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The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

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The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Vie Nov 15, 2013 8:41 pm



THE SUIT MAKES THE MAN

"Magheq" IV. Kahlfuss ||  Flash back situado en Inglaterra, luego de los sucesos en el Navis. En la unión corta de los alquimistas, época Victoriana



Recuerdo todavía la época en la cual los dos seguíamos juntos a pesar de la distancia. Recuerdo cuando escuchaba su voz llamándome y calándome en los oídos cuando regresaba de las misiones que quedaban cerca de la ciudad donde me encontraba. Nos entregábamos amor en una noche y en la mañana los dos recorríamos de nuevo nuestros caminos. Unidos por el hilo fino del destino a pesar de portar un nombre, un estatus y de no habernos visto durante años. Para nosotros los alquimistas un año era un minuto y así es como vivíamos durante toda la eternidad, recordando y viviendo en el pasado. Poco a poco los recuerdos quedaban tallados en nuestros cuerpos y nuestras vivencias se hacían lejanas. La gente que moría a nuestro alrededor, las épocas que iban cambiando y los movimientos de todos aquellos que juraban tener el mundo en sus manos. Recuerdos… que se quedan atrás con él tiempo.
Inhalo una cantidad de aire antes de dirigir su mirada hacia fuera de la ventana observando cómo los arboles se movían a su alrededor. Inglaterra, la hermosa capital de la economía y la revolución industrial. Londres, en esa época en la cual los alquimistas seguían pisando el globo terráqueo como humanos más dentro de la humanidad. El albino dirigió una mirada hacia adelante observando a su piloto, que conducía el caballo en total silencio; llevándolo hacia la mansión donde pasaría las siguientes semanas en compañía de padre, según recordaba una famosa fiesta se estaba celebrando, padre conocía a mucha gente importante y seguramente hablo de sus hijos que vivían alrededor del mundo investigando sobre este; y todos debían encontrarse en esa fiesta para disfrutar de esta. El albino se negó rotundamente pero fueron a buscarlo directamente a su casa tipos que eran el doble de altos que él con la carta que le envió a padre. Exhalo el miro aire con molestia y dirigió de nuevo una de sus piernas hasta sus rodillas abriendo el libro que tenía en sus manos. Deslizo su mejilla hasta su rostro permaneciendo en silencio y leyendo con total tranquilidad; hacía años que no veía a ninguno de los chicos lo que supuso que seguirían igual de antes. Igual que años atrás, ¿Cuántos habían pasado? 100 años, ¿200? Desde los sucesos del Navis que no volvió a verlos si no a pocos por noticias contadas por ellos o por I. Las cartas de IX y sus famosas conquistas. Los descubrimientos de II y las barbaridades de III. Las cartas de XII que siempre le hacían reír y las cartas estúpidas de VI y VII. Una carta al mes de VIII y poco sabia de XIII. XI nunca le enviaba cartas y siempre terminaba enterándose por XII todo lo que hacía. X siempre estuvo en contacto con I, por lo cual por este estaba enterado de lo que hacía. Y IV, él… bueno; IV era IV y de alguna manera o por una forma estúpida terminaban siempre encontrándose de alguna u otra manera.

Hace mucho regreso a Japón, al pueblo donde él vivía y logro encontrar las tumbas de sus padres. Bañadas en hierbas y nadie que cuidase de ellos. Muchos de los ancianos le preguntaron sobre su relación y el simplemente contesto “Siento pena, que nadie corresponda sus tumbas” fue su respuesta. Después de todo no los odiaba, recordaba que I decía que no podría odiar a nadie a pesar de todo lo que hizo en el pasado; eran humanos y los humanos eran pecadores; gustasen o no. Quito aquellas hiervas y prendió incienso en las tumbas de sus padres. Nunca más podría rezar por lo cual solamente coloco unos bollos blancos en sus tumbas y los claveles que su mama tanto amaba. Nunca entendió el motivo de sus padres al venderlo; tampoco se lo preguntaba solamente —Les deseo buena suerte en el mas allá, lamento llegar tarde a despedirme de ustedes —fueron sus palabras. Sintió alivio al saber que no habían muerto cuando destruyeron el pueblo lo cual le dejo un alivio en su corazón; de alguna u otra manera. Eran sus padres, y no los podría odiar… no más.

Un salto llamo su atención, y miro hacia un costado observando la gran mansión que estaba delante de sus ojos. Silbo con falsa impresión, al momento que la puerta de su carroza fue abierta y el albino bajo pisando la tierra siendo recibido por un conjunto de sirvientes que hicieron una reverencia el albino recorrió la mansión con sus ojos y trago seco sujetando suavemente sus manos contra su ropa —. Aquí… ¿no hay fantasmas cierto? —pregunto en un susurro mirando de reojo al hombre que bajaba su equipaje y lo quedo observando —. Realmente no lo sé, jefe. Pero se dice que el dueño de la mansión murió dentro de este lugar —dijo el anciano dándose media vuelta para retirarse, el albino palideció donde estaba Yo… yo soy un adulto… este tipo de cosas no me asustan ¿cierto que no lo hacen? Voy a estar con… con los alquimistas; conozco al diablo de UT en persona… un par de fantasmas no me pueden asustarGintoki-sama, ¿se encuentra bien? —un hombre le saco de su ensoñación y giro a verlo con una ceja levantada — ¿Está enfermo? —volvió a preguntar. El albino lo reparo con sus ojos de cabello rubio largo hasta mas debajo de sus hombros y ojos azules, el albino parpadeo un par de veces y movió su rostro de un lugar a otro —. No he comido nada, pero solo es el mareo por estar dentro del auto —contesto a la pregunta, el hombre hizo una reverencia colocando su muñeca en su pecho —. Mi nombre es Marcelo Boissieu, soy el mayordomo de la mansión; espero que su estadía aquí sea de su agrado. ¿Puede acompañarme? Le llevare a su habitación en lo que todos los demás arreglos estén listos. Le pediré que se quede en su habitación hasta que la fiesta comience, fue petición del amo —cuando escucho amo I se le vino a la cabeza. Asintió de mala gana y comenzó a caminar detrás de él, como portaba una yukata guardo su mano dentro de esta al igual que la que sujetaba su otra manga que no caía y comenzó a caminar con naturalidad.

Recorrió la mansión con la mirada. No era tan aterradora ahora que las velas iluminaban los pocos pasillos oscuros y la luz del sol entraba por las ventanas. El adulto quien se aprendió el camino hasta la llegada de su habitación y sus maletas que fueron acomodadas por los sirvientes estos desaparecieron por los pasillos, este camino hasta la cama y se lanzo en esta mirando el techo de su habitación. Cerrando sus ojos mientras tomaba la carta de padre entre sus manos. El albino comenzó a cerrar sus ojos quedándose completamente dormido en aquel lugar. Sintiendo el viento entrar por la ventana y sus cabellos desordenándose por este. La puerta de su habitación estaba siendo tocada, el albino abrió sus ojos y se sentó en su cama de mala gana —. Adelante… —llamo para que la puerta fuese abierta, por ella entro el sirviente de antes abriendo sus labios en una sonrisa —. Gintoki-sama, la fiesta ha comenzado. Puede optar por cambiar su vestimenta por el traje preparado por el amo y asistir a la fiesta —el albino estiro su mano tocando un traje blanco con sorpresa en su mirada —. ¿Padre los escogió? —el hombre afirmo haciendo una reverencia desapareciendo de la habitación él mayor lo llevo hasta su cama colocándola en esta y mirándola con algo de sorpresa.

Después de todo es una fiesta, los pasos de Gintoki resonaban por los pasillos. Sus labios estaban cerrados y sus manos metidas en los bolsillos. Escuchaba las voces de la gente bajo las escaleras en el gran salón discutiendo y saludándose entre ellos. Uno de los últimos alquimistas en aparecer como siempre. Gin vestía con un conjunto de color blanco, todo completamente. Una camisa manga larga encajada, una chaqueta de manga corta amarrada encima de la camisa con el ultimo botón suelto, junto a una ascot de color negro que caía dentro de su chaqueta. Un pantalón blanco largo junto a unas altas botas de color blancas y una chaqueta de manga larga e igual de larga que caía hasta sus botas un poco más debajo de las rodillas. Usaba un cinturón azul que contrastaba con la parte azul de su largo chaleco manga larga. De alguna manera logro peinarse elegante para la ocasión, echando hacia atrás un par de flecos de su cabello y dividir su permanente por la mitad, tal vez el albino podría llamar la atención esa noche —¡Gin! Ven aquí, quiero que conozcas a alguien —el albino bajo con una sonrisa en sus labios saludando a todos los presentes y se acerco a padre palmeando su hombro —. Gintoki, un placer conocerlos —contesto con una sonrisa, apretando sus manos contras las ajenas presentándose, con elegancia.  

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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Sáb Nov 16, 2013 6:54 am

El cilindro blanquecino se consumió débilmente ante la exhalación que permitió al  alquimista mancharse los pulmones en alquitrán y tornándose ceniza, los rastrojos del cigarrillo murieron en la repisa de la ventana por la que éste asomaba cabeza. Londres. Odiado y lluvioso Londres. Días habían acontecido desde que padre le reuniera en aquella mansión, envolviéndole de los más refinados y exquisitos lujos: Comida abundante, las ropas más finas, tabaco importado... Incluso pudo ver cierto rastrojo de maliciosa maldad en los ojos de padre cuando le ofreció la compañía nocturna de quién él demandase. Era ya época en la que todos los que antes compartían vida en un mismo techo que estaban enterados del muy extraño romance que se traía con el albino, empero las constantes provocaciones, de I y IX en especial eran motivo de su enfado en diversas ocasiones. Jugó con lo que diestra sujetaba: El porta cigarrillos que hacía un par de años el que merodeaba por su mente le regaló, zurda se empinó en su posición y apartó el cilindro de la comisura del portador del mismo y una sonrisa fluctuó por su hasta ahora serio semblante: Ahí estaba. Desde las latitudes de su habitación pudo contemplar como el carruaje, el último que posiblemente llegaría al punto de reunión dejaba sobre tierra al albino. Antes de que éste pudiera enervar cabeza y ser capaz de vislumbrarle metió su total desnudez en el cuarto nuevamente. Mentiría si dijera que recordaba el último día que estuvo junto a todos sus hermanos, empero la ocasión esa vez le ponía los nervios en tensión. Posiblemente I les tendría una sorpresa, no solía reunirles nunca y cuando lo hacía era por motivos que escapaban de la comprensión mundana, sólo esperaba que aquella ocasión el anfitrión se dignase a avisarles de un ataque u invasión antes que la misma comenzase a darse y no soltase una risa seguido de una disculpa. Apagó la ya maltrecha colilla en un cenicero ya provisto en sus aposentos y dejó descansar la cajita en la misma mesita de noche, para entonces se desperezó y miró por enésima vez las ropas que se había encontrado aquella mañana correctamente colgadas a un lateral de la cama.

Torció los labios, un yukata estaría bien. Pero... Claro. Conocía lo suficiente a I cómo para saber que los alquimistas no serían los únicos en asistir a la fiesta, quizás aquella ocasión fuera la unión de alguien poderoso, tal vez una tregua. Se enfundó de mala gana la blanca e impoluta camisa: Aquello apretaba más que los yukata que solía vestir y era más incómodo para moverse, no cabía duda. Se intentó abotonar esta hasta dónde correspondía pero se sintió demasiado ahogado, por consiguiente no cubrió más de su pecho, dejando tres botones abiertos, sí, así estaría bien. Movió con pesadumbre las delgadas piernas de las que era dueño y sin prisa de ningún tipo las enfundó en los oscuros pantalones, unos que venían a juego con la corbata que más tarde se anudó al cuello. No se esmeró en peinarse, se limitó en pasarse los dedos por los húmedo de su cabellera y dejó que los mechones tomasen libre rienda de allí dónde gustasen de conquistar, importándole más bien poco cómo acabasen de acomodarse los mismos, a fin de cuentas, la mayoría de los presentes no se fijarían en él, de cualquier forma, esa noche tenía la meta de compartir cama con el que hacía años que no dormía, le gustase a éste o no. Antes de salir del cuarto se acomodó todo utensilio que le facilitase el arte de fumar y salió de su cuarto, un cuarto igual al del resto de los allí aglomerados.

El primero en saludarle fue II, quién le golpeó amistosamente un hombro e inició una charla agradable con él, quién respondía con soltura a las preguntas sin hacer evasivas. A ambos se les unió III, quién antes de siquiera saludar ya le tenía acomodándole la corbata: Sin duda sería un padre excepcional. Pero entre aquellos dos pudo observar el descenso del ya provisto de las elegantes ropas: Gintoki. Para la ocasión I hizo que cada uno portase un color de vestimenta distinto: Por diferencia el suyo era el negro, el de Gin el blanco. ¿Estaría jugando a uno de aquellos maquiavélicos suyos? Al verle absorto, II siguió la mirada del peli morado y esbozó una sonrisa más bien traviesa antes de codearle un costado y animarle a encaminarse hacia éste, lo que consiguió fue una mirada de repudio por parte del consentido y menor de todos los alquimistas. Pero ciertamente, aunque parecía negarse a acortar distancias contempló cómo I guiaba a uno de sus hijos hacia una aglomeración de desconocidos y éste compartía saludos tradicionales con los londinenses: Ya los conocía, en parte. Eran los mismos que cenaron en la misma mesa que padre y él la noche anterior y entre risas cerraron el trato de la no exportación de armas a las Américas por su parte. Por más años que pasasen aún se sorprendería del arte que tenía el peli negro en ejercer ése tipo de tratos sin borrar la sonrisa que siempre le acompañaba cómo medalla inconfundible de quién era y por qué lo hacía todo. Volvió a retomar conversación con aquellos dos, aunque lanzó alguna que otra mirada a ése que era su mayor centro de atención. Luego. Se dijo a sí mismo: Sí, luego tendrían tiempo, aunque el tiempo era algo que a ellos les sobraba y por ése mismo motivo no hizo amago de mostrarse nervioso o ansioso con un encuentro que tarde o temprano terminaría por darse.

Las luces se atenuaron dando al ambiente un clima mucho más íntimo, la orquesta en directo inicio un repertorio de canciones más lento y fue cuando la gente aprovechó para compartir palabras con los que, tal vez, les habían llamado la atención. Su objetivo fueron los grandes balcones entapiados por las rojizas cortinas, allí podría escapar del gentío y de la muchedumbre que ya parecía estar con alguna que otra copa de más. Mermar en soledad era lo que ahora necesitaba, había ya compartido palabra prácticamente con todo ser conocido... Todos a excepción de él, claro. Parecía estar escurriéndose cómo el agua de la lluvia entre sus dedos y aquello únicamente logró inquietarle. Si bien las primeras horas se mantuvo en calma, tenerle tan cerca y ser incapaz de localizarle se le hizo tedioso y su humor se oscureció cómo el día. Torciendo los labios y siendo más bien poco amable con aquellos con los que chocaba fue directo hacia el abierto balcón, apartando la cortina de un manotazo para internarse en el mismo que le daría un soplo de aire fresco.

¡M-mag-sama!- aquel que tenía como sirviente personal le miró con un muy fuerte rubor en las mejillas al verse literalmente sorprendido por el mismo. Tenía las hebras claras y las mejillas cómo una manzana madura. Sus manos yacían enredadas en el pelo de.. ¡Un hombre! Observó al mismo y enarcó una ceja al ver que se trataba de uno de sus hermanos, al poco, sin embargo, esbozó un gesto de prepotencia y altivismo que ya desde su adolescencia venía marcándose en su personalidad. -Creía que era el único con esas tendencias.- masculló, teniendo aún la diestra entorno al grosor de la cortina.

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asdjkas ;__; Que guapo esta GinGin...

