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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Sáb Nov 02, 2013 8:13 pm

El sol estaba en lo alto y él dormía placido tras la noche anterior pasada: Quizás fuera por el exceso en alcohol que se había tomado en el antro que compartió con aquellos desconcidos, pero se acostó con un extraño ardor en el vientre. Pecado quizás pagado con sueños.

Aspiré suavemente y el dulce aroma a chocolate inundó mis pulmones, aunque profundamente dormido, pequeño hermano mío se aferraba a mi mano. Desde esos tiernos siete años en los que enfermé, él solía compartir lecho junto a mí. Ahora con diez años lo consideraba una grata costumbre de la que, en secreto, disfrutaba. Mis instintos no me defraudaron, pronto entró a los aposentos nuestro querido padre con una bandeja repleta de dulces, yo ya con luceros abiertos le sonreír cómplice no moviéndome para no importunar sueño ajeno. Que los cerezos florecieran era algo que para nosotros era importante y gustábamos de ver antes que nadie. Padre sabía de esa costumbre y solía concedernos un buen desayuno antes que yo, arrastrase conmigo a uno de cabellera albina. ¡Debíamos ser los primeros de todos en verlos! Padre besó la frente del dormido y éste abrió despacio los ojos: Me dedicó a mí la primera sonrisa del día.

No... ¡Pero espera! ¿Dónde vas? Gin... El árbol de padre no está en esa dirección. ¿Es que ya no recuerdas dónde está plantado? Da justo a la balconada de la habitación... ¿Gintoki? ¡No espera! Si te vas... No podremos verlos florecer.
Los últimos rayos de sol amenazaban con desaparecer de un momento a otro y el anteriormente encamado se encontraba en esos momentos sentado en el colchón con la mirada perdida: No llevaba ningún tipo de ropa puesta, el pelo alborotado le daba aspecto de dejadez, sábanas tan blancas cómo la nieve cubrían lo que de nada se avergonzaba. Se encontraba encorvado hacía delante con los labios entreabiertos, procurando agarrar todo el aire que esa pesadilla le hubo arrebatado. Plenamente encorajado por su propio sueño alzó figura desnuda del lugar que cobijó su sueño y raudo agarró las primeras ropas que consideró. Al menos ya su cintura y virilidad vestían oscuro bóxer.

-

Sus piernas estaban encubiertas por un jean oscuro que daba ligero aspecto de desgastado, dándole matices más claros según se viera. Cómo prenda superior portaba un simple jersey que quedaba ligeramente arrimado a la forma de su cuerpo, también negro. No sufriría por las bajas temperaturas de la noche, no obstante esa noche quería pasar desapercibido y por ello, se cubrió con un abrigo. Se miró en el espejo del baño en el que se encontraba y se pasó una mano por la fina cabellera de la que era portador. Un detalle más. Regresó al cuarto y de ahí encontró lo buscado: Gorda bufanda que cubriría la tensión de su semblante.

Según había escuchado entre los presentes en aquel lugar, no muy lejos del hotel en el que se hospedaba su persona existía un maravilloso jardín que nunca cerraba las puertas, por lo que imaginó quede noche estaría abierto: Iría directo. Perderse en la marea de pensamientos rodeado de oscuridad y vegetación era lo que precisaba en ése momento, apartarse momentáneamente de los lujos le retornaría a la vida.

Bajó por el ascensor del hotel, los numans que habitaban aquel lugar regresaban calmos a sus respectivas habitaciones ahora que la noche caía y la prisa comenzó a embriagarle. Observó repetidas veces los números que marcaban la planta en la que se encontraban, como apremiando la prisa de aquel estúpido y tan moderno mecanismo. Una vez fuera del lugar que le daba cobijo entregó las llaves a un ya conocido muchacho, éste volvió a los pocos minutos con su estimado porsche 911 y tras una buena propina, el hombre, el alquimista dueño y señor de ése lugar se introdujo en el vehículo. No era el perfecto conductor, pero en esos instantes la soledad era la única compañera que deseaba, siquiera deseaba lidiar con sus pensamientos, con su culpa. Era temerario en carretera, pero esta vez siguió las robóticas instrucciones que iba dándole lo que los mundanos llamaban GPS y así fue como llegó. Aparcó dónde las señalizaciones se lo permitieron, fue sencillo, a esas horas nadie buscaría dónde poder dejar su vehículo en un lugar tan apartado de la ciudad. Bajó lento de la protección de su coche, como si ahora toda prisa hubiera sido en vano. Aquello no era una cita real, podía llegar tarde. Podía no llegar. Él jamás lo sabría.

Figura tintada en negro era plenamente visible ante ése blanco paraje. El peso de su cuerpo dejaba mella en el frío manto, una pisada tras otra era pronunciada en lo que antes se percibía liso y pulcro. Poca gente estimaba aquel lugar, aunque cuidado, no parecía ser demasiado visitado. Alzó la mirada al cielo, no parecía que fuera a nevar, eso en parte le aliviaba, detestaría tener que poner las cadenas a las ruedas del vehículo. Los pasos fueron dándose, lentos, recreándose en árboles desnudos que en épocas posteriores se teñirían del color más hermoso que él era capaz de distinguir. Buscaba el más hermoso, el árbol que, aún y sin pétalos le diera la fortaleza de una vida eterna. Y quizás fue por ello que una fuerza le arrastró hasta un puente que cruzaba un congelado riachuelo.

Ahí estaba... El árbol más frondoso y aunque de hojas prácticamente muertas, supo que era un cerezo.


Última edición por "Magheq" IV. Kahlfuss el Dom Nov 10, 2013 4:24 pm, editado 1 vez





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Mensaje por Invitado el Dom Nov 03, 2013 12:50 am

Un suspiro apesadumbrado escapó de sus rosados labios delicados, mientras permanecía reclinado sobre un marco de madera rectangular y descuidado. La ventana que enmarcaba su bella figura se encontraba abierta de par en par, permitiendo a la brisa nocturna colarse y remover de manera juguetona sus plateados cabellos alborotados. El vapor de la taza de café de porcelana blanca, que yacía entre sus pálidas manos, escapaba ágilmente, contorneándose con el viento descarado y haciendo cosquillas sobre su fino mentón. Parpadeó con parsimonia a la vez que contenía la respiración un instante para beber con cuidado del recipiente, bañando sus labios con el líquido oscuro y caliente, que dejó una delgada aureola de espuma alrededor de sus comisuras.
 
¿Dónde se ubicaba el rey de aquella patria sino en su castillo? Había regresado al atardecer del aludido espacio, sin contar con la suerte de dar con su paradero, pues su objetivo andaba fuera de la sede de gobierno. ¿Cómo lo encontraría? ese pensamiento embargaba su mente con una densa sensación de frustración. El maldito UT no le había otorgado siquiera una foto de los alquimistas, y le conocía bien, sabía que le ocultaba información para complicarle y ponerlo a prueba. Ambos se divertían con ello: uno en su sadismo y el otro en su desmedido orgullo luchador. De todo cuanto disponía para identificar a sus presas, era el colgante mágico e histórico. En presencia de uno de aquellos inmortales, la lanza vibraría.
 
Se relamió con lentitud y sensualidad los suaves labios, limpiándolos con naturalidad de la bebida recién disfrutada. Aún así, luego se dirigió al baño y lavó sus dientes, cuidando de no estropear su elegante dentadura que todavía permanecía revestida de un blanco impoluto, a pesar de las múltiples sustancias que manchaban aquella garganta a menudo.
Tras concluir sus preparativos, cerró la ventana de ese cuarto de hotel poco hospitalario y se dispuso a despojarse de la bata translúcida que se recargaba sobre sus hombros. Seguidamente cogió una camisa blanca impecable, perfectamente lavada y planchada, y se la abotonó con calma hasta dejar un par de botones sueltos en la cima. Debajo se calzó unos jeans celestes, bastante claros y con algunos bordados en hilo blanco; mientras que los pies fueron cobijados por unas zapatillas oscuras y ligeras. Complementó su atuendo con una chaqueta de poliéster púrpura, cuya parte posterior le cubría hasta debajo del trasero y lucía unos atractivos botones dorados, grandes.
 
Finalmente desembocó a la recepción en unos veloces pasos sencillos, gratificando su ubicación en la planta baja, y atravesó la puerta de salida, llegando hasta la acera gélida de la vereda. Sintió entonces nuevamente aquel frío gélido calando a través de sus prendas y guardó sus manos en los amplios bolsillos, ya dispuesto a tomar un taxi. Repentinamente, su corazón se detuvo al sentir cómo ese colgante tan preciado que pendía sobre su pecho, vibraba con insistencia. Miró a su lado, mientras sostenía la manija del vehículo que lo aguardaba, y vio una figura solitaria pero aún así imponente, oscura, perturbadora pero muy atractiva. Sólo se encontraba él y su porte no dejaba lugar a dudas de que no se trataba de un simple numan haciendo negocios.
 
Sin perder un instante, subió con cierta prisa y de una buena vez al transporte, indicándole al chofer que siguiera con cierto recaudo a quien le precedía. Aki no despegó sus ojos de su objetivo durante todo el viaje, ni respondió a los comentarios insulsos que el conductor le hacía de tanto en tanto para animar el ambiente. Todo lo que le importaba ahora era conseguir el esperma de IV. Con ese fin fijo en la mente, le persiguió tras que su coche aparcara en un misterioso jardín reseco, poco transitado y nada elegante. Sus pasos, aunque precisos y constantes, eran sigilosos como los de una sombra y su sonrisa se ampliaba progresivamente a medida que notaba la distracción del ajeno que facilitaría su labor. Como plus destacable, ese hombre se veía sumamente apuesto ¿qué más podía exigir?
 
Le vio detenerse frente a un reseco árbol y entonces un estremecimiento oprimió su pecho, cortándole la caminata al unísono del contrario. Sentimientos atormentados y arremolinados de culpa, odio, soledad, angustia, emanaban de la particular figura frente a él y calaban hondo en su alma. Por encima de la inmensa columna de sensaciones descontroladas, el intenso agobio de la traición goteaba desde el corazón contrario, tiñendo sus huellas de rojo escarlata. Era una extraña combinación de sentimientos que jamás había descubierto en un mismo ser. Qué espécimen tan particular se mantenía frente a sus privilegiados ojos... al parecer sería una buena noche para mezclar trabajo con placer.
 

Se aproximó suavemente, con la gracilidad de un felino al acecho, evitando generar el menor sonido para no alertar a su presa. Cuando se ubicó justamente detrás del morocho, sus manos se alzaron desde atrás, por encima de los viriles hombros, y cubrieron los oscuros ojos con delicadeza. Se reclinó contra su cuerpo, colocándose en puntillas de pie para acercar sus labios traviesos al oído de su acompañante y rozarle de forma muy sutil la oreja mientras hablaba. -¿Gusta de ser usted mi anfitrión esta noche, Magheq-sama? Este conejo blanco sanará sus heridas y borrará cualquier pesar de estos cansados hombros- le invitó, vocalizando de una forma insinuante y nítida; al instante en que lamía con recaudo el lóbulo del opuesto y lo capturaba entre sus labios, amasándolo con erotismo. Acarició dulcemente por encima de las vendas que cubrían esa cuenca ocular vacía y descendió diestramente con sus manos por el pecho firme que mantenía acorralado, palpando sus pectorales y recorriendo el torso peligrosamente con rumbo al abdomen, e incluso más abajo. Mientras tanto, su inquieta lengua se deslizó hacia el cuello, degustando esa deliciosa piel, dulce y suave. ¿Cómo reaccionaría el acosado? Le divertía pensar en los resultados de sus temerarios actos.
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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Lun Nov 04, 2013 8:18 am

La existencia del hostigador pasó por alto para el absorto en sus recuerdos, demasiado ensimismado en la imagen de lo descarriado cómo para ser sabedor de que unos fanales de vivaracho color estaban puestos en todo movimiento ejecutado. Para cuando advirtió la ingrata compañía fue tarde. El crepúsculo de pleno atardecer fue velado por lo que eran unos delgados y largos dedos cubrieron ése único campo de visión con el que contaba. La expresión del desterrado alquimista no pareció mostrar variantes en su semblante creyendo al desgraciado algún maleante nocturno con ganas de llevarse erradicación, creyó, pues la percepción del sonido recogido por su oído le llevó a la remembranza con la que esa noche se vistió. La vecindad entre la boca del extraño y su oído transportó omitidas alusiones a un pasado que prefería mantener enclaustrados bajo llave en lo más profundo de un alma corrompida por la sed de represalia contra quienes en un añejo fueron compañeros.

Fuera quién fuere el que restaba en la parte posterior de su fisonomía le conocía por el nombre, aquello consiguió instaurar sospecha en el de oscura cabellera. Empero antes de formular cualquier cuestión notó con llaneza el modo en el que húmedo y cálido músculo capturaba y se adueñaba de la redondeada forma de su oreja, arrancándole una convulsión involuntaria. Su plano y tonificado vientre tuvo como reacción el encogerse bajo las manos que se paseaban sin pudor por encima de las prendas que entapiaban, pero antes de que el descenso prosiguiera dándose su diestra cercó la fina muñeca del que proseguía sin identificarse obligándole a suspender la fricción no autorizada. El agarre era firme pero carecía del brío que dañaría la fina y blanca piel que mantuvo presa entre sus propios dedos, sólo por la muñeca supo que se trataba de alguien de cuerpo de proporciones menudas y es que sus dedos se encontraron al bordear completamente la zona en cuestión. –No pago por sexo.- por su mente vagó la idea que fuera de aquellos que vivían la noche para poder tener un sustento más o menos estable, sin embargo su billetera no agraciaba a esos chicos de bragueta fácil, tenía sin lugar a dudas maneras de conseguir un revolcón de manera gratuita.

En pausado movimiento que se separaba de su actual conducta deshizo la unión de sus falanges entorno a esa piel, pero no fue más que un cebo para el conejo al éste creer, tal vez, que aquello terminaría ahí. Más el hombre tiró bruscamente del brazo que le bordeaba hasta conseguir que el delicado cuerpo de atrás impactase rudamente contra sí, fue entonces cuando ganó posiciones y ahora mano perteneciente yacía cerca del codo del facineroso, moviéndolo a voluntad debido reducido peso del mismo y es que el acto que llegó a continuación lo ejecutó sin la menor vacilación ni titubeo. Con chicos de ése talle era sencillo encontrar puntos de inflexión por dónde atacar.

