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Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

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Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Sáb Nov 02, 2013 11:59 pm



RUN, HIDE AND PRAY. CAME YOUR NIGHTMARE

Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss||  Niger Venalicium || 10:40 PM


Esto…, pensaba el albino moviéndose rápidamente por las calles de aquella ciudad flotante Esto…, volvió a repetir mentalmente; saltando entre algunas cajas sintiendo el zumbido de las balas pasar por sus orejas y por su cuerpo rasgando su yukata de color blanco —. ¡Esto no me puede estar pasando a mí! ¡Maldición! —vocifero; los hombres que lo veían correr se alejaban rápidamente de las estrechas calles del gran mercado negro de la ciudad por el gran alboroto que se estaba formando. ¿Cómo fue que el albino termino en ese lio? Fácil, y sencillamente un pequeño pedido por parte de su “Muy querido hermano IX”, y cuando quiere decir muy querido, es que es un bastardo con los cojones bien puestos. De tan solo recordarlo un amargo dolor de estomago se produce en su estomago y si no fuera por la persecución que estuviera hubiese vomitado encima de los androides que lo estaban persiguiendo.

Si… todo comenzó hace tres horas antes.

La gente se estaba bajando de aquellos trasportes que los llevaban a la gran ciudad flotante, el albino piso aquella ciudad con una mano cruzando su yukata y la otra guardad en sus bolsillos. Vestía su típico pantalón de color oscuro ceñido a su cuerpo al igual que la camisa de color negra con los bordeados rojos y abierta de su cuello hacia la entrada de su pecho de mangas cortas. Encima vestía su típica yukata de color blanco con detalles azules en sus mangas y en la parte de debajo de la yukata que le llegaba hasta más debajo de sus batatas. Junto a sus altas botas de color negro. Su yukata se sujetaba a su obi de color morado y el Bokutou de madera se sujetaba a un pequeño y suelto cinturón de color negro. Saco su mano de su bolsillo y la dirigió hacia su nuca observando todo con curiosidad, los hombres rodeando la ciudad con poca ropa y las yukata bastante sueltas. El albino bajo la mirada lanzando un suspiro de sus labios y comenzó a caminar hasta que se detuvo al sentir unos pasos detrás de él —¿Gintoki-sama? —fue la pregunta, de una voz bastante gruesa —. Depende… —menciono haciendo que su cuello tronase un poco —. Vengo de parte de IX-sama. Solicita la presencia en el palacio de la ciudad, V-sama —fue lo que salió de sus labios. El albino chasqueo la lengua y comenzó a caminar, dejando que el ajeno se adelantara a él y tomara el rumbo directo al palacio.

El albino entro observando el palacio con falsa sorpresa; conociendo los gustos de IX era tan natural que lo diseñara de esa manera, lo único que le faltaba era en cada esquina una cama donde estuviesen follando y seria todo perfecto. O algo así, sus ojos se dirigieron sin mucha emoción hasta las escaleras donde se sentían unos pasos. El hombre rubio abrió sus brazos y una gran sonrisa se formo en su rostro — ¡Gintoki! —grito comenzando a correr hacia sus brazos, Gin le espero con una sonrisa en sus labios y estrello su pie en el rostro del ajeno tirándolo al suelo; muchos de los guardias infernales levantaron armas contra el albino que fueron detenidas por la mano de IX —. Tranquilos, así este idiota demuestra su amor —comento riendo; el albino chasqueo su lengua girando el rostro —. Entre idiotas, tú eres el principal. ¿Qué quieres? —pregunto de mala gana —. No te sulfures. Tengo problemitas en la ciudad y mis guardias no se pueden encargar porque la gente mala los conoce —comenzó a hablar, el albino supo que esto no estaba dirigido a nada bueno y su premonición estaba en lo correcto —. Resulta que ha habido un gran alto de venta de drogas y de androides ilegales dentro de la ciudad; no los que nosotros controlamos si no con muchas más complicaciones; muchos de ellos han hackeado a la mayoría de mis androides y estos han terminado matando a mis clientes… —seguía con su historia, mientras el albino de mala gana se hurgaba la nariz escuchando sin mucho interés la historia —. Por eso quiero que vayas y captures a los culpables, no te preocupes solo serás el señuelo mis chicos atraparan a los malos y los golpearan —comento con una gran sonrisa, el albino quito la mano de la cara del ajeno y levanto una ceja —. Te pagare bien —finalizo, el albino amplio una sonrisa y se dio la vuelta —. Si, espero que sea una buena tarjeta VIP —el hombre salió del palacio haciendo que las puertas resonaran completamente.  

Por lo cual el albino se infiltro como comprador y se acerco a los culpables. Pero estos culpables de alguna u otra manera lograron descubrirlo –si no tenía dinero encima- y ahora… los androides lo persiguen.

Regresando al presente, el desgraciado… digo Gintoki se encuentra huyendo de todas esas bestias buscando de alguna u otra manera regresar con vida.

. ¡Esto no puede ser cierto! ¡Estoy demasiado salado! ¡Esto es demasiado! —grito saltando sobre un muro, y observo un pequeño agujero en donde entro evitando que los androides lo encontraran. Lanzo un largo suspiro de tranquilidad y observo una cara conocida, y pego un grito estrellando la cabeza del androide en la cabeza Mierda… pensó con horror al momento que todos los androides giraron su rostro directamente a los ojos del albino —. Saben chicos… todos seamos amigos; así evitaremos la violencia y sobre todo evitaremos tener que enfrentarse los unos contra los otros —menciono moviendo sus manos hacia adelante —. Ya saben… evitan enfrentarse… —dijo ampliando una sonrisa con sus manos tomando su espada de manda y atravesando la garganta del androide que estaba en el suelo —, conmigo —y amplio una sonrisa con el dedo metido en su nariz, hasta ahí… había llegado la misión de infiltrar y ayudar a capturar.


Última edición por Gintoki “Grim” V. Sakata el Lun Dic 02, 2013 9:10 pm, editado 2 veces





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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Invitado el Lun Nov 04, 2013 11:57 pm

Era una noche tormentosa y oscura, donde las nubes grises, difuminadas en el cielo azabache, ocultaban con disimulo la luna y estrellas, recelosas de su encanto. Desde mi mansión, plagada de amplios ventanales con cortinas delgadas y translúcidas, podía apreciarse ampliamente el paisaje, la ciudad en su infinita iluminación artificial hasta altísimas horas, las personas excitadas yendo de un lado hacia otro, deseosas de llenar sus más grandes vacíos con pasiones desenfrenadas. Nadie aquí se la pasaba mal, no era un punto donde el trabajo o los sacrificios estuviesen a la orden del día; por el contrario, los placeres se ofertaban en las mismas cantidades que las demandas, y a precios igualitarios de los más básicos y económicos víveres. La patria del pecado, donde UT se regodeaba con más y más poder a cada segundo.

 

Las palmas níveas de mis manos apoyadas contra el frío vidrio de la ventana de mi cuarto, que daba una amplia y hermosa vista al florido jardín, se mantenían firmes con precisión, conteniéndose ante el dolor que suponía la constante fricción, causada por los movimientos bruscos del resto del cuerpo. Mi cintura era capturada por unas manos gruesas, anchas y fornidas, de áspera textura y tostada epidermis. Unos labios calientes recorrían con ahínco mi pálida espalda larga y suave, acompasados por una lasciva lengua de gran volumen que sin recato alguno, desperdigaba grandes cantidades de saliva en su recorrido. Su fuerte agarre me producía marcas, al igual que los mordiscos que de tanto en tanto me propiciaba, arrancándome algunos gemidos entrecortados, principalmente sobreactuados.

 

Era brusco, sin técnica ni estilo, nada que no pudiese soportar o a lo que no me hallara acostumbrado; pero jamás pensé que un narcotraficante poseyera tan poca experiencia en proporcionar adecuado placer. Simplemente estaba prestándome mecánicamente a sus fantasías, al tiempo que prolongaba el acto para que su cuantioso dinero no fuese desperdiciado y decidiera regresar. Para sobrevivir en el mundo "utópico" de los alquimistas, el poder era un bien indispensable. Todos esos ajenos pensamientos al sexo se colaban en mi aburrida mente, mientras mi mediocre amante embestía sin cansancio contra mi zona trasera, agitando mis caderas hacia adelante y atrás, con un ritmo intenso y sonoro ante el choque brusco de nuestras fisonomías.

 

Sin embargo, de pronto la sombra de un inesperado sujeto saltando y colándose en mi propiedad nos interrumpió, llamando bastante nuestra atención. Definitivamente el acto se vio interrumpido ante los gritos de este, sumados a la aparición de un centenar de androides poco amistosos. ¿Qué demonios estaba sucediendo? Mi cliente, furioso, creyendo que tal vez yo le había tendido una emboscada con la guardia infernal para capturarlo y entregarlo, salió huyendo sin dejarme acabar ni pagarme mi salario, con lo que realmente terminé cabreado.

Cogí una bata de seda muy liviana y fina para protegerme levemente de la brisa nocturna, y tras colocármela por encima sin ajustar, abrí la ventana y salté tras el mural de androides que se había formado. Al instante, se oyó un chasquido de mis dedos, sumado a unas palabras mágicas y todos los intrusos robóticos acabaron transformados en arañas regordetas, excepto un hombre, uno que se ubicaba contra el muro de mi propiedad.

 

Calcé una mano en mi cadera, reclinándome sobre la pierna adyacente y observándolo desde los pies a la cabeza con cierto desdén, sin inmutarme ante la propia desnudez que lucía completamente. Me acerqué con expresión altanera y una firmeza en mi caminata poco amistosa, deteniéndome a escasos centímetros del intruso y enfrentándolo cara a cara -Bien, espero que tengas el dinero suficiente para reponer las pérdidas monetarias que me has ocasionado al espantar a uno de mis mejores clientes- le exigí, extendiendo mi mano derecha abierta hacia él, aguardando su efectivo. Sin embargo, en ese momento, me di cuenta de la extraña e inusitada similitud que existía entre ambos... Cabello blanco permanentado, ojos rojos, cara de idiota... esa descripción... acaso era... -¿V?- pregunté, esbozando una sonrisa traviesa de lado y enarcando una ceja -¿Eres el quinto alquimista, verdad?- insistí, convencido de aquello pues mi colgante ahora vibraba con insistencia y no habían dudas -Qué interesante... un hombre de su calibre ha de tener muchas buenas alternativas para compensarme- mencioné con notables dobles intenciones en mi voz, acercando peligrosamente mis labios a los ajenos con una socarrona sonrisa plasmada en estos. Al parecer era mi noche de suerte y uno de mis objetivos más escurridizos y complejos de hallar, había venido como manso cordero a entregarse a mis manos.
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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Mar Nov 05, 2013 12:47 am

Si no los saco de la ciudad; seguramente IX me quita las tarjetas VIP, pensó frunciendo el ceño golpeando con su Bokutou la cabeza de uno de los androides, su cuerpo salto por encima de los hombros de muchos comenzando a correr alejándose del mercado negro; sus piernas se movían entre las calles evitando las balas laser que soltaban los androides con rapidez, mientras evitaba a la gente que se quitaba de inmediato; mi rostro se levanto a los androides que corrían entre los tejados de las casas; frunció un poco el ceño al notar que sacaban cañones de un tamaño bastante grande, el albino abrió sus ojos y se detuvo en seco a mitad de la calle. Los cañones dispararon y cerro sus ojos estirando sus manos hasta dejar suspendida aquella gran cantidad de energía que tenían los cañones, movió suavemente sus dedos hacia todos los androides que lo estaban rodeando haciéndolos explotar al unisonó; saliendo de un salto del centro de las explosiones; para ser tomado por la pierna de otro androide y estrellado en el suelo, rodando por varios metros por una colina a lo lejos.  

El albino chasqueo la lengua sujetando su cabeza mirando por donde se encontraba ¡Bingo!, pensó ampliando una sonrisa en sus labios. Pero no duro mucho cuando giro su rostro viendo la mayoría de las casas incendiadas por lo cual su frente se tiño de azul, verde y de todos los colores existentes, sabiendo exactamente… que aunque no pudiese morir; estaba muerto. Y aquí vamos por el pago de la semana…, pensó con frustración apoyándose por su espada para levantarse, y quitarse de su trasero un trasmisor GPS que el androide había colocado en su trasero, lo aplasto con su bota y rasco su nunca comenzando a caminar, seguramente esas cosas estarían cerca; muy pronto y tendría que por lo menos aprenderse la localización de donde se encontraba. No estaba muy lejos de la ciudad por lo cual adivino fácilmente que era donde las mansiones estaban localizadas; los arboles bien cuidados y con un ambiente de Numan millonarios por donde pisase. Si, para nada parecido al barrio donde él vivía en Hortus. Pero como si eso le importase, giro de reojo su rostro al escuchar una rama rota, giro el rostro cuando una bala cruzo por su rostro rozando su mejilla sacando un poco de sangre; amplio una sonrisa mostrando sus dientes, pero en vez de devolverse para pelear salió corriendo –como buen albino que es- odiaba los lugares cerrados para pelear y sobretodo odiaba que lo agobiaran de tener que dañar alguna planta viva que se encontrase a su alrededor; noto un gran muro delante de sus ojos, y salto apoyándose en el muro y saltando dentro de este de un ágil movimiento; terminando de pie dentro de una terraza la cual repaso rápidamente con su mirada. Buscando alguna forma viviente, pero no había nada… nadie ¿Habrá alguien?, se pregunto mentalmente; pero no le dio tiempo de reaccionar cuando los androides terminaron detrás de él, salto evitando un golpe directo; rompiendo uno por la mitad.

. ¿En serio? ¿No se cansan de perseguirme? —pregunto apoyándose en su pierna trasera, metiendo un dedo en su nariz hurgándola; los androides que estaban delante de él no se podían mover por la fuerza de gravedad que estaba ejerciendo su mano –la que hurgaba su nariz- los androides trataron de moverse y sus cuerpo se estaban rompiendo por la gravedad, el alquimista levanto la mirada y saco uno de sus mocos y lo levanto dispuesto a tirarlos hacia donde ellos cuando un chasquido de dedos resonó detrás de él, su cuerpo salto hacia adelante quedando hasta el muro de la casa mirando con indiferencia hacia adelante con el dedo en sus manos. El moco cayo lentamente al suelo restregándose entre las plantas y el albino quien permanecia en una posición tranquila dirigió su espada de madera hasta un costado de su hombro izquierdo esperando que el ajeno dijera sus primeras palabras Propiedad ajena, genial. No me molestaba pero que estuviese el dueño aquí es otro asunto, pensó lanzando un suspiro de sus labios con flojera absoluta.

