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Pacto } || Priv. Ayperos [+18]

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Pacto } || Priv. Ayperos [+18]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Mar Nov 05, 2013 8:28 pm

El extremo picudo y extremadamente afilado de la katana empuñada detuvo abruptamente el curso del golpe, deteniéndose a míseros centímetros de la cabeza pelirroja del arrodillado sobre el terreno. La brisa acompañó la escena enervando los rastrojos de lo demolido durante la batalla, empero el proclamado rey no se movió un ápice de su posición en clara espera de poder cruzar su mirada con la del vencido en batalla. Lucero blanquecino pendiente en el cielo sería callada testigo de la benevolencia del Señor Oscuro, del nuevo rey de Exules. En la periferia de la batalla no existía ya vida, toda la que pudiera existir antes del encuentro de aquellos titanes fue erradicada por el fragor apasionado de la batalla ocasionada en el lugar. Piedras pulverizadas, rocas inexistentes. Ahora la zona parecía haber sido herida por una bomba lanzada, mas lejos de la realidad, aquel demolido paraje fue consecuencia de dos cuerpos, de dos hombres, de aquellas dos figuras impávidas y estoicas que protagonizaban la escena.

Vendaval prosiguió el curso de su juego aupando y agitando el ropaje japonés que portaba consigo aquella fría noche, al yukata ahora le faltaba tela, los cortes desiguales le descubrían gran parte del torso, uno herido del que manaba rojiza sangre. En el mismo estado yacía el caído pantalón de la nipona vestimenta, la tela del costado izquierdo estaba rajada mostrando completamente la pierna que vestía ahora una hendidura profunda que con suerte no alcanzaba el hueso por centímetros. El obi de un color más bien azulado a duras penas sujetaba la obertura de la parte superior, una que se agitaba violentamente ante la brusca caricia del aire. No obstante, bien podría jurar a pesar de la envolvente oscuridad que su compañero de pelea estaría en condiciones similares. Muy a su pesar aquella fue una pelea de similitud en cuanto a fuerza, a poder. Hueso duro de roer fue.

Ni una sola emoción mostraba en ése momento en el que debería de mostrar júbilo por la conquista. Por una de sus mejillas caía de manera zigzagueante un hilo de sangre que nacía dónde un vendaje se encargaba de custodiar la ahora cuenca vacía. Aquella lesión era aún joven y no soportó los bruscos movimientos del dueño abriéndose lo que aunque cerrase siempre restaría abierto en alma y recuerdos. Aquel hilo moría en su mentó cómo si de lágrimas rojizas se tratase y caía de manera irregular y como un cuenta gotas sobre el piso. –Ven conmigo.- su voz irrumpió en medio del silencio que el choque de su espada, que el de los golpes y estallidos dejó una vez uno de ambos cayó. Ahora se sabía dueño del terreno deseado, empero carecía de algún aliado que pudiera proporcionarle lo necesario para mantener su pequeño imperio en pie y aquel de salvaje comportamiento parecía hecho a medida para mencionado cargo: Fuerte, imponente y hábil. Lo grabe de su voz varonil voz irradió en medio de lo que minutos anteriores fue el peor de los campos de batalla y murió a oídos del que proseguía apuntando con cierta osadía.

Ladeó la muñeca y con ello su espada, como si fuera una extensión de su brazo renovó la posición, ahora ladeada y con la parte más amplia mostrada sostuvo el mentón del desgraciado, obligándole a alzar la derrotada cabeza. Si no era por las buenas sus actuaciones se harían a las malas. El destello de odio que pareció percibir en ojos del demonio le hizo sonreír interiormente aunque en su faz morase ése gesto de indiferencia. –Ven.- repitió. –Lucha para mí.-

Aquel de hebras escarlatas era mucho más que hábil en batalla, era valeroso e increíblemente fuerte, si su fuerza de liderazgo y estrategia se unía a la fuerza animal y salvaje del presente juraba poder tener pronto la cabeza de quién le arrebató el ojo. Cómo si el repentino desdén hubiera vuelto a él apartó su preciada arma del rostro adyacente y ubicó la misma a un costado de su fisonomía, empero su ojo, ése que sobrevivió al ataque de uno de aquellos que le desterraron observaba con insana impaciencia al que podría ser un confederado digno de aquel reino de odio que pronto moraría en las tierras que ahora ambos hacían acto de presencia.


Última edición por "Magheq" IV. Kahlfuss el Jue Nov 07, 2013 9:11 am, editado 1 vez





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Re: Pacto } || Priv. Ayperos [+18]

Mensaje por Ayperos el Miér Nov 06, 2013 1:54 pm

Había sido un combate de dimensiones apocalípticas. La intensa reyerta en la que se habían visto envueltos dejó tras de sí un reguero de muerte, desolación y silencio. Pero la contienda ya había finalizado, y se alzaba en pie el claro vencedor, que no resultó ser el demonio de pelo rosado. Ayperos había plantado cara al pelinegro tuerto, en un intento de defender aquel territorio, que bajo su punto de vista era de su propiedad. Al ver el lamentable estado de su adversario, al principio no tomó en serio aquella pelea. Estaba seguro, absolutamente convencido, de que ganaría, y que lo haría de manera veloz. Pero el demonio pronto se dio cuenta de su error. El pelinegro no era alguien que diese a torcer su brazo fácilmente. Entonces puso todas sus fuerzas, energías, sabiduría y habilidad en aquel combate, que terminó perdiendo. El filo de la katana de su enemigo se detuvo antes de asestarle el golpe final.

Para Ayperos, lucha, dolor y deseo iban cogidos de la mano. Saber que ese proyecto de humano venido a más había conseguido dominarle le excitaba de manera poderosa. También le hacía sentir irrevocablemente humillado por ese bastardo. Le hacía desear matarle de manera lenta y dolorosa. Quería follarle salvajemente. Y luego abriría al cerdo en canal y se correría de manera abundante en sus entrañas. El demonio se visualizó a sí mismo en el preciso instante en que su erecto, duro, varonil y hinchado miembro penetraría en la tripa sanguinolenta de ese puerco, y casi pudo sentir de manera realista que se estaba corriendo en lo más profundo y oscuro de su anatomía, mientras su víctima lanzaba alaridos mezcla de puro terror, desesperada angustia y terrible agonía.

Ayperos hizo un enorme esfuerzo por auto-controlar su ira. Quería aparentar una calma que estaba muy lejos de sentir. Se quedó callado por unos instantes, con la mirada fija al suelo. Pero su enemigo no le dejaría evadir su responsabilidad. El alquimista tuvo el descaro y los cojones de obligarle a alzar la mirada, para clavarla en los orbes ambarinos del contrario. Había muchos y sutiles indicios de cuál era el verdadero estado de ánimo del demonio. Por mucho que no lo quisiera, su anatomía estaba temblando de manera tan leve que apenas se podía apreciar. Su respiración era rápida, agitada, como si acabara de correr un maratón. Tenía la mandíbula tensa, ya que apretaba los dientes de manera muy fuerte. Pero lo que más lo delataba, por encima de todo lo anterior descrito, era su mirada. El demonio tenía sus grandes orbes celestes fijos en los ojos del alquimista. El tono de su iris había pasado a azul eléctrico muy oscuro. En sus pupilas centelleaban auténticas llamas salidas del mismísimo infierno. La rabia (y una leve admiración), pero sobretodo el odio, que empezaba a sentir por ese bastardo rezumaba por cada poro de su piel, como si fuese un perfume que lo envolviera de manera evidente.

El payaso repitió sus palabras, una sencilla orden dicha de manera concisa y directa. “Ven. Lucha para mí”. Y luego retiró la espada del rostro del demonio. Ayperos se puso en pie. Era unos centímetros más bajito que su oponente, aun así lo miraba con altivez, con el rostro alzado y sin apartar sus refulgentes pupilas de las de él. – Colaboraré contigo – fueron sus palabras, dichas con voz ronca. Imposible que ese demonio hecho de pura vanidad y soberbia aceptara de viva voz trabajar para ese ser inferior a él. Trabajaría con él. Y casi se auto-convenció de que lo estaba haciendo por voluntad propia, y no coaccionado por el vencedor de la reyerta en la que él había resultado vencido. – Cuando tengas asuntos importantes que no puedas dejar en manos de subordinados incompetentes, avísame. Yo decidiré si te ayudo o no. – le dijo hinchado de orgullo herido a su oponente.

El demonio no podía rebajarse a rendirle pleitesía al alquimista. Aunque sabía que había sido él el vencedor del combate, y que lo había hecho con sus capacidades físicas mermadas. No lo podía aceptar. Una parte de su psique sí que reconocía la valentía de aquel sujeto, y su magnífica habilidad en el arte de la lucha. Pero una parte mucho mayor de sí mismo se negaba a aceptar la derrota. Su enorme ego, más grande que el universo entero, se lo impedía.

Ayperos deshizo el nudo suelto que sujetaba su destrozado kimono negro y lo ajustó de nuevo a su cintura. Ambos luchadores tenían un aspecto deplorable. Los dos cuerpos estaban llenos de cortes superficiales y moretones de distintos colores y tamaños aquí y allá. El pelinegro lucía un feo tajo a lo largo de su pierna izquierda. El demonio pelirrojo había recibido dos profundas estocadas, una en el costado derecho de su torso, y otra en su brazo izquierdo, justo por encima de su dragón tatuado. Si fuese un humano yacería muerto en el suelo, pero dada su naturaleza demoníaca, Ayperos solo sentía un fortísimo dolor en toda su anatomía, pero sabía que sobreviviría a las lesiones que había recibido.