Desplazó sus pies hacia atrás lo menester para poder rotar su cintura empero no de manera que los mismos chocasen contra los de su desventurado acompañante, una vez ladeado y aún con sus dedos sujetando de manera férrea el brazo de éste, chocó su hombro izquierdo contra la figura adyacente y de esa manera la masa corpórea del Numan quedó con la cara reclinada frente al árbol que en su momento el temido de Exules estuvo admirando: Ahora era el que se auto había denominado conejo el que yacía de espaldas al otro. Fue el cambio de posiciones lo que pasmó al que creyó bajo control la situación y es que no era usual encontrarse con alguien de cabellera tan blanca cómo la misma nieve.

Tú nombre!.- rugió, luxando el brazo que tenía bajo su dominio pero sin atreverse a hacerle girar. No, no quería verle la cara. No estás preparado. Garra libre fue directa hacia aquellos hilos del color más puro existente en la tierra y las empuñó sin amago de la elegancia anterior. Estiró del mismo para conseguir que el martirizado separase la frente del tronco de madera y teniéndole en acertada posición por si la situación le hacía reaccionar: Entonces el cráneo de ése otro quedaría estampado violentamente contra el lugar que ahora servía de reposo. –Y no me jodas o estás muerto.- la sinceridad fue latente en la mencionada amenaza. Apestaba a lo conocido. Olía a lo nuevo. Turbación por su parte le mantuvo alerta de lo siguiente que manaría de aquella comisura que aún no alcanzó a observar.





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Mensaje por Invitado el Lun Nov 04, 2013 2:52 pm

Sintió con placer desmedido las recatadas reacciones que el cuerpo del contrario presentaba ante su atrevido tacto audaz, cuyo avance no mermaba, osado y vigoroso, ansioso por un contacto de índole más íntima. Sin embargo lo que, creyó, continuaría fluyendo, se detuvo imprevistamente ante el agarre preciso de una de sus delgadas y níveas muñecas. Separó los labios en un instantáneo acto reflejo, permitiendo que un infantil soplido pesado se colara por la comisura, protestando ante el arrebato de diversión. Luego se sucedieron una serie de movimientos lentos, combinados con otros más bruscos hasta que finalmente acabó estampado contra el objeto de adoración del agraciado alquimista. Las maderas presionando su suave piel aterciopelada, lograron enrojecer esta rápidamente y marcarla. Le dejó jugar a su manera, cerrando los párpados y suspirando, sin perder su característica sonrisa traviesa y manipuladora.

 

-Tal rudeza para uno de sus fieles admiradores es muy impropio de un rey... especialmente de uno tan bellamente dotado por UT- comentó con tranquilidad, escondiendo con levedad sus intenciones socarronas -¿Amó mucho, mi estimado alquimista? ¿Tanto para dejarse empujar hacia el odio demencial de esta manera? ¿Qué es exactamente lo imperdonable? ¿A quién odia más... a él o a usted mismo? Me resulta muy interesante, IV- pronunció pacíficamente, sin prestar demasiada relevancia a las mortales amenazas. Tras concluir sus palabras, giró lentamente el rostro hacia un lado y observó de frente por primera vez a su acompañante, sonriéndole con una expresión mansa y traviesa. Al instante, antes de que el estrecho contacto se rompiera, aprovechó para tomar posesión del cuerpo ajeno con mayor facilidad, adueñándose de sus movimientos.

 

-Ha sido muy grosero con este pobre conejito amable que sólo buscaba reconfortarlo en su triste soledad- pronunció con fingido reproche, forzando a los músculos contrarios a soltarle y quedarse quieto en su sitio. Después de concluir con sus juegos verbales, elegantemente giró sobre su propio eje, luciéndose completo y de una buena vez ante esos ojos oscuros y alterados, de mirada sumamente perturbada y recelosa. Se aproximó entonces hasta su objetivo con pasos delicados pero precisos y alzó su mano diestra con presteza, acariciando la mejilla del que independientemente se declaraba antagonista -Voy a tener que mostrarte mi fidelidad, magheq. Espero ser lo suficientemente bueno en relaciones exteriores- sonrió de lado, respirando con calidez sobre el rostro frío del hombre que yacía frente a él, violando su espacio privado. -Le invito a ponerse cómodo para aclarar nuestras posturas, mi rey- añadió con un movimiento sutil de mano, entretenido con su perverso juego, mientras le forzaba a sentarse de piernas abiertas sobre la tierra reseca y helada. -No voy a cobrarle, Magheq-sama, no se preocupe. Sólo deseo un poco de su esperma ¿no pido mucho, verdad?- sonrió, entornando los párpados y permitiendo que sus blanquecinas pestañas decorasen la elocuente mirada, mientras empezaba a despojarse de sus prendas con extrema sensualidad.

 

Desabotonó la pesada chaqueta con diligencia, luego la camisa y las dejó rodar por sus brazos hasta el suelo. Más tarde se deshizo de los pantalones y finalmente el calzado. Inesperadamente al terminar, se sentó sobre sus desperdigadas vestimentas, reclinándose hacia atrás en una cómoda pose despreocupada y apoyando las palmas en el suelo -Un hombre con un futuro brillante no debería esconderse en las sombras. Un alquimista incomparablemente atractivo peca de ingenuo al dejar que la traición tiña su apetitoso sabor de amarga hiel- le aconsejó para luego callar un momento y disponerse a juguetear un tanto con IV. Sus pies desnudos, de un rosa apagado y provistos de una textura celestial, se apoyaron en los pectorales de Magheq, invadiendo su espacio personal con el intenso perfume del conejo blanco, similar al de las flores silvestres. Los removió en un suave vaivén, acariciando la zona con una sonrisa deseosa e inocente, mientras despegaba las plantas y optaba únicamente por utilizar sus pequeños dedos sobre la zona erógena de los pezones. Se sumió allí en la intensa tarea fructífera de masajear circularmente aquellos botoncitos de carne, que bien podía notar a través de las vestiduras, gracias al efecto del frío. No conforme sólo con eso, aprovechó el dominio que ejercía sobre la anatomía del alquimista para ordenarle que se desabrochara las prendas superiores, mostrándole ese suculento y viril torso tostado -Vaya, vaya, pero qué maravilla tenemos aquí- elogió con su grave voz deliciosa, relamiéndose de manera insinuante los labios.

 

Tocó la punta de los rosados pezones con sus dedos, se apoyó en la cima y los agitó de un lado a otro sin descanso, riendo un tanto por las cosquillas que le producían en la planta de los pies, y luego, sin pausa ni rodeo, descendió ávidamente por el abdomen de IV, delineando sus músculos tonificados, su ombligo pequeño y calzando sus dedos de los pies en la cintura del pantalón -Alza un poco las caderas, cariño- pidió a su sirviente, quien no poseía muchas alternativas; y enseguida bajó los pantalones por la susodicha brecha.

Su sonrisa encantadora se plasmó en todo su esplendor, de lado a lado. La fina tela del bóxer no privaba del menor detalle a esos lascivos ojos, impacientes por detallar cada espacio del otro ser. Una risilla traviesa precedió a sus habilidosos pies, los cuales enseguida se entregaron a la labor erótica que su amo les exigía. El derecho se ubicó en la base del pene, enroscándolo entre su dedo gordo y el adyacente, subiendo muy despacio por el falo forrado de negro algodón, para luego volver a bajar con intensidad, removiendo aquellas falanges con distintas intensidades de presión. Una y otra vez, un vaivén perturbador, demoníaco, que cesaba en la cima, apoyándose en el glande y amasándolo antes de retomar el círculo vicioso. Por otro lado, el pie restante se plantó ante los testículos, frotándolos, golpeteándolos y presionándolos.

 

Tal vez controlar a un alquimista le hubiese sido imposible sin la intensificación que el grimorio de su padre aportaba a sus habilidades mágicas. No lo sabía con certeza, pero si todo esto era obra suya, en verdad le debía dar unas gracias muy especiales.
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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Mar Nov 05, 2013 8:03 am

Vocablos del insistente lograron arrancarle una mueca de desdén que se adornó con la burla de lo que años atrás pudiera sentir para con aquellos con los que compartía camino. Burla para el que en su día sintió quizás afecto. –No saques de contexto lo que sea que te hayan explicado, conejo.- oh, era pleno conocedor de las habladuría de pueblos próximos y aquel de perfil tan delicado no parecía ser de sus tierras, si más no, no un residente habitual que viviera día a día. Fidelidad. Parecía manifestar cierta adoración hacia lo que tiempo atrás él mismo proclamó reino de su más placentera posesión, todo estaba bajo control, todo hasta que el ajeno decidió girar su posición. Lo que exhibía con prepotencia y dominación mutó a un gesto de de enajenación, el poco juicio que restaba en él se deslizó por senderos poco venideros y su consciencia se apagó momentáneamente. Era cómo él: Idéntico, habían sido sin duda concebidos por el mismo molde empero fue la impertinencia del que estaba consigo lo que le hizo saber que era otro. El movimiento contrario fue por demás acertado y es que aquella faz le tenía ensimismado. Fuera o no algún tipo de embrujo ése de plateadas hebras le tenía ya bajo yugo.

Retrepado sobre frío terreno semi-abandonado a su suerte fue destinatario de un juego con aroma a campo, a flores. Atrevido pie seccionó todo espacio personal que el Rey pudiera llegar a tener establecido cómo personal. Ése descaro pudo llegar a enamorar al que volvía a la cordura conforme los roces se manifestaron sobre lo rosado de unos botones que proseguían claustros bajo gruesa tela, no obstante el vestuario fue a formar parte del paraje. –No lograrás nada con eso.- supremacía bañó su voz durante el descenso apacible de unas manos que volvieron a caer sobre frío solado una vez tela fue abandonada lejos de su fisonomía. –No ha nacido quién sea capaz de doblegarme el alma.- y con ello aclaró que el despoje del ropaje fue decisión suya. Retozar con la máscara de la fragilidad o debilidad no era de su gracia ni estilo y a pesar del duro golpe emocional del enviado a su vera no aceptaría flojedad en sí mismo. Otra orden. Lo liso de su entrecejo se plisó en mueca disconforme, mas caricias del experto tenían cierta potestad, no las negaría apetitosas muy a pesar del emplazamiento elegido por el foráneo para realizarlas, así pues volvió a acatar el mandato sin demasiada ansia por cumplimentarla. Estiró las piernas hacia delante para procurarse una posición más cómoda, extremidades se localizaban a los laterales del diestro en movimientos con los pies, tragándose todo espacio personal que éste pudiera o no precisar para la ejecución de lo que venía a desear.

Comisura estiró sus pómulos hacia atrás cuando sátira sonrisa aderezó lo que en un inicio se mostró confundido. –Por encima de la ropa resulta incómodo, siervo mío.- erguido yacía el atendido por esos pies, mostrándose gratificado por el premiado contacto que estaban realizándole y en reconocimiento a la buena obra por parte del vividor del placer el atendido y redondeado glande humedeció el algodón oscuro mostrándose en forma de aureola por encima de la tela. El chasquido por parte del desterrado alquimista no tardó en fluctuar en el ambiente. Si algo detestaba era lucir con prendas mugrientas o que el aroma del sexo se hiciera presente en su cuerpo, así que aprovechando encontrarse aún sentado reclinó ligeramente el tronco de su espalda hacia delante creando un pequeño ángulo entre su pecho y el suelo y alargó brazo diestro hasta que consiguió sostener al conductor de las explosiones propias al placer hacia sí.

Le importó más bien poco que la posición dotada por su empuje incomodase al osado, si había empezado aquello para con alguien cómo él bien debía estar enterado de las consecuencias que lo mismo acarrearía. Sus dígitos teclearon la fina y mullida piel de éste pero tal era la fuerza enmendada que pequeñas, redondeadas y rojas marcas quedarían en esa fina dermis. –Mira que has hecho.- timbre molesto, grabe, falto quizás de algo del aire que sus pulmones precisaban de llenar, con directo gesto de su cabeza apuntó hacia el calzón ahora calado por su propio líquido pre-seminal.

Bajo tela indicada refulgía oculto un falo de tamaño considerable, por ahora prisionero de las costuras de una ropa que procuraba entapiar vergüenza más ninguna tenía en ése momento. A pesar de ser de suave algodón estaba apretándole y comprimiendo lo que parecía proseguir creciendo en esplendor, forma y largura. Empero era su turno de acondicionar normas y decretarlas según creyera. –Quítamelo.- imperante sonó y una vez supo que sería complacido desató el nudo que su palma formaba entorno al hombro de su no tan querido compañero nocturno. Como el rey que vuelve al trono su gesto se desveló avaricioso de más de ése poder que sin duda le estaba haciendo crecer. Abierta palma de la que era poseedor se hizo nuevamente espacio sobre el frío terreno participe de la escena.

Solía ser conciso y breve con sus palabras e imperativos, pero no dudaba en la eficacia del otro, no en ése ámbito. –Luego chúpala.- sí, así sí. Sin fantasmas atormentándole, sin declinaciones extrañas durante el preámbulo al sexo. El animal que tenía frente a su persona no era el que en un inicio creyó, la desigualdad en acciones era sin lugar a dudas el vestigio que le llevó a caer en la realidad antes de trocear en mullido cuerpo del prostituto.





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Re: secret. } || Privado Aki. [+18]

Mensaje por Invitado el Mar Nov 05, 2013 2:10 pm

Una perturbada solución de placer y dolor afloró en el rostro del "conejo" cuando su hombro fue interceptado entre los firmes y robustos dedos poderosos de su amante, esbozando aquella mueca impregnada de lujuria y dedicada con especial ahínco a su agresor, sin reprimirse en absoluto. Excitante masoquismo pugnaba por emerger desde la profunda oscuridad de su alma, bellamente decorado con pequeños accesorios de sadismo que por el instante se reservaba. Lo mejor se guarda para el final, siempre, así ese es el sabor que perdura y prevalece.
Rápidamente el ápice de dolor que componía su elocuente expresión, se deshizo junto al roce del alquimista, quien imponente y seguro, encantadoramente altivo, le libró con completa vanidad imperante, marcando con tiranía el recorrido que su acompañante debía ejecutar. Una sonrisa ladina y suspicaz, rebosada en fingida inocencia, surcó los labios del albino; cuya osadía comenzaba a palpitar arduamente en su pecho, buscando sentir con mayor ímpetu la bella tensión sexual de sus orgullos mutuos impactando.

