces, cuando lo consideró volvió a emitir un suspiro.

-¿Sabes lo que representa ser pareja en publico?- claro que lo sabía, era su manager a pesar de todo... ¿No? –Aquellos que se creen con posibilidad dejarán de tenerla, aquellos que me ansían sabrán que soy de otro.- sabía bien como funcionaba ése jodido negocio, managers anteriores se aseguraron de que lo entendiera para que sus golpes no fueran únicamente su centro, también las sonrisas y el carisma en escena debían ser parte de sus grandes y magistrales actuaciones. –Quiero ser tuyo, pero no al precio de mi fama.- no, no, aún no había llegado, no podía abandonar, no ahora que tenía al mejor a su lado. ¿Eso significaría tener que... abandonar los sentimientos? ¿Tendría que dar por hecho que no estaría con él? y una mierda. Entre la confusión y todo lo que a ambos envolvía deslizó la mano desde su cuello hasta su entrepierna, empuñándo lo que aún yacía erguido y sin vergüenza juntó algo más su cadera contra la del foráneo en busca de penetrarse a sí mismo aquel pedazo de carne caliente, ardiente. –Quiero ser tú novio. Y tú vas a ser mío. Aún si tengo que olvidarte a cerrar la boca.- no permitiría intromisiones en su mundo profesional, pero tampoco en su vida personal. Natalie, Noiz, ambos tenían derecho a disfrutar por separado de lo que la vida le tenía preparado... ¿No?
Ronco gemido amaneció de su comisura cuando logró hacer que la enrojecida punta de su contraparte rozase su ya de por sí dilatada y húmeda entrada y no tuvo más que contornear las caderas para internarse aquel sexo en su interior consiguiendo que ahora jadeos de índole lastimera resonasen en su garganta a cada vez que procuraba hablar. Mierda, era su sensación o el condenado había crecido.

Pensándolo bien, tal vez, si Tohru hubiera preguntado a aquello a cualquiera de sus representados anteriores estos hubieran accedido sin miramientos, sin pensar en todo lo que con ello abandonaban, sin darse cuenta que por amor muy posiblemente se deteriorase su carrera pero cegados por el sentimiento se habrían dejado llevar... ¿Sería eso lo que a fin de cuentas buscaba? ¿Qué se rindiera? No. Lucharía. Tanto por Tohru cómo por su fama, podría hacerlo siempre y cuando prosiguiera teniendo la firme mano del ajeno guiándole... Esa que aún y ahora no soltaba, esa que se hacía a la unión aún y cuando la otra actuó de manera más pervertida al introducirse el cuerpo ajeno.



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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Invitado el Mar Dic 17, 2013 10:10 am

Suspiró pesadamente cuando la respuesta del otro vino. Cierto. Estaba hablando en plural cuando solo debía referirse a Natalie ¿no? Después de todo el blondo tenía razón en aquello, no le quitaría a todos esos niños su preciado y ansiado caramelo, aunque el mismo solo estuviera sobre el escenario, muy lejos de donde ellos mismos pudieran tocarlo. No supo por qué había perdido ese detalle aunque no le parecía muy extraño teniendo en cuenta que todo lo que se refería al rubio y sobre todo ahora que estaba haciendo algo que nunca había hecho, podía reportarle algunas fallas ¿no? No, no se las podía permitir, él no era así, no fallaba, siempre era...perfecto, aburrido, pero perfecto al final de cuentas. Si, ya lo sabía, que no podía entrar en el área de Noiz, que allí seguiría siendo el manager y así estaría bien, después de todo ese era el plan original, con el que habían comenzado y el que debían mantener incluso si los sentimientos se metían de por medio. Tenía que ser el soporte del otro y no olvidar su lugar en aquél lugar.
Sus orbes se movieron de sobre el rostro del otro al sentir como aquella mano lo tomaba ¿Qué estaba...?

—No es necesario. —No se refería al hecho de que se estuviera intentando penetrar por sí mismo (tal como la primera vez), sino a aquella parte de sus palabras. —No es necesario que me obligues a cerrar la boca...pero si quieres intentarlo... —Apenas dejo escapar un bajo quejido cuando el trasero del otro se rozó contra su miembro. Ese cabrón. Seguía estando igual de apretado a pesar que hace tan poco había estado dentro de él y sin embargo, no perdería de vista el adaptar aquél interior a su forma, porque después de todo, eso es algo que los fans de Noiz solo podrían soñar, pero él, él lo tendría cada vez que ambos quisiesen. Movió las piernas, soltándose del agarre por parte de una de las manos del blondo para así poder tomarlo por la espalda y que ambos girasen, hasta que el vástago quedó bien recostado contra las sábanas y allí sobre su cadera, se mantenía el rubio. ¿Así no sería más fácil? Pero no era solo por eso, sino que, aunque no se lo diría, sentía la extraña necesidad de palpar aquél cuerpo tibio sobre el suyo, cada centímetro de esa piel, observar el batir de aquellas alas mientras se movía sobre su miembro, el agite de su cabello dorado a cada nueva sacudida.