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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Sáb Nov 16, 2013 12:42 pm

Una risa retumbo en aquel lugar donde se encontraba Gintoki presentándose con aquello hombres de grandes familias de la nobleza reconocidos. Duques, marqueses, condes, barones, todos aquellos con títulos grandes en Londres estrechaban su mano con el albino que les recibía con una sonrisa mostrando agradecimiento por llegar a la fiesta de su padre, y porque esperaba que disfrutaran de esta misma. Ladeo suavemente su rostro viendo de reojo al pelimorado que esperaba ver luego de tantos años y amplio una pequeña sonrisa en sus labios, saliendo de la conversación con tan solo verlo; no pudo evitar soltar una pequeña risa de sus dientes, realmente imaginarlo con traje no era algo que se acostumbraba ver; tampoco es que él usase demasiados trajes, pero las misiones principales eran en España, Inglaterra, Alemania que los trajes influenciaban la vida del albino de vez en cuando. Aunque no pudiese dejar a un lado su amor por las yukata —Gintoki, ¿Y tiene alguna prometida para casarse? —la pregunta de un hombre le saco de sus pensamientos, el albino río un poco mientras ampliaba una sonrisa —. Si, padre me ha comprometido con una hermosa mujer de cabellos morados y actitud realmente firme; se enamorarían de tan solo hablar con ella —menciono con diversión en su tono de voz, I le codeo el estomago y el albino comenzó a reír al mismo ritmo que los demás —. Tengo curiosidad, ¿puedes describirla? —le pregunto en risas un hombre, el albino afirmo marcando sus labios —. Claro es una belleza como la porcelana, con rasgos finos y delicados como en los de su país existen, su cabello morado largo y liso amarrado elegante con unos arreglos florares siempre presentes; es japonesa, lo cual un kimono largo siempre está cubriendo su cuerpo. Fina, delicada de ojos jade y belleza insuperable —decía sabiamente con una sonrisa en sus labios —¿Describes a Magheq en forma femenina, se va a enojar —dijo en un susurro I que solo escucho el albino, fue tan bajo como cuando se practica ventriloquia —. ¿En serio lo describí? Ahora guarda silencio, sus caras son geniales —susurro de la misma forma para luego toser con disimulo —. Si me disculpan caballeros, iré a saludar a mis hermanos —hizo una reverencia desapareciendo de la zona.

Las piernas del albino se dirigieron hacia donde II & III se encontraban hablando, levanto su mano saludándolos y pasando de largo ante ellos, pero sus hombros fueron sujetados y su cuerpo cayó hacia atrás y les dedico una sonrisa de sus labios. X, XIII, XI, XII & VI llegaron a donde estaban ellos y comenzaron a bombardear al albino de preguntas que eran siempre evitadas por este mientras gruñía para que lo dejaran ir a buscar a Magheq. Pero nada servía, VIII le saco de los alborotadores mintiendo que una mujer lo quería conocer así que le soltaron, Gin le agradeció a su hermano pero en efecto, un grupo de mujeres querían conocerlo, Gin amplio una sonrisa en sus labios besando el dorso de cada una y presentándose en una pequeña reverencia con cada uno —Todos ustedes son tan diferentes, pero se nota que la belleza es de familia —decía una de las mujeres, el albino tenía una sonrisa en sus labios afirmando lo que estaba diciendo —Se ve con prisa, Gintoki. ¿Está buscando a alguien? —el albino reacciono a la pregunta y giro a ver a las chicas con una sonrisa —. Si, busco a mi novio —las mujeres dejaron caer la boca de la sorpresa hasta el suelo y se sujetaron el rostro por la sorpresa. Gin dirigió una mano hacia la mejilla de una y le guiño un ojo para que no dijesen nada y lo diviso entrando hacia un balcón, amplio una sonrisa y se dirigió a este rápidamente.

Sus manos rodaron suavemente la tela de terciopelo y una gota de sudor bajo desde su frente hasta su nuca observando a Magheq delante de IX y su nueva víctima, rodo el rostro de un lado a otro observando la divertida del rubio y sus manos que pasaron alrededor del cuello del pelimorado –al ser más alto- logro bajar un poco la mirada hasta rozar su nariz con la oreja del ajeno —. Buenas noches, nueva señora de Sakata —susurro suavemente, esperando el golpe por parte del alquimista menor mientras le guiñaba un ojo a IX —. Cuanto tiempo, bastardo rubio —le saludo con una sonrisa —. Lo mismo digo, permanente imbécil —saludo con una sonrisa marcada en su rostro. Sus manos sujetaron más fuerte los hombros del menor mientras lo apegaba a su cuerpo con una sonrisa en sus labios —. Es de mala educación interrumpir las necesidades ajenas —le susurro al oído suavemente, mientras mordía este de la misma forma. Cuanto lo extrañaba. Cuanto lo necesitaba, ya habían pasado suficientes meses sin verlo, años sin sentirlo. Beso su mejilla y se separo con una sonrisa en sus labios.

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Mag-chan se ve tan lindo *-* DIOS! <333333





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Lun Nov 18, 2013 9:55 am

Estaba tan absorto en esa visión protagonizada por uno de sus hermanos que siquiera distinguió la presencia contraria hasta que no sintió como unos brazos le rodeaban, siquiera tuvo que mirar hacia atrás para saber de quién se trataba: Nadie, absolutamente ningún amigo de I sería capaz de rozarle siquiera. Todos mantenían oportuna distancia y de sus hermanos el único con ése descaro... A duras penas rodó la mirada para encontrarse con sus labios, unos que le susurraron algo que logró que su codo impactase contra el estomago del albino, lo que provocó la risa del rubio. El primer contacto en años y se trataba de un golpe: Uno merecido, por supuesto. No fue demasiado rudo pues ahora lo que menos deseaba era que la figura que yacía adherida a su espalda se separase en demasía de la suya. Era un calor que creyó olvidar, uno que le envolvía y llenaba de lo que creía perder durante la batalla: El juicio. Sin saberlo, ése imbécil se había vuelto una especie de salvavidas para su alma. No negaría que los enfados eran constantes cuando el albino abría la boca, pero a su vez sabía que su existencia carecería de sentido si no fuera por la presencia de aquel al que ya hacía tantos años conocía. Un nuevo susurro le sacó de su ensoñación temporal y esbozó un gesto que bañó la prepotencia. –IX disgrega amor por dónde va, sería imposible no irrumpirle de vez en cuando.- siguió con el juego de susurros, aunque era plenamente consciente que ése que tenía atrapado a otro chico estaría con la oreja metida a lo que entre ambos compartían y es que a pesar de que todo alquimista sabía de su relación pocos o nulos eran los gestos de cariño que se disgregaban en público, sin embargo y en esa ocasión el de cabellera morada se dejó al abrazo por parte de Gintoki. Demasiado. Demasiado tiempo sin poder disfrutar de uno. Empero la calma se vio irrumpida cuando éste le atrapó un oído, su cuerpo entero se sacudió en una ligera oleada de placer que logró que IX sonriera con cierta perversión. –Oh, Gin, debes ser un maestro.-

Una mirada por parte de quien proseguía junto al albino fue suficiente para que IX restase en silencio, aunque podía seguir sintiendo su atención puesta en ambos. Soltó un suspiro y le dedicó una última mirada a éste antes de girar entre los brazos foráneos, encarándose a ése que con el paso de los años proseguía sacándole un par de centímetros. Sonrió con burla, con ése gesto de prepotencia que solía siempre acompañarle, no mencionó nada. Su mano derecha se apoyó sobre el torso del otro y le empujó hacia las cortinas, siguiéndole de cerca al estar envuelto en los brazos de éste. Su siniestra fue en dirección a lo rojo de aquella gruesa tela y...: Fue rápido. Extremadamente rápido. Sacudió la misma en dirección a ambos y cuando la cortina aseguró buen recaudo a los amantes, su comisura buscó la del albino. Ladeó la cabeza y aposentó su carnosa extremidad sobre la adyacente en un beso que decía más de lo que sería capaz de expresar mediante palabras, fue suave pero a la vez dominante. Cómo si la escena hubiera estado milimetrada con exactitud, descendió poco a poco la posición y su comisura abandonó aquella tan anhelada cuando la cortina dejó de hacerles de muro para cualquiera que mirase hacia ellos. Gruesa tela volvió a su posición al tiempo que el alquimista abandonaba el beso que él mismo inició. Fue entonces cuando buscó su mirada, ahora sí era su turno de hablar. –Estás horrible.- mintió pero sabía que el ajeno captaría la dulzura en su dictamen.

Un suave suspiro hizo que mirase de reojo hacia atrás, encontrándose con uno de los más atractivos de los alquimistas con las manos bajo senderos poco oportunos debido al lugar dónde se hallaban. Seguramente aquello disgustaría a padre, después de todo aquella no se trataba de una mera reunión informal, se venían a cerrar tratos y a presentar en sociedad a los que, más pronto o más tarde erradicarían lo oscuro que bañaba el mundo, serían ellos quienes aniquilarían las sombras, pero a pesar de ello...: Bueno, IX siempre iluminaba a las descarriadas almas solitarias. Por su parte, enervó ambos brazos y a duras penas se aferró a las ropas contrarias, sin llegar a abrazarle por la vergüenza que aquello le provocaría, pero tampoco permitiéndole el marcharse. No ahora que le tenía tan cercano. Iba a hablar de nuevo cuando se vio irrumpido por alguien que anteriormente ya pudo divisar junto al rubio, éste se abrió paso a la escena con una sonrisa y una copa en la mano, plenamente encantado. –¡Gin!- le saludó animado y se dirigió hacia ambos, ganándose un gruñido por parte del menor de todos los que padre había procurado. –¿No está tu prometida? Quisiera conocerla.- aquello logró que un tic en la ceja del espadachín se formase y que de manera audible, el que estaba con las manos perdidas en las ropas de un joven estallase en risas. Alguien iba a morir esa noche.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Lun Nov 18, 2013 12:38 pm

Cerro sus ojos al sentir el golpe del ajeno; sus labios se abrieron y soltó un ligero gruñido de sus labios, no fue de dolor; pero tampoco estaba tan complacido con ese golpe, un ligero mohín se postro en sus labios; mientras miraba con diversión el perfil del rostro de su amante, y giraba a ver a IX y su juguete nocturno de vez en cuando. No pudo evitar reír, ciertamente ninguno de los presentes había cambiado absolutamente nada ¿Cuánto había pasado?, más de 200 años sin verlos; o tal vez sin hablar directamente con ellos, y seguían iguales; idénticos. Ladeo suavemente la cabeza chocando su mirada con la del rubio mayor —. Aprendí, de la puta más puta de todo el mundo —le dijo con burla. El mayor soltó una gran carcajada de sus labios y de igual forma ladeo una sonrisa en sus labios mostrándose entre arrogante y superior —Ya veo, te enseñe bien perra —le dijo con diversión, Gin le guiño un ojo y los dos guardaron silencio durante un pequeño rato, el albino soltó una ligera carcajada de sus labios, uno que se atoraba en su garganta desde mucho tiempo, pero ahora no quería eso; quería besar los labios de su amante, poder disfrutar de un sabor que hace tiempo no lo sentía. Dirigió suavemente sus manos al cuello ajeno suaves, mostrando tranquilidad.

Levanto una ceja, más sin embargo, leyó las acciones del pelimorado con solo observarlo a los ojos. Sus piernas rodaron hacia atrás y su mano tomo las finas telas de aquella cortina y las levanto haciendo que todas cubrieran lentamente el cuerpo de ambos, su rostro se bajo y sus manos delinearon el cuerpo del ajeno hasta sujetaron con fuerza en sus cinturas; sus labios se abrieron y una sonrisa se marco en su rostro mostrándose satisfecho con la acción del menor. La cortina descendió y maldijo una y otra vez cuando la comisura de sus labios desapareció totalmente, abrió suavemente sus labios chocando con el aliento del menor e inhalo completamente su olor, su mano se levanto en dirección a las mejillas del menor y delineo suavemente su mano por la comisura de los labios del ajeno y luego hasta sus mejillas, jalándola por lo que había dicho —. Que cruel eres… —menciono haciendo un pequeño e inocente mohín en sus mejillas, para luego reír suavemente y agacharse hasta la altura de la oreja del menor —. Tú, estas tan provocativo… que me encantaría hacerte el amor una y otra vez en la mesa del ponche donde todos nos vean —le dijo pervertidamente, separándose del chico y subiendo su mano hasta la cabeza del ajeno y desordenándola, ese desgraciado ni siquiera, tendría la necesidad de peinarse, su cabello… se arreglaba solo.

Descendió su mano hasta la cadera del pelimorado dejándola en aquel lugar, sujetando con firmeza el cuerpo del ajeno; un silencio estaba presente entre ambos, pero era suficiente para que los dos sintieran la paz de estar cerca del otro; bajo suavemente su rostro rozando sus labios con los del ajeno en una expresión de diversión y la volvió a levantar guiñándole un ojo padre, les iba a colocar a trabajar toda la noche pero no era nada malo fingir de vez en cuando alguna que otra situaciones con diversión; se tenso y giro suavemente el rostro hacia uno de aquellos sujetos con los que había hablado antes; giro suavemente el rostro hacia un lado mirando a Mag con una sonrisa en sus labios —Realmente quede asombrado con tu descripción; pero es toda una belleza si la describes de aquella forma —dijo el hombre, Gin amplio suavemente una sonrisa en sus labios y dirigió una de sus manos desocupada a su nuca —. Bueno… todavía no ha llegado, porque el buque donde venia se atraso; más sin embargo, uno de mis sirvientes le está esperando en el puerto —amplio una pequeña sonrisa y el hombre se vio bastante decepcionado, pero igual le dedico una sonrisa y palmeo varias veces los hombros del albino y desapareció antes de entrar al balcón donde se encontraba IX. El albino dejo salir un suspiro de sus labios y miro con un poco de diversión a Mag que estaba realmente callado —. Mag-chan… ¿estas bien? —pregunto suavemente, y luego abrió sus labios —. Que… vamos a hablar hipotéticamente… ¿Qué pasaría si hipotéticamente te nombre como mi prometida? ¿Qué pasa si hipotéticamente padre, no interfirió en mi pequeña diversión? ¿Qué pasa si hipotéticamente todos los presentes te quieran conocer? ¿Qué pasa si hipotéticamente te tengas que disfrazar de mujer? —trago seco, seguramente se iba a esperar un gran NO, por parte del pelimorado y claro, le iba a matar.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Lun Nov 18, 2013 3:27 pm

Quiso responder al descarado comentario sexual de su compañero pero antes de ello ya estaba con un esporádico tic haciéndose hueco en su ceja al escuchar las palabras de ése hombre que, pese a que no conocía de nada, ya deseaba verle envuelto en llamas. Tragó saliva burdamente para intentar proclamarse calma a sí mismo, a padre no le gustaría que fueran acabando con sus invitados y si la fiesta se iniciaba así, posiblemente repercutiría en problemas. Así que hizo amago de calma y sonrió falsamente a ése hombre que entornó conversación con Gintoki, al mismo que le clavó la mirada en busca de respuestas, unas que no tardaron en llegar y que por supuesto, n eran las deseadas, ni mucho menos. –Gintoki...- pareció sereno al hablar pero la tensión podía palparse en su rostro, poco a poco su tez se tornó aquella maquiavélica utilizada únicamente cuando blandía espada y a pesar de ser más pequeño en comparación de cuerpos agarró al otro por el cuello de la camisa con esa brusquedad acostumbrada ya que se diera entre ambos, clavándole la mirada. –Tú y I estáis muertos si creéis que me disfrazaré de mujer.- no, por ahí no pasaría. Soltó al contrario pero aún podía leerse en su mirada que aquello le tenía molesto, verdaderamente molesto. –Puedes fingir ser hetero si gustas.- se bastó con mover la cabeza hacia el interior de la sala bulliciosa y llena de verdaderas bellezas, todas ellas mujeres. –Pero no me metas en tú juego.- y parecía ser que el re-encuentro romántico terminaría así con esas palabras y el enfado del casi alquimista a flor de piel. Siempre se había preguntado si el albino no prefería la exuberancia de dos pechos, el perfume a dama. Ciertamente y a pesar de los años compartidos a su lado era incapaz de saber si una mujer podía llegar a gustarle, si él era mero plato en esperas del postre final.