 En un ágil movimiento, plagado de admirable destreza, sus glúteos firmes y blanquecinos invadieron la pelvis ajena, reposando en la zona con completa impunidad, mientras se removían disimuladamente en un pausado vaivén; hacia delante y atrás, reclamando el pubis extranjero y frotándose por este con descaro, el trasero y coxis, hasta el falo opuesto.
Sus delgados brazos cálidos rodearon el cuello del rey, observándole a escasos centímetros, permitiéndole admirar sus rasgos en privado, a la vez que él se regodeaba con los ajenos -Ya veo, resulta que soy un conejo muy malo y rebelde al que nunca han domesticado- comentó con picardía, sin cesar el meneo de sus caderas, masturbando con sus nalgas la extensión aún apresada por la tela. Seguidamente, lejos de desistir con su coquetería atrevida, cogió bruscamente por los cabellos de la nuca a Magheq, como antaño él lo había hecho con su persona, y le besó pasionalmente, dejando que su mano libre acariciase la mejilla izquierda del contrario y se deslizara ávidamente por su cuello, llegando al hombro y continuando por el brazo hasta acabar en el bóxer, donde calzó sus dedos y finalmente cumplió el pedido, soltando el elástico de este bajo los testículos del morocho sin mucho cuidado, haciéndole sonar ante el leve impacto.

 Estrechó los labios del alquimista con los suyos deliciosamente, disfrutando del sabor a rudeza, a virilidad y ego que desprendían. Capturó el inferior, pellizcándolo con recaudo para morderlo un tanto y luego pasear su lengua alrededor de la comisura. Ladeó el rostro, ansioso por más, esquivando la nariz para adaptarse mejor al espacio y amasar con verdadero anhelo la carnosa boca de Magheq, que lentamente empezaba a obsequiarle humedad. Su mano diestra ejercía presión en la nuca del moreno, atrayéndolo para aumentar la voracidad de los movimientos, mientras los labios progresivamente se hinchaban y enrojecían. A un lado y a otro agitaba su cabeza, sin desperdiciar nada, abriéndose paso lascivo y anhelante en el interior de la cavidad de su amante, jugando con perversión, enviando ligeras embestidas con su lengua al interior opuesto, robándole sabor, saliva y escapando de la contraria para no sentirse capturado; hasta que finalmente se permitió el encuentro de ambos músculos al centro de la conexión, uno verdaderamente húmedo y lujurioso, obsceno y poco pulcro.

 La mano que con anterioridad había librado el sexo de IV, ahora acariciaba su pecho con curiosidad y gusto, regocijándose en la firmeza de sus músculos, palpando el terreno y disfrutando de la textura de esa bella epidermis. Su dedo índice, inquieto y travieso, recorrió de manera circular la aureola rosada y frágil del pezón diestro. Una vuelta, dos, hasta que finalmente subió a la tetilla con delicadeza extrema y la masajeó con oblicuas caricias, punzando con su corta uña, presionando y por último cogiéndola junto al pulgar para estirarla y frotarla.
Sonrió divertido, complacido a cantidades considerables, encantado con ese alquimista tan apuesto y compatible con su cuerpo. Cortó el beso que ya había dejado su respiración acelerada, tras el cual sólo un fino hilo de saliva les quedó uniendo de boca a boca, a la vez que un delgado camino chorreaba con elegancia hacia su fino mentón. Besó bajo los labios de Magheq y luego su barbilla con una sensualidad inesperada e incalculable, manteniendo la boca presionada, conteniendo la saliva de ambos en su interior. Tras ello, alzó las caderas para cambiar su posición actual y se arrodilló entre las piernas del moreno, echando con elegancia sus propios cabellos hacia atrás, a modo que no estorbasen para su siguiente tarea.

Su boca se aproximó sin demora ni titubeo alguno hasta la entrepierna del alquimista, analizando con gula aquel pene erecto y fornido, grande e hinchado. Finalmente su cabeza bajó completamente, ladeándose un tanto para sacar a relucir su lengua rosada y pequeña, la cual apoyó en la base de ese excitado miembro y subió con acertada precisión, repartiendo cuantiosas lamidas breves, cortas y progresivas, alternando la intensidad hasta alcanzar la cima y sin más rodeos, abrir la boca entorno al glande, comiéndoselo entero y bañándolo tanto a este como el falo con la saliva mutua que se venía guardando y que chorreó con avidez por la extensión. Sonrió divertido, teniendo para así ese largo miembro lubricado por donde sus elegantes labios de textura aterciopelada podrían deslizarse fácilmente. Su mano diestra prestó ayuda, sosteniendo por la parte más baja la virilidad contraria, para así empezar a descender e introducir en su cavidad bucal el resto del pene contrario. Le gustaba, le divertía y le excitaba sentirlo palpitar bajo el dominio de su lengua. Lo llevaba hasta el fondo, sin detenerse, sin preocuparle su garganta, con un constante y fatídico vaivén. Fue y vino unas cuatro veces y tras ello, su mano izquierda se unió al libidinoso juego, dirigiéndose al ano de Magheq e introduciendo su dígito corazón en este, el más largo, hasta el fondo. Golpeteó con la yema de su dedo la suave próstata ajena, la acarició y arañó con insistencia, sacándose por un instante el pene del alquimista para poder hablar -Justo aquí, donde está mi dedo, se encuentra el punto g del hombre, si le estimulo por dentro y por fuera puede experimentar el placer más grande de este mundo, incluso sufrir una eyaculación espontánea- habló sin mucho recato, relamiéndose -Considere este dato un obsequio memorable, Magheq-sama- añadió, pellizcando con sus dientes dulcemente y con cierto cuidado el miembro del menor, curioso de saber cuánto más podría estimularse y crecer esa verga dura.
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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Miér Nov 06, 2013 9:00 am

Tenía por seguro que ninguna deidad conocida fue obsequiada con la facultad evidenciada por aquel que yacía postrado a sus pies obsequiándole con gustosa felación. Las habladurías contaban sobre los métodos de estos al encamarse los unos con los otros, de cómo Zeus, el más elevado de todos esos, llegaba a mutar la apariencia para ser capaz de cobijar la verga en diferentes cuerpos que le llamasen la atención. Las crónicas de esos romances terminaban por norma general con descarriados emocionales, con óbitos e incluso con aventuras de índole pasional que duraban por el resto de la eternidad. Oh, pero apostaría su imperio a que ninguno de aquellos tan expertos en materia sexual sería entendido en las artes que la rendija de esa boca conocía y aplicaba en gesto afectuoso sobre lo endurecido de su descubierta erección. No, ni Adonis poseía la apetitosa figura masculina que ése numan gozaba ni tampoco Zeus se expondría tan diestro en el arte de amar al prójimo.

Esa zona de su cuerpo que se extendía desde el cuello hasta el vientre y en cuya cavidad se escondían pulmones y corazón se movía bruscamente: Arriba, abajo, arriba, abajo... Era un círculo vicioso. Los órganos que cumplían la función propia para respirar mediante intercambios gaseosos con la sangre yacían ahora desbordados a causa de la falta de aire con la que le dejó el toque de aquellos mullidos y expertos labios sobre los pertenecientes. La amplitud de su pecho se extendía en cada nueva bocanada de aire y el único sonido que le envolvía aparte del propio latir de su corazón era la pegajosa fricción de boca ajena y pene perteneciente. La humedad chorreaba por el largo de lo alargado de su sexo y moría en sus testículos haciendo más sencillo que cuan larga era su extensión patinase garganta adentro en profundos balanceos provocados por la cabeza del subyugado frente a sí. Celeridad no era su mayor compañera, tampoco el verse ardiente frente al amante por consiguiente su cuerpo no se movió en busca de más, entendía que el que aún no tenía nombre sabría complacerle sin necesidad de verbalizar nada, muy por el contrario conocía unos muy macabros modos para que el amante de turno conociera por dónde marcar sendero en caso de que éste se viera momentáneamente desubicado.

Lo imperturbable de su gesto se vio escabrosamente extirpado cuando lo largo de un dedo recaló su interior, el sonido de un húmedo chupeteo finiquitó la felación y fue cuando le escuchó. No obstante era impedido de expresarse mediante palabras pues juraba que de iniciar algún vocablo lo verbalizado no sería coherente, no en ése momento. Sus piernas, esas que anteriormente yacían extendidas a los costados del desnudo cuerpo mostraron acopio de tensión y no esperó en arrastrar la planta de los pies aún cubiertos por el calzado por la superficie en la que restaba asentado, encimando las rodillas y manteniéndolas ligeramente recogidas. El placer se desparramaba por cada poro de su figura enviándole bruscas corrientes eléctricas que surcaban su baja espalda. ¿Dejarse morir a ellas? Aún era pronto para que el albino cantase victoria. Una de esas manos que le daban apoyo volvió a tomar posición en el juego y cómo ejecutó antaño, sus dedos acordonaron la muñeca de su proclamado antagonista en la cama y le obligó a retirar el revoltoso dedo de su interior, y es que aunque no gustase de admitirlo, si las caricias proseguían dándose no tardaría en darse las convulsiones típicas de un adolescente en su polución nocturna. –Te cortaré la mano si lo repites.- y seguro que el otro perdería encanto con un muñón por mano.

Volvió a darle una permisiva libertad a la prisionera y golpeó el suelo con la mano, asegurándose tenerla correctamente afianzada al igual que su gemela para pasar a alzar el trasero del frío suelo y entonces contraer los bíceps de ambos brazos para que de esa manera fueran la principal fuente de apoyo en ése momento que enervaba su real compostura del firme terreno, marcándose para entonces los músculos que parecían no existir debido a la delgadez de su composición, no hizo demasiados ademanes previos antes de menear la cintura de manera que cuan largo se encontraba en ese entonces se restregase contra las algodonadas mejillas del conejo, presionándose cerca del ojo foráneo obligándole a cerrarlo y provocándole socarrona sonrisa. –Vuelve dónde estabas.- pasó a eclipsar su mirada bajo el único párpado del que era poseedor y se dejó a las nuevas oleadas de placer. Ahhhh... Maldito fuera ése que tenía entre sus piernas. Entregado a las sensaciones que merodeaban su figura volvió a retomar sedentaria posición para poder tener movilidad plena para con brazos y manos, algo que quizás su infame compañero desearía blasfemar y es que con un movimiento tan rudimentario cómo todos los que hasta ahora había ejecutado sus manos aplanadas buscaron la nuca del hincado y ejecutó maquiavélica presión, su visión volvió a ser factible y fue cuando se centró en el modo en que estaba follándose esa boca hasta el límite impuesto por la anatomía. Atrayente, sugerente, ver cómo se hundía entorno esa fina comisura rosada e hinchada por la constante fricción le llevó a dar una embestida severa, tal fue la misma que el glande embistió más allá de la úvula adyacente, quedando entubado en la tráquea, el palpito de su erección en una zona tan estrecha logró arrancarle el primer jadeo. Ahhh... Más. Dios. Se mordió el labio y sus dedos tomaron con mayor vigor aquellas blanquecinas hebras, estirándolas a placer mientras los chorros de un caliente y espeso secreción seminal embadurnaban el húmedo órgano del amante.

La respiración del que había alcanzado el clímax con la práctica del prostituto estaba ahora alterada empero lo retorcido de su mueca no murió, tampoco lo hizo el repentino deseo que ése había despertado en él: Su culpa. ¿Cómo demonios se había atrevido siquiera a cruzar miradas con él?. Soltó su pelambrera con tanta fuerza de impacto que le mandó directo a las ropas que harían la función de cama e importándole más bien poco la caída del desgraciado gateó a en dirección a la malograda posición del contrario con lascivia ardiendo en ése único lucero suyo.





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Re: secret. } || Privado Aki. [+18]

Mensaje por Invitado el Jue Nov 07, 2013 5:48 pm

El dolor, la humillación, la brusquedad, el placer, formaban una exquisita solución que se disolvía en la ardiente garganta del conejo y que había logrado provocarle infinitos escalofríos de éxtasis, acentuados de pronto como una violenta opresión en su pene. Sus labios encendidos como una hoguera ante la fricción inhumana a la que habían sido expuestos, quemaban, siendo el portal de la oscura magia de UT, activándose y expandiéndose ante el estímulo adecuado.
Sin la menor contemplación, su cuerpo fue arrojado al suelo, amortiguado únicamente y sin mucho éxito por las ligeras prendas desperdigadas con anterioridad. Movió su boca, queriendo emitir un quejido, pero ningún sonido salió de esta; sólo luz. Un brillo sobrenatural, misterioso y extraño empezó a desprender aquella contaminada zona, repleta del blanquecino y viscoso esperma del alquimista. Su semilla caliente escurría lentamente por la tráquea maltrecha de Akira y aquel recorrido le flagelaba de una manera intensa e indescriptible, como si su carne fuera derritiéndose al contacto del ingrediente actuando ante la magia. Su columna se arqueó hacia atrás, mientras toda su fisonomía resplandecía como una corrupta estrella y cuando finalmente su bebida se fusionó con el destino impuesto por UT, la agonía cesó.
 
Sus párpados que antaño yacían fuertemente oprimidos ante la deliciosa tortura, se abrieron lentamente, percatándose de la lasciva mirada que permanecía fija en él y el bello cuerpo viril que le cubría, haciéndole sentir pequeño y sometido. Se relamió los labios, emitiendo una sonrisa de lado algo exhausta pero complacida, para recolectar el sabor de Magheq impregnado en su paladar. Sin embargo, a pesar de la dura contienda que había tenido lugar en su interior, aún no planeaba rendirse y dejar ese delicioso hombre a medio saborear. Estaba acostumbrado al dolor, le gustaba, le excitaba, y no iba a desaprovechar el empalme que todo aquello le había adjudicado.
 
