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Rain of Blood || Dennis T. Edmond

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Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Sven M. Edmond el Miér Nov 06, 2013 5:13 pm



rain of blood


Dennis T. Edmond || Viviendas [ Hortus Deorum ] || 03:50 am



Odiaba tener que cuidar las calles de la ciudad por la noche. Cuando debería estar dormido en su cama descansando completamente sin tener que vigilar a nadie y seguir a ladrones. Iba con sus manos en los bolsillos y escuchando una melodía en su Ipoh. El chicle que yacía en su boca explotaba con cada burbuja que hacía y volvía a inflarse de nuevo para repetir la misma acción una y otra vez. El castaño iba con sus ojos cerrados y tarareando la melodía que estaba sonando en sus oídos y se detuvo parpadeando un par de veces al ver algunas patrullas delante de sus narices, camino hasta la zona deteniéndose —. ¿Paso algo? —pregunto de lo más tranquilo, entrando entre algunos hombres que yacían en la zona. Los hombres se hicieron a un lado colocando su mano en la frente dándole paso al castaño que entro entre los cuerpo observando con sus ojos inexpresivos dos cuerpos sin sangre tirados en el suelo — Señor, ha habido noticias de que los vampiros dentro de la zona residencia han estado acabando con la vida de los residentes. No tenemos su localización, desaparecen demasiado rápido —el joven de ojos rojizos se agacho y estiro su mano hasta tomar la cabeza de uno de los heridos y moverla notando los colmillos en su cuello, luego deslizo su mirada hasta sus manos notando algunos colmillos en sus manos y luego en sus piernas —. Hn, no es uno solo. Son varios —afirmo levantándose y limpiando sus manos con un pañuelo que le paso uno de los oficiales —. Hagan un recorrido por toda la zona, lleven armas y disparen a cualquiera que parezca sospechoso; yo seguiré el rastro ese de sangre —menciono señalando tranquilamente un charco de sangre que se hacía pequeño directo a unos callejones —. ¡Capitán Sven! ¡No podremos dejarlo ir solo! —dijeron juntando sus piernas, el castaño los vio de reojo y sonrío —. Si van, solo estorbaran —contesto, indiferente, guardando sus manos dentro de los bolsillos comenzando a caminar.

Saco su teléfono marcando un número conocido; notando hasta donde se estaban dirigiendo aquellas pequeñas marcas de sangre. Contesta joder… ¡Contesta hermano!, pensó alarmado. Sus piernas comenzaron a aumentar la velocidad y el celular quedo cerrado en sus manos mientras giraba en una cuadra moviéndose con más rapidez entre las calles de las desoladas viviendas, tratando de escuchar sonidos cerca o alguien que esté pidiendo ayuda. Lo único que podría hacer era asegurar de que su hermano estaba a salvo en su casa, que no estuviese afuera esperándolo; reviso la hora 2 horas para terminar el turno de la noche. El reloj marcaba las 3:50 de la mañana, a las 6:00 podría terminar su turno y regresar a casa completamente sano y salvo, pero necesitaba saber que su hermano estaba a salvo. Sus piernas fueron disminuyendo la velocidad al sentir que el viento comenzaba a aumentar y las copas de los arboles comenzaron a reír entre ellas. Vampiros, pensó girando suavemente su rostro contra los arboles que rodeaban las residencias, giro de nuevo su rostro hasta el otro lado escuchando los pasos rápidos contra el pavimento y los pequeños charcos de agua que habían a los alrededores. No me están cazando a mi… ¿A quien están casando? se pregunto mentalmente, su mirada se dirigió hacia la parte de adelante, una sombra sentada afuera de una casa, juntando su rostro contra sus rodillas; los ojos del castaño se abrieron y sus piernas comenzaron a moverse —. ¡Nii! —grito, movió su cabeza de un lado a otro; sin poder notar con claridad la sombra que estaba delante de su cuerpo —. ¡Aniki!

La sombra se levanto y abrió sus manos, el castaño frunció el ceño y se detuvo en seco saltando hacia atrás cuando dos cuerpos se estrellaron en el lugar donde estaba. El castaño giro su rostro hacia atrás, y movió su cuerpo golpeando el rostro de uno de los vampiros hasta estrellarlo contra el suelo y hacer que rodase hacia el suelo donde estaban los otros cuatro, moviendo su mano hasta su espada —Capital del primer escuadrón de los agentes de policía. Sven Edmond… estábamos esperándolo—dijo uno ampliando una tétrica sonrisa, el castaño no se movió de su puesto y saco su espada amputándola a ellos —. ¿Qué quieren? —pregunto cortante, e indiferente —. Tu muerte —contesto otro, y soltó una gran carcajada que rompió la mayoría de los vidrios de los alrededores.  


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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Dennis T. Edmond el Miér Nov 06, 2013 6:28 pm

Cabeceó un par de veces empero el frío del metal que tenía a su derecha le devolvía al mundo real. estaba con su cartera que evidenciaba su posición de maestro sobre las piernas y tras de su espalda yacía una ventana que mostraba un paraje en movimiento: A duras penas era entrada la noche, se había retrasado debido a un claustro que le mantuvo ocupado entre apuntes, notas y nuevas declinaciones por parte del comité de la escuela. Nada trascendental, por supuesto. El adormilado numan metió la mano por una de las rendijas sin protección de la zarrapastrosa cartera y rebuscó hasta dar con el móvil, abrió la gruesa carcasa para darse cuenta que éste estaba apagado... Aahh, suspiró mentalmente y de hecho sus hombros se compungieron ligeramente ante el hecho. Se enfadaría, posiblemente le regañaría. Sonrió vagamente al imaginarse la pequeña figura de su carnal con las manos en la cintura predispuesto a regañarle por comerse la cena fría y es que cuando él llegaba al hogar estaba el baño y la cena lista, todo preparado por un muy estimado hermano suyo que se dirigía a esas horas a su turno de trabajo. No gustaba que su pequeño trabajase tan tarde empero ya era mayor de edad y cuando éste se lo propuso con cierto brillo en la mirada no pudo evitar aceptar muy a su pesar. Ya no era un niño. Ya no era ése pequeño que se sentaba sobre sus rodillas y le sonreía con la ternura de antaño, debía dejarle volar igual que lo ahcían los alumnos con los que compartía aula, todos curiosamente de edades cercanas a las de su carnal.

Bajó del tren con cansancio. La noche bañaba las calles, miró el gran reloj que adornaba la estación: Once. Suspiró ampliamente, sin lugar a dudas su hermano esa noche estaría ya en su turno sin poderse haber visto antes. Avanzó desganado, nadie le esperaría ahora con una sonrisa, nadie le saludaría al cruzar la puerta. Caminó con sigilo pues era conocedor de los que merodeaban por la zona, sí, claro que sí. La imagen de un rubio vampiro se le cruzó en la mente y un creciente rubor acaloró al docente. Aún era capaz de sentir el modo en el que esos dientes atravesaron su piel. Y con aquello en la cabeza se llevó la palma diestra hacia la zona en la que se vio atacado hacia un par de días, rememorando el calor, el placer, el dolor, fue una sensación tan extraña pero al mismo tiempo tan complaciente que... Agitó el rostro hacia los lados. ¡Despierta, Den!. Miró al frente con decisión predispuesto a avanzar sin tantas tonterías, pero pronto una fría sensación surcó su espinada y le hizo girar el rostro. La calle estaba desierta pero pudo sentir su respiración, una respiración acompasada, fría, tétrica, que le heló el pelo hasta la punta de los dedos, tras esa sensación, la oscuridad le invadió.

-

Estaba sentado sobre un escalón quedaba a una casa con la cabeza recostada contra sus propias piernas, parecía que su cuerpo se había acomodado de la mejor manera para protegerse de algún tipo de agresión pero parecía que aquellos no le tenían bajo posesión por su vítae. Intentó acostumbrar su mirada a la oscuridad y achinó la mirada en busca de algo que pudiera darle una pista del lugar en el que se encontraba, empero una sombra se interpuso entre su visión y el camino a recorrer. –Al fin despiertas.- tenía una voz grabe, mayor. Su mirada se enervó para poder verle. Era un hijo de la noche de cabellera plateada y ojos tan azules cómo el mar. No era de allí, sin duda sus rasgos no eran cómo de los habitantes del lugar fueran o no demonios, vampiros o extraviados. Se encogió ligeramente aunque algo en él despertó cuando una muy conocida voz le llamó. Ambos, vástago y numan miraron en dirección a la voz del vigilante nocturno y a pesar del mareo se alzó con prisa. –¡Jace!- sonó alarmado, preocupado. ¿¡Qué demonios haría un niño contra aquellos titanes de la noche?! Había visto pelear a Víctor... Sabía que no se andaban con... Abrió los ojos en grande. ¿Y sí se repetía la sangría que vio hacia escasos días? ¿Y sí todo terminaba allí? La blancura cubrió su faz aunque no dejó de observar a su hermano con claros ojos preocupados. Así resguardó hasta que la risotada le obligó a protegerse de unos cristales que estallaron cerca suyo, hiriéndole un pómulo al no atinar a cubrírselo con el brazo de manera adiente.

El olor debió despertar el hambre de ése que le imposibilitó de buen grado la visión pues le atajó por el pelo sin ademán de ser gentil para con sus gestos y le obligó a que ambos quedasen próximos, barriendo la sangre con una rasposa lengua que le obligó a soltar un sonido molesto al que era víctima en ése fátidico encuentro. Empero y sabiéndose observado por el menor empujó al vástago con ambas manos a pesar de saber que éste se devolvería de un modo quizás menos permisivo. -¡Vete, Jace! ¡Vete a casa!-




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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Sven M. Edmond el Miér Nov 06, 2013 7:43 pm

El grito resonó completamente en todo el vecindario, los vidrios y todos los pedazos cubrían completamente la calle donde se encontraban. Tres delante de su cuerpo y uno más al fondo con una figura reconocida para él. Era demasiado lo que estaba pasando, aceptaba que se metieran dentro del palacio para arrancarle la cabeza a su gobernante que tenía 100% la seguridad de que se sabía cuidar perfectamente solo pero jamás. ¡Jamás en la existencia! ¡Perdonaría a unos bastardos que le colocaran el dedo encima a su hermano! Nunca se permitía esa acción, ni siquiera que se tratase de los mismos gobernantes, su hermano era lo más hermoso y lo único que tenía en ese mundo, aquellos movimientos del bastardo mayor le hicieron apretar fuertemente la espada que sostenía en su cinturón, las criaturas que se levantaban lentamente dispuesto a atacarlo; solo eran Numan recién convertidos en humanos; dos de ellos eran los cuerpos que antes había revisado, eso quería decir que los oficiales estaban muertos. Solo eran simples Numan convertidos, ni siquiera podrían aguantar su propia sed de sangre y pensar por sí mismos, su verdadera presa era el sujeto que se escondía entre las sombras y sujetaba con sus manos a su hermano. Ese bastardo; él… era su verdadera presa.

Su cabello se movió por el viento, escucho el sonido de la radio sonar; ondas cortadas y detrás de todo eso los gritos de algunos hombres. Estaban siendo acorralados por un solo vampiro, no había que temer por Numan recién convertidos; para el castaño solo eran basura por fuera de la canasta. No eran nada más que molestas ratas que estaban a unos pequeños pasos del verdadero tesoro. Frunció el ceño y movió suavemente sus piernas para acomodarse y desvainar con más tranquilidad —. Les aconsejo que se quiten de mi camino… —su voz sonó profunda, suave y corriente; como si no hablara con los tres que estaban delante de él —, les ordeno que se quiten del medio; ustedes tres no son mi presa pero si se interponen entre mi presa y ese sujeto le pone una sola mano a mi hermano; les juro que van a ver el infierno no… verán el cielo y se quemaran con el agua bendita —gruño, sus ojos brillaron en la noche sedientos de sangre, su mano movió hasta la empuñadura y sujeto la base de la vaina con su dedo grande; escucho una gran carcajada proveniente del fondo donde estaba aquel sujeto agarrando a su hermano y lo acerco hacia él; lo observo y sus ojos crisparon de odio; se había acabado la paciencia, nadie tocaba a su hermano. ¡Nadie!

