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1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Eithan Jones el Sáb Mar 15, 2014 9:52 pm

Definitivamente estaba perdido, tremendamente descolocado de la escena. Aquel improvisado beso por parte de quien para él era similar a un hermano mayor, le dejó completamente estupefacto; y ni hablar de la mano atrevida que masajeó su casta entrepierna inalcanzable para cualquier ser. El bochorno fue latente, mas el golpe que la víctima no hubiese tardado en asestar, se vio detenido por unas hirientes y fuertes palabras pronunciadas por el recién llegado demonio, que hicieron encoger el corazón del menor. Seguidamente, la convivencia entre los tres se salió de control y Ayperos arremetió violentamente contra su antagonista. El rubio gritó alarmado, mas su cuerpo no atinó a avanzar. ¿Qué demonios les pasaba a esos dos? Su ceño se frunció progresivamente, siendo atormentado una y otra vez en su cabeza por las filosas oraciones que su protector le dedicó. ¿Que era una puta? ¿Que se había hecho el inocente? ¿¡Pero qué demonios...?! Apretó los puños, embravecido y dispuesto a ir a golpear en la cabeza a ese condenado cara de mal follado, pero entonces las piernas le flaquearon y cayó nuevamente de rodillas, boquiabierto ¿Estaba... celoso? Un tic se fue pronunciando en la ceja zurda del crío y sus labios se torcieron en disconformidad ¡Él no le había coqueteado en ningún momento ni actuado bonito para ese pelirrojo como para que se tomara tal atribución de creerse con algún derecho sobre su culo o persona! ¡Y mucho menos era una puta! ¡Joder, ni siquiera lo había hecho con alguien en lo que llevaba de vida!
 
Abrió la boca para protestar, sin embargo esta vez tampoco tuvo suerte, ya que su cuerpo fue apresado por varias manos fortachonas, al mismo instante en que un ente superior tomaba la palabra, atrayendo completamente la atención de Ayperos. ¡Eran sus hermanos junto a un enorme grupo de sicarios vampiros! ¡R-Realmente habían venido a matarle! La sangre en el cuerpo del numan se heló y sintió cómo su corazón se detenía por unos minutos. ¡Estaba perdido! ¡No había forma de escapar! Apretó muy fuertes los párpados cuando aquella hembra se dispuso con siniestra tranquilidad a morderle, pero aunque ya sus esperanzas habían desaparecido, la muerte que por seguro encontraría de una forma lamentable e indigna, nunca llegó a abrazarle. Los ojos que se habían cerrado, se fijaron una vez más en el panorama y descubrieron que nuevamente ese cara de mal follado le había salvado. Sin pensarlo demasiado, se arrojó a sus brazos y lo estrechó con fuerza por la cintura, pegándosele como una sanguijuela. Sin embargo algo no andaba del todo bien en su organismo. Una de sus muñecas por donde le había agarrado uno de los vástagos, quemaba profundamente hasta el punto de nublar su voluntad y razón. Era consciente, pero a la vez sentía su alma apagada y lo que creyó que era estrés, rápidamente se volvió algo mucho más terrible cuando empezó a ver cómo su cuerpo se movía independientemente. Sus manos con precisión quirúrgica aflojaron el kimono del diablo, descubriendo parte de aquel fibroso torso níveo y plano. No conforme sólo con ello, su condenada boca viajó hasta el abdomen de su acompañante y eróticamente chupeteó bajo el ombligo, restregando sus labios y lengua alrededor de aquel hueco, para seguidamente ascender con sus manos y múltiples besos ansiosos. Se aferró asiduamente tras el cuello de Ayperos  con ambos brazos y las caderas estrechas del menor se alzaron sin pudores, permitiendo a las piernas rodear la cintura del pelirrojo, meneándose para frotar su trasero por la destacable virilidad contraria. Lengua paseó con lujuria por el albino cuello del infernal, subiendo hasta capturar en su boca el lóbulo de la oreja y masajearlo.
 
La consciencia de Eithan que no lograba tomar control de sus acciones, mas era testigo de todo el rollo, sentía que se derretiría de vergüenza. ¿¡QUÉ DEMONIOS ESTABA HACIENDO?! Quería soltar a ese mal follado, patearlo lejos y continuar pateándolo en el suelo, ¡Pero no era capaz de dominarse! ¿Es que acaso...? ¡Sí, uno de sus malditos hermanos debió apoderarse de su cuerpo mediante el tacto que habían compartido cuando fue capturado y ahora estaba siendo usado como soga que atase a la bestia! Maldición... ¡Maldición! ¿¡Cómo podía estar haciendo semejante lamentable espectáculo vulgar delante de todos?! ¡Era imperdonable! Sin embargo, aquellos chupasangre no perdían el tiempo y sin duda alguna su plan no era simplemente disfrutar del show. Todos aprovecharon la distracción para atacar y fue entonces que el rubio vio cómo uno de sus más poderosos hermanos, el que podía ocultar su presencia, se abalanzaba desde atrás con su daga en mano e intenciones de ejecutar un impacto crítico contra su guardián. Desesperado, el alma del chiquillo se estremeció y agitó con todas sus fuerzas hasta conseguir mover lo suficiente sus manos como para anteponer las mismas y el paraguas que llevaba Ayperos, bloqueando el ataque con sus propias extremidades. -¡¡AAAaaahahhh!!- el dolor terminó de romper el hechizo de control, pues la agonía de haberle quedado enterrada en su propia carne la hoja de ese cuchillo junto a numerosos pedazos de sombrilla era sumamente atroz, tanto que quebró su inmortal orgullo y sus bellos ojos esmeraldas dejaron rodar varias lágrimas por las morenas mejillas. -¿E...Estás... bien...?- y sin embargo ese dificultoso susurro no tardó en apagarse, junto a la mente del pobre niño maltrecho.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Lun Mar 17, 2014 5:24 pm