En ese momento el demonio se fijó en la sangre que manaba de la herida abierta en la cuenca del ojo ajeno. Ayperos se acercó al joven alquimista, y se situó muy cerca de él, con sus cuerpos y sus rostros separados por el espacio que ocuparía una fina hebra de hilo. El demonio alzó su mano y la colocó en la nuca del moreno – Confía en mí – le dijo con una sonrisa burlona en su rostro. Era evidente que su enemigo no debía confiar en él, era un demonio, y había sido creado para aniquilar a tipos como él. Pero si de verdad quería que trabajasen juntos, debía mostrarle cierto grado de certidumbre en ese momento, y hacer gala de todo su coraje. Lo que Ayperos estaba a punto de hacer era una forma solemne de sellar el pacto con su enemigo. Entonces hizo uso de su poder y lanzó un débil rayo de luz ultravioleta, de su ojo derecho directo a la cuenca vacía del contrario, cauterizándola. En seguida que el trabajo estuvo hecho, soltó su agarre y se separó del moreno.

Ayperos sintió como su propio orbe diestro se cubría con una tela fina blanquecina. Había usado en varias ocasiones aquel ataque contra el alquimista durante el combate, y ahora, con aquel último uso, estaba pagando las consecuencias. Quedaría cegado de ese ojo por unas horas, tal vez hasta el día siguiente.  Por muchas veces que usara aquel ataque tan potente, nunca demoraba más de un día la recuperación completa de su retina.

De un ágil salto se bajó de la pequeña loma de escombros en la que estaban subidos y recuperó su sombrilla púrpura. Empezó a quitarle el polvo con una mano, y tras echarle un vistazo al paisaje, le dijo con tono irónico al pelinegro, mientras abría los brazos abarcando el desolado paraje  – Felicidades, eres el Rey de un Reino que tú mismo has destruido – y soltó una carcajada. Luego apoyó la sombrilla sobre el suelo y se giró para dirigirse a su enemigo a la cara. Ya no había sarcasmo en su mirada. Ayperos mostraba ahora un gesto tranquilo y relajado en su juvenil rostro – Busquemos comida. Tengo un hambre atroz – fue lo que le dijo a su enemigo. Como si no acabaran de tener una colosal reyerta. Como si fuesen viejos amigos que se encuentran tras un tiempo de no verse. Como si Ayperos no hubiese resultado vencido. Herido de manera irrevocable en su hinchado ego.
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Re: Pacto } || Priv. Ayperos [+18]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Miér Nov 06, 2013 3:07 pm

La sentencia fue clara, el derrocado en batalla sería su principal verdugo para cuando precisase de mano hábil en combate. Los caminos del resto de alquimistas no demoraría en bifurcarse y para entonces él ya tendría su escuadrón de sedientos por carmesí dispuestos a seguir el sendero que marcase su índice. Mirada adyacente del más puro color índico le capturó momentáneamente, capaz era de paladear el aborrecimiento de su creciente antagonista por encima de la pestilencia a muerte que desprendía el paraje, su fuero interno se carcajeó de aquello, le sabía con el orgullo herido. Pobre animal, pobre desgraciado. Ignoraba el impulso del de cabellera rosada a aceptar el trueque, ¿Atacar cuando el imperio titubease? ¿Unirse al bando contrario para delatar sus mejores posiciones? Escoltó con su visión deteriorada ése otro una vez más intentando ver a través de esa mirada que encerraba al selvático que parecía desear salir de un menudo pero habilidoso cuerpo magullado. Le quería. Oh, sí. Le quería para él. Con ése odio, con ése sentimiento de derrota pesándole en los hombros, únicamente con el mismo lucharía con anhelo.

Su soberbia no hizo más que crecer en el momento en el que la inspección realizada hacia el otro confirmó las heridas en la masa corpórea de su oponente. Estaban en condiciones semejas pero él era vencedor. Humano contra demonio, dos inmortales dejados a lo salvaje de un encuentro y el vencedor fue el mancado de toda su percepción visual: Irrisorio. No obstante y cómo si estuviera utilizando la técnica que ya mostró en batalla para parecer un mero reflejo en el espejo del ajeno, aprovechó la calma para colocarse las ropas de la manera en la que le fue posible pues en consideración con el kimono adyacente, el yukata que él portaba no era más que un amasijo de telas que le cubrían en esencia lo importante. Nunca fue diestro en el arte de colocarse el obi, aquella venía siendo su endeblez desde siempre y tal fue el esmero por procurar acordonárselo cómo era menester que no advirtió al otro hasta que no le tuvo a un par de centímetros, centímetros que violaron la percepción del alquimista de lo que era el espacio personal, le quiso ladrar un improperio empero y de hacerlo posiblemente ambos labios se rozarían... y por su parte juró arrancárselos de un mordisco si eran esas las intenciones del demonio.

Confiar, ése inepto debía estar de broma. La seguridad que inspiraba la confianza ya no existía en su fuero interno, yacía oculta en algún lugar recóndito de la memoria, mas por ahora quedaba claro que no haría halago y escarnio de la misma. Confianza le llevó a tener cuenca vacía. Confianza le llevó a verse totalmente solo y luchando por unas tierras cómo un perro que batalla por un trozo de carne dejado en manos de nadie. No, no confiaría. En especial después del odio que irradiaba esa mirada tan intensa. No tenía poderes para adivinar pensamientos u emociones pero ése que tenía frente a sí era un libro abierto, uno que enseñaba las páginas con descaro con tan sólo una mera mirada cruzada.

Y justamente por eso, supo que para esa ocasión no necesitaría blandir su arma. La posición del contrario le permitió disfrutar del acompasado aliento que entreabiertos labios dejaban escapar, olía a lo desconocido. Era de fracciones delicadas pero existía algo en esa faz que le provocaba el bajo instinto, tenerlo subyugado en su camastro con manos atadas en el poste y espada atravesándole el recto sería un muy retorcido e íntimo secreto que resguardaría bajo llave en su opaca mente. Cada bocanada de aire que el foráneo recogía era una nueva bofetada para el alquimista y es que ambicionaba más que esa mano para luchar, bajo su bragueta también originaría buenas labores. Callejeó por las posibilidades de distintos modos de destrozarle mientras se lo follaba hasta que una luz capturó su atención, la misma impactó contra el maltrecho vendaje que le cubría cuenca ya inservible y el alivio llegó certero. Alzó una mano para cuando el otro volvió a construir distancias y se palpó la zona.

A pesar de lo herido el otro se movía con soltura, un pensamientos pasó vago por su mente: Disimular frente al numan inmortal para procurarse altivo. Tampoco le importaba. Observó esa sombrilla utilizada en combate y la carcajada foránea pareció sacarle del ensimismamiento en el que yacía desde que le pidió unir fuerzas. –Éste lugar quedará así.- aseguró. Había más zona en la que podría dar paso a una civilización. –Terra Mortuis. Le queda bien.- por su parte habló prácticamente con el mismo tono burlesco que lo hizo su antagonista.

Sin lugar a dudas no sería el lugar más aclamado por nadie, sí, tierra de nadie sería, tierra dónde se recordaría que dos titanes se unieron en batalla hasta que se proclamó vencedor: El Rey de todo lo que los ojos de los malditos verían. Aquellas tierras caerían en desgracia empero serían las primeras piedras de la historia de su mundo. Miró de reojo al de cabellera rosada; Quizás del mundo de ambos. No cedería lo que tanto le costó conseguir ni rendiría ningún tipo de acuerdo: Lo suyo era suyo. Pero en un futuro si ése imbécil cumplía los términos adecuados para que el mundo se postrase a los pies de Exules le cedería un puesto en su más exquisita corte y se encargaría personalmente de otorgar todo lo que el endemoniado desease: Chicos para mutilarlos, dinero para malgastar, armas para coleccionar. Quizás... quizás el siervo en batallas se convertiría en el consentido del adueñado.

Magheq bajó del montículo de destrozadas piedras de un ágil pero pequeño salto y se encaró al que mostraba ahora cierto aire infantil, aquello era cómo un soplo de céfiro fresco que creyó olvidado, enterrado, aplastado. Sintió el pálpito del corazón bajo el pecho. ¿Cuánto haría que no localizaba ése órgano en su fisonomía? Las ganas de destrozarle no mermaron, por el contrario aumentaron su apetito para con ése cuerpo que, por increíble que fuera, era incluso más menudo que el suyo. –Deberemos movernos hasta algún poblado si queremos comer.- camaradas, compañeros, amigos de toda la vida. Los tonos de voz de ambos parecían alegres pero el odio aún destellaba en la mirada de ambos si uno prestaba atención a los mismos.

Giró su posición un eje de unos cuarenta grados y buscó con la mirada algún punto que ahí, en medio de la noche, él sería capaz de localizar. Allí. –¿Tiene el gusto de acompañarme?- tendió su palma en dirección al otro, la misma estaba con heridas y pequeños cortes, con arena y rastrojos de sangre barrida. Sin embargo el gesto que en su faz se proclamó se veía calmo, sin intenciones de nada más que de guiar al hambriento. Él también lo estaba pero posiblemente no era de comida, si no de descanso y quizás de un buen revolcón bajo la lluvia traslucida y cálida de la ducha. Por ahora se conformaría con llenarse el buche, aunque muy posiblemente terminase por vomitarlo, tenía los nervios a flor de piel a pesar de saberse ganador. Esa maldita presencia le tenía embriagado de sensaciones tan contradictorias que le avasallaban el alma.