Su mano diestra se ubicó con una delicadeza casi afectiva en la cervical de IV, a la vez que detallaba esos privilegiados rasgos faciales, atractivos y rústicos. La palma restante se posó sobre la cálida espalda del alquimista, más particularmente en uno de sus omóplatos, y empezó a descender con diligencia por aquella tersa y sugestiva piel; primero con cuidado, luego presionando más, pellizcando e incluso arañando de forma juguetona, hasta que se chocó con la tela del bóxer que todavía cubría parte de esa suculenta anatomía, calzada a la cintura por el trasero y bajo los testículos hacia adelante. Lo agarró con fiereza, casi con desprecio, y lo rasgó sin miramientos, liberando la tostada epidermis ya de cualquier rastro de vestidura. Una risilla lasciva rehuyó de sus labios, a la vez que apretaba con fuerza uno de los firmes glúteos desnudos, amasándolo entre sus dedos y enterrándole las uñas.
 
-¿Sabe bien follarse al primogénito de UT?... ¿Tan bien como me ha sabido a mí su leche?- le inquirió con una traviesa expresión, liberándole un pequeño dato sobre sí mismo como motivación especial para el alquimista vanidoso. Le besó numerosas veces la superficie de aquella intrigante venda, el parche que cubría más que un ojo vacío, el dolor de la traición, la frustración; toda negatividad de Magheq provenía de allí. Luego descendió por su rostro, rosando con una caricia sutil de su nariz a la opuesta, para acabar en sus labios, lamiéndolos con la rosada punta de su lengua. Finalmente se extendió hacia la oreja, restregando sus labios por la mejilla hasta dar con el lóbulo y capturarlo, mordiéndolo suavemente para pellizcarlo y después amasarlo con su lengua.
 
La mano zurda del conejo, que con anterioridad yacía en el trasero del hombre provisto de negra cabellera, mutó su ubicación con completa impunidad, trasladándose con soberbia y elegancia hacia la pelvis contraria, donde permitió a sus dedos rozar con deleite el pene erecto, largo y duro de su amante. Le rodeó con caricias ávidas, tallando su magnitud sin recatos y afianzándose cada vez más en torno a este, hasta que le posicionó entre sus piernas bien abiertas. Lo agarró esta vez con fuerza, con posesión y altanería, mientras una sonrisa lujuriosa se plantaba en su expresión. Frotó su ardiente entrada rosada con el glande hinchado de Magheq, y jadeó mientras se oprimía él mismo con levedad contra su ano aquel pedazo ansioso de carne, permitiéndole sentir las palpitantes contracciones desesperadas de esa frágil zona que le anhelaba. Presionó y sustrajo, presionó nuevamente y volvió a quitar, torturando a ambos en el proceso, con una perfecta muestra de sadismo y masoquismo. Finalmente soltó la cervical del alquimista y le empujó el pecho, despegándolo de sí mismo y echándolo un tanto hacia atrás para que se recargase en sus rodillas. Enseguida rebuscó entre su abrigo que yacía al lado de su rostro y cogió del bolsillo unas esposas que siempre le acompañaban para este tipo de encuentros, colocándoselas a sí mismo sin el menor titubeo o temor. Tras eso, extendió sus brazos hacia arriba de su cabeza y los dejó recostados con mansedumbre, mostrándose totalmente indefenso y entregado, al unísono en que le otorgaba plena vista y acceso a su torso -Ahora es su turno de darme placer, Magheq-sama. Póngala dentro de una buena vez- exigió, como antaño tantas veces le habían ordenado autoritariamente a él.
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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Sáb Nov 09, 2013 11:38 am

La luminiscencia que evocó el cuerpo del desconocido pero empedernido amante no fue desatendida por una mirada que no hizo más que mostrar evidente sorpresa, estoico en su posición de dominante. Ése que tenía bajo su poderío apestaba a Numan, no podía tratarse de ningún ser de aquellos que moraban la tierra, lo hubiera identificado antes que todo aquello se diera del modo en el que estaba dándose, el agónico martirizado parecía estar sufriendo, no obstante el espectador a pesar de tener prerrogativa de auxiliar no hizo ademán alguno de desear paliar con aquel mal pues el gesto de suplicio en ése gesto de marfil produjo una serie de reacciones en cadena que irguieron lo que se dio tregua tras la lechosa corrida en boca del contrario. No negaría que aquello había sido singular... ¿Qué no lo era en esas tierras alejadas de mano afable? Más tarde y bajo obligado arresto domiciliario le sometería a toda interpelación que considerase oportuna para saciarse, sin embargo una puntualizada información descargada a voz tenue logró beneficiarse de todo el interés del alquimista quién, con su único ojo procuró mirar al que ahora estaba con las manos inquietas, jugueteando por senderos peligrosos, besándole zonas que nadie hizo hasta ése día. Osado. Atrevido. Me gusta. A pesar de la sabida condición de prostituto ése se meneaba de manera sugerente, sin atender a las vulgaridades de las que ya estaba aclimatado, parecía no ser bien visto que los que ponían el culo por buena suma de dinero conservasen la estimulación sin gestos ordinarios y palabras que rayaban el aprobado en su diccionario.


Maldito fuera el juego que su antagonista produjo con su cuerpo. Le arrancó un jadeo y el latente deseo de penetrarle hasta que la verga le saliera por la boca y le reventase por dentro se le hizo cada vez una idea más adecuada... Pero si eran ciertas las palabras que éste sopló debía resguardar a tener más información antes que lo sádico terminase por follarse a un cadáver
Cuando se recobró del ligero empuje que le hizo quedar de rodillas y en lo que el conejo rebuscaba quién-sabía-qué entre sus ropas el alquimista aprovechó la ocasión para abordar el tierno cuello de ése que parecía no tener temor en dejarse a manos del Rey y Señor de Exules. –¿UT tiene descendencia?- muy a pesar de ser partidario de la doctrina que éste imponía no tenía bajo poder aquella información, aquella tan deliciosa y suculenta información. Casi tan sabrosa sería la información prestada cómo el pescuezo al que ahora dedicaba mordiscos de índole más bien juguetona y es que antes de morder definitivamente debía catar si aquello era de su gusto, enervó su único lucero y lo retorcido de una tosca y burda sonrisa amaneció en unos labios enrojecidos por la fricción.


Así que te va lo duro.- y por obvio quedaba que el detalle de las esposas en las finas muñecas de ése juguete suyo no pasaron por alto. Encorvó su posición y se coló entre las piernas del que ya las tenía abiertas ofreciéndole digno espectáculo que parecía fotocopiado de una de esas revistas que los menos retocados usaban para satisfacerse en solitario. Separó las piernas lo suficiente como para que sus muslos entrasen en contacto con las pantorrillas del animal cautivo


Guió su diestra hasta su propia envergadura y la empuñó desde la dura base dónde venas gruesas asomaban en medio del pálpito propio de la excitación, arrancándole más deseo del que la sola imagen del rendido otorgaba. Zurda tomó posición y sujetó las caderas del expuesto con imperativa. –Veamos si tu alardeo es infundido, conejo.- las palabras rebotaron sobre el humedecido cuello del foráneo mientras por su parte conducía su erecto a la rosada entrada. De los juegos previos ya se había encargado el otro en una tortura que le llevó a desear estocarle sin más y por ése mismo motivo no se anduvo con delicadeza a la hora de reclamar el espacio que en ése momento lo consideraba de eterna propiedad, ahogándse hasta que sus testículos golpearon con violencia la entrada en laque yacía sumergido. Terrible y sonoro de dicha brotó de sus labios. –Aahhhhhh...-

Intestino del albino pareció tragársela con gula, rodeándolo en un abrazo asfixiador y placentero que le hacía sentirse poderoso. Cómo serpiente reptando en terreno ya conocido colapsaba el interior del prostituto con acometidas que no hacían más que ir en aumento conforme se sumía en su propio placer, abandonando al que proseguía sujetando por las caderas. Cada nueva estocada implicaba que ambos cuerpos pujasen un par de centímetros hacia delante por la fuerza empleada, terminando incluso fuera del manto que les otorgaba las ropas desperdigadas. Abrió ése ojo suyo para contemplarle, para inspeccionar su glorioso gesto antes de que todo se tornase negro y volviera a atender únicamente a sus necesidades, a esas tan carnales cómo animales.






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Mensaje por Invitado el Dom Nov 10, 2013 1:38 am

Sus labios se fruncieron, reteniendo la blanca dentadura que se oprimía con fuerza abrupta en el interior de la cavidad bucal, al tiempo que aquella verga grande y rígida, enorme en comparación a su ano, se abría paso sin contemplaciones ni miramientos. Un indescriptiblemente delicioso dolor que caló por cada uno de sus rincones, ardiendo especialmente en su maltrecho intestino invadido por tremendo pene, que sin recato ni consideración, le embestía cada vez con mayor potencia, buscando a simple vista hundirse en el cuerpo del conejo hasta quedar abotonado. Sublime y magnífico contacto bestial que Akira no planeaba romper ni separar, ya que en el ámbito sexual dejaba de ser un demonio para convertirse en un animal.
 
La expresión de dolor que en los primeros segundos se calcó en su rostro, rápidamente se difuminó a medida que el falo avanzaba, y para cuando los testículos del alquimista chocaron contra sus glúteos, una sonrisa desquiciada y demencial inundaba la boca abierta del albino, quien no se reprimió un extenso pero sensual gemido, moderado y engalanado por el grave y a la vez sugerente timbre de su voz. Sabía dejarse expresar placer cuando era necesario, mas eso no descartaba que perfectamente conociera las formas de reprimirlo para alimentar la ansiedad ajena, para hipnotizar a sus amantes y volverlos adictos de cada una de esas pizcas de gloria que regalaba.
 
-Aaahhhh aaah ahhh M-Mag-Magheq...sa-ma- pronunció con dificultad, entrecortado por sensuales y tenues gemidos, mientras sus párpados permanecían cerrados y su columna echada hacia atrás, dejándose hacer mansamente, estocar como si la vida de su amante dependiera de ello. La fricción era deliciosa, intensa, profunda, pero todavía podía mejorar más, mucho más. Antes de que sus cabellos puros como la nieve rozaran la tierra sucia, extendió sus brazos hacia adelante, más específicamente pasando las esposas tras el cuello del morocho y dejando recostar la rígida cadena tras su cervical, la cual usó para apegarse completamente a su esbelta fisonomía y buscar su rostro hasta enfrentarlo. Le obsequió su semblante perlado por el sudor, los ojos entornados de gozo, cristalizados de placer, y sus jadeantes labios realizando obscenas respiraciones a la vez que intentaba vocalizar palabras.
 
-No alardeo... sólo promulgo la verdad- anunció con una sonrisa socarrona, besando la dulce boca del opuesto -Usted resultó muy obediente nnngh- continuó, comprimiendo sus gemidos -Y este justo conejo le recompensará- impartió tras ello una última lamida a los labios del alquimista. Seguidamente le abordó con agilidad, empujándolo con destreza para tirarlo de espaldas a la tierra áspera, cayendo en seco y saliendo de sus adentros de forma burda; lo que arrancó un jadeo excitado al albino. -Si el niño bonito se porta bien, este lindo conejo responderá a todas sus dudas... pero más tarde- especificó, relamiéndose con anhelo y agarrándose a las rodillas flexionadas de Magheq para así descender en torno a ese duro pene que le esperaba, calzándolo salvajemente en su goteante entrada que escurría los líquidos del miembro contrario. Bajó con tanta o más altanería que las anteriores embestidas impartidas, enterrándose la polla de su amante de una manera tan ruin que prácticamente sintió como si su ano se agrietara en dos. -¡Aaaaaaaaaah!- echó la cabeza hacia atrás, librando un gemido gutural y placentero, agudo, totalmente excitado por tan exquisita estimulación agónica.
 
No se detuvo un sólo segundo de más, a pesar de que aquella intrusión inesperada por su anatomía le había dejado el trasero encendido y tembloroso. Entre los espasmos de éxtasis y agobio, su entrada se contraía y dilataba sin cansancio, ahorcando la verga entre sus piernas con tanta fuerza como si de una mano estranguladora se tratara. -Es tan genial nnnf aaah... Ma-Mag...- frunció el entrecejo, perturbado por los latidos de su propio pene, a la vez que apoyaba sus palmas sobre el abdomen de IV para mover con destacada diligencia sus caderas, de forma circular para abarcar cada espacio de su caliente interior. Primero comenzó lento pero profundo, frunciendo sus nalgas durante el íntimo vaivén. Hacia arriba, hacia abajo, otra vez arriba y de nuevo hasta el fondo, hasta chocar de forma seca contra esos hinchados testículos. Aún así quería más y más y más hasta perder la razón.
 
Cogió de las muñecas al alquimista y le jaló con una expresión lasciva plasmada en el rostro sonrojado por el calor. Le abrazó posesivo y frotó su mejilla contra la ajena, jadeando en su oído, rozando delicadamente su labio inferior por la base del lóbulo suave de la oreja de Magheq. Estaba tan caliente, tan húmedo, tan sexy. Se mordió la boca de forma insinuante, sintiéndose desmedidamente afortunado y aumentando progresivamente el ajetreo de sus caderas a uno más veloz y violento. -Aaaah e-esta noche... te dejaré seco- y tras dictaminar la condena del inmortal, descendió ávidamente con su lengua por el cuello viril hasta enterrar sus dientes en un lateral y succionar con tanta gula como si de un vampiro se tratase, aunque claramente, lo de secarlo no había sido apuntando precisamente a la sangre.
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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Dom Nov 10, 2013 1:08 pm

Estaba envuelto en una cruel espiral de placer indescriptible, maldito fuere el cuerpo de ése demonio que le tenía absorbido. Maldita fuera la cadena de aquellas esposas que le laceraban la nuca en cada frenético movimiento de caderas. Aahhh... Maldito fuera el que le brindaba un túnel dónde deshacerse de los recuerdos que venía arrastrando a la llegada de ése parque: Sexo. Se lo tomaría cómo una nueva medicina.
Ahora espalda contra el suelo, un gruñido por su parte, palabras del otro. Ahhh... Aquello estaba volviéndole loco. Había perdido la cuenta de los culos empalados desde que abandonó los brazos de lo único conocido como hogar, sin embargo, bien fuere por las contracciones de ése maravilloso y estrecho recto o por habilidosos movimientos llenos de sensualidad de Akira aquello estaba convirtiéndole en una bestia sedienta de experimentar más. Más. Mucho más.