Ayperos acababa de aparecer fluctuando tras la espalda de la mujer vampiro que estaba a punto de morder al joven ídol rubio y le había roto el cuello con toda facilidad. El cuerpo sin vida de aquella asquerosa chupasangre cayó desplomado al suelo.  Acto seguido Eithan se lanzó contra él, rodeándolo por la cintura con sus brazos, parecía realmente aterrorizado. – Deberías ir a abrazar a TU mayordomo – le dijo con rencor evidente en su voz. A pesar de estar en medio de una pelea, el demonio de pelo carmesí todavía se sentía iracundo por la pornográfica escena que había presenciado al entrar en el gimnasio.

Pero Eithan ni si quiera le respondió nada, lo que era muy extraño. Si algo tenía aquel mocoso con delirios de ramera era tener una lengua afilada como una víbora. Jamás se callaba nada. - ¿Eithan… qué haces…? – le preguntó Ayperos cuando notó sus manos soltándole la prenda de ropa que llevaba puesta – Este no es momento para… - pero no pudo terminar su frase, pues el mocoso había empezado a lamerle el firme estómago - ¡Eithan, no! – exclamó el demonio, que supuso en ese momento que eran los vampiros los que habían dominado de alguna manera la mente del crío para que realizara todas esas cosas que de normal no haría ni que le pagaran todo el oro del mundo por ello. Pero a pesar de los esfuerzos del mayor por parar el avance de ese zombie emputecido, no pudo evitar que terminara subiéndose sobre él, con las piernas rodeándole la cintura. La cosa estaba muy mal. No podía perder el tiempo con eso. Y aunque su mente fría como el hielo supiera que lo importante en ese momento era contrarrestar el ataque de los vampiros, una creciente excitación empezó a inundar al demonio de pelo carmesí, provocándole una poderosa y firme erección en su entrepierna.

Eithan estaba completamente descontrolado. Movía su púber cuerpecillo de crío de manera voluptuosa, restregándole las duras nalgas justo sobre su palpitante polla demoníaca. Ayperos puso su mano en la nuca del ídol rubio y tiró de su pelo, apartándole la boca de su oído. Le miró fijamente a los ojos y le dijo muy serio – O terminas ya mismo con esto o te juro que te violo aquí mismo ¡Con tus amigos chupasangre mirándonos! – esperaba poder hacer reaccionar a Eithan de alguna manera. Pero como era de esperar, los vampiros aprovecharon esos breves minutos de confusión que habían creado hipnotizando a Eithan atacándoles, a él y a Gregoir. Ayperos sólo tuvo tiempo de ver que un pequeño grupo de los enemigos se lanzaban contra el mayordomo, pero no pudo ver qué sucedía a continuación porque algo muy extraño sucedió. Todo pasó en pocos segundos. De repente Eithan hizo un extraño y forzado movimiento y solo vio de reojo una afilada daga que partía en varios trozos su adorada sombrilla, y terminaba insertándose en el brazo del rubio, que le había protegido de aquel ataque por la espalda. - ¡Eithan! – el demonio de pelo carmesí gritó el nombre del muchacho en alto, preocupado por su herida, y el chiquillo chistoso todavía tuvo moral para preguntarle si estaba bien - ¿Si yo estoy bien? ¿¡Por qué has hecho esa tontería!? ¿¿Es que estás completamente loco?? –