Su mirada se alzo con total flojera hacia el ajeno, su dedo se dirigió de nuevo a sus fosas nasales en un aspecto aburrido e ignorante total de lo que pasaba a su alrededor. Su mirada recorrió al ajeno y frunció un poco el ceño; cabellera plateada pero… ¡Qué era eso! ¡¿Su permanente era lisa?! ¡Es que acaso el mundo lo desecho de esa manera! ¡Y una mierda! ¡Ya tenía suficiente con la permanente plateada lisa de VI y de XIII para que apareciera otro con permanente lisa! Un tic estaba marcado en su ceja y hurgaba con más fuerza su nariz. Si, seguramente Dios cuando lo hizo estaba jugando con goma y cuando fue a poner su cabello quedo completamente pegada en sus dedos y tuvo que hacerla como un algodón, si eso debió pasar. El albino escucho lo que el ajeno estaba diciendo y sus labios se abrieron —. ¿Ah? Un prostituto como tú lo recupera en una sola noche. No tengo porque hacerme cargo de los desperdicios de hombres a los que atiendes —contesto, pero a su vez estaba tirando cabeza ¿Por qué se iría su cliente? Es que acaso esto –el que estaba delante de él- conocía al dueño de aquellas ventas ilegales en las tierras de IX. Iba a girar su cuerpo para irse ignorando su mano estirada cuando escucho su nombre, no… el nombre que I le había colocado cuando firmo contrato con la secta; ese nombre que estaba marcado de por vida hacia él; frunció el ceño y giro suavemente su rostro —. Te equivocas de persona, mocoso. Mejor regresa a tu casa antes de que te refríes, los niños deben estar en cama a esta hora —dijo indiferente —. ¿Quién eres? ¿Acaso eres Sherlock Holmes? Para estar interrogándome; estas años de interrogarme mocoso —volvió a mencionar colocando su mano en los labios del ajeno mientras lo alejaba de su rostro con el ceño fruncido y sus labios curvados —. Primero, tengo trabajo que hacer y segundo no estoy interesado en esas cosas de los alquimistas. Si quieres ganarte a los alquimistas abriendo las piernas créeme que no va a funcionar; porque créeme que la mayoría de alquimistas son incluso más perras de lo que tú mismo creesComo yo pensó y dijo colocando una mano en el muro y alzando su cuerpo para alejarse de la zona; ya que esas arañas le estaban asqueando completamente.

Sus botas tocaron fuera de la propiedad ajena y sintió unas pulsaciones en su estomago, frunció el ceño cayendo de rodillas en el suelo y bajo la mirada notando unos roces de bala y algunas heridas, frunció el ceño y se levanto con ayuda de su espada y bajando sus manos hasta su estomago donde veía que manchaban la yukata Esta mierda… la compre la semana pasada, dijo de mala gana lanzando un largo suspiro de sus labios. Queriéndose alejar de aquella mansión; el olor de ese mocoso; le recordaba tanto a UT, que sentía mareos de tan solo estar cerca.





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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Invitado el Jue Nov 07, 2013 10:53 am

Se cruzó de brazos un instante, sonriendo entretenido e intentando reprimir una risa burlona. Definitivamente debía agradecer a su padre, pues los alquimistas habían resultado ser mucho más interesantes de lo que creyó y lo cierto es que se la pasaba genial cada vez que se cruzaba con uno. Aunque se preguntaba cómo es que criaturas con tan poco carisma llegaron a liderar el mundo… otra consecuencia de la estupidez humana.
 
Deshizo el cruce de sus brazos sobre su pecho y siguió a V con elegancia y lentitud, pues al fin y al cabo no había tardado demasiado en detenerse por culpa de la herida ocasionada en su estómago. Se agachó ante él, quedando enfrentado nuevamente, sin mostrar el menor indicio de ofensa por las palabras despectivas que con anterioridad le había dirigido este, y le cogió por el mentón, lamiendo con sutileza la sangre que goteaba de un rasguño en su mejilla, mientras acariciaba la tela ensangrentada de la yukata, observándola luego. –Sherlock Holmes, un personaje admirable, ciertamente. Me tendría que sentir halagado de ser comparado con uno de los íconos de la antigua literatura humana. Lástima que la nueva civilización lo desconozca; pero entre demonios y alquimistas nos podemos entender- como decía el viejo refrán, “el pez por la boca muere”, y Gin-san se dejaba pescar con una facilidad enorme.
 

Frotó cariñosamente su mentón con dos dedos y luego lo soltó amablemente –Es una pena lo que dice de sus hermanos, yo pienso distinto. IV por ejemplo se mostró mucho más… “receptivo”, en todos los aspectos de nuestro encuentro- murmuró, sonriendo con cierta perversión tras sus expresiones de fingida inocencia –Por mi edad no debería preocuparse, soy tan milenario como usted, así que si alguien le ve relacionándose conmigo dudo que le inculpen de pedofilia. No se muestre tan reacio, estoy seguro de que ambos podríamos mantener una muy fructífera conversación que nos favorezca a ambos- se enderezó, soltando la tela que cobijaba el cuerpo del platinado hombre frente a él y haciendo un ademán con su mano para invitarlo a pasar –Estoy seguro de que prefiere la comodidad de un cálido hogar hospitalario antes que el frío desolado de la noche. No me lo voy a comer, no se asuste- sonrió de lado, con cierta ironía –Pero si usted tiene hambre, incluso puede que tenga algún aperitivo agradable en mi nevera. Suelo recibir obsequios bastante azucarados de mis admiradores- ofreció su mano a Gin para ayudarlo a levantarse, respetando su espacio personal –Puede bañarse, asear sus prendas y secarlas, y luego marcharse cuando lo desee. No planeo secuestrarlo, obviamente- rió ante sus propias palabras –Además no olvide a sus amiguitas, sólo estarán en esa forma durante una hora, así que no le recomiendo dejarlas abandonadas o después volverán a ir por usted- le aclaró, antes de que a V se le ocurriera escapar y abandonar a sus queridos androides en su jardín.
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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Jue Nov 07, 2013 7:01 pm

Frunció el ceño claramente molesto. Pero no menciono absolutamente nada con lo que estaba escuchando al contrario permaneció callado, si tenía ganas de romperle la cabeza y no sería nada difícil; no olía demasiado peligroso incluso lo comparo con un Numan, de aspecto frágil y cuerpo demasiado ordinario, incluso aquel enano de Ayperos era más fuerte que la bestia que tenía delante de sus ojos. Movió la espada de madera contra el suelo y trato de levantarse con tranquilidad; después de todo su altura era mayor a la que tenia aquel pequeño insecto de cabellos plateados, no, no era un insecto era un demonio; con los cojones demasiado puestos para hablarle delante a uno de los alquimistas que le valía su puesto en el mundo y podría barrer con una ciudad entera si se le daba la gana, deslizo su mirada por el cuerpo del ajeno y frunció sus labios —. Acepto tu invitación para tomar un baño, ya que ciertamente no me causas el mayor interés para acostarme contigo… te faltan todavía milenios para que puedas encender algo de excitación en mi cuerpo —se burlo, aquellas palabras salieron tan natural de sus labios como si de un niño se tratase. Antes, podría acostarse con quien se le daba la gana; pero usualmente ese tipo de demonios no le agradaban para nada, prefería acostarse con un prostigolfo Numan que con un demonio.

. Oh… la prostigolfa tiene conocimiento de la literatura. Debo sentirme honrado de encontrarme a alguien de esa categoría —decía riendo de mala gana y con sarcasmo e ironía. Sin duda para insultar a la gente no necesitaba una clase ni tampoco necesitaba pedir disculpas para referirse a los demás. Solo decía lo que se le venía a la cabeza y el resto le valía lo que le valía lavarse las bolas todas las mañanas si tenía o no agua. Pero bueno, tampoco es que estuviese completamente afianzado a la literatura del pasado ya que había quedado completamente enterrada cuando el mundo comenzó a reunir de nuevo; ciertamente eran tantas cosas que amarraban el pasado con el nuevo futuro por la mente de los alquimistas que los Numan desconocían, pero demonios como este; que conocían eso y mucho más podrían fácilmente dar una buena conversación; claro que por parte del albino seria una conversación claramente sin sentido y sin nada de emoción.

Sus ojos se abrieron un poco, pero fueron cubiertos por los flequillos que caían de su rostro. Sintió como sus dientes tronaron dentro de sus labios y sus manos, una de las cuales sostenía su espada tembló contra esta, se levanto y la espada quedo clavada en el muro que dividía el bosque de la casa de aquel chico de cabellos plateados, levantando una sonrisa divertida en sus labios —. Oh, really? I did not expect it at all. But good that you are well. —no tenia ánimos de contestarle de otra manera. Apretó el mango de la espada de madera y la saco de aquel muro con la misma fuerza que la clavo. Levanto su mano limpiando su rostro con la manga de la yukata y sacudiendo un poco está dejando que algunas gotas siguieran cayendo al suelo. Levanto su dedo de mala gana hurgando su nariz escuchándolo luego de eso; no debía perder la conciencia de la razón delante de un total desconocido; tampoco quería perder la razón de la cual este estaba ofreciéndole, por lo cual robar algo de comida de un idiota mocoso nunca vendría nada mal; si tenía dulces ¿Por qué negarse? Si lo quería envenenar o matar iba a mostrarse bastante molesto y tonto, porque no iba a morir por ese tipo de cosas por lo cual se levanto suavemente de hombros estirando su mano y pegando el moco que saco de esta en la mano del albino menor —. Acepto ir a tu casa para aprovecharme de lo que tengas; no te creas la gran cosa mocoso, necesito cambiarme si no, no podre disfrutar de mi tarjeta VIP —dijo estirando un poco su cuerpo y soltando un gruñido por el dolor en su estomago que aquel ardor le provoco.

Salto apoyándose en la baranda observando cómo las arañas comenzaban a amontonarse debajo, frunció el ceño y su frente se tiño de azul Como odio a estos insectos de patas multifuncionales, pensó bastante abrumado, mientras estiraba sus manos y cerraba sus ojos. Aquellas arañas volvieron a ser androides con solo un movimiento de sus manos Disipador, susurraron los labios del albino, este amplio una pequeña sonrisa cuando los androides giraron a verlo; elevo suavemente su mano y junto estas en un aplauso haciendo que los androides chocaran entre sí, destruyéndose, suspiro con tranquilidad y molestia mientras pasaba sus dedos por su mano al sentir todavía observado por arañas gigantes.





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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Invitado el Sáb Nov 09, 2013 10:15 pm

-Perfecto- mencionó, íntegramente satisfecho con que el albino finalmente accediera a ingresar a su vivienda. De un modo u otro, sus planes marchaban sin obstáculos hasta el momento y eso era lo que más le importaba. Aunque tuviese que soportar a un mocoso poco agraciado y sin modales, dotado con una personalidad más que molesta, le daba igual. Como siempre sólo veía su objetivo, preso del deseo de capturarlo entre sus manos victoriosamente desatendiendo cualquier otro punto ajeno a ello.

 -Tengo exactamente mil años de antigüedad, estoy en la flor de mi juventud, si usted tiene problemas sexuales tal vez es que le falta maduración genital- comentó con cierta picardía, respondiendo a los insistentes diálogos nulamente amistosos que provenían del alquimista. Tras ello, se giró rumbo a su vivienda con pasos elegantes y abrió la puerta, extendiendo un brazo al interior como invitación para que su huésped tomase la delantera. Entró tras Gintoki sin hacerse esperar, cerrando el pesado portal antiguo, en cuya madera maciza se habían tallado diversas figuras mitológicas que aportaban una bienvenida digna de campeones heroicos.

-Le invito a posponer su agresividad y disfrutar de la velada. No tengo planeado nada sexual con usted. Debería saberlo de antemano, mis servicios no son gratuitos y tengo ya una bien importante clientela con elevados recursos económicos. Sí he de confesar que deseo hablar de negocios con usted, Gintoki-san, pero no los que su mente imagina ni imaginará jamás-
se adelantó, pasando por al lado del otro albino con una sonrisa socarrona en los labios, que ocultaba un buen porcentaje de siniestra. -Sígame, por favor- pidió, conduciéndolo al cuarto de baño que yacía en el segundo piso, subiendo las escaleras. Justo a unos pocos centímetros de esta, abrió una puerta y allí se encontraba el tan necesitado espacio para aseo, impecablemente limpio, con todos los artefactos de blanca porcelana reluciendo.

Se aproximó a la bañera y giró de forma proporcional los grifos de agua caliente y fría, buscando una temperatura moderada. Después encendió la calefacción, reunió el shampoo, jabón y sales aromáticas, ubicándolos a la vista y alcance de su invitado, y finalmente abrió un pequeño mueble donde se guardaba una caja de primeros auxilios -Dudo que le sea realmente necesario, pero si desea tratar sus heridas, aquí hay todo lo indispensable para ello- le notificó, sonriéndole con amabilidad y abandonando el recinto -Le espero en el comedor, tómese su tiempo-

 Antes de regresar al punto de reunión estipulado, se detuvo en su dormitorio y entró a su baño privado para quitarse él mismo la suciedad del breve encuentro sexual incompleto que Gintoki había interrumpido. Decidió que cubrir su anatomía ya era indispensable para aportarle seriedad a los tratados y considerando que el método de seducción no tenía sentido ni gusto con aquel que ahora pisaba su morada, se atavió finamente con una simple pero preciosa yukata de algodón negro, engalanada con contornos blancos de flores diversas, que resaltaba su pálido cabello y sus intensos ojos rojos. Para concluir, calzó sus níveos pies con unas getas de madera clara y amarres escarlatas.

 Caminó a la cocina tranquilamente, sin mostrar el menor indicio de preocupación o intranquilidad, pues ciertamente no poseía motivos para ello. A pesar de la hostilidad que pudiese presentar su acompañante y todos los malos pensamientos que probablemente le embargaran en vano, no planeaba envenenarlo, asesinarlo, mutilarlo, secuestrarlo o cualquiera de esas cosas poco ortodoxas. No le interesaban los conflictos con esas criaturas, no le importaba causar estragos en los más débiles, ni hurtar, ni violar, ni matar o esas tonterías de demonios inferiores. Él existía para propósitos más relevantes que requerían de carisma, lógica y astucia, no fuerza bruta. Objetivos plantados por UT y que él acaparaba como metas en pos de trofeos personales. Le gustaba el poder y reconocimiento, pero no en base a los demás ni sus relaciones con personas ostentosas, sino ganándoselo por sus propios medios. No era tan mediocre para depender de ajenos.

 Se detuvo frente a la heladera, meditando un instante qué sería apropiado para el Sakata y luego de especular largo y tendido, decidió que recolectaría una merienda apropiada para infantes, pues el otro ciertamente se asemejaba a un mocoso malcriado. Cogió leche, algunos frutos rojos que guardaba para su deleite personal, y tras introducir en su boca una frutilla, se dispuso a preparar un fresco licuado. Para comer revolvió entre los obsequios que sus amantes le enviaban, ya que aunque disfrutaba de la cocina, no poseía el tiempo para preparar algo casero en ese instante, y acomodó sobre una bandeja de plata algunos cupcakes diversos y bien llamativos. Para su persona se sirvió un café bien espumoso y con todo lo necesario se sentó a la mesa, aguardando por Gin con calma. Apoyó los codos en la superficie y sus palmas sostuvieron de manera un tanto infantil sus mandíbulas, mientras cruzaba las piernas, quedando una al descubierto a través de la yukata, luciendo una hermosa palidez tersa.
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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Dom Nov 10, 2013 1:17 am

Estaba dudando de aceptar la invitación; sería una completa mierda irse ahora mismo luego de que acepto por lo cual tendría que arriesgarse a entrar con aquel demonio, de cabellos plateados que por alguna razón le recordaba a él; pero obvio, nadie podría ser más lindo que Gin-san. En fin, la situación no era la belleza del peliplateado y tampoco lo hermoso que era, si no lo que estaba ocurriendo. Lo cual era entrar a la boca del lobo, ¿es que acaso estaba entrando en ella?; lo estaba. O era así como se veía realmente si se veía desde la perspectiva del albino seria comida gratis, alojamiento gratis y evitar pagar algo que ciertamente no tuvo la culpa. Que le vaya a cobrar al dueño de los androides ellos eran los que estaban persiguiendo a ese cuerpo de infarto; sabía que era demasiado hasta para las maquinas de eso no tenía la menor duda. Dirigió una de sus manos hasta su nariz hurgándola, mientras trataba de quitar aquel moco que se le había quedado atorado en sus paredes nasales, por lo cual estaba distrayéndose con esa acción y caminando detrás de su anfitrión, de la noche. Deslizo ahora si su mirada por todo el jardín el cual ahora estaba cubierto de partes de androides y aceite, por lo cual se hizo el loco caminando y dirigiendo su mirada hacia la puerta.

