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1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

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1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Vie Nov 22, 2013 10:39 pm

Era pronto por la mañana. El demonio de pelo carmesí se encontraba sentado en la barra de un bar de mala muerte, en la parte más peligrosa del peor barrio de la ciudad. Vestía un lujoso kimono de color azul eléctrico oscuro, con un detalle en la parte baja, justo encima de su rodilla izquierda nacía una rama de espinas blanca cubierta de flores, que atravesaba en diagonal y hacia abajo el traje, terminando en la parte de atrás de la prenda de ropa, justo en su tobillo. Ayperos lucía una alta trenza, con la que se había recogido la melena, y había dejado apoyada contra la pared de la barra su mortal arma de combate, que era su sombrilla púrpura. Por debajo de la manga corta del kimono, en su bíceps, asomaba la cola verde y roja del enorme dragón que llevaba tatuado en su espalda, y que quedaba ahora cubierto en su mayor parte por la ropa que llevaba puesta. – ¡Otra ronda! – le ordenó al camarero, con el ceño fruncido.

Se sentía iracundo. No podía dejar de darle vueltas a lo que acababa de ocurrir. Magheq le había encomendado su primera misión. Esperaba que le encomendase cargarse a alguien molesto, o algo por el estilo. Pero no. El IV le había ordenado ¡¡Hacerle de niñera a un numen!! Ayperos sentía ganas de matar a alguien. Él, un gran demonio, un líder nato entre los suyos, un semi-Dios, encargándose de que cierta personita no se metiera en líos y siguiera  con vida… ¡Hasta nuevo aviso! El demonio de peli-rosado alzó su vaso y se bebió el contenido del mismo, alcohol puro de bajísima calidad, de un solo trago. - ¡¡Otra, joder!! – le gritó al hombre que atendía asustado tras la barra, estrellando su copa contra la madera con tanta fuerza que el cristal se partió. Y encima no podía ahogar su frustración con el alcohol porque apenas si le afectaba, por mucho que bebiera.

El mesero se afanó en limpiar el desaguisado, y le puso un vaso limpio al pelirrojo. Cuando cogió la botella sin etiqueta, destilada por él mismo en el sótano de ese lugar inmundo, Ayperos con un rapidísimo movimiento le quitó la botella de las manos – Gracias – le susurró con cada letra cargada de tantísimo odio y el rostro tan inundado de rabia, que el barman ni se quejó, solo se alejó temblando a la zona más alejada, por miedo a tener que enfrentarse con ese tipo de aspecto demoníaco y peligroso. Ayperos dio un largo trago de la botella, dando cuenta de un cuarto de la misma en pocos segundos. Aquella cantidad de alcohol polucionado habría tumbado al más fuerte, pero el demonio no daba señales de la más mínima ebriedad.

Y entonces, para asombro de todos los presentes, el demonio de pelo rojo desapareció de aquel bar, como si de un espejismo se tratara. Ayperos hizo uso de su poder de fluctuación para viajar en pocos segundos hasta el lugar en el que le habían informado que se encontraría el sujeto al que debía cuidar… ¡¡Solo a ese idiota de Magheq se le podía ocurrir la brillante idea de enviar a un demonio destructor de naciones y cultivador de guerras y muerte a proteger a un crio!! ¿¡Pero en qué cojones estaba pensando ese malnacido…!?

Ayperos apareció de repente, en la misma posición que estaba, aunque ahora sus posaderas reposaban en una pequeña banqueta en vez del taburete del bar, y su sombrilla estaba apoyada contra el tocador con un gran espejo y muchas luces sobre él. De un rápido vistazo se cercioró que se hallaba en el lugar correcto, y entonces fijó la vista en el único sujeto que ocupaba esa misma habitación – Eithan Jones, supongo – le dijo con cierta desidia al mocoso, que estaba medio desnudo, terminando de ponerse o quitarse unos calzoncillos, y dejando a plena vista del demonio su terso y níveo culo – Lindo trasero – comentó el de pelo carmesí, antes de dar un nuevo trago de su botella. Justo en ese momento llamaron a la puerta con dos toques fuertes. Un tipo con bigote espeso negro abrió la puerta – Eithan, te toca salir en 2 minutos… - el pobre se quedó algo pasmado cuando vio al rubio medio desnudo, con el culo en pompa y al tipo pelirrojo desconocido, mirándolo descaradamente y bebiendo en ese lugar. Aquella escena daba pie a malas interpretaciones. – Dos minutos… - repitió el tipo del bigote, bajando la mirada por vergüenza de no toparse con los orbes de ninguno de aquellos dos chicos, y luego cerró la puerta tras de sí, y fue corriendo a difundir el suculento rumor de que el famoso modelo, guapísimo, riquísimo y envidiadísimo Eithan Jones, acababa de dejarse encular en el mismo camerino por un joven de aspecto peligroso, que aun permanecía en ese cuarto. Todos los trabajadores del lugar, desde el cámara hasta el que repartía los bocadillos deseaban saber si ese nuevo rumor era cierto, y por eso procuraron quedarse lo más cerca de la puerta del camerino del chico rubio como sus tareas les permitieran. Seguro que el rubio se iba a sentir más observado y evaluado de lo normal en cuanto cruzara la puerta para ir hacia la pasarela. Ayperos pensó que tal vez ese trabajo de mala muerte no estaría tan mal, si podía entretenerse arruinándole la vida al muchacho, y divirtiéndose de lo lindo con él.
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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Invitado el Mar Nov 26, 2013 9:16 am

Una mañana tranquila, un cielo azul despejado que permitía abordar a los rayos del sol sin el menor obstáculo, perfecta ocasión para descansar en armonía sin interrupciones. La noche anterior había sido de un clima similar y, por supuesto, el rey de los clubes no perdió ocasión para viajar a un buen host en Patriam Libidinis, donde ser capaz de ligar con los más bellos especímenes de la naturaleza. Placeres más viajes le consumieron las horas con velocidad y regresó a su mansión entradas altas horas de la madrugada y bastante alcoholizado. A pesar de que lo primero en hacer fue desparramarse sobre su colchón celestial, dejarse desvestir por el mayordomo y arropar adecuadamente, se negó rotundamente a cumplir con su horario laboral. Definitivamente no malgastaría ni un minuto de sus ocho horas de sueño obligatorio para mantener sana, saludable y envidiable aquella belleza jovial que le caracterizaba; de todas formas nadie se atrevería a comenzar el desfile sin él, eso sería como intentar dar una fiesta sin bebidas ni música.

 

El dueño del escenario glorioso e impecable que había firmado contrato con Eithan estaba a punto de sucumbir al pánico. Cada asiento yacía ocupado por su respectivo invitado y todos los modelos se ubicaban en sus pertinentes camerinos, maquillándose y vistiéndose. Sin embargo la estrella del espectáculo siquiera daba indicios de aparecer. En un acto desesperado de rescate, el propietario junto al manager del rubio decidieron ir a la mansión y colarse en esta gracias a las llaves con que contaba el último. Le secuestraron con educación y permiso del mayordomo, llevándoselo sobre el cómodo colchón importado para que no se percatara ni despertase, y regresaron con el paquete hasta el desfile, donde debieron entrar por la parte trasera despejada de gente.

 

Sólo faltaba media hora para que el show diera inicio. Bajo súplicas y exclamaciones, despertaron improvisamente a Jones y le empezaron a conducir a su camerino, encerrándolo dentro. Eithan golpeó insistentemente la puerta, furioso y mascullando infinidad de insultos hasta que se cansó y de cierta forma rindió. A duras penas logró convencerse de cooperar cuando al girarse descubrió sobre su tocador un busto de estatura pequeña a su imagen y semejanza, como obsequio y donativo extra por sus servicios. –Incluso hecho de mármol me veo sexy- comentó egocéntrico, más aún de lo que comúnmente era, mientras acariciaba su incomparable rostro de adonis –Vale, vale. Cooperaré sólo porque saben apreciar el verdadero valor de la belleza- aceptó desde su prisión, esbozando una pose cool y altiva. Tras ello, la cerradura le fue liberada y resoplando decidió disponerse a desnudar su empalagoso cuerpo para colocarse el primer traje de baño que debía lucir en el desfile.

 

Sorpresivamente cuando sus bóxers iban a medio camino de las piernas, en trayecto de salida, notó algo que juraría con anterioridad no haber visto junto a su esbelta estatua: un muchacho de rosada cabellera larga y trenzada, vestido de una forma muy exótica y poco adecuada para la moda local. Boquiabierto y descolocada su ceja izquierda, iba a protestar contra el inesperado invasor cuando otro tipejo osó colarse sin permiso para darle advertencias sobre el tiempo del que disponía y observar con una expresión poco fiable la escena, antes de huir.

Tic se acentuó en la ceja ya mencionada del rubio, gruñendo molesto y terminando de desvestirse para arrojarle la prenda por la cabeza al pelilargo que le quedaba para desquite -¿Cómo te han dejado entrar aquí? Estoy ocupado, crío, así que aunque te hayas preparado especialmente para mí, lamento informarte que no tengo tiempo para perder con fans. Además…- le detalló de arriba abajo –Al menos ten la decencia de vestirte mejor si quieres salir conmigo, tengo una reputación que cuidar- comentó sin la menor noción de lo que podría estar sucediendo con respecto a ellos en el exterior, en torno al resto de staff. Cogió un bolígrafo de su tocador y firmó grande y extendido sobre el brazo del chico su nombre completo –Ya tienes tu autógrafo, salte de una vez que necesito espacio para que mi piel se oxigene adecuadamente- advirtió a su desagradable compañía –Y aceptaré esto como obsequio… aunque sea de tan mala calidad, así puedes morir feliz- palmeó el hombro de su supuesto admirador con una pose extremadamente narcisista, apartando la botella que le había traído como “regalo”. Luego le soltó y se calzó rápidamente el bañador correspondiente, retornando al tocador para acomodarse frente al espejo y disponerse a revocar su rostro en cremas hidratantes, tonificantes de colágeno y encima el maquillaje. Se detuvo entonces repentinamente y volvió sus ojos al extraño -¿O es que acaso eres mi auxiliar privado de vestuario y maquillaje?- De ser eso, se quejaría luego con la empresa por tener empleados acosadores y con tan poco estilo. Aunque su cara era bonita, si aceptaba un cambio de imagen, incluso quizás le diera el privilegio de acompañarlo por una noche.
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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Miér Nov 27, 2013 8:09 am

El demonio había aparecido en ese elegante cuarto fluctuando, con el gesto contraído por la rabia, y le había dedicado ácidas palabras al muchacho de rostro angelical, el cual esperaba, como hubiese sido lo común, se acojonara ante su imponente presencia y empezara a gritar y llorar a moco tendido. Qué equivocado estaba. El señorito Eithan Jones tenía un par de cojones como pelotas de rugby, o quizás es que era tan estúpido que no entendía con qué clase de ser se las estaba viendo. Si, seguramente fuese esto último. La cuestión es que el muchacho pelirrubio le había tirado directo a la cara su ropa interior, la cual agarró el demonio al vuelo, no dejando que llegara a tocar su cálida piel - ¿Crio…? – repitió Ayperos casi pasmado por el desparpajo del contrario. ¿Se atrevía a llamarle crio a él, que tenía más de 4000 años de vida? ¡Y además lo tomaba por un fan! Aquello iba de mal en peor. Estaba claro que al mocoso no le habían informado de su llegada, pero estaba metiendo la pata hasta el fondo tratándole de esa nefasta manera. Ayperos empezó a sopesar si le valía la pena seguir soportando las idioteces de aquel niñato, o si le salía más a cuenta matarlo y luego rendirle cuentas a Magheq.

El comentario que hizo Eithan sobre su forma de vestir hizo que el demonio bajase la mirada y revisase su vestuario. El kimono era una prenda muy práctica, tan cómoda para estar por casa, como para salir a una misión o tener una pelea. Mucho mejor que unos pantalones, sin duda. Ese mequetrefe tendría mucha idea de moda y de cómo estar a la última, pero no duraría ni un segundo con vida en un combate real. Ayperos anotó mentalmente que el numan al que protegía no tenía capacidad física ni fuerza para defenderse por sí mismo, y que además por su deplorable personalidad seguramente tendría más enemigos de los que el IV habría previsto. El demonio había aceptado de mala gana ese trabajo, por encontrarlo ridículo, dadas sus inestimables habilidades como luchador demoníaco, pero ya que había aceptado la misión, lo haría de manera que el Rey tuerto no pudiera tirarle luego nada en cara. Fue precisamente por aquello que Ayperos no mató a Eithan cuando éste le cogió el brazo y estampó su firma sobre él. El demonio sentía tanta ira bullendo dentro de él, que se sentía como si le saliese humo de las orejas. Y no solo se conformó con hacerle aquello, el mocoso encima le quitó la botella de licor barato, tomándolo como un regalo para él.

Mientras el crio actuaba de aquella ridícula y ególatra manera, el demonio se mantuvo impasible. Estaba sentado en la misma posición en la que había aparecido en la habitación, completamente rígido, y con el ceño fruncido. Si se observaba más detenidamente, podía verse las venitas del cuello y de la sien hinchadas y palpitándole. Su rabia crecía a pasos agigantados. Él era tan superior a ese numan de pacotilla que solo con estornudarle demasiado cerca podía acabar con su patética existencia, pero eso Eithan parecía ignorarlo completamente, y solo por eso, porque terminó deduciendo que el muchacho era más un completo idiota que un listillo, y por el recién pacto creado con Magheq, que el demonio logró auto-controlarse lo suficiente para no matar al mocoso en ese preciso instante. Pero desde luego no pensaba dejar que le siguiera tomando el pelo como había estado haciendo hasta ahora.

De repente Ayperos fluctuó, apareciendo tan cerca del chico de pelo rubio que sus cuerpos se rozaban. De un rápido movimiento, el demonio agarró del cuello al muchacho y lo estampó con tanta fuerza contra el espejo que éste se rompió, y varios de los potes y demás menesteres que éste guardaba en su tocador cayeron al suelo – Escúchame bien, mocoso – empezó a decirle, con voz profunda y rota por la rabia – Soy Ayperos, enviado por el IV para protegerte de esos vampiros que quieren asesinarte – el demonio tenía sus penetrantes orbes azules clavados en las pupilas del contrario, y no los apartaba. Las narices de ambos se rozaban levemente. – Aunque ahora mismo me dan ganas de abrirte en canal y comerme tus entrañas crudas de desayuno – otra opción que se le estaba pasando por la cabeza era fluctuar a la guarida de los chupasangres y dejarles al muchacho como obsequio. Podía decirle luego a Magheq que había llegado demasiado tarde. Sí, eso sería un final delicioso para ese mocoso impetuoso y prepotente. Pero su orgullo de guerrero le impedía hacer tal cosa. Mantener con vida a Eithan Jones era su prioridad ahora, aunque su mera presencia le causara un terrible dolor de cabeza.

De nuevo fueron interrumpidos por una llamada a la puerta, esta vez no osaron abrirla. La misma voz del bigotudo de antes dijo desde el otro lado – Sales ya, Eithan, es tu turno – el demonio no soltó su agarre en el cuello del mocoso. Todo lo contrario, todavía apretó un poco más contra el cristal, y le susurró con voz fría, como el aliento de la mismísima muerte, al oído – Ve a lucir tu cuepor, que parece ser lo único para lo que vales, y no te demores demasiado. No soy conocido por mi gran paciencia precisamente. – y después de proferirle esa última amenaza, el demonio soltó el agarre del chico y se apartó, para que  éste pudiera salir fuera o hacer lo que le viniera en gana. Ayperos apartó al mocoso de al lado del tocador de un empujón y cogió una de sus toallitas desmaquillantes, con la que empezó a limpiarse el brazo de lo que le había escrito. Sus ojos pasaron de su propio brazo a un pedazo del espejo que se había mantenido en su lugar, y en el que veía reflejado el trasero del chico “Ahora verás lo que es dar un buen espectáculo ante tus fans” pensó, mientras utilizaba su poder de rayos ópticos, a un nivel casi imperceptible, solo para chamuscar las costuras del bañador en la zona de su culo. A ver qué cuantas ganas de discutirle le quedaban al mocoso cuando hiciera el ridículo delante de todos los asistentes, quedándose con las nalgas al aire. Acto seguido el demonio buscó por la habitación, intentando localizar la botella de licor barato que el rubio le había arrebatado de las manos, y que tenía la intención de beberse por completo, hasta la última gota.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 01, 2013 9:52 pm

-Tch- bufó tras tragar un tanto de saliva con cierta pizca de miedo por la agresión que acababa de recibir de parte del invasor. ¿Quién diablos era ese imbécil atrevido? -¡Estás loco, idiota!- protestó, alejándose trastabillando en cuanto fue soltado y respirando agitado por la subida repentina de su ritmo cardíaco -¿Qué vampiros y qué IV? ¡Estás completamente demente, ve a hacerte atender por un psiquiatra... y de paso un estilista!- le espetó a su ex-fan, saliendo apresurado del camerino con rumbo a la pasarela, molesto y determinado a olvidar aquel horrible instante centrándose en su trabajo de ensueño y su apasionado público que le aclamaba ansioso. Lo que Eithan ni se imaginaba, era la treta jugada por el malicioso demonio contra su bañador. La fricción que el movimiento generaba en las nalgas, provocó que las costuras quemadas cedieran y las telas se separaran, dejando al descubierto aquel moreno y prieto culo de adonis; pero que la prisa evitó que el rubio se percatara y que asistentes detuvieran.
 
Salió al escenario con una melodía instrumental, llevando la barbilla en alto, la cabeza igual y la columna bien erguida en demostración de elegancia y seguridad. No tenía nada que temer o reservarse, sabía que era el más deseado de la nación y probablemente del mundo, la gente lo amaba y las cámaras también. Las luces de la pasarela posiblemente hubiesen sido especialmente creadas para iluminar su bendecido cuerpo y ahora regalaría su brillo incandescente a todos esos que le gritaban y alababan con ahínco. Sonriendo de forma egocéntrica y sensual, avanzó en línea recta con completa templanza, carisma y ritmo cool, dejando absolutamente atrás el estrés anterior sufrido por el condenado de cabellera rosada.
Sus caderas se menearon al compás de las piernas gráciles y se reclinó hacia un lado al llegar al extremo del escenario, donde alzó una mano y dos de sus dedos, formando una V con la que saludó a sus fans. Seguidamente se giró, manteniéndose agarrado a su estrecha cintura y luciendo la parte posterior del bañador; pero ignorando en su totalidad el nudismo que añadía como plus al show.
 
Numerosos espectadores quedaron con sus labios abiertos y algunas hemorragias nasales explotaron repentinamente, haciendo crecer la adrenalina del público, así como el asombro. Los más osados lanzaron chiflidos más eufóricos que los acostumbrados normalmente o elogios bastante subidos de tono. Eithan se sorprendió por el aumento repentino de libido en sus fans, que a pesar de siempre hallarse a tope por su gran atractivo, hoy se veía excepcionalmente... caliente. Los espió por encima del hombro y algunas caras realmente llegaban hasta parecer que le saltarían encima en cualquier instante. Fue entonces que se percató por primera vez de que las cosas no iban muy comunes y sintió una fresca brisa colarse por su trasero. Desde el fondo, el dueño de la marca de trajes de baño se ubicó desesperado tras el público para hacerle señas a Jones e indicarle que el problema se centraba en su culo.
 