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Re: Pacto } || Priv. Ayperos [+18]

Mensaje por Ayperos el Miér Nov 06, 2013 6:40 pm

El alquimista pelinegro no varió su semblante serio ni una sola vez, incluso cuando él mismo ironizó sobre la situación desolada del lugar que se había convertido en su nuevo reino, permaneció con una inmutable máscara de seriedad, que lo hacía parecer distante. Aunque su cuerpo se encontrara allí presente, al demonio le pareció que su mente vagaba por oscuros senderos en la lejanía. – Perfecto – le respondió a su enemigo, convertido en camarada a tiempo parcial, cuando éste le comentó que deberían desplazarse hasta algún lugar habitado para conseguir algo con que llenar sus estómagos vacíos.

Magheq le hizo una pregunta, que en otra situación y con otros contendientes, habría resultado amable, y incluso hizo un gesto con la mano para invitar al demonio a que le acompañase en busca de algo de comida. Ayperos, con las manos a la espalda, donde sujetaba su sombrilla, subió por la pequeña loma de escombros, en dirección al alquimista. Pero cuando estuvo a su lado hizo caso omiso de su mano. Se paró en seco y le guiñó un ojo a ese perro callejero – Parece que su majestad anda un poco perdido en su propio imperio – le comentó, en tono de burla, mientras le hacía una leve reverencia, inclinando su torso – Será mejor que me sigas, si quieres encontrar un lugar donde descansar tus reales posaderas. –

Acto seguido el diablo de pelo rosado empezó a avanzar por delante del alquimista tuerto. Deseaba zamparse un banquete digno de un príncipe, darse un baño que durase horas, y tumbarse a dormir hasta que sus heridas se regeneraran solas, por efecto de sus diabólicos poderes. Su más ferviente anhelo en ese momento era sacarse de encima a ese humano prepotente que había osado avergonzarle de una forma tan fulminante. Le había dado su palabra de que trabajaría con él, y pensaba cumplir con su promesa, al menos por el momento. Pero su nivel de aversión hacia su persona era tan intenso en ese instante, que sentía que no podría permanecer mucho tiempo a su lado sin iniciar una nueva disputa. A decir verdad sentía una grandísima curiosidad por aquel personaje tan extraño, un numan con alma de diablo y fuerza sobrehumana, un ser que casi debía tener la etiqueta de Dios por haber sido capaz de derrotarle a él, que era uno de los demonios más poderosos que existía en el planeta. ¿Qué era lo que impulsaba a ese alquimista? ¿Qué era lo que llenaba de odio y rencor su alma? ¿Por qué era más poderoso que él? ¿Cómo es que había logrado vencerle en una batalla?

De alguna de las preguntas ya imaginaba las respuestas. Conocía por encima la historia de los alquimistas. Sabía cómo el IV perdió su ojo. Pero no tenía conocimiento del tipo de relación que tenía con la persona que se lo arrancó, el V. ¿Era por él que su alma se hallaba inundada de oscuridad y frías tinieblas?  ¿O quizás había algún otro motivo por el que el malvado taumaturgo sintiera ese odio visceral por la vida? Sin detenerse en su avance, Ayperos se giró levemente y miró de reojo a su acompañante – Te dejó un hermoso rostro ese amigo tuyo – era un comentario hecho con malicia, aunque lo dijo con el tono de voz muy neutro, como si estuviese comentando que parecía que fuese a llover. Quería molestar al IV,  el demonio deseaba averiguar si el alquimista respondería de alguna manera agresiva a su provocación. De esa manera podría empezar a imaginar cual era la base del profundo odio que había arraigado en lo más profundo del espíritu de ese bastardo.

Cada vez que Ayperos miraba fijamente al ambarino ojo sano de su enemigo, algo en su interior se removía inquieto. Magheq era el único ser del universo, junto con Hideyoshi, que había conseguido despertar alguna clase de sentimiento distinto a la sed de matar dentro de aquel demonio insensible. Ayperos no podía evitar darle vueltas a aquel asunto. A la pelea que había tenido con el IV y su fulgurante y humillante derrota. Desde aquel momento, mientras caminaban, el demonio había fantaseado en un centenar de ocasiones con mil formas distintas de matar al alquimista tuerto. Ahora IV de alguna manera confiaba en él, iban a pasar mucho tiempo juntos, trabajando codo con codo, y le resultaría de lo más sencillo acabar con su mísera vida. Solo tenía que sujetarle fuerte por la espalda, fluctuar, y dejarle caer por el barranco más cercano. Imaginar que le hacía esas perrerías le ponía de muy buen humor. Y la polla dura como una piedra. Pero solo era un placebo, un parche para intentar sanar su sangrante ego herido. El demonio jamás haría algo como eso, porque sería denigrante para su persona. Si tenía que matarlo, que fuese en una batalla en igualdad de condiciones, sin trampas ni juego sucio. Solo de ésa manera podría limpiar su intachable trayectoria como implacable guerrero.

En ese preciso instante el demonio se dio cuenta de un asunto de lo más absurdo – Joder qué gilipollas - se dijo en voz baja a sí mismo. Se detuvo en seco, dedicó una mirada de “¡Ni se te ocurra recriminarme nada!” y cogió del brazo al alquimista pelinegro. Daba igual si él se revelaba, si intentaba zafarse de su agarre, porque al segundo siguiente ambos habían fluctuado entre las sombras, y se hallaban frente a una taberna/hostal/putiferio-de-mala-muerte muy frecuentado por el demonio en sus largas e inmortales noches de aburrimiento y exasperación sin fin. – Parece peor de lo que es – le dijo al moreno, justo antes de soltarle el brazo. El lugar en cuestión estaba situado en las afueras de la ciudad, rodeado por una escasa y muerta vegetación que daban a ese sitio un aire muy tétrico. Era una casucha de dos plantas, desvencijada, llena de humedades y desconchones.

Abrió él mismo la puerta de entrada y la dejó abierta para que el alquimista pasara. Cuando echó un vistazo dentro, vio un espectáculo lamentable. Había varios trabajadores de la zona, mineros, leñadores y demás basura humana, la mayoría borrachos, otros puestos hasta las cejas de otras sustancias algo más ilegales. Algunos discutían a voz en grito. Los prostitutos del lugar, vestidos de manera escasa, otros completamente desnudos, se afanaban a intentar conseguir el último cliente de la jornada. En la barra de madera vieja y ajada por los muchos años de servicio, un camarero entrado en carnes y pestilente, atendía los pedidos de sus clientes.

Absolutamente todos los presentes se quedaron callados y quietos al acto al verles entrar en la sala – Bueno, en realidad es peor de lo que parece ¡Jajajajajaja! – le comentó el demonio al numan, y entró con paso decidido en el hospicio - ¡Una ronda para todo el mundo! ¡Invita mi amigo, el Rey tuerto! – de repente una multitud de brazos se alzaron para brindar, y para dar la bienvenida a ese par de intrusos, que a pesar de parecer extraños y peligrosos, invitaban a una ronda, y la cerveza gratis siempre era bien recibida en ese lugar. Ayperos fue hacia una de las mesas que estaba más al fondo y echó de allí a un par de borrachuzos - Aquí estaremos bien – le comentó al moreno, al tiempo que le mostraba la silla de la que acababa de echar a su propietario, para que el alquimista tomara asiento en ese lugar.

Y justo cuando Ayperos se sentaba y había levantado una mano en dirección al camarero para pedirle la comida, apareció un muchacho, uno de los putos del lugar – Cuanto tiempo sin verte por aquí – le dijo al demonio, con voz melosa y dulce. Ayperos le agarró del culo y apretó con fuerza su nalga desnuda, ya que solo vestía con un escueto taparrabos – ¿Me has echado de menos, zorrita? – le respondió el pelirosa, y se fijó en que ese muchacho se parecía vagamente al alquimista. Era muy joven, y tenía el pelo negro, que contrastaba con la nívea palidez de su piel. El puto sonrió y le acarició el torso – Si quieres me paso más tarde por tu habitación y te doy un buen masaje – le comentó el muchacho. Ayperos estaba agotado por la contienda, pero pensó que sería una buena idea poder volcar toda esa necesidad que sentía de violar, destrozar, sodomizar y aniquilar salvajemente hasta la muerte a Magheq sobre ese joven incauto. Total, nadie notaría la falta de un puto más en la ciudad. Con pagarle un buen precio a su chulo, que era  el camarero barrigudo de la barra, el asunto quedaría resuelto, y tal vez de aquella manera, al día siguiente pudiera enfrentarse al alquimista tuerto de una manera más serena y tranquila. – Primero consíguenos algo rico que comer, y luego te daré tu cena – le respondió el demonio, agarrándose el paquete con la mano. El joven prostituto se marchó a paso ligero en dirección a la cocina, riéndose como una quinceañera en su primera cita.
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Re: Pacto } || Priv. Ayperos [+18]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Miér Nov 06, 2013 8:00 pm

Acompañó los pasos desde el peli rosado desde una prudencial distancia y es que sin duda ése otro parecía mayor versado en el terreno que él mismo muy a pesar de haber ganado la batalla para hacerse con el mismo. Todo transcurrió con el sosiego típico tras el fragor de la versada batalla hasta que la voz neutra del que iba un par de pasos por delante mermó en medio de la nada consiguiendo que el gesto mitigado del vigoroso se contrajera y que en el ceño de éste se formasen unas ligeras arrugas en claro post del enfado del de cabellera oscura. –Cállate.- no quería que nadie indagase en el tema. No en ése tema. Muy a pesar de su monosilábica respuesta sus puños se tensaron a los costados de un cuerpo que ahora caminaba semirrígido a causa de la tensión acumulada por lo que pareció ser una frase de adulterada inocencia. La herida de su ojo restaba sanada por los poderes del demonio pero en su alma proseguía la cicatriz, una hendidura profunda que le llevaría a acabar con el imperio que con tanto ahínco y durante años I procuró a los que otorgaba la enseñanza menester para transformarse en Alquimistas.