. A ti te falta maduración cerebral. Piensa bien las cosas antes de decirlas, mocoso —menciono con tranquilidad, como si lo dicho por el menor no le afectara en lo absoluto y no lo estaba haciendo, estaba completamente seguro que su Neo Armstrong Cyclone Jet Armstrong Cannon "Dewa nai ka, kane de take na oi" estaba en perfectas condiciones. Con aburrimiento observaba la casa y falsa admiración abría su boca. No era la gran cosa realmente, aunque no podría evitar pensar que era bastante elegante. Obvio, había visto bellezas de la antigüedad con más tiempo y mejores aposentos como en Roma, Grecia y la más hermosa de todas eran las antigüedades provenientes de estas; por lo cual no evitaba simplemente detallar cada figura, cada estampado y cada criatura. Tan típico pero a la vez tan antiguo y hermoso. Un punto de belleza para él prostigolfo.

. No estoy interesado en tus negocios, que te quede bien claro. Si UT o quien sea quiera negocios conmigo que no me mande a un mocoso para arreglarlos que venga él personalmente; oh pero claro… todavía le es imposible pisar la tierra porque no todos los alquimistas están de acuerdo a sus métodos —fue directo al grano; no tenia ánimos de hacer negocios con el pero fue bastante educado en la forma de lo que dijo, sobre todo porque el dedo seguía dentro de su nariz rascando sus paredes nasales, y observando con maravilla la casa. Lo siguió sin decir nada más induciéndose a la tranquilidad del silencio mientras sus piernas se dirigían hasta donde estaba siendo guiado. El dolor no es que le estuviese matando pero tampoco era para tanto formar semejante alboroto por él. El albino mocoso dijo algo que el peliplateado no le entendió o más bien no quiso entender.

Deslizo primero la yukata blanca por su cuerpo soltando el obi de color morado y luego de eso permitiendo que cayese al suelo, la Bokutou estaba ubicada a un lado de la cama que yacía en esa habitación y siguió luego con la camisa de color negro y con los pantalones. Se quito sus bóxers rosados con varias fresas alrededor y noto que estaba limpio, ni roto y tampoco sucio por lo cual lo perfumo con algunos perfumen que estaba cerca y lo lanzo a la cama tirándolo. Camino hasta ubicarse en el baño y se metió en la tina cerrando sus ojos sumergiendo todo el cuerpo dentro de aquella tina cerrando sus ojos, no tenia ánimos de nada. Ni siquiera de pensar… pensar… ¿en que debía pensar?

Muchas estrellas fugases, muchas de ellas se ven muy poco en el cielo. El albino se encontraba apoyado en la baranda de su casa mirando a todas las personas que pasaban por ahí, en sus manos portaba un gran regalo que I le había ayudado a comprar, siempre le regalaba dulces envueltos en una nota debajo de su almohada pero se había atrevido; ese día se había atrevido a comprarle algo que seguramente le iba a gustar al niño. Trago seco y miro de reojo el pequeño regalo puesto en su cama con la ansiedad de que regresara con III y poder entregarle su regalo. Aspiro una cantidad de aire y miro hacia el cielo observando las estrellas, cerro suavemente sus ojos abriendo sus labios:

Feliz cumpleaños… Magheq.
Sus ojos se abrieron a par y salió de la tina aspirando una cantidad de aire y moviendo su mano hasta su frente, dejándola en ese lugar mientras su pecho subía y bajaba, por el tiempo largo que había permanecido bajo la tina; estaba sintiendo que se ahogaba pero ni siquiera sentía como sus pulmones se llenaban; trato de levantarse de la tina pero su cuerpo no le dejo, apoyo su cabeza en la parte de atrás de la tina con mala gana apretando esta; redujo la fuerza cuando escucho un pequeño crack, y metió sus manos bajo su cuerpo, sujetando sus rodillas y pegándolas contra su pecho, mientras aspiraba un poco de aire para tranquilizarse. Su piel se erizo y sus labios se entreabrieron, fue una mala idea aceptar esa invitación… esa maldita invitación.

Salió de la tina directo a la habitación y abrió el armario buscando una ropa que le agradase Que mal gusto, pensó con desgana, lanzándose al suelo de la habitación observando los kimonos, debían haber por lo menos algo de ropa occidental en aquel lugar; por lo que se puso a registrar toda la habitación. No dudo en colocarse una camisa blanca de mangas largas junto a una chaqueta, una camisa de cuero azul oscuro al igual que el pantalón, unas altas botas café y un cinturón del mismo color, si aquel sujeto que de hecho no conocía su nombre… ¿O lo conocía?, bah que le importaba; le regalase la ropa podría quedar mejor a la hora de entrar a los bares, colgó su Bokutou de madera y su celular en su bolsillo trasero saliendo de la habitación –la ropa la llevaba en su mano-

Bajo y se perdió. Ni siquiera encontraba el camino para el comedor. Su casa ni siquiera tenía comedor. Estaba la sala, la mesa donde se sentaba a trabajar, la cocina a dos pasos y el baño cerca de la puerta a la salida, por lo cual le era fácil aprenderse todo el camino. Camino durante media hora buscando el comedor y viendo con molestia toda la casa; encontró un incinerador y lanzo su ropa luego de sacar su cartera y todas sus cosas; tendría que comprar más, pero igual ya tenía donde comprarlas. El olor a azúcar penetro sus fosas nasales así que con los ojos cerrados comenzó a caminar hasta llegar al comedor abriendo las puertas mirando al peliblanco ubicado rodeado de postres que le hicieron relamerse los labios tu casa es una mierda, tenía ganas de decirle pero se quedo callado y camino hasta tomar asiento –dos sillas lejos del ajeno- para ubicarse y estirar su mano sin educación hasta el plato de la mesa —. Disfrutemos de la comida~ —dice sin mucho ánimo, mordiéndolo.

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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Invitado el Sáb Nov 16, 2013 3:05 pm

Ignoró completamente cualquier comentario hecho por parte del alquimista, pues había comprobado con antelación que no contaba con ningún diálogo interesante ni inteligente en su repertorio. En un principio le había parecido entretenido, pero ahora más bien le sabía demasiado común, simple y sin el encanto intelectual y oscuro que a él lo atraía. En definitiva, ese hombre no poseía la menor virtud. Eso pensaba Akira mientras le veía aburrido bajar por la escalera finalmente.
 
Se cubrió la boca para bostezar un momento y luego añadió una simple ración de azúcar a su café, revolviendo con lentitud, concentrado en el cabo de la cuchara abriéndose paso a través de la espuma. El vapor que en un principio era visible, ya estaba tenue por la espera; de modo que decidió comenzar a beber antes de que se le enfriara, aún cuando un nudo en su garganta le incordiaba desde hacía rato. Sus ojos oscurecidos y dispersos, fijos en un punto distinto al de su invitado, indicaban que su mente se concentraba en otra cosa. Exactamente aquellas eran las emociones que por un momento sintió venir desde Gintoki, unas asfixiantes, intensas y molestas. Frustración, tristeza, nostalgia, ese tipo de cosas que solía embargar a la otra pieza del rompecabezas: Magheq. La diferencia radicaba en que uno desbordaba en odio y el otro en culpa. La intriga le carcomía los pensamientos, curioso por saber más relacionado a ese suceso aún desconocido para él pero que no le cabían dudas que giraba en torno al desamor. Sonrió de lado con resignación. Todas las enemistades profundas nacían a partir de un antiguo amor humano y frágil corrompido.
 
Miró con cierto desdén uno de los dulces bocadillos y luego a quien se los devoraba como si no existiese un mañana, tras lo cual esbozó una sonrisa íntegramente falsa y apoyó las manos en la mesa, entrelazando sus dedos. -Mi estimado alquimista, si el destino nos ha reunido esta noche, no deberíamos desaprovecharla. "Consecuencias" son sólo términos utilizados por débiles. En este milenario mundo todo tiene una razón y sentido ¿No cree?- cerró los párpados un instante, ampliando su expresión vacía de paz y felicidad fingidas -Estoy aquí única y exclusivamente con el objetivo de obtener una pequeña e insignificante muestra de esperma de cada alquimista. ¿Razones? Realmente eso escapa a mi conocimiento, soy un simple servidor fiel; pero tenga por seguro que de darme una generosa donación, usted recibiría un exquisito y muy fructífero intercambio- se enderezó, cogiendo las tazas vacías y llevándoselas para depositarlas en el fregadero. Abrió después la nevera y regresó a la mesa con una botella de sake y dos copas sacadas del aparador.
 
-Conozco de buenas fuentes sus sentimientos por IV, con quien cabe destacar que poseo una relación bastante "cercana"- sonrió, escondiendo la perversión que afloraba de sólo recordar su encuentro carnal en ese tétrico jardín de Exules. -Magheq-sama padece períodos en que se vuelve tan vulnerable como un simple humano y considerando el sitio que gobierna, sus aliados poco fiables y sus cuantiosos enemigos más su personalidad temeraria, este pequeño altercado es bastante peligroso para su vida- sirvió suficiente alcohol en ambos recipientes y luego trasladó su mirada a las orbes rojizas del opuesto -En pocas palabras: a cambio de una amable oferta de su semen, yo podría encargarme de proteger a IV y asegurarme de que no muera. Así mismo le sería útil tenerme de su lado, soy un punto neutro entre ambos y puedo ser su única conexión con él- alzó su copa, acercándola al contrario, esperando para brindar -Mi mente no se enardece ni actúa por impulso como la de Magheq, soy un excelente consejero para preservar su bienestar; y además no soy un patético demonio que anda en busca del sufrimiento de los demás, eso es fatídicamente estúpido e insipiente. Oh, y de más está decir que espero que considere amablemente mi oferta cordial, si cualquier cosa me ocurriera, lamentablemente mis lacayos se encargarían de cobrarse alguna vida preciada para usted antes siquiera de que acabe de limpiar su katana- chocó por su cuenta la copa contra la de Gintoki y bebió un sorbo con gusto -Por supuesto, no tengo comprobantes que respalden nuestro contrato, pero juzgo que posee la suficiente inteligencia para discernir la verdad que radica en mi pacto. Así que... ¿cuál es su respuesta, Sakata-san? ¿Alguna duda o cláusula que desee comentar?- sonrió de lado con sarcasmo, alerta a la respuesta de su acompañante.
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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Sáb Nov 16, 2013 6:52 pm

Bajo la mirada hacia la mesa con total seriedad y una carcajada comenzó resonando desde su garganta hasta su voz floreciendo aquella dramática e insuperable risa que lo caracterizaba, giro su cuerpo hacia el otro lado cubriendo su boca pero igual la carcajada seguía flotando de sus labios hasta el gran espacio donde se encontraban, cerro sus ojos con tranquilidad y los abrió de nuevo apoyando su mano en la mesa y en su mejilla —. ¿Me ves cara de estúpido? —levanto una ceja y cruzo sus brazos dejando colgado tranquilamente su izquierda a un lado con total seriedad, los pasteles quedaron en la mesa, no toco un solo trago de aquel alcohol que acababa de ser servido dejando que el ajeno chocase la copa con la que estaba puesta en la mesa sin el mayor de los escrúpulos para tomarla, con la misma tranquilidad cruzo sus manos detrás de su cuerpo y apoyo un poco este hacia atrás ampliando una sonrisa en sus labios y negando suavemente —. Tú mi querido demonio, eres un ignorante compulsivo, ¿sabes por qué? De todos los alquimistas; soy el único que jamás me atrevería a darle algo de mi cuerpo a UT ¿sabes por qué? Por desconfianza, porque nosotros dos tenemos una historia que un demonio como tú no entenderías —amplio otra pequeña sonrisa y dirigió su mano a su cabello desordenándolo y apoyándose contra la silla —. Ya te lo he dicho a un principio. Estas a mil años de acostarte conmigo. Primero necesitas varias cosas; primero, carisma; algo de lo que careces. Segundo; ¿Cuál era el segundo? Bueno, en fin… no tienes nada —movió su mano de un lado a otro.

Levanto suavemente la copa de sus manos y la giro suavemente vertiéndola dentro de la copa del ajeno porque no iba a beber ni una sola gota de sake —. El sake siempre sabe horrible, si es servido por un demonio con otras intensiones conmigo; lamento darte aquella noticia —dijo con naturalidad. Una carcajada volvió a resonar de sus labios —. Alguien… con una relación cercana, sabrá perfectamente la capacidad que tendrá el ajeno con inmortalidad y sin ella. Mira prostigolfa si sabes la relación y los sentimientos que tengo con él ¿Quién te hace pensar que te daré libremente mi contrato para que lo cuides? Así como siento algo por él también estoy seguro de lo que fuerte que es; desde que era un humano hasta ahora que es un alquimista. Perder o no la inmortalidad no tiene nada que ver con su fuerza y su agilidad para deshacerse de los enemigos ¿Quién te hizo penas lo contrario? Los únicos de hacernos cara en si son los alquimistas y sin duda aquellos demonios que siempre están tras nosotros ¿sabes por qué? Bueno, UT te debió haber dicho; no es algo que ciertamente me importe totalmente —movió su mano de un lado a otro luego de su pequeño discurso —. Patético o no, sigues siendo un demonio. Un alma perdida creada por UT para sus ambiciones. Con gustos o no como los demás demonios lo eres, de eso no hay remedio. Y mi mama, siempre me dijo que desconfiase de cualquiera que me brinde dulces y me invite a su casa —menciono con tranquilidad, colocando aquella copa en la mesa, con mera flojera y abriendo sus labios para dejar salir un bostezo bastante grande.

El mayor se levanto de la mesa diciendo permiso, con poca educación, ya que lo dijo tan bajo que parecía el sonido de un silbato de los caninos, sus piernas se dedicaron a observar con descaro el lugar donde se encontraban, las pinturas hechas, las esculturas pulidas y la agradable vista de muchos artistas del pasado que le seguían gustado. De alguna u otra manera consideraba su mente lo suficientemente adecuada para responder a lo que quisiera más sin embargo… ¿era capaz él de perder aquel poder? Algo tendría que haber en esas palabras… cercanos, trago seco y volvió a escuchar en su mente sus palabras esperma sus ojos se abrieron y frunció el ceño con severa molestia, nunca jamás había agradecido tener una inteligencia superior a la promedio, se dio media vuelta y camino hasta donde el joven de cabellos plateados y lo levanto a su altura sujetándole del cuello de la ropa que portaba —. Tú bastardo… ¿Qué le hiciste a Magheq para que perdiese los poderes? ¡Y no me vengas a decir que no has hecho nada porque esa cercanía que juras tener con él no me cabe mencionar que UT tiene que ver algo detrás de esto! —gruño como perro rabioso, apretando más el agarre.