Ayperos dejó cuidadosamente al chico sobre el suelo - ¡Ni se te ocurra moverte de aquí! ¿¡Me has oído!? – le dijo, y acto seguido le extrajo el puñal que todavía tenía clavado en su brazo y girando sobre sí mismo, completamente reclinado, rajó la pierna derecha del vampiro que le había atacado por la espalda - ¡Maldito cobarde traidor! – su ira estaba descontrolada. ¡Su protegido había salido herido por protegerle a él! ¿¡Porqué nada tenía sentido cuando Eithan andaba cerca!? ¿¿Por qué siempre tenía que complicarlo todo?? Ayperos terminó rápido con su oponente, clavándole el puñal de manera certera en su corazón. Otros dos chupasangres venían directos a saltar sobre el niño, pero el demonio de pelo carmesí fue mucho más rápido y se interpuso entre ellos. Al primero que se encontró en su camino le soltó una fuerte patada en su estómago que lo detuvo de repente, y con otra coz lo mandó volando a unos metros de allí. Se encargó de la siguiente vampira también sin problemas, agarrándola del pelo y cortándole la cabeza con el arma que le había arrebatado a su compinche. En seguida el otro vampiro, el que acababa de patear, volvió a la carga contra él. Ayperos no dudó ni un segundo en soltarle un codazo en toda la cara que lo tiró al suelo, y justo cuando intentaba volver a ponerse en pie, usó el afilado filo de la navaja para abrirle el estómago en canal, desde la barriga hasta su garganta. – Uno menos – se dijo a sí mismo, quedando en posición defensiva, con el puñal en alto y muy cerca de Eithan para que no pudieran volverlo a apresar por culpa de su despiste.

Y entonces vio a Gregoir, luchando él solo contra tres de los vampiros. Ya había matado a dos mientras Ayperos se encargaba de los suyos. El demonio de pelo carmesí no tenía ni putas ganas de salvar al mayordomo engreído de aquellos tipos, pero no dejaría que los chupasangres se salieran con la suya. Su orgullo de guerrero estaba en juego en aquello. Así que se agachó, abrazó a Eithan por los hombros y fluctuó al lado de Gregoir, para no dejar al rubio solo. - ¿Necesitas ayuda? – le dijo al mayordomo, mientras le clavaba el afilado puñal por detrás a uno de los vampiros que lo tenían rodeado, atravesándole el corazón con él – No ¡Habría podido yo solo! – respondió el otro demonio, asestando un golpe mortal a otro de los chupasangres. Gregoir y Ayperos quedaron cara a cara, con el último de los vampiros que quedaba con vida entre ellos. Cada uno asestó su golpe contra el no-muerto, sin dejar de retarse con la mirada fija en el otro – Soy perfectamente capaz de proteger al Señor Jones yo solo ¡No te necesitamos para nada! – Ayperos chasqueó la lengua – Tsk… ¡Que te jodan! – le respondió. Luego se giró para mirar a Eithan y le dijo – Deberías hacer que te curen eso, podría infectarse – entonces desapareció fluctuando, apareciendo de nuevo en el quicio de la puerta – Por cierto, Señorito Eithan, como el trabajo ya está hecho, voy a montar una pequeña fiesta aquí, en tu casa, para celebrarlo – y ya sí, desapareció del todo. Su destino era el lavabo del piso de arriba, donde se tomaría un relajante baño hasta la hora de la juerga.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Eithan Jones el Lun Mar 17, 2014 11:55 pm

Agh... ¿Había hecho bien o había hecho mal? Pero por sobre todas las cosas ¿por qué lo había hecho? ¿Acaso era imbécil? Ayperos no moriría por recibir una simple puñalada trapera y aún si moría, todavía estaba Gregoir para defenderlo, como siempre. Se sentía el rey de los idiotas, en principio porque no consiguió más que una reprimenda por ese salvamiento involuntario y el segundo motivo era que constantemente estaba arriesgando su belleza por culpa de ese demonio. Bien podría quedarle una cicatriz o perder un dedo, o vaya a saber, ya que no era más que un simple y débil numan. Era odioso que su cuerpo se moviera así de independiente para proteger al cara de mal follado, sin razonar, sin meditar, sin los egoísmos en los que se envolvían todas sus decisiones.
 
Bufó luego de que Gregoir terminase de sanar la profunda herida en su brazo, utilizando su propia sangre curativa, y sin añadir nada se puso en pie y se alejó del lugar, dejándolo solo. Subió las escaleras en silencio, emitiendo un aura y expresión de completa pesadez, hasta que logró alcanzar su dormitorio y se desplomó sobre la cama. Cerró sus párpados y suspiró, entornando suavemente sus ojos luego, observando un punto fijo de la nada mientras se perdía en sus propios pensamientos. Genial, si ya le era complicado quitarse el sabor de los labios de Ayperos de su paladar, el gusto de su cuerpo desnudo definitivamente era una tortura impensable. Se abofeteó ambas mejillas con vigor y dio un brinco, corriendo hasta el baño adyacente y metiéndose sin previo aviso. Cogió su cepillo y lo embadurnó en pasta dental, frotándolo salvajemente contra sus dientes hasta que un sonido de agua chapoteando llamó su atención y notó que cierto condenado se estaba bañando muy tranquilamente en SU tina. Tic en la ceja se hizo presente, pero no se atrevió a protestar, ya que un pequeño vistazo a aquella fisonomía bastaba para traerle malas, MUY malas memorias que prefería olvidar.
 