. Lo siento… hermano —susurro, suavemente cerrando sus ojos y el viento choco contra su rostro; sus piernas se movieron hacia adelante y los recién convertidos en huevos de vampiro saltaron al tiempo contra el castaño, se escucho un pequeño click al momento de que la espada fue sacada de la saya; y la sangre comenzó a esparcirse por toda la calle, los ojos del castaño terminaron observando al sujeto que sostenía a su hermano con su espada dentro, al momento que se escucho un nuevo click; cuando termino otra vez de regreso en su saya; los cuerpos de los vampiros cayeron sin vida detrás de su cuerpo, la sangre comenzaba a bañar el lugar donde se encontraban, ya sin cabezas y sus cuerpos rotos por la mitad, el castaño saco su lengua limpiando completamente sus labios, y comenzó a mover sus piernas hacia adelante; sin mencionar nada, sin decir nada al respecto; solo quería cortar a ese sujeto por la mitad, quería hacerlo pedazos. Solo quería matarlo.

Un sonido metálico atravesó sus oídos; la música seguía cambiando a un compás completamente diferente a lo que estaba planteado; su pie comenzó a moverse al compás de la melodía debajo de este, y la luna lo reflejo. Lo reconoció de inmediato pero no hizo ademan de deletrearlo en palabras ni de mencionarlo tampoco; no tenia porque hacerlo, solo abrió suavemente sus labios —. No tengo la menor idea de quien seas, solo suelta a esa persona, que es inocente. Si no quieres acabar como ellos —su mirada se dirigió detrás de él, sentía sus piernas pesadas por la sangre que estaba adentrada a sus zapatos y a la parte baja de su uniforme, su mano seguía sujetando la katana pero no se movía de su puesto; no quería poner en pelinegro a su hermano. La sangre le hirvió al sentir reír al vampiro, sus manos estaban temblando, quería cortarlo por la mitad pero la proximidad de los dos era demasiado; si no tenia cuidado su hermano podría salir herido y ahora que lo recordaba, la última vez que lo vio estaba demasiado pálido. No quería perderlo, no a él.

Ya su hermano menor había caído en las tinieblas, no iba permitir que su hermano mayor también se fuera en ellas. Ya no quería estar solo; ya no más. Apretó fuertemente sus manos, sacando la espada de nuevo pero sin moverse, la espada estaba mitad afuera y mitad dentro de la saya y su mirada seguía dirigida a aquel sujeto, cuyos labios estaban alargados en una gran sonrisa; la odiaba… odiaba ese tipo de miradas y de sonrisas. Ese sujeto, no era nada más ni nada menos que un bandido de Tenebris que atrapo hace años atrás destruyendo completamente su carga y todo lo que estaba dirigido hacia la capital por contrabando; lo recordaba, juro cortar por la mitad a muchos de sus aliados, y hacerlos hervir en el fuego del infierno; ahora venía a vengarse con la única persona que no debía tocar.

Y bien… ¿Qué vas a hacer Sven? Atacar y lastimar a tu hermano o esperar lo que quiera decir ese sujeto, cualquiera de los dos casos al castaño no le agradaba. Después de todo el frío estaba calando sus extremidades, ese sujeto no estaba solo. No había venido completamente solo —. Ya no puedo huir, Aniki. Estamos rodeados y no hay más escapatoria que luchar —susurro dedicándole una dulce sonrisa en sus labios —, yo… te protegeré —finalizo.


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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Dennis T. Edmond el Jue Nov 07, 2013 10:13 am

J-ace...- murmuro, sin dar crédito a lo que estaba contemplando. Su hermano, ése pequeño que él mismo había conseguido alzar para mantenerlo y procurarle un hogar estaba... Se vio obligado a girar su vista de ese despiece de miembros y de entes de la noche sintiendo cómo en su estomago se asentaban las ganas de devolver lo poco cenado aquella noche, empero lo tosco de una rudimentaria mano le obligó a tener el rostro encarado a la escena, ése, el vampiro que se aproximó a su persona cuando abrió los ojos le mantuvo sujeto por la quijada obligándole a ser partícipe de la sangría protagonizada por su querido hermano, no obstante e intentado huir de esas repulsivas imágenes mantuvo la mirada ladeada, sus orbes estaban fijos en alguna de las paredes que le envolvía, incapaz incluso de moverse pues el sonido de cada uno de los ataques le provocaba una involuntaria convulsión, el olor a sangre, el encharcado sonido de las pisadas de los que proseguían con la idea de destrozar su más valioso tesoro...

De pronto todo sonido cesó y pudo volver a escuchar la nítida voz de su carnal, lo que le hizo ubicarle en medio de ése mar de vísceras y sangre. ¿Por qué? Estaba lleno de sangre... Su rostro, sus manos, su ropa... ¿Por qué? ¿Por qué todo debía darse con esa violencia? ¿Por qué los de una raza y otra no mermaban diferencias y procuraban vivir los unos con los otros? ¿Por qué esa sed de destrucción los unos con los otros? Su mirada no se apartó de la de ése chico que tanto amor le procesaba, sintiéndose increíblemente imbécil. No, sin lugar a dudas no era la primera vez que era capturado por alguien que intentaba sacar ventaja con su presencia. Recordó vagamente el coche, el modo en el que Víctor le arrimó a él cuando el clérigo se quitó a sí mismo la vida por el embrujo. Ahí estaba él, agarrado por toscas manos del desconocido, con la mirada puesta en su hermano y... abrió los ojos son sorpresa cuando escuchó aquello. –Oni...- las sonrisas de ambos hermanos eran sin lugar idénticas, aunque la suya ahora tenía cierto rastrojo de culpa. Posiblemente de no haberse retrasado ahora Sven podría salir de allí sin más heridas que la que restase en su ego.

A pesar de ser tan iguales en cuanto a físico tenían mucho que desear en cuanto a personalidad, su carnal había nacido para el trabajo que realizaba, él a duras penas era capaz de correr más de cinco minutos seguidos sin sentir que se ahogaba, en cambio y desde pequeños Jace se mostró con destreza para el deporte... No por nada estuvo varios años ensayando técnicas de ataque en el aquel gimnasio. Tomó aire desde la boca y le dedicó una mirada decidida, bien, si ése era su plan... Él también debía ingeniárselas para proteger lo que más quería. ¿No?. Su codo derecho impactó contra ése que le tenía sujeto, impactándole directamente en el vientre, el mencionado se doblegó por el dolor y se sujetó la zona herida con una mano mientras maldecía el que aprovechó aquello para ir en dirección a su hermano. Si bien su política era no alzar la mano para con nadie, en situaciones de aquellas iba acostumbrándose a cuidar su persona para no ser un lastre para aquellos que le acompañaban en la travesía. El hombre dijo algo que no alcanzó a escuchar, demasiado centrado en no pisar las repulsivas vísceras que adornaban el sendero que le llevaría hacia el menor.

-¡A-ahora, Jace!- poco a poco iba siendo capaz de reconocer los puntos flacos de aquellos que procuraban siempre arrebatarle la vida, con él lejos de la escena y el compungido recogido en su forma supo que su hermano podría atacarle sin más, empero la carrera le permitió llegar a su lado, por su parte sentía los zapatos húmedos aunque no se atrevió a mirar hacia ellos, su respiración era acelerada y a causa de ello sentía un extraño sabor en la garganta, sin embargo logró llegar a su lado entre jadeos, al alcanzarle se inclinó en una especie de reverencia y apoyó las manos sobre sus temblorosas rodillas intentando con ello recuperar el aliento, estaba de espaldas al que le hubo traído hasta ése lugar y encarado a su hermano, a éste le dedicó una mirada de puro apoyo antes de que sus piernas cedieran y terminase arrodillado en un charco del vítae de alguno de los caídos pero le ganó al asqueamiento inicial para ser capaz de seguir con la mirada al castaño de proporciones más pequeñas a las suyas.

Nunca hasta ése momento le había visto desenvolverse en pelea, a pesar de irle a ver con asiduidad al gimnasio no dejaba que le viera en combate con ningún chico de su edad, cosa que le hacía reír. ¿Era por eso, Sven? Sus gestos eran salvajes y aunque hábiles pudo notar rencor y odio en todos y cada uno de los ejecutados y es que sin lugar a dudas en el fuero interno del más joven de los dos hermanos aún había ése sentimiento de pérdida y supuso que no únicamente del hermano fallecido. Permaneció en su posición por temor a incordiar al que estaba dejándose a la lucha, observando no sin asombro todas y cada una de las acciones de ése grácil cuerpo. Y ahí estaba él a pesar de ser el mayor de ambos, quieto, sin poder hacer más que esperar a la llegada del pequeño. Aunque del cierto era que en caso de peligro saltaría cómo un resorte para enfrascarse en batalla, si era por su hermano no le importaría morir si aquello significaba salvarlo a él.




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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Sven M. Edmond el Jue Nov 07, 2013 3:17 pm

Así estaba bien ¿cierto? Esta mucho mejor de esta manera que de otra. Era mejor que se enterara de una vez por todas la verdadera clase de hermano que tenia ¿no es cierto?, pero tampoco era tan malo. Era peor mentir una actitud que no tenía delante de su hermano, no… eso tampoco era cierto; su personalidad flotaba dependiendo de con quienes estaban y su hermano era de esos que hacían que su sonrisa fluyera con más regularidad y su vergüenza saliera a flote, era cierto… Que los sádicos no soportaban la presión. Bajo su mirada, estaba tan lleno de culpa, tan lleno de dolor de lo que podría estar sufriendo su hermano con verlo realmente. Sabía que el ajeno lo visitaba de vez en cuando, sabia los días que podría ir y cuando le llevaba sus deliciosos almuerzos; sabia contenerse y mantener con la boca callada de una sola mirada a sus compañeros; dejarse golpear en las practicas y golpear con suavidad los puntos frágiles de sus compañeros cuando el castaño mayor estaba presente; cuando le dedicaba esa sonrisa y mostraba que confiaba en su pequeño hermano, que lo quería tan dulce como era. Pero nunca lo observo acabar con todos su compañeros de un solo golpe, superar cada escala de entrenamiento en unos pocos días y finalmente alzarse con su espada al ser uno de los mejores espadachines de Hortus. ¿Era cierto no?; era el más habilidoso con su espada pero se volvía frágil cuando su hermano estaba consigo, no podría culparse. Lo amaba más que nada en el mundo; sus padres desaparecieron con la escasa edad de 13 años, y su hermano comenzó a criarlo desde esa edad; aunque ya antes era él quien se hacía cargo de todo lo suyo; sus padres nunca estaban presentes para ninguno de los tres, aunque aparentaran ser una feliz familia, el pequeño castaño sentía la soledad; las falsas sonrisas de sus padres; apretó fuertemente su espada con rabia, las únicas sonrisas verdaderas, no las quería perder. No, lo quería perder a él.

Por favor… no a él, UT, alquimistas… quien quiera que sean los creadores de este mundo; por favor… no me permitan perderlo a él, todo… menos a mi hermano, apretó fuertemente sus ojos color carmín que estaban brillando como dos ojos sedientos de sangre; acabar con su enemigo y partirlo en dos, cortar poco a poco sus miembros y dejarlo imposibilitado; sin dejar ni un solo rastro de su sangre, sabia el alcance del vampiro delante de sus ojos, la vez que se encontró con él, fácilmente pudo acorralarlo con su espalda y atravesar su cuello pero nunca matarlo, no le interesaban las presas débiles, por ese ahora mismo él estaba atacando su mayor debilidad, su mayor deseo y lo más preciado que tenía en su vida. Sus labios temblaron un poco y apretaron fuertemente sus dientes, si el vampiro era un demonio evolucionado por UT; él era un Numan evolucionado por el mismo diablo y podría cortar por la mitad a quien quisiera.