Finalmente el modelo narcisista se observó la zona aludida y comprendió la situación. Su primera reacción fue un paro cardíaco y que la vista se le nublara instantáneamente. Pensaba mandar todo a la mierda e irse corriendo de allí, hecho una furia, sin embargo tal desenlace perjudicaría su carrera, imagen y dejaría una irrecuperable mancha en su talento y reputación.
"Tranquilo, Eithan. Es sólo... un poco más de carne de lo habitual que regalarás a tus fans. No hay tantos espectadores y... obviamente nadie se sentirá ofendido o burlado por ver semejante obra majestuosa de arte. El show debe continuar" Rumbo de acción claro se marcó en su cabeza. No planeaba bajo ningún concepto arruinar una carrera en pleno auge y desperdiciar la fascinación de las personas que con tanto empeño había ganado.
 
Un seductor y erótico meneo de caderas se impuso a los atentos espectadores. Piernas separadas del artista permitían una atractiva panorámica de lo que aquella multitud se peleaba por ver. Descendió hasta el suelo, flexionando las rodillas progresivamente y luego volviendo a subir. El sonidista entonces decidió cooperar con el streap dance y puso una melodía de estilo k-pop electrónico. Eithan, astuto y rápido para improvisar sobre el escenario, aprovechó aquella música para realizar una innovadora coreografía plagada en destreza y encanto. Mientras tanto, el staff observaba atónito y desconcertado, sin saber cómo continuaría el tan particular desfile que sin darse cuenta se había transformado en un espectáculo hot más que un show de tendencias de moda.
 
Cuando el rubio modelo nudista completó su tan "exótica" presentación entre ovaciones y cánticos,  regresó en completa calma hasta la zona de los camerinos y ahí se desató el infierno. Gritos incesantes, insultos, cosas empezaron a volar de un lado a otro. Algunos se encontraban sorprendidos, otros paralizados o asustados, mientras que los más egocéntricos ardían en rabia. Eithan por un lado quería asesinar y hundir hasta el inframundo al dueño de la marca de ropa que le había enviado a desfilar con tamaña porquería rotosa, mientras que un grupito de modelos buscaban golpear al rubio por robar tanta atención, tiempo y cámaras del público. Una de las tantas divas alteradas no tuvo mejor idea que lanzarle esmalte rojo por la cara al Jones y así fue como se desató una batalla naval donde volaban potes de cremas, flores enviadas por fanáticos, plumas, polvos, maquillajes, licores caros, pelucas y prendas de vestir. Los guardias de seguridad, staff y empleados intentaban manejar la situación entre el increíble desorden y nube de cosméticos. Mientras que el rubio consiguió escapar del combate, gateando entre los cuerpos y observando con odio la escena. -¡Los demandaré a todos, no olvidarán nunca este día! ¡Mis abogados vendrán por ustedes y no quedarán ni sus nombres en el registro!- amenazó, juntando las pocas pertenencias que quedaban en su camerino y colocándose una bata encima para salir de allí como alma que se la lleva el diablo. ¡Definitivamente esos idiotas pagarían todo el daño hecho a su imagen! Tsk, ahora estaba ¡Despeinado! y para colmo su maquillaje corrido y con un arañazo sobre la ceja derecha, así como diversos rayones hechos con delineador negro y, por supuesto, no olvidemos la chorreada de esmalte que inició la contienda.
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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Mar Dic 03, 2013 10:23 am

Mientras observaba como el chico salía a toda prisa, y muy enfadado, del camerino, Ayperos meditó detenidamente las palabras que acababa de decirle. Parecía que Eithan Jones no tenía ni idea de quien era él, ni mucho menos Magheq ¿Es que ese Rey tuerto se había vuelto senil y había errado en su objetivo? Pero no podía ser… el IV no era un tipo que anduviera equivocándose en temas importantes como ése. Si Magheq le había dicho que Eithan estaba en peligro, ya que se había convertido en el punto de mira de un clan de vampiros con malas pulgas, tenía que ser cierto… No… ¿¡No habría sido capaz de enviarle allí sin avisar al chico para joderle y hacer que su misión fuese más complicada!? – Maldito Rey tuerto… ¡Pronto serás un Rey muerto! – despotricó el demonio, sintiéndose muy cabreado en ese momento con su superior. Dio cuenta del resto de alcohol barato que quedaba en la botella que había localizado tirada por el suelo y la lanzó volando al otro lado de la habitación. Cuando se rompió los cristales de la misma fueron a mezclarse con los pedazos del espejo que se había roto antes. – Pero no podrás conmigo. Mi misión es mantener con vida al mocoso ¡Y pienso hacerlo! – gritó el de pelo color carmesí al aire, como si el sujeto a quien iban dirigidas esas palabras, que estaba demasiado lejos de allí, pudiera oírlas.

Ayperos no quería perderse el tremendo ridículo que haría Eithan cuando saliera al escenario, al menos aquello volvería a ponerle de buen humor, así que optó por salir disimuladamente tras de él, sombrilla en mano. Mientras el señorito Jones subía al escenario, con el culo al aire, el demonio se reía por lo bajo, apoyado contra un muro entre bambalinas. El pelirrubio no se había percatado de nada, ni si quiera los soeces comentarios de los asistentes hacían que el chiquillo entrase en razón. – Tener demasiado ego es peligroso para la salud – dijo en susurros al mocoso, que evidentemente no podía escucharle, pues estaba muy lejos – La próxima vez piénsatelo bien dos veces antes de mangonearme – añadió después. Justo a su lado había un joven que no llegaría a la mayoría de edad, embelesado como el resto de público con el sensual y lamentable espectáculo que estaba dando el rubio, el chico en cuestión se giró para mirar quien era ese que hablaba solo y profería amenazas a nadie en concreto. Se giró y dedicó una mirada seria a Ayperos, quien todavía cabreado por la jugarreta del Rey tuerto, no se le ocurrió otra cosa que contraer los músculos de su rostro en un gesto malvado, mientras hacía brillar su orbes con el poder de los rayos ópticos. Pero sin quemar nada, sencillamente sus iris pasaron de azul eléctrico a rojo intenso en un segundo. El muchacho se asustó tanto que se alejó de manera torpe, tropezando con otro asistente al acto, y terminando ambos tirados de culo sobre el suelo.

El demonio de pelo rosado alzó la mirada y se dispuso a disfrutar de su momento de gloria. En breve Eithan se daría cuenta de que estaba desfilando con sus lindas nalgas al aire y se derrumbaría. Ayperos apostaba contra sí mismo ¿Qué hará primero? ¿Llorar como una niña? ¿O salir corriendo a esconderse a su camerino? Hiciese lo que hiciese, el demonio iba a pasarlo en grande. Lo que no esperaba para nada fue lo que sucedió a continuación. Eithan reparó en su trasero expuesto, y por un segundo casi pareció que fuese a echarse a llorar ahí en medio, pero nada más lejos de la realidad. El rubiales se marcó un bailoteo, y casi parecía que todo aquello no hubiese sido improvisado, sino parte del show. Ayperos alucinaba tanto con el espectáculo que estaba dando el chico, que casi se le olvidó su enfado con él y empezó a reírse a carcajada limpia – Jajajajajaja pequeño bastardo, te las sabes apañar muy bien – comentó para sí mismo, ése pensamiento que iba dirigido al mocoso engreído, que por el momento se había ganado su simpatía con aquel derroche de desparpajo.

Al final del espectáculo, Eithan volvió a la zona de atrás del escenario. Ayperos observó cómo empezaba aquella estúpida pelea, en la que volaban en varias direcciones artilugios de lo más variopintos. El demonio logró esquivar la mayoría de ellos mientras seguía al mozo, pero hubo un pote de polvos de maquillaje que no logró sortear, y ahora tenía media mejilla, el lado derecho de su cuello y parte de la espalda, manchados de ese polvillo blanquecino. El señorito Jones soltó un par de amenazas contra los organizadores del evento, se cubrió con una bata y empezó a caminar en dirección a la salida. El demonio de pelo carmesí salió a paso rápido detrás del muchacho, esquivando la multitud de personas que había en aquel lugar, y logró darle alcance justo cuando atravesaba una gran puerta metálica doble, que parecía una salida de emergencia, y entraba en un pasillo solitario, de la zona de oficinas.

Ahí fue cuando el demonio le agarró del brazo y le detuvo en seco - ¡Espera, Eithan! – le dijo al crío – Es peligroso que andes tú solo. A partir de ahora, vayas donde vayas, yo te acompañaré. – no era ninguna petición, sino un hecho. Ayperos sabía que el rubio se tomaría a mal esas palabras, pero se la sudaba de canto. Si su misión era mantenerle con vida, eso es precisamente lo que pensaba hacer – Y déjate estar ya con ese rollo del fan, o eso del bañador te parecerá una broma de niños en comparación a lo que pienso hacerte – le amenazó, dejándole bien claro que el culpable de su vergüenza no era otro que él mismo. Quería que el chico empezara a darse cuenta de con quien estaba tratando. El demonio no se paró a escuchar al muchacho, le daba igual si intentaba soltarse, o si le replicaba, él tenía claros cuales eran los pasos a seguir a partir de ese momento, y por su bien, al señorito Jones más le valía seguirle la corriente – Primero tenemos que encontrarte algo de ropa, no puedes salir así a la calle – empezó a numerar el demonio – Cuando estés listo, saldremos por la puerta de atrás, e iremos directamente a tu casa, nada de fiestas ni mariconadas de esas por el momento. Tienes que ser discreto. Y además, no te olvides que… -

Ayperos interrumpió su discurso cuando vio aparecer por la esquina justo donde se había detenido con el chico, a un joven gordito, vestido con ropa negra, y con la cara tapada con una capucha del mismo color. En cuanto vio al sujeto mirar fijamente a Eithan, y el brillo de su navaja saliendo del bolsillo de su sudadera, el demonio no lo dudó ni un instante - ¡¡Cuidado!! – le gritó al rubio, y lo empujó con tanta fuerza hacia un lado, para sacarlo del punto de mira del asesino, que lo estampó fuerte contra la pared. Todo sucedió en cuestión de segundos. Una vez hubo sacado a su protegido del núcleo de la pelea, Ayperos se abalanzó literalmente contra su enemigo, sin saber todavía si se trataba de un chupasangre, o de un enviado de éstos, o tal vez un fanático ido de la cabeza. - ¡Quieto! – le gritó al agresor - ¡Detente, suelta eso, cabrón! – añadió luego, al tiempo que golpeaba la mano del encapuchado, y viendo como volaba su cuchi… Pero… eso que había caído al suelo no era un cuchillo ¿Qué mierdas era? - ¿¡Quién eres tú!? ¿¿Qué quieres de Eithan Jones?? – le preguntó Ayperos, sacudiendo al sujeto por la pechera, contra el muro – Yo… soy Mar… Marcus… Spencer… Presi… dente… del… Club… de… Fans… - logró responderle el pobre chico obeso entre las fuertes sacudidas que le daba. El demonio se detuvo y miró al suelo. Joder. No era una navaja. Era un puto bolígrafo metálico, y él había confundido el resplandor del metal con el filo de una navaja. Estaba a punto de matar a un niñato que solo quería (a saber porqué) un autógrafo de ese mocoso engreído. – Está bien, Marcus Spencer. Recoge tus cosas y lárgate de aquí. Ya le pedirás a tu ídolo que te firme otro día – le dijo al encapuchado, que empezó a recoger del suelo tanto el boli como su libreta de firmas de famosos.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 07, 2013 7:11 pm

-¿¡QUÉ?! ¡¡Entonces el que rompió mi bañador fuiste tú, condenado hijo de p--!!- el joven, irresistible y popular modelo no llegó a concluir su insulto cuando fue estampillado contra una pared por descomunal empujón de su "guardián". ¿Qué coño le pasaba a ese pelirrojo mal follado? Definitivamente hoy no era su día de suerte y aún no estaba seguro de quién era el responsable: si un demente que le ordenó a otro demente que le custodie, si el pelirrojo que tenía todas las tuercas del cerebro flojas o él mismo por no haberse conseguido con anterioridad protección adecuada.

 

Sacudió la cabeza, algo atontado por el impacto que recibió ante el muro del callejón, y todavía allí desparramado y sentado se quedó mirando lo que hacían esos dos frente a él. Una enorme vena se marcó en su sien al instante en que la escena tan bizarra concluyó y no le importaron los mareos que sentía, sencillamente se puso en pie como pudo y caminó encabronado hasta el demonio, atacándole verbalmente como todo un idol histérico -¡Linda clase de guardaespaldas eres! Aquí el único que me ha agredido hasta el momento eres tú... y confundir un bolígrafo con una navaja, no sé si es propio de un reverendo idiota o un enfermo mental- pateó el aludido estilográfico, pegándole con este en una pierna al pelirrojo -Sinceramente, si esto no es una broma de mal gusto, mantente a cien kilómetros de mí para que continúe viviendo, tch- bufó completamente incordiado, girándose rápidamente para irse fuera del alcance de aquel violento y estúpido acosador; sin embargo en ese exacto intervalo sufrió un repentino mareo y cayó de espaldas contra el pecho de Ayperos.

 

Cerró los ojos sin fuerza alguna en sus piernas como para evitar tener al contrario como único soporte -Gggk- se quejó, agarrándose la sien con una mano y usando la otra para intentar prenderse del níveo brazo de ese que se definía como su protector. Aún así los dedos le fallaron y las rodillas también, siendo imposible el eludir la caída inminente. Era capaz de percibir humedad en su nuca y un aroma desconocido ¿Estaba sangrando? Sí, aunque no se había dado cuenta de ello, la lesión se produjo exactamente cuando el opuesto lo impactó contra el mural. No se trataba de una herida realmente grave, pero la sacudida cervical le generó innumerables contracturas considerables. Y así fue como Eithan Jones, el numan con mejor salud de todo Occulta, terminó desmayado en un rincón de mala muerte, sucio, y húmedo por obra habilidosa de quien se suponía estaba para resguardar su bienestar.

 

No supo exactamente cuánto tiempo transcurrió desde que perdió el conocimiento hasta que despertó. Se encontraba desorientado y adolorido en la espalda, con lo cual abrir los párpados le supuso una tediosa labor que habría evitado si la curiosidad no le hubiese vencido. Desgraciadamente, lo primero que vieron sus ojos fue el rostro de ese inconsciente que por alguna extraña razón se había encaprichado con seguirlo. Resopló resignado, frunciendo el ceño, mas no hizo ni el mínimo movimiento en pos de escapar, pues su cuello se hallaba endurecido e incapacitado -Agh... duele- se quejó, apretando los ojos con fuerza y removiendo la cabeza en búsqueda de una posición más cómoda que no logró descubrir. Mientras perseguía un tanto de paz y compostura, se dedicó a meditar al respecto de todo lo sucedido y cada frase otorgada por el pelilargo. ¿Por qué tenía esa insana obsesión injustificada con su seguridad? Desde que llegó al mundo y a lo largo de su carrera, Eithan siempre había sido un chico muy afortunado, que subió escalones a la fama sin el menor obstáculo o alteraciones. Vampiros... algo de eso había dicho el cara de mal follado. ¿Acaso...?

 

-Oye, cabroncete... esos supuestos asesinos que quieren eliminarme ¿dijiste que eran vampiros? nngh- suspiró molesto por la jaqueca que padecía, frotándose la frente -Yo no tengo enemigos ¿quién querría hacerle algo malo a esta hermosa carita celestial y este cuerpo épico?- se creía en verdad sus palabras, pero más especialmente lo decía para fastidiar al opuesto -Excepto quizás... mis estúpidos hermanos, pero se fueron lejos luego de que yo cobrara toda la herencia de Padre ¿Piensas que esos gilipollas son los que representan un peligro?- miró de lado a su eterno rival, aún con desconfianza tras los malos ratos vividos en común.
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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Mar Dic 10, 2013 6:35 am

Mientras Marcus Spencer, presidente del club de fans de ese idiota de Eithan Jones, se marchaba por donde había venido, asustado y temblando como un cerdo el día de la matanza, el joven de pelo rubio se encaró con el demonio que había venido a protegerle. Eithan estaba muy enfadado con Ayperos, y le gritó diversas barbaridades, incluso pateó el estúpido bolígrafo plateado. El demonio de pelo carmesí ni se inmutó cuando el mismo le golpeó en su extremidad inferior. Sencillamente dejó que el joven se desahogara, porque si empezaba a discutir con él en ese momento, estaba seguro que terminaría matándole, y eso no podía hacerlo de ninguna de las maneras. – Da igual lo que tú quieras, Eithan, voy a convertirme en tu sombra. Viviré en tu casa, comeré contigo y te acompañaré hasta cuando estés meando. Sencillamente no puedes hacer nada por evitarlo. – le respondió el demonio, mientras empezaba a caminar tras el muchacho, que se marchaba alejándose de su lado.

Ayperos había dado tres largas y rápidas zancadas en dirección al muchacho, para no perderlo de vista, cuando éste se paró en seco. Sus cuerpos chocaron, y el rubio pareció tener un leve mareo, pues se había quedado recostado contra su torso. - ¡Eh, mocos! ¿Estás bien? ¿Qué te pasa? – le preguntó el de pelo rosado, preocupado por si el chico había recibido alguna herida importante. Pero en seguida se dio cuenta de cuál era el problema, pues su ropa quedó manchada por la cálida sangre que manaba de la brecha que el chico se había hecho en su nuca, que no era mortal. - ¡Eithan! – gritó al instante siguiente, cuando el joven modelo perdió todas sus fuerzas, quedando desmayado entre sus fuertes brazos.

El demonio se aseguró de que el mocoso seguía respirando, antes de tomar una rápida resolución. No podía llevarle al hospital para que le hicieran una revisión, porque seguro que le negarían la entrada a la zona de pruebas. Prometió no separarse de Eithan en ningún momento y eso era precisamente lo que pensaba hacer. Tampoco podían quedarse allí, donde eran un blanco fácil, y donde no paraba de entrar y salir gente. El rubio no le había dado su dirección. Solo le quedaba una opción, llevaría al chico a su piso. Ayperos tenía una mansión en Tenebris Exules, y residía entre aquel lugar y la casa de Magheq. Cuando el Rey tuerto le asignó aquella irrisoria misión, Ayperos se mudó a la ciudad y buscó un lugar donde establecer su centro de operaciones. Como era un demonio de gustos sibaritas, se dirigió a la zona más lujosa de la ciudad, pero sin estar en medio del gentío, eligió una casa unifamiliar de una sola planta, con jardín y piscina, y sin vecinos a varios metros. Se notaba que en su día había sido un hogar acogedor y lujoso, pero también que había sido abandonado desde hacía tiempo. Así que el demonio decidió tomarla como suya. Si más tarde aparecían los verdaderos dueños, cosa que dudaba, los mataría y problema resuelto.

Ayperos fluctuó a su piso franco. Con el rubio en brazos, entró en la casa, dejándolo descansar tumbado  en un amplio sofá, que debió costar una pequeña fortuna en su día, pero se veía cochambroso y lleno de polvo y suciedad. Como no había electricidad, el demonio de pelo carmesí dispuso tres velas sobre la mesilla del comedor, para darle un poco de iluminación al cuarto. La casa en conjunto daba un poco de repelús, daba la sensación de que allí hubiese vivido una familia adinerada, y que de repente, en medio de su plácida vida, hubiesen tenido que marcharse a toda prisa, dejando todos sus muebles y pertenecías atrás.