Sonrojado y espiando por el rabillo del ojo con entero disimulo, mostrándose falsamente impasible con la desnudez contraria, comenzó a sentirse molesto consigo mismo y también con el otro. Realmente... Ayperos no era feo, por el contrario, era muy atractivo de pies a cabeza. ¿Entonces por qué insistía en negarlo y molestarlo? Tampoco olía mal, ni era excesivamente vulgar, pero... esa odiosa personalidad era suficientemente negativa para superar todo punto benéfico. Sus egos eran demasiado grandes para coexistir.
 
Escupió y enjuagó su boca con abundante agua, tras ello se secó y abandonó el recinto, metiéndose entre las cálidas frazadas luego de desvestirse. Se sentía verdaderamente cansado y quería dormir al menos unos cuatro días consecutivos, sin pensar en trabajo ni ningún otro tipo de estrés. Creyó que finalmente alcanzaría sus dulces sueños, sin embargo nuevamente el cara de mal follado se las arregló para incordiarlo. Música fuerte y desagradable perpetuó sus pacíficos tímpanos, desvelándolo y obligándolo a salir con ira de su letargo, envolviéndose en una bata azulada de raso. ¿Ese idiota hablaba en serio cuando mencionó lo de armarse una fiesta en SU casa? ¿Estaría ahora su hall lleno de demonios depravados e insolentes? Ya de por sí esa idea le revolvía el estómago, pero mucho peor fue la realidad. Estático quedó en la escalera, mientras apretaba la baranda con violencia y sus ojos fulminaban la orgía montada, la cual tenía al pelirrojo como protagonista ¡Ese imbécil mal nacido se había atrevido a invitarse a todas las putas del país! ¿¡Cómo se atrevía?! ¡¡¿CÓMO ES QUÉ--?!!
 
Gruñó y se deslizó a toda velocidad por los escalones, llegando hasta el desvergonzado escenario y cogiendo una botella, la cual partió estruendosamente contra el suelo, generando así una oleada de silencio que se centró en prestarle atención únicamente a él. -¡¡Fuera de aquí!! ¡VÁYANSE TODOS A LA MIERDA AHORA! ¿Qué se han creído, putas de cuarta? ¡Esta es MI casa y todo lo que hay dentro es MÍO!- espetó totalmente cabreado, al instante en que abofeteaba con salvajismo a uno de los prostitutos que se le insinuaba descaradamente a Ayperos. Su respiración salía despedida por la boca con rabia indescriptible, tanta que le llevó a ponerse violento, algo que nunca se veía en el siempre cool Eithan Jones. No sólo eso, sino que capturó de los pelos a ese puto y a otro más que merodeaba por el vigilante de Exules y los arrastró hasta la puerta, abriéndola y despidiéndolos a patadas -¡¡Lárguense ya o mi mayordomo les volará la cabeza en menos de dos minutos!!- advirtió por última vez, consiguiendo que los empleados salieran huyendo despavoridos sin pensárselo dos veces.
 
Qué rabia... definitivamente era de lo peor. Cerró la puerta bestialmente de un portazo luego de que sólo quedasen Ayperos y él. Caminó con el rostro gacho, oculto entre sus rubias hebras hasta alcanzar al opuesto y tomarlo por los bordes del kimono, acercándolo bruscamente a su rostro -¿Qué mierda quieres? ¿Haces todo esto para llamar mi atención?- atacó verbalmente, sin que la lengua le temblara un ápice ante su antagonista -Me buscas, me acosas, me coqueteas, me persigues e incluso me celas, haciéndome escenitas lamentables con Gregoir ¿Y ahora tú haces esto? ¡Te dije que dejaras de jugar conmigo!- detallaba los rasgos foráneos con precisión mientras se enzarzaba en esa batalla verbal -"Tan antiguo como la propia raza humana. Un destructor de imperios. Tan letal, que el mismísimo UT le considera su mano derecha. Un ser sin moral ni escrúpulos. Un violador sádico. Un asesino de masas. Ése es Ayperos. El mismo ser que sintió tanta preocupación por tu vida que me invocó, y que a pesar de tu enorme orgullo, bajó la cabeza y cumplió tu última voluntad. ¿Qué será lo que ve el en ti, joven muchacho, que lo ha vuelto tan… humano?"- sonrió de lado, desafiante y burlón, citando aquella develación que Daibus le había hecho antaño sobre los sentimientos del pelirrojo -¿Tanto te gusto? ¿Qué es exactamente lo que ves cuando me miras, eh?- expresión provocativa se acentuó en su semblante, mientras se vengaba por todas las humillaciones y palabras rudas que ese maldito le había regalado. Aproximó más sus caras, acortando la distancia entre sus bocas y soltando su cálido aliento contra el ajeno, mientras estrechaba a su vez la distancia entre sus cuerpos, haciendo gala de su reputación como diablillo -No eres tan distinto a un numan común y corriente, no tienes nada impresionante; al fin y al cabo así como todos esos idiotas que pueblan el mundo, estás totalmente perdido por mí- sentenció triunfal y egocéntrico, cobrándose todas y cada una de las ofensas que ese cara de mal follado le había hecho.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Mar Mar 18, 2014 7:09 am