OFF:
Perdón Osita ; ; mi Gin se comporto salvaje.





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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Invitado el Sáb Nov 23, 2013 5:07 pm

Alzó las piernas que ahora colgaban a centímetros del suelo tras el abrupto abordaje del alquimista y las enroscó a la cintura de este, sujetándose en cómoda y lujuriosa posición. Sonrió de lado con una expresión divertida y desafiante, mientras frotaba delicadamente su entrepierna por la paralela -Mi querido V, entiendo que tanto tiempo de abstinencia de índole sexual no le permita pensar con nitidez, pero no es preciso que follemos para que me dé su esperma. Supongo que posee el control fisiológico suficiente para ser capaz de eyacular voluntariosamente en un higiénico y agradable recipiente- hundió sus dedos entre los cabellos tan blancos como los suyos del lateral diestro de la cabeza de Gin, acariciando tras su oreja y un leve porcentaje de su nuca -No se altere, si está tan seguro de la supervivencia de IV, ¿qué tanto le importa lo que un debilucho como yo pueda hacerle?- sonrió con expresión maliciosa y altanera -Cada una de mis palabras gratuitas han sido profesadas, de ahora en más si quiere algo de mí, tendrá que pagarme y no con su verga ni con el dinero del que no dispone, sino con ese esperma que forma parte de mi misión- se desató el nudo de la yukata, librándose de la prenda y haciéndose hacia atrás para escapar del agarre contrario. Seguidamente cogió la tela y la jaló para recuperarla -Si me disculpa, deseo vestirme- acotó, volviendo a calzarse el atuendo que antes lucía -No veo porqué mostrarse tan receloso con mi padre, usted no tiene nada más que perder, ya ha tirado con sus propios méritos cualquier cosa de valor que recolectó antaño. ¿Qué lazo puede atarle a la vida a alguien que ya no posee ni tan siquiera dignidad? Al menos Magheq siendo mortal puede aferrarse realmente ahora a su existencia y las cosas que le son importantes, irá a por ellas pasionalmente sin desperdicios- acabó de beber el sake con tranquilidad y depositó con elegancia la copa en la mesa.

 -Y hablando del rey de Roma...- sonrió por lo bajo, completamente apacible y casi complacido -Magheq está aquí, entrará a más tardar en 4 minutos- anunció la noticia sin el menor rodeo, divertido con el seguro desconcierto del alquimista. Una oleada de furia, odio, frustración, celos y negatividad extrema fluían a través del cuerpo de Aki, consecuencia de las emociones fulminantes que manaban del corazón del rey de Tenebris, arribando a la mansión.

-Escóndete rápido, te necesito vivo-
indicó sin el menor titubeo, aprovechando la distracción de la noticia para agarrar a Gintoki y transformarlo en un oso de peluche, más específicamente un panda, que fue lo primero que le vino a la mente. Enseguida abrió el sótano subterráneo que yacía en un rincón de la cocina y lo arrojó descuidadamente allí, cerrando luego otra vez con candado y lanzando lejos la llave, donde Magheq no la ubicara.


 Se alejó de esa peligrosa zona, acercándose a la mesa y apoyando sus nalgas en esta, mientras cruzaba los brazos, aguardando prácticamente con dicha a su invitado que de tan peculiar humor se disponía a visitarlo. Había hecho bien en dejarle esa tarjeta de presentación con su nombre y dirección. Sabía que tarde o temprano el alquimista de Tenebris regresaría abatido a sus brazos, buscando consuelo de esas terribles tempestades que azotaban su alma. Tomó la botella de sake, sonriendo traviesamente y llenando dos copas. Después abandonó el frasco de vidrio bellamente moldeado para alzar la vajilla con la cual recibir a su delicioso huésped. Tal como su premonición anunció, o más bien su empatía percibió, Magheq atravesó el portal principal sin hacerse esperar o arrogarse un recaudo de buenos modales. Su expresión y emociones tan abruptamente oscuras y descontroladas eran una magnífica pieza de arte para los ojos rojizos que le observaban con embelesamiento. Le gustaba y mucho, le resultaba sumamente atractivo. No sabía bien la razón, o tal vez sí. ¿Sería quizás esa enorme muralla de manufactura artesanal tan robusta e impactante que se había construido alrededor? ¿Qué escondía detrás? Averiguaría absolutamente todo de todos y se divertiría involucrándose en el juego, moviendo los hilos de esas emociones humanas tan frágiles y manipulables. Este era su momento para descubrir dónde residía ese encanto especial que su padre había hallado en los alquimistas durante siglos.

 -Bienvenido, mi agraciado y apuesto rey- pronunció con socarrona sonrisa, engalanada por una sensual y penetrante mirada.
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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Dom Nov 24, 2013 9:49 pm

El corazón lo sintió en la garganta y el feroz bombeo del mismo estaba dejándole sin hálito. Frente a su cuerpo exánime yacía dormido un apuesto hombre a medio vestir, su ropaje techaba vagamente una fina pero madura cintura perdiéndose entre unas piernas varoniles visiblemente entreabiertas, maravillosa melena era desperdigada por todo el futón, almohada e incluso alcanzaba el suelo como regueros perdidos de un río. En la mano derecha de éste se encerraba lo que el rey vino a buscar: Hojas de un perdido diario antiguo. Supo que se trataba de ellas por la caligrafía impresa, aunque no fue capaz de alargar posición y arrebatarle el papel amarillento de entre los dedos. Era verdad. Ése condenado tenía razón. Gintoki estaba viviendo con un hombre. Gintoki... No, V, tenía pareja. Y éste dormitaba sin saberle ahí, con la misma inocencia con la que un niño se deja mecer por la madre aquel ser estaba perdido en el arrullo del sueño. Tardó días... Días en concienciarse que iba a ése lugar para hacerse dueño de lo que en cierto modo le pertenecía, no, no iba para meter la nariz en la vida de aquel que pudiera haber sido padre de su hijo perdido. No, no iba a rememorar experiencias. No, no iba para callar el hocico al que con burla le soltó la nueva disposición del peliplatinado. No... Por nada del mundo iba a romper su ley de la indiferencia.  
Pero ahí estaba. Joven. Apuesto. Durmiendo en una cama que supo que era de V por el colorido y estampado. Apretó la mandíbula con tanto ímpetu que le dolió. Que la encía le sangró.
Dedos tan blancos cómo la nieve por falta de reguero sanguíneo sostenían con excesiva fuerza pequeña tarjeta de visita, esta, rizada por el agarre del tirano escondió posición en la palma del mismo empequeñeciéndose en cada nuevo apretón del hombre. Celos excesivos eran los que tenía en sangre. Gintoki. Su jodido Gintoki había olvidado todo pasado para encamarse... No, peor, para vivir con quién posiblemente le diera algún tipo de seguridad emocional. A él le hubo arrebatado la vida que creía en su interior, también un ojo. Al otro le colmaba con cuidados, atenciones y tejado. De nuevo la hilera superior de dientes del maestre se hundieron con fuerza en la suavidad de un torturado labio inferior ahora repleto de las hendiduras que él mismo se propinaba para acallar una voz interior que le venía advirtiendo de algo así desde que abandonó el hogar. El aura disgregada por IV era de un repudio tan intenso que toda persona que se cruzaba en su camino se apartaba raudo de su posición, dejándole paso al que parecía tener muy claro el lugar al cual irrumpir.

No se escandalizó al ver la mansión en la cual el conejo habitaba, juzgándolo por sus finos modales –a la par que pervertidos- y tras vistazo rápido a sus ropas supo que era un demonio con poder adquisitivo suficiente como para no tener que malvivir en cualquier lado alimentándose de la caridad ajena. Hizo pues acopio de aquella carencia de benevolencia y se abrió las puertas a sí mismo con la cólera nublando cualquier otro pensamiento. Rabia. Frustración. No entendía que demonios deseaba mitigar empero el único capaz de hacerlo era él: Akira. No existía ningún otro que restase en su mente para tal fin. Sin saberse a consecuencias el elegido para tornarse su vertedero de sentimientos rajados por lo inevitable sería arrastrado al oscuro imperio del que Magheq era dueño y haría que sus noches no fueran solitarias. No. Ya no existirían más noches de penurias dónde pesadillas desvelaban a un jadeante monarca. Ahora la única respiración entrecortada nacería en boca del elegido para rendirse al placer nocturno.

El anfitrión alojaba posición sobre una mesa y tendía una copa de lo que intuyó sake con aquella elegancia que podía embelesar a cualquiera, le miraba sonriente. Se supo leído. –Akira.- no fue un saludo, su voz dictaminó orden. Acortó la escasa distancia que a ambos separaba, caminando fuerte para hacerse imperar por encima de pensamientos. Su diestra se apoyó cerca de los redondeados muslos de su presa y con la otra se aseguró de arrebatarle la copa, enviándola al suelo y logrando que el fino cristal estallase en cientos, tal vez miles de fragmentos punzantes. Su respiración era pesada, truncada no únicamente por lo que había visto en carne propia, también por la celeridad que se dio en alcanzar la mansión del peliplatino sosteniendo la teoría que tenerle a él sería olvidar a Gintoki pues a fin de cuentas, el demonio había conseguido trazar hendidura en su fuero interno. Raudo sostuvo la muñeca de aquella palma ahora libre –cayéndosele aquel papel con la dirección del lugar en ése momento- demandando atención. Le tenía acorralado y aunque venía para procurarle llevárselo consigo, no podía evitar que fuera la rabia quién marcase sus acciones tornándolas tan bruscas y altaneras como lo era su oscura persona. –Akira.- repitió y tan buen punto le volvió a mentar y se supo dueño de toda su atención, su comisura tomó posición sobre los rosados labios de aquel cuyo cuerpo ya se había fundido con el propio hacia escasos días en paraje helado y desolado.

Pero el contacto no duró tanto cómo deseó, se vio obligado a apartarse de su boca y a soltarle la muñeca para darse sustento en aquella mesa en la que el otro estaba postrado, la insana obsesión de aquello presenciado estaba mareándole, debilitándole. ¿O no sería eso? Se irguió en compostura cuando se recuperó de aquello y buscó con su mirada la del ajeno. Se sentía afiebrado, débil. Algo no marchaba bien.





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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Invitado el Jue Nov 28, 2013 9:18 pm

Tan altivo, egocéntrico, orgulloso, imperante e imperturbable, o al menos esa era la fachada que Magheq había plasmado sobre su hermosa figura. La sonrisa del conejo no hacía más que ampliarse mientras todo su ser se enervaba, despertando un anhelo incontenible como si el alquimista tuviese las más adictivas feromonas dentro de sus sistemas. Abriéndole paso entre sus piernas se aseguraba la cercanía y el enredo eficaz en su telaraña, que muchas veces parecía atraparlos a ambos. Jugar con el monarca era jugosa arma de doble filo, tentadora para el temerario prostituto que desconocía el miedo en pos de diversión y victoria.
 
Observó con calma la copa destruida en el suelo durante los segundos que antecedieron al instante en que su muñeca fuera apresada de forma brusca. Aquella faceta demandante de su compañero siempre le agradaba, pero ahora todavía más porque sabía que en el fondo simplemente intentaba apoyarse en tales herramientas para no acabar desmoronado ante su público. La expresión que presurosa deseaba ensancharse en la dicha, fue obstaculizada por un beso inquieto pero menos violento de lo esperado. Las manos del albino prontamente ascendieron al rostro que le abordaba y mientras que una palma se depositó con extrema delicadeza en su mejilla zurda, la otra se alojó en la oscura nuca. Inusitada dulzura regalaba el especialista nocturno, pues el estado actual de IV daba a pensar que se quebraría como aquella copa de vidrio en cualquier instante, a pesar de su tosca apariencia auto-impuesta.
 
Sin embargo, quien se notaba débil sentimentalmente cortó el bienvenido beso contra voluntad, pues al parecer su salud física tampoco estaba a un nivel adecuado. El de plateada cabellera le observó absorto y sorprendido, ya que no se lo esperaba; pero aún así sus reacciones fueron rápidas y efectivas como siempre, sujetándolo con precisión carente de la brusquedad ajena, mas lo suficientemente viril como para ser su soporte. -¿Magheq? ¿Estás bien?- preguntó con sincero interés, reclinándose levemente para establecerse a la altura del que yacía recostado contra la mesa. Enseguida el demonio actuó de auxilio efectivo y apartó los cabellos de la frente contraria, interceptando la piel con sus labios para comprobar la temperatura ajena -Tienes fiebre...- sentenció extrañado pues era raro ver así al morocho, aunque no desagradable. Nuevamente sus palmas retuvieron las suaves mejillas del atractivo hombre que le acosaba, permitiéndose mirarlo fijamente, cara a cara, esbozando sólo para él esa sonrisa felina y seductora suya, mezcla de picardía y sensualidad -Mi querido rey, ¿qué ha estado haciendo para acabar en estas condiciones?- masoquismo, eso era seguro, y aunque no esperaba respuesta, sólo preguntaba por el mero placer de torturar al contrario con una respuesta que no le daría -Déjese en mis manos y haré que se sienta renovado antes de lo que se imagina-
 
-Lo primero que debemos hacer es refrescarle- comentó con cómplice sonrisa adornando su rostro, a la vez que capturaba la copa superviviente con su mano diestra y la elevaba por encima de la cabeza del monarca, inclinándola progresivamente hasta regar toda la delantera del aludido. El sake se escurría por frente y nariz del moreno atractivo, su cuello, su pecho al descubierto parcialmente por la atrevida yukata y sus atavíos, goteando hasta el suelo y siendo inundado por el aroma del alcohol de arroz. El albino, juguetón, lo abrazó por la cintura y lamió el mentón de su "paciente", bajando sin detenimiento por su elegante y largo cuello de cisne, regalando incontables saboreadas a la dulce epidermis húmeda. Su caliente músculo secaba con golosos movimientos el líquido, incluso el de zonas más posteriores como el impecable y masculino pecho. Una, dos, tres... ¿cuántas lamidas precisaba para saciarse de ese suculento espécimen? Le recorría con sobrado interés y gusto, encorvando la columna para llegar más abajo, sin perderse nada, frotando intenso y extendido con sus papilas gustativas.
 
Repentinamente las piernas fuertes y de músculos bien ejercitados de IV se toparon con un sillón, causando que cayera sobre este, de espaldas, quedando sentado en él y con el conejo encima. Sonrió conforme, estaba seguro de que ante una actividad tan bien prestada como la anterior, su pareja ni tan siquiera se habría percatado de que lentamente le fue arrastrando por la sala hasta donde quiso. Sin dar explicaciones se puso en pie, saliéndose de arriba del contrario y tomándolo por los hombros para estirarlo en el mullido sofá y recostarlo cómodamente hasta que lo tuvo tendido de largo a largo. Akira lejos de librarse del enfermo o intentar proseguir en su abordaje, le mantenía acunado en sus brazos, observándolo divertido e intrigado, reteniendo amablemente la nuca del rey sobre su palma zurda y el hombro de este en su restante mano, ofertándole pecho propio como soporte junto al afiebrado rostro.
 