Una mirada de odio finalizó con todo. Se giró sobre sus talones y se internó en el salón, dónde la gente parecía realmente entretenida, dónde el baile se daba en el centro y dónde, por supuesto, I estaba de lo más entretenido presentando a los que estaban por la sala, quizás fue por ello que el brazo del mismo le rodeó de un momento a otro y sin esperárselo y lo atrajo a su lado diestro. –Magheq.- le presentó sin más. Frente a él habían dos muchachas de edades similares a la suya y un hombre que rondaría los treinta. Suspiró amargamente antes de posicionarse cómo era debido en el costado de su padre, no mencionó palabra pero éste estalló en una risa claramente paternal. –Es bastante seco.- guiñó el ojo a una de las chicas que parecían reparar especial atención en él e incluso se ruborizó cuando el alquimista levantó cabeza y la observó con gesto dubitativo. –Es, junto a Gintoki quién mejor utiliza la espada.- presumió de hijos como solía, lo que consiguió un profundo y exagerado suspiro por parte de esas chicas. ¿Realmente los hombres debían rendirse a los pies de aquellas? ¿Qué demonios les veían? Quizás fuera que desde su nacimiento únicamente se codeó con hombres de valía y las pocas muchachas con las que cruzó palabra eran sirvientas entradas en años pero la función de la mujer, a su parecer, se limitaba en poder parir.

-U-un placer, Magheq...- la tartamudeante voz femenina hizo que deslizase su atención hacia esa chica de pelo morocho y ojos claros que le observaba con una sonrisa tímida. –¡Sácala a bailar, Mag!- padre le empujó ligeramente hacia esta: Realmente divertido. Sin dudas, ése que le había criado estaba pendiente de las reacciones que tenía su hijo, el niño que él había criado con esmero y por supuesto, estaba totalmente enterado de sus sentimientos por Gintoki empero siempre conseguía enfadarle de un nuevo modo. Intentó recomponerse al empujón sin perder la elegancia en sus gestos y su codo derecho se pegó a su propio diafragma mientras hacia una reverencia, su otra mano se dobló hacia atrás. La mujer pareció perder el aire cuando el alquimista se le ofreció de aquel modo, pero asintió con un delicado movimiento de cabeza. Su mano pronto abarcó la cintura de la mujer y la otra la mano ofrecida posteriormente por ella, la atrajo hacia sí con brusquedad a lo que padre torció el gesto en una muy sinuosa sonrisa que no tardó en dirigir hacia la pareja de su primogénito, observándole con verdadero deleite y diversión.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Lun Nov 18, 2013 3:51 pm

Balbuceo totalmente molesto al momento de escucharlo y al ver como se iba Y vamos de nuevo, Gintoki, se regaño mentalmente moviendo su rostro de un lado a otro ignorando estos mismos y caminando con paso decidido hacia la mesa donde servían el ponche y algunos dulces y tonterías antes de la comida, se postro alado de la mesa sirviéndose una copa de vino y abriendo las pequeñas envolturas de chocolate que contenían licor dentro, mordiéndolas y saboreando aquel sabor que bajaba por su garganta haciendo alusión a su perfecta sintonía, escuchaba las baladas cantadas por la banda y los instrumentos moverse al compás de los pasos de los bailarines; su mirada se postro en el cuerpo de Magheq bailando con una mujer y apoyo su cuerpo de nuevo contra la mesa viendo con recelo aquel baile, lanzo un suspiro y movió su rostro de un lado a otro Idiota se repitió el mismo Soy todo un idiota… aspiro y giro sus talones caminando hasta las escaleras con molestia —Gintoki-sama, la fiesta no ha terminado ¿le sucede algo? —pregunto Marcelo con sorpresa, Gin le mando una mirada que le dejo helado donde estaba e hizo automáticamente una reverencia —. Iré a mi habitación; no estoy bien que digamos —mintió, sujetando su estomago, la palidez de su cuerpo y su cabello de alguna forma le dio plazo a decir aquello que quería, comenzó a subir las escaleras con molestia —. Le avisare al señor; espero que tenga buenas noches —dijo afianzando una pequeña sonrisa en sus labios. Vio perder a Marcelo entre las personas y hablando con I, ladeo suavemente su cabeza y sus piernas llegaron a la punta de las escaleras —. ¿Fingir que soy Hetero?, tonterías… solo no quiero que padre, pierda sus negocios… tonto —susurro suavemente.

Si nunca hubiese querido que las personas se enterasen de sus gustos sexuales, nunca le hubiese dado a luz que estaba enamorado de él. Dirigió una mano a su cabello y comenzó a desordenarse este y a rascar su nuca con molestia. Escucho una risa en una de las habitaciones y giro suavemente su rostro los invitados se iban a quedar esa noche; y según tenía entendido muchos estaban cerca con las habitaciones. La puerta se abrió y Gin pudo notar a un par de mujeres que salían de la habitación y saltaron por la sorpresa —. Oh… lo sentimos muchos, eh… —las chicas se miraron nerviosas, Gintoki amplio una pequeña sonrisa en sus labios —. No tiene importancia, están en su casa… Gintoki —se presento, las chicas parecieron sorprenderse y rieron un poco —Un placer conocerlo, Gintoki. Marsella y ella es Marianne —las dos hicieron una reverencia y Gin levanto una mano para saludar y despedirse — ¿Gintoki-sama?; se dirige a alguna parte —el albino asintió con flojera —. Iré a dormir —menciono de mala gana.

Odiaba las fiestas formales, y eso incluía todas las personas que asistían a ellas, se presento con todos y muchos saben su nombre no era necesario otra cosa más ¿o sí?; no… no lo era. Dirigió una mano a sus labios cubriendo un bostezo que salió de este y se pego contra una de las puertas de las habitaciones y su cuerpo se fue hacia atrás cuando esta se abrió y golpeo su cabeza con el suelo, el albino cerro sus ojos por el dolor y se dedico a inhalar el olor de la habitación Esta fragancia… se levanto y recorrió con la mirada la habitación —. ¿Magheq? —susurro con sorpresa, cerró la puerta tras si, y quito sus zapatos ubicándolos a un costado de la cama caminando por toda esta, noto su espada al borde del espejo y amplio una pequeña sonrisa en sus labios, camino hasta el balcón notando la luna iluminando aquella habitación y se dirigió a la cama tirándose en esta y aspirando el olor que portaba la almohada —. Magheq… —susurro suavemente cerrando sus ojos y quedándose dormido aspirando aquel olor que portaba su almohada.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Lun Nov 18, 2013 5:57 pm

Estaba seguro que aquello estaba divirtiendo a padre, podía saberlo, intuirlo. De vez en cuando dirigía su mirada cargada en odio hacia éste, quién meramente le sonreía con soltura, cómo si las miradas de tremendo odio no fuera consigo, como si estuviera disfrutando de los pasos de baile tan bien mecanizados y realizados por aquel hijo suyo: A fin de cuentas, quién le enseñó a bailar no había sido otro que él mismo, por consiguiente el orgullo se enmarcó en un gesto que siempre parecía estar dispuesto a sonreír. La dama que mantenía asiada contra sí parecía encantada y se dejaba llevar sin oponerse a ningún paso giro u acción, facilitándole gratamente aquella tarea que en absoluto estaba disfrutando, pronto la pieza terminó y fue un elegante chico de ropas distinguidas quién pidió la mano de la dama y a pesar de las suplicantes miradas de aquella no hizo ningún ademán de desear retenerla junto a él, por ello aquel otro se la llevó, envolviéndola en un nuevo baile. Al observar hacia I este aplaudió en su dirección con cierto gesto burlón, empero aquel gesto divertido pareció difuminarse del semblante de padre cuando se aproximó uno de los criados y le susurró un par de palabras, estos compartieron un par de monosilábicos y vio como I suspiraba a la par que negaba con la cabeza. Oh, parecía que sus planes habían sido derrocados por algo... O alguien. No parecía alterado pero quizás si desilusionado por lo que intuyó que tenía que ver con... miró hacia atrás y evidentemente, el albino no se encontraba en el balcón, seguía IX con su estimada víctima aumentando el calor del lugar por momentos, sin embargo ahí estaba, entretenido.

Para él, la fiesta había terminado en ése momento. No estaba de humor desde lo acontecido con V y desde luego, I sabía que no debía jugársela de más si su mejor espadachín estaba con ése humor, por consiguiente dejó que el menor de sus joyas marchase rumbo a su habitación. Chasqueó la lengua con fastidio y tras subir las escaleras su cuerpo se introdujo en uno de aquellos interminables y vacíos pasillos, enervó su diestra y se aflojó con lentitud el nudo de la corbata con clara intención de quitarse aquella apretada ropa antes de estirarse en la suavidad de su cama, pero unas risitas femeninas le hicieron entrecerrar la mirada y observar con fastidio la zona que quedaba justo delante y ahí estaban. Ambas parecían sonrojadas mientras cuchicheaban, ¿Hablaban de Gin? Aquello hizo que torciera los labios pero no que impidiese su avance rumbo al cuarto. –¡Mag!- una de ellas fue la que le saludó de manera tan... Oh, sí, la conocía. Suspiró e intentó suavizar el rostro, aunque en ningún momento hizo ademán de desear sonreír. Le dedicó una mirada dubitativa a lo que la otra compartió un gesto con su amiga antes de proseguir. –Alguien se metió en tu cuarto.- aseguró, alzando incluso un dedo para dar énfasis a sus palabras. Bien, si sabían su localización era simple y sencillamente por que habían varios invitados que, cómo él, portaban ya días en aquel lugar. No tenía que pensar demasiado para saber de quién se trataba. Asintió vagamente. –Gracias.- y tras una estirada reverencia se dirigió hacia el lugar con paso más acelerado.

Abrió la puerta con sigilo y al hacerlo, ahí se lo encontró. Envuelto en sus sábanas, tirado de cualquier mirada y aún vestido sobre su cama. Cerró la puerta tras de sí y se apoyó sobre la puerta sin dejar de contemplar al que parecía dormir mientras le mencionaba, encantado con la escena presenciada y es que el cuerpo de Gintoki era algo que siempre, desde su adolescencia admiró. –¿Duermes?- esperó algún tipo de respuesta pero, inquieto, anhelante, antes siquiera que éste pudiera reaccionar en caso de estar verdaderamente despierto guió sus pasos hacia el lecho que acogía de buena gana al alquimista. Apoyó una rodilla en la cama y su cuerpo se hizo hacia delante, cómo si quisiera acortar las distancias pero sin llegar a hacerlo del todo. A fin de cuentas, seguía enfadado con ése que se había atrevido a insinuarle que se disfrazase de mujer. -Gintoki.- habló serio. Cortante. Si padre estaba en el ajo, se aseguraría de darle espectáculo a aquella fiesta. Palmeó el rostro ajeno para procurar despertarle. -Vamos.- parecía tan inquieto como nervioso pero no por ello se desistió en despertar al contrario.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Lun Nov 18, 2013 6:21 pm

Aspiro un poco más de aquel aire melancólico que estaba admirado en la ropa del menor. Sus manos estaban apretando la tela suave de la almohada y su nariz estaba percibiendo el olor del ajeno con anhelo. Se preguntaba ¿Qué estaría haciendo en esos momentos? Seguramente seguiría bailando; si… Exhalo con molestia y dirigió una mirada al techo abrazando la almohada contra su cara, mirando el techo con molestia y luego volteo a ver a la ventana mirando esta y a la luna que se observaba con firmeza. Se levanto suavemente y camino hasta el balcón abriéndolo y saliendo; hacia afuera inhalando el olor del cielo ¿Va a llover?, recordó las noticias que había escuchado la noche anterior; era natural de Londres, una lluvia o tal vez algo torrencial; ¿Qué serviría para esos momentos? Muchos nuevos inquilinos se quedarían esa noche y podrían irse a la mañana siguiente; como la mayoría, otros –como él- se quedarían más tiempo; a lo mucho unas semanas más. Aunque Gin tendría que regresar al trabajo, vivir un poco más de tiempo con sus hermanos eso le faltaba.

El viento movió las ramas de los arboles, y ladeo suavemente su rostro hacia abajo viendo una persona caminar con tranquilad por afuera ¿Eh? ¿Un invitado?, trato de agudizar la vista; pero se perdió entre los árboles, movió su rostro de un lado a otro; ignorando aquella sombra y regresando a la cama de su hermano y amante, sus ojos volvieron a ver el techo y se sentó mirando la habitación por completo; ¿debía dormir en esos momentos? O tal vez regresar a los brazos de morfeo como en la tarde; no sería mala idea pero tampoco era lo que estaba pensando en esos momentos; era una molestia que estaba en su estomago y subía hasta su garganta, una voz resonó en su cabeza y su piel se erizo completamente fantasmas, muertos; todo ese tipo de situaciones le colocaban la piel de gallina y junto a la piel de gallina ciertamente aquella muestra de inmadurez que tanto lo caracterizaba.

Ladeo suavemente el rostro al sentir unos pasos acercándose; amplio una pequeña sonrisa en sus labios y cerro sus ojos abrazando la almohada con sus manos, escuchando su primer murmullo, ¿Por qué se había regresado a la habitación? Que pregunta estúpida; por parte de un genio matemático, no contesto nada; no era necesario. Magheq no iba a esperar que lo hiciese, lo conocía demasiado bien para ese tipo de situaciones; deslizo su mano con tranquilidad acomodándose mejor en la cama para fingir aquel sueño que estaba saliendo de su cuerpo; tal vez, no quería pasar la noche solo… no entendía porque padre, no los coloco en una habitación juntos; después de todo… ya ellos lo sabían.

Apretó un poco los parpados, con molestia. Estiro una de sus manos quitando la que estaba acurrucando la suya, y deslizo la otra por el cuerpo del ajeno atrayéndolo hacia sí. Sus movimientos fueron suaves pero rápidos, sus piernas se movieron con agilidad enredando las piernas del ajeno y colocándolo bajo su cuerpo, sus ojos seguían cerrados pero sus manos lograron acorralar el cuerpo del ajeno, lentamente abrió sus ojos, suavemente con el iris pequeño delineando el rostro de aquel hombre quien dormía en el cuarto donde se encontraba en esos momentos —. Dormía —le contesto. Estiro su cuerpo un poco hacia arriba tronando este con molestia y sentándose en el abdomen del ajeno, sin colocar completamente su peso en este; pero si se mostraba que estaba sentado; dirigió una mano a sus labios y permaneció un momento en silencio —. ¿A dónde voy a ir?, no me siento bien —mintió, bajando su cuerpo contra el ajeno y pegando su frente en la almohada que seguía abajo, inhalando el olor de Magheq el cual estaba impregnado en sus piezas de tela; en la almohada y sin duda en su cuerpo, ladeo su rostro y se acurruco en el cuerpo del chico, manteniendo los ojos cerrados.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Lun Nov 18, 2013 6:43 pm

Aunque hubiera podido escapar debido a la suavidad de los gestos realizados por su contraparte, prefirió dejarse a los mismos, dejarse atraer por la fuerza de su hermano y caer contra esa cama en la que hasta ahora éste parecía dormir. Así fue cómo terminó bajo el cuerpo de quién le acompañaba, mirando hacia arriba para encontrarse con el gesto adyacente, no parecía estar diciendo la verdad pero aquello era poco trascendente para lo que iban a ejecutar. Hizo un mohín con los labios cuando el ajeno se tomó la libertad de tomar posición sobre su vientre, mirándole aún estirado. –No estoy para bromas, V.- y su tono de voz venía a decirle que, aunque estaba ahí con él y le había permitido acorralarle, realmente proseguía enfadado. –Abajo.- masculló, apoyando las manos sobre los hombros del otro adulto con la clara intención de apartarle. Sí. Irían a bajo y... ¿No esperaban a la pareja de Sakata? Pues la conocerían. El pensamiento turbó ligeramente su mirada pero para cuando la centró, algo, una luz proveniente del abierto balcón logró que su decisión se desplomase y que lo que antes intentaba alejarle ahora buscase arrimarse más a él.