El despiadado y brutal de las finas caderas del albino lograron que el de cabellera oscura coreara un gemido en pos al gesto, gratificándolo con aquel gutural sonido que le desgarró la garganta y excitó más si cabía. Ahogo se instauro en una caja torácica que luchaba por volver a llevar un soplo a los pulmones. –Aaaahhhh... sin... sin duda... pagaría por esto.- llevó las manos hacia el delgado cuerpo sudoroso que lidiaba por ensartarse duro trozo de carne chorreante en fluidos pero muñecas fueron capturadas, él mismo fue preso de un abrazo de índole posesiva, pero estaba tan caliente que en ése momento de hárbeselo pedido hasta le hubiere recitado versos de amor sólo con seguir clavándosela. Húmedo sendero percibió, estaba creándose en su cuello, en una piel ya marcada por el sudor. Mierda. Aquello le dejaría marca, demasiado rudo. Maldito conejo... Plasmó las manos en la espalda en comparación más delicada a la de la que él era dueño y le arrimó cuanto pudo a su cuerpo, la proporción de sus dedos abiertos y la tenue separación de las manos consiguieron abarcar prácticamente toda la espalda del que tenia encima, logrando así su cometido de mantenerle preso contras sí.

Aquello estaba perdiéndole, ahogándole. Lo hinchado de sus testículos era golpeado en cada nuevo vaivén y el esfínter se contraía deliciosamente cuando al otro le apetecía beneficiarle con una descarga extra del condenado placer. En cada nueva entrada a ése angosto interior los anillos musculares de tan estrecho conducto se abrían para él, contrayéndose y relajándose de manera constante, estaba llegando, estaba llegando a las puertas del infierno por segunda vez. Su expresión se tensó, sus labios se tensaron y su espalda se arqueó mínimamente, aguantándose el deseo de llenar ése prieto trasero de su semilla. –Aaahhh... joddeer..-

Su propio movimiento comenzó a tornarse verdaderamente voraz, rápido, psicótico, ya dejaría de contener la bestia que Akira pretendió dominar al retenerle bajo su perfecto y sensual cuerpo distrayéndole con las técnicas de todo un experto en materia: Había llegado su turno de devolverle el favor. Aprovechándole abrazado movió el cuerpo ajeno de manera que éste quedase totalmente oprimido contra el suyo, pecho contra pecho, sudor ya mezclado, latidos compartidos. Todo se unió como lo que restaba en el bajo vientre de ambos. Su diestra descendió por la sudorosa extensión del cuerpo que proseguía insertando y le agarró con violencia una nalga, abriéndosela al compás que su polla bombeaba con mayor vigor, acelerando el proceso de entrada y ya reculando con menos frecuencia para valerse únicamente del empuje, rozando con el glande la próstata de su esclavizado.

-Mmmmh...- calor, éxtasis. El portón del infierno se abrió para él cuando en una de las tremendas sacudidas no pudo soportar la presión que el conejo hacía sobre sus ya inflamados testículos y así su leche salió con fuerza de la pequeña uretra, que se dilató para dar paso a un chorro espeso y contundente de su lechosa extensión, una que bañó el cálido interior que tan burdamente le acogió en un abrazo que le ahogó hasta la muerte terrenal y es que en ése momento yacía lejos de ahí. Tierra no era su paradero, mente en blanco, mano diestra flagelando la nalga agarrada mediante la presión de unos dedos embadurnados en locura transitoria y zurda apresando la espalda del animal para evitar que escapase de sus garras y recibiera todo lo que tenía que entregarle, digno de un animal en época de celo.

Pero apresarle no era suficiente, para que caliente líquido llegase dónde el animal que nublaba su mente deseaba meneó las caderas a pesar de sentirse ahogado para ayudar a que el líquido atravesase lo debido de ése delgado cuerpo. Un par de sacudidas fueron las que le dedicó antes de emitir un ronco jadeo y detenerse. Suduroso y con las rodillas temblándole las manos soltaron la almidonada carne de su víctima nocturna, expresión de júbilo adornaba ahora su semblante. -Nada mal.- victoreó, relamiéndose los labios y abriendo ése ojo que restó apagado durante el proceso de liberación de esperma.





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Re: secret. } || Privado Aki. [+18]

Mensaje por Invitado el Dom Nov 10, 2013 4:01 pm

La expresión victoriosa de su rostro, turbada en proporciones similares ante el placer y la satisfacción, se afianzó a medida que era aferrado cada vez con mayor ahínco por IV. Su sensibilizada y húmeda piel nívea ardía ante el tacto ajeno oprimiéndole. Le gustaba que mostrase así su deseo, que le tomara, que le intentase dominar y reclamar como suyo. El sentimiento de sentirse anhelado por alguna razón, le fascinaba. Se dejó hacer sin oponer ni el más leve obstáculo, a la vez que correspondía y gemía ya sin contenerse. Aguantar ritmo tan salvaje le era agotador, pero también muy productivo, y recargarse uno en el otro facilitaba soportar la intensidad de tan hambrientas embestidas. Magheq estaba perdido, su expresión lo demostraba y esta misma capturaba la entera adicción de Akira, queriendo robar todas sus expresiones como trofeo personal.
 
Al instante en que su nalga fue apresada por esas poderosas manos, un jadeo huyó de sus húmedos labios y supo que el opuesto realmente estaba en su límite. Sonrió, relamiéndose y frunciendo sus glúteos para apretarle tortuosamente, a la vez que se predisponía sin ninguna objeción a ser rellenado. Sin duda alguna, el alquimista había colaborado en su misión tan generosamente como para aportar esperma por sí mismo y todos sus hermanos. Una risilla escapó ante ese pensamiento, sujetando con fuerza la espalda de Magheq y enarcando la columna abruptamente. Su voz se cortó de repente y toda su anatomía tembló, plagada de exquisitos cosquilleos desquiciantes, capaces de cortarle el oxígeno completamente. Justo en ese instante, su propio semen salió disparado y manchó así tanto los torsos como los rostros de ambos. Regados de blanquecina sustancia que formaba erótica máscara, el amante que se ubicaba empotrado en Aki, no tardó en correrse de igual forma pero en sus adentros, rellenándolo violentamente. El agitado conejo cuyo pecho bombeaba sin descanso, subiendo y bajando en tortuoso frenesí, recibió gustoso la leche caliente e invasora, gimiendo agudo, aferrado a su dueño.
 
Abandonó sus fuerzas un instante, recostándose plenamente en el fuerte alquimista y oliendo el aroma a orgasmo que le rodeaba. Tras poco más que minutos, se restableció y sonriendo con pacífico semblante atractivo y seguro, posó ambas manos en el pecho del morocho, conduciéndole el torso discretamente al suelo casi sin necesidad de esfuerzo. Se agarró entonces a los cabellos de Magheq y se recargó en él para limpiar los restos de su semen que bañaban tan lindo rostro. Le lamió sin rodeos las mejillas, la frente, barbilla, mentón, incluso labios y nariz con extrema delicadeza y lentitud, tratándole como a una frágil pieza de cristal a punto de sucumbir. Luego se apoyó en el suelo para descender con una mirada lujuriosa, dando un recorrido exhaustivo por la anatomía contraria -Uish, aún falta mucho que limpiar por aquí- pronunció con sonrisa socarrona, disponiéndose a degustar un nuevo sector de piel.
Paseó su lengua de forma juguetona y circular por la aureola del pezón derecho, disfrutando de tan agraciada textura y sabor; y sin titubeo alguno, capturó de forma muy sutil la tetilla entre sus dientes, pellizcándola y estirándola. Cuando esta llegó a su límite y se soltó, regresando bruscamente a su sitio, enrojecida, Aki la enroscó en su lengua, frotándola lascivamente y cerrando sus labios en torno a la aludida, a la vez que mamaba como si realmente fuese a exprimir algo de ella.
 
Nuevamente se reclinó casi completamente sobre el moreno, esbozando una sonrisa de lado y frotándosele con parsimonia, con recato, eróticamente; friccionando sus pezones contra los opuestos y su pene sobre el paralelo. Cogió luego una hoja entre sus dedos de la mano diestra y la transformó en una pastilla que acercó a los labios de Magheq y la insertó en estos, la cual había convertido en un potente afrodisiaco usado en los infiernos durante sus oscuros sabbats -Veamos qué tan cierta es la resistencia de los alquimistas- le retó, tomándole por el mentón y alzándoselo con altivez, mientras observaba la esbelta marca rojiza en su cuello -Le voy a exprimir todo el jugo a estos lindos testículos como si fueran simples limones, y si sobrevive a mis encantos, le daré mi conocimiento, mi lealtad y más de este poder que contiene mi cuerpo y comparte con el suyo en cada estocada...- sonrió ladino y besó los labios del alquimista, hundiéndole la pastilla con su lengua en la garganta para luego separarse nuevamente -En mi cuerpo se encuentra fusionado el grimorio de mi padre. Poder, magia y conocimientos más allá de los que su cerebro pueda acumular... y los suficientes para reducir a cenizas a todos los alquimistas- sus ojos brillaron con perversión, resaltando ante el mismo destello oscuro que yacía en la mirada ajena. -¿Cuánto más poder puede contener este humano cuerpo suyo de prestada inmortalidad?- se enderezó, yaciendo sentado sobre el abdomen de IV para alzar las caderas y recargarse hacia atrás, llevando el trasero adelante para dejar una amplia vista por demás libidinosa de su entrada completamente llena de esperma. La semilla del rey de Tenebris comenzaba a descender y verterse sobre el vientre de su propio dueño, mientras Aki cerraba los párpados y jadeaba con recaudo, sintiendo sus mejillas arder de placer y temblando suavemente -Considéreme una ofrenda de mi padre por su magnífico desempeño... desempeño que espero sea tan deslumbrante en todos los aspectos- acotó, intentando sonreír con esa típica perversión suya que se veía turbada ante el deseo, al unísono en que dos de sus dígitos ingresaban en el propio ano empapado, bloqueando en su interior la semilla del alquimista y moviéndose lentamente para deleite público.
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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Lun Nov 11, 2013 9:28 am

Como buen sometido no esperó por un imperante mandato: evacuó lo salpicado en esperma con la lengua entre roces, besos, lametones. Inducido por el constante contoneo generado por ése otro su mirada apuntó al que ahora recaía sobre su pecho, entretenido con una de sus tetillas erizadas y enrojecida por el roce constante al que era sometida. Poco más que una pelambrera tan blanca cómo la nieve distinguió, pero antes de proclamar ser observado éste se alzó con una sonrisa recatada, erótica. Estaba seguro que esas técnicas amorosas con las que contaba tan suculento conejo eran las menester para embaucar a cualquier Numan en el que ése esclavo postrase los ojos, abrió comisura para procurarse de osadía con un par de vocablos pero la misma fue interceptada por su compañero y algo se introdujo en la misma. La redondeada forma de la pastilla se escurrió en su garganta cuando la lengua ajena así se lo dictaminó. –Podría partirte el culo igual con o sin la mierda que acabas de darme.- la visión del alquimista se centró en el dilatado trasero que estaba ofreciéndole provocadora escena, su esperma chorreaba en esa palpitante entrada, la misma que hacia a duras penas un par de minutos se encargó de rellenar. –Pero si tanta información resguarda tú cuerpo...- dedos en ése ano y la masturbación depravada del que tenía encima torcieron la sonrisa del rey. –... lo resquebrajaré hasta que sueltes todo lo que tengas que decirme.- no iba a desperdiciar tamaña oferta. Saberle propietario del conocimiento menester para terminar con el imperio construido por I era suficiente motivo cómo para desear rasgarle el ano y hacerle gritar una a una las recetas del triunfo. Hijo de UT, el maldito hijo de UT estaba ahí provocándole de distintas maneras y no contento con el revolcón inicial demandaba por más. –¿Tanto te ha gustado qué ahora no deseas dejarme escapar sin que vuelva a darte?- socarrón se llevó una mano a su propia polla, estaba tan o más dura que un maldito tronco: La pastilla sin lugar a dudas hizo temprana reacción en su fisonomía, poco acostumbrada a lo químico cuando al sexo se refería.

Se soltó su trozo de carne y se enervó lo suficiente como para clavar los codos sobre el suelo. Aquella posición ya había sido todo lo aprovechada que se pudo y el follaje del paraje junto a las piedras del camino estaban ya incordiándole en demasía, por consiguiente habló con la voz firme y segura al que estaba con los dedos metidos en el recto. –Escúrrete hacia abajo.- esperó a que éste acatase la orden y terminó sentado frente al pervertido animal que esa fría noche le deseaba hacer compañía hasta que le partiera el recto en dos y deslizó ambas manos hacia las redondeadas posaderas de éste, alzándoselas, prensándolas fuerte entre movimientos obtusos y firmes. Aprovechándose del agarre le obligó a cortar las distancias, arrastrándole hacia él y la dureza de lo suyo chocó contra el fino vientre de quién le acompañaba, recibiendo a su vez el tembloroso mástil de ése contra sí. Sonrió maquiavélico antes de alzar una mano diestra y cómo quién imparte castigo a un infame, su palma abierta impactó contra la redondeada extensión de piel desnuda dejando allí el distintivo de sus dedos como estigma que haría preludio a lo que acontecería, pero la primera nalgada no fue la única, a aquella le siguió una segunda, asegurándose macabra huella en esa piel que ya le había recibido con anterioridad.

Ejecutado el segundo golpe su mano se mantuvo en la escaldada zona y masajeó con gula. –Tendré que enseñarte a hablar cuando se te diga.- la siniestra de la que era propietario rodó desde la nalga sana hasta el muslo flexionado del conejo, con dedos estirados pudo ser capaz de encerrar totalmente aquella extremidad entre la misma, pero tras un par de roces y de bruscas caricias su mano vagó hasta el pene de su compañero, extensión que aún no se había dignado a tocar. Era su turno de tantear, obnubilado por el creciente palpito entre lo que creía entre sus piernas no fue especialmente delicado a la hora de bajarle el revestimiento al glande, tirando de la fina piel sobrante en un gesto tan violento que incluso creó cierta tensión en el erecto. No supo si aquello fue doliente o no, tampoco se molestaría en preguntar.