Tras la pelea con los vampiros, Ayeros se había materializado en el piso de arriba. Se quitó el kimono que llevaba puesto y se lo dio a uno de los doscientos sirvientes que el mocoso rubio tenía contratados en su mansión. – Airéalo y plánchalo bien. No quiero ver ni una sola mancha. Lo necesitaré para esta noche. – fueron las concisas órdenes que el demonio le dio al criado, que sencillamente hizo una leve reverencia con la cabeza y se marchó corriendo con la prenda en la mano para cumplir con su obligación. Era curioso como los numan, por muy estúpidos que fueran, tenían una especie de sexto sentido que les avisaba del peligro. A Ayperos no le había hecho falta amenazar al sirviente para meterle miedo. Solo Eithan Jones, ídolo de masas y engreído como el que más parecía no regirse por el mismo patrón, cosa que molestaba mucho al engendro venido del infierno. No soportaba que ese crío le ninguneara como lo hacía.

En eso estaba meditando cuando el sujeto foco de sus pensamientos entró en el lavabo. Ayperos tenía los ojos cerrados. Estaba tumbado con los brazos cruzados apoyados en su nuca, dejando que el agua caliente relajara sus fuertes músculos. Sabía perfectamente quién era el que había entrado, pero hizo como si no existiera para él. Ahora la misión ya había terminado. No tenía por qué seguir al mocoso insoportable allá donde fuera, ni tenía que preocuparse por lo que hiciera. Pasado un buen rato, Ayperos salió del baño, se vistió con el kimono que habían adecentado para él, y salió de la habitación de su anfitrión, dejándolo durmiendo apaciblemente en su alcoba.

Le había avisado que pensaba montar una fiesta, y era precisamente lo que iba a hacer. Solo tuvo que fluctuar hasta un prostíbulo cercano, pagar la cuota indicada, y en seguida se presentaron en la mansión una tropa de putos calientes, cargados con alcohol. De normal Ayperos no podía pasar demasiado tiempo sin practicar sexo, era una droga para él. Y teniendo en cuenta que cada vez que se acercaba a Eithan se le ponía el rabo duro como una piedra, y había pasado los últimos días pegado a él a sol y sombra, aquella necesidad primaria de fornicar empezaba a ser inaguantable. O reventaba salvajemente algunos culos traviesos o terminaría cometiendo una salvajada.

Los prostitutos que acudieron al evento eran de toda clase, condición y raza. Los había pequeños y más altos. Fornidos, otros delgados. Rubios, morenos, pelirrojos. De pelo largo o muy corto. Había una gran variedad en la que elegir, y en ello estaba el demonio de pelo carmesí cuando un fuerte ruido de unos cristales partiéndose en mil pedazos hicieron que toda la atención se centrara en el que había causado dicho destrozo, que no era otro que Eithan Jones. – Hombre, si al final te has animado a unirte a la fiesta ¡Ven, que aquí tengo un par de mozos que estarán encantados de conocerte! – le dijo Ayperos al que había sido su protegido, con una gran sonrisa en su rostro, una botella de alcohol muy caro en la mano, y un par de putos bajo cada uno de sus brazos, rodeándolos por los hombros.

Pero Eithan no estaba para tonterías. Empezó a gritar y a insultar a los prostitutos, incluso le soltó un bofetón a uno de los que Ayperos tenía bajo su abrazo. – Eithan, no te pongas así, pensaba compartirlos contigo – el demonio no se dejaba impresionar por el mal genio que gastaba el joven ídol, todo lo contrario, permanecía tranquilo, mostrando serenidad y una eterna sonrisa algo irónica en su bello rostro. Pero al final el rubio se salió con la suya, echando casi a patadas a todos los invitados a la fiesta de Ayperos. - ¿Así es como me agradeces que te salve la vida, mocoso? ¡Merezco un poco de diversión por haber salvado al mundo de la tremenda pérdida que sería tu muerte! – el demonio de pelo carmesí no dejaba de lanzarle pullas verbales al menor. Nunca lo había visto tan enfadado. Casi se alegró de ello, por una vez estaba viendo al verdadero Eithan Jones que se escondía tras todas esas máscaras inventadas por él mismo. Al fin mostraba un poco de humanidad, aunque fuese enfadándose porque él había montado una fiesta en su casa. Le daría miedo que rompieran sus lindas cosas o le robaran algo, seguro que era por eso que Eithan estaba tan cabreado. De repente el ídol lo agarró del traje y empezó a soltar una serie de cosas  que fueron enojando más y más al demonio, sobre todo cuando llegó a la parte en que citaba textualmente las palabras que le había dicho Daibus. Ayperos frunció el ceño y empezó a sentirse iracundo con ese mocoso, que siempre exigía que todo se hiciera como a él le diera la real gana. Desde luego que no iba a permitir que Eithan siguiera adelante con aquello. Merecía un castigo ejemplar que le hiciera recapacitar antes de actuar, la próxima vez que se le ocurriera enfrentarse a él.