No pasaron tres segundos tras esa potente luz que un fuerte trueno pareció dispuesto a desear arrancar las paredes que les protegían del futuro torrencial. Ya le habían alertado que aquella noche se desataría fuerte tormenta pero al no esperarse el primer trueno, su decisión de ir a por el resto menguó. Y ahí estaba, cómo un niño buscando el apoyo en los brazos ajenos. Si el mayor tenía miedo a todo lo paranormal, él era más de ciencia, matemáticas... por consiguiente lo que a él le expiraba temor eran cosas cómo aquellas, como las tormentas. Aunque el único conocedor de su pavor era justamente ése que ahora abrazaba de manera ciertamente posesiva.

Nunca habían hablado sobre el tema, quizás Gintoki se diera cuenta de que él mismo evitaba que mencionase nada al respecto, tal vez simplemente no se había dado cuenta. Tomó aire desde la boca y se escapó de los mismos un severo jadeo a pesar de estar correctamente posicionado, a pesar de saberse a salvo. No se podía permitir aquello. No frente a él. Siendo más bien brusco le apartó: De tenerle abrazado a hacerle lejos de su cuerpo. Le miró con un fuerte rubor en la cara, ése que solo aparecía en contadas ocasiones o cuando se acostaban y le miró con ira, aunque lo que estaba intentando disimular era el temblor del que su cuerpo estaba siendo participe. Miró hacia otro lado, evadiendo aquella mirada que solía leerle de manera eficaz. –Con Padre, vamos con él.- procuró sonar convencido, serio, taciturno. Pero el segundo relámpago entró en escena y el tembloroso cuerpo de IV buscó al otro en callado abrazo. –... Quizás más tarde.- jamás admitiría su pavor. Jamás.






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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Lun Nov 18, 2013 7:08 pm

Río un poco al escucharlo hablar, más sin embargo, no se aparto de él. Se aferro más al cuerpo ajeno e intento no levantarse por la fuerza del contrario. Le gustaba estar abajo y sentir la firme piel y el olor que desprendía el menor, le gustaba sentir como su respiración se acoplaba con la ajena; pero la fuerza del ajeno le hizo alejarse y marco un punchero con sus labios; haciendo un mohín de molestia mostrándose enojado por la repentina acción del ajeno. Sabía que seguía molesto, pero no era para tanto; solo le estaba describiendo como lo vería de mujer ¿se enojo por eso? Ni que fuese la gran cosa; si estuviese enamorado de las mujeres nunca hubiese salido con él, suspiro y apoyo sus manos en la parte de atrás de su cuerpo pero sin bajarse observándolo con cautela —. O-b-l-í-g-a-m-e —deletreo suavemente con sus labios dedicándole una sonrisa de medio lado y una risa que salió libre de sus labios con solo observarlo. Parpadeo un par de veces y ladeo el rostro con vagancia hacia un lado de su cara mirando con indiferencia el cielo que había sido iluminado completamente. La habitación resonó dentro y un suspiro salió de sus labios Lluvia, pensó, ampliando una pequeña sonrisa en sus labios.

Bajo la mirada y sus ojos se abrieron completamente, pero luego una pequeña y dulce sonrisa se marco en sus labios, sus manos se separaron de su postura y pasaron delicadamente por el cuerpo del ajeno abrazándolo en un protector abrazo. Sus manos apretaron su espalda en lo que el rayo iluminaba completamente la habitación, no menciono nada; no era necesario. No era estúpido, pero tampoco quería hacerlo enojar más Tal vez, en otra ocasión; pensó, bajando la mirada y observando el cabello ajeno, comenzó a peinarle lentamente y a que sus manos se enredaran en él cabello del menor. Ahora dirigió una mirada a la ventana y la observo con cautela, observando las gotas de lluvia que comenzaban a entrar al cuarto y como la ventana comenzó a moverse por el fuerte viento que entro a la habitación, no debió abrir el balcón; pero no resistió la tentación.

. ¿Por qué? —pregunto, se deslizo del cuerpo del ajeno y camino para cerrar la ventana con su pierna haciendo que resonase aquel sonido en toda la habitación; camino hasta la cama con sus manos en los bolsillos y se sentó a un costado de la cama agachando su cuerpo contra el ajeno que temblaba, cerro sus ojos y le beso. No era un beso como los que solía darle, aquel beso se movió suavemente; un suave y beso casto; como el primer beso que se dieron cuando se confesaron; como el primer beso que se dieron cuando eran jóvenes, cuando eran solo niños; para quitar el terror río, cuando se separo y abrió sus labios —Aquello que limpia lo que no nos gusta, ¿siempre regresara por otro?, ¿Correcto? —deletreo suavemente aquellas palabras, riendo porque aquellas palabras de padre, nunca pensó pronunciarlas. Delineo su mano por el rostro del pelimorado e inhalo su olor —. Nunca hubiese deseado que cambiases de sexo… Te amo, porque eres Magheq. Aunque pensándolo bien un par de melones nunca vendrían mal; pero no puedes desear algo que no tienes —sin duda Gintoki era un idiota; pero ese idiota amaba demasiado a ese pelimorado.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Lun Nov 18, 2013 7:33 pm

La alerta bañó su semblante cuando el ajeno se enderezó y rompió lo protector de aquel abrazo, de manera inmediata el suyo pareció hacer sombra a Gintoki y se alzó pero tal era el temblor que se vio obligado a quedar sentado sobre el lecho en espera de quién, tras asegurar la ventana volvió su andar en dirección a la cama, le permitió sentarse y... un beso que movió antiguos recuerdos hizo mella entre ambos. Fueron movimientos tan lentos como suaves. No dudó en responder, sin quejas, sin malos gestos. Sus labios, ya acostumbrados a esos otros no tardaron en acoplarse perfectamente a todo movimiento. Al apartarse de su comisura aprovechó para acortar distancias, su cuerpo aún estaba trémulo debido a lo que fuera de la habitación acontecía por lo que se limitó a sentarse sobre las piernas de aquel que portaba aquellas extrañas ropas que le daban un aire de más adulto, de más maduro. Fue curioso cómo una confesión de índole tan romántica terminó por ser arruinada con el comentario final. Pero era Sakata después de todo. –Pues ve a por melones.- y él era Magheq. Dos entidades totalmente opuestas que se atraían de un modo enfermizo. Por su parte... era consciente que no podía vivir sin la existencia del otro, era el motor que daba fuerza a sus días, aunque no se lo dijera.

Otro trueno. Su movimiento fue ágil, cómo el de un felino que salta certero hacia la presa ya visualizada. Sus brazos rodearon el cuerpo del albino por debajo de las axilas y se pegó a su torso sin preámbulos de ningún tipo, le gruñó a pesar de que había sido él mismo quién consumió las distancias. –Para... presentarnos como pareja.- ¿Cuántos años llevarían ya juntos? Quería que todas esas que posaban la mirada en el albino supieran que estaba verdaderamente... ¿Comprometido? La idea se le presentó vergonzosa pero no del todo descabellada. Quería una vida a su lado, como ahora. Solos. Pero la condición de ambos posiblemente les llevase a otros senderos, quizás, a los brazos de otras personas. El pensamiento logró que se afanase más en el abrazo. No. Era suyo. Ya no existía enfado, la molestia era palpable en el peli morado no obstante de haber estado verdaderamente molesto el cuerpo contrario luciría sendas marcas amoratadas de la pasión del menor de ambos. Pero esta vez todo apuntaba que el abrazo se había vuelto medicina, la cura necesaria para el mal de ambos. –Sakata.- su voz sonó impersonal, cómo si estuviera comentando el tiempo. Lo trémulo de su cuerpo aumentó a pesar de que ningún rayo surcó el cielo en ése momento, su rostro se apartó lo menester de la camisa ajena para capturar esa mirada que parecía trasmitir las llamas del mismo infierno mediante cristalina ventana. –Cásate conmigo.- lo soltó sin más, de golpe, con su mirada fija en aquella otra y con la propia intentando proclamar calma a pesar de sentir cómo los latidos iban en aumento. Para él. No quería que nadie más le tocase. Enervó su mano derecha, una que aún temblaba y se apartó de la cara algún que otro mechón que le caía de manera desordenada y fue el momento en el que se rompió el contacto visual, nudo en la garganta se formó, imposibilitándole el seguir hablando. ¿Por qué? ¿Por qué se lo imaginaba una y otra vez en brazos de otro?

No era cariñoso, no hacía jamás muestras de afecto en publico pero a pesar de ello... -Te amo.- ... y no dudaba de ello. Permaneció con la mano cubriéndole la cara, con el rostro cabizbajo para rehuir de quién, creía, se burlaría de aquella estúpidez. ¡Dos hombres! Seguramente nadie rendiría favores a la familia si se enteraban de ello, Padre quizás desaprobaría la unión e incluso sus hermanos les mirarían raro, pero a pesar de todo aquello la necesidad de saberle suyo creía en cada misión, cada año que pasaban separados era motivo de tortura. De una tortura que no menguaba hasta que, cómo ahora, ambos entraban en contacto.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Lun Nov 18, 2013 8:00 pm

Elevo su rostro y soltó una gran carcajada por el comentario del pelimorado. Lo conocía perfectamente para saber que le contestaría aquello. Movió su rostro de un lado a otro negando aquella idea y levantando sus manos para moverlas como si estuviese apretando algunas. No le pareció para nada aquello y volvió a reír, pero esta vez para sus adentros mirando al ajeno y su expresión, le amaba. Le amaba demasiado para dejarle ir por sus estúpidos comentarios. Inhalo un poco del aire que quedo dentro de la habitación observándolo con una sonrisa en sus labios, con aquella mueca de dulzura que le caracterizaba; la pequeña sonrisa resplandeciente en su rostro y su mirada indiferente; era tan malo mostrando sentimientos con el rostro que la única salida que tenia era decirlo con sus labios y aspirar profundamente todo lo que sentía abiertamente y luego dañarlo todo con una estúpida broma que solía dañar todo lo que se encontraba a su alrededor; pero… así era él no; y de alguna manera muchas personas comenzaron a acostumbrarse a su forma de ser. Actuaba idiota en muchas ocasiones, y en otras podría actuar realmente maduro, pero… ¿Es lo que realmente querría para mi vida?

Abrió sin pena sus manos y le acoplo en su cuerpo; apretando el abraza con dulzura y firmeza, sus manos apretaban el cuerpo ajeno y jugaban con los cabellos del pelimorado. Bajo la mirada para besarle en la cabeza escuchando como los truenos sacudían la casa; aferrándose más al abrazo, no le temía a los truenos; más sin embargo, temía perder a lo que estaba entre sus manos. La perdida más grande que un hombre tiene es aquello que más aprecia; aunque al principio no lo apreciaba cuando se vio a punto de perderlo no pudo evitar volver a sujetarlo con sus manos; no quería hacer el mismo error. No quería que los errores de sus padres se viesen reflejado en él. Vender el amor que le tenían a alguien por otra cosa nunca sería algo que él hubiese hecho; estrecho más el abrazo —. Si… vamos a presentarnos como pareja —afirmo con una sonrisa —, he estado esperando por esto… hace mucho tiempo —solo suyo, completamente suyo y de nadie más. Magheq era lo que le hacía seguir adelante, a parte de su padre y sus hermanos; si no fuese por I nunca le hubiese conocido… si no fuese por uno Gracias, pensó con una sonrisa en sus labios. Levanto una ceja al escuchar su nombre y bajo la mirada hasta los ojos de aquel que le hablaba, amplio una pequeña sonrisa en sus labios —. Si, Kahlfuss —susurro suavemente, dejándose llevar por aquellas palabras del ajeno, sus ojos adquirieron una vida que no adquirían desde hace muchos años atrás, aquellos brillantes ojos rojos se abrieron a más no poder y sus labios adquirieron una forma de una perfecta “O”, palpo la cama y luego comenzó a palpar el cuerpo del ajeno como si estuviese soñando. Imposible… aquel no podría estar diciendo aquello.

Mordió su labio y giro automáticamente su rostro hacia un lado cubriéndolo con una de sus manos. El sonrojo llegaba hasta sus orejas y su corazón estaba latiendo rápidamente, no podría decir nada, la voz se había secado y sentía que su mente estaba divagando en muchas cosas y su cabeza le estaba doliendo. El corazón le bombeaba a 1000 por hora; nunca en su más larga vida que había tenido sentía que el corazón quisiese salir de su cuerpo y diera una gran vuelta por todo el imperio. Abrió sus labios, sentía sus mejillas arder a más no poder —. Yo… yo también te amo. No sabes… —su voz se corto y lanzo al ajeno a la cama abrazándolo por su espalda, su peso se pego en el contrario mientras cerraba sus ojos. Solo podría sentir su corazón latir rápidamente —. Mierda… —maldijo mentalmente, en latín y en todos los idiomas que conocía, era la primera vez que alguien, le había dejado sin palabras. Sakata Gintoki, había perdido en una discusión. Se aferro más al abrazo ajeno y oculto su rostro en el ajeno —si… —dijo tan bajito, que incluso XI sería capaz de escuchar con los buenos oídos que tendría.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Lun Nov 18, 2013 8:28 pm

¿Qué...? La confusión le invadió cuando el otro, preso quizás de la sorpresa empezó a palpar tanto la cama cómo su cuerpo, consiguiendo que su nerviosismo de nuevo estuviera latente al imaginarse una negativa por parte del ajeno a la pregunta que había conferido en último lugar. Le escuchó hablar entre un tartamudeo suave, cómo si... pero antes de poder reaccionar su cuerpo se vio sorpresivamente retenido contra la cama y el peso ajeno, consiguiendo que la sorpresa se hiciera espacio en su expresión. Si bien tenía el rostro completamente enrojecido ahora sin duda podría confundirse con las mismas llamas del inframundo. Se quedó quieto, paralizado bajo el abrazo que el mayor de ambos ejercía entorno su cuerpo, incapaz de respirar a duras penas. Sakata Gintoki... primera vez que parecía quedarse sin habla. Sonrió a pesar de su propio nerviosismo, a pesar del miedo que arrastraba consigo la tormenta. Sus brazos, temblorosos por la llegada de aquellos relámpagos se aferraron a la amplitud de la espalda de ése que le había dejado nuevamente contra la cama, abrazándole con el mismo deje de posesión que anteriormente, el nerviosismo fue creciendo: No había respuesta. ¿No quería...? Pero cuando la preocupación afloro, un fino hilo de voz impactó en su oído. Su cuerpo entero se estremeció: Ahora sí. Ahora era oficial. Estaban... comprometidos. Sin anillos, sin promesas ridículas de amarse hasta la eternidad. Simplemente con los sentimientos por delante y con una única palabra que marcaría destino desde ése mismo instante. Su corazón latía con fuerza acompasándose quizás al ritmo que traía el de su amante, sintiéndose incluso ahogar por la cantidad de emociones que cruzaban su cuerpo con ansiedad. Apretó algo más el abrazo con el que tenía rodeado al otro y arrimó su cara contra uno de esos hombros que hasta ahora siempre le habían mantenido firme.