Podía aún ser capaz de sentir el horrible dolor que la estocada en su lucero le provocó, el grito agónico que calló a todos los presentes, la sangre que chorreaba por unas manos que intentaron mantener en vano el ojo en su posición. Y por supuesto, en medio de todo aquel terror, ubicaba a Gintoki. Al que se encargaría personalmente de aniquilar a manos desnudas, con o sin espada la muerte del de cabellera blanquecina sería su más apetitoso trofeo de todos los que tenía pensado coleccionar.

Extremidad superior fue atajada por su compañero cuando los pasos de ambos se detuvieron en un lugar abandonado a la mano de todo Numan, le lanzó una mirada dudosa y esta se encontró con un gesto de lo que entendió cómo un aviso a que allí encontraría quizás lo indeseable, estúpido, eso únicamente había acontecido por confiar en el paso del desconocido. No hizo gesto alguno de procurar soltarse del agarre y es que posiblemente si no se hubiera visto sujeto por el de pelambrera trenzada su orgullo le hubiera hecho dar media vuelta para alejarse de lo que olía con la pestilencia típica de un baño público. ¿¡Peor?! Abrió su único ojo servible para admirar el panorama en el que el otro le obligó a formar parte.

Lanzó senda mirada asesina al que se aventuró a jugar con su bolsillo: Oh, mal hecho, allí no restaba con absolutamente ningún bien material, aunque aquello ya se solventaría una vez abandonasen el lugar. Con suerte se bastaría de un movimiento de katana para seccionar la mano que demandase dinero por estar ahí. La gente brindaba, reía, parecían conocerse entre todos, era algo así cómo una desestructurada y pervertida familia compartiendo mugriento techo y peores trincheras en las que saciar su verga. De reojo contempló el asiento ofrecido y no dudó en ocuparlo: Bien, buen chico, las aptitudes del contrario estaban cambiando hasta el punto de parecer un siervo fiel y leal. Cierto que su actitud parecía haber cambiado completamente tras la batalla pero la que estaba descubriendo le fascinaba quizás incluso más y es que costaba creer que tras esa apariencia de debilidad hubiera dormido todo un demonio con un poder capaz de arrasar montañas, ése que reía junto al resto escondía un vigoroso secreto tras una fachada tan endulzada.

La llegada del desnudo llamó la atención del que estaba con la espalda acomodada sobre el respaldo de su asiento: Era... Era prácticamente de su tamaño, mismo color de pelo, mismo color de ojos. Enarcó una ceja y no prestó demasiada atención a la conversación enmendada pues un movimiento en la mesa hizo que mirase hacia la madera: Una cucaracha... no dudó siquiera, enervó la mano y con fuerza aplacó al insecto. Esperaba que al menos la comida no le envenenase o le destruyera desde dentro, dado el estado del local no podría asegurar sobrevivir a lo que allí sirviesen. Cuando quiso centrarse en el encuentro de los amantes de nuevo y retirándose los restos del insecto de la mano el culo inquieto del prostituto se meneaba rumbo a la barra, sonrió entonces antes de dirigir su lucero en dirección al que parecía haber pactado un servicio. –Procura que no te la meta demasiado adentro.- acomodó la posición y quiso cruzar las piernas pero la hendidura en una de ellas le imposibilitó el gesto. –Que luego no pienso llevarte a cuestas.- aquello parecía que se convertiría en una luche de constantes piques de uno contra el otro pero le resultaba... Divertido. Hasta ahora todo cuanto había vivido eran reglas, todo cuanto le rodeaba era estrictamente vigilado por atenta mirada de I y custodiado por el resto de alquimistas, vivir cómo un ser liberado –y desterrado- se le hacía extraño pero todo aquello tenía un matiz que le atraía. No... Mentira. Era ése maldito demonio el que le atraía.

La mano de uno de aquellos que merodeaban sin ropa se apoyó sobre el hombro del morocho y cuando capturó la atención del alquimista el muchacho se agachó despacio hasta que alcanzó el oído de éste. El chico le habló en el oído mientras miraba en dirección a los azules luceros de quién estaba sentado cerca de su venidera presa, como si estuviera preguntándole con mero contacto visual si eran algo, había visto ir y venir a ése de cabellera rosada repetidas veces pero no solía entrar en compañía, no que él recordase. Listo, un par de palabras y apartó el rostro del foráneo aunque antes de finiquitar completamente el gesto se aseguró de que su comisura rozase de manera superficial el lóbulo de esa tierna oreja. Recién autoproclamado rey alzó el semblante para poder ver a ése que se había ofrecido de manera tan descarada, explicándole todo lo que le haría una vez alcanzasen la cama: Era atractivo. Pelo largo y tan oscuro como la noche, al igual que su mirada. Cuerpo suculento, hombros y cintura escueta...

Unas bebidas fueron puestas sobre la mesa y el que compartió palabras anteriormente con quién sería nuevamente su cliente les sonrió. –Aquí tienen, sake para animar la noche.- sus posaderas buscaron la rodilla del demonio y contorneó las caderas hasta que se ubicó prácticamente sobre la pelvis de quién esa noche le regalaría un par de monedas y con suerte, también unos buenos orgasmos, ladeó el cuerpo y pasó los brazos por el pecho y espalda de ése de robusta pero pequeña corpulencia, mirando con media sonrisa a la otra pareja. –Tú amigo es atractivo.- sus habilidosos dedos teclearon el kimono que portaba en busca de iniciarse paso a su piel mientras el contrario daba pie a beber. Si, contra más bebiese más podría pedirle después del revolcón.

-No pago por sexo.- aunque su mirada se encantó con el cuerpo del puto por fin dio la respuesta a la historia que el foráneo relató, éste hizo un mohín. –Prometo cobrarte lo mínimo.- masculló, deslizando la mano desde el hombro del alquimista hasta su vientre en un solo movimiento, empero los dígitos del adulto encadenaron la muñeca de ése de larga cabellera y la apartó de sí con cierto acopio de desdén. El otro desistió y miró con recelo a ése compañero que sí había conseguido una presa atractiva, suponía que él debería abrirse de piernas a los barrigudos y malolientes borrachos de siempre, el sudor de siempre, los mismos y fingidos soniditos de placer que proclamaría... Otra noche aburrida. Lanzó una mirada a la pareja de la noche y sostuvo con dedos ligeros el licor traído por el prostituto. -Por vuestro polvo.- se sentía distinto, extraño. Debía ser la afluencia de ése que tenía a su lado. Él, retraído siempre. Él, quién nunca sonreía... Estaba disfrutando de una muy extraña velada. Apretó el párpado cuando el aguardiente pasó por su gola y le quemó el vientre. Alzó la mirada y con la misma demandó al de la barra más.

Y otra.

Y a esa, también le siguió otra pequeña copa.

Calor, tenía calor. Todo su cuerpo estaba ardiendo y juraba que el ambiente se había vuelto incluso más denso desde que pusieron allí los pies. Tenía las mejillas muy ligeramente encendidas y lo que antes era un gesto que procuraba mostrarse impersonal ahora lucía una sonrisa socarrona mientras admiraba los traseros de los que iban y venían. Profundo suspiro y el codo entapiado por su yukata terminó sobre la mesa, abrió la palma y ahí resguardó su mentón. –Quizás si pague por un culo.- y es que ver la constante provocación que el prostituto estaba haciéndole al que tenía delante comenzó incluso a incitarle a él a desear ése tipo de compañía.





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Mensaje por Ayperos el Miér Nov 06, 2013 9:32 pm

Magheq esperó a que el prostituto se hubiese marchado para soltar uno de sus sarcásticos comentarios. Con su mano todavía agarrándose la dura polla, Ayperos no dudó en contestarle – Cuando su majestad lo desee puedo demostrarle que el único muerde-almohadas que hay aquí es él mismo. – entonces apartó la mirada del orbe ajeno, dirigiéndola al primer prostituto que vio y añadió con tono más punzante, mientras daba la sensación de fijarse en otro que no fuese él – Claro que con ese culo plano que tiene, mi señor Rey, poco placer me proporcionaría. Mi rabo es tan sibarita como su dueño, y solo puede complacerse penetrando los culos más selectos y hermosos. – A pesar de haber ido caminando delante del pelinegro durante todo el trayecto, el demonio había memorizado su escultural silueta durante la batalla, y aunque a él esas escasas posaderas lo atraían irremediablemente a probarlas, cual fruto prohibido del Eden, pues cuanto más pequeño más estrecho, y cuanto más estrecho más placer sentiría; prefirió no dar a conocer sus verdaderos pensamientos, y incordiar al alquimista tuerto con aquella burla sobre el reducido tamaño de sus finas nalgas.