Empuñó lo palpitante de aquello y se inició una masturbación que de sosegada no podía conjeturar. La utilizada palma se movía con rudeza, envolviéndole entero y asegurándose que en todo momento el glande de éste apuntase directamente contra su vientre, añadiendo un plus a la caricia, y era el roce de su propio abdomen contra la enrojecida y húmeda cabeza de la polla sujeta. Ignoraba si se podía uno tornar adicto a un cuerpo, pero de ser así posiblemente invisibles cadenas del más férreo metal estaban engarzándole al maldito prostituto. Exhibió pericia en el agasajo que estaba brindándole a pesar de que la condenada droga estuviera obligándole a ser urgido en gestos, no sólo bordeaba en su integridad la carne, también se encargaba de que la misma recibiera la caricia desde la base hasta que él mismo se hundía la punta en el vientre para seguir torturando al tiranizado por manos bruscas.





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Mensaje por Invitado el Lun Nov 11, 2013 10:16 pm

Su blanca y delicada piel fue encendida en la zona posterior ante las potentes nalgadas recibidas. Lejos de sentirse ofendido o quizás humillado, aquellos azotes, la expresión altanera y la sonrisa maliciosa de su amante que constantemente tiraba de las cuerdas del orgullo, le provocaron mucho más que quejidos agudos y una mueca de éxtasis reprimido. Aún así no sobreactuó ni pidió que la brutalidad continuara, prefería regalarle la falsa imagen de verle sometido, aunque era al revés. Lentamente, diestramente, Akira iba tomando pleno control sobre los instintos y deseos más oscuros del rey de Tenebris Exules.
 
Una corriente eléctrica de infinito placer le recorrió la columna y se extendió por cada rincón de su ser, quemando sus venas y capilares hasta salir disparada de su anatomía mediante un alarido agudo y entrecortado. Sus rodillas temblaron, incluso sus glúteos se sintieron gelatinosos ante la abrupta y salvaje masturbación prestada por su amante. ¿De verdad IV le estaba tocando? ¿Ocupándose personalmente de darle placer y no simplemente obtenerlo? Aquella actitud inesperada robó una sutil sonrisa de los labios del demonio, quien había dejado caer pesadamente su frente sobre el hombro ajeno, totalmente turbado y encerrado en una peligrosa espiral de gozo y dolor.
Tieso durante algunos minutos, jadeó frente al pectoral izquierdo del alquimista, dejando salir su aliento caliente sin obstáculos y chocar contra el pezón erguido del moreno. Sus inhalaciones bucales eran profundas, sonoras, como si su agonía se hallara al alcance de la propia vista. Arrastró el trasero hacia adelante, reposando sus piernas encima de las contrarias y punzando de forma perforante el ombligo de su enfrentado con su palpitante y rígido pene, en cuya superficie empezaban a marcarse varias delgadas y tenues venas. Alzó entonces su cabeza con parsimonia, con lentitud y sensualidad, ejecutando un suave vaivén que rodeó el cuello de Magheq con ese aire ardiente que desprendía la pequeña nariz del conejo, hasta llegar a frenarse cara a cara, mirada a mirada.
 
Los radiantes ojos de Aki, rojos como las llamas del infierno, se lucían cristalinos por el rebosante éxtasis que le embargaba, entumeciendo todo su frágil cuerpo. Se veía totalmente quebradizo por primera vez y sólo se limitó durante los primeros minutos a clavar sus misteriosas pupilas en las contrarias. Sus presas muñecas se elevaron, arribando la diestra con ventaja y sosteniendo casi con ternura una mejilla del oscuro hombre, para luego unir su otra palma con la mitad restante del agraciado rostro. Sus pulgares juguetones e infantiles acariciaron dulcemente un corto radio de piel que yacía al alcance de sus yemas -Tóqueme, pruébeme, saboréeme, dáñeme- susurró sobre los labios de su amante, capturando con delicia el inferior extranjero entre los suyos, succionándolo con recato -Ciertamente me gusta, me inspira, me atrae- introdujo su lengua en la otra boca, impartiendo un ávido recorrido -Soy un artista sexual y parece que he encontrado mi musa- sonrió de lado, esbozando una expresión pervertida y jovial, traviesa.
 
Rompió entonces el contacto con una de las mejillas para agarrar las pollas de ambos y masturbarlas juntas, meneando con elegancia sus caderas para colaborar en la tarea de su experta palma que tallaba con precisión las rígidas extensiones. Su mano restante jugueteó con las finas hebras últimas de esa cabellera, rascando el comienzo de la nuca con suavidad, como si tratase con un felino.
Luego se dejó caer al suelo, observando con una sonrisa suplicante y pervertida a su compañero, mientras se giraba de lado, quedando reclinado sobre su costado izquierdo y elevando su pierna diestra hasta apoyarla sobre el firme hombro de Magheq, creando un ángulo con sus extremidades en el que ofrecía un más que delicioso panorama de sus zonas mayormente íntimas, calientes y desesperadas.
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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Jue Nov 14, 2013 7:44 am

El extenuado beso dispensado por desinteresada comisura volcó en él un extraño sentimiento de compasión. Origen de la droga engullida, quizá fuera por la tersura poco acostumbrada del amante a pesar de alojarse en temperamento más bien hostil, ése maldito descendiente de UT parecía descifrar cada vuelco interno del que era poseedor con mero roce de palma desnuda y sabía usufructuar el don para tenerlo en una especie de sumisión huraña. Luchador empedernido cómo era procuraba no dejar destellos de endeblez en medio de la lucha de aquellos órganos húmedos. La pasión acrecentaba al unísono que la envergadura de su polla.

Ambas extensiones palpitantes fueron meneadas por la mano experta, arrancándole tirana sonrisa que enmarcó una faz sumida en la ansia. Cuan canalla era ése de piel tersa, sabía de sus cualidades y las explotaba para rendir a los que caían en su sabrosa red, misma en la que fingiría estar enganchado para beneficiárselo tantas veces cómo su mundano cuerpo resistiera.
-Me encargaré de que en tus noches de soledad recuerdes el día de hoy y te toques con mi recuerdo.- masculló ante la provocativa escena propiciada por su grato acompañante y es que la posición ejercida por esa pierna le dejaba un recodo digno de ser observado con la mayor de las perversiones. Palpitante entrada parecía estar llamándole angustioso, deseoso de volver a ser rellenado por su extensión que ya estaba predispuesta a volver a embestirle sin acopio de compasión por el cuerpo tembloroso que tenía bajo su yugo. Toscos dedos envolvieron parte de la rodilla de aquella extendida hacia su hombro para mantenerla firme en su lugar, la otra la ocupó en afirmar la cadera del conejo para evitar que pujase el cuerpo y huyera de su deplorable destino: El de ser estocado por férrea barra de carne, una que siquiera precisaría ser guiada al estar endurecida en su mayor esplendor, se sabía el camino y le demostraría hasta que punto le provocaba.

Como manto oscuro dispuesto a cubrir el tembloroso cuerpo del foráneo el suyo se hizo hacia delante y no tuvo más que menear la cadera para que su ardiente polla se encarase a lo que con anterioridad ya le tragó. –Grita, quiero que te desgarres las cuerdas con mi nombre.- habló sobre el muslo de éste, entretenido en olisquear el aroma a sexo que escurría entre sus piernas, pero no divagó más. Su pene entró sin resistencia y de una firme estocada en el intestino del albino. Fue una sacudida diligente, directa. –Ahh...- ahora no sólo tenía mayor rango de obertura debido a la separación impuesta de esas piernas, también podía apreciar el movimiento de ése cuerpo ladeado y dejado a los más retorcidos deseos del activo. Cada firme embestida conseguía que el delgado cuerpo del demonio se agitándose cómo si se tratase de una hoja que bailaba junto a un torrente de viento feroz.

El sudor escurría por su espalda creando zigzagueantes caminos sobre una piel erizada por el deseo, perlado en lo cristalino las gotas que se aglomeraban en las puntas de sus oscuras hebras caían cómo fina lluvia sobre el cuerpo al que estaba insertándose sin compasión, la rudeza estaba determinada ahora. No podía parar. No quería parar. Manos que ocupaban la piel del acompañante en aquella fría noche hicieron una presión exagerada en las zonas que ocupaban llegando a abrir la tersa piel foránea en mencionado agarre, sus uñas se embadurnaron en el carmesí derramado en las nacientes heridas y fue el aroma a esa extraña mezcla de vítae con inmortalidad lo que nubló la visión real de ése mundo al mismísimo rey de la oscuridad.

La venda de la lujuria cubría todo rastrojo de cordura que el dañado emocional y físicamente pudiera aún albergar y si bien las embestidas eran ya insondables las que llegaron a continuación parecían desear llegar a la mismísima tráquea del conejo, insertándose con una fuerza desmedida en el trémulo cuerpo que agarraba cómo si no fuera más que un muñeco al que poder ejercer cómo gustase sin temores a ser sermoneado.





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Re: secret. } || Privado Aki. [+18]

Mensaje por Invitado el Sáb Nov 16, 2013 11:18 am

Hubo ansiado responder con su típica osadía a todas las palabras dedicadas por el alquimista, mas cualquier frase estuvo de sobra cuando esa potente y violenta polla le invadió con tremenda fiereza. Cumpliendo involuntariamente con el pedido realizado por ese hombre desquiciado de placer, su columna se torció hacia atrás como si buscase una forma de adquirir suficiente oxígeno que restableciese sus pulmones -¡Aaaaaaaahhhhhh!- gemido agudo, intenso y sonoro escapó de los finos labios elegantes, zumbando en el solitario páramo helado, cuyos cuerpos ardientes eran incapaces de interpretar. Ese salvajismo que el contrario no escatimaba, encendió en el conejo una lujuria desbordante, asfixiante, y sus innumerables gemidos se desencadenaron sin contención alguna. Debió clavar sus dígitos sobre la reseca tierra, lastimando estos mismos y todo rastro de anatomía que era salvajemente agitado sobre aludida superficie. Párpados firmemente cerrados, acompañando insana expresión lasciva, eran el fiel índice que expresaba su dolor, turbación y excitación inhumanas.
 
Múltiples corrientes electrizantes de delicioso placer envolvían su fisonomía y le arrancaban fogosos jadeos, incluso el aliento. Sentía que su ano se agrietaría ante tales estocadas, pero su más desquiciado masoquismo aún así aclamaba por más. El hombre que no se lucía por su cautela y le perforaba inclemente, despertaba progresivamente en Akira oscuros deseos de devolverle sus favores, de ejecutar en él cada uno de sus cuantiosos fetiches y tras acabar el macabro juego, yacer ambos deliciosamente destruidos, como simples fieras que se devoran entre sí. Con socarrona sonrisa y tal pensamiento vagando por su nublado raciocinio escabulló su trasero al momento de una de esas tantas embestidas y agarró con firmeza el glande de Magheq para detenerlo –Calma, mi querido y oscuro rey- mencionó con voz entrecortada por el faltante oxígeno y entonces sus esposas desaparecieron, adoptando la forma de un largo listón de cuero negro que se enroscó rápidamente por el pene del gobernante de Tenebris, ahorcando su falo e incluso enroscando con despiadada tensión sus testículos, bloqueando cualquier posibilidad ajena de eyacular a la vez que le torturaba –Le sienta realmente bien, Señor- comentó con encanto, acariciando juguetonamente el glande del contrario con las yemas de sus dedos –Va a estar difícil que la noche me encuentre en soledad algún día, así que su deseo no va a poder concretarse- sonrió con perversión y un atisbo de malicia destellante en sus entornados ojos, decorados magníficamente por sus bellas pestañas platinadas –Más aún, lamento informarle que voy a tener que castigarlo- anunció, esbozando una fingida expresión triste con respecto a las sangrantes heridas, mientras se arrodillaba junto a Magheq, de espaldas a él y afirmando su ardiente y maltratada espalda sobre el firme pecho transpirado y viril, dejando su cuello expuesto a la respiración contraria y alzando sus brazos para rodearle la cabeza y bajarla hasta este con sensualidad.
 
Meneó las caderas, rozando con sus prietas nalgas la dura polla que ahora yacía entre sus piernas pasando por debajo de sus huevos y asomando hacia adelante. Gimió extasiado, sobreactuando, recostando la cabeza hacia atrás sobre el masculino hombro de IV, a la vez que contraía y dilataba sus glúteos, pellizcando traviesa y peligrosamente la carne caliente bajo él. Se deslizaba por esa palpitante envergadura seguramente adolorida y estimulada, frotándole en un perturbador y ruin vaivén suave, sugerente, hacia adelante y atrás, una y otra vez hasta tomar el suficiente impulso para soltar al morocho semental y dejarse caer un tanto lejos sobre la tierra nuevamente. Sus rodillas percudidas y castigadas se enrojecieron al instante, temblando suavemente y manteniendo su trasero alzado, completamente expuesto. Sus codos se flexionaron, trasmitiendo el punto de apoyo que antes yacía en sus manos, hasta la mejilla diestra que pacíficamente, mansamente, se recostó en el terreno, ladeando el rostro hacia un costado de su hombro que le permitiera observar con expresión pervertida, altiva y juguetona a su víctima –Ande, demuéstreme el poder de Tenebris Exules, cójame hasta perder la consciencia y gratifíqueme de una buena vez con palabras correspondientes y bien merecidas, por supuesto. Este conejo, sabe usted, no ofrece servicios completos y especiales de forma gratuita y si quiere darme otro poco de su leche, pues… ya va siendo hora de que pague- sonrió engreído, separando las piernas y ampliando la provocativa visión de esa anhelante entrada. Jugar con fuego siempre había su afición.
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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Lun Nov 18, 2013 8:48 am

La aflicción de lo apoderado por el cuero resarció en regocijo, viéndose obligado a evocar sus más bajas pasiones bajo el yugo de un látigo que le tuvo cautivo el tiempo menester para reincidir en juicios sexuales totalmente inaceptables por el resto de entidades con mínima conciencia y respeto por la supervivencia ajena. Encamarse era para los poetas formar vida desde el amor, para los adolescentes un vivir de nuevas experiencias. No obstante, para él compartir el roce de su polla era la ambición por placer, por el propio y codiciado orgasmo. El contoneo del condenado conejo creó tortura en el erguido preso, quién sediento del conducto ya mojado palpitó entorno el nudo captor enviándole corrientes de insana desesperación por las posaderas que parecían disfrutar torturándole. Exasperado emitió gruñido gutural que le hizo vibrar las cuerdas vocales con fuerza: Primera advertencia para su inquieto plato de comida.