Las sombras se alargaban en aquella habitación cuando la luminosidad de cada relámpago hacía mella en el cielo y a pesar de los ligeros temblores que sacudían su fisonomía, poco a poco se dejó guiar por la calidez del cuerpo al que se mantuvo cautivo y con pasividad buscó en callada tregua los labios de su ansiado premio. Jadeó contra su mejilla sin siquiera haber alcanzado su objetivo, pero es que el pavor acrecentó en él a pesar de saberse a salvo. Era un hombre ya hecho y derecho pero habían cosas que parecían no cambiar al paso de los inquebrantables años. Sus dedos buscaron el bajo de las ropas contrarias, alzándoselas para poder rozarle de manera directa la piel de la espalda y es que era sabido por ambos que lo único que le calmaba en noches tormentosas era el tacto de su piel, y así era de la única manera que dormía si el cielo estaba en guerra: Con Gintoki. Desde que tenía uso de razón utilizaba a su hermano como escudo, aunque al pasar de los años lo que precisaba era el ya conocido calor para saberse protegido. Poco tardó en encontrar por dónde poder introducir las manos y sin esperar por reacciones la alzó y su diestra fue la primera en entrar en contacto con la calidez de la parte baja de esa fina pero fuerte espalda, esa que se conocía como una extensión más de su cuerpo.

Su comisura por fin dio con lo anhelado y le besó con la misma castidad y suavidad que el otro le propicio al volver a la cama, intentando trasmitirle mucho más que el deseo que les arrastraba a mostrarse como animales en celo. No conocía aún lo referente a que los hombres empezaban a poder ser también padres, pero para con el otro jamás tuvo que usar protección y en ocasión tan especial tampoco se daría con un maldito plástico arruinando el pleno contacto. Deslizó esa mano que ya merodeaba por la piel ajena por su columna vertebral y al seguirla de manera sinuosa, le levantó parte del resto de las ropas, aunque por ahora no se las quitaría... Verle vestido así era un deleite y a su vez, manera distinta de iniciar lo que tal vez se tornaría vida en común. Aunque ahora nada importaba más que esa boca que parecía estar hecha para encajar con la perteneciente, sintiéndola, tal vez, más receptiva que otras veces, aunque quizás fuera su imaginación al estar tan sumamente nervioso por la petición que acababa de ser aprobada, una petición que les unía aún más.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Lun Nov 18, 2013 8:53 pm

Las frías manos del cuerpo ajeno cayeron como balde de agua en su piel, su cuerpo estaba erizado completamente y sus labios buscaban los ajenos para compartir aquel beso que tanto deseaba. Sus labios comenzaron a corresponder aquello y sus manos se aferraron a el cuerpo del ajeno hasta que un click, resonó en su cabeza y sus manos se fueron separando hasta tomar los hombros de él y bajarlas hasta los botones de su camisa, comenzando a soltar aquella chaqueta sin mangas de color blanca y quitarse por encima la larga chaqueta de manga larga y de la misma medida hasta sus piernas que cayó al suelo rodando por debajo de la cama. La chaqueta salió de su cuerpo y movió aquella corbata de tela dejándola sobre su cuello, volviendo a capturar entre sus labios los ajenos, los rayos iluminaban la habitación completamente y sus oídos captaban el sonido bajo de la banda sonora que tocaba esa noche. Separo su rostro pegándolo contra él ajeno, sin decir nada, sin mencionar nada no era para nada necesario; que sus cuerpos hablen y los latidos de su corazón decidan completamente lo que decir en esos momentos. Sus manos se levantaron de nuevo y tomaron el tercer botón de la camisa del pelimorado y comenzó a soltarlos lentamente con sus labios atrapando los ajenos y sus movimientos sutiles y suaves.

Un gran rayo cayó cerca de la casa, el aullido de los perros ahuyento cualquier incertidumbre que se estaba presenciando en aquel momento, se escucho el rugido de los cielos y la presencia de muchas de las personas debajo de ellos paso por la cabeza del albino, ¿Qué importaba su opinión? ¿Por qué tendrían que vivir atados a las reglas de las personas? Eran libres de hacer lo que quisiesen. Él siempre había deseado ser libre para poder cubrir todo aquello que no le agradaba. Aspiro una cantidad de aire y con aquel bocado cuando soltó los labios ajenos le dejo salir sobre estos; inhalando y exhalando continuamente, sintiendo el pecho de ambos subir y bajar en una melódica y sin dudar aquella harmoniosa melodía. Levanto suavemente su mano con suavidad portándola en la mejilla del ajeno levantándole su rostro, sus mejillas estaban completamente sonrojadas y su respiración le hacía corto a aquella mirada; sus mano delineo su mejilla varias veces y comenzó a repartir besos pequeños por el rostro del menor, comenzando por sus labios y subiendo a sus mejillas, su nariz, sus ojos, su frente, sus orejas a todo lo que el rostro pertenecía.

Cuanto le amaba, cuanto le necesitaba. No importaba lo que pensara la sociedad, Gintoki estaba seguro de que amaba a Magheq, y era lo único necesario en esos momentos. Nada más podría dañar la perfecta sinfonía de lo que estaba ocurriendo. El cuarto estaba frío, lo estaba; más sin embargo, no era suficiente para que congelase sus cuerpos que estaban entrando lentamente en calor; aquellos cuerpos que se aferraban en las penumbras de la noche para poder abrazarse al calor de las dos personas que se amaban y podrían dar a renacer su pasión en cualquier movimiento; sus labios volvieron a atrapar los ajenos y a moverlos contra los otros lentamente, sus dientes mordieron los ajenos comenzando a adentrar su lengua en la boca ajena; para disfrutar de su sabor, poder grabar y tallar en su cuerpo todo lo que el otro le correspondería, todo lo que era suyo; todo lo que marcaba. Le amaba, más que a nada. Claro; amaba los dulces y a su familia; pero, por alguna razón, él era más que una familia; más que alguien que le salvo de su oscuridad; amaba a I y le agradecía; más sin embargo, amaba más a IV y haría lo posible para no lastimarlo y que él no se lastimase a él mismo; le salvaría del sufrimiento, le salvaría del dolor… ¿Quién iba a pensar que ese amor por querer salvarlo de hacer una mala decisión le hubiese costado su ojo?

Sus manos abrieron por completo la camisa del ajeno y la suya quedo en el suelo; la respiración del albino subía y bajaba rápidamente, el sudor comenzó a cubrir su abdomen y su espalda, y sus manos maniobraron rápidamente para quitar la camisa ajena y pasar sus dedos por el cuerpo del ajeno, soltando una pequeña sonrisa de sus labios, se agacho apegando los dos cuerpos desnudos y volverlo a atrapar en un fogoso y refrescante beso.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Lun Nov 18, 2013 9:17 pm

Aprovecho el instante en el que el mayor se volcó a besos sobre su semblante para llevar sus manos, ambas, fuera de la piel adyacente y así tomar posesión de la chaqueta que éste aún portaba encima. Toda la ropa estaba de más en ése momento, todo lo que imposibilitase a ambos cuerpos estar en unión debía verse rendido bajo las ordenes de quienes, mano a mano estaban desnudándose el uno al otro. Por su parte lanzó la blanca chaqueta al suelo importándole más bien poco que esta terminase arrugada o con algún rastrojo de suicidad ante tan impoluto color. No, aquello no importaba. La necesidad la demostró cuando el otro, tras besar todo su rostro en ése alarde de eterna suavidad introdujo su órgano húmedo dentro de su boca, arrancándole un fuerte jadeo que siquiera disimuló, su espalda se arqueó minimamente con el mero inicio de ése candente beso y siguió con fervor al mismo, siendo creador de nuevas caricias que implicaban húmedad y roces de índole intima entre ambas lenguas. Empaparse de su sabor era ahora lo primordial, por ello sus manos actuaron más bien torpes ahora que le tocaba desbotonarle la camisa, debatiéndose repetidas veces en cada botón, atorándose en su propia acción a pesar de intentar hacerlo bien. Sin embargo si pudo descubrirle hasta el vientre, pero no pudiendo aguantarse en deseo dejó la terea para abarcar con ambas palmas ése torso descubierto.

A juzgar por la melodía suave de la orquesta que acompañaba las acciones de ambos, los invitados aún estarían en el salón disfrutando de la tormentosa noche, una que no daba tregua y que parecía que sería la última. Los rayos caían cercanos a la casa pero sus oídos estaban perdidos en la manera en la que el otro respiraba, siguiendo su compás y relajándose con la misma. Eso era lo que quizás le movía a dormir con él cuando era pequeño: Todo lo que era el otro conseguía un efecto positivo en él, aunque... sus manos rasguñaron débilmente la piel adyacente, provocándole, marcándole el bajo vientre, tras ello no se molestó en volver a lidiarse con los últimos botones, si no que se los arrancó. Estos salieron disparados en distintas direcciones y el declarado vencedor no dudó en quitar con urgencia esa condenada tela al que ya, como él, empezaba a sentir el calor de la pasión. Era fría la noche, posiblemente y de no ser por la tormenta la nieve cubriría las londinenses calles pero a pesar de ello, su cuerpo ya estaba húmedo por el sudor. Su camisa fue a parar al suelo. Ahhh... el contacto de ése otro le traía loco, totalmente loco.

Le amaba, era suyo tanto cómo el otro le pertenecía. ¿Quién diría que todo aquel amor se tornaría odio? ¿Quién le iba a decir que tras la ruptura de ambos se dejaría a miles de manos para olvidar las que ahora se pasaban por su cuerpo? V, su pequeño y querido amigo. Su amante y ahora prometido. La persona por la que estaba convencido que daría la vida, sería también la misma que pronto se la arrebataría con una acción mal ejecutada. Pero nada de eso podía enturbiar ahora los pensamientos de quienes celebrarían, a escondidas del resto y de manera pasional la nueva unión que se daría entre ambos.

Susurró algo, su nombre tal vez, estaba ahogándose en medio del beso y para intentar hacerse notar apoyó una mano sobre uno de los hombros ajenos, empujándole débilmente para poder respirar y así, tomando aire de manera acelerada le observó con la mirada entrecerrada a causa del placer, las mejillas enrojecidas por el extasis y un ligero camino de saliva remarcado en su mentón debido al modo en el que estaban besándose. Rudo. Pasión. Le miró con una sonrisa que indicaba claramente diversión junto a la malicia y tiró, esta vez de su cabellera hacia sí, chupándole con ansiedad el labio inferior antes de atraparlo entre sus dientes. Desde pequeño siempre buscaba marcarlo de una manera u otra para que el resto, con sólo mirarlo lo supieran de alguien, ahora un anillo moraría siempre en la mano del contrario, algo que sin duda calmaría los celos que el peli morado procuraba no mostrar. Lamiéndole los labios y manteniéndole así entretenido sus manos fueron directas al cinturón de ése prieto pantalón del que el otro era dueño, debatiéndose con el mismo pero logrando finalmente que éste terminase, junto al resto de la ropa, perdido en el suelo.

Aquello le ahogaba, le estaba volviendo loco, flexionó una de sus piernas, sintiendo repentinamente la incomodidad de aquella clase de ropaje tan prieto, pero fue un suave golpe en la puerta lo que le hizo detener, entre jadeos, el beso impuesto. Otro golpe. Gruñó de mala gana y cuando iba a lanzar un improperio para alejar al maleante, la voz de padre le hizo abrir en redondo los ojos. –Magheq, Gintoki.- era obvio que sabía que ambos estarían juntos, a fin de cuentas, era él. –Vamos a hacer un brindis.- y seguramente el creador de aquellos buscaba a los que faltaban para completarlos a todos, la voz de I sonó casi a suplica, pero el deseo que moraba en su entrepierna era tal que dudaba el hecho de poder ponerse en pie.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Lun Nov 18, 2013 10:00 pm

Ahogo un gemido al sentir los labios del ajeno jalar con pasión sus labios. Aquellos que estaban demandando completamente la presencia de los labios del ajeno, la voz e incluso la respiración agitada. Bañados en el sudor del ajeno para poder compartir de una vez en mucho tiempo los roces de los dos sobre sus cuerpos. Aspiro el aroma que comenzaba a sentirse en el cuarto cerrado. La ventana completamente cerrada, sus labios hinchados por el fogoso beso que presentaban las dos presas del deseo sumisos en sus pensamientos, las manos de Gintoki comenzaron a tocar toda la extensión del cuerpo que ahora y muy pronto oficialmente seguiría siendo suyo. “Por los siglos de los siglos”, recito aquel credo en su mente, recordando aquellas palabras que solían mencionar los creyentes cuando se sumían en la oración a Dios, a aquel ser que ellos abandonaron para otorgarle sus almas al diablo.

Los pasos de alguien resonaron por el pasillo, lo ignoro, el primer golpe dejo que un gruñido de placer saliese libre de sus labios, más sin embargo, le ignoro otro salió más atrás al escuchar la voz de I y ladeo suavemente su rostro hacia atrás, viendo de mala gana a aquella puerta que estaba escondida entre una de las paredes de aquel lugar; aspiro completamente un poco de aire antes de soltar con mala gana los labios de su amante, y aquel chico que estaba envuelto entre sus manos —. ¿Debe ser ahora? —pregunto de mala gana, el hombre del otro lado lanzo un suspiro y golpeo la puerta con su pierna —Gintoki, es ahora —el albino se levanto de las piernas de su amante, y quedo mirando la puerta, observando dos sombras tras esta, presencio y supo que se trataba de II —. Ya vamos, dame 5 minutos —menciono girando a ver el cuerpo de Magheq con una pequeña sonrisa de diversión en sus labios —Gintoki, por favor. Esto es importante —el albino río encima de la cama y le bajo aquella opresión que sentía padre, porque lo fueran a sacar de sus caminos —. Confía en mi, ¿vale? Mag-chan despertó y necesita urgente un trato especial —menciono suavemente, y con dulzura entre sus labios.

5 minutos —escucho la voz de II y amplio una sonrisa de sus labios. Sus manos se dirigieron hacia su camisa que se la puso por encima viendo los últimos botones rotos, rezo por saber que su chaleco estaba intacto por lo cual ayudo a sentar al mayor y el se arrodillo sobre la cama bajando la cremallera, agradecía a UT por primera vez en su vida que su amigo tuviese la practica necesaria para poder bajar cuando alguien le bajaba el polvo como padre acababa de hacer. Sus manos se dirigieron al miembro del ajeno comenzando con los pequeños roces de sus dedos 5 minutos, no podría jugar; no ahora. Tal vez luego del brindis, en la cocina o en la sala cuando todos duerman en los cuartos; o si… eso le excitaba más. Acerco sus labios al miembro del ajeno y comenzó a meterlo en su boca, y a darle aquellas pequeñas lamidas que tanto volvían loco a su hermanito, metió dos dedos en su boca impidiendo que gimiera, para poder terminar más rápido y evitar que su querido Rito-kun, se levantase. Todavía no sabía porque ese nombre, pero ya era Rito-kun.

Sus manos se adueñaron de la piel del ajeno, jalándola suavemente con sus dientes y el contacto de su respiración y su olor le estaba volviendo loco cerro sus ojos y se imagino al alcalde de Alemania en esos momentos, lo que le hizo ponerse azul de todos los colores, pero por lo menos la excitación había bajado, solo un poco. Aguanto un poco la risa y volvió a hacer su trabajo; no duro mucho tiempo a lo mucho 2 minutos en lo que jugaba con Mag-chan y los otros en lo cual besaba sus labios y le colocaba la camisa y se tragaba el semen de Mag como si fuese jugo, no le había llenado pero no le importaba en esos momentos. La chaqueta y la manga larga no fue difícil ocultar lo que sucedió pero un poco de polvo yacían en estas, arreglo su cabello y termino de limpiar sus labios que tenían algo manchado por los lados —. Vamos, señora de Sakata —le dijo divertido extendiendo su mano para que la tomase, iba a bajar con el agarrando sus manos y entrelazadas. Ya no le importaba nada, era una buena ocasión para dar a conocer los verdaderos sentimientos de Sakata Gintoki.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Mar Nov 19, 2013 12:15 pm

Cinto minutos.