La vida de los dos hermanos a pesar de estar tan unidos los dos son tan diferentes; siempre quiso cuidar a sus hermanos, por esa razón siempre entreno su pequeño cuerpo a pesar de ser pequeños. Sabía lo frágil que era su hermano mayor, y lo torpe que era para un montón de cosas; lo delicado y muy posible enfermo hermano menor; el tendría que sacarlos a los dos adelante; sin importar lo que muchos dijeran, lo solitario que podría ser a la hora de jugar con los demás niños; todos se alejaban de él por lo callado que era; nadie llegaba a jugar con él hasta sentir un pequeño muñeco delante de él y unas grandes manos sujetando su cabeza y jugar en la arena; eran esos dos pequeños rayos de sol, Jonh y Dennis. Sus manos deslizaron su espalda sujetándola con las dos manos apretándola fuertemente; desde el momento que fue ascendido con tan solo unos meses de haber entrado a la policía y luego pasado a ser capitán de la primera unidad del ejército logro darle desde pequeños detalles a su hermano comenzando a ir creciendo con los regalos para que no sospechase de su rápida escala de subir hasta los primeros puestos “Me han dado mi primera paga, ¿Vamos a comer a un lugar elegante?, será divertido”, pequeñas escusas que resurgían para comenzar a llevarlo a lugares caros y comida deliciosa, luego comenzaron los pequeños objetos materiales “Estaba en Opimae, compre esta lámpara de madera; espero que te guste”, pequeñas excursiones cuando el gobernante quería visitar a sus alquimistas amigos que le hacían llevarlo hasta esa zona con sus hombres y luego de eso comenzó la casa “He hecho un préstamo, hermano. Y cambie los viejos muebles ¿son hermosos no?, no te preocupes. Si trabajo algunas horas extras podre cubrir el préstamo”. Todas eran mentira, la gran paga que le daban en el ejercito seria para beneficiarlo a él y a su hermano; sin dejar de recibir los caprichos de su hermano ocultando lentamente los objetos fue haciendo grandes regalos que podrían cubrir todo lo que él no se compraba “Ya te puedes comprar ese celular que tanto deseas, no te preocupes por mí. Me darán uno en el trabajo”, pequeñas sonrisas, pequeños motivos era lo que le hacían completamente feliz; y ver feliz a su hermano era lo mejor.

Sus ojos se dirigieron hacia adelante, los movimientos de su hermano siempre eran tan desubicados y tan metódicos. Amplio una sonrisa de sus labios al verlo correr hacia él; soltó la espada con una de sus manos y pudo sacar una pistola apuntando a la cara del vampiro antes de que atravesase por completo a mi hermano que seguía corriendo, tan lento pero a la vez tan seguro; quería estar a su lado rápidamente. Disparo el sonido seco de la pistola la cual tenía balas especiales para cualquier criatura hizo un sonido que detuvo los pasos de los demás vampiros a su alrededor. Aquellos Numan recién convertidos en vampiros y que seguramente muchos de ellos pertenecerían a la policía frenaron en seco al momento que la bala atravesó la cabeza del peliplateado; si destruía a su creador los demás vampiros perderían la razón de andar por ahí y se retirarían o al ser muy salvajes atacarían pero no sería la gran cosa, podría defender a su hermano de un montón de vampiros recién convertidos que uno de rango B… —. Sí… hermano —dejo salir suavemente de sus labios pisando el frío suelo con la suela de su zapato y emergiendo la carrera para blandir su espada, el vampiro sujetando su cabeza elevo su mano y miro con arrogancia al castaño; quien se agacho, y rodo por el suelo; este abrió sus ojos y la espada atravesó desde su barbilla hasta su cabeza, su uniforme estaba completamente sucio y sus cabellos chorreaban sangre, que se deslizaba desde su frente hasta sus labios —. No, no, no… ese truco no funciona conmigo —menciono suavemente girando la espada dentro de la cabeza del ajeno, sabía que su hermano no iba a ver esto aunque quisiera; su rostro estaba hacia el frente y el cuerpo del castaño estaba delante del vampiro —. ¿Tienes algo que decir? —pregunto suavemente, el vampiro no pudo abrir completamente sus labios y el castaño termino de girar la espada decapitando al sujeto que comenzó a llover una cantidad de sangre que baño completamente su rostro y su cuerpo, este deslizo su mano por su rostro quitando el resto de sangre que se desprendía de esta. Saco un aparato de su bolsillo y lo encendió lanzándolo hacia el cuerpo de aquella bestia que comenzó a arder, un gran fuego negro cubrió el cielo y luego el fuego cotidiano comenzó a emerger; los pedazos del rostro seguían esparcidos por el suelo comenzaron a desintegrarse como cenizas mientras el cuerpo seguía ardiendo.

Sus piernas se giraron suavemente sobre sus talones, y bajo su cuerpo hasta sujetar su estomago viendo una pequeña cortada que causo la mano del vampiro cuando le ataco con su espalda; si que era rápido por esa razón lo incendio tal vez para que su alma descanse en el infierno como es debido. Sujeto fuertemente la espada y se sentó en el suelo mirando la espalda de su hermano como se retorcía — ¡Capitán! ¡Capitán! ¡¿Se encuentra bien?! ¡Proviene un gran humeral desde su posición!, cambio —el radio comenzaba a fastidiar, el castaño lo saco y apoyo su cuerpo en la espada —. Si… estoy bien; los vampiros comenzaron a retirarse, no se preocupen son Numan recién transformados… hay algunos con el uniforme de la agencia, no teman… yo me hare responsable de todo —susurro apretando la radio —, cambio —del otro lado se produjo un silencio profundo, los oficiales estaban dudando de la orden de su capitán —. No podemos dejar todo esto a su cargo, capitán. Todos estamos en el mismo lugar, cambio… —dijeron —. ¿Es que acaso no me escucharon?, cambio —pregunto apagando la radio, se levanto balanceándose un poco y caminando hasta su hermano, se arrodillo en el suelo detrás de él y sus manos abrazaron su cintura, su cuerpo estaba convulsionando un poco; la única persona que le hacía perder la cordura de esa forma… era él, su hermano —. Lo siento… Nii-san… no quería que vieras nada de esto —decía aferrándose a la espalda de su hermano.


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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Dennis T. Edmond el Jue Nov 07, 2013 6:07 pm

Aún no daba crédito a lo que estaba sucediendo, estaba ahí, arrodillado y mirando con ojos vacíos cómo su hermano blandía espada con maestría. ¿Qué había pasado con ése niño que se tropezaba con el kimono? Un escalofrío le dominó entero. ¿Fingía ser débil? Si no era así los años habían curtido a un maravilloso espadachín. Le recordaba, claro que sí. Solía llevarle el almuerzo al gimnasio y era el profesor quién abrumado por el amor que existía entre ambos hermanos le invitaba a pasar y ser participe de los duros entrenamientos al que los niños eran sometidos, sin embargo... Nunca vio al verdadero, nunca mostró esa faceta tan hábil cuando él estaba presente. ¿Por qué? Ése niño al que le quedaba considerablemente grande el kimono que portaban por igual todos los de la clase, ése chico que le sonreía desde un lado del tatami con una mano de manera tímida y medio a escondidas del resto, ése pequeño que venía a abrazarle cuando llegaba y alzaba la comida envuelta cuidadosamente... sus manos se cerraron en un tembloroso puño, ahí, apoyadas en el frío pavimento nocturno de la ciudad y por un momento no miró hacia el campo de batalla, fijándose en l modo en el que sus nudillos se tensaban conforme los espadazos iban y venían una y otra vez. Quizás era demasiado protector, tal vez Jace no quería que le tratase cómo a un niño... Empero la sola idea de aquello le aterrorizaba. ¿Podría seguir sin su estimado? Tenía serias dudas al respecto pues durante toda la vida se había encargado de dar cobijo a sus dos hermanos debido a la clara falta de cuidado impartida por unos padres que jamás estaban en casa, dejándoles solos, sin a duras penas algo de comida que llevarse al estómago y él se las ingeniaba cómo podía par alimentar a los dos pequeños que le miraban hambrientos a la hora de la cena no obstante procuraba siempre que esos días fueran sonrisas, juegos, que los pequeños no notasen la ausencia de los adultos en el hogar.

Cuando alzó la cabeza en un primer intento por centrarse en cuidar a su pequeño desde la distancia pudo apreciar el reguero de sangre y destrucción, alertado buscó a su carnal empero ahí estaba: Vivo, sano y salvo –o eso creía pues al estar de espaldas no pudo apreciar el corte ajeno-... Lleno de la sangre de aquellos a los que hubo dado fin de la manera más sangrienta que nadie se podría imaginar. Quiso hablar pero su voz no quiso salir, estaba aún demasiado afectado por lo acontecido, más pronto llegó algo que volvió a girarle el mundo. Movió bruscamente la cabeza en dirección a la cadera del castaño, enormemente sorprendido con lo que acababa de escuchar. ¡¿Capitán?!. No, no podía ser. Pensó en que seguramente todo el asunto de lo recién visto le había trastornado el oído o algo así, pero... No. Volvieron a llamarle de la misma manera con voz alta y clara y Jace contestó cómo realmente lo haría un adulto formado para ése tipo de situaciones y batallas, dejando a Dennis más confundido aún.

Ahora que lo meditaba más a fondo... jamás faltó dinero, incluso los meses en los que pasó sin empleo siempre podían subsistir con ayudas que día tras día traía el pequeño a casa. Siempre decían que eran trueques, intercambios, ayudas de todo tipo y él... Se lo creía. Sintió un remolino de sentimientos en ése momento, cierto era que había sido engañado por nada menos que por su estimado hermano, pero por otro lado éste únicamente procuró bienestar a esa pequeña familia que formaban ambos. Estaba en una encrucijada de sentimientos y pensamientos, pero todos terminaron cuando la fragilidad de ése pequeño cuerpo se abrazo a él. Por su parte irguió despacio la espalda y destensó su posición, era él. Seguía siendo ése niño que le buscaba... Búscame siempre, Sven, por favor. Cerró despacio los párpados y dejó escapar el aire contraído en sus pulmones por la vivida tensión, para entonces su diestra fue alzada y se apoyó sobre la fría mano del que era idéntico a él en físico. –[color=blue]No vuelvas a asustarme así.[/b]- susurró, tembloroso. No, no. ¿Qué haría yo sin ti?. No cabía siquiera la posibilidad en la que pudiera verse separado de su única familia. sus dígitos prosiguieron con la caricia que estaba otorgándole hasta que sintió cómo el otro temblaba, sonrió débilmente y volteó el cuerpo aún y estando enclaustrado entre los brazos del menor para, sin más y apoyando esa mano utilizada para otorgarle caricias sobre la nuca ajena empujarle hacia sí, contra su pecho. Ahí, resguardándole de todo mal era dónde un niño de su edad debería estar, no creyéndose que éste fuera un arma de destrucción masiva, no, no podía ser... –[color=blue]Onichan...[/b]- murmuró, apoyando el mentón sobre la cabeza del más pequeño de ambos, empero y al ir a rodearle con su mano libre palpó humedad en el vientre ajeno, creyéndolo sangre de otros no le tomó importancia... No hasta que distinguió que el roce le provocó algún tipo de dolor. ¿¡Herida!? La alarma bañó su gesto y aunque fue suave apartó al otro de su persona para distinguir un corte en sus ropas y cómo el mismo mostraba una profunda hendidura en el cuerpo del otro, aquello le hizo palidecer de golpe pues en un inicio le creyó totalmente sano, sin ningún tipo de herida.