No sería él quien le cortara las alas a su mariposa y cualquier otro que lo intentara se las vería con él. Su preciado ejemplar, se abría paso entre todo lo que era importante para él, golpeando a cada que se encontraba tal y como lo hacía con él, esperando quizá convertirse en lo más preciado, lo más importante, creando algo en aquél músculo que no palpitaba. Su mano derecha subió por el cuerpo del otro, tocando con cada falange fría sobre la extensión del torso del otro, rozando su tetilla aunque deteniéndose apenas sobre esta, donde podía sentir los acelerados latidos del otro, algo que no poseía y que por un tiempo no había valorado y sin embargo, ahora era encontraba aquél sonido verdaderamente tranquilizador. —Entonces esta dicho. Está bien tal y como dices. Dejaremos que Noiz siga encantando a su público. —Sus orbes observaron hacia los ambarinos del otro justo un poco antes de sonreír normalmente, aunque él decía que aquél tipo de sonrisas no le quedaban, le hacían sentir demasiado...humano. Sus dígitos volvieron a subir por el rostro del otro, hasta que su dedo índice recayó sobre el labio inferior del otro, rozándolo con suavidad antes de empujarse con su otro brazo hacia adelante y cubrir aquellos mismos con su propia boca. ¿Ese chico en realidad le haría caer? No lo sabía, quizá ya estaba con el agua hasta el cuello y solo faltaba que se dejara arrastrar hasta el fondo y sin embargo, aún debía ver que era lo que resultaba de todo aquello. Su lengua se rozó contra sus labios, avisando mas no pidiendo aprobación antes de empujarse contra los labios del otro y abrirse paso dentro de su boca, en busca de aquella lengua al tiempo que sus manos se apostaban sobre la cadera del otro para tomarle y elevarle sobre su miembro antes de dejarlo caer sobre el mismo.
Mierda. Ese idiota. No tenía idea de cómo le ponía. Era por estar cerca suyo que su erección no había hecho ni el más mínimo intento en volver a dormirse.
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Re: ...Y después de la tormenta || [Priv. Noiz] [+18]

Mensaje por Natalie "Noiz" Krum el Mar Dic 17, 2013 7:12 pm

Un jadeo llenó el espacio del silencio que únicamente era ocupado entonces por el sonido de las sábanas al adulto moverse y posicionarse sobre estas para empalarle de un modo mucho más profundo. El cambio en posiciones logró que el cuerpo del rubio se arquease ligeramente hacia delante, como de un momento a otro fuera a desfallecer sobre el torso de su acompañante, aunque, por supuesto, no dejaría que nadie, siquiera ése que le acompañaba como a su sombra, le viera tan débil. Pero no negaría que el grosor de aquel maldito le hizo quemazón y sintió perfectamente como su ano buscaba dilatarse casi a la desesperada para tragarse aquel pedazo de carne palpitante, era delicioso. Intentó a como pudo quedar sentado sobre las caderas de su contraparte, manteniendo la espalda erguida y las piernas a los costados de su compañero con tal de no obstruir la mencionada penetración. Aprovechó la liberación de sus manos y una se postró justo sobre el vientre del moreno, la otra fue a parar cerca de una de las rodillas foráneas, dándose soporte en su muslo quedando su cuerpo semi-ladeado sobre el otro, mostrándose enteramente desnudo pero muy a pesar de ello no se avergonzaba, no si su compañero era aquel que se encontraba con sus orbes puestas en él.

Ése idiota... Cuando logró acostumbrarse a su invasión tan ruda su cuerpo aterrizó sobre el foráneo cuando éste así lo deseó y su boca fue abordada por esa otra de tan apetitoso sabor y aroma. ¿Por qué le atraía tanto...? Cerró los ojos y respondió con ansiedad al mismo, fue capaz de lamer cuanto deseó aquella sinhueso fría pero húmeda al mismo tiempo y por lo mientras sus caderas fueron amoldándose a los deseos que obviamente ambos compartían. Los jadeos poco a poco comenzaron a darse de manera más notoria aún y cuando su comisura permanecía unida a la otra, su boca se amoldaba a los movimientos adyacentes con lujuria, deseo, su lengua no pareció desear quedarse atrás y a pesar de todos los sonidos que podría estar llegando a pronunciar entonces su trasero subía y se dejaba caer bruscamente contra su falo, aunque con un pequeño extra: en aquella posición la pequeña decoración de su ombligo pendía de su fisonomía y en cada movimiento en el que sus caderas buscaban juntarse con las otras para que se internase aquella falsa mariposa rosaba el vientre contrario: Su regalo. Aquello para él era tan... extraño? Eso sería y es que los únicos que de vez en cuando se acordaban de tener un detalle consigo eran sus padres, aunque se pasaban la mayor parte del tiempo disfrutando de lo que la fama de su hijo les había proporcionado y si bien los encuentros eran fugaces, también lo eran los detalles de estos consigo.
En medio de un jadeo la boca del cantante buscó libertad aunque por inercia, por deseo... No supo bien el motivo pero tan buen punto ambos pusieron fin al ósculo empezó a descender de manera igual de intensa los roces de aquellos pares húmedos por encima de su cuello, entreteniéndose muy especialmente en la amoratada marca que sabía que pronto sanaría. Gimoteó sobre aquella y apoyó ambas manos sobre aquel bien formado torso acariciándolo y aprovechándose de aquello para volver a darse un impulso más bien brusco.

Estaba de nuevo en aquel placer que no era terrenal, no podía serlo, era demasiado intenso, demasiado. Ninguno de sus polvos anteriores alcanzaba nunca el nível de aquellos que había podido ejecutar con Tohru. Sus dedos se crisparon débilmente y ante el movimiento arañó muy sutilmente la dermis inmortal de su pareja, llamándole en un susurro de delirante placer, justo entonces abrió los labios y buscando callarse mordió la zona ya tatuada, aquella zona herida, solo para cuando se recuperó intentó hablarle siempre pegado a él, siempre. Le quería sentir de todas las maneras pues, al salir de las paredes del hogar compartido deberían dejar los roces y los toques a instancias dónde nadie pudiera verles. –Entonces... somos novios...- logró balbucear aquello sin aire en los pulmones, sin más que el placer mareándole y debilitándole. No, ése capullo no tenía ni una idea de todo lo que le hacía sentir con aquel tipo de sacudidas. Tembló de nuevo y su nombre esta vez fue expulsado de su comisura en forma de grito.



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