Ése era el tiempo prometido por lo que... Miró de reojo cómo el ajeno se colocaba con prisa las ropas que él mismo se aseguró de arrebatarle hacia a duras penas un par de minutos y una mueca de desagrado adornó su gesto: No, quería encontrarse con su cuerpo, fusionarse con aquel al que tanto debía. Pero una vez más, su hermano le sorprendió con un gesto que no se hubiera imaginado. Sus párpados se abrieron sorprendidos, aunque su diestra no dudó siquiera en situarse sobre la cabeza de ése que ahora merodeaba con la cabeza entre sus piernas, guiándole por dónde seguir y por supuesto, llevando el ritmo de la cabeza adyacente con diversos jalones. Por su parte, se entretuvo en lamer, morder y chupar los dedos internados en su boca, llenándolos de su saliva, una traslucida que se escurría hasta la muñeca de quién seguía en su tarea.

Cuatro minutos.

Su respiración era ya ten pesada que a duras penas era capaz de coordinar sus pensamientos, estaba sumido en el más exquisito de los placeres, su cadera se acopló al movimiento de la boca de su amante internándose en aquella garganta de buena gana y dejando escapar sonidos que dejaban claro el placer que aquella acción estaba realizando consigo: El sexo oral aunque no solían utilizarlo de manera demasiado asidua le encantaba, en especial si el proceso se hacía cómo en aquella ocasión: Con los nervios de verse descubiertos, con las ropas a medio colocar.

Tres minutos

Un jadeo más imperante a los que hasta ahora formuló manó entre los dedos que ahora mordía y sin poder ya soportar la opresión, su esperma se hizo hueco en las fauces del albino. Soltó aquello presionado entre sus dientes y cuando recuperó el aliento se las ingenió para articular las palabras correctas después de aquel asalto. –Ah... Imbécil...- fue un halago más que una queja, pero verle ya erguido frente a él le hizo tensar los labios: Era hora de marchar. Se colocó correctamente la camisa con pasividad, a fin de cuentas Gintoki no se había quedado con las manos quietas antes de que padre y II irrumpieran con golpes en la madera y palabras que apresuraron a los amantes. Se la abotonó rápido, o al menos así lo intentó pues realmente las ropas occidentales no iban demasiado consigo. Tras ello agarró el abrigo que caía de cualquier manera por el suelo y también se lo acomodó. Todo parecía estar en orden, todo excepto la corbata con el nudo a medio hacer: Así restaría lo que la noche durase, no iba a entretenerse con un detalle tan estúpido, no cuando parecía que esa noche debería entretenerse con algo más... Intenso.

Dos minutos

Tomó la mano que le era tendida con cierto recelo, aunque sus dedos parecieron actuar de manera contradictoria a lo que el gesto del alquimista mostraba y pronto, sus dígitos se escurrieron entre los de su compañero en busca de poder sostenerle la mano de manera mucho más certera, efectiva y por supuesto, posesiva. Se enderezó para quedar a su lado y mal disimuló una sonrisa altanera al ver cómo se retiraba de entre los labios algún rastrojo del semen que él mismo evocó en la boca de éste. -No intentes bromear con ello o esta noche te quedarás sin sexo.- y con ello se refería a denominarle cómo mujer, obviamente.

Un minuto

Caminó rumbo a la puerta, tirando incluso del otro para que siguiera el ritmo impuesto por él mismo y así fue como antes de lo que realmente hubiese querido se encontraron arriba de las escaleras que daban directamente al gran salón dónde el resto estaba congregado. Tomó aire de manera poco disimulada desde la boca y posteriormente tironeó de la palma contraria, empezando a bajar con él sin soltarle u hacer movimiento de que aquello le incomodase. A duras penas fueron visibles para el resto, la música dejó de sonar y tanto I como II se les quedaron mirando con una sonrisa que indicaba que, ciertamente, se esperaban algo así. El resto se encogió de hombros o sencillamente esbozó una sonrisa, todos los alquimistas parecieron satisfechos con eso.

... Al menos sí los hermanos. Los invitados lanzaron miradas sorprendidas a esa pareja, cómo si no pudieran dar crédito a lo que veían. Con la cantidad de chicas hermosas que había en ése lugar y esos dos hombres preferían... Fue una chica la que peor se lo tomó y les señaló con un dedo, restando encanto a su fina figura, a su cabello arreglado, su gesto se torció mientras apuntaba a los que venían de la mano, aunque siquiera fue capaz de decir nada al estar temblando por la rabia. De un modo u otro, creyó realmente que tenía posibilidad, algún tipo de posibilidad para con ése que estaba agarrando la mano al que parecía japonés.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Mar Nov 19, 2013 1:04 pm

Río, fuerte y claro ante lo que el ajeno había dicho; pero prefirió guardar silencio. Le conocía perfectamente para saber lo que estaba pasando por su cabeza y era menor dejarse guiar por aquello que por otra cosa. Sus labios estaban sellados pero profanaba una tranquila sonrisa en estos; mientras caminaba por los pasillos de la amplia mansión, cinco minutos; si no estaba mal faltaban algunos segundos para que se acabasen; pero ¿a quién le importaba? Estaban caminando directamente hacia las escaleras, donde todos estaban reunidos y era lo que importaba ¿cierto? O era lo que el albino pensaba en esos momentos. Reuniones formales no era algo que le hubiese gustado, de hecho; era la hora y todavía no las soportaba, ser formal era una mierda totalmente; sobre todo si se tenía que hablar de esa forma. No se imaginaba usar aquellos sufijos con otras personas; más sin embargo, de vez en cuando los usaba; claro… cuando quería molestar. Levanto suavemente el rostro hacia el techo y le observo durante un largo segundo Estaba demasiado bien lo que hacían, tal vez no destruirían la fiesta; pero hablarían a espaldas de padre; a él no le importaba; lo que dijesen de su persona le valía totalmente pero padre sus hermanos y Magheq era otra historia. Cualquier cosa, les cortaría la cabeza a todos ellos. Su mano que estaba libre termino de acomodar aquella corbata de alguna u otra manera antes de llegar a las escaleras y sus ojos se cerraron formando una sonrisa.

. Lamentamos la tardanza~ —dijo comenzando a bajar por las escaleras sin importar la mirada de aquellos que se clavaban en sus cuerpos y en sus manos… ¿Cómo era posible? Era sin duda el rostro de todos los invitados, les mando una mirada a los alquimistas y estos negaron divertidos; sin duda era algo de esperarse de Gintoki, pero que Magheq le hubiese acompañado con aquello sin duda era nuevo. I lanzo un suspiro divertido de sus labios y II también río. Muchas veces antes se sentía señalado y de alguna manera le molestaba pero ahora era completamente diferente, soltó suavemente las manos del pelimorado y la deslizo por detrás de su espalda baja atrayéndolo hacia sí, mientras se agachaba dándole un beso en la mejilla, cerca de la comisura de los labios del ajeno y se separaba ampliando una sonrisa y viendo a los invitados; sin duda esa noche seria para recordar, sobre todo con él; como protagonista.

Brindaremos por esta noche; gracias a todos por haber asistido a esta fiesta especial para nosotros —dijo I levantando la copa hacia el cielo y ampliando una gran sonrisa en sus labios, las copas fueron repartidas por los sirvientes y sus manos entrelazaron la de la copa levantándola al cielo al igual que todos “Salud” se escucho en todo el lugar. Los labios de Gintoki formaron una sonrisa y bajo la copa colocándola en la punta de sus labios y se detuvo girando el rostro hacia la puerta notando una sombra que asechaba los alrededores, miro a los chicos que parecían que también miraron hacia aquel lugar con cautela —. Un invitado no autorizado, ha entrado a la fiesta —susurro con diversión sobre la copa, sabía que solo los alquimistas serian capaz de escucharle; lo que provoco la risa de algunos, I afirmo moviendo su rostro pero no menciono absolutamente nada, el albino río; algo pasaba por la mente de padre, siempre se pregunto, ¿Qué sería?

Las bebidas desaparecieron en la garganta de todos y cuando las copas quedaron en la mesa, los dos jóvenes se sintieron agolpados por todos los invitados o la mayoría de estos; entre mujeres y hombres jóvenes mientras los más ancianos se llevaban a I para quejarse del teatro que presenciaron por arte del albino, este tenía una sonrisa en su rostro mientras se dignaban todos a su alrededor a preguntarle cosas. Si salía con una estupidez sin duda le castigarían esa noche y no se iba a dignar a que hiciesen eso; sin duda seria terrorífico —Gintoki-sama, Magheq-sama ¿están saliendo? —fue la pregunta de una de las chicas; aunque lo afirmaba, no todos estaban traumados con aquella noticia, los labios de Gin se formaron en una sonrisa y afirmo suavemente con su cabeza —. Si, se podría decir que somos fieles y dulces amantes~ —dijo cantarín soltando una carcajada de sus labios, esperando sin duda el golpe y el cállate por parte de Magheq, aquellos rayos seguían cayendo del cielo y la sala siendo iluminada por varias velas era lo que permanecía completamente tranquilo alrededor —¡Eso es genial! Gintoki, ¿Cómo hiciste que tu padre les dejase? —Gin permaneció tranquilo, y rasco suavemente su nuca ¿Cómo? Esa pregunta nunca paso por su mente —. Padre… ¿es abierto de mente? —le contesto, con otra pregunta.

El viento entro completamente a la habitación por las puertas que se abrieron de par en par, un cuerpo callo hacia adelante cortado por toda su espalda con largas ropas rasgadas y el cuerpo marcado, el grito de las mujeres les llego profundamente hasta sus oídos; la mayoría de las velas se apagaron y con ello el silencio reino en la habitación; los ojos de Gintoki buscaban de alguna manera en la oscuridad para acoplaseis con el tiempo y buscar de alguna manera al agresor. Un grito ahogado se escucho en la habitación y giro rápidamente su rostro hacia donde las mujeres adultas permanecían sentadas hablando de lo que pasos hace algunos minutos. ¡Las luces! ¡Marcelo enciende las velas de inmediato! —el grito de Gintoki resonó en todo el lugar, las velas comenzaron a ser encendidas iluminando la habitación o la mayoría de esta, el olor a sangre comenzó a entrar en las fosas nasales de Gintoki y de los presentes, o la mayoría de ellos, los gritos ahogados provinieron de muchos y el albino comenzó a pasar su mirada por todos los invitados No está, pensó.

—[color=firebrick]. Mag, ¿estás bien?; los truenos no van a dejar de caer esta noche… ¿seguro que quieres seguir? —le pregunto al oído, bastante bajo que casi parecía un susurro, solamente para que él le escuchase. Padre, parecía bastante desconcertado y los demás alquimistas también, Gin camino junto a Mag a donde se encontraban sus hermanos para comenzar con la pequeña, diversión que la noche les brindo, antes de dormir.
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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Mar Nov 19, 2013 6:05 pm

El brindis se dio con normalidad muy a pesar de las miradas que les dedicaban a ambos empero para cuando el alcoholizado líquido bañó los labios del peli morado algo, una presencia, hizo que girase el semblante. De hecho, todos lo hicieron a la vez cómo si hubiera estado premeditado empero no consiguió ver al intruso. La velada prosiguió y las preguntas pronto bombardearon a la pareja que acababa de formalizar su relación incluso delante de los amigos de I, aquellos a los que debían sumisión y respeto. Dejó que fuera Gintoki quién hablase, a fin de cuentas, él era el más diestro de los dos para hablar con la gente, para entablar relaciones y esas cosas, aunque de vez en cuando le lanzaba miradas de alerta y algún que otro golpe también terminó por hacer callar a ése que parecía desear explicar más de lo necesario a quienes le miraban con los ojos bien abiertos, sorprendidos sin duda por aquel amorío que hasta ahora había sido secreto. Estaba animado, junto al albino, no terciaba palabra pues los truenos le tenían bastante más distraído de lo que solía. Tomaba aire por la boca y lo expulsaba con toda la naturalidad que podía para que nadie, absolutamente nadie se diera cuenta de aquella debilidad que a él le robaba el sueño. Desde su más tierna infancia tenía ése pavor y aún no había podido superarlo, pero... miró de reojo a Gin, quién sonreía y seguía hablando. Su compañía mermaba el miedo.

Oscuridad. Gritos. Sangre. Un cuerpo contra el suelo y el caos reinó. Gintoki fue el primero en poder reaccionar verbalmente, él, por su parte, flanqueó la zona para asegurar la protección de los que tenía más cerca de su radio empero allí no parecía haber ningún maleante. Las féminas gritaban mostrando el miedo que sentían e incluso el llanto de las más jóvenes desquiciaron al que procuraba mantenerse en calma a pesar de la tormenta tan próxima. Pero Marcelo acudió raudo a reanudar la visibilidad, aunque cómo era de esperar... El agresor, el asesino ya no se encontraba entre los presentes. Bufó con fastidio y observó cómo I, II y III iban paseándose por el lugar asegurándoles a todos sanos y guiarles delicadamente a sus respectivas habitaciones: La fiesta había terminado. Y para asegurar la protección de aquellos invitados por padre lo más sensato era enviarles de vuelta a sus respectivas habitaciones, justo como ahora estaban haciendo los más mayores de toda la prole, la tensión en Magheq no hacía más que crecer por culpa de los constantes truenos, los mismos que hacían temblar el palacio entero, cuando escuchó la pregunta por parte del otro le miró de reojo: Había sido lo suficientemente bajo para que todo quedase entre ambos, algo que agradecía.

-Gin...- empezó a hablar pero IX les irrumpió y agarró al albino por un brazo, estaba serio, algo totalmente inusual en ése alquimista. –Gin, oye, esto es grabe.- le habló con prisas y sin soltarle, llevándole dónde se encontraba X cruzado de brazos. Él se quedó algo atrás, al margen de lo que el rubio estaba diciéndole, pero con una muy extraña sensación recorriéndole el cuerpo. Había algo que se le escapaba, algo importante que debía de estar pasándosele por alto, pero... Su cuerpo dio una fuerte sacudida cuando un trueno cayó justo en el tejado, seguramente atraído por el para-rayos que le enviaría directamente bajo tierra, aunque el sonido fue tan abrumador que IV acortó distancias entre su posición y la espalda del albino. El resto le miró con una ceja alzada, no era común que al verse envuelto en sangre el menor de todos estuviera actuando de manera tan sumisa, claro que a su vez, ninguno entendía el miedo que éste tenía por aquello que el cielo ahora lanzaba con toda su furia, ensombreciendo aún más esa tétrica noche que en un inicio prometía ser el inicio de una nueva vida para él y para ése al que rodeaba con fuerza desde atrás.

-¿Magheq?- la voz de I sonó preocupada pero no atinó a enfocar de manera correcta a éste, se mantuvo tras el albino para procurar que no se viera su temblor. Y consiguió surgir efecto pues padre pronto dejó de prestarle atención y habló para todos, organizándolos por grupos para que pudieran explorar con mayor efectividad la zona y así barrer con urgencia el perímetro cuanto antes. A ellos les tocó... Separados, claro. Como siempre, I se las ingeniaba para que el genio matemático y el estratega terminasen separados en toda misión. Compartió una rápida mirada con XI y ambos asintieron: Ellos eran los que irían hacia el norte. Su cuerpo se apartó desganado de ése al que yacía pegado y le miró con desprecio, enervando la cabeza ante la clara diferencia de alturas. –Ve con cuidado.- amenazó, dejándole claro que no le permitiría venir herido... o por el contrario, terminaría peor de cómo vendría.