Se alzó tembloroso, no por tener por su parte alguna herida si no por saber a su pequeño con aquello en el vientre, siquiera lo dudó, estaban los dos solos por lo que la reputación de éste no se vería en absoluto truncada por las acciones del hermano mayor, o eso consideró por cuenta propia, debía actuar. Agazapó a duras penas su cuerpo y acomodó al menor entre sus brazos, alzándolo cómo si realmente no le costase lo más mínimo, una de sus palmas se pasaba por debajo de las piernas de éste, la otra le mantenía firme por la espalda para que no terminase desnucado, le sonrió con la ternura que solía antes de hablar o de que el otro intentase deslizarse fuera de su alcance. –Déjame cuidarte.- más que un reclamo o una propuesta lo dijo casi con suplica, acostumbrado a que Jace se mostrase ligeramente rebelde cuando era él quién debía dejarse cuidar, intentó mantener la sonrisa a pesar de estar temblando. ¿Y si no sabía? ¿Y si se infectaba? Su hermano. Su pequeño. Sus temblorosos brazos estrecharon la figura del príncipe del hogar y su nariz acarició de manera paternal la frente del que tenía en los brazos, barriendo de ahí el sudoroso flequillo de su contraparte antes de depositar en la zona un suave y cálido beso, tras ello la proclamada calma desapareció. –¡Capit...!- era uno de rango inferior quién se les quedó mirando atónito. Sin duda Sven tenía que haber sido capturado por ése ¿Vampiro? Si, no quedaba otra. Conocía lo suficientemente bien a ése chico cómo para saber que no era tan... Tan cariñoso. El chico que se presentó en escena desenfundó la pistola y apuntó hacia Dennis con los brazos temblando y la mirada puesta en el que consideraba un monstruo. –¡N-no toque al Capitán!- terció con voz altiva, aunque pudo apreciar cómo la misma estaba llena de temor. A fin de cuentas, sólo eran niños jugando a juegos de adultos... ¿No?




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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Sven M. Edmond el Jue Nov 07, 2013 8:57 pm

A la única persona que nunca le hubiese querido mentir era a aquella persona delante de sus ojos. Su cuerpo estaba temblando y su corazón latía rápidamente ¿Por qué?, se sentía culpable. Demasiado. No era la culpabilidad por quitarle la vida a aquellos vampiros que yacían todavía en el suelo e iban desapareciendo poco a poco convirtiéndose en cenizas, no… tenía miedo de la reacción de su hermano; de cómo lo observaría desde ahora; él no había estado mintiendo ¿cierto? Solo le ocultaba lo que su hermano más odiaba… quería ser fuerte para defenderlo, quería ser fuerte para cuidarlo; no quería ser fuerte para lastimarlo. ¿Lo estaba lastimando? Le había mentido durante un largo tiempo, había ocultado tantas cosas a su hermano que su corazón ya no podía más. Ya que no quería herir a lo que quería. Apretó sus dientes fuertemente, en la oscura noche no se escuchaba absolutamente nada, el viento movía los arboles normal; de un lado a otro, como si todos en aquella noche los vampiros los hubiesen devorado. Si se hubiese adelantado a los movimientos de ese vampiro peliplateado; ni, si tan solo lo hubiese eliminado antes tal vez podría seguir escondiendo su verdadera personalidad… bueno, no era como si le mintiera a su hermano mayor; la personalidad que creo con base para defenderlos. A ellos dos, a sus más preciados hermanos, pero ahora… con solo su hermano debía de trabajar mucho más para cuidarlo; su trabajo, su hermosura, todo de él era bello y atraía a las almas más peligrosas a su lado; tenía que volverse más fuerte, tenía que atravesar por tantas dificultades, no le importaba caminar en el infierno descalzo; quería que su hermano viviera completamente feliz, quería hacerlo feliz. Solo a él. Tenía que hacerlo feliz, por Jonh y por él; sufrió mucho cuando era joven… ya debía de parar su sufrimiento, ¡Ahora estaba él! ¡No le importaba sufrir! No le importaba ensuciarse las manos… quería que su hermano viviera en paz… lo amaba demasiado; para no dejar que viviera feliz.

Apretó sus manos contra la ropa del ajeno y su rostro estaba escondido entre su espalda, buscando la tranquilidad y la comodidad de este por su propio bien. Su cuerpo estaba temblando, temía que su hermano le quitase de sus brazos, temía que su hermano le dijera que era como todas esas personas que él tanto odiaba… estaba temiendo que su hermano huyera de su abrazo, de sus manos. Temores que solo eran producidos por su amor incondicional a aquel hombre que lo amo tanto. Pero sus ojos se abrieron por la sorpresa y su cuerpo se aferro más a la espalda de su hermano al escucharlo decir esas palabras, sus labios temblaron un poco pero sus dientes mordieron su labio inferior asintiendo. Sintió los movimientos del ajeno y aflojo débilmente un poco el agarre hasta que lo vio directamente a sus ojos, sus labios formaron una pequeña sonrisa en su rostro dejándose consentir por su hermano, no tenía motivos para que lo quitara, lo quería abrazar… no quería que su hermano lo abrazara. Su rostro fue a parar en el pecho ajeno y sus manos subieron hasta los hombros de su hermano apegándolo a su cuerpo No quiero… que te separes, por favor, sus labios no decían ni una sola palabra, pero su cuerpo se aferraba más al de su hermano, no le importaba sentir ahora mismo dolor ni tampoco que su cuerpo se contrajera por aquella herida, no era la gran cosa tampoco –bueno para él- Era más importante deslizar sus manos por la espalda grande de su hermano, sentir su olor y escuchar su voz. Su cuerpo se apoyo más en el ajeno cuando su cuerpo se levanto solo un poco por el pequeño dolor que causo aquel roce, y el pequeño gruñido que salió de sus labios apretando fuertemente sus dientes —. Lo siento… —susurro de nuevo. Su cuerpo fue separado de su hermano y frunció el ceño enojado como cuando era pequeño y lo quitaban de los brazos de su hermano mayor porque tenía que hacer tarea y otras cosas dentro de la casa. Su mohín se incremento en sus labios y sus ojos estaban dilatados por la molestia —. Nii-san —se quejo.

Su pequeño cuerpo fue movido del suelo por su hermano mayor, ya sabía que se había dado cuenta de su herida por lo cual los movimientos le molestaron un poco y trato de separarse pero como era costumbre del pequeño castaño no utilizaba tanta fuerza que le permitía a su hermano mayor movilizarlo como este quería. Sus labios seguían mostrando aquella señal de incomodidad pero tranquilidad de saber que su hermano no había cambiado absolutamente, sus manos se deslizaron hasta los hombros del ajeno para poder acomodarse bien, mientras bajaba la mirada un poco sonrojado. Río un poco por sus movimientos en su frente y la cosquilla que su nariz provocaba, mientras apretaba suavemente sus manos en los hombros ajenos —. Si… puedes hacerlo —susurro, suavemente; riendo mientras elevaba la mirada y proporcionaba un beso en la mejilla de su hermano con dulzura y tranquilidad.

Una voz cruzo hasta sus oídos a lo lejos y frunció el ceño por molestia a lo que estaba pasando. Levanto suavemente su mirada notando a un rubio alto que temblaba detrás de su cuerpo, sus labios se abrieron suavemente apretando los hombros de su hermano —. Baja el arma, Nicolas —ordeno, el agente dudo de hacerlo, sus manos quienes estaban temblando miro al capitán con terror y luego la espalda de aquella persona —, ¿no me escuchaste? —volvió a decir, se apoyo al cuerpo de su hermano deslizando su rostro hasta quedar entre el cuello y el hombro de su hermano mirando con ira al hombre que apuntaba la cabeza de su hermano, mientras levantaba su mano y la pasaba por su cuello —Pe…pero capitán… —dudo —. Estoy bien; como vez… No os ordene que fueran a atrapar a los demás vampiros… ¿Es que acaso estas pasando por alto mi orden? —pregunto, el joven movió su rostro de un lado a otro negando completamente —. ¿Entonces? —volvió a preguntar —. Baja el arma —ordeno. El chico bajo el arma apuntando al suelo, y Sven soltó un suspiro de sus labios separándose del hombro de su hermano y dedicándole una dulce sonrisa que solo el mayor pudo observar.

Los pasos del agente comenzaron a alejarse de la zona, despacio; dejando a los dos hermanos de nuevo solos, solo observándose fielmente, como si esos dos… fueran los únicos en ese lugar.


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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Dennis T. Edmond el Vie Nov 08, 2013 3:52 am

Tras lo acontecido lo único a lo que tenía temor era que su hermano cambiara, que ya no se mostrase tan dulce cómo solía por haber sido participe de uno de los secretos más resguardados por éste. Quería creer que lo visto no era más que un modo que el menor de ambos utilizaba para proteger y resguardar la vida de los más débiles, sí, no quedaba de otra, eso debía ser. Ése ser que tenía ahora en sus brazos no albergaba ningún tipo de maldad, era un niño, uno que había criado de la manera que pudo con todo lo que tenía, no obstante si se esperó otro tipo de reacción cuando el foráneo apareció, el desconocido apareció en escena se preparó para que el otro se bajase de sus brazos o le apartase por la vergüenza de la posición encontrada pero para su sorpresa los brazos finos y delgados de su carnal rodearon la amplitud de su espalda y refugió el rostro entre su cuello y hombro consiguiendo que soltase una risa, la misma fue callada cuando su pequeño pasó la mano por su cuello, protegiéndole, seguramente, de la trayectoria del arma. No temía, en absoluto. Aquel que estaba tras él no era más que otro pequeño con las ideas confundidas, no miró hacia atrás pues de hacerlo seguramente se daría cuenta de la semejanza entre ambos y no sabía del cierto si los que trabajaban junto al menor eran conscientes de que tenía un hermano o familia. La sonrisa de éste no pasó por alto, la devolvió en son de dulzura inscrita y movió los labios para pronunciar un gracias vocalizado pues siquiera habló, luego le guiñó un ojo: Si así eran las cosas, así las aceptaría. Ahora no era el momento para una charla paternal con el que tenía entre sus brazos, tenían una herida que atender, además era importante que el pequeño se sintiera arropado en sus decisiones y eso lo sabía más allá que de su condición de maestro.

Su mirada de ése tono oliva contempló por un instante ése semblante. Ése chico era el amor que movía su mundo, era todo y nada. Era su hermano, su maldita alma gemela. Los pasos del muchacho subyugado a las palabras del capitán se fueron alejando hasta que de nuevo restaron a solas en ése frío callejón que apestaba a sangre, su propio carnal estaba lleno de la marca de la muerte, sangre, sangre por doquier, parecía haberse bañado en la misma empero y a pesar de ello ahí, entre sus brazos, seguía pareciéndole el mismo niño que se enrojecía cuando le daba la mano por la calle para cruzar, o ése que se negaba a bañarse consigo diciéndole que ya era mayor, arrancándole risas. Esta vez le dedicó una mirada un tanto más segura y a paso seguro fue hacia la salida de aquel prieto callejón, se lo conocía, ahora que no estaba tan aturdido por el repentino secuestro supo ubicarse, a fin de cuentas, aquel era su barrio, el lugar con el que se crío junto a sus dos hermanos aunque uno pereciera antes de tiempo. Cuando puso un pie fuera del callejón dudó, ahí estaban aglomerados los compañeros de trabajo de Sven. Le dedicó una mirada antes de bajarlo de sus brazos y ponerle en pie, cuidando siempre de no hacerle ningún daño. –Vamos a hacer algo...- se quitó el abrigo que él mismo portaba y cubrió con éste a su hermano, asegurándose que la castaña cabeza del foráneo quedase también bajo la tela, no tardó en reír. –Pareces caperucita.- masculló mientras se aseguraba de acomodar el flequillo adyacente también bajo la tela. –Vayámonos sin que se den cuenta.- le guiñó un ojo en gesto nuevamente de secretismo entre ambos y es que estaba totalmente seguro que el rango que ocupaba el otro era de los que, tras la ruta diaria debería rellenar papeleo y cosas por el estilo y debido a la herida no le iba a permitir que aquello aconteciera, no esa noche. Tendrían que tener una charla sincera... Una que posiblemente terminaría con algún reproche y mal gesto por parte del menor de ambos y de algún suspiro por la suya.