La amable conversación que mantenían se vio interrumpida cuando uno de los putos, encaprichado del alquimista, empezó a trabajárselo, intentando conseguir de él una buena suma de dinero para esa noche. Ayperos no interrumpió aquel negocio en ciernes, todo lo contrario, se quedó mirando la reacción del contrario, sin dejar de mostrar una divertida sonrisa en su hermoso y maléfico rostro. Pero la diversión terminó en seguida, cuando Magheq reaccionó de manera seria y contenida, dando a entender a los presentes que no estaba en lo más mínimo interesado en pasar la noche con ese joven. El demonio hizo como el propio alquimista, y siguió con la mirada al hermoso ejemplar de macho que el impasible Rey había rechazado… Tal vez él requiriera de sus servicios más tarde. Un solo puto siempre se le quedaba corto. Con dos podía alargar el leve placer que sentía al follarlos unos pocos minutos más.

Un movimiento cercano le hizo volver la mirada hacia el lado. Era su puto, que había vuelto con unas copas de alcohol, y se había sentado sobre su regazo con el mayor desparpajo posible. No podía negarse que era un chico muy lindo, y tal vez con la suficiente cantidad de alcohol podría hacerlo pasar por el propio Magheq. El demonio pasó su mano izquierda por la espalda del muchacho y le acarició la suave piel desnuda, mientras con la otra mano cogía una de las copas que les había servido – A tu salud, mi Rey -  dijo al moreno, y se bebió de un solo trago el contenido del vaso. Ser un demonio tienes sus pros y sus contras, y una de las grandes desventajas que tenía Ayperos era su alta tolerancia al alcohol. Le hacía falta tomarse un barril entero de sake para empezar a notar cierta sensación de ebriedad. A pesar de ello, el pelirosa disfrutaba compartiendo la bebida con sus camaradas de juerga. - ¿Te parece atractivo? – le preguntó al prostituto que tenía sentado en su regazo, en referencia al IV, y no lo hizo de malas maneras ni mucho menos sintiéndose celoso, al contrario, la situación en la que se encontraban cada vez le divertía más – Te lo puedo alquilar por unas horas, por ser tú te haría un precio de amigo. Pero te aviso, tiene muy mal genio. – le comentó en broma, y el puto se rio por ello.

Entonces el IV soltó una seca respuesta al joven que se mostraba tan interesado en él, que insistió en ofrecerle sus servicios a un coste irrisorio, pero aun así el alquimista lo rechazó. Lo único que hacía era beber y beber, como intentando evadirse de esa manera del entorno que lo hacía sentir ¿enclaustrado? Ayperos observó como el alquimista brindaba a la salud de ellos y como volvía a tragar más líquido inflamable – A este ritmo voy a ser yo quien te lleve a ti a cuestas, porque con la resaca que tendrás mañana no te vas a poder ni mover un pie. – pero sus palabras no hicieron efecto alguno en el contrario, que siguió bebiendo como si su estómago fuese un pozo sin fin que no lograse llenar de ninguna de las maneras. El demonio actuaba de manera natural, jugando con el puto, pero no le quitaba el ojo de encima al alquimista ¿Estaba evadiéndose de aquella situación o de algún otro trauma más profundo que llevaba encadenado a su alma de manera pesada y dolorosa?

Muy pronto el IV lucía todos los síntomas de una profunda borrachera. A Ayperos no le quedó duda de ello cuando su enemigo y Rey apoyó su cabeza sobre la mesa y susurró esas palabras sobre terminar contratando a un puto. El demonio tuvo en ese momento una divertidísima, excitante y traviesa ocurrencia. Se puso en pie de un salto, casi tirando al suelo al chico que tenía sentado encima, y fue a paso ligero a hablar con el propietario del local. El demonio y el chulo mantuvieron una discusión, en la que el pelirosa le exigía ciertas cosas, y el camarero negaba con la cabeza y hacía gesto de rechazo con sus manos, pero cuando Ayperos dejó caer sobre la mugrienta barra más dinero del que ese tipejo había visto nunca junto, se le olvidaron todas las pegas - ¡Todo el mundo fuera! ¡Es hora de cerrar! – gritó el proxeneta. Evidentemente su exigencia iba dirigida al resto de los clientes del local, no a los putos, ni mucho menos al alquimista o el demonio. En pocos minutos, y con unos cuantos insultos, pronto el establecimiento quedó vacío de indeseables.

Ayperos reunió a unos cuantos de los putos, incluido el muchacho que había intentado hacer negocio con el IV, y les ordenó desnudarse e ir a darle placer a su amigo ebrio. Al morenazo de pelo largo se le iluminó el rostro – Si, como desee señor – le respondió al acto. Todos los chicos, altos, pequeños, rubios, morenos, pelirrojos, todos ellos se quitaron la poca ropa que llevaban y fueron caminando de manera sensual hacia donde estaba sentado el alquimista. El demonio, sentado en un taburete en la barra del bar, abrazando al puto que se parecía a Magheq, alzó su copa y se dirigió al numan tuerto desde la lejanía – A tu salud, mi Rey, esta noche invito yo – y le guiñó un ojo. Con una enorme sonrisa en su rostro, nada forzada, pues realmente se lo estaba pasando en grande.

El demonio bebió el sake, dejó el vaso vacío sobre la barra del bar, y observó la manada de putos que se dirigían hacia el alquimista, con intención de darle todo el placer posible. Ayperos se desató el nudo del cordón que ataba su cintura y dejó que el kimono se abriera. Salió a la luz una polla increíblemente hermosa. Era grandiosa en comparación con su pequeño cuerpo. Tenía la largaría del antebrazo de un hombre adulto, y era tan gruesa como un vaso de cubata. El tronco de la misma estaba recubierto por completo de enormes venas palpitantes, y estaba coronada por un hinchado glande del que empezaba a gotear amargo líquido pre-seminal – Empieza a trabajar – le dijo al puto que se había reservado para él, el que se parecía al numan tuerto, al tiempo que le empujaba la cabeza para dirigir su boca al lugar donde debía estar. Ni si quiera se dignó a mirarle. Sus centelleantes ojos celestes permanecían fijos en Magheq. Verlo en plena acción, con tanto culo que complacer a su alcance, iba a ser todo un espectáculo.

Ayperos golpeó la frente del muchacho que había empezado a chuparle el rabo - ¡Despacio, idiota! No tengo prisa alguna, quiero disfrutarlo con calma. – le ordenó de manera imperante, y con el ceño fruncido. Tras esa pequeña distracción, el demonio volvió a fijar sus pupilas en el espectáculo que estaba a punto de revelarse ante sus ojos. Cogió el vaso vacío y sin mirar al camarero, golpeó la barra con él. Estaba completamente pendiente del alquimista. Cuando oyó el sonido del líquido vertiéndose en su copa, alzó la mano y se la bebió de un trago. Dejó el vaso donde estaba y continuó al acecho de los acontecimientos. Tan atento estaba de lo que ocurriese con su Rey, que apenas sentía las suaves lamidas que el puto que tenía desnudo y arrodillado entre las piernas le estaba dando.


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Off. Vas a tener que poner un enorme [+18] en el título XD
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Re: Pacto } || Priv. Ayperos [+18]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Jue Nov 07, 2013 9:03 am

No hizo mención ninguna a lo que a su trasero refería pues a pesar de tener buen cuerpo era conocedor de que tal vez estaba demasiado delgado, tonificado, sin duda, pero delgado. Le lanzó una atropellada mirada de odio antes de que comenzase su incesante ingesta de alcohol, el mismo quemaba en la tráquea y se le deshacía en el estomago, las copas iban y venían a cargo de los que escaseaban en ropas, trayéndole de aquel líquido trasparente que animó la baja cintura del que hasta ahora se mostró impasible frente a miradas o gestos dedicados. ¿Cómo un rey se dejaría a las manos de los más bajos del lugar? No, debía ser selectivo. Y puestos a seleccionar el único culo que tenía pensado penetrar era ése que parecía enormemente entretenido con su víctima nocturna, no obstante sabía cómo terminaban los enredos entre compañeros. Gintoki. Sus dedos hicieron tanta fuerza en la sujeción del vaso que éste estalló entre sus dígitos y lo que restaba de carmesí se desparramó por la mugrienta mesa abriéndose camino hacia el suelo. Mas por suerte aquello quedó para su intimidad pues Ayperos estaba... ¿Dónde mierda estaba?

Alzó la cabeza tan bruscamente que la cabeza le dio vueltas. Mierda. Empero no tuvo que buscar mucho, la voz prepotente de su antagonista le acarició los oídos y fue allí dónde buscó, encontrándoselo discutir con el tabernero. Enarcó una ceja en lo que soltaba los cristales que aún proseguía sosteniendo y sin demasiada prisa se llevó la mano a la boca para lamerse los rastrojos de saque que quedaron adheridos a su mano, el chico de similitud indudable a la suya le miró de reojo, estaba sonrojado y con ambas manos en el pecho, al cruzar las miradas éste se movió con cierta brusquedad y dirigió una vez más su atención hacia ése que había comprado su dignidad esa noche. Estaba nervioso, ¿Sería que conocía mínimamente los planes del peli rosado? El anunciamiento del fortuito cierre le hizo entrar en razón, quizás intentase alargar las horas para restar allí, tal vez sólo quería disfrutar a solas de su recién compra. Buscó algún vestigio de palabras en la mirada de aquel con el que compartió batalla pero le fue imposible localizarle, para cuando sus lentas reacciones –debido al alcohol- fueron conscientes de lo que realmente sucedía estaba ya con un chico rodeándole los hombros desde atrás, pudo sentir su polla contra la nuca y un escalofrío le invadió. Tenía ganas de una buena ración de sexo, de sexo desenfrenado. –No creas que te la devolveré.- su mejilla derecha se estiró al compás que dibujaba una muy burlesca sonrisa.