Trémulo cuerpo quedó arrodillado sobre el frío paraje que envolvía esos cuerpos insaciables y el Rey de Exules esbozó una tétrica sonrisa antes de llevarse las manos a la propia entrepierna sin despegar mirada del palpitante ano que estaba ofreciéndose de tan desvergonzada manera. –Lamento recordar que no propino con dinero a los que me sacian.- desenroscó el oscuro cuerpo del látigo de su propia erección y leche caliente se escurrió por la uretra, empinándose aún más, engordándose todavía más, embadurnándose de su propio y amargo líquido pre-seminal. –Pero soy un Rey benevolente y sé apreciar trabajo bien hecho, por ello se te recompensará con bienes carnales.- ahora era él quién empuñaba la vara, sosteniéndola desde su empuñadura y enroscando el chasqueador entorno su propia muñeca para tensar el cuerpo del objeto. –Si te comportas, se te buscará para futuros trueques.- órgano rosado y húmedo del que era poseedor se deslizó por lo tirante del cuero, lamiéndolo con descaro, gesto acabó rápido pues no era lo deseado deleitar al ajeno con vistas. Lo pretendido era rendirlo a su templanza con un castigo burdo por lo que logró consigo cuando le imposibilitó la eyaculación. Barrió distancias entre ambos, avanzando su flexionada rodilla izquierda hacia delante, conforme camino entre ellos menguaban morocho rotó la muñeca para desligarse del objeto que le daba posición de poder.

La ya lacerada entrada al intestino de su contraparte provocó tamaña sonrisa en el semblante retorcido del poseedor del arma. Hizo alarde de su habilidad a la hora de empuñar katana y movió el látigo con soltura entre sus dígitos, encarando ahora esa empuñadura de cuero trenzado sobre una barra de hierro y plomo hacia lo palpitante de Aki, por su parte sostuvo aquello por la correa de mayor grosor para saberlo firme al ejercer. Sacudida firme y la dureza del látigo se clavó en el recto del albino, siendo acechado por retorcida y lujuriosa mirada de quién ahora juraba tener el control. –Debo entender que te gusta jugar de manera rudimentaria, conejo.- no sabía aún el nombre, pero tampoco era ya relevante. Todo cuanto necesitaba de ése cuerpo yacía ocupado por el látigo. Retiró el juguete de lo profundo de aquellas entrañas, más no hizo que desapareciera la presión ejercida en el conducto, manteniéndolo penetrado. -Así te ves bien.- a burla y escarnio sonó su voz mientras su siniestra se deslizaba por la espalda del tembloroso hasta lograr alcanzar la nuca del mismo, atrapando lo fino de sus hebras. En un arrebato le obligó a hacer hacia atrás la cabeza en una posición casi fatal para el sometido, forzándole a restar con la cabeza apuntando el oscuro cielo. Y mientras aquella posición lideraba su mano tomó el ritmo que antaño tuvieron sus caderas, ejerciendo un vaivén que ganaba fuerza en cada nueva arremetida, aunque esta vez no era lo caliente de la extensión de su cuerpo lo allí enterrado supo disfrutar del dolor impartido hasta el punto de llegar al clímax sin siquiera infundirse a sí mismo una sola caricia. -Aaahh... ah...- La lefa salió tras ostentoso sonido, salpicando a su declarado antagonista el muslo derecho junto a la pantorrilla.





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Mensaje por Invitado el Mar Nov 19, 2013 1:06 pm

El ceño del propietario de aquel mancillado cuerpo níveo y seductor se encontraba ahora fruncido, en clara mueca de molestia y frustración. Definitivamente era goloso y quería más que un simple látigo, pero por encima de aquello, le incordiaba el hecho de que los eventos no se dieran tal y como él los había planeado; especialmente cuando estaba completamente seguro de que así sería, como su mente divagó minutos antes. Los párpados cerrados con fuerza se negaban a abrirse y dirigirle un poco de atención a su antagonista sexual, mientras sus labios reducían los gemidos y únicamente procuraban liberar los indispensables e incontenibles, resarcidos con jadeos agobiados. Clara encaprichada faceta del conejo blanco perduró hasta el instante en que su aparejado compañero de aventuras se corrió con simpleza sobre su tersa piel.

Bufó con pesadez, dando un golpe a aquel juguete y mandándolo a volar en el instante provechoso de distracción. A continuación se dejó caer sobre el suelo reseco y poco agradable, empeorando su humor. El sudor pegaba la tierra a su bella fisonomía, otorgándole un aspecto de niño rico que había sido abandonado y reducido a simple y sucio mendigo. Cansado pero más aún enojado, respiraba agitado. Su pecho subía y bajaba, allí tirado, aún erecto y anhelante. Infló los mofletes como si de un crío a quien le quitan un dulce se tratara, dedicándole una mirada desaprobadora a IV –Te falta técnica, aún te queda mucho que aprender, monarquita. Los juguetes son sólo eso, entretenimiento para los juegos previos, pero a estas alturas a un buen amante no se le sacia con algo tan simple- le replicó, mandando al demonio las formalidades esta vez, mientras en su expresión se dibujaba una sonrisa perversa y lujuriosa -Yo quería que te lo dejaras puesto, se te veía tan bien- se reincorporó, gateando hasta el aludido y enderezándose a medida que sus traviesas manos ascendían por el torso del alquimista, perfilando sus abdominales sutiles hasta llegar a los pectorales, donde sus dedos índices recorrieron las aureolas de los pezones circularmente en un fugaz jugueteo -Quería que con ese dolor latente y tan sugestivo, la metieras bien adentro hasta reventar de ganas por eyacular y yo deleitarme con el grosor de tu pene más la textura del cuero y tu excitante expresión- confesó sin el menor rodeo, apostando todo, jugando con fuego como siempre.
 
Agarró los renegridos cabellos lacios del rey de Exules y arrancó unas finas hebras de un preciso jalón, transformándolas en unas vendas que utilizó para cubrirle los ojos y atarlas tras su nuca. Sonriendo con malicia y lascivia, cogió la envergadura ancha de carne caliente que condecoraba al monarca tirano y apretándola violentamente, le empujó hacia atrás como si de una estocada con un sable se tratara. En cuanto la espalda del contrario contactó a la tierra de ese tétrico escenario que les albergaba, Aki se abalanzó sobre él. Besó su mejilla, sus labios y mordió estos últimos -Espero que esta boca tan altanera sepa hacer más que mofarse y sentenciar- sonrisa ladina y voz sensual galardonaron la insinuante frase y sin perder un minuto de más, el demonio se giró ciento ochenta grados, ubicando su rostro frente a la polla ajena, mientras se agarraba de los muslos contrarios y frotaba su rosado glande húmedo por los labios de Magheq, sazonándolos con una fina capa de sus fluidos.
 
-Qué increíble... cómo una pequeña proporción del cuerpo humano puede ser tan poderosa y frágil, tan lacerante y a la vez un punto débil... capaz de dominar voluntades o hacer flaquear la propia- habló con una expresión socarrona, mientras sus manos aferradas al falo con gula, subían y bajaban en movimientos envolventes e intensos. Repitió el adictivo procedimiento un par de veces y luego apartó los dígitos de una palma, dirigiéndolos a los testículos del alquimista para darles la merecida atención.
Se relamió, entornando sus lujuriosos ojos rojizos y luego dirigió su pequeña lengua rosada hasta el glande de su amante, recorriéndolo con delicadeza, dando algunas vueltas alrededor y luego alzándose para dejar verter un fino hilillo de saliva por la uretra. Hincó de nuevo la cabeza al poco rato y succionó con altivez, con deseo, adueñándose de aquel pedazo de carne inquieto que tanto le estaba gustando.
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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Miér Nov 20, 2013 3:02 am

Por más pueril que pudiera dar a pensar su acción, sus labios se torcieron en mueca disconforme cuando el conejo le arrebató preciado juguete. Una mirada de recelo bastó para evidenciar que no compartía en absoluto las palabras dichas por el que se vestía con las ropas de la maestría en temario sexual. No hubo ningún tipo de oposición ni rechazo hacia el cuerpo adyacente cuando este demolió las distancias con un gateo tan sensual que lo etiquetó mentalmente de demoniaco, pero si venía marcando en su gesto la irritación provocada por términos en los que discrepaba de manera rotunda, tajante. Se mordió viperina lengua por primera vez en toda la velada, se encontraba demasiado caliente como para rendir diferencias en su estado. Las ganas de rebatirle no eran tan mayúsculas como el de volver a perforarle, por ello proclamaría callada paz hasta ver saciada sus más bajas pasiones, una vez saciada el hambre de su entrepierna se las ingeniaría para retomar el rumbo de aquella conversación.

Punzante dolor en la coronilla fue el cambio justo a los pelos que el otro le sustrajo para crear el vendaje que cubrió el único ojo que le permitía visibilidad, empero antes de poder sancionarle severo empujón le envío al suelo una vez más y él gruñó en protesta, para entonces ya sentía el candente cuerpo del amante sobre el suyo, reclamando lugar. –¿Se puede saber qué...?- Oh... No hizo falta sentencia para adivinar la posición en la que se encontraban ahora.
De manera inconsciente su lengua marchó por lo reseco de una boca abordada sin piedad por lo palpitante de una erección que lubricaba lo que él mismo intentó mojar de un modo poco certero. Refregón descarado fue el primero que recibió por parte de lo humedecido de aquel pedazo de carne deseosa de más, creando película transparente de fluidos agrios al gusto del que ahora abría la boca lo suficiente como para recuperar aliento tras el golpe propinado contra el suelo.

Bajo el vendaje el párpado del gobernador de Exules se cerró a causa de la ola de placer provocada por la inquieta boca que nada tardó en engullirle. Asomó la lengua de dónde yacía y el primer roce para con el prepucio de su amante de aquella ocasión logró darse, aunque de manera invertida a cómo estaba acostumbrado a ejecutarlas no le resultó desagradable, así que repitió el roce una segunda vez. Repasó con la lengua la zona enrojecida y húmeda, arrebatándole el sabor, el líquido que de ahí surgía, subiendo después hasta la zona inguinal, resiguiendo cada forma y contorno hasta que por la posición no logró subir más. jadeó sobre éste. Su aroma le golpeaba con fuerza, aturdiéndole como nada era capaz de hacerlo. El mecanismo era sencillo. Su lengua recorría la erección de éste una y otra vez hasta dónde los límites de la posición le permitían. Tantas fueron las lamidas impartidas que sintió su lengua adormecerse por lo repetitivo de su propia acción, luego abrió la boca y quién le recibió en un apretado abrazo fue la cara interna de sus mejillas, atrapándole con deseo, con anhelo. Su cabeza subió su posición un poco más, internándose hasta la campanilla esa erección, envolviéndola con la lengua al tiempo que succionaba de manera cada vez más intensa, buscando la liberación adyacente. El poder de aquella droga aún le tenía envuelto en el éxtasis del deseo y no había manera de contentarse. No con semejante cuerpo a su más retorcida disposición.

Su cuerpo no obstante buscó también ser atendido y sus caderas se contornearon contra la boca que le tenía preso en busca de una atención más certera, más profunda. Sonido gutural quedó estancado en una gola atragantada por lo erecto del amante. La posición en la que yacían se le antojaba incómoda, para colmo su visión estaba vetada. Más tal era el deseo que proseguía inscrito en su cansado cuerpo mundano que no dudó en menearse contra esa boca a pesar de la repercusión que la osadía pudiera costarle. Sudorosa nuca volvió a la tierra que de tan buena gana acogía a ambos amantes y soltándole la polla procuró abastecerse del aire que pareció faltarle durante la felación.





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Mensaje por Invitado el Jue Nov 21, 2013 4:13 pm

Sus dedos temblaron en torno al pene que sostenía en cuanto la boca de Magheq se dispuso a corresponderlo con atención y cordialidad. Aquella mansedumbre sinceramente le había tomado por sorpresa, turbándole en demasía. Lengua ancha e impúdica le recorría con el mismo descaro con que él había comenzado el lujurioso juego. Cada lamida habilidosa le robaba amplias bocanadas de aire y exigía a sus pulmones más de la cuenta. El pecho agitado le subía y bajaba ávidamente, intentando obtener aire suficiente para llenar sus dilatados pulmones. En el recorrido lascivo de sus labios húmedos, ocupados de mojar con su saliva la extensión del rey, cuantiosos gemidos agudos se ahogaban contra la cándida piel palpitante que yacía bajo su yugo.
 
Refregaba elocuente boca por el falo de su amante, bajando con parsimonia, cerrando sus carnosos labios ardientes e hinchados por la fricción en torno a la verga dura y ansiosa. Succionaba, masajeaba y pellizcaba de manera cuidadosa, lenta y enervante a la polla que se alzaba con firmeza desde su mano. Una y otra vez repitió el morboso procedimiento, abarcando cada espacio hasta que finalmente reincidió en la cima, engullendo el glande suavemente y apresándolo de forma traviesa entre sus dientes, mientras ocupaba su lengua para realizar caricias circulares y vivaces alrededor de la uretra, donde la saliva se acumulaba y chorreaba hacia el resto de la extensión.
 
Se agarró fuerte de la base, con posesión y prepotencia para chupar, para mamar con fuerza y anhelo, el suficiente para hundir sus mejillas en torno a la salvaje felación; y sin pausar aquella recolección desmedida de fluidos extranjeros y saliva propia, empezó a embutir en su garganta toda la inmensa extensión de Magheq, cobijándola en su cavidad bucal y arropándola con su músculo. Fue a mitad de dicho camino al cielo que percibió en su propia entrepierna la misma introducción. Se ahogó un poco ante los escalofríos de placer que le invadieron plenamente, generándole un intenso temblor desde los pies hasta la cabeza, dejando sus piernas gelatinosas y sus manos sin pulso. Ante la tos imposible de ser librada, mordió con leve fuerza el pene que llenaba su boca, pero enseguida se repuso, paseando la lengua por la zona afectada para amortiguar el vil ataque.
 