Le dio entonces la espalda y agazapó su propia postura para que al otro se le hiciera sencillo comprender la idea, fue él mismo quién sostuvo las piernas ajenas y se lo cargó en su espalda nuevamente haciendo alarde de una fuerza que sin duda no parecía tener. Lo acomodó con cuidado y caminó con la intención de ir directo a casa, gracias a estar diariamente entre niños tenía nociones de curas, incluso si la situación lo ameritaba era capaz de coser una herida sin que las manos le temblasen, por ende, no les sería necesario una visita a ningún hospital, él mismo podría encargarse de la salud de su mantenido sin que terceras personas preguntasen motivos que no les interesaban y estaba convencido de que el ajeno agradecería aquello. Sin embargo no tuvo ocasión de avanzar más de lo necesario pues un cordón policial parecía haber puesto la zona en cuarentena, acatando, claro, las ordenes de ése que tenía a su espalda. Un hombre abrió su brazo derecho y le cortó el paso. –Identificación.- masculló, mirándole con severo odio para luego deslizar su mirada hacia el herido. –[color=blue]Dennis. Edmond Dennis.[/b]- respondió rápido en cuanto vio que la mirada de ése se postraba en su hermano, llevándose nuevamente la atención de ése tipo, quién pareció no creerse del todo las palabras del castaño.

-¿Es usted...?- alzó una ceja, no negaría que se parecían considerablemente pero había algo que realmente no encajaba en todo aquello, no, eran auras, emociones, totalmente adversas las de ese muchacho con... Tragó saliva y retrocedió un paso, adivinando quién era el que seguramente ése chico portaba en su espalda. Irguió la espalda repentinamente provocando que el otro parpadease confundido. ¿Estaba dejándole pasar o...? Vio cómo éste aumentaba en cuanto a nerviosismo y no pudo más que mirar por encima de su hombro en busca de la mirada de su hermano, algo que pudiera referirle el motivo por el cual el ajeno mostró ése cambio de actitud.




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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Sven M. Edmond el Vie Nov 08, 2013 2:33 pm

Los pasos del ajeno comenzaron a alejarse hasta alejarse completamente. Aseguraría de que su capitán se encontraba en brazos de alguien pero conociendo a sus hombres guardaría silencio hasta que la muerte se lo llevase; ese era el juramento que cada hombre de su división había jurado contra su oficial; luego de que este derrotase a los más veteranos que se oponían a su posición. Bueno, después de todo no era al único que le agradecía su posición; pero no era el momento de recordar a quien quería matar y a quien le agradecía completamente. Paso su mirada por el rostro de su hermano, realmente le gustaba estar en sus brazos aunque se mostrase bastante rebelde a la hora de que los dos se colocaban realmente melosos el uno con el otro, principalmente su hermano mayor cuando regresaba del trabajo; y podría suponer que ahora se iba a colocar peor cuando este le dijera que tendría que viajar fuera del país para resolver asuntos de trabajo, seguramente no le permitiría una mentira más y le daría un largo sermón que tendría que escuchar atento. Aunque sus sermones duraban horas, al castaño le gustaba escucharlos completamente, disfrutando de lo que quería decir. Paso sus manos delicadamente por el cuello del mayor apretándose contra él y ocultando su rostro en su cuello y apretaba suavemente sus ojos para sonreír contra el abrazo, mientras se aferraba contra la fría noche; que estaba pasando a cálida al estar en brazos de su hermano, aunque ciertamente el ambiente no era él, menor pero ya estaba acostumbrado a ese tipo de ambientes.

Estaba abochornado, por el hecho de que parecía una princesa en los brazos de un príncipe. No le molestaba ser el príncipe y llevar a su hermano en sus brazos, pero básicamente sería imposible. Primero por la altura del mayor y segundo porque seguramente pesaría un montón y no lo dejaría llevar. Pero no le importaba ciertamente, ocultaba su cabeza entre el pecho ajeno y sus flequillos cubrían su rostro a pesar de que se pegasen un poco por la sangre que estaba bañando su cabello, su hermoso cabello de color castaño al igual que a su hermano. Amaba todos los rasgos que lo acompañaban junto al ajeno, pero no del todo lo amaba después de todo sus ojos; aquellos ojos color sangre diferenciaban al pequeño de toda su familia. Ninguno de sus progenitores le dijeron alguna vez de quien heredaba aquellos ojos, pero estaba seguro de que debía ser del padre de alguno de los dos. Más nunca se intereso en preguntarles, quizás sus ojos eran la señal de que el rey del planeta de los sádicos había nacido –un juego estúpido de sus compañeros de trabajo- tampoco le molestaba, ya que un día de esos iba a ser el Káiser de la agencia de policías y a derrotar el gobierno de los alquimistas –si, según su sueño mundano- Levanto su rostro notando a los policías rodeando los callejones y cerrando estos; cuando debían tardarse para trabajar lo hacían más rápido. Oh, reconoció la figura del vicecomandante lejos y oculto su rostro entre el pecho de su hermano; si lo veía estaba perdido porque no le iba a dejar escapar con su hermano, y era mejor que pensara que se había ido a perseguir a los vampiros también. Cerro sus ojos con los movimientos de su hermano y levanto un poco el rostro cubriéndose con aquel abrigo que le quedaba grande, río un poco y apretó la espada contra su pecho para que la ocultase un poco entre el abrigo que le quedaba mucho más grande si se veía de lejos. Afirmo, no era la primera vez que se escapaba del trabajo ni que se quedaba dormido porque le daba pereza ir a patrullar; pero esa noche que le tocaba en el barrio donde vivía con su amado hermano, no podría perder ni un solo tiempo. Afirmo con su cabeza a lo que estaba diciendo el mayor.

Estiro sus delicadas manos pasándolas por el cuello del mayor, mientras sus piernas enrollaban la cintura del ajeno y apegaba un poco su cuerpo contra este, cerro suavemente sus ojos sintiendo el aroma de su hermano embobándose un poco con este, estaba ocultando todo su uniforme con el abrigo y no se encontraba alguna fisura para que la espada escapase, sus labios estaban cerrados y sus ojos no se visualizaban en la noche. Chasqueo la lengua y bajo un poco su rostro dejando ver un poco sus ojos, con la oscuridad de la noche sus ojos parecían más rojos como sangre y su cabello en vez de castaño tomaba una tonalidad oscura que el policía estaba tratando de descifrar, no era de sus hombres eran de los del vicecomandante; e incluso habían del segundo escuadrón ¿Cuándo los mando a llamar? Frunció un poco el ceño y no vio a ninguno de sus hombres, seguramente se habían ido a perseguir a los vampiros —. Moooo~ amor ¿Por qué te demoras tanto? —dijo haciendo un mohín de sus labios cambiando drásticamente su voz, a una más fina y retocada.

El menor dirigió una mirada al oficial mientras escondía un poco su rostro —. Dijiste que íbamos a ir a tu casa porque tu hermanito no estaba, y nos estamos demorando demasiado —paso delicadamente sus manos por el pecho del castaño mientras se apoyaba hacia adelante, frunciendo sus labios por el dolor de la herida —, ¿es que amablemente el oficial nos dejara marchar?, no vive si no a unas cuadras y créame que si no me deja marcharme podre hacer un alboroto aquí y no de los buenos —el sonrojo del oficial no tenía más que agrandarse, y el castaño amplio una gran sonrisa bajo aquella capucha, mientras susurraba a su hermano vamos, fue la pequeña jugarreta que había hecho, mientras sentía los pies de su hermano moverse y se giro un poco despidiendo al oficial con su mano, suave.

No habían pasado la barrera de los oficiales cuando el castaño soltó una carcajada. Mientras sujetaba su estomago con una de sus manos por el dolor que le provoco aquella risotada —. Par de ingenuos… —susurro suavemente, apoyando su frente en el cuello de su hermano mayor cerrando sus ojos, agarrando fuerte la camisa del ajeno, apegándose a él.

Voice <3 sensual:
http://www.youtube.com/watch?v=kjs4YX8Xvao <-- La voz comienza en el minuto 0:15 [ La de Kaoru obviamente ] <3


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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Dennis T. Edmond el Vie Nov 08, 2013 7:53 pm

Una de las cosas que más amaba de su hermano pudiera ser justamente aquella: La de multifacetas. Solía utilizarla de pequeño, de muy pequeño, probablemente ni él mismo recordaría cómo se hacía pasar por otra persona cubierto con una simple sábana y los padres de ambos estallaban en risas, su mente se nubló ligeramente... ¿Eran felices? ¿Eran una familia feliz?. La voz de su carnal impactó contra su oído y reunió fuerzas para contener la risa y no echar tierra a los esfuerzos del menor de ambos por salirse de aquella sin que fuera descubierto: Era una huida en toda regla y la ejecutaba nada menos que el mismísimo capitán. Aquello no sentaría bien al resto, empero su hermano era primordial a aquellos que servían para la ley y el orden, incluso, hasta su vida valía más que la de la ciudad entera, por consiguiente e importándole más bien poco lo que pudiera acontecer se llevaría de allí al pequeño y debido al teatro de éste, supuso que incluso él deseaba irse de allí consigo. –Amor...- suspiró y su gesto semi volteó, cómo si la pesadumbre estuviera adueñándose de él, pero el teatro llegó a su fin cuando escuchó el susurro de éste y le sonrió con sorna, gesto que obviamente únicamente pudo ver el que seguía escondido bajo su chaqueta, bajo la misma que le hacía de capa y le encubriría de miradas que pudieran postrarse en ambos durante aquella huida premeditada. Sus pies avanzaron y sintió claramente la mirada de ése hombre sobre ellos.

La risa de su hermano se le contagió y aunque sintió como éste se acunaba contra su nuca sonrió, feliz y satisfecho con la actuación que ambos lograron ejecutar con claro protagonista: Sven. –Hacía años que no lo hacías.- época en la que ambos compartían ligeramente altura y formas del cuerpo solían hacer algún que otro teatro que meramente les aportaba diversión, aunque la vergüenza de Den para con aquello pronto se dio y a los once años era incapaz de dejar que su hermano se aproximase demasiado sin empujarle o salir despavorido con un fuerte rubor en la cara, cosa que obviamente causaba la risa de los presentes en la escena y conmovía a otros. Notó aún y así cómo éste pasaba un brazo detrás suyo para rodearse el vientre: La herida... Su paso aceleró y sostuvo con mayor firmeza al que se debía a su protección intentando que el vaivén de movimientos no le impactase de forma directa contra él y pudiera soportar el viaje de la mejor manera posible. No tardaron apenas cinco minutos que frente a ellos se alzaba la casa unifamiliar que ambos compartían y con esmero cruzó el umbral del patio, la puerta, como siempre, restaba abierta, aunque tuvo que ingeniárselas para sacar la llave del bolsillo derecho del pantalón y atinar con ella en la cerradura una vez alcanzaron la segunda puerta, la que daba al cálido hogar que ambos habían construido con el cariño fraternal de dos hermanos verdaderamente unidos. Entro despacio empero antes de poder siquiera encender la luz un gato cortó el paso, restregándose meloso en las piernas del recién llegado. –¡P-pez! ¡Fuera!- nombre irónico, cortesía del menor. Cuando se libró del gato se descalzó pisándose el talón con el pie contrario al que deseaba deshacerse del calzado y con su hermano aún a cuestas no tardó en adentrarse en la casa. No era un hogar de grandes dimensiones pero contaba con lo menester para que ambos pudieran vivir tranquilos y con lo necesario para subsistir, además, tenían la suerte de contar con una habitación cada uno, lo que les daba evidente intimidad... aunque muchas eran las noches en las que ése que traía a su espalda venía a su cuarto.

Por supuesto él fingía no darse cuenta y pasaban la noche abrazados. Era el pequeño quién, antes de que el maestro despertase desaparecía de la habitación... Inocencia si creía que no se daba cuenta de su calor. Despacio fue hacia la pequeña sala y depositó a su hermano sobre el sillón que les había... tocado en un sorteo, según Sven. Un vez le supo bien posicionado le quitó con cuidado la capucha de la cara para poder apreciar la misma, mantuvo sujeta la tela a los lados del rostro de éste mientras le miraba a los ojos, esos tan enigmáticos que se ganaba la mirada de todo el que se cruzaba por lo extraños que eran, muchos incluso llegaban a la conclusión de que no era un numan, si no una criatura de la noche.