Manada de indeseables se le aproximo contorneando las caderas y mostrando sendas sonrisas: Todos querían ser el primer elegido. El que se encontraba en su espalda deslizó las manos por el torso del nipon y con los dígitos arrastró lentamente la tela hasta que el yukata permitiendo que el resto de sus compañeros admirase una figura firme, de aspecto apetecible y a pesar de ser más bien de proporciones pequeñas su tórax estaba tonificado, los músculos se marcaban bajo una piel tan blanca cómo la luna. Las ropas de las que el alquimista era portador pronto se deslizaron por la delgadez de sus amplios hombros y así todos fueron partícipes de las vistas. El puto de a sus espaldas flexionó su posición y apartó lo endurecido de su erección de la nuca del proclamado rey para apoyar los codos en sus hombros, así, en una posición más ventajosa llevó sus dedos hacia los pezones de éste, rozando con un solo dedo la aureola del alquimista, una vuelta, dos...

Ahhhh... Jodido alcohol. Estaba con los sentidos a flor de piel, su pezón se erizó a duras penas en el primer roce y su gesto ya de por sí sonrojado a causa de la ingesta aumentó de color ante las caricias del experto. Otros tantos se unieron al juego. Un chico rubio que bien podría ser su hijo por la escasa edad se arrodilló entre sus piernas y le besó el bajo vientre, aunque no parecía atreverse a indagar aún bajo los pantalones que traía puestos. Flanqueando los costados estaban el chico de larga cabellera negra que lanzó una mirada al peli rosado antes de actuar: Le llamaba rey. Quizás así lo fuera, por consiguiente, sostuvo el brazo de Magqueq entre sus delicadas manos e inició un sendero de besos que murió en la contra palma del elegido. Otro, éste pelirrojo acortó pasos y pasó las manos hacia el obi de éste, procurando que sus gestos no incordiasen a los de sus compañeros.

Rey y señor, rey de todo y de la nada estaba con la espalda contra el respaldo aunque de moverse se encontraría con el que estaba estimulándole los pezones. Río quedo. ¿Eso era todo? Su ambarina mirada buscó al que yacía en la barra y le sonrió con esa prepotencia con la que solía vestirse a pesar de su evidente estado de embriagadez. Todos esos que estaban dándole atenciones sobraban. Se conformaría con ése mismo local cerrado pero sin nadie más que al caído en batalla para perforarle cuantas veces gustase, sí... Se relamió con descaro el labio inferior al solo imaginarse al ajeno gemir bajo la subyugación de su persona, aclamándole por piedad, pidiéndole entre jadeos que se detuviera. Su poya restaba demasiado aprisionada bajo las ropas y clamaba por liberación. –Tú.- le habló al entretenido en besarle la contra palma como si de verdad fuera un rey y apuntó hacia su evidencia. –Encárgate de eso.- el chico asintió emocionado y apartó con cierta brusquedad al rubio que estaba frente a las piernas del morocho. Deshizo con cautela el obi, era complicado... Magheq aunque era inconsciente de ello tenía pequeños espasmos a causa de las caricias sobre la fragilidad de sus tetillas.

La tela cayó al suelo manchado en sake y sustancias de las que prefería no ser conocedor y pronto se descubrió lo allí resguardado en espera de poder entrar en acción. Su pene estaba tan duro como un roble, vibraba incluso y las venas del mismo se enmarcaban en el tronco, era de un color cremoso, ligeramente más oscuro a su piel empero el glande si lucía del color de las flores del cerezo: Un rosado apagado, el mismo color que sus pezones. Su procedencia nipona no le de dotó de una sexualidad larga, debía hacer unos básicos 17 centímetros empero el grosor y la técnica sin lugar a dudas compensaba todo aquello.  Ya estaba totalmente embadurnado en el líquido que anunciaba que las caricias eran bien recibidas muy a pesar de no haberlas deseado en un inicio.  El moreno abrió la boca pero antes de que pudiera dar la primera lamida el tuerto negó rotundo, agarrándole por el pelo y apartándole de su verga. –Lámesela a él y vuelve con la boca llena.- empujó desde la cabellera al moreno quién cayó contra el suelo y le miró con eterna duda, pero obviamente no pudo más que aceptar, gateado tembloroso hacia el demonio aposentado en la barra cómo si fuera el anfitrión de esa fiesta privada.

La cabeza del moreno se unió a la del otro y aunque éste le gruñó le permitió acceder al grueso y gran pene del demonio, se centró en su glande pues ahí lo vital era recolectar. Su lengua iba y venía pero su boca era incapaz de metérsela entera, atragantándose a cada vez que lo intentaba. El voyeur de la escena no tardó en presentarse. –Me has dejado a mi el que no sabe chuparla. Chico listo.- inquirió aún con gesto divertido observando el modo en el que su elegido estaba intentando llenarse las mejillas del líquido que el otro iba expulsando ante la estimulación oral, cuando el mismo lo considero apartó el rostro de la zona erógena adyacente y volvió en dirección a su rey, éste le recibió con una bofetada que dio de llano contra la blanca piel del ajeno. –No eran modos de tratarle, tenías que habértela comido entera.- parecía frustrado pero lucía una retorcida sonrisa que evidenciaba su alcoholizada diversión. –Muéstrame que has traído.- el puto abrió la boca entre temblores, ahí, entre su saliva restaba el amargor que el cuerpo foráneo expulsaba, lo que provocó otra sonrisa en su persona. –Viértelo.- se sujetó la polla para evidenciar dónde quería aquello y éste, inseguro obedeció. Se recogió el pelo con una mano y ladeó la cabeza para que su nariz no chocase contra la dureza del ajeno y su lengua dejó que se deslizase aquella mezcla por el largo del apoderado.

Llevó la cabeza hacia atrás y suspiró con fuerza, el calor volvió a embriagarle. Alzó la cadera sujetándosela aún para, en un movimiento rápido incrustársela al poco agraciado en mamadas hasta la misma tráquea. El chico abrió los ojos en redondo y estos se humedecieron por la impresión... Por el ahogo. Magheq empezó con unas fuertes sacudidas incontrolables, su mano se hizo con la nuca del chiquillo mientras que con la cadera se aseguraba de seguir un ritmo firme, las manos del que estaba ahogándose tiraron débil de las ropas que entapiaban las piernas del desterrado pero éste no pareció atender a las obligadas y calladas suplicas del menor, éste lanzó miradas de auxilio a sus compañeros pero estos no parecían atreverse a alzar el puño por su amigo y compañero de trabajo y desviaron el gesto. El placer estaba invadiéndole y en clara evidencia de lo mismo sostuvo con mayor firmeza el pelo moreno del esclavo de esa noche e hizo que su nuca se doblase fuera de lo físicamente imposible, un crujido evidencio la primera muerte de la noche. El difunto proseguía con la polla incrustada en lo más profundo de su garganta y eso no pareció detener al verdugo, sus acometidas seguían dándose en un incesante vaivén.

Spoiler:
No esperaba que algo así se diera tan pronto entre estos! Me los imaginaba cada quién en su habitación, compitiendo por hacer que su puto gritase más que el del otro xDD





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Re: Pacto } || Priv. Ayperos [+18]

Mensaje por Ayperos el Jue Nov 07, 2013 12:59 pm

El demonio, lascivo y depravado como era, no perdió detalle cuando su enemigo dejó que uno de los prostitutos le despojara de los últimos vestigios de ropa que aun llevaba puesta, y salió a la luz su magnífico rabo. “Digno de un Rey”, pensó Ayperos para sí mismo. El IV estaba dotado con un manubrio que poco tenía que envidiar a su propia polla, aunque le faltaba un poco para llegar al temible grosor y largura de la poderosa herramienta del diablo. Ver a Magheq soltándose un poco, liberándose de la rigidez que lo mantenía tenso, serio y cabreado, al menos desde que el pelirosa lo conocía, había valido el esfuerzo y el dinero invertidos en esa pequeña travesura. Siendo sincero consigo mismo, Ayperos pensó que el IV, como Rey ególatra y prepotente y que era, se cabrearía por su pervertida proposición, soltaría unos gritos, un par hostias quizás, y se marcharía enfadado. Pero justo frente a sus asombrados ojos, Magheq estaba disfrutando de la vida y de la lujuria, sin preocupaciones. Seguramente por causa de la gran cantidad de alcohol que había ingerido en tan poco tiempo. Pero eso le daba igual al demonio, él lo que buscaba era empezar a conocer mejor a su oponente, saber cómo reaccionaría en las más diversas situaciones, y lo más importante, evaluar si realmente tenía lo que hacía falta tener para declararse su Señor, o mejor dicho, para que Ayperos pudiera llegar a considerar algún lejano día a ese sujeto como su Amo. Fuese la respuesta afirmativa o negativa, aun quedaba mucho para que eso sucediera.