-¿Qué quieres de mí, Magheq? Dímelo para que pueda ayudarte- caló con sus intensos ojos escarlatas bien hondo en las pupilas oscuras del monarca. No buscaba una respuesta convencional, sino algo profundo, algo que removiera las entrañas del gélido rey y le otorgara una chance de expandir sus más ocultas necesidades y falencias. Las debilidades invisibles de ese hombre se habían transformado en su más obseso objetivo.
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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Vie Nov 29, 2013 6:36 pm

La preocupación de aquel que venía con intención de secuestrar fue latente empero no hizo amago de responder, el candor se extendió por su cuerpo entero anidándose en unas mejillas que parecieron teñirse de carmín por lo mismo, incluso aquellos labios que desde el primer roce compartido consideró candentes ahora se le presentaron fríos sobre la dermis de su frente, sobrecogiendo al enfermo. Era consciente que a pesar de ser alquimista, a pesar del pacto con UT podía llegar a sufrir algún contagio o infección cómo todo numan, empero para aquella ocasión apreció matices distintos al malestar que acarreaba su cuerpo.

Gustoso hubiese dirigido dichosa retribución lingüística a la sorna de la pregunta que ejecutó el conejo no obstante fue incapaz aún, sentía la garganta seca y el placer que solía obtener del imperativo ahora no lucía tan cautivador. Se declinó por conservar boca cerrada por más que las provocaciones estuvieran deseándole mandar de vuelta al otro de una patada junto a su padre, el grandísimo UT. Y de todo lo que en ése momento pudo acontecer, sin duda se produjo lo único que no pasó por la cabeza de IV: Ser atemperado con alcohol. Su único párpado factible se cerró y procuró tomar aire desde la boca para que el líquido no se inmiscuyera por conductos poco afines para el fuerte aguacero que pretendía templar calentura corpórea. Sintió la dermis tirante, distinta a cómo solía y la lamida de Akira únicamente empeoró su ya de por sí deplorable situación: No, no fue la caricia en sí lo que logró temblor en sus rodillas. Algo iba mal y lo supo desde que la fiebre se exteriorizó. Ahh... de haberse podido mover con consciencia, muy posiblemente sus manos ahora buscarían la manera de agarrar la pelambrera del demonio y ubicarle en su entrepierna, más cuanto pudo hacer fue retroceder y jugar a una especie de baile para con el otro.

Y fue de esa manera como terminó sentado sobre un mullido mueble, humedeciéndolo al restar con el yukata recubierto en aquel licor de fuerte aroma, la cabeza le daba vueltas... Le vio sobre sí y poco más tarde un segundo movimiento. Ahora su espalda estaba recostada, al menos, así lo consideró cuando al abrir su pupila consiguió atisbar lo blanco de un techo. O de un suelo. Estaba incluso desorientado. Un cuerpo que nuevamente valoró como gélido le acunó, permitiéndole buen recaudo: Allí el mundo dejó de dar vueltas y marearle, allí se sintió en paz. La exacerbación o el hastío que pudo sentir cuando se vio refrigerado en sake se ausentó ante un gesto tan poco habituado de socorro. Versado en innumerables batallas solía descifrar enseguida las situaciones de peligro y es que con mero revolcón compartido aún no podía abandonarse a esa presencia. Confiar era un precio que ya le costó un ojo... y una vida. –Ven.- pidió. No estaba imponiendo posturas, no era ése tirano de conflicto diligente. –Ven conmigo a Exules.-

Se podían contar por cientos los empleados del hogar dónde residía que estarían dispuestos a cooperar en la enfermedad del gobernante para ganarse lugar privilegiado, pero de todos ellos eligió al que tan siquiera formaba parte del pueblo o de la corte. Le elegía a él, prostituto que se presentó como hijo y único descendiente del más alto.

El follar en aquel paraje desértico y helado hacia un par de noches le castigó con lo que parecía ser un catarro, una gripe, pero lo presenciado en aquella casa, lo que fue capaz de ver en el hogar de Gintoki fue lo que terminó por derrocar al rey y dejarle tan trémulo e indefenso como un niño aferrado al seno materno. Prácticamente en esa posición se encontraba. Su cara afiebrada y candente se las ingenió para esconderse entre lo viril del fino pectoral de su compañero, recreándose en un abrazo prieto, callado, sigiloso. No tuvo más que arrastrar su brazo para envolver la escueta cintura de su compañero, procurando que todo gesto que fuera ejecutado, a pesar de ser tosco por lo poco habilidoso ahora que tenía la cabeza sobrecargada por la enfermedad, se viera siempre rodeado de cierta reserva y confidencia.

No era hombre que acostumbrase a ese tipo de interacciones pero no tenía a nadie con quien compartir la aflicción de una imagen que quedaría fotografiada en su subconsciente. Ayperos a pesar de ser fiel verdugo no era más que un enemigo disfrazado que esperaba cesar al coronado por lo que presentar fragilidad era algo que no podía producirse. Altanero, burdo, imperante...: Rey. En su tierra él debía ser mano dura, pero ahí alojado se permitió volver al que un día fue. –Ven..- repitió, esta vez con un hilo de voz que muy posiblemente no llegó a ser más que un pensamiento que procuró impulsar.

Empujar. Morder. Tirar. Arrancar. Podría hacerlo, podía saquear esa casa, doblegar al habitante y llevárselo de allí, pero no era exactamente esa clase de relación la que buscaba con el albino. Movió la cabeza lo menester para encontrar otro aire que no fuera el impregnado en el aroma corporal del otro, estaba intentando con todo mantenerse despierto, procurar no jadear por el repentino dolor en el pecho: Pensar en lo acontecido era duro. Pero más duro sería volver a sus tierras sin el que de un modo u otro le calmaba el alma.

Ya no había marcha atrás: Únicamente restaba olvidar. Olvidar para siempre al traidor.





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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Invitado el Lun Dic 02, 2013 2:09 am

En sus brazos, cual pequeñuelo recién nacido y temeroso del mundo desconocido que le rodeaba, reposaba uno de los grandes, admirables y temidos alquimistas. Dios para los simples numans, rey para las criaturas de Tenebris Exules, y aún así esas manos que tantas vidas habían tomado sin piedad, permanecían abrazadas a su cuerpo buscando consuelo y soporte. Akira no podía más que sonreír complacido, con una expresión felina y bastante difícil de descifrar. Se sentía sobradamente halagado y significativo de escuchar cómo tan importante personaje le solicitaba con ahínco, le quería a su lado, le pedía que viviera con él. Sin lugar a dudas, las propias expectativas del conejo habían sido superadas y aunque no entendía del todo porqué Magheq se aferraba a él con tanta pasión, definitivamente se uniría al juego y aprovecharía los beneficios ofertados, así como la entretenida y prometedora alianza con tan particular espécimen. Habitar en un imponente palacio, disponer de las comodidades que sólo los más altos de ese mundo se permitían, contar con sirvientes y prole predispuesta a escucharle y un cuerpo sobradamente viril y exquisito para saciarle cada noche eran simplemente una recompensa inesperadamente sabrosa. Se consideraba un especialista con lo referente a sexo, y siempre supo que aquel hombre regresaría a probar más veces su fisonomía, pero nunca imaginó que la pasada noche en el marchito jardín hubiese sido de relevancia tal para el morocho.

 

-¿Ser su Consorte Real? No es una mala proposición, ciertamente. Sin embargo podría haberlo hecho como corresponde y traerme rosas rojas o un anillo- mencionó con clara ironía, sonriendo de lado e impartiendo una fugaz caricia por la mejilla izquierda del humano, la cual se extendió hasta su barbilla, cerrando un agarre sobre la misma y jalando para separarle los labios. Besó a Magheq aprovechando la brecha entre esas deliciosas puertas a su cavidad y colando la lengua en su boca para saborearla con ímpetu. Frotó su músculo por el ajeno en una erótica danza húmeda, recolectando su saliva, palpando su textura y temperatura, y marcando territorio en tan apetecible ser.

-Le acompañaré a Tenebris. Parece una verdadera aventura y yo soy bastante temerario, como habrá comprobado. Me gustan los ganadores y me haré cargo de mantenerlo del lado de estos; pero si me ignora y antepone su orgullo a la victoria, le dejaré sin más. No acostumbro a acompañar a hombres insensatos ni mediocres. Le considero uno de los pocos humanos honorables y dignos en este mundo, espero que no me defraude. Si usted sabe ganar mi lealtad, esta es mucho más fiel que cualquier sentimiento u objeto que pueda haber conocido-

 

Se puso en pie tras recostar la cabeza del alquimista nuevamente en el sofá, más específicamente en el apoyabrazos del mismo. Caminó entonces hacia la cocina con tranquilidad y recolectó algunas cosas de la nevera y alacenas, gastándose varios minutos frente a las mesadas y hornallas, trabajando con paciencia y perfección típica en él. Finalmente regresó junto al monarca al haber transcurrido aproximadamente unos treinta minutos. En una mano acarreaba un tazón que desprendía un cálido y agradable aroma, mientras en la otra un cuenco con bebida. Se arrodilló junto al enfermo y dejó las cosas en el suelo para sentarlo contra el espaldar del sillón y poder así alimentarlo.

-Aquí tiene. Té de cebada bien fresco para combatir su fiebre y una saludable sopa de miso con wakame para fortalecer sus defensas. Soy mi propio cocinero, así que no admito quejas- acotó bromeando, con una sonrisa simple y tranquila en el rostro, una de esas que siempre decoraban sus bellas facciones de manera elocuente y carismática.

 

Depositó el té en las manos del enfermo y sosteniendo el recipiente con la comida cogió una cucharada de caldo con fideos, wakame, zanahorias y hakusai y lo condujo a la boca de Magheq -Coma. Luego le prepararé un baño caliente y cuando se sienta en condiciones le acompañaré a Tenebris- propuso con calma. -Espero que sea consciente de su oferta, mi lord. Soy un demonio y no he venido a este mundo a vacacionar, mas tampoco a destruirlo. No soy un parásito que lo exprimirá, ambos nos favoreceremos con nuestra relación y mucho; pero soy un conejo posesivo y no me gusta que me desechen, así que tendrá que cuidarme, atenderme y alimentarme bien- se relamió los labios con tono sugerente, dedicando una mirada pervertida al paciente.
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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Lun Dic 02, 2013 12:34 pm

Podía pecar de muchas cosas pero no de ingenuo. Sabía que la afirmativa que pudiera darle el demonio no sería embebida por tratarse de buen samaritano en busca de sanar heridas del gobernante, más bien serían los lujos y el saberse entre almohadones aterciopelados lo que el albino aplaudiría. Sin embargo la ternura con la que estaba siendo tratado salía de su comprensión, caricias iban y venían sin más intención que aquella: Que la de tocarle. Comentario jocoso y pronto recibió un húmedo beso que aceleró su ya de por sí desacompasada respiración, se sentía congestionado, débil, cansado, tanto era su momentáneo decaimiento que no se opuso, participó de manera más o menos competitiva por ganarse terreno en aquella otra boca, más no pareció desvelarse por mostrarse dominante en esta ocasión. Emprendió la nueva búsqueda de aire cuando el contrario formalizó las distancias y habló, siempre escoltado por la callada mirada del líder, quién emitió potente bufido cuando su turno de revelar conversación llegó. –Debes ser conocedor de mi empeño por ser siempre el primero y destacar. En Exules te cubrirán de gloria y todo cuanto desees te será postrado a los pies con mísera orden. Si uno de aquellos falla en alguna orden será ejecutado.- todo, sería capaz de entregárselo todo y no por capricho, sino por callada necesidad. Lo acontecido en casa de aquel que se presentaba aún en sus sueños.

La escena le había dejado con el alma tan débil que dudaba poder erguirse sin una mano como la de Akira sosteniendo la propia y aunque Ayperos era quién mejor le conocía del reino ni por un momento pensó en la posibilidad de convertirlo en algo más que lo que ya era.

Acomodó la cabeza allí dónde fue dejada aunque no tener el calor del condenado le hizo mostrar una mueca que rozó lo infantil, lo caprichoso aunque antes de lo esperado un delicioso aroma le impactó e hizo que procurase retreparse pero el mareo fue letal y le envió de vuelta a su recostada posición. Si esas manos hacían de delicias el sexo por obvio quedaba que también era capaz de procurar suculenta comida al hambriento y desfallecido y es que tal era su rabia que no sabía del cierto cuanto hacía que no comía en condiciones.

Fue gracias al otro que pudo sentarse y sostener la taza que le enfrío los afiebrados dígitos. –Akira.- le cortó. –No es necesario que me metas la comida en la boca, estoy bien.- tomó el cubierto de las manos contrarias y se procuró él mismo el bocado: Delicioso. Quizás le convenía tener a ése de culo prieto en las cocinas y no en sus aposentos cómo pensó. Tragó sin mucha dificultad por lo bien elaborado que estaba el plato. –No te preocupes, ya he dicho que tendrás cuanto quieras.- pero no me dejes solo. Pensamiento efímero que desechó pronto.

Sin apremiarse en su propia acción se comió el caldo de fideos, wakame, zanahorias y hakusai de manera tranquila, masticando lo debido y tragando lo sabroso de aquello preparado con mimo por quién sin duda tendría ahora a su lado, podía saberlo, Aki sería leal. Cuando terminó hizo a un lado el bol antes lleno y ahora fue el té lo siguiente que dirigió a su comisura, aunque el contraste del caldo caliente con aquello frío le hizo arrugar ligeramente el puente de la nariz, más su garganta quedó agradecida ante el frío toque inesperado.

Ahí dónde dejó el bol se le unió la taza ahora también vacía. Con el buche ya repleto en las delicias culinarias de aquel que pronto le complacería se llevó por inercia una mano a la frente, sintiendo la mejoría pero aún con la debilidad latente en cada parte de su fisonomía. -Sin duda, considero que ahora un baño sería maravilloso si no inoportuno demasiado.- aquella alzada tomó posición sobre aquellas mechas blancas sosteniéndolas de manera grácil entre los dedos y jugando a enredarlos entre lo alargado de sus falanges. Le recordaba tanto a... Cerró los ojos. No. Basta.

Soltó entonces aquello a lo que intentó colmar de gestos medio endulzados y para cuando abrió ése párpado suyo sonrió con la prepotencia acostumbrada, más su mirada no acompañó a los labios, aquella ambarina seguía sumida en el más retorcido dolor. -Pero métete conmigo.-





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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Invitado el Lun Dic 02, 2013 7:38 pm

-¿Con usted?- traviesa sonrisa se posó sobre los finos labios rosados y aterciopelados del conejo –Está muy meloso hoy, majestad. Cuando vuelva en sí mismo se arrepentirá de este día- le advirtió, destellando perversión a través de sus ojos y apartando los recipientes vacíos de la reciente ingesta del noble huésped. Luego se puso en pie con destreza propia de un atleta olímpico, sin dar el menor rastro de cansancio y dificultad, y es que el arte del sexo le mantenía en forma aún más que las batallas. Cogió entonces las muñecas del invitado y lo jaló hasta enderezarlo, le atajó contra su pecho, rodeándolo entre sus brazos y acabando con sus labios a escasos centímetros de los contrarios. Narices adjuntas, cálidas respiraciones unidas y miradas entrelazadas por un instante se adueñaron del tiempo, pausándolo.

Separó el contacto conteniendo la deliciosa tentación de besar esos calientes labios orgullosos que en muy raras ocasiones se regalaban la capacidad de profesar tiernas oraciones. Seguidamente deslizó sus manos por el brazo diestro del alquimista hasta sólo retener su palma y entrelazar sus dedos, para guiarlo a través de las escaleras hasta el baño del segundo piso.