Su propio miembro latía como la vagina de una virgen del viejo mundo, hinchado, luciendo enormes venas moradas decorativas que expresaban con nitidez la impasible eyaculación que pugnaba por salir disparada. A la vez que su boca retomaba su tarea, mamando la polla de Magheq con pasión, emitiendo un vaivén intenso y brusco, alternado con movimientos suaves a ciertas instancias para retardar el semen contrario hasta el final, aprovechó los jadeos asfixiados del alquimista para volver a invadirle con su níveo pene, bellamente rosado en la punta, y de una buena vez correrse poderosamente en el interior, llenándole hasta la garganta con su esperma demoníaco. Sus músculos se tensaron y temblaron durante algunos instantes, mientras descargas de placer se vaciaban por su uretra, abandonando un cansado y sudoroso cuerpo perfecto. Cerró los párpados, agobiado, quitando de su boca la verga de Magheq para respirar mejor y lamerle levemente la base, mientras amasaba sus testículos, apaciguando el ritmo para prolongar el orgasmo contrario.
 

Sonrisa socarrona y lasciva se estableció en sus labios entonces, relamiéndose de manera seductora y movilizando su trasero hasta ubicar su palpitante entrada frente a los labios del rey. No pasaron más que apenas minutos hasta que nuevamente el pene del morocho fue colocado en la boca del albino y las manos que antaño se proclamaban dueñas de sus testículos, se encaminaron a la baja espalda de Akira, donde sujetaron sus glúteos en dócil demostración de entrega, liberando y ampliando el acceso a su ansioso ano que suplicaba por conectarse con tan sublimes labios.
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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Vie Nov 22, 2013 6:16 am

Abundante y espeso esperma ocluyó al que lo recibió pues la faringe del alquimista fue torpe a la hora de engullir tal cantidad de aquello expulsado por el clímax de su antagonista, no esperándose la lechosa llegada que abrasó el conducto que unía boca y estomago. Dejó de mamar en el mismo instante en el que su paladar se vio saturado por el potente sabor del demonio: Salado. Amargo. Ácido. Mezcla de sabores se expandió en su sistema e incluso olfato etiquetándolo cómo único. Maldito... Oh sí, maldito fuera todo él.

Empero lejos del torrente de esencia que se vio impuesto a tragar su propio placer rompía en esos momentos los finos hilos entre realidad y ficción. ¿Cuándo? ¿Cuándo había gozado de esa manera? Los incompetentes que le ofrecían las posaderas en solitarias noches no podían compararse con el saber hacer del condenado que le chupaba la polla cómo si no hubiera mañana, a éste que tenía entre las piernas no le haría falta ser desprovisto de algún miembro para la entretención del alquimista, suficiente era tenerlo contoneando caderas para su placer y beneplácito. Además incluso tosco gobernador sería incapaz de dañar esa belleza, de destrozar lo que a la vista ya le provocaba potente erección. Exhaló con fuerza, aquello estaba volviéndole más loco, más imprudente en cuanto a lo que pudiera acontecer entre aquellos que se la jugaban sin la protección que el sexo precisaba, pero para la nublada y excitada mente de IV, aquello en esos momentos eran pequeñeces que solventaría llegado el momento.

Polla blanquecina fue retirada de su boca, no por gusto sino por gesto del otro, dejándole con la garganta y los sentidos bañados en ése condenado aroma. Abrió entonces los párpados para procurar tener una mejor perspectiva de la realidad encontrándose con el perfecto y redondeado trasero que con anterioridad ya hubo perforado. Ése fruncido ano se exhibía arrogante frente a ojos quebrados por el deleite de tan caliente escena. Manotazo certero contra una de aquellas dóciles que se sujetaban una nalga y la mano del alquimista ocupó el lugar de aquella retirada con brusquedad, separándole la porción de carne de manera grosera, exhibiéndose para propio deleite la rosada entrada que daba paso al dichoso conducto. Sonrió de manera retorcida y empinó la cadera para llevar su propia herramienta hasta la mismísima campanilla del que aún la tenía en la boca. –Suplica.- la calentura estaba agobiándole, condenada pastilla la tragada. No podía parar. No quería hacerlo.

Encaró su sinhueso rosada frente aquella entrada que se dilataba frente a su desquiciada mirada, propinándole lamidas superficiales llevándose consigo su propio sabor. Nalgueó con fuerza ése blanco trasero y la marca de sus dígitos se quedó permanente en la voluminosa extensión lo que arrancó carcajada del tiran. –Mis marcas te quedan bien, conejo.- aseguró, sin despegar a duras penas un par de centímetros la boca de ése ano para admirar su obra en forma de hendidura roja. Sonrió retorcido y volvió a la tarea enmendada y esta vez sin hacer acopio a la timidez, amorró la boca en dirección al recto del albino.

Su lengua pareció ansiosa y es que sin volver a perfilar la zona se introdujo tras severa estocada en el interior de aquello ya anteriormente penetrado por una parte de su anatomía y aunque la lengua no llegó tan lejos supo moverla con maestría para rozar toda terminación nerviosa que estuviera a su alcance, sabiéndolo suyo y certero cuando escuchaba los sonidos evocados en labios contrarios. Era la primera vez que practicaba aquello para con una de sus víctimas, pero aquello era algo que por ahora escondería de su estimado esclavo. Fue tal el gusto que le proporcionó el verse con la lengua hundida en ése paraje que su envergadura creció en la boca del que de un modo u otro tomó en posesión, las moradas venas se enmarcaron imperantes entorno al falo y las vibraciones avecinaron nueva corrida de un mortal que estaba consumiéndose... En placer. En corridas. En sudor. En deseo.





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Re: secret. } || Privado Aki. [+18]

Mensaje por Invitado el Lun Nov 25, 2013 12:26 am

Para cuando la corrida del rey de Exules invadió la garganta del conejo por segunda ocasión, esta se encontraba adolorida y enrojecida por culpa de las constantes y descuidadas embestidas que ese miembro aplicaba sin compasión. Se apartó rápidamente, tosiendo y tragando con cierta dificultad, intentando recomponerse con prontitud para no demostrar flaqueza, a pesar de su complicada situación. Múltiples e infinitas corrientes de placer turbaban su fisonomía, haciéndolo temblar desde los pies hasta la cabeza y clavar las uñas sobre los muslos de Magheq. Esa lengua que el contrario invertía en su entrada, excavando en lo profundo de su cándido interior, sencillamente le estaba enloqueciendo. Un gemido agudo huyó de sus labios húmedos ante un roce más lascivo que todos los prestados e inevitablemente se echó hacia atrás, buscando recolectar el suficiente aire, mientras se aferraba a lo que sus dígitos lograron alcanzar: los firmes hombros del alquimista sudado.
 
-Aaaah... Más... nnngaaah, más, más- no pidió como le había sido encomendado, sino más bien exigió, hundido en la desesperación. Su cabeza caía hacia atrás y su boca permanecía abierta de par en par, emitiendo una lujuriosa melodía compuesta por jadeos y diversos tipos de exclamaciones de placer. Músculos tensos no impedían que las caderas se menearan, cooperando con los movimientos de la lengua contraria para profundizar la húmeda conexión. Las blanquecinas piernas delgadas, por su parte, se removían lentamente en torno al pene que yacía en medio, alzado, completamente erecto e hinchado, masturbándose a sí mismo con la zona interna de los muslos; sin embargo, lo inevitable no se hizo esperar demasiado. -¡AAAAhhh! ¡A-Ahí!... ¡Ahí, Magheq!- un fuego abrasador le derritió las células como si de sus partes más íntimas hubiese brotado lava ardiente. El miembro viril del albino vibró, escupiendo su esperma de forma violenta hacia arriba, cayendo en dicha dirección y luego regresando por la fuerza gravitacional para impactar con el torso níveo y hermoso de Akira. El viscoso líquido del que era propietario decoró sus pectorales, rosados pezones e incluso ombligo, empezando a chorrear hacia abajo hasta caer algunas gotas sobre la anatomía que lo sostenía.
 
Se apartó de una buena vez, quitando su trasero de la cara de IV y desplomándose más arriba, sin importarle ya la suciedad de la tierra, piedras o ramaje del seco jardín hibernal. Sus ojos sólo contemplaban nubarrones grises que para él significaban el paraíso. Esa experiencia sin duda alguna había sido catalogada como "celestial" y "sublime". Ya su cuerpo había agotado fuerzas, estaba seco realmente, casi al punto de perder la razón. Definitivamente por un instante creyó que podría despertarle una adicción ese tipo de sexo, pero logró mantener la consciencia. -Eso ha estado sensacional, mi estimado señor- pronunció con dificultad, entrecortado por las bocanadas de aire que exhalaban sus labios, intentando recomponer a los asfixiados pulmones. Su pecho se alzaba y descendía de manera violenta, agitada. Deseaba descansar al menos por un par de horas, pero aún así se continuó esforzando y se arrastró por el suelo lo suficiente para extender su brazo hasta su chaqueta que reposaba a un lado y sacar del bolsillo una elegante tarjeta de presentación donde figuraban algunos datos de relevancia para el profesional: "Aki -White Rabbit-. Artista sexual // Zona residencial V.I.P de Patriam Libidinis".
 
-Akira, ese es mi nombre y su premio por tan buena sesión- le comunicó al rey, depositándole la tarjeta en la boca -Estaré siempre a su servicio, mi lord- se enderezó con dificultad y demasiada exigencia, empezando a sentir las secuelas en su baja espalda -Ahora si me disculpa, este lindo demonio debe ir a comprarse atavíos nuevos- esbozó un rápido y sugerente guiño hacia el que yacía tirado en el suelo. Seguidamente extendió sus brazos y su cuerpo se transformó en el de un majestuoso dragón blanco -Le estaré esperando- musitó y alzó vuelo rumbo a su hogar en el oscuro firmamento, completamente seguro de que tarde o temprano aquel hermoso hombre regresaría a sus brazos, buscando refugio y poder.
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Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Vie Nov 29, 2013 5:43 pm

Las indicaciones por parte del contrario eran claras, precisas, imperantes y tal era el nivel de calentura que fue incapaz de revocar ninguna de las mismas, acatándolas y haciéndolas factibles, siendo especialmente dedicado en las zonas dónde el otro parecía desear mayor ímpetu por su parte. Su lengua recorría la extensión dónde anteriormente estuvo profanando con el miembro siendo ahora conocedor de cómo doblegar la voluntad foránea con un par de lamidas bien impartidas ahí, justo dónde los gritos del conejo se hacían más anhelantes, más sordos. Empero el agotamiento era ya sobrecogedor para el que procuró satisfacerse a sí mismo en todo sentido y cuando el esperma del otro evidencio otra corrida su mente pareció desear descanso, de hecho su psique quedó en un segundo plano dónde a duras penas era capaz de sentir más que el ahogo, el placer, el calor atormentándole.

Le supo estirado cerca... más tan siquiera fue consciente del movimiento adyacente, concentrándose única y exclusivamente en ser capaz de respirar por cuenta propia sin ahogarse, algo verdaderamente costoso debido a todo lo que acababa de acontecer. Hacía siglos... siglos que no disfrutaba tanto en compañía de otro hombre. Siglos sin probar de verdad lo que era el buen sexo y el disfrute en su máximo esplendor sin tener que recurrir a técnicas de mutilación para procurar adornar la insulsa escena que solían otorgarle los que con él se encamaban. Aquello había sido... sensacional y únicamente por ése motivo dejaría partir sin atentar contra su vida al que de tan buen modo le hubo hecho gemir del más puro placer. No merecía castigo de ningún tipo pues la enmienda de llevarle al cielo con orgasmos hubo sido realizada con el más puro éxito, estaba realmente satisfecho y no sólo eso, también se hallaba totalmente agotado y aturdido tras el ejercicio. La droga que fue obligado a tragar parecía que por fin arreciaba en su torrente sanguíneo y de cualquier forma, ya no había nada que pudiera expulsar, sus testículos estaban ya vacios, incluso parecían flácidos ahora tras tan buena sesión de placer.

Tenía la boca entreabierta para asegurarse tomar aire de manera más o menos pausada, no fue consciente que el otro comenzó a moverse hasta que la misma fue cubierta por lo que, supo, era un trozo de cartón plastificado. Gruñó entonces y ése único ojo suyo buscó al causante de aquello, encontrándose no únicamente con ése espectacular cuerpo desnudo, si no también con una indecente proposición que no olvidaría: Le iría a buscar tarde o temprano para cobrárselas por haberle rendido al pecado y le haría tenderse de rodillas para suplicar por su pedazo de carne, sin embargo, ahora estaba demasiado agotado para decir nada. Sopló y la tarjeta se hizo hacia un costado de su cuerpo en un vuelo lento y pausado, la despedida fue fría: Mejor, no gustaba lidiar con aquellos que insistían en citas, cenas o abrazos. Éste vino a darle placer y tal y cómo se lo dio... Se fue. Observó aún estirado sobre el suelo como aquel dragón emprendía el vuelo. Desnudo, agotado. Ahora, solo, el frío pareció arreciar contra él y por inercia se encogió sobre su cuerpo, trémulo en un comienzo. Se había olvidado que se encontraba en medio de la nada, carente de cualquier fuente de calor.

Se puso en pie como pudo, pues aún tenía las piernas temblorosas, agarró sus ropas y... La tarjeta. Fue una sonrisa socarrona lo que apareció en lo pérfido de su comisura cuando leyó “Artista sexual”: No. Akira se equivocaba. Era mucho más que eso. Un mero artista no arrancaría el júbilo y el gozo que obtuvo de él, en absoluto. Introdujo la mencionada dentro de cualquier lugar dónde poder resguardarla empero a duras penas ejecutó aquello un fuerte estornudo y otro temblor le hizo vibrar: Frío. Condenado fuera.

Arrastró su desnuda fisonomía por el paraje, poniéndose las ropas casi con pereza. Pronto. Estaba convencido de que pronto volvería a dar con ése conejo.


TEMA CERRADO.





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