El demonio se sorprendió al ver como el alquimista apartaba de malas maneras al hermoso joven que le estaba trabajando la entrepierna ¿Acaso le disgustaba su forma de mamársela? Magheq le dijo algo al prostituto, Ayperos no logró oír el qué, y entonces vio como el muchacho se acercaba a lo perrito hasta donde él estaba – ¿Qué pasa, mi señor Rey? ¿No te ves capaz de satisfacerlos a todos? Pensé que una polla imperial como la tuya no tendría problemas para complacer a estos pocos culitos golosos. – varios de los putos se rieron por lo bajo al escuchar ese mordaz comentario. El demonio lucía una malvada sonrisa, y sus orbes celestes brillaban por la excitación y la diversión del momento. El puto que le estaba chupando el rabo al pelirosa dejó paso al nuevo de mala gana. – ¿El que no sabe chuparla? Si eres tú el que me deja solo con las sobras, tengo que conformarme con lo que su Majestad rechaza – al oír eso, el moreno de pelo largo que peleaba por tragarse, sin éxito, su trabuco entero abrió los ojos y le lanzó al diablo una mirada fulminante. Él no era un desperdicio, era uno de los prostitutos más valorados y con caché más alto de aquel rincón de la ciudad. Decidido a demostrarles a ambos su valía como trabajador del sexo, el muchacho redobló su esfuerzo, haciéndole a Ayperos una mamada verdaderamente magistral.

A pesar de estar algo excitado por la situación en la que se encontraba, Ayperos no sentía realmente una intensa lubricidad. El problema radicaba en su eterna existencia. El demonio ya había probado el sexo de tantas maneras, que ya apenas si sentía nada al hacerlo de manera convencional. Si terminó corriéndose dentro de la boca del prostituto, no fue porque verdaderamente se estuviera excitando con su mamada, sino por terminar pronto con aquel espectáculo que Magheq había improvisado para él. Así que el demonio hizo acopio de todo su autocontrol, y actuó para el IV, haciendo ver que realmente le agradaba aquello, y descargando su leche, ardiente como la lava, dentro de la boca del muchacho. Le sorprendió ver que el chico, en vez de tragar o escupir su lechada, la mantenía guardada y se la iba a mostrar al alquimista. – Eres más imprevisible de lo que imaginaba – le comentó al contrario “Eso me gusta” pensó para sí mismo, pero no le dijo nada más.

Ayperos observó entonces como el alquimista entraba en una especie de frenesí. Tras dejar que el puto volcara su propia corrida sobre su rígido mástil, empezó a follarle la boca al moreno de manera vigorosa. El demonio de pelo rosado volvió a golpear la cabeza del puto que se parecía al IV, que sin necesidad de que le dijeran nada comprendió lo que éste le estaba pidiendo, y empezó a chuparle la polla de manera más morbosa que antes. Poco a poco Magheq empezó a perderse en su propia espiral de excitación y lujuria. El único ojo que tenía sano se entrecerró, al tiempo que empezaba a soltar fuertes jadeos de puro placer, y apretaba con sus manos la cara del chico para podérsela follar bien a su gusto. Curiosamente fue la visión del IV disfrutando de aquella voraz manera de ese puto lo que despertó una verdadera libido en la entrepierna del diablo. Cuanto más salvaje y agresivo era el alquimista con su joven víctima, mayor era el diámetro del rabo del diablo. El joven prostituto que se lo intentaba tragar, sin conseguirlo ni a medias, empezaba a asustarse de los destrozos que ese enorme y duro rabo podría llegar a hacerle en cualquiera de sus agujeros que pretendiera penetrar su cliente.

La gota que colmó el vaso fue el preciso instante en que el cuello del prostituto de Magheq crujió, muriendo éste al acto. – Joder, mi Rey, tú sí que sabes montarte una buena juerga – susurró entre gemidos ahogados el demonio. Acto seguido bajó su mirada hacia el muchacho que se la mamaba. Le empujó un poco hacia atrás, para separar sus labios del grueso y húmedo glande e él – Abre bien tu boca, princesa – le ordenó al prostituto, y éste hizo lo que le ordenaba, quieto, arrodillado entre sus piernas, completamente desnudo y con los labios abiertos de par en par, esperando temeroso el momento en que Ayperos decidiera clavarle su monstruoso rabo hasta la campanilla. Para su desgracia el demonio tenía algo muy distinto en mente.

El dulce sabor de la muerte del joven puto tan cerca de él, el ver como el alquimista chalado se estaba follando a ese cadáver sin ninguna clase de escrúpulo, hizo que Ayperos diera rienda suelta también a sus más bajos instintos. El pelirosa había dejado una de sus manos sobre el cuello del chico que tenía arrodillado entre sus piernas. Mientras observaba su boca abierta de par en par empezó a acariciarle la nuez con el dedo gordo. Ni si quiera cruzó una palabra con el incauto muchacho, sencillamente apretó fuerte sus dedos, evitando así su huida, y en seguida empezó a manar un reguero de sangre de la herida vertical abierta en su garganta con la larga garra que era su uña del dedo más gordo – Hmmmmm… - Ayperos soltó un ronco jadeo cuando metió por completo y de un solo golpe su polla dentro de aquella raja sanguinolenta. Tal y como estaba situado el muchacho, cada vez que lo embestía, podía ver la punta de su propio rabo asomando entre los dientes del chico. Se estaba follando su boca pero al revés, desde la garganta hasta los labios, pasando toda su extensión de carne por dentro de la prieta faringe del segundo cadáver de la noche – Que visión más hermosa – comentó el demonio para sí mismo. Había hecho muchas perrerías a muchos jóvenes a lo largo y ancho de su larguísima existencia, pero esa era la primera vez que se follaba la boca de uno de ellos de esa manera tan peculiar, y realmente lo estaba disfrutando como un niño.

Sus orbes celestes, que brillaban casi con la misma intensidad que durante el fulgor de la batalla, se alzaron y se clavaron en la pupila ambarina del alquimista tuerto. Deseaba a ese numan chalado. Anhelaba follarle a él, destrozarle por completo, disfrutar del placer de ver como se desangraba mientras le empalaba con su temible estaca hasta reventarlo. Hubo unos instantes, previos a la verdadera explosión de placer, en los que Ayperos sintió que era a Magheq a quien estaba violando de aquella sádica y morbosa manera. Que era su garganta rajada la que invadía a duros golpes de cadera. No podía apartar la mirada de su hermoso rostro, se sentía como hipnotizado, y un frenesí, ahora sí, de auténtico placer le recorrió por dentro, provocándole unas fuertes oleadas de electrizante excitación que lo inundaron por completo – Siiii… ¡¡Ahhhmmm!… ¡¡¡Qué buenooo!! – empezó a gritar el demonio entre jadeos, mientras su leche espesa se empezaba a derramar a borbotones dentro de la boca del cadáver profanado. Su esperma, blanco como la nieve, salía expulsado de dentro de la boca del muchacho hacia afuera, mezclado con la sangre del prostituto.

En cuanto terminó de correrse el hechizo en el que se había visto envuelto desapareció. Apartó su mirada, que había permanecido completamente fija en su enemigo durante toda la tortura y violación, y dejó caer al suelo el cuerpo sin vida del moreno. Ayperos se fijó entonces que el resto de putos se habían quedado enormemente asustados en un pequeño rincón, lo más alejados de esos dos sádicos. El dueño del prostíbulo había cerrado con llave, previniendo lo que sabía que se le vendría encima. El demonio de pelo rosado señaló a dos de los muchachos, los que más jóvenes parecían – Tú prepárame un baño, y tú sube abundante comida a mi habitación – los aludidos, a sabiendas de que si no los mataban esos clientes macabros, lo haría su dueño moliéndoles a palos por negarse a cumplir la orden que habían recibido, asintieron con la cabeza y subieron al piso de arriba a paso rápido.

Ayperos se giró entonces hacia Mahgeq, y mientras se cerraba el cordón que ataba su kimono, le dijo – Voy a retirarme ya. – y empezó a andar hacia las escaleras, se detuvo cuando había puesto un pie en el primer peldaño, y se giró para añadir – Si necesitas cualquier cosa… No llames a mi puerta. O te mataré. – ésa última frase la dijo con la voz cargada de odio, y el rostro encendido por la rabia. Acto seguido Ayperos empezó a subir al piso de arriba, mostrando la dulce mascara sonriente y cargada de inocencia con la que solía ocultar su verdadera naturaleza a los pardillos incautos. Le dijo antes de desaparecer – Que tengas dulces sueños, mi Señor Rey y como siempre que pronunciaba esas palabras, esa forma de referirse al alquimista, lo hizo haciendo resaltar cada sílaba, como si la estuviera masticando, tragando y luego deglutiendo antes de pronunciarla. “Mi Señor”… solo había habido un Amo para Ayperos, un ser con el suficiente valor, carisma, carácter, fortaleza de espíritu y inteligencia como para que el propio demonio sintiera que realmente estaba subordinado a él. Conocía al IV, sabía su historia, pero no tenía un conocimiento profundo y verdadero de su autentico “yo”, eso solo podía dárselo el tiempo, y eso era algo que Ayperos tenía de sobras. Tiempo para meditar sobre las extrañas sensaciones que el alquimista tuerto había empezado a despertar en él, y a las que no sabía poner nombre. Tiempo para conocerle. Para comprender cómo era su luz y de qué material estaban hechas sus tinieblas. Tiempo para decidir si terminaría matándole, o violándole o abandonándole como a un puto perro callejero.