Abrió la puerta de la impecable habitación blanca, cuyos azulejos relucían y creaban incluso múltiples reflejos de la pareja. Cerró tras su espalda con suavidad y tomó la delantera en pos de abrir ambos grifos de agua caliente y fría para permitir que el líquido fuese adquiriendo temperatura y mezclándose en la combinación exacta. Después se giró hacia su paciente y mientras su rostro lucía una expresión lujuriosa y felina, con diligencia se ocupó de deshacerse ágilmente del nudo que mantenía la fina yukata empapada ligada al cuerpo viril de su dueño. Sonrisa perversa se amplió al descontar los atavíos que le separaban de aquella esculpida fisonomía privilegiada de las más sensuales curvas y con altanería calzó sus pulgares en ambos laterales del bóxer contrario, comenzando a deslizarlo a través de las elegantes piernas. Columna del prostituto siempre portaba su característica rectitud aristocrática, permitiéndole bajar al compás de la tela, flexionando progresivamente sus rodillas hasta quedar con la boca frente a la pelvis de Magheq y los calzones por el suelo –Levante las piernas, mi señor- pidió con picardía, torciendo su sonrisa y obsequiándole su cálido aliento a ese pene flácido que colgaba ante su mirada obscena. Prenda interior se esfumó entonces de la erótica escena y el conejo volvió a subir a través del cuerpo de IV, reposando sus suaves palmas sobre la fina piel y paseando por esta de manera ascendente. Piernas, caderas, cintura, costillas, rodeando pectorales hasta hombros, cuello, mandíbulas y finalmente rosadas mejillas por la atrevida temperatura que osaba poseer tan bendita anatomía.

Rodeó con sus pasos al rey hasta detenerse en su espalda. Allí, donde la vista foránea fuese incapaz de espiarle, se desvistió a sí mismo con semejante diestra facultad que contó para el contrario y sus ropajes se abandonaron sobre los oscuros del espadachín. El juego era claro y el deseo latente. –Meterse en mi baño, abusar de mi hospitalidad y más aún, reclamar mi presencia más allá del ámbito habitual, sabe usted, no es gratuito- advirtió, embelesado con cada fibra de ese ser que yacía a su merced, débil, dolido, regando su hogar con las más deprimentes emociones. La mano diestra del conejo, ni lenta ni torpe abrazó el torso del alquimista y cruzó su pecho a todo lo ancho, recostándose sobre su corazón que latía débilmente –Aquel que quiere venganza guarda sus heridas abiertas- pronunció con tono nítido, conduciendo su mano restante hasta el ojo perdido de su acompañante que yacía oculto por rastrojos de blanca gasa y negras hebras –Pero aferrarse al pasado no es la opción indicada para construir verdadero odio. Vivir en el pasado ciega y un ciego inevitablemente tropezará con cualquier obstáculo y caerá- tomó con fuerza las vendas que cubrían esa cuenca vacía del monarca y las despojó de su ubicación –Aferrarse al dolor, interactuar con él, unírsele y aprender a controlarlo para usarlo como el catalizador más fuerte… ese es el camino correcto y la lucha probablemente más intensa que se pueda librar. Batalla interna contra él ¿puede ganarla, mi señor? ¿Puede domar sus dolencias o estas le controlarán a usted?- inquirió, dejando caer la blanca tela maltrecha y guiando a su abatido compañero hasta el interior de la bañera, donde la  lluvia de la ducha los recibió con su calidez y vapor.
 
Apoyó las manos de Magheq contra la pared y las cubrió con las propias, arrinconándolo. La boca del albino se abrió ampliamente, permitiendo asomar su lengua y abrazando con esta una porción de la parte alta derecha de la espalda del morocho. Restregó sus dientes y frotó su lengua húmeda a medida que cerraba la boca entorno a la suculenta epidermis y la aferró entre sus colmillos, pellizcando, exprimiendo su sabor junto al agua -Déjame ser la vaina de tu filosa y descontrolada hoja, Magheq-
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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Mar Dic 03, 2013 10:04 am

Avezado a los cuidados que le brindaban aquellos en el hogar no le pareció una práctica fuera de lo habitual el verse despojado de ropa por manos ajenas, colaboró moviendo extremidades cuando así fue menester o era indicado por su contramaestre en dicha labor. Aunque el descarado arrancó algún que otro suspiro cuando se encaró a una entrepierna en reposo.

Ya prescindiendo de las ropas que en su momento envolvieron fina piel real fue atento observador de cómo su contrario cambiaba posiciones y se colocaba en su retaguardia exaltando lo que hasta fueron reacciones colmadas en aparente confianza hacia el otro. Manos viriles se postraron en lo candente de una dermis afiebrada, envolviéndole en curioso escalofrío debido a la desigualdad de temperaturas que el uno tenía con el otro empero nada se comparó a los que sintió cuando manos maestras le aflojaron el firme agarre de los apósitos que cubrían silenciosos marca fatal no obstante agradeció que el albino estuviera en sus espaldas y no pudiera apreciar horripilante cuenca vacía. –¿Y si el pasado es lo único que te empuja a seguir, Akira?- fue la mano del monarca la que ahora se situó sobre aquel vendaje blanco que caía sin medida por lo oscuro de la cabellera, aunque antes de poder ejercer acción el albino ya se deshizo de aquella. –Un único objetivo es el que me une a la vida, cuando se cumpla nada más restará por hacer.- y cuando V restase muerte él mismo finiquitaría su vida con la espada que fue regalada años atrás en fecha especial. Las palabras de Ni contigo ni sin ti eran cómo el guante amoldado a su persona. Asqueaba la presencia de quién en su día fue empedernido amante, no obstante, sabía que no podría vivir en el mismo planeta con aquella ausencia siendo perecedera de recuerdos.

En medio del vaho, del agua que arreciaba contra ambos cuerpos, fue sorprendido por un agarre de índole más bien íntima y con aire de ternura. Único ojo procuró enfocar la férrea unión de esas manos postradas contra los resbaladizos y fríos azulejos que decoraban la perfecta pared del baño en el que se encontraban. –Si estoy aquí es porque considero que eres el único que recibirá esta espada de la manera que una vaina debería: Después de batalla.- su único camarada muy posiblemente destronaría posición ventajosa del gobernante aprovechándole sumido en su propia oleada de tristeza y era obvio que sus súbditos eran fuente de mofa, ninguno lo suficientemente bueno para serle de bastón en un momento cómo aquel. Su única esperanza residía en él: Perfecto desconocido. Hijo de UT.

Muy ligera sacudida habló por él cuando los dientes del conejo pellizcaron de manera tan golosa su desnuda piel, aquellas manos que mantenían unión con las del conejo se aferraron en su posición imposibilitándole futuro movimiento de aquellas maestras y habilidosas. –Aah...- sonido involuntario, lastimero. Ése cuerpo que se mantuvo erguido frente a los ojos del amante que no olvidó se hizo poco a poco hacia delante buscando el respaldo de aquella fría pared contra su pecho. Su espalda era custodiada por lo candente de ése cuerpo de escándalo y lluvia, su torso por el contrario fue recogido por lo gélido de aquella perfecta obra de albañilería con tan exquisitos acabados. El contacto le erizó no únicamente los pezones, también la piel ante el contraste de tan dispares temperaturas envolviéndole. A pesar de estar reclinado hacia delante su baja cintura permaneció en dirección al cuerpo que tenía tras de sí, prácticamente ofreciéndose en ése juego. No estaba para condiciones de imperar pero el juego de resistencia en vano no iba consigo y por cómo su cuerpo temblaba era muy posible que terminase haciendo el ridículo al intentar cambiar posiciones. Giró el rostro para mirar a su acompañante por encima del hombro con ése ojo suyo refulgiendo en extraña marea de emociones. –Me cobraré cuanto hagas ahora, Akira.- oh, buena sesión de castigo vendría cuando su cuerpo recuperase el brío y la fuerza acostumbrada, ataría y sodomizaría gustoso al que le vio en tan deplorable estado así recuperaría la reputación que perdió apenas llamó a la puerta de aquel hogar. No obstante y a pesar de la explicita amenaza le sonrió sin deje de maldad en ése rostro normalmente bañado en hostilidad. Se sabía en las manos idóneas para olvidarlo todo, para olvidar el pasado... Y también para desenfocar el presente.





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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Invitado el Mar Dic 03, 2013 6:55 pm

-¿En verdad? ¿Y qué es exactamente lo que piensa cobrarse?- expresión altanera, ególatra y segura se vislumbró en el pálido demonio, quien en un rápido jalón se ocupó de girar al morocho de cara a él, acorralarlo en su debilidad y sostenerlo virilmente por los finos hombros -¿Va a cobrarse el hecho de que le encuentre extremadamente irresistible y apuesto, que me gusten todos y cada uno de sus rasgos? Físicos, psicológicos, fortalezas e incluso debilidades- le tomó con fuerza del mentón, iniciando un recorrido visual desde el pecho del alquimista y subiendo con gozosa sorna por el hueco entre clavículas, cuello y barbilla hasta labios carnosos y tentadores -¿O planea cobrarse todo el placer que le otorgue? En ese caso le sugiero que se lo replantee, pues conseguirlo le consumirá la vida entera- añadió, emitiendo una simple sonrisa de lado, pincelada en picardía y elocuencia.
 
Acto seguido, sin miramientos ni la delicadeza aristocrática de la que constantemente alardeaba, apresó de manera brusca y pasional la nuca del alquimista y uno de sus fuertes omóplatos, enterrando sus dígitos sobre la piel de este hasta dejar sus huellas impregnadas. Dedos de la palma hundida entre las hebras azabaches, por otro lado ciñeron con salvaje y burdo instinto las riendas allí prestadas, vigorizando el beso que estampó sobre la boca contraria. Nívea cabeza acompasada por una cabellera tan blanca como la bruma marina, se ladeó enfatizando el acto y profundizando con verdadera hambre el exabrupto. Labios del conejo amasaban las carnosas puertas de su compañero sexual, encendiéndolas con un fuego más violento que el de la propia fiebre ante semejante fricción deliciosa. Mientras tanto las manos tan precisamente fijadas a zonas concretas comenzaron a indagar con desesperada necesidad por la anatomía que yacía a su merced, perlada y rebosada por la cristalina lluvia.
 
Tacto atrevido y libidinoso exploró la epidermis con vital necesidad, como si frotando esa suculenta piel pudiese ampliar el acceso a la cavidad de su amante y así degustar hasta el último de sus más recelados sabores. En osado acoso introdujo su lengua húmeda en la boca de Magheq, pero arrogándose un posesivo y demandante ritmo de lamidas que se apoderaban progresivamente de aquel interior celestial. Certera y decidida invasión se evocó a someter el músculo de su antagonista, frotándolo con desbordante lujuria hasta producir chispas de entera lascivia sobre las maltrechas papilas gustativas. Le enroscaba, provocaba y empujaba, marcando roles; por instantes atrayéndola al exterior de los fogosos labios y arrinconándola contra los dientes para ahogarla en atenciones, alternando con minutos de solidaridad en que creaba brecha para que esa lengua se uniese en dicha a su danza, bajo su compás preestablecido.
 
Se separó con la misma avidez que abordó, cuando la carencia de oxígeno fue imperante. Su respiración y ritmo cardíacos lucían ahora acelerados, alimentando las zonas erógenas de su fisonomía que clamaban por esa obra maestra que formaba parte de su más adictiva colección. Sonrisa pervertida y dominante anticipó los consiguientes resultados: brazos del morocho acabaron afirmados y extendidos contra fríos azulejos, mientras finas gotas de agua se transformaban en macizas esposas cerradas en torno a sus escuetas muñecas y titánicamente soldadas a la blanca pared suave, revestida en los más bellos cerámicos. El conejo, dichoso y morboso, sonrió con expresión triunfadora y seductora al ver a su lobo plenamente a merced de sus más desquiciadas fantasías.
 

-Aún pudiendo leer sus pensamientos y a veces hasta recuerdos ligados a los mismos, sintetizándolos en mi propio corazón, me es imposible comprenderlos. No entiendo el amor ni el desamor, ningún ideal moralista ni poético. En mi alma demoníaca no hay espacio para tales tonterías y agradezco por ello. Vivir por amor, morir por amor, son falacias inventadas por los humanos para encadenarse los unos a los otros en sus caprichos y conveniencia. Nada es verdadero excepto el poder y la existencia- expresó con entera frescura su postura, a la vez que sus falanges rebuscaban por el delicado pecho los pezones rosados del rey para acariciarlos de forma juguetona y traviesa, y sus labios se posicionaban sobre el largo cuello, lamiéndolo en múltiples oportunidades, aumentando progresivamente la intensidad hasta pellizcar y succionar -¿Sabe usted, majestad, que en el origen de la creación los humanos eran inmortales? Pero resultaron burdas criaturas inestables, incapaces de conseguir la armonía interna o externa, de mantener ideales, pensamientos ni mucho menos sentimientos por la eternidad. Se aburrían y hastiaban con facilidad, nada les conformaba hasta que incluso abandonaron el amor por su padre creador y le dieron la espalda, intentando superarlo y volverse contra él. En ese afán se distanciaron incluso de sí mismos, antepusieron su egoísmo y al ser descubiertos por el hacedor, el pulso no les mermó para traicionarse y mutuamente inculpar al otro de toda osadía. Así fue como la humanidad se condenó y recibió el castigo de la mortalidad… aunque ¿es realmente un castigo? Las fábulas así lo cuentan, pero mi padre asegura que el ingenuo que alguna vez se hizo llamar el Todopoderoso era demasiado misericordioso y simplemente les dio la facultad de morir para que intentaran aprender a valorar la vida por sí misma y al mismo tiempo porque dicha raza era demasiado imperfecta. La humanidad, sus sentimientos, organismo e incluso pensamientos tienen fecha de caducidad. Estos sabios y viejos ojos que han visto tantas cosas se lo aseguran… no importa si la angustia e insatisfacción queman sus entrañas, aún así el corazón continuará latiendo y al final sólo valdrá la supervivencia y poder. Por ello mi padre creó a los alquimistas, nuevamente deseó obtener ese espectáculo macabro que dios cesó pero que él deseaba permitir perdurar hasta las ínfimas consecuencias y ver hasta qué nivel la depravación e inconsistencia humanas podían desencadenarse ante la imposibilidad de morir- cortó sus palabras para suspirar un segundo y morder el húmedo y sabroso cuello de IV, chupando la piel enrojecida y tironeando hasta soltar –Los humanos resultaron repetir la misma historia una y otra vez, tener la misma naturaleza patética y desleal de los orígenes tan burda y aburrida… excepto usted- interceptó las tetillas del alquimista entre sus dedos y las frotó cariñosamente, estirándolas y riendo suave –Por eso quiero continuar viendo su desarrollo hasta el final y convertirlo en mi peón particular dentro del juego de mi padre- sonrió con supremacía, amasando nuevamente la piel con sus labios e impartiendo dulces y sutiles besos -¿No tiene razones para vivir, Magheq-sama? No sea ingenuo, usted es una pieza única y fundamental del tablero. Usted está destino a cosas grandes y majestuosas. ¿Por qué ser tan simple y radical cuando con toda certeza y confianza podría aspirar a subyugar el mundo entero?-
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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Jue Dic 05, 2013 7:51 pm

Aquel ósculo que su compañero le procuró dejó sin ápice de aliento en los enfermos pulmones de un rey que ahora luchaba por intentar recuperarse de aquella tan deliciosa contienda llevada a cabo por unos labios con el sabor del infierno. La hipertermia no sólo no estaba dispuesta a menguar, recelosa al no obtener merecedor descanso se manifestó con más décimas pero ni con aquello el brillo altanero del monarca se apagó. Tórax subía y bajaba en rítmico tráfico de oxigeno y dióxido de carbono que manaba descontrolado de una muy enrojecida y entreabierta comisura, aunque mencionado suceso se diera con dificultad debido al agua que les arreciaba sin ningún tipo de compasión por el jadeante monarca ahí subyugado entre fríos azulejos y candente cuerpo.