Soltó despacio el agarre hacia la ropa que portaba el menor de ambos pero no fue capaz de ver la hendidura debido a que éste la tenía resguardada bajo el brazo, fue entonces cuando se enderezó y le miró desde una posición ligeramente más alzada. –Iré a por el botequín... Quítate la camisa.- sabía que éste lo haría y por consiguiente se dirigió hacia el baño, dónde tenían un pequeño blíster con lo necesario para poder sanar en medida de lo posible lo provocado por aquellos de largos colmillos... Se mordió el labio. ¿Es que todos eran distintos a él? Un leve rubor apareció en su rostro. No era momento de tonterías..! ¡Tenía que curar a Jace!




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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Sven M. Edmond el Vie Nov 08, 2013 9:06 pm

No dudaba que recordar lo que hacía en el pasado era sencillamente fantástico. Sobretodo escuchar las risas de sus dos hermanos combinadas con las melodiosas risas de sus padres sobre cualquier situación. Multifasetas, solo se consideraba un hipócrita y mentiroso más dentro de aquel mundo. Aunque si aquello podría hacer sobrevivir a su hermano no le importaba para nada serlo. Las palabrerías de la gente fuera de su casa eran simplemente palabras volando a su alrededor, tenía enemigos por donde pisase; también podría tener compañeros y camaradas que darían su vida por él, y tal vez el podría dar su vida por ellos. Todo eso le importaba, sin duda clavaba en su corazón pero jamás daría un paso en falso para herir a su hermano; ahora mismo lo había hecho, momentos atrás en los cuales vio su verdadera personalidad; aquella que escondía de él por temor a ver lo que iba a decir. Apretó fuertemente sus manos sobre los hombros de su hermano mordiendo su labio ¿sería bueno disculparse ahora? No, tendría que esperar hasta llegar a la casa decir completamente como se sentía y como quería que su hermano se sintiera junto a su lado. Sus labios suavemente se fueron separando dejando salir un suspiro de estos, conocía a la mayoría de los agentes y como se ponían por simples palabras fogosas como él las consideraba; como temblaban cada vez que con referencia al sexo se tratase, Numan… sencillamente era fácil controlarlos, sus manos delicadas pasaron por el cuello de su hermano y río sobre su hombro —. Si… amor —susurro, ya con su voz normal luego de alejarse un poco de los policías, aquellos que trabajaban codo a codo. Y arriesgaban sus espadas para proteger lo que era considerado la justicia y lo justo. Lo bueno, el lado blanco de la moneda y la paz que consigo traían Hortus.

No lo pienso seguir haciendo, solo es porque tú estás en medio de todo; que salen las costumbres antiguas, quiso agregar a lo que su hermano había dicho; pero no. No podría estar diciendo esas cosas así de fáciles por lo cual mantuvo sus labios sellados y dejo salir solo una pequeña risa entre sus dientes; para evitar más el dolor en su costado izquierdo donde yacía la herida. No dudaba en meterse en los personas e imitar a quien quisiese en cualquier momento; desde pequeño le gusto imitar a las personas y con ello ganarse algunos dulces que le daban sus padres por actuar como cualquiera e imitar sus movimientos. Cuando fue creciendo era la diversión entre los tres hermanos en el parque, jugando y saltando imitando a un montón de personas para luego salir corriendo por si una de ellas se paraban detrás de ellos, el viejo de la tienda que les negaba los dulces por ser niños o tal vez el señor que se sentaba a alimentar a las palomas, espera… ¿no era él mismo?; amplio una pequeña sonrisa, tal vez y más estuviesen haciendo ahora si su hermano menor siguiese vivo. ¿Qué hubiese pasado? Sus padres nunca hubieran desaparecido, el nunca hubiese pertenecido al gobierno su hermano… hubiese tenido una vida feliz; sin tener que trabajar demasiado duro para cuidarlo, eran tantas ideas que resonaban en su cabeza pero no podría llegar a todo con claridad, le gustaba ese estilo de vida que tenían; no lo dejaba para nada a dudas. Levanto su vista al escuchar un sonido conocido y dirigió su vista hasta las llaves de su hermano que abrían la puerta de su casa, dirigió una mirada a todo el vecindario y oculto de nuevo su cabeza entre el cuello del ajeno deslizando su mano hasta la entrada de la puerta para prender el foco y poder observar todo con más claridad. Bajo su mirada y sonrío con mera diversión —. Buenas noches, Pez —el gatico levanto la mirada maullando, seguramente era la sorpresa de encontrarse al menor de los castaños tan temprano esa noche en los aposentos de su maravilloso hogar. Apretó más sus manos contra los hombros del ajeno pasando por el pasillo de la casa, no sin antes mover un poco sus piernas descalzándose de sus zapatos negros los cuales hicieron un sonido seco; se sabía cuando estaba en casa al ver la entrada completamente desordenad por un zapato puesto donde no era, siempre era lo mismo con él; ni siquiera su profesor pudo corregir eso.

El castaño termino con su trasero en el mueble ensuciándolo, paso su mano por el mueble mirándolo con curiosidad; aquel largo mueble de blanco terciopelo que lo cubría, suspiro le tocaría mandarlo a lavar o en el peor de los casos remplazarlo por uno más grande –que según el pequeño ya necesitaban- aunque no lo diría abiertamente, cuando su hermano llegase en la noche del día siguiente seguramente ya estaría establecido el mueble más grande, del mismo color y mismo modelo. Dejo que la capucha fuese quitada de su rostro y movió un poco este quitando los cabellos que cubrían su rostro con el movimiento de su rostro mirando con curiosidad a su hermano y sus frágiles movimientos; soltó una pequeña risita de sus labios estoy bien, susurro.

Y no era mentira. No es que el dolor de su abdomen le estuviese matando; habría tenido heridas peores cuando salía de viaje a Tenebris que tenía que encargarse de demonios y vampiros de rango alto por montones; y desataban las luchas por los territorios donde su división tenía que investigar, o en las heladas montañas que tenían que defenderse de los grandes animales de esos territorios. Levanto una ceja soltando un pequeño suspiro de sus labios —. Si —contesto, obedeciendo luego de que el mayor desapareciese; primero comenzó con el chaleco de color negro que quedaba ajustado a su cuerpo, seguido de la corbata blanca, amontonada y gruesa; que termino teñida de rojo, para seguir con el chaleco manga corta y finalmente con la camisa de color blanco la cual solo estaba sucia, bajo la mirada pasando sus dedos por la herida ladeando su rostro hacia abajo donde estaba el gato meciendo suavemente su cola —. Ven, sube —le ordeno palmeando a su lado, el gato salto obedeciendo y acuchillándose a su lado, lamiendo sus dedos.

Se apoyo contra el mueble ladeando suavemente su rostro para ver la mochila de su hermano; estiro su mano notando con curiosidad el celular totalmente apagado, lo tomo con sus manos y por curiosidad se estiro conectándolo al cargador que estaba en la mesa –de desordenados no era el único- mirando como la pantalla se encendía Por eso no contestaba, pensó con diversión. Cuando este encendió por completo, vio sus llamadas perdidas y aguanto una pequeña risa, pero un nombre en especial llamo su atención —¿Kai? —susurro, ¿Quién es ese?. Escucho los pasos de su hermano por el pasillo y cerro el celular dejándolo en la mesa y acostándose de nuevo en el mueble con la mirada curiosa de Pez, mientras deslizaba su dedo hasta sus labios Shhhhh, y le guiño un ojo.


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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Dennis T. Edmond el Sáb Nov 09, 2013 5:37 am

La pequeña bola de pelos blanca que ambos tenían por mascota parecía predispuesta a hacerle ardua la tarea de buscar lo menester para procurar curas a su hermano, éste, maullando volvió a hacerse presente entre sus piernas, logrando que su cuerpo titubease un par de veces en claro ademán de irse contra el suelo, bufó. –Vamos, ve con Jace...- con cuidado utilizó su pie cubierto con el blanco calcetín para apartarlo de su trayectoria, éste pareció lanzarle una mirada de enfado antes de alzar la cola y desaparecer por el pasillo, lo que provocó una risita por parte del adulto, gato idiota. Hacía dos años que el mismo merodeaba por la casa cuando, en unas navidades, lo recogió de la calle y se lo entregó a su hermano con la condición de cuidar de él. Para la suerte de ambos ése animal no creció a duras penas, quedándose prácticamente con el aspecto de un delicado cachorro que les traía a ambos de cabeza, subiéndose dónde no debía o molestándoles por la noche de manera insistente hasta que no se le abría la puerta que el Señor Pez deseaba... Toda una odisea de animal que les sacaba sonrisas a pesar de la situación en la que ambos hacía años que se veían envueltos. Ya con ése saco de pelo fuera de su rango de visión volvió a su tarea, alzándoe sobre la misma punta de sus pies para llegar a tocar la caja dónde guardaba todo tipo de provisiones, la tomó entre ambas manos y pasó a admirar la cruz roja que éste tenía grabada. Esperaba que la herida pudiera ser atendida por sus manos pues si quiera conocía la hendidura de la misma, no obstante siempre podría hacerse con una aguja y quemar la punta de esta en caso de necesitar saturar, aunque no lo creyó necesario en un inicio.

Caja en mano volvió su caminar en dirección a la salita dónde su carnal le esperaba, no tardó en identificar la forma de éste, ya desprovisto de la camiseta tal y cómo supuso que haría, fue el contorneo de algo blanco y mullido lo que le hizo mirar hacia un lado, encontrándose con Pez subido al sofá junto al herido, éste maulló. Él si me deja estar aquí. Sí, eso debería estar diciéndole pues por norma general el gato tenía vetado el acceso al sofá. –Lo mal acostumbras.- era obvio a qué se refería si en cuenta se tenía que intercambiaba miradas entre los dos que estaban sobre el sillón, pero tras pronunciar aquello su mirada fue directa hacia lo verdaderamente importante en ése lugar, encontrándoe con la abierta herida qu cruzaba el vientre de su hermano, parecía... Era cómo un quemazón ligeramente profundo, suspiró aliviado para sí mismo. Si bien sangraba por la zona en la que el corte fue realizado no se encontraba en ningún punto vital y aunque era obvio que dolía al estar en una zona tan delicada no sería un suplicio el curarla. Abrió la caja y la dejó sobre la mesa dónde ahora estaba cargándose su móvil, echando un rápido vistazo al hecho en cuestión río. –Gracias por cargarlo, se me olvidó hacerlo en el centro.- abrió la aposentada para con dedos ágiles rebuscar en las enmiendas de su interior, encontrando con el algodón, su otra mano se encargó de sujetar el desinfectante, destaponó el mismo mordiéndolo y con el tapón entre los dientes reclinó el embase sobre la herida, tan pronto cómo el líquido se mezcló con la sangre del pequeño llevó el algodón a al lugar y con movimientos circulares retiró lo que por ahí pudiera merodear. Tenía la cabeza ligeramente reclinada hacia aquello que estaba realizando y aunque Pez salió despavorido por el fuerte olor de ése líquido permaneció cerca de ambos. Por su parte alzó la botella y volvió a enroscar el tapón para así poder hablar. –¿No piensas contarme nada?- murmuró, ahora el algodón no se centró únicamente en la hendidura si no que estaba encargándose de los alrededores para barrer los senderos de sangre. Pronto ése algodón se vio empapado por lo que tuvo que cambiarlo por otro, giró el tronco de su espalda y se limitó con dejar sobre la mesa el usado y meter la mano en el botequín para hacerse con uno tan blanco cómo la nieve, al girarse, esta vez le miró directo a los ojos.