La voz de XI llamándole hizo que mirase en dirección al mayor de los gemelos y tras ello, se dirigió hacia éste con prisa: Debían acabar con ése psicópata antes de que atacase a los invitados más prestigiosos que tenían allí, pues por el contrario mala fama se harían y aquello, indudablemente, tacharía la implacable reputación de padre, algo que no tenía pensado tolerar. Por una vez, por aquella vez, procuraría no hacer caso al temor que el cielo le producía cuando éste se oscurecía y lanzaba su ira en forma de relámpagos. El gemelo le esperó hasta que quedó a su lado y una vez juntos le vio observar hacia el albino. Tras aquel cruce de miradas de ambos, sencillamente, se dirigieron a paso ligero hacia el lugar que esa noche les tocaría proteger de manera conjunta.

OfOfOf:
*A* Yaaay, me encanta <333 Pensé en que Mag tuviera síntomas de embarazado justo ahora, pero no cuadra, hace demasiado que no se acuestan, no? e_e





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Mar Nov 19, 2013 6:54 pm

Inhalo el aire que desprendía el cadáver en la puerta y lo observaba, estas golpeaban sus costados y le hacían un agujero en estos con fuerza; el cuerpo parecía bastante débil y sin rastros de vida, ¿Era un invitado? se pregunto; giro a ver a Marcelo que miro al albino con los ojos parpadeando y afirmo entendiendo la orden del hombre en silencio; camino hasta este y con sus guantes levanto sus manos observando el rostro del hombre —Sir John Fenwick of Wallington —menciono Marcelo levantándose y volviendo a bajar el rostro para poder rodarlo junto con los demás sirvientes hacia dentro de la sala, el albino se dedico a observarlo —. ¿Por qué estaba afuera? —pregunto, Marcelo lo volteo a ver y afirmo a su pregunta —. Sir John pidió el grato favor de usar nuestro único teléfono; pero Gintoki-sama; ese se encuentra en la jardinera que queda algunos pasos de este lugar, un sirviente le iba a acompañar pero él se rehusó; dijo que la llamada era importante y secreta; agradeció que el teléfono estuviese fuera; fue antes de que la tormenta cayese —menciono, el albino bajo la mirada —. ¿Fue después de que yo me retirase? —pregunto más bajo —Si, eso es correcto —el albino cruzo su mano por su pecho, y apretó el agarre con el pelimorado; mirando de reojo el cuerpo que estaba siendo revisado por Marcelo y padre. No creo que sea buena idea trasladarlos a sus habitaciones ya que no sabemos quién es el agresor; pero si son ordenes de padre no me opondré; fuese mejor reunirlos a todos en un solo salón; así evitaríamos otra muerte antes de dar con él culpable —menciono por lo bajo lanzando un pequeño suspiro de sus labios, pero de igual forma levanto sus manos desordenando un poco los cabellos de Magheq y dedicándole una sonrisa.

Ladeo su rostro hacia un lado y luego hacia el otro por la presión de IX en su brazo, un suspiro salió de sus labios y afirmo lo que estaba diciendo; era correcto y de eso no tenia para nada dudas. Volvió a girar su rostro hacia el cadáver, el olor no era usual, el que recorría su cuerpo no era para nada normal, comenzó a mover su nariz por si percibía algo diferente —Tus dotes de perro, nunca los cambias —dijo X con un simple silbido de sorpresa —. Hierbas, agua… sangre; hay un extraño olor mezclado con este… —menciono, desde donde estaba tal vez no le iba a poder reconocer; pero de igual forma de otra manera tampoco. Levanto su rostro hacia el cielo cuando el gran trueno cubrió completamente él lugar, sus piernas se iban a mover rápidamente hacia atrás para abrazar a Magheq, no le importaba que pensaran que él le tenía miedo a los truenos, era suficiente con que todos sabían que le tenía miedo a lo paranormal y a los fantasmas, no iba a ser de extrañar que también a los rayos. Pero el cuerpo del ajeno le impidió moverse, escucho la voz de padre y se helo completamente ¿No quieres?, pensó y amplio una pequeña sonrisa.

. Eh… ¿Así que era eso? —susurro —. El cuerpo que viste luego en tu habitación era aquella sombra que estaba moviéndose entre los arbustos; me hubieses dicho antes —le susurro sobre su cabeza, los demás sonrieron y comenzaron a hablar entre ellos, seguramente aquella mentira y visión que vio Gintoki era de John al salir de la casa; y seguramente el viento era avisando alguna tormenta. Lanzo un suspiro de alivio al poder sacar al pelimorado de esto y le deslizo suavemente sus dedos en las mejillas del ajeno sonriéndole levemente. Lanzo un suspiro y coloco sus manos detrás de su cuello —. ¿Puedes cambiarme de zona? —pregunto levantando una mano, padre, giro a ver a Gintoki con el ceño fruncido —. No tiene nada de importarte regresar al punto donde le atacaron; ¿fue en el teléfono o tal vez delante de la casa? No sabemos con exactitud… —mencionaba excusas para no salir fuera de la casa, después de todo odiaba los climas de esa forma podrían salir… fantasmas, trago seco y su piel se erizo —Gintoki, vas a ir afuera; tus ojos y tu nariz son buenos para esta clase de climas; iras con XII que es capaz de escuchar lejos hacen un gran equipo para estas cosas; aparte tienes la fuerza y puedes gritar si encuentras un sands —menciono recordando el nombre que su hijo le dijo a los fantasmas. ¡Para nada! ¡Ninguno de ustedes es usuario Sands para estar controlándolos! —grito señalándolos, los demás se les resbalo una gota de sudor al ver el temor en la voz del albino mayor. Lanzo un suspiro de molestia escuchando la voz de Mag que al parecer también ignoraría su problema con los fantasmas —. Le hubiésemos convencido ir juntos… —susurro de mala gana, bajo su cabeza y le beso los labios ampliando una sonrisa —. Que te vaya bien en el trabajo, querido~ —dijo cantarín levantándose y guardando sus manos en sus bolsillos.

Señores, sus armas —dijo Marcelo junto a los sirvientes bajando las espadas. Gintoki tomo la suya y la coloco en el cinto de su cinturón y se estiro moviendo suavemente el cuello, provocando que tronase. Ahogo un gran suspiro de sus labios y coloco en la cabeza del menor de los gemelos un abrigo para que cubriese su cuerpo y no se fuese a enfermar. Siempre los dividían de la misma forma, el terminaba con el menor de los gemelos y su novio con el mayor de los gemelos; ya se conocían de mucho antes y sus amistades siempre fueron de esa manera sería un desastre si fuese de otra. Era cierto, Kaz se encargaba de la defensa mientras él del ataque; al igual que en la parte de Mag, XI era la información y la defensa, mientras Mag era el ataque; estaba predicho y cada grupo era lo mismo.

Abrió las puertas de la casa y se aventuraron a la tormenta que caía como si estuviese llorando con un huracán el cielo. La torrencial lluvia complicaba el camino; pero estaban bastante viejos y acostumbrados a este tipo de situaciones que no era algo diferente de ver. Ese olor… me molesta, pensaba con el ceño fruncido, tratando de buscar de donde había captado ese olor, —. Ka-chan, ¿Sientes el sonido de algo con interferencia? —el menor cerro sus ojos y trato de localizar el sonido —En la cabina del teléfono, ¿seguramente John-san trato de llamar de ahí —menciono —. Bien, vamos a revisar. A ver si logro captar ese olor —los dos asintieron y comenzaron a caminar hasta la zona.

objetc (?) everywhere:

http://i.imgur.com/Y3bfvnK.jpg <--- La espada de Gin-chan –obviolus que una sola- (??)
OFF: Yo estaba pensando que unos meses antes de que ellos se encontrase para definir qué era lo que harían con su vida: tal vez, esperando que el mundo acabase los dos terminaron viviendo juntos :’D ya que el diario de Gin-chan tiene algunas páginas perdidas, tal vez sean de la vida que vivió con Mag-chan –babea- y las paginas las tiene Mag *------* -rueda-

Me encanta esta trama; amo las novelas de misterio *-*





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Miér Nov 20, 2013 3:25 am

Miró de reojo a su pareja mientras su compañero de expedición se colocaba el arma entorno a la ropa. Él, esa persona que siempre le protegía y cuidaba... ¿Cuándo había cambiado tanto? Observó su espalda. Amplia, grande. Sus brazos empuñaban el arma mientras le sonreía a XII. Todo él era distinto, todo él resguardaba algo diferente a esa época en la que agarrarse de la mano ya era motivo de sonrojo. Seguía siendo el mismo que se asustaba por los fantasmas, sin embargo... Ambos entendían que ya no podían dejarse llevar por los temores. Quizás por ello y a pesar de la cantidad de truenos que estaban haciéndose con el cielo se negó a no participar en la cacería del asesino. Por fin su mirada se apartó de su amante, ése que seguramente siquiera notó su atenta mirada y la dirigió hacia el mayor de los gemelos quién, sonriente, le tendió su arma. Ya no había marcha atrás, tenía que proteger lo que su padre provocó con la falta de personal de seguridad. Le asintió a su hermano y sostuvo la katana con una mano, empero antes de ir tras XII y V, la voz de I sonó imperativa. –¡Vosotros!- ambos se miraron el uno al otro, poco más tarde dirigieron la atención a quién les hubo llamado sin comprender. –Id al piso de arriba y procurar que nadie más que los invitados merodeen por la zona. Acordonad la zona.- y por eso les había reunido en el piso de arriba: Era más complicado saltar o intentar entrar desde las ventanas. Ambos alquimistas asintieron y pudo ver como padre le dedicaba una muy extraña mirada antes de que el mayor le sujetase por un brazo y le guiase hacia las escaleras. Sin duda en esa pelea restaría lejos de Gintoki y no podría asegurar que estuviera bien, aquello le causaría nerviosismo. Pero confiaba en él, volvería sano.

-¡Mag!- la voz de alerta del gemelo hizo que girase, empero a duras penas lo hizo el cuerpo de éste le aplacó y ambos quedaron contra el suelo. Justo en el momento en el que XI le rodeaba sobre el frío piso un estruendo movió la estructura de aquel tan grande edificio. Se soltaron rápido sin siquiera mirarse, mirando los dos hacia la misma dirección: El patio trasero. De todos los presentes en aquel piso pocos eran los atrevidos que asomaban la cabeza por el pasillo, la mayoría se escondía bajo las camas o quizás incluso en los armarios de las habitaciones en las que yacían, siendo guiados por el temor de perder la vida en aquel acontecimiento. –Quédate aquí.- la orden fue clara y XI quiso rebatir pero bastó una mirada del menor para que callase y se limitase a asentir. IV fue directo a la ventana que daba al patio de atrás y a pesar de estar a un piso de altura fue tarea dificultosa el poder atisbar algo: Todo estaba lleno de escombros y la humareda creada por los mismos le hizo entrecerrar los ojos y llevarse la mano a la nariz para evitar aspirar los mismos. ¿Qué mierda hacían los que vigilaban ése sector? Ah. Claro. Ellos.

Poco tardó en ver llegar al albino junto al gemelo... ¿Estaba herido? Juraría que estaba sujetándose el brazo, pero a duras penas logró enfocar de manera correcta el lugar, algo saltó sobre él, más bien, sobre la ventana pero al restar frente a la misma el pesado cuerpo impactó contra él. Un nuevo relámpago iluminó la zona y fue capaz de distinguir la forma del cuerpo que le había enviado contra el suelo. Era... –¡...!- se llevó una mano a la garganta y su mirada se abrió con sorpresa mientras miraba a ése que ahora le miraba con infinita burla inscrita en su rostro. No... no podía hablar. Apartó los dedos de su garganta y la llevó a su cintura para desenfundar su arma, pero para cuando quiso atacar a la desconocida sombra, la misma ya no restaba en el lugar.

Mal presentimiento cruzó su espinada. Buscó con la mirada a su compañero y se dirigió a paso acelerado hacia éste para compartir, a como pudiera, lo que acababa de acontecer, pero su propia voz le hizo detenerse. A sus espaldas, él estaba hablando. Pero no. No era él.

-Gin! ¡Gin, por favor!- la voz del menor de los alquimistas sonó por encima de aquel fuerte estruendo provocado nuevamente por la tormenta del cielo. Cuerpo físicamente idéntico al del alquimista estaba en el suelo del patio sujetándose un tobillo con fingida expresión de dolor, de pánico. –Estaba buscándote...- miró a los dos que se aproximaron a él, si actuaba bien las cosas saldrían como estaban predichas. –I dijo que fuera con vosotros.- aseguró, sujetándose aún la pierna que parecía herida. Pronto, muy pronto. Más, cuando el alquimista estuviera más cerca se haría con su voz, con sus recuerdos. Así era cómo el que estaba sobre el suelo crecía. Con partes importantes para aquellos a los que no hacía más que robar. La vida únicamente la sesgaba en caso de que la persona no pudiera aportarle poder o algún tipo de beneficio para su propio crecimiento, algo común si buscaba en un cuerpo de humano normal. Sin embargo aquellos... esos doce que merodeaban por la casa, todos... absolutamente todos tenían algo que quería poseer, algo que debía robar. Ahora contaba con una voz que le aproximaría a uno de los que mejor se manejaba con la espada, y ése sería el siguiente don que robaría si la suerte se ponía de su lado, si verdaderamente todo salía como estaba predispuesto a suceder.





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Miér Nov 20, 2013 12:03 pm

Los dos iban caminando bajo la torrencial lluvia; el albino levanto su mirada al cielo con tranquilidad observando cómo este era iluminado por aquella energía solidificada en un rayo. Levanto la mano atrayendo hacia sí, el pulso electromagnético como si quisiese controlar los rayos y que estos se detuviesen; aunque si así fuese, solo les iluminaria la luz de la luna; y no iba a ser para nada divertido… no para él. Gin, escuchaba una voz lejana que resonaba a su lado, pero era como si estuviese hablando su subconsciente; ¿Qué quería el desgraciado ahora? Realmente le molestaba que dentro de su cabeza fuese una fiesta de neuronas; no entendía para nada que era lo que realmente estaba pensando — ¡Gin! —una mano le hizo reaccionar y saltar por la impresión, giro su cuerpo al ver a su hermano que coloco una mano en su costado y lanzo un suspiro con una sonrisa —. Estaba llamándote, quería hacerte una pregunta —el albino cruzo sus manos y levanto una ceja —. ¿Pasa algo, Ka-chan? —pregunto, ya más tranquilo; sabiendo aquel Gin; no era nada más ni nada menos que su hermano —. Bueno… ¿De los invitados alguno puede ser el asesino? —pregunto tragando seco, el albino le miro parpadeando un par de veces —. ¿De los invitados?, imposible —menciono moviendo su mano de un lado a otro —¿Por qué? —pregunto de nuevo, el menor cruzo sus manos y hecho su cabello para atrás —. Los invitados todos son humanos, cualquiera que hubiese salido a la tormenta se hubiese perdido y a lo mucho hubiese muerto arrastrado por esta —menciono con una manos en sus bolsillos —. El olor que estaba impregnado en el cuerpo de John era azufre; olor a incienso quemado… Tal vez… ¿El infierno? —menciono rascando su nuca —, solo es una suposición; no estoy seguro… a lo mucho es un demonio —se levanto de hombros —¿Por qué querría un demonio atacar a un humano? No lo entiendo… —el menor se detuvo delante de la caseta y Gin se detuvo más adelante sonriéndole —. No hay mucho que entender, ¿nos está probando? Han pasado 200 años; seguramente esta aburrido —los alquimistas sabían a quien se referían y de quien hablaban; pero no era lo mismo. Inhalo una cantidad de aire y giro su cuerpo para entrar a la casa, a la pequeña casa, pero se detuvo en seco y saco su cabeza.