El demonio se quedó sentado en un extremo de la mesilla de café, y observaba fijamente, sin pestañear si quiera, al joven rubio que había dejado tumbado sobre el sofá. Su preocupación por el bienestar de ese chiquillo era básicamente por la misión, aun así se maravilló de lo tremendamente hermoso que se veía el chico cuando dormía. Su rostro ya no estaba marcado por la prepotencia y el mal genio, se veían las facciones relajadas, lo que le otorgaba una curiosa aura de inocencia. – Maldito mocoso impertinente – despotricó por lo bajo, enfadado por que el chico estuviese ya herido, en su primer día como guardián. No podía cometer otro fallo como el del bolígrafo, pero prefería pasarse sobreprotegiendo a Eithan, antes que quedarse corto, cometer un error, y tener que enterrar su cadáver. En ese momento el chico empezó despertando, volviendo poco a poco a la realidad.

Sus primeras palabras no fueron para nada amables, qué raro… Ayperos ya casi se estaba acostumbrando a que el rubio se dirigiera a él en ese tono estúpido. – Yo podría encabezar esa lista – susurró el demonio, cuando su joven protegido le preguntó quién querría matarle. Ayperos se levantó de donde estaba sentado y empezó a pasearse por la habitación, quedando su silueta medio engullida por la oscuridad de la zona de la sala donde no llegaban a iluminar las velas. – Si, sé que todo esto tiene relación con tus hermanos, pero no me han dado detalles. Solo me dijeron que eras una pieza clave en cierto asunto turbio con unos chupa-sangres, y que seguramente tomarían represalias viniendo a por ti. Por eso me enviaron a protegerte. – le respondió el demonio, y entonces se detuvo y se quedó mirando al rubio a los ojos desde su posición más elevada – Deberías estar agradecido de que me hayan enviado a mí. Soy el mejor luchador que tienen. – no estaba echándose un farol, Ayperos tenía siglos de experiencia en peleas, y una gran habilidad en combate, aunque por el momento no había podido hacer gala de ellas ante ese mocoso impertinente.

- Yo pensaba que tú ya estarías enterado – le dijo entonces el demonio – Aunque supongo que por el bien de la operación, mejor darte la menor información posible. – en resumidas cuentas, Ayperos acababa de decirle que en su cabecita rubia de niño tonto había poco más que una linda melena que lucir, porque el cerebro más bien escaseaba. Tras devolverle de esta manera las puyas verbales que el muchacho había estado profiriendo antes, Ayperos señaló la mesa, donde había una lata con abre-fácil de algo que podía ser atún, o cualquier otra comida, pues no tenía pegatina identificativa, y a su lado reposaba un vaso mohoso lleno de agua del grifo – Es tarde ya, hoy dormiremos aquí. Come algo y duérmete. – le dijo el de pelo carmesí al chico, en tono autoritario, como si fuese su padre, o su jefe – Mañana iremos a tu casa y veré como convertirla en una fortaleza. Tenemos que estar preparados para un ataque inminente por parte de los chupasangres. Puede que no hagan nada, pero conociendo a los de su especie, sinceramente lo dudo. – Ayperos se acercó a la ventana que tenía al lado, y miró entre los agujeros de las persianas, había bajado las de toda la habitación, para estar más resguardados y que no les pudieran ver fácilmente desde fuera – Yo haré guardia esta noche – le anunció entonces el demonio, que en situaciones de riesgo como aquella, podía mantenerse sin problemas despierto por tres o cuatro días, sin que ello afectase su capacidad de reacción.


Spoiler:
Cuando llevaba casi todo el post escrito me di cuenta que Eithan debería haberse dado cuenta de que se lo habían llevado a otro lado, pero quería dejarlo así. Como está herido y mareado, puede ser que no se haya fijado en su entorno(?) Si no te parece bien lo modifico, como veas ^^ *un pellizco en tu lindo culito de uke*


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 11, 2013 7:48 pm

 -Tch, si no sé nada al respecto de tu misión es porque eres un psicópata demente que se ha inventado todo el rollo- espetó, fingiendo desdén aunque realmente ya estaba creyéndose las palabras del pelirrojo. Aún así había algo más importante que todo eso y que le estaba incordiando demasiado: un fétido olor a orina o vaya a saber qué, pero podría apostar a que se trataba de lo primero. Se giró un tanto y con esmero consiguió sentarse, notando finalmente con mejor definición su penosa ubicación. La mirada que segundos antes reposó sobre la oscuridad del recinto, bajó progresivamente en dirección al sitio donde su cuerpo había dormido instantes anteriores, pero entonces sus labios se abrieron y un tic nervioso se instaló en su ceja derecha -¡Gah!- bufó, poniéndose de pie y palmeándose el trasero como neurótico para intentar quitarse el polvo, suciedad y demás impurezas que pudiesen haber manchado aquel mueble en tan deplorables condiciones. Ese hijo de perra… -¿¡Dónde coño estamos?! ¡Haz de estar de broma si realmente esperas que duerma o siquiera me siente en esa bola de mugre e inmundicia!- protestó, mandando al demonio la tranquilidad anterior para alejarse del aludido sillón antes de que le diese un ataque a su sensibilidad, mientras se frotaba neuróticamente el cabello y todo espacio de su ser contaminado –Joder… qué asco. ¿Es que vives en una alcantarilla? ¿No hay siquiera algo en ti que sea normal?- resopló una y otra vez, chistando su lengua y maldiciendo por lo bajo.
 
Observó los alrededores con inquietud, buscando una localización donde poder afirmar sus nalgas cansadas, sin embargo de lo poco que permitían ver las velas, sólo divisaba más y más mugre. –Tsk- dudó unos minutos pero finalmente, con gran pesar, decidió rasgar un trozo de su elegante bata para repasar lo único más rescatable del sitio: la mesilla donde ahora yacía su “cena”. En vez de asear, más bien se arrepintió y evitando gastar esfuerzo en vano, se sentó anteponiendo la tela entre su culo y la superficie. –Si tú eres el mejor, supongo que vienes representando un equipo de koalas de Optimae… he de ahí la falta de gusto y estilo- comentó con completa tranquilidad, cruzándose de piernas e irguiendo la espalda mientras entrelazaba sus dedos entorno a la rodilla elevada, posando como toda una celebridad aún en las penumbras –Y si en verdad crees que puedo dormir tranquilamente confiándote mi valiosa e irremplazable existencia, supongo que un psiquiatra no bastará para curarte- observó fijamente las acciones del contrario con respecto a la ventana, sin dejar de pelear verbalmente –Si despierto casi me matas, dormido definitivamente acabarías creando un apocalipsis a tu alrededor. ¿No has pensado mejor en dedicarte a la prostitución? Siempre hay personas de bajos recursos que necesitan que les echen una mano- contuvo una risa, se estaba divirtiendo realmente con ofender a su “guardaespaldas”.
 
Finalmente cuando se aburrió de ser una molestia, descendió la mirada con curiosidad hasta el lateral de la mesa donde permanecía sentado y sus cerúleos ojos se toparon con lo que en algún idioma desconocido para él, significa comida. Enarcó una ceja y sus labios se separaron inevitablemente por la sorpresa, mientras analizaba el “menú” casi al borde del colapso. Acercó su mano con inseguridad pero ni siquiera se atrevió a rozar el aura de impureza que ante su mirada desprendía aquella lata deplorable, y el vaso… bueno, digamos que sus gotas hicieron rebasar el mental del chico. -¡Estás de broma, infeliz! ¡No comeré esta… esta “cosa”, ni siquiera es comestible- pateó esas aberraciones para los alimentos conocidos en el mundo y el agua pura de Occulta; mientras observaba fulminante a Ayperos -¿Es que tú te comerás el pasto como ensalada? Si quieres te guardo mi orina como vinagre- musitó prácticamente ofendido como si le hubiesen insultado o abofeteado con la cena tendida. De sólo ver las cosas desparramadas le cabreaba, así que se giró de espaldas al desconocido para reprimirse de continuar con la interminable guerra –Ni sueñes que te dejaré entrar a mi casa, estás demente y eres… eres… un sucio- quizás sonaba como todo un afeminado, pero no encontró mejor palabra para describir a tal patán. Eso era y así se quedaba. Ser un sucio para Eithan Jones era mucho peor que ser una escoria o un demonio.
 
Sin darle más vueltas a la situación, cogió su móvil y marcó rápidamente a su mayordomo, también demonio, aunque desconocía que aquel pelirrojo lo fuera y realmente no le creería de decirlo él mismo -¡Gregoir! ¡¿Dónde coño estás que no has venido por mí?! ¡Por tu culpa estoy aquí con un acosador insoportable! Tch, tráeme rápido la cena ¡Y que sea suculenta! Estoy en…- ciertamente no tenía nociones de su ubicación. Inconscientemente sus ojos observaron a su acompañante, esperando indicaciones, aunque en verdad su chofer siempre se las arreglaba para encontrarlo de un modo u otro ¿habilidades especiales raciales? Quizás -...¡Y apúrate!- concluyó con la imperativa, cortando la llamada y volviendo a guardar su teléfono en el bolsillo de la bata, mientras cogía un candelabro con una vela y se encaminaba por la pocilga a buscar un baño, rezando porque el aludido se encontrase en mejores condiciones.
 
Tragó saliva cuando sus ojos dieron con la figura de su objetivo, trazando difusas líneas por la oscuridad. Miedo le daba el simple hecho de meterse en aquel abrevadero pero no tenía más opción, en verdad quería limpiar su hermoso cuerpo como era debido y quitarse la sangre de la nuca o esta acabaría arruinado sus hebras más puras que el oro. Tembloroso avanzó, husmeando los alrededores abandonados, en cuyas esquinas del techo se apreciaban incluso algunas telarañas y se detuvo frente a la tina. Polvo, suciedad y una fina capa de humedad le forzaron a emitir un gesto de absoluto asco -¡Agh!- Definitivamente si no fuera tan bello y matarse significara una condena mundial, ya se hubiese suicidado. Cerró los ojos, conteniendo las náuseas y sufriendo, a la vez que sus temblorosas manos se dirigían a un pequeño mueble, el cual abrió y observó el contenido, tras haber dejado la vela sobre la tapa baja del inodoro. Todavía se hallaban algunas cosillas útiles y de una añeja caja logró rescatar una esponja. Suspiró. Nunca olvidaría ese día y durante el resto de su vida odiaría al cara de mal follado.
Giró ambos grifos de agua, esperanzado de que la caliente aún funcionara, y cogiendo de manera algo tosca y primitiva una escoba que se afirmaba a un lateral del cuarto, lo clavó en el extremo libre del palo de madera, maniobrándolo como un arma con el cual debía batallar a muerte -Maldición- una y mil veces no se cansaría de quejarse a todos los cielos e infiernos existentes.
 
Se secó el imaginario sudor de la frente tras los cinco minutos de tortura innumana que le supuso el aseo de la bañera y arrojando aquella escoba con furia hacia atrás, se quitó la bata casi con odio, colgándola sobre un perchero. Cerró los grifos tan rápido como sus manos se lo permitieron y se hundió en el... agua helada. Expresión de ultratumba decoró repentinamente su semblante, mascullando improperios a diestra y siniestra, a la vez que se abrazaba a sí mismo, congelado. Ni tan siquiera era capaz de moverse y lavarse un poco hasta por lo menos acostumbrarse a dicha horrible temperatura.
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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Sáb Dic 14, 2013 1:29 pm

El señorito Eithan Jones no paró de quejarse por lo sucio que estaba el lugar que Ayperos había elegido como su centro de operaciones. Al demonio se la traía floja el estado de esa casa. Si fuese a vivir allí, secuestraría un par de numans y les obligaría a limpiarlo a fondo. Después de usarlos de criadas seguramente los mataría, violándolos antes si resultaban ser ejemplares hermosos. Pero para una semana, o un breve espacio de tiempo, no pensaba esforzarse. Si el lugar estaba sucio, pues lo estaba, un poco de polvo no mataba a nadie. Y aunque no lo había hecho a propósito, porque cuando escogió aquel sitio todavía no tenía el placer de conocer a Eithan, se alegraba mucho de haberlo hecho, porque se estaba divirtiendo de lo lindo viendo a ese mocoso rubio con aires de pijo insoportable casi al borde de un ataque de nervios – ¿Quieres decir que prefieres ser un idol limpio y muerto, antes que vivo y sucio? Es una afirmación algo estúpida. – contra-atacó verbalmente el demonio – Mañana podemos ir a tu casa, como te he dicho, y puedo convertirla en una pequeña fortaleza, pero ten en cuenta que tus enemigos saben dónde vives. – le dijo luego – Esto no es un palacio, pero si permanecemos aquí, a los chupa-sangre les costará mucho más localizarte… y matarte – Ayperos repetía de manera constante aquella palabra “muerte” para ver si de esa manera el rubio cabeza-hueca comprendía de una jodida vez que se hallaba en una situación realmente peligrosa, y que en vez de preocuparse por si tenía algo de polvo en su lindo pelo, empezara a preocuparse por si al día siguiente aun tendría su cabeza sobre los hombros.

El joven modelo continuó quejándose por un buen rato, y Ayperos desconectó, ignorándole completamente, como si en vez de sus ásperas palabras lo que oyera fuese la lluvia caer a través de los cristales de las ventanas. Al poco rato llegó el turno de quejarse por la comida que le había conseguido – Por mi puedes quedarte sin comer todo el tiempo que quieras, la verdad es que eso no me preocupa en absoluto – respondió el demonio. Encima que se había preocupado por sus necesidades básicas, que según el demonio eran, y en ese orden, su seguridad y la alimentación, encima el niñato tenía la desfachatez de desprécialo, como si le hubiese dado a comer una rata muerta. Al siguiente insulto que le profirió el menor Ayperos no pudo evitar soltar una carcajada - ¿Un sucio? ¿Eso es todo lo que se te ocurre decirme? ¿Que soy sucio? Jajajajajajaja – la rabieta de ese pequeño bastardo mimado había pasado de molestarle levemente a divertirle. Si a continuación le soltaba un “jopelines” se descojonaría vivo allí mismo. Vaya un elemento ese Eithan Jones.

Entonces el rubio cogió su móvil y llamó a alguien para pedirle que le trajera comida. En un momento de la conversación se quedó mudo, mirándole, como pidiéndole que le diera la dirección de esa casa. Ayperos se cruzó de brazos, y le devolvió una fría mirada, con la que le hacía entender que ni en sueños le daría esa información. Primero no sabía con quien mierdas estaba hablando, y segundo podían haberle pinchado el teléfono, dar esos datos en un medio tan vulnerable sería una locura, casi firmar su propia sentencia de muerte. Eithan parecía tan deseoso de morir que le entraban ganas de abandonarle a su suerte, y quedarse tranquilamente en un rincón escondido, observando como los vampiros lo desangraban hasta la última gota. Pero no podía hacerlo. Su honor de demonio, y el pacto que había hecho, se lo impedían. El rubio no sabía lo afortunado que era. ¿Cómo podía ser alguien tan irresponsable con su propia vida? ¿Qué cojones tenía ese niño en la cabeza? ¿Pájaros?

Ayperos pensaba en eso, mientras seguía con la mirada al mocoso, que se alejaba de él con un candelabro en la mano. Lo vio entrar en lo que antes comprobó que era un lavabo, y le dejó un par de minutos de ventaja. Así el rubio se pensaría que lo había dejado tranquilo por un rato, cuando en realidad no se iba a despegar de él en las próximas semanas. Cuando al demonio le pareció oportuno, fluctuó y apareció en el baño, de pie. Apoyó su trasero en la pared y cruzó los brazos. La mirada de Ayperos se posó en el rostro del rubio, lleno de enfado, y luego bajó por su hermosa y púber anatomía. Entraban ganas de follárselo. Pero no podía darse el capricho de momento, ya que la mayoría de numans que se metían en la cama del demonio carmesí, por un motivo u otro, terminaban muriendo. Mejor contenerse y dejarlo para más adelante. – No entiendo qué ven en ti esos idiotas. Tienes un cuerpo hermoso, pero no destacable en nada. – ya que no se lo iba a follar, seguiría molestándole. – Visité hace mucho tiempo vez un harén griego en el que convivían un centenar de jóvenes adonis que mucho tendrías que envidiarles – prosiguió el de pelo color carmesí – Tenían la piel lampiña, sin un solo vello ni imperfección. Sus melenas eran suaves. Ojos vivos y curiosos. Siempre estaban dispuestos a proporcionar un increíble placer al dueño de la casa, y a sus invitados – Ayperos tenía sus pupilas clavadas en algún punto más allá del joven muchacho que yacía desnudo dentro de la bañera, recordando vivamente aquel excitante espectáculo, que tanto le cautivó en su momento. Si su amigo hubiese conocido a Eithan, lo habría hecho su concubino sin dudarlo ni un segundo. Estaba seguro de ello. Lo habría tratado con preferencia, llenando su alcoba de lujosos presentes, y hubiese visitado su cama cada noche. Pero eso habían sido tiempos pasados, el harén había desaparecido, igual que todos los protagonistas de aquella historia.

Ayperos se calló de golpe y giró la cara. Su reflejo en el espejo cochambroso le devolvió la mirada. Entonces se dio cuenta de que se había manchado con los polvos de maquillaje que volaron por los aires en la pelea en el local de moda. El demonio dio dos pasos y abrió el agua, mojándose una mano, luego frotó su adorado kimono por la zona del hombro para eliminar la mancha. Si bien no le importaba la suciedad que los rodeaba, sí que le molestaba que uno de sus trajes preferidos se estropease. Tenía dinero suficiente para comprarse mil iguales, pero ése en concreto era particularmente apreciado por el demonio – Eithan, tenemos que ponernos en serio con esto – le dijo, cuando terminó de limpiarse, girándose para mirarle desde su elevada posición – Los que te persiguen son profesionales, asesinos mortales que no dudarán en usar todas sus habilidades y medios para acabar con tu vida – su voz se había vuelto profunda, Ayperos le estaba hablando muy en serio – Cualquier pequeña equivocación y no llegarás vivo al siguiente día – insistía en la posibilidad de aquel trágico desenlace, a ver si de una condenada vez el mocoso reaccionaba – Necesito que me des una lista de toda la gente con la que sueles tener contacto a diario, de tus amigos, novios, amantes y familiares más cercanos. Quiero saber quien tendría motivos para matarte, además de los vampiros. Necesito todos tus datos, tus horarios, quiero que me des toda aquella información que pueda resultar relevante. Sin olvidarte de nada. – el demonio hizo una pausa antes de continuar con la siguiente pregunta - ¿Quién es Gregoir? Es de fiar? – evidentemente el pelirrosa no dejaría que cualquiera entrase en esa casa, sin saber qué grado de confianza podía tenerle.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Invitado el Lun Dic 16, 2013 8:18 pm

-Tsk, cierra el trasero. ¿Aparte de demente eres ciego? Por supuesto que me admiran a nivel mundial por ser sexy, irresistible, con este cabello sedoso y dorado, ojos naturales como la esmeralda, cuerpo divino, piel impecable de divinidad morena, mi carisma infinito, mis movimientos atractivos y, en fin, mi sensualidad nata e incomparable- enlistó, resumiendo un noventa por ciento de sus incontables dones que entes supremos le habían otorgado –Y para de delirar de una buena vez, loco maniático… ¿griegos? ¿De dónde coño te inventaste esa palabra? Nunca en mi vida oí nada parecido y mira que conozco a la perfección todas las naciones- observó de reojo al Cara de mal follado, dedicándole una mirada totalmente desaprobatoria. Merecía simplemente la muerte por el hecho de ni tan siquiera tener buen gusto, pero tan sólo se lo dejaría pasar esta vez por dos sencillas razones: 1. Se estaba congelado. 2. El pelirrojo no era más que un desquiciado mental. Claro que de todas formas no le permitiría continuar existiendo impunemente y para ello destapó el champú y le echó un considerable chorro por la cara a ese desagradable ser que parecía tan empecinado con arruinar su baño –ya malo de por sí solo-

Suspiró luego, frotándose suavemente a sí mismo, nuevamente envolviéndose entre sus brazos. No quería demostrar debilidad ante aquel condenado engreído, por lo que ni tan siquiera le dirigía la mirada y esbozaba una faceta autosuficiente, a pesar de que ya sus labios se habían teñido de un gélido morado y su tostada piel lucía pálida. Podía sentir incluso que hasta el huesito dulce se le estaba helando y luchaba por reprimir los temblores de sus extremidades y boca.
Restándole importancia al dolor de cabeza empezó con pura fuerza de voluntad a recolectar champú entre sus dedos y así después hundirlos en su cabello rubio, masajeando para asearlo perfectamente. Con total seguridad los productos de higiene allí guardados no tendrían demasiada efectividad, pero al menos le servirían para quitarse la sangre y suciedad más considerable. Aún con todo el pelo alzado y enmarañado entre espuma, el joven modelo se veía hermoso gracias a esa carita perfecta que su madre le había regalado; sin embargo esas vistas no perduraron mucho tiempo ya que enseguida se hundió en el agua, cubriéndose la nariz, para enjuagar el producto.