Lo primero que hizo el demonio fue fluctuar, llevándose al joven rebelde con él. Demonio y ídol aparecieron en el techo de la estancia, Eithan con la espalda contra el muro y Ayperos con su cuerpo completamente pegado al de él, para evitar que cayera al suelo desde esa altura. El rubio  tendría que quedarse quieto si no quería partirse la cabeza con semejante caída desde tan alto. El demonio disfrutaba notando como cada centímetro del cuerpo del mocoso se apretaba contra él, lo quisiera o no, cosas de la gravedad. Agarró sus dos manos y las mantuvo juntas, unidas sobre su cabeza. La mano libre la bajó, metiéndola por dentro de su bata, y empezó a masajearle con rudeza su pequeña polla de niño chico – Violador sádico  y asesino de masas, tú lo has dicho – susurró con los labios rozándole la oreja a su presa. La mano con la que lo masturbaba no dejaba de moverse. Empezó a morderle el cuello con intención de hacerle algo de daño – Yo no estoy loco por ti, Eithan. Ni mucho menos celoso. Puedes follarte a tu mayordomo y a todos los idiotas que te dé la gana. Es asunto tuyo. – le miró a los ojos y sonrió de manera muy malvada  - El único motivo por el que te salvé fue porque era la misión que me habían encomendado. Y el único interés que tengo en ti es en reventarte a pollazos ese lindo culo de puta que tienes, que es lo único que me llama la atención de ti. Una vez lo haya hecho me olvidaré completamente de ti, porque eres un mocoso insoportable. – no era lo que pensaba, pero Eithan se merecía que le dedicara aquellas palabras tras las barbaridades que le acababa de decir.

Ayperos bajó su rostro hasta dejar su boca en el otro lado del cuello de Eithan, el contrario al que había estado mordisqueando, y hizo algo que seguro que le molestaría mucho más que cualquier otra cosa. Pegó sus labios a la fina piel del chico y empezó a succionar con furia, para dejarle una buena y gran marca roja por unos largos días. Un chupetón que estropearía su etérea belleza. La mano del demonio no paraba de acariciarle rudamente el rabo por debajo de su ropa, en contacto directo con su cuerpo. Ayperos tenía la polla hinchada y muy dura, y la restregaba con insistencia contra el estómago del crio. ¿Quería que le hiciera caso? ¿Quería ser el centro de su atención? Muy bien, pues le demostraría que fatales consecuencias podía tener ese deseo suyo. Cuando Ayperos terminó de marcar a Eithan, volvió a fluctuar con él. Esta vez aparecieron sobre el suelo, con el rubio de espaldas al demonio y de cara a la mesa del comedor. – ¡Es hora de que me pagues por los servicios prestados! – amenazó el de pelo carmesí, empujando al crío para que inclinara su torso sobre la mesa, y le arrancó de un tirón la bata que llevaba puesta, dejando al dueño de la casa y ídolo de masas completamente desnudo y expuesto a él. Que aprendiera de una vez que no podía retar a demonios de su categoría, si no quería salir mal parado.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Eithan Jones el Mar Mar 18, 2014 9:11 pm

Más que cualquier acción, más que cualquier tortura o herida que hubiese recolectado al cabo de aquellos días con el demonio, las palabras de Ayperos se enterraron en el corazón de Eithan como filosos puñales envenenados que ciertamente le provocaron grave e irreparable daño a su orgullo, pero más que nada a sus sentimientos. Entre el dolor y el placer forzado al que era sometido en el frío techo, donde su vida no era más que un mero juguete de aquel poderoso, pudo rápidamente ser partícipe del ardor que se acumuló en sus párpados, previniendo las lágrimas. Aún así se negó rotundamente a llorar, apretando los párpados salvajemente y crujiendo sus dientes dentro de la fruncida boca. Incluso si su pena era tal como para partirlo en dos mitades, no le daría el placer a ese desgraciado de humillarlo más, definitivamente no más. Ya se sentía lo suficientemente estúpido e imperdonablemente imbécil por mucha clase de pensamientos y emociones que se había forjado ingenuamente, engañado. ¿Al fin y al cabo esa era la meta de los demonios, verdad? Pero él no sería vencido tan fácil.

Sus puños se cerraron violentamente ante la succión malvada sobre su epidermis, conteniéndose para prevalecer y mordiéndose tanto el labio inferior que se produjo un corte. Maldición, le odiaba. Ese desgraciado sabía perfectamente cómo joderlo con creces, todo este tiempo no había sido más que su diversión y probablemente ni tan siquiera la misión existió desde un principio. No es como si en su cabeza hubiese algo valioso para ese mal follado, de todas formas. Y ahora, no conforme todavía, le estaba masturbando impúdicamente, diabólicamente sobre su propio techo, a la intemperie, provocándole una humedad que se extendía por su glande sin remedios. No supo con exactitud si fue mucho o poco el lapso en que su cuerpo fue perpetuado bajo la luz de la luna, pero con la misma improvisación en que lo sacó, volvió a acarrearlo hasta el interior; mas lejos estaba de detener toda esa maldad que destiló sin tapujos.
 