-...¿Por qué?- sonó dolido pero no molesto, era el pesar de haber sido engañado por su hermano lo que estaba triturándole el alma, siquiera conocía sus funciones dentro de ése lugar ¿Y si eran peligrosas? Desvió la mirada y volvió a centrar su atención en la herida, teniendo siempre cuidado de no herirle o de provocarle algún tipo de dolor muy a pesar que sabía que aquello estaría escociéndole. Procuró que el segundo trozo de algodón sirviera para retirar el rastrojo del desinfectante y así poder ver mejor la herida, bien, cómo supuso el tajo no era en demasía grande aunque si costaría de cicatrizar debido la zona en la que se encontraba éste. Su hermano era un pequeño amasijo de nervios por lo que recomendarle que se quedase quieto por más de un par de horas seguidas sería inútil, no lo haría. Lo único que podría hacer sería vendar la zona con tal de afianzar algo la carne separada y facilitar la cicatrización.

Dejó en nuevamente utilizado algodón en el mismo lugar dónde guardaba el otro y tanteó con la mirada el botequín hasta que dio con las gasas y el esparadrapo, con ello conseguiría una sujeción más o menos firme, pero antes de vendar sin duda, su hermano lo que necesitaría sería una ducha, no podía estarse por casa con... sangre, sangre por todos lados. Alzó la mirada, encontrándose arrodillado frente al sillón en pos de tener una mejor altura y alcanzar así la herida ya desinfectada, sin embargo y antes de proponerle que el agua rozase el cuerpo escuchó cuanto éste tenía que decirle, mirándole atento y con los ojos repletos de comprensión a pesar de discrepar en la mayoría de puntos.




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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Sven M. Edmond el Sáb Nov 09, 2013 1:55 pm

Quedo observando el móvil con pura curiosidad y abrió el suyo por si el número que estaba colocado lo tenía entre sus contactos. Compañeros de trabajo de su hermano, padres de familia de los niños e incluso algunos números de los estudiantes que ejercían jornadas de clase en ese lugar. Nada. Aspiro una cantidad de aire con el numero marcado en su cabeza y un nombre, no… eso no era un nombre; era un apodo ¿lo era? Bueno, quien, quiera que sea tenia la total confianza en que su hermano ejerciera una amistad con alguien del cual no tenía el menor conocimiento. Frunció el ceño enojado, ¿es que existía una persona en la vida de su hermano que él desconocía? Movió su rostro de un lado a otro quitándose la idea de la cabeza, pronto iba a saber de quién se trataba por lo cual alejar esas ideas de su cabeza era demasiado fácil. Deslizo su antebrazo por sus ojos cerrando estos mirando hasta la penumbra que su brazo formaba; escucho los pasos de su hermano más cerca y subió un poco su antebrazo mirando a su hermano a los ojos, mientras deslizaba su otra mano por el rostro de Pez, y le tomaba las mejillas para moverlas junto a su rostro, mientras reía escuchándolo —. Vamos, si nosotros tenemos permitido sentarnos, ¿Por qué Pez no? —le pregunto con diversión, colocando su dedo en la nariz del gato, mientras la levantaba un poco con su dedo —. El se porta bien, merece premios de vez en cuando —finalizo con una sonrisa.

Deslizo de la misma forma su mirada hacia abajo observando hasta donde su hermano se dirigía; de la misma forma sostuvo aquella mirada detallando la herida que se había hecho, su mano se bajo un poco y quiso pasarla encima, pero sabía que si hacia eso su hermano le regañaría; suspiro mirando de nuevo hacia arriba; solo eran pequeños quemones por la mano de un vampiro y un pequeño corto largo; o así era que el castaño lo miraba. No era que le importara demasiado, estiro sus manos tomando las mejillas de su hermano —. Tu también estas herido… —susurro estirándose y pasar su lengua por la mejilla de su hermano con una pequeña sonrisa —, ese corte te lastimo; debes ponerte una bandita —susurro, delineando una sonrisa en sus labios. Observo sus movimientos y de igual forma estiro su cabeza hacia atrás cubriéndose con su antebrazo cerrando sus ojos y sus labios de la misma forma haciendo una mueca en estos mientras se dedicaba a observar hacia otra parte; con una mueca de dolor en estos. Soltó un ligero gruñido al sentir el desinfectante entrar en la herida directamente, mientras apretaba sus ojos; prefería ser cortado por la mitad que tener que curarse después; dolía más el desinfectante que el corte. Miro hacia abajo con lo que dijo y aspiro fuertemente —. ¿Qué quieres saber? —pregunto suavemente, deslizando su cabeza hacia un lado —, realmente… no hay mucho que contar —mordió su labio ampliando una sonrisa sin sentimiento en ella.

. Por esto mismo… no quería… que te decepcionaras de mi, ni te alejaras… —susurro, mordiendo el labio inferior de sus labios; aferrándose a su antebrazo, mientras cubría sus ojos. Movió su rostro de un lado a otro, negando lo que pensaba decir y quitando el antebrazo de su rostro bajando su mirada hasta su hermano limpiando una lagrima que surco de su rostro —. No quería que me odiaras en lo que trabajo… se que odias que todo se arregle con violencia… pero —aspiro y volvió a bajar su mirada —. Tengo… no… mi deber es proteger esta ciudad y a todos sus ciudadanos de que puedan ir a su casa sin una sola herida —apretó sus manos —, pero… —soltó una risa irónica apoyándose en el mueble —. Cuando intentas hacer algo bueno… siempre hay enemigos de por medio —deslizo su mano hasta colocarla a un lado del mueble y bajo la mirada hacia Pez que se encontraba observándolos con sus grandes ojos, el castaño deslizo su mirada de nuevo hacia su hermano y mordió su labio, suavemente.

. Cuando entre al dojo del comandante; logre un desempeño que se obtenía con los sujetos que ya practicaban años de esgrima. Era… no, soy muy bueno blandiendo una espada; por lo cual me entrenaron con el sistema más avanzado que el dojo tenía. Cuando me ibas a visitar veías las practicas junto a los alumnos más avanzados… no quería que me vieras de esta forma; cuando tomo una espada es como si alguien más se apoderara de mi… —susurro —, era capaz de acabar con todos los estudiantes con solamente blandir mi espada dos veces… —susurro suavemente. Apretó sus manos y coloco su rostro en el sofá de nuevo —. Entre como agente de la policía, rápidamente subí el escalón; y a los tres meses de entrar me convertí en el capitán de la primera división; tanto en la policía como en el ejercito. Los viajes que he tenido han sido para acompañar a VI a sus viajes de reencuentro con los demás alquimistas y a hacer trabajos en Tenebris Exules… ese sujeto; el que te encontraste hoy de cabellera plateada… Igor Chéjov, si no estoy mal ese es su nombre —susurro mientras cerraba sus ojos —. Un bandido del bajo mundo, que hacia tratos corruptos con oficiales; mi división toco eliminar a todos esos oficiales incluyéndolo… no lo mate; era demasiado débil para controlar así sea a un solo vampiro… —rio irónico —. Supongo que vino a vengarse, por lo que paso hace un año y medio —susurro.

. Lo siento… —trato de levantarse, mientras tomaba la camisa blanca que seguía limpia y los trajes de color negro mientras se agachaba aunque le lastimase abrazando a su hermano —. Lo siento mucho… en serio; nunca quise mentirte… solo no quería… que vieras en lo que tu hermano se había convertido… estaba asustado Nii… asustado de que me odiaras —decía escondiendo su rostro en el cuello ajeno, apretando sus manos.


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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Dennis T. Edmond el Sáb Nov 09, 2013 5:50 pm

Sonidito de sorpresa escapó de sus labios cuando el pequeño se aproximó a él para lamerle la herida, sintiéndose repentinamente atacado. –Jace...- susurró en tono molesto a pesar del latente rubor en sus mejillas, ése era el travieso de su pequeño. Ése era el niño que le arrancaba las más puras sonrisas, no obstante, aquel no era el momento para molestarse el uno al otro, tenían asuntos un tanto más serios que atender y estos para el castaño eran de suma importancia, pues a fin de cuentas ése trabajo era peligroso, no era un trabajo para un chico de su edad, él... él debería ocuparse de la escuela, de estudiar todo cuanto pudiera. De codearse con chicos de su edad y reír como lo haría cualquier otro estudiante, la responsabilidad de ser un capitán, el peligro que aquello le sometía, la constante presencia de la muerte.. Escuchó atento al menor de ambos y pronto una sonrisa, una sonrisa verdaderamente tierna manó de su comisura. –Niichan...- susurró, dulce, verdaderamente endulzado. Aquellas palabras le hizo replantearse el sermón que tenía ya medio ensayado mentalmente, ayudar a la ciudad a volver a casa sano y salvo. Claro. Alguien en sus vidas no volvió jamás al hogar, y por meses el pequeño le preguntó cuándo llegaría a casa. Incluso... incluso los padres de ambos dejaron un día de llegar a casa. Quieres que todo el mundo llegue a casa.... El corazón se conmovió, su expresión se relajó, ahora ya no importaba nada más.

Escuchó ahora lo referente al dojo y no pudo más que sentir cierto deje de orgullo: Era el mejor y se le fue ocultado. Era... su hermano era el más diestro con la espada cuando él tan siquiera era capaz de utilizar el cuchillo de la cocina sin cortarse. Eran lo más distinto que pudiera existir, más allá de las similitudes físicas no había nada que les uniera en parecido, nada. Pero a pesar de ello el uno resguardaba amor incondicional hacia el otro, un amor puro, sincero y ante todo desinteresado. Le vio moverse con claro gesto de dolor y aquello le alertó. –¡No te muev...- y silencio: ¿Él? ¿Tenía miedo? ¿De que el odio...? Sintió un extraño nudo en la garganta que pasó rudamente al pasar la saliva sin dejar en ningún momento de mirar hacia el ajeno, el mismo que ahora le abrazaba. Su mirada se endulzó y despacio, su mano se ubicó en la nuca adyacente, acomodándole con suavidad contra su cuello, lugar que el más pequeño de ambos solía frecuentar para esconderse. –Escucha, Jace...- habló tan dulce que incluso Pez miró hacia Den, quizás con la esperanza que de la nada sacase algo suculento de comer, levantó las pequeñas orejas puntiagudas, siendo un espectador más. –... Yo jamás podría odiarte. Eres mi hermano, mi familia. Eres la persona que más quiero en éste mundo.- habló sin temor alguno, estrechando el rostro del pequeño contra sí mismo, hablándole despacio y con calma, ninguno de ambos tenía prisa esa noche.

Afianzó una mano sobre la delgada espalda de su hermano y la otra aún en la nuca hicieron de ése abrazo uno aun más dulce, más estrecho, acarició con su mejilla la de su pequeño volviendo a tomar el turno de la palabra. –Estoy… Estoy francamente orgulloso de ti. No, no malinterpretes, no por haberme mentido. Es por tú meta.- masculló, dejando de frotar su pómulo contra ése otro para apartarse lo menester para poder apreciar esos luceros que desde que los abrió por primera vez en el hospital le robaron el alma. Ése niño desde el mismo momento de su nacimiento ya era suyo, su hermano, su compañero. Le sonrió y la mano antes ubicada en su nuca rodó hasta situarse sobre uno de sus pómulos, rozándolo con apenas dos de sus diestros dedos, obligándole a cerrar los párpados al pasar por ahí los mismos, haciéndolo suave, lento, una vez logró su cometido sonrió. –Quédate así.- susurró, sosteniéndole por un brazo y retirándolo de sí mismo para alcanzar la mano del pequeño, una vez lo hizo se la llevó al pecho, ahí dónde su corazón palpitaba. –¿Qué sientes?- sus dedos hicieron algo de prisión sobre esa mano ahora alojada sobre su pecho, tan pequeña, tan cálida... y tan destructiva.

-Yo siento que todo lo que reside en mi, forma parte de ti.- soltó poco a poco su mano, como si así le diera permiso a abrir también los párpados. Volvió a rodear despacio a ése otro –Somos uno. Si tu pecas, yo pecaré. Si tú estás a salvo, yo lo estaré.- pasó a guiñarle un ojo, restando tensión a ése momento tan sumamente delicado, no quería perder lo único que tenía, se negaba a ello.