Tras salir de nuevo a la superficie, las claras hebras se apegaron completamente a la cabeza del chiquillo, enmarcando esas bonitas facciones ahora empapadas. El agua recorría su pequeña barbilla, cayendo de forma insinuante por su cuello delgado y deslizándose atrevidamente hasta los pectorales en dos canales distintos, ocupados de perfilar con erotismo los pezones rosados y tersos. Incluso goteaban las pestañas cuando sus grandes ojos se abrieron; mientras que ceño y labios todavía lucían una expresión molesta, pero esta vez no con el demonio sino con el frío atroz que padecía por esos instantes.

Se limpió el rostro con ambas manos, frotándolo delicadamente para retirar el excedente de líquido y ser capaz de observar a su “protector” que parecía nuevamente haberse puesto serio y determinado, con lo que Eithan de un modo u otro terminaba por ceder y creer en sus palabras.
Suspiró cansado, recostándose unos minutos con menos rigidez contra el borde de la bañera que yacía tras su espalda y deslizó las pupilas hasta el frente, clavándolas en la nada. Luego alzó una pierna, apoyándola en el extremo contrario de la tina y cogiendo el jabón para untarse bastante en las manos y empezar a deslizar sus palmas por la zona, paseando sin contratiempo alguno por esa envidiable piel –Amistad: no creo en esas tonterías. Novio: no me interesa. Amantes: no tengo. Familia: todos muertos. Solamente me desarrollo en el ámbito laboral, el cual ya has visto ¿por qué alguien debería querer matarme? Sólo mis hermanos serían capaces con el fin de robarse la herencia que Padre en su inteligencia y buen gusto me dejó a mí- acotó con sencillez, cerrando los párpados un instante para restarle importancia al asunto, aunque realmente se lo estaba tomando en serio por culpa de ese cretino que de pronto tergiversaba así las cosas –O sea… No es que me falte compañía, ¡Pero no considero amantes a las aventuras ocasionales!- añadió rápidamente al final de su oración, sonrojándose al darse cuenta que había metido la pata al decir que no tenía amantes. Eso de que era virgen era prácticamente un secreto de Estado que NADIE debía saber. Según su reputación Eithan Jones era no sólo una preciosura sino también el amante soñado y por su propio orgullo así lo prefería. Él era SEME, bien MACHO, aunque las circunstancias de la vida nunca le dejasen culminar una noche en compañía –o al menos así se mentía él-. Carraspeó nervioso -Gregoir es mil veces más fiable que tú. Es un demonio que ha servido a la familia desde... no sé, pero mucho tiempo. Mi padre me lo dejó como guardián y mayordomo-

-Oye bastardo ¿vas a seguir espiándome hasta el final?- bufó, maldiciéndose mentalmente a la vez que luchaba por intentar apaciguar el tono angelical y carmín de sus pómulos infantiles. Ya había acabado con ambas piernas y precisaba continuar con el resto de su privilegiado organismo –Tch- se puso en pie, quitando el tapón de la bañera para que se vaciara mientras abría la ducha, y se enjabonó velozmente lo que faltaba de su anatomía, manteniéndose de espaldas al demonio para evitar que le mirara lavándose su… “amiguito”. El trasero realmente no le importaba mucho, quizás ni tan siquiera se diese cuenta de lo follable que este era y el peligro que representaba, pues el condenado ególatra se tenía bien creído eso de que era inukeable, así que a este lo frotó delante de las narices de Ayperos sin el menor drama -Pásame una toalla- ordenó al opuesto tras concluir su labor, ignorando el hecho de que por obvias razones no había nada similar en aquel sitio.
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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Mar Dic 17, 2013 8:16 am

Como era de esperar, el señorito Eithan Jones sintió herido su orgullo cuando Ayperos le comparó con aquellos adonis griegos, y empezó a enumerar todas las virtudes de su anatomía. A medida que el mocoso nombraba cada zona destacable de su cuerpo, el demonio sin darse cuenta, dirigía su fija y penetrante mirada a ese lugar. Lo primero en lo que se fijó fue en la dorada melena, de aspecto suave. Luego bajó hasta topar con los lindos orbes, de una tonalidad verde viva, que le daba un toque pícaro a su rostro. No podía negar que su cuerpo era muy hermoso, bien proporcionado y con la piel delicada. Eso del carisma y sensualidad nata… ya era otro cantar. Se notaba que ese niño no tenía demasiada experiencia en el plano sexual. Como si se esforzase constantemente por lucir una perfecta sonrisa, pero su pose en general era demasiado… ¿Cómo decirlo? Rígida. Sí, esa era la palabra. Eithan no se soltaba del todo en ningún momento, era como si estuviese en constante tensión interna, como si no dejara de actuar para su público, aunque no lo tuviera en frente. Claro que si tienes que ser considerado el número uno de los idols idiotas, eso representaba tener que sentirse juzgado por todo el mundo y de manera constante, cosa que aunque el rubio presumía le encantaba, no debía ser tan agradable. Ayperos estaba seguro de que ese carácter irascible y caprichoso no era más que una máscara, un escudo que Eithan Jones había puesto entre sí mismo y su entorno, tan agresivo.

El demonio pensaba en aquellas cosas absurdas, estaba completamente sumido en sus propios pensamientos, por eso no vio el chorro de champú hasta que lo tuvo casi encima. Ayperos fluctuó inmediatamente, volviendo a aparecer en el mismo lugar, pero con el ceño fruncido y rostro lleno de enfado, se había salvado de aquel ataque por parte del crío por los pelos - ¿Es que no puedes dejar de comportarte como un mocoso malcriado ni un solo momento? – le espetó, alzando la voz. Pero el joven modelo empezó a limpiarse el pelo, ignorándole – Morder la mano que te tiene que mantener con vida no es algo muy inteligente, Eithan – le dijo Ayperos en tono amenazador. El demonio casi deseaba que los vampiros atacasen pronto, para que ese niño insufrible se diese cuenta de una vez del peligro real que corría, y lo más importante, que su vida dependía totalmente de él, le gustase o no. Fue entonces cuando Eithan empezó a decirle que no tenía ni amigos, ni novio, ni amantes, ni familia… ¿No tenía amantes? ¿El ser más sexy, irresistible, carismático y violable del universo no follaba nunca? ¿Es que acaso era…? Y como si el rubio hubiese leído los pensamientos del mayor, en seguida empezó a defenderse de un ataque que no había recibido, lo cual le pareció de lo más interesante al diablo. Si tanto insistía ahora en que sí practicaba sexo, ¿No sería eso un indicativo de que ese niño era virgen? Al demonio le brillaron los ojos. Si realmente ese mocoso era casto como un monje, esa misión iba a ser mucho más divertida de lo que tenía pensado.

Ayperos casi ni escuchó lo siguiente que el menor le comentó sobre ese tal Gregoir, ahora su pervertida mente solo tenía una única cosa en mente, y ver como el querubín se ponía en pie y empezaba a masajearse todo el cuerpo, enjabonándose, no le ayudó demasiado a concentrarse en otra cosa que no fuese esa violable presa que tenía justo en frente, y que parecía ofrecérsele de manera inocente con sus contoneos. Cuando el menor le pidió una toalla, girado de espaldas a él y medio ladeando la cabeza con su pelo mojado coronándola, el demonio mandó al carajo la misión, y el propósito de estar ahí en ese momento y lugar con ese malcriado. Ahora sí que le daría una lección que no olvidaría fácilmente. Con un ágil movimiento, el demonio de pelo carmesí cogió la bata que llevaba antes puesta el chico, dio un paso hacia delante y con la otra mano agarró a Eithan de la muñeca que permanecía alzada en su dirección, esperando que le diera una toalla. Le dio un tirón fuerte hacia su persona, obligándole a salir de la bañera de un salto si no quería partirse los tobillos. Su propio torso frenó la caída del mocoso, que chocó de cara a cara con él. Ayperos soltó la muñeca del crío y acto seguido lo agarró por la cintura, abrazándolo con tanta fuerza y firmeza contra sí mismo, que al contrario le resultaría del todo imposible apartarse.

Al ser infernal no le preocupó en absoluto estarse mojando el kimono, por causa del cuerpo del mocoso pegado al  de él - No me importaría ser tu mayordomo, además de tu guardián, si es eso lo que deseas, Eithan – le dijo al rubio, con voz melosa, torciendo su sonrisa de manera malvada. – Podría cuidar de ti, limpiarte cuando estés sucio y secarte cuando tu hermoso cuerpo esté húmedo por el agua. – mientras le decía aquellas cosas, con una voz de lo más sensual, el demonio empezó a pasar la bata por la espalda del chico, a modo de toalla, frotándole muy despacio y en círculos, primero los omóplatos, luego bajando por sus lumbares, hasta llegar a sus nalgas, las cuales también secó, con mayor dedicación que el resto de su anatomía, durante mucho más rato. Ayperos mantenía sujeto muy fuerte al rubio para que no escapase de su abrazo, por mucho que lo intentara. El demonio pegó su boca al oído del menor y continuó diciéndole cosas lascivas - Te dejaría bien seco, y luego pasaría mi lengua por todos los rincones de tu cuerpo, incluso los más recónditos, aquellos que no suelen ver la luz del sol - y para que el chico no tuviera dudas sobre a qué lugar se refería, al mismo tiempo que decía aquello, empujó con el dedo índice la fina tela de la bata entre sus nalgas y empezó a frotarle justo sobre su ano de manera repetitiva, de arriba abajo, una y otra vez. Seguro que resultaba de lo más placentero para el muchacho, lo quisiera reconocer o no – Podría dormir contigo cada noche, enseñarte el verdadero placer del sexo. Podría convertirte en una perra ansiosa de ser penetrada por una buena polla como la mía. Tan deseoso de obtener el placer que soy capaz de darte que me suplicarías de rodillas en el suelo que te follara una vez más… – el paquete del pelirrosa se clavó un poco más contra la anatomía del joven modelo, haciéndole notar lo increíblemente duro que estaba, y lo gigantescamente grande que era esa terrible herramienta que Ayperos tenía entre sus piernas. Evidentemente el pelirrosado no pretendía ser el mayordomo del rubio, lo que buscaba era ponerlo muy nervioso, y ver cómo reaccionaba a sus ataques, para saber de una vez a ciencia cierta si Eithan Jones era lo que aparentaba ser, un portentoso amante, o lo que el demonio creía que era, un completo ignorante en asuntos sexuales.

Ayperos todavía aguantó unos minutos más aquella posición, girando su rostro para tenerlo cara a cara con el pequeño consentido. Sus narices se rozaban. El demonio no decía ni hacía nada. Quería evaluar todas y cada una de las reacciones del joven modelo, y seguir poniéndole nervioso, preguntándose si el demonio se atrevería a avanzar más allá de ese inocente juego de niños, si realmente violaría a Eithan Jones, el famoso ídolo de masas, en ese cochambroso y sucio lavabo. Seguro que estaba a punto de darle un ataque cardíaco al pobre. Y de repente, el pelirrosado sacó la mano con la que estaba acariciando el agujero posterior del menor y le tiró el trapo arrugado y mojado sobre la cabeza, tapándole los ojos. Soltó su abrazo y empezó a caminar hacia la puerta. El teléfono móvil que Eithan guardaba en el bolsillo cayó al suelo y sus piezas quedaron esparcidas aquí y allá – Vaya, qué lástima. Deberías haberle pedido a tu mayordomo ropa limpia cuando tuviste ocasión. – le dijo el de pelo carmesí con tono de burla, mientras se dirigía a la puerta – Ahora no vas a tener más remedio que andar desnudo por la casa – y con ésta última frase, el demonio salió del lavabo, dejando la puerta abierta, para vigilar al crío y que no hiciera ninguna de sus tonterías habituales. Mientras el chico terminaba con lo que estaba haciendo, volvería a comprobar los alrededores, espiando por las rendijas de las persianas de las ventanas del comedor.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 22, 2013 8:58 pm

-¿!Q-Qué dem--?!- el jalón brusco que recibió en lugar del objeto pedido y que le obligó a saltar para no acabar desparramado en el suelo o sin pies ante la agresividad del contrario, definitivamente le tomaron por sorpresa y molestaron, claramente. Lo primero que se le vino a la mente es que aquel Cara de mal follado finalmente se había hastiado de lidiar con él y tenía planeado el darle una paliza. Eithan, algo preocupado ya que no era para nada bueno en las confrontaciones físicas, tragó saliva al mismo instante en que impactaba contra el demonio y conseguía anteponer sus manos delante del pecho para evitar que su rostro se golpeara con el ajeno. Las heridas del cuerpo de una u otra forma las podría disimular, pero no las de la cara y ciertamente ese era su tesoro más preciado, del que dependía casi su vida entera.
 
Apretó los párpados y tragó saliva intranquilo, sin embargo lo que llegó a continuación no fue un salvaje puñetazo o patada, sino todo lo contrario. Los brazos de ese infeliz que tantos disgustos le había causado, lo estrujaron en un abrazo que a ciencia cierta dejó estupefacto al modelo. Gruñó en primera instancia, intentando removerse de esa inquietante posición -Estúpido ¿qué haces? Suéltame, no me dejas respirar- masculló encabronado, mas no fue ni mínimamente escuchado. Por el contrario, el pelirrojo le empezó a secar la espalda de forma extraña, mientras le hablaba con un tono muy distinto al acostumbrado, creando un ambiente peligroso que hizo preocupar significativamente al rubio. Aún así lo que en verdad logró desestabilizar al gruñón y hacerle erizarle todas las terminaciones nerviosas, fue precisamente la frotada impartida a su completamente casta y virginal entrada.
 
La sangre de Eithan se heló repentinamente como si hubiese salido de congelación dentro de un iceberg durante décadas y sus músculos se tensaron hasta acabar paralizado ante su perpetrador. Cuando finalmente consiguió facultad en sus extremidades, luchó por zafarse, empujando contra el torso de Ayperos con sus dos brazos apoyados en este -¡DÉJA...!- no terminó la frase, ya que sus cuencas oculares prácticamente quedaron vacías y sus ojos rodaron al haber visto semejante... t-tan increíble pedazo de... polla entre esas piernas, que para colmo se le frotaba de manera pervertida.
¡Suficiente! Aún si su autocontrol era bueno, eso no cambiaba que ahora se hubiese ukeado completamente como una quinceañera. El rojo flúor conocido como vergüenza se instaló en su cuello y se extendió fogosamente hasta su frente, dándole el tono de un tomate recalentado y a punto de explotar. Casi parecía que humo saldría por sus narices o mejillas si estas eran tocadas bruscamente. Sus labios tartamudeaban queriendo soltar todo tipo de improperios mas nada salía de sus cuerdas vocales y las piernas le temblaban como gelatina, mientras sus ojos rehuían de un lado a otro, sin encontrar cómo esconderse.
 
Estaba condenadamente asustado ¿lloraría? si la situación empeoraba, probablemente la frustración de ser burlado por semejante bárbaro ruin, lo haría terminar cediendo a expresiones tan poco adecuadas para un chico cool como él. Pero casi como un milagro divino, fue soltado justo a tiempo por el maldito, hijo de perra, desgraciado, mal nacido, mal cogido y despreciable demonio. Esa bata mojada en su cabeza prácticamente le fue una salvación y sirvió para enfriar al menos mínimamente su encendido rostro, así como esconderlo. Retrocedió con dificultad y se agarró disimuladamente a la pared, crujiendo los dientes enfurecido y lleno de rabia, sin ser capaz de mantenerse en pie con mucha efectividad.
 
Huir, eso era definitivamente lo que haría. Ya no confiaría más en ese... ese condenado pervertido demente. No iba a dejarse violar en un lugar tan ruin y mucho menos por ese cretino, sucio y feo animal. Arrojó la bata con furia a un costado en cuanto lo vio irse del baño y con entera determinación, observó la pequeña ventanilla sin cristales que se ubicaba bien alta en la pared contra la bañera. A pesar de que esta se encontraba plagada en humedad, suciedad y polvo, prefería enfrentarse a eso que continuar en manos de un desquiciado. Extremadamente ofendido, se subió a la tina y se lanzó hacia su salvación sin pensarlo dos veces. Primero logró pasar un brazo y la cabeza, manchándose con mugre las mejillas y volviendo a estropear su cabello recién lavado y húmedo, que recolectó todas las telarañas allí esparcidas, haciéndose algunas heridas también en el proceso por lo rústico del marco roído. Estaba tan asqueado y desesperado por zafarse de esa ventana, pero joder que traspasar su torso y brazo restante era realmente complicado -Gggggggggh- gruñó con furia, usando todas sus energías en la lucha hasta que lo consiguió, a duras penas y terminando con múltiples lesiones menores por su frágil piel sangrante. Aún así, eso fue lo más lejos que llegaría. Sus caderas y carnoso culo no tenían la menor oportunidad de atravesar tal estrecho paso, por más intentos que le diese. Lo único que se generaba era daño a sus músculos y cansancio sin sentido. De modo que quedó allí atascado con el culo en pompa y plagado en frustración. Unas finas lágrimas comenzaron a caer por su rostro, enojado consigo mismo y asustado, mientras se frotaba los brazos temblando e intentando darse calor. Afuera el frío era destacable y el pobre chico estaba mojado a excepción de la espalda. Estornudó un par de veces y los mocos empezaron a querer caérsele. Genial, se había resfriado ¿qué podía ser peor? Verdaderamente quería morirse y ni tan siquiera se atrevía a llamar a su supuesto "protector". No quería pedirle ayuda, no quería volver a verlo, pero sin duda terminaría nuevamente en sus manos como un pobre idiota por su patético escape fallido.
 