Aterrorizado al escucharlo y ser lanzado hacia adelante, mientras su cuello aún ardía por la pasión librada sobre su piel y su pene palpitaba entre sus piernas, los codos chocaron contra la robusta madera de la mesa y un grito escapó de los labios de Eithan, previendo que aquel no cesaría hasta robarle su virginidad. El rubio le lanzó entonces un jarrón directamente a la cabeza, que se hallaba al alcance de sus temblorosas manos, y tras dicho estruendo, fue un puñetazo impensablemente veloz y poderoso de Gregoir lo que apartó al violador tirano de su presa. El mayordomo ardía en cólera, fuera de sí como nunca antes en su vida. Ya ni le interesaban las órdenes de su Señor, sólo matar al enemigo mortal que tenía enfrente. Su sangre, sólo se calmaría con su sangre y vísceras.
 
Sin embargo, cuando se desataría una épica batalla sangrienta, el numan intervino, cogiendo por el brazo a su sirviente, mientras jadeaba cansado y débil. Triste, decepcionado, traicionado, esos eran unos pocos de los muchos sentimientos que prevalecían en el corazón del aclamado idol. Aún así, lo que el chico buscó no fue acabar con la matanza que se ceñiría en su hogar, sino obtener el sostén firme que en esos instantes necesitaba su moral y alma. El fiel demonio le arropó con la bata y luego de que Eithan recuperase el aliento, sus fulminantes ojos se clavaron en Ayperos nuevamente -¡Debí dejar que te trozaran y desollaran, infeliz! ¡Muérete, púdrete! ¡Y que te quede bien claro: aún si el cielo se cae a pedazos, JAMÁS vas a tenerme!- sentenció, cegado por la cólera, temblando contra su siervo pero de rabia acumulada. Sin lugar a dudas en esos instantes hubiese vendido su alma a UT con tal de obtener el poder para nunca volver a ser pisoteado por un engendro similar.
 
Gregoir no lo pensó demasiado: optó por el bienestar de su señor más que por sus propios instintos y rápidamente abrazó al menor, fluctuando muy lejos de la mansión, más precisamente a aquellas pacíficas tierras donde podría concederle a su amo varios días libres de trabajo para reponerse, mientras le cuidaba de cerca. Pero las cosas no salieron exactamente según los pensamientos del morocho. Eithan le dio las gracias por todo lo hecho durante largos años de servicio a su familia y despidió a Gregoir, dejándolo libre y pidiéndole que no volviera a cruzarse en su camino. Ya no podía confiar en nadie, ya no podía continuar dependiendo de más poderosos para los que sólo representaba un juguete más. Sobreviviría por su cuenta y le demostraría al mundo entero cuán grande era la sombra de Eithan Jones.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Miér Mar 19, 2014 9:02 am

Ayperos había vuelto a su hogar En Tenebris Exules. Estaba anocheciendo, y él se hallaba sentado en equilibrio perfecto sobre el estrecho muro de una de las terrazas exteriores del palacio de su superior, el IV. A un lado tenía un precipicio enorme, al fondo del cual se hallaba un valle, un bosque algo lúgubre y un gran lago de aguas negruzcas y estancadas. Tenía su sombrilla rota frente a él, y la observaba fijamente, acariciándola con la punta de los dedos. Habían pasado tres semanas desde que Eithan Jones le echara a patadas de su casa, bueno, a jarronazos mejor dicho. Ayperos había querido molestar al rubio a propósito, porque él le había enfadado con sus palabras. Pero no esperaba que cogiera un cabreo tan monumental “¡Aún si el cielo se cae a pedazos, JAMÁS vas a tenerme!”, eso fue exactamente lo que le dijo el mocoso antes de desaparecer fluctuando en los brazos del estúpido de su mayordomo Gregoir. Evidentemente Ayperos no se quedó allí para arreglar las cosas con el ídol. Tenía demasiado orgullo para ni pensar si quiera en retractarse de sus palabras o sus actos. Había hecho lo que había hecho porque así le había salido de los cojones y punto. No había nada más que hablar.

Después de eso el demonio de pelo carmesí volvió al que ahora era su hogar en la tierra, una mansión situada muy cerca del palacio de Magheq. Pero no lo hizo fluctuando. No tenía prisa alguna, y necesitaba tiempo para meditar fríamente todo lo que le había ocurrido esos últimos días, así que decidió volver como lo haría cualquier numan, utilizando los transportes públicos a los que tuviera acceso, y caminando una buena parte del camino. Durante esas largas semanas que dedicó a volver a su hogar, solo había una cosa en su mente: Eithan Jones. No podía sacárselo de la cabeza. Como si su presencia le hubiese sido grabada a fuego en el alma. Rememoraba constantemente todas y cada una de las conversaciones que había tenido con aquel mocoso insoportable. Cada vez que se había metido con él. Todas las ocasiones que se propasó en su misión de protegerle, acosándole sexualmente. Había dos escenas que se repetían más a menudo que las otras. Una era el momento en que besó al joven ídol frente a la puerta de Daibus. La otra cuando Eithan le ofreció aquel pedazo de pastel que estaba comiendo. Tenía que reconocer que cuando estaba de buenas el crío hasta podía ser un encanto. Pero el resto del tiempo, en que mantenía aquella faceta, aquella máscara de ídol de masas frío y distante, no podía soportarlo. Además ¿Qué cojones le importaba ya a él nada sobre el rubio? ¿Por qué no podía quitárselo de la cabeza? ¿Por qué, por el diabólico UT, le dolía tanto el pecho cada vez que daba un paso alejándose más de su protegido?