Vista empañada por la falta de correcto afluente de aire enfocó al que se le presentó como primer y único salvavidas, emprendida la acción y ya sin los pulmones enviándole continua alerta de carencia de lo vital se vio nuevamente reducido, no obstante para aquella ocasión no fue uno de aquellos lánguidos y húmedos. Se vio restringido por las ardientes y pecaminosas manos de su contraparte algo que no causó gracia al apoderado. Más tarde toda hombría le fue despojada cuando grilletes inmovilizaron las que en su momento restaron entre unas largas falanges, mirada que aunque altanera permaneció permisiva y casi condescendiente de cada actuación llevada por el de cabellera blanca ahora brillaba con furia, la quijada del monarca se tensó y sus labios formaron línea fina y casi inexistente al apretarlos con desmedida para acallar injurias que podrían embolsarse una demoniaca obra de la que, debido a su disposición, no le gustaría sentirse protagonista.

-Conozco bien la historia. I...- pareció rectificarse en su fuero interno y lo viperino de su lengua se expresó tras la mención del nombre. –Argus- y ése era el motivo de tanta desgracia, de tanto sufrir. ¿Por qué a él? ¿Por qué demonios fue objeto de juego de aquel desquiciado? ¿Por qué no le dejó morir cuando sus progenitores le abandonaron a su suerte cuando no era más que un crío? –Se encargaba de recordarla, era nuestro cuento de noche, nuestra forma de vida las mañanas.- pero a pesar de que su voz era fluida las acciones de esas condenadas manos hicieron que con disidía su espalda se apartase de esos pequeños e impolutos baldosines para crear muy vaga y curvada posición. Tiritaron sus labios por callado y prohibido deleite. –No quiero formar parte de ningún tablero más que de aquel que creé para mi.- y a Exules dio mención y lugar en aquella frase. –No me interesa abarcar tanto terreno. Únicamente deseo bajo poder los que irradian fuerza, vigor. Mi única ambición es suprimir a los alquimistas- quizás para con los únicos que tendría clemencia serían los dos gemelos, pues uno era antiguo compañero y el otro era de los que posiblemente menos culpa tenía de todo lo que causó su ceguera. Ladeó el cuello casi de manera amansada, permitiéndole calladamente seguir con aquel reguero de succiones. Pero tanta altanería y regocijo por parte de quién parecía llenarse la boca con la proeza de su padre le causó cierta gracia: Él jamás alabó la palabra ni la doctrina impuesta por I. ¿Qué sabía ése de pelambrera albina de su deseo, tendencia? Ahogada carcajada percutió en el lugar. –Argus nos mantuvo a todos unidos, pero UT colocó en el cesto la manzana podrida.- él. Él fue quién terminó con el reino de paz y llevó a la separación de los que alguna vez convivieron bajo el mismo techo.

En acto de importuna rebeldía tiró de las argollas que mantenían atadas sus manos y amenaza describió aquel impulso, aunque no logró moverlas de su emplazamiento si se cercenó la carne en su intento de liberación dejando que lo carmesí de abierta herida se deslizase por lo largo de sus brazos y gotease en dirección al plato de la ducha, dónde arremolinándose con un agua que se tornaba rosada desaparecía por el desagüe. Dejó que su cuerpo entonces oscilase hacia delante siempre custodiado por aquel agarre y encaró afiebrado rostro con aquel al que siempre vio empañado de prepotencia. –Así que ves con cuidado si no deseas contaminarte tú también.- y aunque su comisura sonrió no lo hicieron su mirada, muy posiblemente y de no ser por él todos seguirían tan unidos como en el inicio de los tiempos.





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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 07, 2013 11:38 pm

-Las perspectivas del bien y el mal soy innumerables y muy variadas. En su propia esencia, la Tierra en su circunferencia permite ver la luz a unos mientras que otros sólo perciben sombras de la más espesa oscuridad- comentó con plena tranquilidad, observando con placer el cuerpo desnudo y privilegiado del rey. Sonrió de lado con prepotencia y sensualidad luego, pasando delicadamente su dedo índice por la herida provocada sobre una de las rebeldes muñecas para recolectar un rastro considerable de aquella sustancia vital rojiza que sin titubeos condujo a su boca para degustar y esbozar una complacida expresión -¿Cuál es la verdadera fruta buena? Dios indicó una y mi padre otra. La manzana podrida condenó a los humanos y les generó división, pero al mismo tiempo fue la que abrió sus ojos, les entregó poder y conocimiento, así como la capacidad de discernir, explotar al máximo sus habilidades y descartar la ingenuidad por la que eran esclavizados- acotó con simpleza, hablando siempre con entereza y sin titubeos.

 

Dedicó una fugaz lamida a uno de los pezones y después hizo lo mismo con el restante, mas en este acometió con mayor ahínco. Lo devoró con hambre, enlazándolo con su lengua y frotándolo hasta bañarlo completamente en saliva. Le pellizcó entre sus dientes hasta finalmente soltarlo y continuar degustando el resto de la bella fisonomía que deleitaba sus ojos. El sabor del tirano déspota no se perdía aunque estuviese mezclado con el agua de la ducha, tal vez incluso simbolizaba un complemento exquisito, un condimento visual de máxima tentación para los afortunados ojos que le vieran. -Si me pregunta a mí, yo prefiero la manzana prohibida. Aquello que las masas rechazan es generalmente la opción más peligrosa, pero también la más suculenta. No hay verdadera victoria si esta no arrastra méritos- añadió con una expresión pervertida y sugerente, habiéndose detenido justo sobre el pene de su amante. Lamió con recato y perversión la zona púbica, buscando con toda intención el torturar un poco a su acompañante sin darle lo que tanto añoraba de su persona. Se saltó completamente el falo y bajó hasta los testículos que colgaban flácidos, comiéndose uno y succionándolo con brío hasta repetir el mismo procedimiento con el gemelo.

 

-A alguien tan ambicioso como yo le decepcionan las personas conformistas; pero admito que soy un hombre egocéntrico y confío en mi elocuencia para conseguir siempre cualquiera de mis objetivos- rió travieso, tocando delicadamente la punta del glande del alquimista casi de forma imperceptible. Después le sujetó una pierna y se la cargó sobre su hombro, masajeándole la planta del pie con una mano, mientras la otra se centraba en objetivos más riesgosos.

-Ya que es tiempo de pagos, mi estimado monarca, yo también deseo cobrarme un par de favores adeudados y lamento informarle que los intereses en Patriam Libidinis son bastante elevados- lascivia en la mirada anticipó a diestra que precisa y ansiosa subió con su palma suave en una caricia comenzada desde la única pierna de IV que aún permanecía afirmada al suelo empapado. Se extendió hacia su firme y atractivo muslo interno con precisión de escultor, palpando las acaloradas carnes con curiosidad desmedida hasta llegar al trasero perfecto de Magheq.

 

-Linda temperatura y textura- elogió con inocencia fingida, sabiendo a ciencia cierta que el opuesto muy probablemente querría degollarle luego de concluir la aventura temeraria que se estaba librando. Con pleno descaro y exquisitez, dos dígitos rozaban con gula la entrada del rey, palpando la superficie cándida y hueca que latía ante su tacto, recelosa de compartirse sin batalla previa. Relamida jugosa por rosados labios carnosos del conejo previeron el avance que se desató a continuación, donde dígito líder se abrió paso a través del estrecho canal, hundiéndose sin miramientos. El ano del invadido era simplemente sensacional, mucho más sorprendente y apetecible de lo que Akira pudiese haber siquiera imaginado. La forma en que dicha entrada apresaba sus falanges, las oprimía y succionaba, no tenía precio coherente ni justificable. El propio pene del albino fue incapaz de hacer otra cosa más que rectarse con ansías, suplicando por más; y eso obtuvo. Aquel condenado que le valdría el infierno al igual que el paraíso se procuró mayor acceso moldeando la cavidad de forma circular y deslizándose hacia dentro y fuera en un incesante vaivén -Esta vez si desea que sea complaciente a alguno de sus caprichos, tendrá que hacer uso de los modales que alguna vez le fueron inculcados, mi señor- retorcida expresión indicaba que esta vez la diversión se decantaría a la satisfacción personal por medio de la sumisión ajena.
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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Vie Dic 13, 2013 6:23 am

-Cómo tú padre, tú tampoco te conformas con poco... ¿No? Esa manzana es la que condenó a la humanidad, así cómo yo condené las relaciones entre mis hermanos.- echó la cabeza hacia atrás mostrándose más bien dócil a las caricias que el otro disgregaba por lo húmedo de su piel, obviamente, aquel amansamiento lo acachaba a la fiebre que estaba envolviéndole, a la temperatura corpórea alcanzada, también, a causa de tener ése exquisito cuerpo ya degustado en una ocasión justo delante de sí, ofertándose de manera tan grata y deliciosa. Erección ya era notoria y es que las atenciones del conejo le causaban sumamente exquisitas, a tal punto que piel erizada estaba esperando por más de aquella condenada boca. Esperó lamida que nunca llegó y aquello hizo que enfocase en dirección a las hebras blancas y empapadas de su compañero de ducha mostrándose ciertamente impaciente por la acción que por descontado, creía que se le realizaría. Muy posiblemente y de haber tenido las manos libres hubiere obligado al que yacía frente a su verga a comérsela sin darle tiempo a protestas empero y al estar recluido contra los azulejos tenía que dejarse a la tortuosa lentitud del que parecía disfrutar con eso.

Permitió entonces que el otro alzase su pierna, creyéndose a ciencia cierta que era para posicionarle de mejor manera para propiciarle magistral mamada, no obstante supo que las intenciones de ése conejo estaba en una honda muy distinta a la suya. El elogio a su trasero le arrancó un gruñido ahogado a causa de la lluvia persistente y aquellas ventanas siempre amenazantes se tiñeron de desespero: Por UT, si aquello no se ponía solución muy posiblemente suplicaría por algo de atención en la zona dónde el otro paseaba pero no se centraba en aplicar lo correspondiente a lo que el deseo le dictaba. –¿¡P-pero qu-...ah...-

Sin exordio, dígito aventurero del declarado antagonista cruzó el umbral de las puertas vetadas a todo hombre y el tirano restringió posible queja mordiéndose con apremiante necesidad la voluminosidad de su labio inferior. Puños se empuñaron desde su emplazamiento y de nuevo buscaron liberación de aquellas enroscadas entorno a unas ya laceradas muñecas por tanto tironeo. Si aquello seguía por aquel rumbo... Iba a volverse loco.

Recoveco estrecho y rugoso se convulsionó repetidas veces, procurando en vano expulsar el cuerpo extraño que parecía predispuesto a alojarse en sus entrañas. –A-ah...-kira...- todo intento de intimidación y futuro ultimátum fue frustrada por lo agitado y complacido de su voz. Pero si su timbre predijo placer también lo hizo su erección, quién cuando el vaivén dilató lo ceñido de su retaguardia se enervó con mayor vigor e incluso llegó a humedecerse con lo traslucido de agrio líquido que la lluvia sobre ambos se procuró en disimular. Actuaron por inercia, sin previo consentimiento del propietario; Caderas se ajustaron a la oscilación que ése dedo emprendía en quién se estaba abandonando. No obstante y a pesar de aquella simulada tregua su ojo, ése que refulgía en cólera, no se apartó ni un segundo de la figura tallada para el placer de cualquiera quien advirtiera de tan hermosa forma, cuerpo creado por UT que, prometía, debía de estar hecho para hacerle caer una y otra vez en trampas de índole carnal pues no entendía cómo de no ser así su cuerpo reaccionaba de manera tan vivaz a los roces que el otro realizaba sobre sí. –[color=redDetente de una maldita vez...[/color]- y esta vez al hablar fino hilo de saliva contorneó un mentón recubierto en lo cálido del agua que les acompañaba.

Pero la protesta no llegó a ser del todo fructuosa ni creíble. Si bien disfrutó en profanar las delicias del maldito ahora también juró gozar de lo que éste estaba propinándole y su interior cesó contienda contra el adversario, mostrándose repentinamente derrotado por fuertes estragos de un placer inigualable.  Estaba siendo despojado de la corona de tirano por culpa de alguien con quién compartió poco más que una noche de pasión pero ya se hubo clavado en un lugar dónde poca gente se permitía el acceso.





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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Invitado el Vie Dic 13, 2013 2:10 pm

-Aaaah~ Ser así de lindo debería estar penado por la ley. No puedo ser demasiado cruel con un amante tan tierno y apetecible- sonrisa socarrona demostraba malicia con intenciones de avergonzar al desterrado tirano, pero a la vez no había pizca alguna de falsedad en dichas afirmaciones. A pesar de que el demonio se mostraba tranquilo e imbatible, descubrir tal faceta en el alquimista le había sorprendido y muy positivamente. Belleza sin par merecía atenciones especiales y sin duda procuraría dárselas minuciosamente.

Deslizó la pierna de Magheq por su hombro hasta pasar la articulación y dejar que esta reposara tras su espalda. Besó un par de veces el muslo interno, esa zona tan indefensa y tersa; y seguidamente fijó su objetivo en el palpitante pene que yacía delante de su rostro, desesperado por estimulación directa –Tan enteramente lindo, mi rey de Exules- pronunció con tono risueño, impartiendo algunas lamidas recatadas a la cima de aquella protuberancia. Una leve proporción de la lengua rosada y hábil del maldito conejo se encargó de frotar la uretra en distintas sesiones ascendentes, procurando ser muy sutil en cada obsequio que su boca otorgaba. Supo ante el amargo sabor que el estado de su alquimista predilecto era mejor del esperado y su expresión se torció aún con mayor perversión. ¿Quién diría que a aquel dominante y sádico semental de la otra noche le gustaba que le dieran duro por el culo? Entre gozo y diversión, el conejo decidió dar más de lo que tanto ese trasero suplicaba y posicionando su dedo corazón junto al ya perdido en las entrañas del monarca, empujó con vigor hasta abrirse paso en la cándida y lujuriosa entrada con un segundo dígito. Se relamió extasiado, saboreando el líquido pre-seminal de su amante y entonces hizo gala del largo de sus dedos, empezando a golpetear en un marcado ritmo infernal la próstata solitaria. Índice… corazón… índice… corazón e índice de nuevo. Una y otra vez, placer desmedido, aumentando progresivamente la intensidad de las fricciones con esas fogosas falanges.

Sin quedarse atrás, maliciosos y oscuros labios demoníacos también hicieron de las suyas. El inferior se calzó en la base del glande y el superior se ajustó a la circunferencia rosada e hinchada, comenzando a succionar fuerte y sin pausas, evitando detenerse siquiera para respirar, consiguiendo una potencia salvaje hasta que incluso sus mejillas se hundieron y se separó, sonriendo con su típica expresión traviesa y victoriosa. No más que eso, no había una sola oferta extra hasta que las súplicas del ajeno regaran sus oídos.
 