De pronto las advertencias que tanto Ayperos le había pronunciado al menor se hicieron realidad. Los delirios que soltaba y que a Eithan le costaba creer, se transformaron en hechos cuando un proyectil fue disparado mediante un revólver con silenciador y este penetró cerca del hombro del modelo, hundiéndose en su carne violentamente, lastimándolo considerablemente y esparciendo el veneno en que estaba untado. Un sonoro alarido de dolor escapó de los labios de la víctima, retorciéndose de sufrimiento a la vez que lágrimas brotaban independiente de sus ojos, observando asustado la sangre escurriéndose por su pálido brazo.
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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Sáb Dic 28, 2013 12:57 pm

Ayperos estaba intranquilo. Su instinto de demonio le estaba avisando de que algo ocurría ahí fuera, aunque no fuese capaz de ver a nadie merodeando por la zona – Vamos, Eithan, deja lo que estés haciendo y ven aquí – le dijo a su protegido en voz alta, para que lo oyese desde el baño. El demonio suponía que el crío estaría admirando su propia belleza en el espejo, o tan enfadado con él por lo que le había hecho que no quería verle – No hablo en broma. ¡Ven aquí en seguida! – ordenó con tono imperante, pero por segunda vez no obtuvo respuesta alguna, y eso hizo que todo el vello de su piel se pusiera de punta. No podía ser que le hubiese pasado algo al rubio… ¡No podía ser!

El pelirrosado entró corriendo al lavabo y se encontró al joven modelo encaramado a una ventana, intentando escapar - ¡Eithan! – gritó, enfadado, y empezó a tirar de sus piernas. Tuvo que tirar muy fuerte, porque el cuerpo del mocoso estaba como encajado en esa estrecha abertura por la que había intentado escapar. Si su instinto de demonio no le estuviera dando gritos de alerta, habría aprovechado la ocasión de tener ese increíblemente hermoso y follable culo a su completa disposición, en esa postura indecente en la que el rubio se había quedado, pero ya castigaría al mocoso por su torpeza más adelante, ahora tenía que protegerle y cuidar de que no le hicieran ni un rasguño, o recibiría él un buen castigo por parte del Rey tuerto. - ¿Cómo se te ha ocurrido hacer semejante estupidez? – le gritó al crío, cuando lo tuvo en su regazo. Pero en ese preciso momento, fue cuando se dio cuenta de la herida que tenía en su hombro, de la que no paraba de manar sangre, manchándole su amado kimono - ¿Eithan? ¡Dime algo! ¿Puedes oírme? – Ayperos zarandeó un poco al joven modelo, intentando que volviera en sí – Mierda ¿Por qué has tenido que escapar de mí? ¡¿Es que eres tan idiota que no aprecias ni tu propia vida?! – el demonio de pelo carmesí le reprochaba al chico su estúpida actuación, aunque en el fondo sabía que su acoso había sido el causante de esa situación. Su orgullo de diablo no permitía que el pelirrosado aceptase su parte de culpa. Si Eithan estaba a punto de morir era por culpa de su impetuosidad y idiotez, y de nadie más.

Cuando la cantidad de sangre que manchaba su ropa y el suelo se hizo importante, un aroma vagamente conocido llegó a la nariz de Ayperos. Junto con el férreo olor del líquido carmesí podía detectar otra sustancia, algo que recordó era un veneno muy potente – Joder ¿Qué voy a hacer contigo ahora? – se preguntó a sí mismo, viendo al crío que perdía la vida poco a poco entre sus brazos. No podía dejar que Eithan muriera. No podía fracasar en esa misión absurda y de esa forma tan ridícula. Tenía que haber algo que pudiese hacer con él… Y entonces se le ocurrió dónde podía llevarle. – Daibus – susurró aquel nombre en voz muy baja. Ayperos cerró los ojos, sujetó con firmeza al crío y evocó la imagen mental de aquel ser que había conocido siglos atrás. Daibus, que no era numan, ni diablo ni angel. Era una mezcla de todos, pero ninguno de ellos a la vez. Daibus era un poderoso chamán que existía desde que el mundo era mundo. Vivía en una dimensión que estaba entre la tierra y el más allá. Existía pero no era del todo real. Y tenía unos conocimientos vastísimos tanto de plantas medicinales como de venenos. Era el mejor médico que se podía encontrar. Pero ahí estaba el problema. Solo podías encontrarle si él quería que le encontraras. Y Ayperos rezó para que así fuera – Daibus – el demonio de pelo carmesí volvió a pronunciar el nombre de aquel poderoso chamán. Acto seguido notó como fluctuaba, pero sin ser él quien dirigiera de manera consciente la ubicación a la que se dirigían. Como ya conocía aquella sensación, se dejó llevar.

Pocos segundos después, Ayperos y Eithan se encontraban en una pequeña choza de madera. Esa estaba situada en medio de un prado, y tenía una característica muy peculiar. Si salías de ella y intentabas alejarte, no conseguías hacerlo más que unos poco metros, en seguida aparecía la choza otra vez frente a ti, como si andaras en círculos todo el rato. En la cabaña que no había rastro de ningún avance moderno, como pudiera ser la electricidad o el agua corriente. El habitáculo tenía una sola habitación, que hacía de comedor, cocina y tenía una estrecha cama hecha de paja y mantas en uno de los rincones. – ¡Daibus! – susurró el pelirrosado, cuando vio la silueta del viejo recortada contra el fuego de la chimenea, donde un líquido hervía en una gruesa marmita – Ayperos, os estaba esperando – respondió el chamán, girándose hacia él, y dirigiéndole una amable sonrisa. El atuendo del hombre místico era tan rustico como su hogar. Lucía un sencillo saco de cuero, atado a la cintura con una cuerda. Su larguísima barba gris le llegaba hasta las rodillas. Tenía la espalda encorvada. Parecía que ese hombre sujetara sobre sus hombros el peso del mundo. – Necesitamos tu ayuda – empezó a decirle Ayperos, y alzó al rubio en brazos, como mostrándoselo – Lo sé, intentaré que su alma no abandone su cuerpo. Déjalo sobre la mesa. – le dijo el viejo, y luego añadió – Pero todo tiene un precio. No lo olvides. – eso último sonaba un poco a amenaza, pero el demonio sabía cómo funcionaban las cosas con ese individuo, así que dejó suavemente a Eithan sobre una roma mesa de madera, antes de responderle – Yo siempre pago mis deudas. – una vez aquel tira y afloja hubo finalizado, el hombre sabio se puso en marcha.

Daibus se acercó al cuerpo tendido sobre la mesa y dejó justo al lado del hombro un cuenco de madera lleno de un líquido semi translúcido, que humeaba. Entonces empezó a limpiar la zona superficial de la herida con ese líquido y con la ayuda de un paño – Es una herida fea. Haré todo lo que esté en mi mano para salvarle. – Ayperos no respondió nada a aquello. Se sentía completamente inútil, ya que no tenía conocimientos de medicina, ni antídotos de venenos. Además su cabeza podía terminar teniendo un precio en el mundo demoníaco, si ese mocoso moría, pero no quería que Daibus lo supiera, para que no tuviera más poder sobre él. Aunque a ese ser era difícil mentirle o intentar ocultarle nada. Algún día le pediría un favor a cambio, y estaba seguro que sería de la misma importancia que el que él mismo le estaba pidiendo en ese momento. Daibus terminó de limpiar la piel del chico y luego acercó un candelabro, para poder ver mejor el agujero de entrada del proyectil – Voy a extraérselo, y eso le va a hacer mucho daño. Sujétale fuerte, no puedes dejar que se mueva o podría tocar algún órgano vital – Ayperos siguió en silencio, pero hizo lo que le había ordenado. Se medio tumbó sobre el muchacho, sujetándole ambos brazos con sus firmes y fuertes manos, y apoyando su pecho contra el de él. Ayperos notó el dulce aroma de su piel desnuda. Era una fragancia embriagadora, y aunque no fuese el momento ni el lugar adecuado, notó como su enorme paquete comenzaba a endurecerse, golpeando el costado de la mesa. Eithan Jones parecía tener un efecto muy concreto y poderoso en su demoníaca fisionomía. Lo excitaba de manera inusualmente intensa. – Puedes empezar – le susurró el demonio, cuando se aseguró de tener bien agarrado al joven de rubia cabellera. Entonces Daibus introdujo unas pinzas hechas de finos huesos de algún pequeño animal dentro del orificio y empezó a hurgar en él, hasta que dio con la bala. La agarró bien fuerte – Que no se mueva – repitió el chamán, mientras empezaba a extraer el pedazo de metal de dentro del hombro del menor.

Cuando la improvisada operación estuvo hecha, Daibus aplicó un espeso mejunje hecho de hierbas directamente sobre la herida abierta de Eithan, y sobre el cataplasma, que era antibiótico y de efecto calmante, le puso unas vendas, para que no se infectara. – Solo tenemos medio trabajo hecho – le dijo el chaman al demonio – Con eso la herida sanará bien, pero todavía tenemos que contrarrestar los efectos del veneno, y es muy potente. Si el chico no tiene suficiente carácter y ganas de vivir, puede que no despierte mañana – aquello dejó perplejo al demonio – Carácter le sobra – comentó. Aunque no sabía si lo segundo se cumplía. ¿Eithan era solo un niñato incosciente que no pensaba la peligrosidad de las cosas antes de hacerlas? ¿O realmente era un suicida en potencia? Porque ya no sabía qué pensar de él. Daibus acercó otro cuenco de madera, dejándolo en las manos del demonio – Tienes que conseguir que lo beba entero, es el antídoto – el demonio olió aquella tisana, era como si contuviera una mezcla de todas las hierbas aromáticas del mundo, no es que fuese un olor desagradable, pero si fuerte. Ayperos alzó la cabeza del chico poniendo una mano en su nuca, y con la otra acercó el borde del cuenco a sus labios entreabiertos – Bebe Eithan, esto es bueno para ti – le susurró con voz suave al oído, esperando que de alguna manera el chico reaccionara y se tragara aquella bebida. De mientras, el chaman había ido a buscar una de sus mantas, y la puso sobre el cuerpo desnudo del chico, para que no cogiera frio. – Es un chico fuerte, tiene muchas posibilidades de conseguirlo – dijo en voz baja, antes de alejarse para sentarse junto al fuego y rezarle a sus dioses por la pronta recuperación de aquel muchacho.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Invitado el Lun Dic 30, 2013 10:19 am

Ah, condenado hijo de perra. ¿Cómo es que se le había ocurrido quitarlo de la ventana jalándolo por las piernas como si se tratara de un simple objeto? Sus brazos y costillas quedaron raspados y heridos como consecuencia, como si no tuviese daño suficiente ya. Le dolía terriblemente el cuerpo, todo este y lo peor es que cada vez sentía que las secuelas serían peores. Estaba aterrorizado, no quería morir, pero principalmente no quería terminar feo. Para colmo de su mal día, el único disponible para auxiliarlo era aquel Cara de mal follado con menos tacto que un rinoceronte. Se sentía entre sus brazos y progresivamente se debilitaba mientras le escuchaba gritarle y hablar. Sus ojos permanecían cerrados, aunque no estaba inconsciente. Tanto dolor le oprimía incluso los párpados y ver su propia sangre le asustaba en demasía. Tuvo una extraña sensación como si el ambiente cambiase y se aferró con la poca fuerza de la que disponía a Ayperos, alarmado de lo que este demente fuera capaz, pero entonces perdió el conocimiento durante algunos minutos.
 
Cuando volvió en sí, todo le daba vueltas. Podía sentirlo incluso con los párpados cerrados. Estaba recostado en algo sólido, pero aún así presentía que se caería en cualquier instante. Cada uno de sus órganos adoloridos funcionaba muy lentamente y le mantenía agitado. La muerte le rondaba y era tan tangible que comenzó a tener verdadero miedo, aunque fuese incapaz de reconocérselo él mismo. Con toda la voluntad de la que disponía, abrió lentamente los ojos para observar la situación en que se encontraba, mirando al frente y sin entender porqué estaba atado o aplastado, no sabía bien. Escuchaba más de una voz pero aquellas se distorsionaban en sus oídos y no alcanzaba a comprenderlas. Definitivamente su ceño se frunció al ver en primer plano un prominente bulto que sobresalía de la entrepierna del pelirrojo y chocaba contra la mesa, al igual que todo su cuerpo agazapado encima del propio. ¿Pero qué…? ¿¡Estaba……. En una situación como esa?! Se removió levemente, a pesar de que mucho no era capaz tan firmemente asido, sólo quería evitar ser violado. El rojo de sus mejillas enfermas combinaba el color de la vergüenza más lo propio de la fiebre. ¿Cómo es que mientras estaba muriendo debía preocuparse por ser abusado sexualmente? Sólo ese enfermo tenía la mente tan podrida pata atentar contra la integridad de un moribundo. Mala suerte, no lo podía insultar.
 
Sin embargo todo pensamiento fue borrado abruptamente de su cerebro cuando algo se introdujo en su herida del hombro y comenzó a escarbarle. -¡¡AAAAAaaaaaaaaaaahh!!- potente grito escapó de los labios resecos del numan, quien a pesar de casi no poseer habla en aquel débil estado, sus nervios le permitieron expresar su intenso agobio. Se retorció, frunciendo cada uno de sus rasgos en una mueca de eterno sufrimiento, respirando agitado y sintiendo como si el corazón se le fuere a salir por la herida. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasar por todo eso? Ahora recordaba la bala, era consciente de lo que estaban haciéndole, mas no justificaba su desgracia.
Cuando el padecimiento inhumano concluyó, se hallaba totalmente abatido, cansado y destruido. Respiraba por la boca y el aire se le hacía insuficiente, mientras que su cabello húmedo por el sudor se le pegoteaba a la cara. ¿Moriría? Si era así, no quería abandonar este mundo siendo feo. Hermoso hasta el final, Eithan Jones.
 
Se aferró con el brazo contrario al hombro herido muy fuertemente a Ayperos, como si encadenarse a él fuera a atarlo a ese mundo, y se bebió eso que le daba de extraño sabor. Era horrible, pero ya no le quedaban suficientes energías para enojarse o protestar. Algunas lágrimas del exabrupto anterior aún decoraban sus pómulos, secándose rápidamente por la temperatura que padecía. –M-Mal… follao’- le llamó en un susurro, teniendo los párpados cerrados y sin planes de abrirlos –No me… dejes- pidió, asiéndolo con más fuerza por el brazo. Inspiró profundo, llenando de aire sus pulmones debilitados para poder continuar –Humectante… pepinos- indicó que quería una mascarilla que lubricara su piel, señalando su rostro con un dedo. Aún si esos eran sus últimos suspiros, prefería morir directamente antes de que su epidermis se resecara y estropeara –y… colágeno- exigió, moviendo los labios suavemente para que entendiera bien a pesar de ser un inculto –Rá-Rápido… el tiempo se acaba- ¿sobreactuaba? Claramente. No es que no se encontrara grave, pero hacía sonar esas cosas como bienes indispensables para su supervivencia –Es… m-mejor morir lindo a… vivir feo- suspiró adolorido, aguardando por sus demandas –Mi pelo… límpialo- eso también era prioridad. Cada segundo que pasaba con polvo y telaraña en sus hebras doradas era como una puñalada directa al corazón.
 
Gimió variadas veces, sufriendo las consecuencias de hablar de más y su mano se deslizó por el brazo del demonio hasta terminar agarrado a la mano de él. Estaba temblando y no sólo sus extremidades, sino toda su afiebrada fisonomía. Lágrimas nuevas se acumulaban en sus ardientes ojos cansados y volvían a verterse, escurriéndose por mejillas y cuello. Tenía miedo de verdad, mucho. No quería morirse a pesar de las dificultades, a pesar de que en verdad su vida fuese suficientemente vacía y solitaria; y en este difícil instante en que todo se le iba oscureciendo progresivamente, irónicamente el único que le acompañaba era ese Cara de mal follado. Probablemente por deber o por obligación, pero aún así… -Gracias- musitó suavemente, siendo con seguridad esa la primera ocasión en que gratificaba a una persona y seguramente la última también.
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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Mar Dic 31, 2013 5:48 am

Eithan empezó a beber del cuenco, y acto seguido le dijo a Ayperos un seguido de cosas que no tenían sentido alguno para él ¿Pepinos? ¿Colágeno? ¿Es que el menor tenía hambre? Si, parecía que el chico quería señalar su boca - ¿Quieres comer algo? – le preguntó el demonio, pero Eithan respondió que no le quedaba tiempo ¿De vida? - ¿Qué necesitas Eithan? No te entiendo – Ayperos repitió su pregunta de nuevo, y entonces el chico se lo dejó claro. Quería que le limpiase. Decía que prefería morir hermoso a vivir sucio - ¿En serio…? – susurró en voz baja el demonio – Lo llevas claro si esperas que yo… - empezó a decir, negándose a ello en rotundo, pues no era la niñera del crío, ni tampoco su sirviente. Pero entonces Daibus el chamán apareció con un pequeño barreño lleno de agua caliente y limpia y una esponja. Estrujó la esponja y la puso en la mano del demonio. – Es importante que no quede rastro de suciedad en él para que no coja infecciones – y dicho esto, el sabio chamán desapareció, yéndose a buscar algo al otro rincón de la casa.

Al demonio le temblaba el pulso. Tenía la mano con la esponja húmeda justo al lado del rostro sucio del joven modelo, y no lograba serenarse. Él, Ayperos, Rey de los demonios. Gran general del ejército infernal. El hacedor de guerras entre grandes potencias. Asesino y violador. El gran Ayperos temblaba porque jamás en su vida había cuidado de nadie que no fuera él, y las extrañas sensaciones que estaba sintiendo le sobrepasaban. – Tsk… - No tenía sentido sentir miedo. Eithan estaba inconsciente, más cercano a la muerte que a la vida. No podía dañarle. Ni si quiera podría burlarse de él por haberlo hecho, por haberle cuidado, cosa que para el demonio era del todo humillante para su prepotente persona. Aun así no terminaba de confiar. ¿Qué cojones estaba haciendo?

Mientras el poderoso demonio de pelo carmesí se debatía en su interior, con la mano alzada y temblorosa junto al hermoso rostro del modelo, el sabio Daibus tomó por él la decisión que no lograba tomar. El viejo chamán pasó por detrás de Ayperos, y “sin querer” le golpeó, provocando que el demonio se inclinase hacia delante. - ¡Eh! – se quejó el demonio, al tiempo que su mano recorrió los escasos centímetros que le separaban de la piel del rostro del chico, y la esponja húmeda y caliente rozó su cara. El pelirrosado se quedó parado y sin respiración, casi esperaba que salieran mil demonios de debajo de las alfombras y empezaran a reírse a carcajadas de él. El sonido de la puerta de entrada al cerrarse indicó al demonio que Daibus también había abandonado la estancia. No por nada lo llamaban el sabio. El hombre sabía que había situaciones que era mejor no presenciar, que había actos que debían quedar ocultos a ojos extraños.