Ayperos estaba ensoñado mirando la sombrilla que tenía entre las manos. Su mente voló hasta el lejano Japón de los samuráis. Le encargaron influir sobre la educación de un humano que había terminado siendo un asesino casi con menos escrúpulos que él mismo. Ayperos y Hideyoshi, el humano, habían tenido un apasionado romance secreto, por llamarlo de alguna manera. Pero cuando al demonio le ordenaron asesinar al humano, no se lo pensó dos veces. Le arrebató aquella misma sombrilla a Hideyoshi y lo mató a sangre fría con ella. Luego se la había quedado y usado como su propia arma. Uno de los lados estaba completamente destrozado, como si hubiese explotado. Ayperos habría podido llevarla a reparar, pero no quería hacerlo. Sentía que una larga y tediosa etapa de su eterna vida demoníaca llegaba a su fin con aquella sombrilla. Había llegado hora de pasar página. El demonio se puso en pie sobre el estrecho muro, lanzó la sombrilla al aire y la fulminó con sus rayos ópticos. En pocos segundos el viejo cacharro de madera se vio reducido a cenizas, que volaron lejos, llevándose con ellas el secreto de su existencia. Ayperos jamás se había reconocido a sí mismo que Hideyoshi tal vez le importaba más de lo que había querido, y que su muerte de su propia mano le resultaba un asunto imposible de olvidar. Por eso cargó con esa sombrilla, y con la culpa, por tanto tiempo, aun sin saberlo.

En aquella ocasión se había equivocado al elegir. Pero no dejaría que su  orgullo de demonio le estropease aquella nueva oportunidad que la vida le había puesto delante muchos siglos más tarde, en forma de joven ídol cabezota y deslenguado. Todavía no sabía cómo lo haría, o qué haría, pero estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para que Eithan Jones le aceptara de nuevo en su vida. Y no sólo eso. Tan seguro estaba de sí mismo que se retó a conseguir que Eithan le ofreciera su sensual cuerpo por voluntad propia. Y es que Ayperos se había dado cuenta que siempre había conseguido tener compañía en la cama por medio de la violencia o del dinero, pero dejando de lado a Hideyoshi, ningún otro mortal había sido su amante por voluntad propia. El demonio veía ese nuevo reto que se había auto-impuesto como algo muy difícil de conseguir, y más teniendo en cuenta que ahora mismo Eithan le odiaba a muerte, pero eso todavía haría más entretenido el asunto.

En ese momento apareció Mahgeq en la terraza - ¿Observando las vistas? – le preguntó al demonio, al verle de pie sobre el muro de la terraza, que daba al vacío. Ayperos se volteó, para quedar cara a cara con quien le hablaba. Acababa de darse un baño y llevaba su largo pelo cobrizo suelto, todavía húmedo, y sus mechones ondulaban con el aire de la noche. Su kimono era completamente negro, con una sencilla rama de espino dorada subiéndole por la espalda. - ¿Qué es lo que quieres? – le respondió el demonio de mala gana. Trabajaba para el IV en contra de su voluntad, y no tenía por qué ser amable con él. Con cumplir con las misiones que le dieran, listo. El de pelo azabache se asomó al muro y miró hacia el horizonte – He recibido noticias. Los vampiros están preparando un nuevo ataque. – le dijo - ¿A EIthan Jones? – preguntó rápidamente el pelirrosado – Si, efectivamente – fue la respuesta del contrario. Ayperos permaneció callado unos segundos, y al fin le dijo – Partiré en seguida a… - pero Mahgeq no le dejó terminar la frase. Giró su rostro hacia él y le dijo de manera tajante y muy serio – No vas a hacer nada esta vez. La información que necesitábamos ya la hemos conseguido por otros medios, así que ya no importa lo que le suceda a Eithan. Ya no es asunto nuestro. – Ayperos apretó los puños, pero no replicó nada – Como ordenes – fue su escueta respuesta. El IV permaneció unos minutos más en la terraza, y al poco volvió dentro del palacio, dejando a Ayperos solo con sus pensamientos. – Esta vez no te voy a fallar, Eithan – se dijo a sí mismo, antes de desaparecer fluctuando. Su destino era la misma mansión de la que lo habían echado a patadas tres semanas atrás.


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