¿Gin? —pregunto suavemente XII entrando hasta donde él acudía y se acomodo viendo el teléfono descolgado haciendo un ruido, el menor de los gemelos acudió a él y lo coloco en su bocina para que no hiciese aquel molesto sonido y miro a su hermano que tenía una mirada seria —. El olor… desapareció —Kaz entendió su punto y comenzó a buscar con su mirada algún rastro de sangre u herida —. No hay nada aquí… —menciono suavemente —. ¡Ayuda! —un grito provino de la cocina, de la parte de atrás de donde ellos estaban solo a unos cuantos centímetros, los dos afirmaron y salieron corriendo hacia ese lugar; una mujer se encontraba acostada en el suelo sujetando su pecho y comenzó a respirar agitadamente —¡¿Te encuentras bien?! —pregunto, XII fue el primero en avanzar, pero Gin redujo la velocidad estando casi cerca de ella; la mujer asintió suavemente y una sonrisa se formo en sus labios; Gin abrió sus ojos y se movió tomando la mano de XII echándolo hacia atrás cuando el cuerpo de la mujer destello una gran cantidad de oscura energía y unas grandes garras rasgaron desde el hombro del albino hasta su muñeca. Un grito desgarrador salió de los labios del albino, su pierna fue directa al estomago de la mujer y esta amplio una gran sonrisa y el lugar donde estaban exploto. Su cuerpo cubrió el de XII y los dos salieron volando contra la casa que cayó en pedazos —Gin… ¡Gin estas bien! —pregunto aferrándose al albino que estaba contra unos escombros sujetando su mano derecha la cual tenía una gran garra de color verde fluorescente; que iba tornándose amarilla Qué dolor…, pensó; era como si le estuviesen inyectando algo. Giro suavemente su rostro al ver unas extrañas letras marcándose en sus manos ¡¿Qué mierda es esto?!, pensó tratando de quitarlas pero estas se hacían más largas y comenzaban a escribir en su brazo, pero fueron desapareciendo y un dolor pulsante atravesó de sus manos hasta sus hombros. ¿Están desapareciendo? Las… marcas, se preguntaba observando aquello como iba adentrándose a sus brazos, pero aquellas marcas no dejaban de aparecer; apretó sus parpados fuerte y hecho su cabeza para atrás, siendo bañado por aquella torrencial lluvia.

Levanto su rostro con sorpresa —. ¡Magheq! —una sonrisa se forzó en sus labios y amplio una pequeña sonrisa en estos tratando de levantarse mientras sujetaba su brazo; XII también se levanto y arreglo su ropa mirando a su hermano con una sonrisa en sus labios mientras este trataba de caminar a ellos, con una mano en su tobillo, el albino trato de caminar hasta este y un fuerte viento inundó completamente el patio; y aquel… el olor de azufre resonó en sus fosas nasales —… no es… Música clásica… tampoco resuena el metal en su alma —Gin detuvo sus piernas, sabía exactamente que su hermano los identificaba por la música la cual era el alma de todos; sus labios se abrieron y formaron una sonrisa y le desordeno el cabello al menor mientras caminaba hasta Magheq —. ¿Te ayudo?, se ve que tienes problemas. Lamento los inconvenientes si I te mando con nosotros; espero que no te hayas lastimado tanto, Kahlfuss, realmente me sorprendí cuando te vi; ya que no hablamos tanto —amable, caminando hasta él para tenderle la mano y que su cuerpo se apoyase contra él suyo. Los ojos de Kaz miraban todo con seriedad y afirmo estando de acuerdo con Gin; entendiendo poco su plan.

Esperaba un golpe si realmente era Magheq; más sin embargo, también tenía sus dudas. Ladeo su rostro hasta su cinto y frunció el ceño —. ¿Dónde está tú espada? —pregunto. Esa espada que él le había regalado no yacía en el cinto del menor; una sonrisa se formo en sus labios y desvaino rápidamente la espada y un ruido seco se escucho al chocar el metal de su espada contra una mano hecha de metal y este amplio una sonrisa —¿Cómo te diste cuenta? —bufo con molestia —. Magheq no me dice Gin delante de las personas idiota… solo soy , o siquiera me dice algo; es sencillo darse cuenta; apestas —se levanto de hombros, escucho un sonido dentro de la mansión y miro al hombre delante de sus ojos —. ¿No estás solo cierto? —una siniestra carcajada resonó en el patio —. ¡Kaz! ¡Entra a detener a sus esbirros! ¡Protege a los invitados! —ordeno, el menor de los gemelos asintió y comenzó a entrar, el albino salto hacia atrás evitando un golpe directo —. ¿Qué te pareció el regalo que te mando UT? ¿Regalo?, levanto una ceja sin entender el punto y su espada choco contra su mano bajo la lluvia; escuchando los truenos tras si —. Esa forma me molesta, ¿quieres cambiarla? —le pregunto con una sonrisa de lado.

OFF:
http://i.imgur.com/1aEZ14f.jpg <--- Algo así son las marcas <'3
No me decidí por un físico del atacante :'D así que te dejo a ti, espero que haya entendido bien la parte final; la releí varias veces xD





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Jue Nov 21, 2013 7:45 pm

Tenía una mano firme sobre su gola, no podía, no había manera de hablar. XI estaba ahora a su lado mirándole entre sorprendido y cabreado ¿¡Cómo se le podía haber escapado?! Torció ligeramente esa sonrisa desaliñada y se llevó una mano a la frente, acomodándose el pelo mientras miraba a IV, quién parecía estar en Shock, ahí, sentado, con la mano en la garganta y la mirada puesta en... ningún punto en concreto. –Mag.- quinta vez en intentar llamar su atención, pero éste siquiera parecía respirar de lo despacio que estaba haciéndolo. Había llegado al lado del alquimista justo cuando tremendo rayo impactó cerca del lugar, dejándole tal y como ahora se encontraba: Pálido. Quieto. El mayor de los gemelos lanzó una mirada al pasillo, estaba desierto y los invitados a salvo en sus correspondientes habitaciones, por consiguiente y sintiéndose libre de tomarse un pequeño descanso se acuclilló cerca del peli morado, al cual le desordenó el cabello en esos gestos íntimos que ése par se profería en claro signo de amistad y confianza, pero Magheq no se movió ni un ápice, tampoco cambió el rumbo de la mirada, aunque... Si pudo notar ligero encoger de los hombros de éste. –No podemos perder ahora, eh.- sonó casi enfadado, pero tampoco. Nada. Estaba tan ensimismado con el cuidado de su hermano que no se percató de la sombra que a él acechaba. Sombra que ganaba velocidad conforme el aroma de XI se iba haciendo más atractivo a su olfato. Aquello que se deslizaba con gracia por el suelo quiso envolver el cuerpo de quién estaba cuidando a uno de sus hermanos, empero siquiera llegó a rozarle. XII estaba ahí, con la respiración agitada y protegiendo la espalda de su hermano a quién, con un salto alcanzó a posicionarse dónde correspondía para que aquello no osase siquiera a tocarle. –¡Moveros!- XI agarró a IV por un brazo y fue entonces cuando el menor de aquellas dos gotas de agua se percató de la falta de brillo o de la ausencia de ira en ése que, por norma general, bastaba con darle un grito para que pusiera toda su fuerza y furia en la pelea. Éste parpadeó y lanzó una mirada al mayor, quién se encogió de hombros.

Fue XII quién esta vez pelearía y cubriría al que, con el menor de todos ellos sostenido por la cintura se movió por un costado hasta saberse a salvo. –Espéranos.- dijo y esta vez pareció que IV le miraba... O algo así. Le sonrió antes de dar media vuelta y juntarse con su hermano, quién ya estaba envuelto en la pelea y parecía, sin duda, que era igualitaria o si más no, que esa vez peleaba con decisión, tal vez movido por saber que Gintoki estaba abajo peleando solo y que debía volver a su lado, por ello no dijo nada a la intrusión en la pelea por parte de XI: Cuando antes terminasen antes podría asegurar que su compañero estaba bien, que ése con el que compartía por regla general las batallas estaba totalmente a salvo y con esa sonrisa de siempre. Suspiró y se retiró el sudor de la frente con la muñeca sin dejar de observar a su oponente: Sería una noche sin lugar a dudas movida para todos los que se encontraban en ése lugar. Para todos los que se habían vuelto parte de aquellos hechos.

Ahí estaba, observando sin tan siquiera ver como XI e incluso XII se desenvolvían en el fragor de una batalla que estaba próxima a un cuerpo que no quería responder a los estímulos enviados por su cerebro. Parecía muerto, no obstante podía seguir meditando, pensando. Quiso mover la mano derecha pero se le hizo tarea imposible. ¿Qué mierda...? Tan siquiera podía cerrar los ojos a placer. Todo cuanto quisiera ejecutar con su cuerpo estaba vetado, no era más que un trozo de carne que con suerte respiraba, no... No era nada más.

-*

-¿No te gusta mi forma, Gin?- aquel que lucía igual a Magheq estiró los brazos para que el otro pudiera admirar totalmente el cuerpo que poseía y terca sonrisa amaneció en sus labios. –Te divertirá saber que me pasa si me hieres, entonces.- la sonrisa que dibujó fue ahora tan retorcida cómo la que el mismo IV solía utilizar cuando las cosas torcían a su favor. Estaba eufórico. Pronto conseguiría ganar batalla a esos que tantos otros hubieron derrotado. Orgulloso de haber encontrado el talón de Aquiles del albino se paseó hacia el mismo con las manos en la espalda fingiendo inocencia. –Tengo su voz.- explicó, moviéndose por la espalda ajena esta vez, rodeándole con pasos cortos pero meticulosos. –Pero también parte de su alma en ella.- levantó un dedo. –Mi dolor será suyo.- rió, encantado con aquello: Pero no le interesaba matarle, no, claro que no. Tenía la voz de Magheq junto a esa alma tan oscura que a todo ser del inframundo atraía, ahora lo que quería residía en el que tenía frente a sí. Le tendió una mano entonces, sonriendo, mostrando una sonrisa que el alquimista jamás hubiera puesto en su propia comisura. –Dame tú fuerza y prometo que no morirá.- truque justo. Fuerza por media alma del inmortal. Movió los dedos frente al contrario en espera de su respuesta, aunque luego pareció pensárselo y retiro la misma del alcance de V. –¡Oh, espera!- terció, alejándose un paso, únicamente un paso de aquella imponente figura. –¿Quieres ver cómo afecta lo de mi cuerpo al suyo?- la insana diversión se plasmó en el rostro que el otro conocía, demacrándose incluso por el oscuro deseo de aquellas pupilas. –Podemos pasarlo bien.- aunque obviamente, él sufriría, también lo haría el alquimista de quién había tomado la forma... Y con ello otorgar daño extra a ése que se encontraba a punto de atacarle.


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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Jue Nov 21, 2013 11:34 pm

Un gran trueno cayó cerca de donde estaban, haciendo que un gran árbol chocase contra la fachada de la casa; el viento comenzó a elevarse y la ropa que portaba el albino hacia más problemática la forma de moverse; las dos chaquetas terminaron siendo arrastradas por el viento; mientras su posición cambiaba abruptamente. Levanto una ceja con molestia y frunció el ceño bajando solo un poco la espada sin cambiar su posición —. Para nada, es asquerosamente irritante, ¿Por qué él? —pregunto levantando una ceja; de todas las personas que se hubiese podido transformar tendría que ser Mag. Ese maldito no estaba soñando cuando se transformo en él, pero no era Mag; no tendría que preocuparse por hacerle daño cierto… ¿No tendría? Trago seco y levanto su mano cubriendo su rostro con su muñeca, sus labios se movieron en una expresión de molestia; y dio un paso hacia adelante tomando con sus dos manos la espada dispuesto a atacar. Amplio una pequeña sonrisa, iba a acabar con él para terminar todo esto; sus piernas se detuvieron en seco cuando comenzó a correr y frunció más el ceño apretando sus manos.

Mierda… tengo un mal presentimiento, abrió sus labios y los cerro de nuevo; sus piernas se cerraron y sus ojos se abrieron de par en par estaba viendo borroso ni siquiera podría diferenciar al enemigo que estaba delante de sus ojos —… ¿Qué?... —su sorpresa no dejaba de caer de sus ojos; dio un paso hacia atrás —, estas mintiendo… ¿cierto? ¡Lo estas! —gruño con enfado, sus labios estaba entreabiertos y sus manos estaban moviéndose temblorosas, no quería agarrar su espada como era; no le iba a agarrar con fuerza la espada ¿En qué momento? ¿Por qué razón? ¡¿Por qué Magheq?! Soltó la espada que hizo un sonido seco en el suelo mientras permanecía de pie mirando hacia adelante, escuchándolo… en silencio. Movió su rostro hacia atrás observándolo y luego dirigió su rostro hacia adelante topándose con su rostro, sus manos estaban temblando, porque… tendría que pasar todo hoy… cuando; se habían encontrado de nuevo.

. Justo… —su mano tembló un momento, pero se atrevió a levantarla; no le iba a importar que le quitaran algo a él; pero… —. Regrésale la voz… su alma a Magheq… si lo haces… tendrás mi cuerpo… toda mi alma, este cuerpo… será tuyo; por favor… no le hagas nada —sus piernas temblaron y cayo de rodilla al suelo mirando al ajeno, ¿con suplica? Gintoki no se atrevía a mover una sola mano para lastimar a Magheq… no ahora. No en esos momentos. Bajo la mirada y mordió su labio sintiendo como la lluvia seguía cayendo encima de él, mojando y purificando todo lo que sus finas gotas tocaran. Golpeo sus manos en la arena haciendo que la sangre se acumulase en sus nudillo por el fuerte golpe y se libraran y se esparcieran por la lluvia.

Sus labios se entreabrieron y sus ojos también, su cuerpo se movió rápidamente cubriendo contra el suyo el ajeno y aventándolo contra el suelo, deteniendo con sus manos los movimientos del cuerpo ajeno; apretando las muñecas —. No quiero… —directo, seco con sus sentimientos —, no quiero… te creo… definitivamente creo lo que estás diciendo, solo… regresa el alma de Magheq a él; te daré todo lo que pidas… no lo lastimes a él —su voz se corto y una corriente entro desde sus brazos, su estomago fue pateado y su cuerpo choco contra el gran árbol que se encontraba a sus espaldas, sujeto su brazo y soltó un gran gruñido de dolor viendo como las marcas seguían subiendo por su cuerpo Que… que es esto, pensó con molestia mordiendo su labio para no gritar —Tsk… Están creciendo más rápido de lo que UT dijo que lo harían —menciono con falsa molestia caminando hasta el albino —¿Te encuentras bien Gintoki? —pregunto, el chico levanto su mirada con uno de sus ojos cerrados mientras el otro brillaba con intensidad escuchando la gran carcajada que froto de los labios de aquel que sujetaba y tenía la figura de Magheq —Realmente no entiendo porque UT tiene una gran obsesión contigo, eres fuerte; todos lo entendemos pero… no eres más que un simple humano con la inmortalidad; nada interésate —camino por su alrededor y se dedico a observarlo —. Oh, será porque es más fácil para UT controlarte, ¿será eso? Nah, no lo creo; hay gente más fácil de controlar o… —se agacho a su altura sonriendo —Fuiste vendido por tu familia a UT, ¿cierto? —abrió sus ojos y quedo clavado en aquella madera con sus ojos abiertos mirando hacia el cielo y apretó sus labios siempre lo había sabido —. ¿Y? No es como si hubiese tenido una mala vida… —subió el rostro mirando con indiferencia al mencionado —, después de todo… hasta que no muera no puede tener mi alma —vacilo un poco con esas palabras y giro el rostro por la fuerza del golpe de la patada que le habían dado haciéndole vomitar sangre; mientras sujetaba este con su mano.

¿Qué podría hacer? ¿Qué necesitaba hacer para devolverle el alma a Magheq? Ellos… se habían prometido regresar sin heridas. Pero… ¿Por qué tenía que ocurrir todo esto?





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Re: The suit makes the man || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

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