Ayperos se sintió mucho más relajado y tranquilo, cuando se dio cuenta de que no tenía público, y que nadie vendría a recriminarle aquello que estaba haciendo, que incluso para sí mismo, era un claro síntoma de debilidad. ¿Qué mierdas le tenía que importar a él que el pretencioso y odioso Eithan Jones quisiera morir en perfecto estado de hermosura? Pero… algo debía de importarte, si en vez de negarse en rotundo a cumplir con aquella “última voluntad” estaba procurando complacer al niño. Así que se reclinó un poco más hacia el chico, apartó un mechón de pelo que le cruzaba la frente y pasó por ahí la esponja, humedeciendo su piel. Sus movimientos eran muy lentos y tranquilos. Como si Eithan estuviese durmiendo, y el demonio no quisiera despertarlo de su sueño. Ayperos mojó la esponja en el agua, la enjuagó y esta vez repasó despacio una de las mejillas del chico, luego su nariz, y la mejilla contraria. Era muy extraño, porque se estaba sintiendo bien, demasiado bien, haciendo aquello. Provocar al rubio y meterse con él, incluso acosarle sexualmente y hacerle pensar que lo iba a violar, habían sido actos de lo más divertidos con los que se había entretenido durante aquella misión. Pero cuidar del chico. Vigilarle. Desear que permaneciera con vida. Cumplir su última voluntad para que su alma descansase en paz, si finalmente fracasaba y terminaba muriendo… aquellas acciones, tan humillantes por un lado, le retribuían llenándole por dentro de satisfacción. No lograba entenderse a sí mismo ni lo que le estaba pasando. Pero de alguna manera las obligaciones que le habían impuesto al asignarle esa misión, de mantener a Eithan con vida y que nada malo le ocurriera, habían pasado a ser su prioridad personal, autoimpuestas por sí mismo a su persona. ¿Cómo podía ser que un ser tan insignificante como era aquel, un simple numan de pacotilla, con un carácter insoportable y presumido como nadie, se hubiese abierto paso en el oscuro corazón del demonio? ¿Cómo podía ser que el maldito Eithan Jones le importase tanto?

Definitivamente, si Eithan estuviese despierto y consciente Ayperos no estaría haciendo aquello. Sería un acto que quedaría silenciado para siempre, un secreto compartido entre Daibus, el mismo Ayperos, y esa cabaña perdida entre dos mundos. Eithan Jones jamás llegaría a saber lo que había ocurrido. Porque entonces se volvería insoportable del todo, se mofaría de él por haberle cuidado como lo haría un padre, o un amante, y a Ayperos entonces no le quedaría más remedio que matarle. Mejor guardar aquello para sí mismo y no dejar que su secreto nunca viera la luz del día.

Ayperos había terminado de limpiar toda la cara del chiquillo, y ahora empezaría con su pelo. Cada vez sus músculos estaban menos tensos, y la sensación de tremendo ridículo inicial empezó a disiparse. Dejó la esponja en el cuenco de agua y mojó sus dos manos con ella. Fue un acto instintivo, ni si quiera lo pensó antes de hacerlo, y sin ni si quiera darse cuenta de ello, ya tenía los dedos de sus dos grandes manos peinando con suma delicadeza el enredado pelo del chico, y limpiándole la suciedad del mismo. Sus movimientos eran suaves. Ponía las yemas de sus dedos sobre el cuero cabelludo del muchacho, dejaba que los mechones de pelo se le quedaran entre los dedos, y bajaba hasta las puntas. Se enjuagó las manos y repitió el proceso unas cuantas veces, hasta que estuvo bien limpio. Y el demonio no se detuvo. Ya que había empezado con aquello, terminaría el trabajo como era debido. Evitando la zona herida, volvió a coger la esponja y la pasó por toda la piel del joven modelo. Limpió cuidadosamente su torso, la espalda, levantándole de costado, también su liso estómago, y sus partes íntimas, así como su trasero, piernas y pies. La suave luz de las velas iluminaba cálidamente aquella impresionante escena. Cuando terminó con aquella limpieza no quedaba un solo centímetro del cuerpo del chico que Ayperos no hubiese observado, acariciado y limpiado minuciosamente.

Como era de esperar todo aquello le excitó en sobremanera. El bulto que asomaba a la entrepierna del demonio era aterrador a esas alturas. Y aunque violar a Eithan Jones era precisamente lo que tenía en mente, Ayperos no era idiota. Sabía que si abusaba de él en el estado en que se encontraba el chico, lo mataría él mismo. Ya corría peligro de morir en sus poderosas garras en una situación normal, no podía abusar de él estando moribundo. Y ya no soportaba más la presión en su rabo. Necesitaba liberar su corrida como fuera. Ayperos se inclinó sobre el cuerpo inerte de Eithan y le susurró algo que sonó medio a promesa medio a amenaza  - Jamás sabrás lo que ha ocurrido aquí. Jamás. – sus labios estaban tan cerca de los del niño que se rozaron con el tacto de una pluma. Acto seguido el demonio de pelo carmesí salió por la puerta, encontrándose al viejo chamán sentado en las escaleras de acceso – Tengo que irme. – sentenció – Cuidaré de él – le respondió el chamán. Y tal como había aparecido fluctuando, desapareció de allí. Daibus entró en la casa, secó a Eithan, y cubrió su cuerpo desnudo y recién limpiado con una suave manta de cuero curtido por él mismo.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Invitado el Vie Ene 03, 2014 10:45 am

Tras dar instrucciones precisas y detalladas al desorientado demonio, había cerrado los ojos con pesadez, realmente cansado. Su respiración ahora se hallaba más pausada y tranquila, pues reposaba con toda comodidad sin la menor preocupación encima más que aguardar obediencia por parte del contrario. En su delicado estado, seguramente el Cara de mal follado no se atrevería a contradecirle pues su vida era indispensable para él. Estuvo en lo correcto, tras unos minutos de escuchar un intercambio de palabras entre él y otra persona, su guardaespaldas personal comenzó a asear su cuerpo con verdadera atención y cuidados. Se dejó hacer sin oponer resistencia o quejarse, ya que no tenía motivos tampoco. Aunque nunca lo hubiese imaginado, ese inculto podía ser realmente sutil si se lo proponía; contaba con manos hábiles para el servicio. De todas formas el favor era excedido y un tanto desligado a la orden original de Eithan, pero al sentirse tan bien, simplemente se conformó con el baño. Ya encontraría tiempo luego para sus mascarillas faciales.
 
Para cuando su siervo concluyó, el rubio se hallaba tan relajado y complacido que se limitó a quedarse tendido en silencio, disfrutando de la frescura y limpieza que reinaba en su fisonomía. Casi estuvo a punto de rendirse hasta que oyó que Ayperos se marchaba. ¿Eh? ¿A dónde? Ese idiota… ¿No estaba para cuidarle? ¿No había prometido que no se le despegaría? El chico frunció el ceño pero sus bajos reflejos y energía no le dejaron impedir la huída del contrario a tiempo. Abrió los párpados con lentitud y rebuscó con sus orbes intensos al segundo habitante del nuevo sitio donde se ubicaba. Aún si su vista se nublaba por la fiebre, aquella barba extensa era suficientemente larga como para distinguirla y causarle verdadera rareza. ¿Por qué ese día se topaba con tanto bicho raro? –Oe, viejo… ¿Tú… trabajas con el Cara de mal follado?- preguntó, tras haber inspirado suficiente oxígeno para hablar adecuadamente -¿Sabes a dónde se fue? ¿Volverá?- ¿Y si la misión de aquel pelirrojo había acabado y no le vería más? Bueno, no es que le importase o le fuera a echar de menos, por supuesto; sencillamente… tenía que despedirse como era debido. Sí, eso era. Para que luego no juzgasen sus buenos modales.
 
Suspiró cansado pero a la vez con la mente más fresca, probablemente la fiebre le hubiese descendido algunos grados. -¿Qué sabe de Ayperos, viejo? ¿Está verdaderamente loco?- aprovechó a cuestionar a ese anciano que evidentemente lucía más cuerdo que el otro. Procuró escucharlo a pesar de que el sueño tentaba su inconsciencia y sin darse cuenta, pasado un rato se quedó dormido. Aún si le hubiesen zamarreado o escarbado la herida con un dedo no se habría movido por lo exhausto de su anatomía. Yacía prácticamente desmayado en su precaria “cama”. No supo bien las horas transcurridas durante su descanso, mas al momento de abrir los párpados, descubrió que la fiebre se había ido y algunos delicados rayos del sol se colaban por la ventana. En primera instancia estuvo algo desubicado y perdido hasta recordar todo lo acontecido. Entonces finalmente decidió rebuscar con la mirada por los alrededores. Aún así no llegó a descubrir si había alguien más allí, pues sus grandes pupilas se toparon con un enorme espejo donde pudo ver sus labios resecos y pálidos por la fiebre, así como unas leves ojeras bajo sus ojos.
 
-¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHH!!- sonoro grito estruendoso retumbó por la entera dimensión creada por Daibus hasta hacer temblar el paraje y los vidrios cercanos. La respiración del rubio era agitada y sus ojos se habían tornado similares a los de un psicópata -¡¡Aypeeeeerooooooooooooooossssssss!!- le llamó totalmente desquiciado e histérico. Nunca antes en toda su existencia había permitido siquiera a uno sólo de sus cabellos salirse de su lugar o a una uña quebrarse, pero ahora su aspecto… su aspecto… de sólo recordarlo se mareaba a punto de desmayarse. -¡¡Tráeme rápido un peine, fresas, un cepillo de dientes, flores de azahar, una barra de chocolate y agua hirviendo!!- estaba seguro que hasta ese demonio inculto sabría conseguir cosas tan sencillas y si no tendría que aprender o definitivamente su protegido moriría de taquicardia y estrés.
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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Sáb Ene 04, 2014 11:03 am

Ayperos desapareció fluctuando de la casa del viejo Daibus, y apareció en el rellano de un reconocido prostíbulo de Patriam Libidinis, del que era cliente habitual. – Señor Ayperos, no esperábamos su visita – le saludo amablemente el dueño del local - ¿Quiere algo en particular para esta visita? – el propietario sabía de las particulares preferencias del demonio, y también de su mal genio, por eso prefirió preguntarle qué era lo que quería en esa ocasión, por miedo a meter la pata con ese tipo que, aunque habitualmente destrozase las habitaciones en las que se hospedaba, y dejase moribundos a los putos que usaba, le pagaba sin rechistar cantidades astronómicas de dinero – Quiero a tus cinco mejores putos en la suite real. Y los quiero ya. – una vez dicho esto, el demonio empezó a subir los peldaños de la escalera hacia el piso superior. El dueño del prostíbulo se dio prisa en encontrar a sus cinco mejores chicos y se los envió lo más rápido que pudo a la mejor suite del edificio.

De mientras, en la casa del viejo chamán, Eithan le hacía una serie de preguntas a Daibus. Lo primero que quiso saber el chaval era si solían trabajar juntos. El chamán, que acababa de cubrir el cuerpo desnudo del joven modelo con aquella suave manta de cuero curtido, le respondió sonriendo – Ayperos es un ser solitario, un alma que vaga por el mundo sin compañía alguna, desde el inicio de los tiempos. – fue la respuesta que le dio. Acto seguido, Eithan preguntó por el paradero de su protector – No me lo dijo. Pero éste es un lugar entre mundos. Un refugio temporal, al que permití que accediérais por la gravedad de tus heridas. Ayperos me ha hecho algunos favores en el pasado, y es de buen vecino ser amable con los que lo han sido contigo. – la siguiente pregunta del chiquillo hizo sonreír al viejo, quería saber más cosas de él. Parecía que realmente Eithan se interesaba por Ayperos, y eso le parecía de lo más curioso – Puedo decirte que, sin miedo a equivocarme, ésta es la primera vez que veo al demonio de pelo rosado preocupándose por alguien que no sea él mismo.- Daibus se acercó al fuego y removió los leños, para que quemaran bien. Entonces siguió hablando, con la mirada perdida en las ondeantes llamas - Sé que es casi tan antiguo como la propia raza humana. Un destructor de imperios. Tan letal, que el mismísimo UT le considera su mano derecha. Un ser sin moral ni escrúpulos. Un violador sádico. Un asesino de masas. Ése es Ayperos. – los ojos del viejo chamán se alzaron y se clavaron en el rostro del menor, que parecía desmayado. Añadió en un leve susurro – El mismo ser que sintió tanta preocupación por tu vida que me invocó, y que a pesar de tu enorme orgullo, bajó la cabeza y cumplió tu última voluntad. ¿Qué será lo que ve el en ti, joven muchacho, que lo ha vuelto tan… humano? – y viendo que el rubio estaba dormido, se sentó en un taburete de madera y se puso a arreglar un cesto de mimbre ajado por el paso del tiempo.

Unas horas más tarde, el demonio de pelo carmesí había saciado su apetito de sexo desenfrenado con aquellos cinco prostitutos, que tardarían unos meses en recuperarse del todo de aquella inesperada visita. Bajó al primer piso y se dirigió al dueño – Toma esto por las molestias – le dijo, tendiéndole un buen fajo de billetes – Y también necesito que me des algo más – el demonio le hizo saber lo que necesitaba, y el dueño del prostíbulo se lo consiguió en un abrir y cerrar de ojos. Entonces Ayperos fluctuó, apareciendo en la cabaña de Daibus, con un paquete en las manos. – Empezaba a pensar que te habías olvidado de tu joven protegido – le comentó de manera irónica el viejo chamán al demonio - ¿Cómo iba a olvidarlo, si es el peor dolor de cabeza que he tenido nunca? – le respondió de mala gana el demonio, no queriendo demostrarle al viejo cuanto le importaba realmente ese niñato pretencioso.

Un terrible grito cortó su charla de manera radical. Ayperos se giró y vio al joven modelo berreando su nombre tan alto como un cerdo en plena matanza - ¿Pero qué…? – preguntó en voz baja. Eithan le hizo saber entonces qué era lo que le pasaba. ¡¡Le estaba ordenando que le trajera un montón de objetos absurdos!! ¿¿Pero quién cojones se había pensado que era él?? ¿¡Su puta criada!? El demonio se acercó donde estaba el chico y le recriminó, con tono autoritario – ¡Ya está bien, Eithan! – su ceño estaba fruncido y lucía enfadado de verdad – ¿Ni si quiera estando al borde de la muerte eres capaz de darte cuenta de lo que es o no importante? ¡No pienso ir a buscarte esas cosas! ¡¡Es una solemne estupidez!! Deberías estar preocupado por tu vida ¡¡Casi te mueres!! – el demonio estaba iracundo, y tiró a los brazos del joven modelo la ropa que había traído para él. Consistía en unos pantalones de lycra muy ceñidos, color violeta, con cerezas rojas, y largos por encima de las rodillas, y un pequeño top del mismo material y color. Se notaba que eran de segunda mano. Era algo de ropa que consiguió de uno de los putos del local que visitó. Realmente era lo mejor que había visto en aquel armario, el resto de conjuntos todavía eran más bochornosos y pervertidos – Confórmate con ponerte esto mientras te encontramos más ropa – le ordenó al chico, y luego prosiguió hablándole – Ahora que estás bien tenemos que marcharnos de aquí, pero ir a tu casa sería lo mismo que un suicidio. Y no podemos volver al piso franco. Tú dijiste que no tenías ningún amigo en el que pudieses confiar… - la mente del demonio iba a cien por hora mientras pensaba en posibles salidas - ¿Tienes alguna segunda residencia? ¿Una casa de veraneo familiar? ¿Algún lugar donde podamos escondernos y que no sea de dominio público que es tuyo? – Ayperos sabía que Eithan se mostraría poco colaborador después de haberle respondido así de mal a su necesidad de ponerse mascarillas faciales, por lo que añadió, a modo de amenaza – Si no se te ocurre ningún lugar, no pasa nada, ya buscaré yo otro zulo mugriento donde esconderte -


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Invitado el Mar Ene 07, 2014 7:04 pm

-¡No sabes nada, así que no hables como si realmente fueses muy sabio!- gritó finalmente al demonio, enojado, frustrado, lanzándole por la cabeza la esponja que anteriormente había usado para limpiarlo –¡Tal vez para alguien “grande y poderoso” como tú la vida pueda ser lo más importante, pero para los simples numans como yo no es tan sencillo! Abrir los ojos cada mañana, respirar y latir no alcanza para vivir en este planeta. En este mundo superficial lo único que cuenta de una existencia es su aspecto y la belleza es la única medida con la que se puede aspirar a vivir como un numan y no como un insecto o peor. Incluso alguien como yo, enterrado desde lo más abajo que pudiese haber, escalé y ascendí hasta la cúspide de esta infame sociedad pisando apariencias y esforzándome por verme como un dios, por ser el mejor del MUNDO. ¿Crees que sólo juego? No tienes la menor idea de lo que significa vivir como numan, ignorante. ¡¡Durante mis cortos años he luchado mucho más que tú o cualquier otro nacido con poder y ventajas!! ¡Eithan Jones es esa solemne estupidez que tanto odias, así que déjame en paz si tanto molesto! Nunca te pedí nada, no te necesito. Eres tú quien quiere sacarme ventaja porque de ello depende tu estúpida misión, así que no vengas a decirme cómo vivir mi vida. Los “poderosos” como tú, que nacieron con el trasero forrado para prevenirles los problemas, no saben nada sobre la gente como yo- las fogosas palabras del modelo escaparon una tras otra, enardecidas y chispeantes al ser pronunciadas por labios encolerizados. Así era él de impulsivo. Definitivamente Ayperos había metido el dedo en la llaga y escarbado con el mismo lo suficientemente hondo como para sacar de quicio al menor y hacerle soltar toda esa oscuridad que guardaba en su corazón.
 
Respiraba agitado tras haber hablado sin pausas y a gritos bulliciosos. Su ceño fruncido enmarcaba unos ojos pasionales y enojados, llenos de emociones diversas que no sentía desde hacía muchísimo tiempo. Nadie ahora se atrevía a hacerle enfadar o meterse con él, todos añoraban su afecto y atención; pero ese cara de mal follado realmente era un grano en el culo, inadaptado social. Si le mataba, le daba igual. No se arrepentía en absoluto ni de una sola de las letras que se habían soltado de sus labios. Ser el más hermoso no era en absoluto una broma o juego para él, era una promesa que había hecho sobre la sangre de su madre difunta y planeaba mantenerla hasta el final.
 
Bufó cansado y se masajeó las sienes mientras cerraba los párpados e intentaba calmarse para recobrar la compostura. Realmente no es que sintiera al de rosada cabellera como su enemigo, pero sí que guardaba una habilidad especial para sacarlo de quicio. –Te agradezco que intentaras salvarme, aunque sólo sea porque te lo pidió ese tal 4, también por el baño de esponja, lo hiciste muy bien; pero ya déjame ir… tengo un lugar seguro que conozco bien. Me meteré allí hasta que mates a los imbéciles homicidas, porque supongo que eso planeas hacer- miró de reojo al contrario –Si no me llevas con tu jefe es porque aparte de sacarme provecho vas a matar a los bastardos o algo así… eso o te gusta jugar a las escondidillas- bostezó, poniéndose en pie muy lentamente, con sumo cuidado, y dejando esas prendas asquerosas a un lado, omitiendo comentarios pues eso acarrearía nueva contienda y más dolores de cabeza para sí mismo. En lugar de ello se abrigó con la manta, colocándosela sobre los hombros y salió hasta el exterior de la cabaña, donde había visto un pozo que seguramente el anciano usaba para sacar agua. Lanzó al fondo la cubeta que se hallaba atada y la sacó nuevamente llena, usando su contenido para hidratar bien su rostro reseco –Oye viejo, ¿Puedo cortar algunas de tus plantitas?- efectivamente, aunque le doliese la herida y sus extremidades temblaran todavía por la debilidad, secuela del veneno, planeaba recolectar por su propia cuenta aquello que Ayperos le había denegado. Eithan Jones sin lugar a dudas no era conocido especialmente por su mansedumbre, sino más bien por ser terco como una mula. Una muy hermosa  y sexy mula, eso sí.
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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Vie Ene 10, 2014 1:48 pm

Eithan empezó a defenderse con uñas y dientes de aquel comentario del demonio. Sus duras palabras tenían cierto sentido, y Ayperos casi podía captar el contenido general de toda aquella palabrería, pero a decir verdad, se la traía bien floja. Para ese ser maldito salido del infierno todos los numans tenían el mismo tipo de existencia patética e insignificante, en comparación a un ente milenario y poderoso como él. Es como si una pequeña hormiguita intentara que un león no aplastara su refugio dialogando con él, algo del todo inútil, por supuesto. Así que el pelirrosado no hizo nada con aquel arranque de furia del menor, sencillamente le dejó actuar, y que se calmase solo.