-¿Se siente bien? ¿Le gusta ser follado de esta forma por mis experimentados dedos?- sonrisa de lado decoraba el bellaco cuestionario con intenciones de recolectar una afirmación que supusiera el fin del orgullo del monarca. Satisfecho con el desarrollo de los sucesos y la forma magnífica en que marchaba su perverso plan, se determinó a empeorar la tortura contra su adyacente. Repentinamente -y yaciendo ya su acompañante al borde del clímax- quitó sus dígitos de las entrañas del alquimista, privándolo de esa sensación celestial que le estaba concediendo y negándole cualquier rastro de estimulación. Seguidamente frotó su mejilla con delicadeza por el pene del contrario, descendiendo por toda la extensión con la misma hasta depositar un beso sobre la pelvis y regresar recorriendo similar camino. Al glande lo golpeteó juguetonamente con su nariz y le rascó la cima con su barbilla, dejando que la uretra después se paseara por cada uno de sus elegantes rasgos, regalándole un recorrido blanquecino y viscoso que se iba diluyendo con el agua de la ducha. Finalmente cesó su juego con la boca frente al miembro por demás erecto del alquimista y le alzó la pierna restante, recostándola sobre su pálido hombro libre -Estoy esperando, mi estimado Magheq. Suplique por mis cuidados y se los concederé con esa maestría que yo sé bien cuánto le gusta- expresión ególatra, pervertida y altiva esbozaba aquel semblante de apariencia angelical pero esencia macabra.
 

La mano diestra de Akira se sujetó a la cadera del soberano y la sobrante se dirigió a sus glúteos, oprimiendo uno en un posesivo agarre que lentamente se transformó en intenso masaje hasta rebuscar con su tacto el hueco entre ambas nalgas para hundirse en este y deslizarse hasta la entrada. Caricias circulares por el borde de esas anhelantes puertas ardientes y palpitantes sin duda no eran capaces de satisfacer a ninguno de los dos, mucho menos al albino cuya entrepierna rugía ansiosa por incrustarse en ese prieto y maravilloso culo desde hacía ya incontables minutos que le parecieron horas.
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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Jue Dic 19, 2013 8:32 pm

Aquello era delirante, el maldito conejo sabía bien dónde acariciar y tocar, pudiera ser que no conociera lo suficiente su anatomía cómo para teclear con precisión pero el muy condenado se valía de experiencia para alzarle a lugares hasta ahora fuera de su comprensión. Estaba a punto, sus dedos formaron un perfecto puño y las cadenas que mantenían cautivo al monarca tintinearon suavemente contra los baldosines incrustados en la pared. Tomó aire. Su pene deseaba lo que sabía que el otro le daría... Craso error. Cuando estaba por eyacular, cuando sintió la presión propia en los testículos y el apremiante palpitó en toda su extensión toda caricia cesó a lo que no pudo más que dejar escapar un quejido, uno tintado en clara amenaza, en deseo. Volcó su rostro hacia delante volviendo a quedarse suspendido de las cadenas jadeando como si con ello pudiera remediar la pretensión y el deseo hacia el cuerpo del albino. Con tanta provocación muy posiblemente el otro ya estaría empalado por lo erecto de su anatomía si no fuera por las malditas cadenas: El dolor de su anatomía, el malestar general e incluso la fiebre del resfriado para aquel que no sabía que ya no era inmortal –por ahora- parecían haber quedado totalmente en un segundo plano tan buen punto deseo y anhelo imperó en aquella relación que desde un inicio se dio con aquel único propósito.

Agarre volvió a darse en sus posaderas por aquellas níveas manos, sin embargo no le otorgó lo que realmente deseaba, no hubo nueva contienda entre su palpitante ano contra dígitos largados. Nada más que un roce empapado en lujuria. –Suéltame.- siquiera supo cómo pudo pronunciar aquello sin ahogarse. El agua empezaba a incordiar. –Suéltame ya.- empujar sus caderas contra ése maldito culo prieto, sí, eso haría cuando le diera lo pedido.

Tensó las piernas, aquellas que descansaban sobre la fina espalda de su contraparte eran las únicas para con las que podría intentar algo de poderío en una situación que sin lugar a dudas le quitaba el título de sádico, de aquel que a tantos estúpidos putos mató a las faldas del camastro por no cumplir obediencia. Ése otro era totalmente distinto a todos los que hasta ahora hubo probado y prueba de ello era que volvía a repetir, que volvía a caer...: Que había ido a por él sin tan siquiera pensárselo demasiado.

Aquellas extremidades inferiores empujaron la fisonomía del conejo en busca de un mayor contacto para con su afiebrado. –Necesito tocarte con algo más que con las piernas.- aquello no llenaba, manos ansiosas por palpar carne conocida parecían estar picándole incluso por la ansiedad que el transcurso de la situación ameritó en persona que por general se mostraba impasible ante situaciones de aquel calibre. Aunque bien mirado, únicamente Ayperos consiguió doblegarle y mostrarle el culo para... Torció el gesto ante el vago recuerdo que le invadió y cómo muestra de enfado ante lo que evidentemente el otro no tenía culpa, volvió a ejercer presión con las piernas sobre aquellas redondeada y nívea extensión que eran los hombros de su pareja mostrándose altivo muy a pesar de que la situación no fuera a su favor. Valiéndose de la agazapada posición del de gatunos orbes meneó la cadera con soberbia para que su falo rozase contra el cuerpo adyacente, dándose el estímulo que el otro parecía no desear otorgarle, no sin suplica. Labios pertenecientes se volvieron fina y blanca línea al tensarlos y es que dudaba poder soportar mucho más. Lo necesitaba. Necesitaba de él. De su calor. De su extraña manera de hacerle sentir importante aunque no fuera más que por mera diversión sexual. Juguetes anteriores con los que se vio encamado no tenían ni punto de comparación a ése por el que hubo removido cielos para tocar su puerta. No. Ningún prostituto había antes sido solicitado por el dedo acusador del Rey de Exules.

Podía Akira sentirse afortunado de tal enmienda y no obstante parecía predispuesto a jugar con él, con su ego. Era valiente y aquello únicamente conseguía que se pudiera más.





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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por Invitado el Dom Dic 22, 2013 3:13 am

-Bien, le concederé su deseo. Podrá tocarme con algo mucho más placentero que sus piernas- sonrisa perversa decoró el embellecido semblante por las transparentes gotas de agua que escurrían entre las finas facciones y posición reclinada mutó a una erguida, dejando caer las piernas que yacían sobre sus hombros a través de los brazos hasta calzarse en sus articulaciones y rodearlas con sus antebrazos. -Me muero de ganas por escucharle gemir descontroladamente- mencionó frente a frente, dedicándole una mirada atrevida y socarrona antes de abalanzar su rostro sobre su tan apetecible monarca -Me he preguntado en cuantiosas ocasiones cómo un simple humano puede ser tan delicioso- pronunció alternando sus palabras con besos cálidos por todo el redondeado, pálido, y suave hombro del alquimista -Encontrarme tal bella criatura en ínfima soledad debió ser verdaderamente fortuito- añadió complacido, subiendo con sus labios elocuentes a través de la tersura del delgado cuello, rozando con su lengua húmeda la sensible epidermis -¿Cómo es que ahora estamos solos los dos? ¿Cómo es que nadie se encuentra aquí, peleando mi puesto? Siempre he despreciado la estupidez humana- más besos y una mordida lasciva se hicieron presentes en la delicada zona que no tardó en succionar y amasar con gula, exprimiendo aquel cautivador sabor único descubierto en ese hombre agraciado por mano divina -Enteramente mío será... porque soy avaricioso, porque anhelo esta mirada melancólica, sus ojos orgullosos, su oscuro corazón, esta alma agridulce y el esbelto cuerpo que la resguarda- más y más mordiscos librados por doquier pero no precisamente al azar, algunos pasionales, otros dulces y gentiles. La estrategia estaba trazada, los pasos de Akira nunca improvisaban y el nítido objetivo brillaba frente a sus orbes.
 
-Le partiré en dos como a una fruta suculenta, le exprimiré hasta la última gota y luego le rellenaré hasta robarle cualquier mal recuerdo, pensamiento, sentimiento, emoción e incluso voluntad- maldito conejo posesivo regaló clara sentencia del destino del alquimista que intrépido fue a entregarse a su insana merced. Diestras manos ya determinadas a cumplir su cometido, se apoderaron con ímpetu de las nalgas adyacentes, separándolas dentro del límite permitido por músculos y abriéndole paso al pene del albino que sin titubeos se aproximó a censuradas zonas que podría apostar su vida a lo vedadas que se hallaban para el público.
Akira observó detenidamente a IV por unos minutos y le obsequió una sonrisa serena pero suspicaz. Manteniéndose en silencio acercó su rostro al ajeno a la vez que su hinchado y rosado glande se ubicaba en la entrada del morocho. Meneó ligeramente las caderas, frotando por el caliente ano del humano su polla dura y grande, digna de un Sakata.
 
Tras repartir suaves besos por la mandíbula y mejilla del monarca, finalmente comenzó a presionar hacia dentro de su amante, invadiéndolo lentamente, sutilmente, con el suficiente recaudo que se prestaría a una frágil pieza de cristal. Le costaba lo suyo aquella tarea tortuosa pero a la vez celestial. Le valió un gemido gutural, condecorado en jadeos sedientos, pues realmente allí dentro era estrecho y se iba tornando sumamente asfixiante. Tragó saliva y meneó la pelvis, rebuscando la órbita adecuada para penetrar en lo más hondo de su atractivo rey, calzando perfectamente. La estimulación que aquel cuerpo le provocaba simplemente emporaba la situación y conseguía que la verga del conejo creciese progresivamente en el interior ajeno. Sentía que se derretiría sin poderlo evitar, como un sencillo helado. Su temperatura quemaba, su sangre bullía y la respiración se le cortaba, siendo completamente insuficiente por los bombeos salvajes de su corazón.
 
-Maaa.... M-Maaaah...Maa-gheq- logró pronunciar entre infinidad de exclamaciones de placer y sin más, sus labios se dirigieron ansiosos y desesperados hasta los contrarios, capturándolos en un hambriento beso vital. Necesitaba mayor contacto, sentirlo más, tocarlo, degustarlo. Soltó las piernas de su amante y lo sujetó fuertemente por el trasero con la mano zurda, mientras la restante insertaba sus dígitos en la espalda del enfermo, reclamándolo bajo su propiedad. Magheq IV. Kahlfuss ya no podía escapar a ninguna parte, era suyo, estaba clavado hasta el fondo en él. -¿Me muevo?- No había necesidad alguna en preguntarlo, pero realmente deseaba escuchar la afirmativa del opuesto, entregándose sumisamente ante su sonrisa triunfal.
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Re: Run, hide and pray. Came your nightmare || Aki & "Magheq" IV. Kahlfuss +18

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Mar Dic 24, 2013 7:05 am

-La eternidad no existe cuando se trata de enlazar caminos, Akira.- fue rotundo en su oración y no estaba predispuesto a dar su brazo a torcer en aquel tema que él consideraba tan poco agraciado, tan vitalmente inestable. Los vocablos de su amante eran posesivos, candentes empero su amordazada situación en lo que a su vida amorosa refería dejó bajo llave el habla del monarca. Debatir sobre amorío no reñía con la situación en la que ambos se encontraban: El fuego estaba prendido y su mecha preparada, no negaría cierto apuro para con lo que pronto acontecería quisiera o no, estaba deseoso y a la espera de que se iniciase el baile, uno posteriormente preparado por el de blancas y finas hebras, por ése de rostro fino y mirada lasciva. Le atraía. Cada vez que su único orbe provechoso daba con ése rostro perlado ahora en agua discernía en la latente posibilidad de volver a caer en unas redes que por tanto tiempo se aseguró de mantener alejada.

Extremidades inferiores se anudaron entorno a la lampiña cadera de su atacante, acomodándose para lo venidero y sin preámbulos el glande de Akira tomó posición. Nerviosismo atacó de manera repentina pero el Rey de las tierras más alejadas del reino de la cordura emitió un sonido ronco y holgado: Estaba entrando.
Su ano no pareció predispuesto a dar pronta dilatación y estrangulo al desconocido cuerpo que entraba sin resquicio de vergüenza o compasión por el afiebrado. Los jadeos hicieron eco en aquellas paredes y las manos obstaculizadas por aquella cadena que le mantuvo preso desde los inicios se hicieron temblorosos puños y es que realmente, desde la violación de Ayperos se aseguró de cortar extremidad inferior de los que intentaron sobrepasar los niveles que ahora ése maldito demonio derrumbaba con acometida severa que le hizo restar en un interior palpitante, uno que no manifestaba ningún agrado por el asalto al que se estaba viendo oprimido. La polla del conejo estaba ya sepultada por unos anillos de carne que acogotaban pedazo de carne erguido pero no existía dolor a pesar del dote del prostituto. Al contrario que sus relaciones anteriores para con su mano derecha aquello carecía de esa violencia a la que prácticamente se hubo acostumbrado. –A-aaah... A-aaahkiraaaah...- intentó hablar, pero fue en vano, no obstante si logró escuchar la voz de su acompañante por encima de su propia respiración agitada, por encima de su propio sentimiento de ahogo y satisfacción. Oh... ¿Esperaba suplica? Buscó con ojo sano la mirada del otro y aprovechando la estabilidad otorgada por la cadena y el muro su cadera fue quién hizo tráfico de movimientos y reculó posición para, por su cuenta, insertarse lo endurecido del otro, emitiendo otro nuevo sonido de eterno placer.

Manos foráneas tomaron posesión de sus posaderas pero valiéndose de la postura en la que el mismo prostituto le dejó prosiguió con los muslos encarcelando la cadera de su compañero y las piernas correctamente cruzadas tras la espalda del mismo, meneándose de arriba hacia abajo al hacer fuerza con los brazos y utilizando como apoyo las que tintineaban sobre los azulejos en cada nuevo movimiento. Era sensacional, se había olvidado de lo que era sentir una polla gentil dentro y no estar siendo desgarrado en afluente de incompasión, venganza y hostilidad.

Su erección rozaba con el plano vientre de su contraparte logrando estar siempre estimulado y aunque negaría el hecho, bien podría correrse sin necesidad de inducir ninguna interacción para con su sexo, de un modo u otro los sentimientos se vieron enredados para con aquella acción que ambos estaban llevando a cabo y la experiencia resultó serle provechosa y altamente placentera. Los músculos de sus brazos se marcaban en cada nuevo impulso que él mismo se propinaba y los sonidos que manaban de sus labios evidenciaban el gusto por aquello.
¿Eternidad? Había dejado de creer en ella hacía ya mucho tiempo, nada estaba ligado a nada. Las personas iban, venían, desaparecían. El ciclo de la vida era aburrido y el rey de Exules no prestaba ya atenciones a ningún otro placer que no fuera el del sexo: Enamoramiento estaba prohibido. Pero en medio de sus propios movimientos, ahí, envuelto en las acometidas del conejo y sintiendo como su polla rozaba con las paredes internas de su intestino abriéndose paso a lo desconocido, supo que ése podría robarle algo más que el aliento si no vigilaba el camino a pisar. El problema residía en que... Había entrado descalzo en ése jardín y pronto, antes de lo verdaderamente esperado, se llevaría herida.





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"Magheq" IV. Kahlfuss
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