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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Sven M. Edmond el Sáb Nov 09, 2013 8:13 pm

. Lo siento… fue un impulso —susurro suavemente a lo que acababa de hacer, con sus mejillas de igual forma sonrojadas. Deslizo sus manos hasta la cabeza de su hermano mayor desordenado su cabello y bajándolas hasta sus hombros dejándolas en ese lugar ampliando una pequeña sonrisa y acomodándose de nuevo en el sofá. Lo miro con una dulce sonrisa, no estaba mintiendo con lo que estaba diciendo pero era cuestión de tiempo de que aquella verdad quedase completamente en secreto No le puedo decir que la verdadera razón es para encontrar a nuestros padres, pensó apretando sus labios y bajando suavemente la mirada hasta toparse con sus delicadas manos. Mientras apretaba las de su hermano, realmente no le gustaba mentirle pero tampoco le gustaba decirle como era que su cabeza realmente pensaba; una persona como él, tener a un hermano tan maravilloso era realmente cuestionable. Mordió suavemente sus labios y subió las dos manos de su hermano besándolas, mientras ampliaba una pequeña sonrisa en sus labios Si pudiese regresar el tiempo, hubiese evitado muchas cosas, pensó con una ligera sonrisa en sus labios pero no podía; era el menor pero debía actuar como el mayor y proteger la espalda de su hermano; eran tan diferentes, no se parecían en nada por esa razón tenía que colocar toda su fuerza en hacer feliz a su hermano, era lo que más deseaba.

Sintió la mano del ajeno y apretó fuertemente sus ojos. ¿Le iba a separar de él?, sus manos temblaron un poco y se afianzo más el agarre por parte del pequeño, mordiendo sus labios por terror y no soltar algún gruñido de dolor que alertara al mayor, al contrario sintió un agarre en su nuca y su cuerpo al ser acomodado entre el cuello del ajeno, sus labios se relajaron al igual que su mirada que logro observar el suelo desde donde estaba, sus manos delicadamente se soltaron del cuello de su hermano dejándolas guindadas por sus hombros, mientras se dejaba abrazar y consentir en esos pocos segundos. Lo escucho, y levanto su antebrazo cubriendo su rostro mordiendo suavemente su labio conmovido por lo que estaba diciendo; suavemente se separo del mayor mirándolo a los grandes ojos jade del ajeno, comenzando una lucha de jade vs carmín —. Gracias… no sabes lo feliz que me haces… Nii —susurro suavemente, deslizando sus manos por el cuello del ajeno abrazándolo con algo de fuerza. Mientras sus delicadas manos volvieron a soltarse de su hermano y acomodarse entre sus piernas mirándolo con su rostro más serio —. Prometo no ocultarte tantas cosas —susurro dedicándole una pequeña sonrisa en sus labios, pero igual lo miro afianzando un poco su mirada —, pero recuerda que también hay cosas que no te puedo decir por mi trabajo… —susurro colocando sus manos en las mejillas del ajeno y dándole un beso en su frente.

¿Mi meta?, cerro suavemente sus ojos dedicándole una pequeña sonrisa a su hermano; aunque era algo de lo cual no debía estar orgulloso y jamás se lo iba a mencionar, costara lo que costara; pasara lo que pasara, nunca iba a mencionar que lo que realmente quería es ver la cabeza de sus padres rodar por el suelo y delante de sus ojos. Sus ojos quienes yacían cerrados escuchaba la suave voz de su hermano golpear contra su rostro, sus mejillas quienes estaban sonrojadas se emocionada por escuchar su voz y lo que estaba planeando después de todo era su hermano el que estaba haciendo esas cosas. Soltó una pequeña risita de sus labios mientras se soltaba un poco sus manos y acercaba su rostro hasta el pecho del ajeno como cuando eran pequeños y se acomodaba en los brazos del mayor cuando llegaba a casa, diciéndole dulcemente —“Se siente como mi hermanito” —susurro, recordaba cuando felizmente corría a la barriga de su padre abrazándolo y escuchando los latidos y movimientos de su hermanito dentro de este. Apretó más sus ojos y sus labios se entreabrieron —. Tan lento, tan cálido… tan conocido… tus latidos Nii-san… son suaves y deliciosos —susurro.

Si yo estoy en peligro tú vivirás aunque me pase a mí lo peor. Si yo estoy bien… ¿tú lo estarás ciertos?; es porque siempre te voy a proteger aunque me llegues a odiar por mi forma de hacer las cosas, paso delicadamente sus manos por el cuello de su hermano abrazándolo fuertemente, apretando sus labios y luego se levanto suavemente observándolo con una pequeña sonrisa en sus labios. Se deslizo suavemente y se señalo —. Vamos a tomar un baño… te he ensuciado todo de sangre —susurro, la suerte de los dos eran los dos baños que estaban en la habitación de cada uno; el castaño menor se levanto tomando las manos de su hermano mayor para que se levantara, mientras le tomaba del cuerpo a Pez mientras lo apretaba contra su cuerpo —, ten baña a Pez; esta también sucio de sangre —dijo entregándole al pequeño gato a sus manos mientras ampliaba una sonrisa, tomando su celular y caminando hasta su habitación.

. Por cierto… ¡Tengo algo de hambre! Niisan —contesto con diversión cerrando la puerta de su habitación, sus piernas temblaron y su cuerpo cayó al suelo sujetando su estomago, mientras inhalaba una cantidad de aire; al ver como la sangre volvía a salir de aquel lugar. Tomo su celular y comenzó a marcar; escuchando del otro lado como timbraba el celular —. ¿Dónde están? —pregunto levantándose del suelo, mientras le explicaban del otro lado sus posiciones; el castaño camino hasta notar a algunos hombres caminar por las calles cerca de su casa, su mirada paso a la mirada todos mientras observaba a otros en los techos —. Estoy cerca de la cuarta avenida, hay hombres abajo tengan cuidado que hay encima de los techos; no creo que entren en las casas a causara alboroto estoy 100% seguro que solo nos quieren; desháganse de ellos —ordeno colgando el teléfono, mientras estiraba un poco su cuerpo lanzando la ropa al suelo y su celular a la cama, entrando al baño de su habitación para tomar uno.

Duro unos 15 minutos en el baño; y salió estirando un poco sus dedos hasta tocar el techo del baño, mientras secaba su cabello con una toalla y la otra estaba enroscada en su cintura, se coloco un pantalón de tela sencillo y salió caminando hasta la cocina, mientras se sentaba en la mesa; con una pequeña sonrisa en sus labios. Aquel corte le seguía doliendo pero no como antes.


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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Dennis T. Edmond el Dom Nov 10, 2013 1:41 pm

Suspiró largo y tendido cuando supo que el menor de ambos estaba ya más calmado y es que si había algo que no podía tolerar, quizás realmente lo único que no podía tolerar era que su pequeño hermano llorase, que le viera con el rostro afligido, por consiguiente no soltó ése prieto abrazo hasta que le notó más estable, hasta que supo que no caería de nuevo en el llanto, empero el abrazo impuesto por el castaño no hizo más que lograr que el mayor esbozase una sonrisa satisfecha, sin lugar a dudas y por más que hubiere presentado esa noche su hermano era su motivo de alegría, su vida entera. No era extremista, ni mucho menos. ¿Pero que hubiera deparado la vida sin él? Uno de los hermanos ya murió y el otro... El otro tenía que cuidarlo por encima de su propio bienestar, cosa que sabía que también hacía el menor de ambos, aunque a su manera, a fin de cuentas cada uno tenía un modo diferente de ver la vida y compartirla, de cuidarse y cuidar al otro: Uno con la violencia, el otro supliendo el papel educador así como  lo necesario para que en el hogar restase lo menester para vivir: Alimento, pagamiento de facturas... Las gestiones las llevaba él, aunque las compras Jace al tener un horario más flexible que el suyo en la escuela.

Por fin la pareja de hermanos se separó con pasividad, observándose el uno al otro, parpadeó al recibir al gato entre sus brazos pero dejó escapar una risita mientras asentía. –No te preocupes, le bañaré.- para su suerte, Pez no era un gato que no gustase del agua, se quejaba, si, pero no arañaba ni se revolvía más de lo necesario. Le vio marcharse, aun sosteniendo al gato y su último comentario sin duda le hizo reír por lo bajo, alzando a Pez hacia el techo mientras compartía una mirada ilusionada con el felino. –¿Qué debería prepararle, Pez?.- Ahhh... ¡Claro! Se subió al gato en el hombro como si fuera algo similar a un hámster y fue directo a la cocina, una pizza y una buena película, aquella sería proclamada noche para los dos, sin nadie más. Abrió el congelador y sacó la mencionada, dejándola sobre la superficie de mármol y encender el horno. –Ahora tú y yo vamos a bañarnos mientras se calienta el horno.- deslizó sus manos hasta dónde el pequeño gato restaba apoyado, sujetándolo entre ambas manos y acariciándole entre las orejitas mientras se dirigía hacia la salida de la cocina con el minino entre sus manos, sin embargo éste repentinamente se removió de sus brazos y se erizó entero mirando con ojos miedosos hacia la puerta del inmueble, el castaño siguió la mirada de su mascota y la impresión le hizo soltar al animal, quién cayó a cuatro patas sobre la madera.

Un hombre de ropa oscura estaba cruzado de brazos frente a la puerta, observándole con uno ojos rozos encendidos, el pánico se apoderó de él y retrocedió un paso lo que consiguió que el infiltrado sonriera y siguiera el paso que el contrario quiso alargar. –Si alertas a tú hermano lo matarán. Está herido, ¿Verdad?- desligó la unión de esos brazos cruzados y le mostró los algodones que había dejado sobre la mesa, el maestro se mordió el labio, tenía que avisar a Jace, de alguna manera, cómo fuera, pero algo le hizo soltárselo de inmediato. Un humedecido pañuelo le cubrió nariz y boca desde la espalda mientras le agarraban de un brazo, doblándoselo tras la espalda. Jace, corre. Vete. Escóndete. No sabía cual eran los planes para consigo, siquiera si esperarían a que su confiado carnal bajase del baño, empero antes de caer a los efectos del cloroformo le lanzó una mirada llena de odio al que consideraba el líder de los captores. –Dulces sueños, Dennis.- y perdió el conocimiento.

Un gesto de cabeza bastó para que el que sujetaba el cuerpo del mayor de los hermanos saliera con éste sobre el hombro, seguido de un segundo que se mantuvo cerca por sí las cosas se complicaban, el de ojos rojizos vagó tranquilo por la cocina. Una de sus manos se alargó y rozó el respaldo de la silla, contorneando la forma de ésta mientras miraba abstraído esa cocina tan... Sencilla. Sin duda el capitán vivía de manera humilde a pesar de lo que debería ganas. En la nevera colgando de un imán encontró lo que andaba buscando: Papel y algo para escribir. Sonrió socarrón y agarró el bolígrafo para garabatear sobre el papel que yacía al lado de lo que, uno de aquellos dos, debería comprar.


Lo tenemos.
Sabes bien dónde ir. Si nos la juegas esta muerto.
Sin firmas, si nada. Arrugó ligeramente los labios, ése chico... Cerró los ojos, como si buscase centrarse en alguna imagen no muy lejana. Estaba seguro que había visto a Den en algún otro lado... Encogió los hombros y dejó caer la pluma de cualquier manera, arrancó el papel y lo dejó sobre la pizza que estaba descongelándose sobre el mármol.

Echó un último vistazo al lugar para asegurarse que no quedaba ningún cabo suelto y una vez consideró que todo estaba correcto, desapareció raudo hacia dónde su amo estaría esperándole, sonriendo victorioso. Había sido una buena captura la de aquella noche y sin lugar a dudas esperaba suculenta recompensa al volver. Lo cierto era que esperaba que le dejaran catar el cuello del secuestrado... Quizás y con suerte, tras tan buena contienda realizada fuera el cuello de Sven en que tendría privilegio de perforar cuando éste fuera a por su hermano. Sonrió macabro. Ése chico... Sería delicioso tenerlo sometido, bajo su yugo.




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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

Mensaje por Sven M. Edmond el Dom Nov 10, 2013 3:02 pm



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Re: Rain of Blood || Dennis T. Edmond

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