Acto seguido el joven modelo le agradeció que se preocupara por su bienestar, y luego añadió algo que hizo que al demonio le saliese un pequeño tic nervioso en el ojo. Eithan se atrevió a mencionar en voz alta el bochornoso asunto de su limpieza, que Ayperos había hecho en contra de su propia voluntad, y que debería haber quedado en secreto entre el viejo Daibus y él mismo. El demonio en seguida descartó al chamán como chivato, así que Eithan debía haber estado consciente cuando aquello ocurrió, y él no se había dado cuenta. El rubio continuaba hablando sin parar, ahora diciéndole al demonio que permanecería escondido en un lugar que él conocía y que era seguro, mientras Ayperos eliminaba a sus enemigos. El demonio se quedó meditando esas últimas palabras del mocoso, mientras él salía al exterior a hacer a saber qué. Lo bueno de estar en esa dimensión entre mundos, era que no se tenía que preocupar en absoluto por que Eithan cometiera alguna estupidez, ahí no podía escapar, ni podía ponerse a tiro de los chupasangre por equivocación.

Pero aquel plan que había elaborado el menor no le convencía. No podía dejar solo al chico bajo ningún pretexto. Sencillamente no podía hacerlo. Eithan Jones permanecería a su lado. Esa era una cuestión indiscutible, y sobre ella tenía que construir el plan de ataque a los vampiros. Acudir con el rubio al edificio que era la base de operaciones de sus enemigos era prácticamente un suicidio. No conocía el terreno, ni cuántos eran en número. Había mil variables que podían fallar. Otro plan que quedaba descartado desde el inicio. Si no podía dejar a Eithan solo en un lugar seguro, ni llevarlo consigo para atacar a los vampiros, la única solución que le quedaba era llevar a Eithan a un lugar que sin lugar a dudas estaría vigilado por los chupasangre y usar al menor de anzuelo, para que los vampiros saltasen sobre él, y entonces eliminarlos, erradicarlos de la superficie terrestre como la plaga que eran. Una vez se hubo decidido sobre aquel asunto, no le quedó ninguna duda al respecto. Ya solo faltaba incluir una vía de escape segura para el menor.

Así que Ayperos se dirigió donde estaba Eithan y le comentó las deducciones a las que había llegado – No podemos arriesgarnos a que te ataquen estando solo, así que no voy a dejarte en ningún lugar sin protección – empezó a decirle – La única baza con la que podemos contar es con el factor sorpresa y el conocer el terreno, son nuestros únicos comodines en esta pelea – añadió después – Ya lo tengo decidido, Eithan. Iremos a tu casa. Una vez estemos allí, haré un reconocimiento del lugar. Pondremos trampas, y reforzaremos las defensas, si es que tienes alguna – siguió explicándole – Y tú te vendrás conmigo, así seguro que los vampiros nos atacan en el territorio que nosotros queremos. – Ayperos permanecía muy serio y pensativo mientras le hablaba al chico – Pero tenemos que tener un plan B. alguna forma de que puedas escapar rápido y sin ser visto ¿Hay pasadizos secretos? ¿Algún túnel? ¿Sótanos? – el demonio acercó un pedazo de papel y un lápiz al chico – Dibújame un boceto del plano de la casa ¿Cuántos pisos tiene? ¿Son muchas habitaciones? ¿Está en la ciudad o alejado de los vecinos? – el demonio empezó a avasallar con preguntas acerca de cómo era su domicilio al joven modelo. Estaba a punto de ejecutar un plan arriesgado, y no quería dejarse ningún cabo sin atar.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Invitado el Miér Ene 15, 2014 10:57 am

Estaba aplastando fresas con las manos y untándose la pulpa por los ojos para quitar sus ojeras, cuando oyó al demonio que venía para comunicarle sus planes. Una sonrisa amplia y satisfecha se plasmó en su rostro al escuchar que irían finalmente a su bendita mansión y apuntó su cabeza hacia la dirección de donde provenía la voz ajena –Al fin has dicho algo sensato, mal follado; aunque… ¿por qué tienes que meterte en mi hogar?- bufó con pesadez y hastía de tener que continuar soportando a ese demonio –Sólo te permitiré el paso si te lavas apropiadamente y juras no romper ni contaminar nada. Apestas a… no sé, muchas cosas desagradables juntas- frunció la nariz con desagrado y emitió un gesto de asco –Y no des trabajo extra a Gregoir- añadió, acabando de extender la pasta por sus ojeras. –Padre mandó a construir su mansión cerca de la cueva de los dragones, ya que estos eran su mayor afición. Es más, solía tener una pareja como mascotas, pero tras morir él, se regresaron a la guarida. La vivienda es realmente antigua y grande, aunque no sé mucho sobre ella, lo supongo porque era un castillo con arquitectura gótica hasta que mandé a retocar la fachada y le di un aspecto más moderno y cool, adecuado para mí- sonrió con orgullo, ignorante del hecho de que había arruinado una de las pocas construcciones del antiguo mundo que se mantuvieron en pie por su ubicación estratégica bajo tierra para prevenirla de guerras. Es más, el haber descubierto dicha mansión fue lo que inspiró al alquimista rey para forjar una ciudad entera dentro del entorno, dejándola aislada de la zona urbana para protegerla, como si se tratase de un valioso patrimonio. Los dragones realmente llegaron después, traídos por el padre adoptivo de Eithan, quien les otorgó esa cueva como refugio y estos, a su vez, mantenían a la gente alejada del sitio.
 
-Siendo sincero… no tengo idea de los planos de mi casa ni mucho sobre ella. Sólo he vivido unos pocos años allí. Probablemente quienes la conozcan bien sean mis hermanos, descontando a mi difunto padre- reconoció con pesar, sintiéndose algo inútil por primera vez –Pero esas casonas antiguas suelen esconder pasadizos y demás, así que seguramente los tenga. De todas formas no lo sé, cualquier intruso nunca llegaba atravesar las verjas o el jardín, siempre Gregoir y los dragones se ocupaban fácilmente de ellos- se quedó meditando a ciegas unos instantes, gracias a que las fresas le cubrían los párpados –Pero tomando en cuenta que ellos saben de mi ignorancia con respecto a la mansión, supongo que si hay algún pasadizo lo usarán para entrar, así que si lo descubrimos antes podrías capturarlos por sorpresa- opinó en un momento de inspiración.
 
Se puso en pie y extendió sus brazos, palpando en busca de Ayperos y dando con su torso, donde se quedó apoyado –Aún así pienso que todo eso es una tontería sin sentido. Hay muchos lugares del mundo, completamente seguros e inaccesibles, donde podrías dejarme mientras los matas, así que sólo hay dos opciones para que no quieras despegárteme y me andes adherido como una garrapata- sonrió socarrón y ególatra –O no tienes suficiente confianza en tus habilidades y poder vencerlos… o te gusto mucho y eres mi fan- le palmeó un pectoral en consuelo –Lástima, no eres mi tipo… quizás si fueses un poquito más sexy o atractivo, o al menos bien hablado, me lo pensaría un poco; pero los ukes rudos no son mi estilo. Además estás algo viejo ¿no crees? En fin, ya conseguirás alguien a tu altura, mal follado. De mientras, confórmate con esto. Considéralo un regalo deluxe de tu ídolo supremo por los servicios prestados, aunque no hayan sido del todo útiles- mencionó con entero cinismo narcisista y tanteó con sus palmas el pecho y cuello del pelirrojo hasta llegar a su rostro, donde le estampó un ligero beso en la mejilla derecha –Listo, ya puedes morir en paz, disfruta este momento porque no se repetirá y es un don que muchos quisieran- añadió, dándose excesiva importancia y actuando como toda una celebridad. –Oe, viejo ¿tienes leche?- gritó a Daibus, avanzando a paso lento hacia donde recordaba que aproximadamente estaba la entrada por la cual salió. Necesitaba hacerse su limpieza facial antes de cualquier viaje, por supuesto.






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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Lun Mar 10, 2014 9:52 am

Eithan estaba pringándose la cara con un mejunje rojizo hecho con fresas. Ayperos pensó para sí mismo para qué mierdas pedía tanta limpieza y pulcritud, quejándose sin cesar de la suciedad, para luego pringarse con la primera fruta que encontrase. Nada de eso tenía ningún sentido para el demonio. El joven rubio empezó entonces a quejarse por tener que llevarse al demonio a su hogar.  - ¡¡¿Qué yo apesto..?!! – fue la iracunda respuesta del demonio. Pero antes de que pudiera añadir nada más, Eithan empezó a explicarle todos los detalles relacionados con su mansión. Según sus palabras, el chico vivía en una especie de palacete, ubicado junto a una cueva de dragones, que hacían de guardianes, así como ese tal Gregoir, al que todavía no había tenido el privilegio de conocer. Tenía que ser un demonio con una gran paciencia para trabajar para ese mocoso insoportable y consentido. – Así que podría haber pasadizos secretos… - ratificó el mayor en voz alta, mientras escuchaba el resto de cosas que le explicaba el niño. – Seguro que tu padre guardó los planos de la mansión en algún lugar ¿Tenía un despacho? – preguntó acto seguido – Bueno, ya lo buscaremos cuando estemos allí, ahora no tenemos tiempo que perder… -

Pero como era costumbre, el mocoso insoportable ignoró sus palabras completamente. Eithan se puso en pie y empezó a decirle que no le parecía sensato el plan que había ideado el demonio, aunque eso a él se la trajo floja. Él era el guardián, el que tomaba las decisiones, y Eithan tendría que someterse aunque fuera en contra de su voluntad. – No te pases, mocoso – susurró con la voz impregnada de rabia, mientras el joven rubio empezaba a meterse con él por enésima vez, llamándolo feo y viejo, entre otras cosas. Y entonces Eithan sorprendió a Ayperos. Le dijo que iba a darle un regalo, el pelirrojo ya esperaba que le regalase una foto suya firmada o una entrada para su siguiente pase de modelos… eso sería muy típico en él, pero no. El rubio dejó caer un suave beso en la mejilla del demonio y se alejó en dirección a la casa, pidiéndole leche a Daibus.

Ayperos no lo pensó dos veces. Ya estaba más que harto de que ese niñato lo torease como le diese la gana. Allí quien mandaba era él y se lo iba a demostrar de una vez por todas. Con cinco rápidas zancadas, Ayperos se situó justo a la espalda del menor, cuando estaba llegando a la puerta de entrada de la humilde casa del chamán. - ¡Eh, tú! - Lo cogió de un brazo y tiró de él, empotrándole a continuación contra la pared de manera muy ruda. – Déjate de mariconadas conmigo. Si vas a besarme hazlo de verdad. – y una vez hubo dicho esto, Ayperos acercó su rostro al del menor y pegó sus finos labios contra los del contrario. El musculado cuerpo del demonio aplastaba el pequeño cuerpo del chiquillo contra el muro, sin dejarle ninguna posibilidad de escapar. Con una de sus manos sujetaba la muñeca izquierda del mocoso, la otra la puso en su cintura, pasándola por detrás hasta llegar a agarrar con su manaza abierta toda la nalga del chiquillo, la cual masajeó sin descanso, mientras le restregaba el durísimo palote que tenía entre las piernas, y empezaba a besarle con una pasión ardiente. Los labios de Ayperos se separaron, obligando a los de Eithan a hacer lo mismo, y coló su viperina lengua en la cavidad bucal del contrario. La sinhueso del pelirrojo se movía sin descanso dentro de la boca del mocoso insoportable, saboreando su piel, sus dientes, y también su pequeña lengüecita de niño chico.

Fue un beso profundo y apasionado, que duró largos minutos, y cuando Ayperos lo consideró oportuno se separó del crío, pero sin dejar de sujetarle por la muñeca. Antes de que Eithan pudiera proferir ninguna queja, el mayor le habló con voz firme y rotunda – Vamos a irnos ya a tu casa, allí podrás embadurnarte la cara y el cuerpo entero si quieres con toda la variedad de frutas del bosque que quieras – Ayperos apretó con más fuerza la muñeca del niño – Mientras yo hablaré con Gregoir, seguro que sabe más que tú sobre los pasadizos secretos de la mansión, o por lo menos dónde guardó tu padre los planos – tiró del brazo de Eithan para dejar su naricilla pegada a la de él – Tu vida corre peligro, por si no te habías dado cuenta aún. Cuando estemos allí me obedecerás en todo. Se acabaron las tonterías, Eithan. Deberías estar besando mis pies, agradeciéndome que sigas con vida – entonces Ayperos dirigió su mirada al interior de la choza y le dijo al viejo en voz más alta – Daibus, nos marchamos ya. Gracias por todo, viejo amigo. Volveremos a vernos. – y acto seguido el demonio pelirrojo fluctuó, desapareciendo junto con Eithan de aquel lugar entre mundos. Su destino era la mansión de ese joven idol inestable y ególatra.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Eithan Jones el Mar Mar 11, 2014 9:36 pm

Por unos minutos el joven idol se quedó completamente sin palabras, y no sólo porque sus labios hubiesen sido fogosamente violados y tomados con brusquedad, sino por la indescriptible explosión de emociones que se desató en su interior ante aquel inesperado y perfectamente dado beso. Sus ojos... casi parecía que terminarían por caérsele del rostro, de lo mucho que se abrieron olvidando la jalea de fresas que los condecoraban. Un sonrojo notable se posó en sus morenas mejillas que no cesaban de mecerse ante el demandante acto, y las manos que primeramente se hallaban muy contraídas, acabaron por rendirse a un suave temblor. La pasta molestaba su visión, pero no precisamente fue por eso que sus párpados comenzaron a cerrarse con lentitud, alentados por los potentes bombeos de su alarmado corazón. ¿Qué demonios estaba pasando? De verdad su mente era un caos y sólo era capaz de percibir una calidez vigorosa que se extendía desde donde sus cuerpos se tocaban. No era su primer beso, pero definitivamente jamás había participado de una acción tan... pasional. Eithan salía a divertirse con ukes tiernos, dulces y sonrojables, por lo que el "seme" que atacaba era él y sin duda nunca su pareja le había motivado lo suficiente como para brindar una unión semejante.
 
Antes de que se diese cuenta, terminó ubicándose frente a la entrada de su ostentosa mansión, con expresión atolondrada y observando fijamente los labios de quien antaño jugó con los suyos. ¿Qué diablos?... se aferró al picaporte, agitado y cansado, intentando recuperar la cordura con la dificultad de no poder borrar el sabor de la cavidad contraria, su lengua e incluso dientes. Abrió la puerta en silencio, asustado de sí mismo y queriendo rehuir del opuesto, pero las piernas realmente no le respondían del todo. Fue entonces que Gregoir finalmente apareció fluctuando delante del señorito y el numan aprovechó para aferrarse a sus brazos, buscando sostén -Bienvenido, Señor. ¿Se encuentra bien?- pronunció una elegante, nítida y agradable voz demoníaca, embellecida por un atractivo cuerpo masculino, varios centímetros más alto que Ayperos, y un rostro inexpresivo y frígido que observó de forma gélida al invitado desconocido, pero se suavizó al contactar con su amo. -Sí... sí... ¿Tienes la cena lista?- inquirió el menor, ladeando la mirada hacia la cocina para esconder su perturbación -Aún es muy temprano para la cena, Señor, pero sí he cocinado una de sus tartas favoritas y la tiene aguardándole en su dormitorio- le comunicó con entera predisposición y el rubio enseguida partió rumbo al cuarto indicado, no sin antes darle las gracias. La relación entre esos dos era especial, había afecto de ambas partes, aunque claramente el del adulto tenía una índole más sexual que el del opuesto. Quien lo había educado, visto crecer y cuidado a lo largo de sus años, guardaba sus instintos firmemente bajo llave, lo cual no significaba que fuese a permitir a Ayperos obtener algo extra de SU maestro, y la mirada retadora constante lo anticipaba. Gregoir, era uno de los rangos más altos: SS.
 
Por su parte, mientras los seres infernales se retaban visualmente, Eithan siguió su camino a través de las escaleras hasta el segundo piso, ingresando en su dormitorio ubicado al final del pasillo. Avanzó a paso pesado y se dejó caer sobre la cama, abrazándose a su almohada y deshaciendo la perfecta composición del mueble. Suspiró, frunciendo el ceño molesto con sus latidos que no conseguían calmarse y pataleó fastidiado, terminando por girar mientras gruñía. Estúpido cara de mal follado, se las pagaría muy caro. Pero primero decidió vestirse puesto que seguramente aquel maldito le seguiría y ya no resultaba tan cómodo pasearse en paños menores. Se atavió con un sweater gris algo liviano y ligeramente transparente, y debajo se calzó unos jeans blancos que se ajustaban maravillosamente a sus curvas, resaltando su prieto trasero. A pesar de lucir las mejores marcas y liberar un aura impoluta a idol, se sentía sumamente casual y humilde. De todas formas no completó hasta lavar bien su rostro, maquillarse levemente y aplicar un tanto de gel a su cabello para moldearlo a placer.
Una vez hecho eso, se acostó boca abajo en la cama, disponiendo el plato encima con la tarta, la servilleta y empezando a hundir su cuchara de plata en el apetitoso manjar. Mientras sus cachetes se encontraban rechonchos con la golosina, saboreando despreocupadamente, se preguntó si quizás aquel desagradable pelirrosado tendría hambre. Tal como suponía, ese que no dejaba de ser su sombra, no tardó en cruzar el umbral y colarse en su recámara, contrastando notablemente su humilde atuendo oriental en comparación a la elegancia europea de los alrededores. Eithan le miró fijamente a la cara, deslizándose inevitablemente hasta sus labios y bajando velozmente hasta la tarta de nuevo al percatarse de lo atrevidos y miserables que estaban siendo sus condenados ojos. Carraspeó, controlándose y tras meditarlo un instante, hundió su cuchara en la tarta recolectando una buena cantidad y se sentó en el colchón para llamar con su mano restante al invasor -Toma, come, seguro que sufres hambre pero como eres un pobretón que ni casa tiene, te las aguantas- bufó con cinismo, queriendo evitar que se notara su amabilidad en aquel gesto -Anda, antes de que la tarta te vea mejor y se arrepienta de querer entrar en tu boca- añadió como buen tsundere, agitando con insistencia la cuchara mientras evitaba sostenerle la mirada directa.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Jue Mar 13, 2014 1:22 pm

Parecía que a Eithan le iban a fallar las piernas y terminaría cayendo al suelo en cualquier momento. Tras aquel apasionado beso robado, el pequeño numan ni si quiera tuvo fuerzas para recriminarle nada al demonio, cosa que a Ayperos le encantó ¿Habría derrocado al fin una de sus altas barreras? En ese momento un demonio apareció fluctuando. Ayperos supuso que se trataba de Gregoir. Podía notar en el contrario una potente aura de poder, pero él era la mismísima mano derecha de UT, sus hazañas en terreno bélico eran conocidas por todos. Gregoir tenía que ser un completo imbécil si no le conocía, aunque fuese de oídas. Ayperos era alguien muy importante en el mundo demoníaco. Y al pelirrosado no le gustó nada que ese mamarracho con aspiraciones de mayordomo se le enfrentara visualmente como lo estaba haciendo. Terminaría teniendo pelea con él, si eso era lo que buscaba. Aún tenía que llegar el día en que el demonio Ayperos temblara de miedo ante un subordinado de menor rango que él.