Spoiler:
Off. El más vil demonio y el más malvado y cruel de los alquimistas corriéndose una juerga en un prostíbulo de mala muerte… ¡¡Algo así tenía que pasar!! Además, quería que te quedase un buen sabor de boca antes de marcharme de viaje ;p
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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Vie Nov 08, 2013 7:53 am

Dichosa molestia la de haberle partido el cuello a ése jodido vividor de la noche, ahora tenía que aguantarle la cabeza si quería seguir incrustándosela por la boca, sin dejar de contonear sus delgadas caderas sus dedos atajaron rápido al difunto por la melena y tiró de la misma hasta que acomodó la cabeza de éste entorno a su foco de placer, cayendo... No, más bien tirándose de cabeza a una espiral de placer que le consumió. Las primeras arremetidas supieron a gloria, el aroma a muerte inundó unos pulmones maltrechos en nicotina y se vio obligado a tragar aire de un modo más mundano, destapando la  boca para desde la misma coger lo menester para poder sobrevivir al bombeo de un corazón que latía más rápido de lo que quizás pudiera soportar.
Profundo, más profundo de lo que en vida hubiera deseado tenerla el crío que sin vida seguía recibiendo al que carecía de cordura. Oooohhh... Maldita sea, aquello era demasiado bueno. La lengua sin vida del moreno le rozaba una y otra vez y su garganta daba cálida bienvenida a sus movimientos, incrustándose en lugares dónde podía sentirse realmente prieto. Dios, así. Si el contrario hubiere sido más diestro con la mamada o soportado el apogeo ahora restaría vivo, él no lo había matado... Simplemente se dejó al placer, culpa suya ser tan débil como para no soportar que una verga se hiciera con él. Aunque sin duda follarse a un muerto era aún algo que tacharía de su lista de deseos.

Su párpado permaneció cerrado para centrarse en sí mismo hasta que un agónico y ahogado gritito consiguió llamar la atención del alquimista, ladeó su jadeante rostro lo suficiente como para ver el chorro de sangre que impactó contra el suelo empañando los pies del que tubo macabros planes para con el pobre complaciente. Al verle penetrar la mortal hendidura a ése prostituto aumentó en él un reciente cosquilleo instalado en su bajo vientre y ambas miradas se cruzaron entonces: Azul del más intenso contra un ámbar que refulgía de placer y es que el primer jadeo que escuchó del demonio le inspiró mil maneras distintas de desearle en el lugar del muerto, más a él le quería con vida, oh, sí más divertido sería si se lo follaba entre dolor, entre heridas, si le dejaba claro quién era allí el verdadero dueño y señor y no únicamente de las tierras, también de su jodido culo. Su cuerpo se movió bruscamente contra el inerte y la campanilla de éste hizo un roce que le hizo jadear. –Aahh...ahh- no se contuvo en dejar ir todo sonido que deseaba, la vergüenza no estaba en su diccionario cuando el alcohol merodeaba por sus venas.  

Desde su posición no era capaz de contemplar la macabra escena de manera íntegra, pero todo lo que realmente le importaba residía en ése rostro que se contraría del placer, ni la mamada ni nada hasta ahora le había arrancado aquella mirada repleta del más bajo y carnal instinto y eso le capturó, le atrapó. Sus gemidos y jadeos corearon a los del declarado antagonista en el campo de batalla, hasta que en una de las estocadas su tranca llegó a estancarse dónde no conocía humano, arrancándole tal ronco gemido que incluso se vio resentido de la garganta. Su corrida pronto se deslizó por la gola del muerto, leche ardiente que  se deslizaría pesada hasta un estomago que por razones obvias no digeriría. Sacó entonces su verga de la boca que le sirvió de consuelo y tiró el cuerpo del morocho al suelo como si fuera el clínex usado tras el polvo y es que a su modo de ver: Él se había follado a Ayperos, con la mirada, con los gestos, con la mente.  El otro apartó la mirada y él no dudó en hacer lo mismo, procurando calmar su respiración desacompasada tras tan sublime corrida. Después de todo, él aún contaba con pequeños inconvenientes de ser un numan, inmortal, pero numan.

Un par de gestos bastaron para el rubio, ése menor de edad según apariencias se levantase con piernas temblorosas y acortase distancias para con el que acababa de matar a uno de sus camaradas, una vez llegó a su vera le acomodó la polla dentro de las ropas y se aseguró que el yukata estuviera correctamente amarrado con el obi, todo ello mientras el adulto hablaba hacia los otros dos que le habían atendido de buena gana al inicio de la velada. Aún tenía tres y si gustaba podría echar mano a alguno que tuviera el pelirosado... Obviamente no tenía pensado pedirle permiso para arremeter contra alguno de aquellos, sin embargo los que consideraba que podían llegar a inspirar algún tipo de placer y/o cierta excitación eran ya los elegidos y para su desgracia uno ya no levantaría cabeza. –Subid sake y comida.- prácticamente hablaron al unísono, lo que le hizo fruncir ligeramente los labios en gesto molesto, ya no existía la fascinación previa al polvo, aunque sí el deseo de tirárselo de la peor de las maneras, del más doloroso y tortuoso modo. –Tranquilo, mis tres perros se encargarán de cualquier necesidad que pueda tener.- habló seguro, altivo como solía hacerlo para con todo el mundo. Sonrió a medio labio cuando ése “Mi Señor” impactó en su tímpano, casi parecía escupirlo con desgana, cómo si el título no fuera consigo, cómo si fuera un insulto que por norma debía acompañar sus oraciones si iban con él. . –Buenas noches, mi sirviente.- con el alcohol fluctuándole por el sistema todo era más divertido, más llevadero. Su voz sonó divertida mientras contemplaba al ajeno alejarse.

Y éste desapareció por las escaleras y junto a él su sonrisa. ¿Qué mierda hacía allí? Ése maldito hijo de UT estaba arrancándole un muy extraño sentir, uno que negaría hasta el final, no obstante y solitario en la sala se llevó una mano al kimono y se sujetó el mismo por el lugar dónde el corazón volvía a desbocarse. El alcohol dominaba ahora su sentir, estaba convencido de ello, enervó pesadamente la cabeza y apuntó el techo con el mentón, entrecerrando ése único ojo suyo antes de dejar escapar un profundo suspiro. Ahhhh... Tabaco. Nicotina. Lo necesitaba. Un polvo no era digno de ser llamado tal si después no tenía la recompensa de ennegrecer sus pulmones. Se soltó las ropas y enderezó su postura cuando uno de sus putos vino en su búsqueda: Cena servida en su habitación. Estupendo. Demasiado ejercicio, la batalla le dejó en bajo mínimos pero tras aquello ya no se sentía siquiera con aliento para repetir antes de descansar como ameritaba todo señor.

Observó los fallecidos cuerpos postrados a sus pies, ambos con la boca abierta en gesto de pánico, ¿Cómo quedaría ése gesto en la cara del que había subido escaleras arriba? Terció una sonrisa macabra que hizo retroceder a su lacayo, no obstante y al pasar por su lado para pisar el primer peldaño le palmeó la cabeza, a lo que el rubio le miró sin comprender. Todos iban a morir esa noche, más tarde, más temprano... Pero cuando abriesen nuevamente las puertas del local serían dos con vida y esos eran los que habían despertado el miedo en aquellos rostros infantiles con los que contaban los empleados del local, bien, iba siendo hora de renovar el personal, quizás con ello ya contaba el que cerró a cal y canto el lugar para que ninguno tuviera oportunidad de escapar de las garras a las que les habían arrojado.

Una vez en su cuarto se desprendió de toda ropa que pudiera obstruir su figura y se sentó sobre el futón, abrió la boca y sin mover las manos la comida llegó a él, los palillos eran firmes a la sujeción del que había decidido dar de comer al que sería su amo por lo que restaba de noche y el alquimista se mostró tranquilo durante la cena, no compartieron ni una sola palabra y su párpado proseguía bajado, ignorando a quienes le acompañaban, meramente abría la boca para demandar callado más comida y en caso de tener sed se bastaba con inclinar la cabeza hacia atrás, cosa que parecieron captar muy bien aquellos que tenía a su merced para beneplácito propio pues acataban toda callada orden sin más.

Terminó de comer quizás más tarde de lo esperado, empero por su parte no tenía ningún tipo de prisa. Nadie le esperaba ni guardaba su regreso a ningún lado. Empero los ruidos de la habitación contigua volvieron a bordar un gesto totalmente burlesco en su semejante, el puto parecía estar sufriendo de lo lindo... aunque esta vez no escuchó un solo gemido por parte del demonio, a lo que imaginó que sería mera tortura por diversión. Sin pensarse aún la idea de un baño señaló a uno de los que esperaba algún tipo de orden y le hizo un gesto que indicó que cortase las distancias entre ambos. La noche no terminaría así, para nada. Tenía aún la imagen del contrario derritiéndose el placer grabada en mente y su voz proseguía resonando, sería capaz de volver a imaginárselo bajo su poderío, de follárselo con la mente. Aunque su mundano cuerpo restase debilitado por las sensaciones y ejecuciones de ése día aún tendría fuerzas para satisfacerse un vez más, quizás dos. Todo dependía de si Ayperos se dejaba escuchar tras el firme muro que les separaba.


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<33 Lo amé, lo amé. Me encantan éste par.





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