Eithan se perdió por la escalera, y Gregoir fue en dirección opuesta. Ayperos merodeó un poco por la casa, analizando cada detalle, y no tardó en encontrar la habitación donde se escondía (del él?) su protegido. Cuando entró lo primero que vio fue a Eithan, tumbado boca abajo en la cama, luciendo unas ropas nuevas y limpias que se le ajustaban al cuerpo, resaltando cada curva del mismo.  Sus ojos demoníacos no pudieron evitar darle un buen repaso a toda su anatomía, quedando fijados en el sobresaliente trasero, que ahora estaba enmarcado con unos tejanos blancos. Le apetecía mordisquear esos cachetes y llevar al mocoso rubio a umbrales de placer insospechados para él. Era la primera vez en su vida que el demonio deseaba darle la máxima felicidad en la cama a alguien, sin desear destruirle en el proceso, y eso era algo muy extraño en él. Aun así, una cosa estaba clara, la mera visión de ese insoportable niñato le provocaba una creciente excitación. ¡Con sólo mirarlo! Empezaba a impacientarse por saber qué ocurriría si realmente llegaba a tomar a Eithan Jones. ¿Qué otras deliciosas sensaciones le aguardarían bajo esos prietos pantalones…?

Mientras el demonio evaluaba la posibilidad de follárselo allí mismo, el joven idol rubio se sentó en la cama y le ofreció un pedazo del sabroso pastel que estaba comiendo. A Ayperos aquello le pareció demasiado lindo, una acción tan sumisa, que casi le hace partirse de risa allí mismo. Cosa que no hizo, por supuesto. Pero ver a Eithan, el niñato egocéntrico, sonrojado como un tímido uke, ofreciéndole de la misma comida que él estaba comiendo, preocupado por si tenía hambre. Que cosita más tierna, ¡por UT! - ¿Qué no tengo casa? ¡Ja! ¡Yo tengo más dinero del que podrías conseguir tú vendiendo tu cuerpo durante cien años, mocoso! – le respondió, mientras se acercaba al lugar donde el chico estaba sentado. – Incluso tengo una mansión en el mismísimo infierno. Si lo deseas un día de estos te hago una visita privada… solos tú y yo… y los millares de condenados a quemarse en el fuego eterno… - aquella segunda frase, el de pelo carmesí la pronunció con una tonalidad muy sensual, y al terminarla se sentó en la cama, junto al rubio.

Eithan añadió algo más sobre el pedazo de tarta que sostenía todavía en alto, pero Ayperos no tenía interés en ella. Como demonio podía pasar grandes periodos de tiempo sin comer, no tenía problema alguno en ello. Si lo hacía más a menudo o no era por el mero placer de llevarse manjares a la boca. El de pelo rojizo alzó su mano y apresó la muñeca alzada del crío con suficiente fuerza como para que no se soltara – No es precisamente de pastel de lo que ando hambriento – le susurró, todavía usando ese tono de voz tan sensual. Con la otra mano cogió la cuchara y la dejó en el plato del pastel. Y lo siguiente que hizo fue acercar los deditos suaves y tiernos de su protegido a su boca y empezar a lamerles la yema con la punta de su lengua – Mmmmhhh… Delicioso – dijo, cuando probó su cálida piel. Y anticipándose a que el chico le rechazara vehementemente, como había hecho hasta ahora con todos sus ataques, Ayperos se lanzó sobre él, tumbándolo boca arriba cruzado en la cama. El cuerpo del mayor apresaba al contrario con una de sus piernas metida entre las de él, y su torso pegado al del chiquillo. Mantenía sujeta firme la misma muñeca. Sus rostros estaban tan cerca que al hablarle, parecía que Ayperos le estuviera rozando los labios al chico… puede que lo hiciera. - ¿Alguna vez te la han chupado, Eithan? ¿Has sentido alguna vez el inexplicable placer que se siente al meter tu polla en la boca de otro hombre y que la masajee con su lengua? – por lo que sabía del muchacho, Ayperos imaginaba que la respuesta sería negativa, pero quería comprobar de nuevo su reacción a esas palabras, y no solo conformándose con eso, el de pelo carmesí volvió a acercar su boca a la mano sujeta del chico y esta vez se metió entre los labios su dedo índice, profundamente, acariciándolo por dentro con su sinhueso, mamándola y succionando como si de una pequeña polla se tratara. Sus ojos ámbar permanecían clavados en el rostro del muchacho. Tras unos segundos, el malvado ser se sacó despacio aquel dedito chico de su boca y le susurró al rubio al oído – No deberías invitar a un poderoso demonio a tu alcoba, nunca se sabe lo que podría suceder… A no ser que realmente estés deseando que eso suceda – añadió sonriendo con una pizca de maldad, y dejando muy clara por su peculiar pronunciación que por “eso” se refería a “sexo salvaje”.

– Y dime, ese criado tuyo, ese demonio de tres al cuarto que tienes trabajando para ti… ¿Suele visitar muy a menudo tu alcoba? – pero la respuesta a esa pregunta no le llegó de Eithan, sino de otra voz que venía desde la puerta abierta - ¿Pero qué haces, escoria? ¡¡Suelta al Señor Jones ahora mismo!! – rugió Gregoir, muy enfadado. Ayperos se giró y le sonrió con maldad – Sólo estábamos compartiendo ese rico pastel que cocinaste. Realmente delicioso. – se refería a los dedos de Eithan y no al pastel, claro. – Bah, como está el servicio… Deberías buscarte un lameculos menos molesto – comentó Ayperos al rubio, incorporándose y liberando de una vez a su víctima. El demonio de pelo carmesí cogió el pedazo de tarta que había quedado en la cuchara y se la llevó a la boca, lamiéndose los dedos con descaro para que Eithan recordara lo que acababa de hacerle – Ahora que tenemos a la feliz familia reunida, necesito que me digas si el padre de Eithan tenía algún despacho, o si habéis guardado los documentos importantes, como planos de la casa, en algún lugar – Ayperos le dijo aquello con suma prepotencia a su paisano demoníaco. No le gustaba nada la estrecha relación que parecía tener con el ídol rubio. Ni si quiera él mismo se daba cuenta de que lo que le pasaba era que se estaba sintiendo terriblemente celoso de él.


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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Eithan Jones el Jue Mar 13, 2014 11:48 pm

Todo fue tan aprisa que no le dio tiempo a hacer demasiado. Ahora se encontraba completamente acorralado contra la cama, despojado de su aperitivo y en una muy peligrosa posición. ¿Cómo demonios es que las cosas habían tomado aquel rumbo? Esos labios que tanto luchó por borrar de su cerebro, ahora se rozaban... seductoramente contra los suyos, hablándole en un tono excesivamente sugerente; mientras que el resto del fuerte cuerpo del demonio le aplastaba con todo su peso, apresándolo en su propio dormitorio sagrado. Pero ¿Cómo que labios seductores? ¡NO, NO, NO! ¡Ese desgraciado mal follado no tenía tan siquiera una molécula de ADN sexy! ¡¿Qué le estaba pasando a Eithan?! ¿El veneno le había afectado a los sentidos?
 
Zamarreó su cabeza de lado a lado, como un chiquillo rebelde, intentando inútilmente detener el rollo del contrario, pero lejos de cambiar de objetivo, Ayperos empezó a jugar con su lengua en torno al dedo del menor. Automáticamente el dueño del hogar se tensó completamente y sintió cómo innumerables escalofríos recorrían su columna y el fuego ardiente del pudor se establecía en sus mejillas. El calor aglomerado en su cabeza bloqueó totalmente la razón del pobre casto muchacho, haciéndole mirar con pena las perversas acciones del contrario, mientras balbuceaba incoherencias con el fin de paralizarlo. Le odiaba, definitivamente le despreciaba por confundirle de aquella manera y sólo divertirse a expensas de él, a pesar de que en un arrebato de estupidez, había intentado ser amable con semejante maldito.
 
Fue entonces que Gregoir apareció en escena justo para rescatar al joven amo y Eithan no tardó en girar lejos de Ayperos, enroscándose en las frazadas ni bien este le liberó. Su respiración estaba muy agitada y se sentía infinitamente abochornado. Su mayordomo prontamente corrió en su auxilio, analizando que se hallara en perfectas condiciones y enseguida cogió la servilleta cerca del pastel para limpiar ese dedo ensalivado, conteniendo su furia e indignación -Amo, ¿qué debo hacer?- preguntó el fiel sirviente, observando con desprecio al diablo adyacente, dispuesto a atacar sin importarle la diferencia de status mientras su Señor se lo ordenara, pero no fue así. El idol se puso en pie, apoyándose en Gregoir, y tras acercarse un tanto al plato de postre, le dio un golpe fuerte, mandándolo a volar contra ese que constantemente jugaba con su integridad y se le burlaba.
 
-¿¡Cómo te atreves a hablarle así a MI mayordomo?!- exclamó enojado, aunque eso era una simple excusa tomada para desquitarse y su rabia provenía de otros acontecimientos -Él no es tu esclavo, si quieres algo, búscalo por ti mismo... si sólo estás jugando y divirtiéndote conmigo te mataré- le espetó, sin medir palabras, aún sabiendo que no tenía la menor oportunidad contra ese ser si llegaba a desear atentar contra su vida. Tras eso, se giró sin remordimientos y se disponía a marcharse cuando el sirviente lo cogió en brazos, alzándolo como si fuese una princesita liviana -No está en buenas condiciones, mi Señor, lo alcanzaré a donde quiera llegar- le comunicó, llevándoselo lejos de ese pelirrojo con una expresión triunfal decorando su fría cara.
 
Sin más, el destino de los malos anfitriones se determinó en el gimnasio privado del modelo, ubicado en el piso inferior, junto al estudio. Era una amplia sala en tonos blancos y negros, con una decoración escasa y minimalista, donde prevalecía la luz y los aparatos diversos para el entrenamiento del metrosexual. -Bájame- pidió sin rodeos a su sirviente, en cuanto se encontró dentro del local, y seguidamente le despidió, cerrando la puerta y suspirando. Dejó caer las frazadas que había arrastrado consigo y miró apesadumbrado su entrepierna que latía dolorosamente afiebrada -Maldito- murmuró frustrado, caminando con dificultad hasta un caminador elíptico y subiéndose para empezar a ejercitarse a todo ritmo. Sin lugar a dudas no iba a hacer algo tan bajo y denigrante como masturbarse. No ÉL. Eithan Jones no necesitaba darse placer a sí mismo y menos por culpa de un idiota maloliente, viejo y desaliñado. Así que sólo tendría que correr rápidamente hasta que el estrés le bajara la calentura.
Estaba muy acostumbrado a pesadas rutinas arduas cotidianas, pero esta vez se le hacía especialmente difícil el mantener el ritmo. Su bronceada piel de adonis se empapó rápidamente en fino sudor perfumado, causando que las prendas se le pegotearan más a la figura, aportando una escena realmente erótica. Jadeaba exhausto, concentrándose en su labor sin prestar atención al resto e intentando mantener el cerebro en blanco. Todavía le faltaba bastante tiempo hasta el anochecer y a ese paso no soportaría más bromas pesadas por parte del demonio. Joder... lo odiaba ¿por qué se veía en la obligación de someterse a tal estrés por ese cara de mal follado? se vengaría en cuanto tuviese la oportunidad y encontrara su punto débil.
 
Con las piernas temblorosas cesó su carrera para dirigirse hasta una mini-nevera cercana y coger una botella de agua mineral sin gas, la cual destapó y se empinó, bebiendo despreocupadamente, parado sobre varias colchonetas verdes que reposaban en el suelo, a la espera de ser utilizadas en alguna sesión. Luego abolló la botella en su agarre cuando la misma estuvo vacía y su expresión se ensombreció, recordando el acoso sexual reciente. -Tarado- bufó, molesto. Eithan Jones no era ningún juguete, sin importar de quién se tratara el otro. Repentinamente escuchó la puerta abrirse y con gran velocidad, tomó una escoba cercana y la blandió como si de una filosa espada se tratara -¡Fuera de aquí! ¡Deja de joderme!- gritó rabioso, zamarreando su "arma" contra el invasor. -¡G-Gregoir!- exclamó preocupado, abriendo muy grandes los ojos y corriendo hacia quien cayó de rodillas ante el sorpresivo ataque -¿Estás bien?... t-tonto, avisa que eres tú, porque ese cara de mal f-- pero la frase no pudo terminar de ser formulada ya que los labios del numan fueron sellados por un profundo beso -No vuelva a ensuciar sus labios mencionando a ese sujeto- advirtió el mayor, observando con intensidad a aquel desconcertado modelo -Si me permite tomar su virginidad, probablemente Ayperos ya no volverá a molestarlo- propuso, sin ser capaz de reprimir más sus celos y sentimientos, tocando gentilmente la entrepierna del más chico.
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Re: 1ª mision. La niñera de un uke. [priv. Eithan]

Mensaje por Ayperos el Sáb Mar 15, 2014 7:44 am

El pesado de Gregoir puso el grito en el cielo cuando vio la forma en que Ayperos estaba abusando de su joven amito, y le faltó tiempo para salir corriendo a ofrecerle unos brazos donde pudiera reconfortarse, mientras volvía a dedicarle una de sus miradas asesinas, que no hacían mella en el poderoso demonio de pelo carmesí. A Ayperos lo que le molestaba era la complicidad que había entre esos dos sujetos. Que Eithan confiase plenamente en él, y actuara de esa forma tan amable con su subordinado, cuando con él se había comportado como un mocoso insoportable desde el primer instante en que se conocieron. Si, de acuerdo que Ayperos tenía poco de lameculos, cosa que a Gregoir le sobraba, pero él no estaba allí para hacerle la vida más fácil al crío. Su misión era protegerle y que no le mataran esa banda peligrosos vampiros que andaban tras sus pasos. El joven idol rubio empezó a defender a SU mayordomo de los ataques del pelirrojo, y luego añadió algo que hizo que Ayperos se planteara alguna cosas “… si sólo estás jugando y divirtiéndote conmigo te mataré” esas fueron las palabras exactas de Eithan, en pleno ataque de ira contra él.

Ayperos miraba fijamente como Gregoir salía de la habitación con su joven amo en brazos. En su diabólica mente solo podía darle vueltas a lo que el mocoso engreído le acababa de decir “si sólo estás jugando conmigo”. Sí, era verdad que mientras protegía su vida, había encontrado en molestarle una grata distracción. Enfadar a Eithan le hacía sentirse alegre. Y atacarle sexualmente… bueno, eso lo excitaba en sobremanera. Pero… ¿A qué se refería el idol rubio con aquellas palabras? ¿Quería decir que si Ayperos iba en serio tendría posibilidades con él? En cuanto se hizo aquella pregunta mental a sí mismo, el demonio chistó con la lengua – Tsk… - no podía entenderlo. ¿Qué había en ese mocoso idiota que hiciera temblar los férreos cimientos de su fuerte persona? ¿Qué tenía Eithan Jones de especial para hacerle pensar en cosas tan idiotas? Era un niñato insolente y egoísta que solo se preocupaba de sí mismo y de su apariencia física. Era un condenado insolente insoportable… aun así… a pesar de todo lo nombrado, que debería haber hecho que Ayperos le odiara hasta el punto de haberlo matado él con sus propias manos… sus sentimientos hacia el crío eran complicados de entender incluso para él mismo.

Aquel ser salido del mismísimo infierno no quería seguir dándole vueltas a aquel asunto, que tanto le perturbaba, así que dejó a Eithan con su mayordomo y buscó por la casa. No encontró nada parecido a un despacho, ni tampoco localizó entre los documentos guardados en los archivos ningún plano de la casa. No podían contar con los pasadizos secretos. Ponerse a buscarlos sin saber dónde estaban sería como intentar hallar una aguja en un pajar. Finalmente se dio por vencido y entró en la sala contigua al estudio en el que había estado revisando los papeles, que resultó ser un gimnasio. Ese mocoso no se estaba de nada, era evidente que disfrutaba viviendo rodeado de lujo. Solo que él mismo se comportaba como si su propia persona fuese el objeto más valioso de su colección privada, en vez de un simple ser humano corriente, que era en realidad su verdadera naturaleza.

Ayperos abrió la puerta, que se encontraba entreabierta, sin hacer ruiso, y  se encontró con Gregoir y Eithan besándose apasionadamente, no solo eso, sino que además el fogoso mayordomo le hizo una proposición bastante indecente al chico – Vaya, ahora lo entiendo todo. Tú haciéndote el inocente conmigo, y resulta que eres más puta que las  gallinas. ¿A cuántos despojos de la sociedad más has dejado que sodomicen tu culo de ramera en venta? ¡¿A cuántos más?! – las afiladas palabras del demonio carmesí iban dirigidas a su protegido, pero fue contra Gregoir a quien focalizó toda su ira acumulada. Al tiempo que soltaba aquella última frase, vociferando, llegó corriendo a donde estaban aquellos dos amantes y le soltó tal golpe con su codo al mayordomo que lo envió volando al otro lado de la sala. Él salió corriendo en su busca, lo agarró por las solapas alzándolo del suelo y lo estampó contra la pared, empezando a darle puñetazos sin control.

En ese momento oyó una siseante voz a su espalda que  le hizo poner la piel de gallina – Gracias por ponérnoslo tan fácil – Ayperos soltó inmediatamente a Gregoir y se dio la vuelta. Allí estaba Eithan rodeado por cinco chupasangres, uno de ellos, el que le había hablado, era una hembra con cara de pocos amigos, y que sujetaba al idol rubio por el pescuezo, mientras otros de sus compañeros le agarraban por la cintura y los brazos. El mocoso estaba completamente rodeado e indefenso, y la culpa había sido suya por haberse cegado por aquellas emociones tan intensas que estaba sintiendo, habiendo olvidado su mayor prioridad en aquel momento, que era proteger al idiota del niño. – Soltadle ahora mismo y os daré una muerte rápida – respondió el demonio de pelo carmesí, sin mostrar un ápice de sorpresa o temor ante los invasores. – Me parece que no estás en posición de reclamarnos nada. Desaparece. Tu presencia aquí es totalmente inútil. Os superamos en número y tenemos un rehén. Vete y dale un mensaje de mi parte a su Señor. ¡Dile que Eithan le manda saludos desde el infierno! – al terminar de decir aquello, la mujer vampiro tiró del pelo engominado del menor, obligándole a girar la cabeza a un lado, y acercó sus temibles colmillos al cuello desprotegido del joven. Ayperos desapareció, fluctuando – Vaya, ese demonio es mucho más cobarde de lo que había imaginado ¡Jajajaja! – dijo la vampiresa. Y justo cuando sus afilados colmillos de depredadora rozaban la fina piel de su protegido, el demonio de pelo carmesí volvió a aparecer en escena, situado justo tras ella. La agarró de la cintura y por el pescuezo, y le susurró al oído – Mejor le das tú el recado cuando le veas – y ¡Chas! le partió las vértebras del cuello, regirándoselo como a una gallina en el matadero.


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