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I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

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I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Jue Oct 31, 2013 7:17 pm



I CURSE AGAIN AND AGAIN THE GHOSTS

"Magheq" IV. Kahlfuss ||  Flash back antes de los sucesos en el Navis. Los alquimistas se localizan en Estados Unidos


El tic, tac del reloj seguía sonando. Y los jóvenes entre diez y once años se encontraban rodeados de la mayoría de adolecentes y adultos de la casa. El albino quien se encontraba al fondo de la sala hurgando su nariz y con su espada agarrada a su otra mano se encontraba realmente aburrido porque I había salido y los había dejado a ellos solos. Les había prohibido la salida a IX, III e incluso a II por cuidar al resto que se encontraba en la casa. Esa noche muchos niños se encerraban temprano porque al parecer era la noche de los muertos, 1 de noviembre, si no estaba mal. Pero al albino ese tipo de cosas les traía sin cuidado. Primero porque era una tontería y segundo porque ya estaba bastante grandecito como para creer en los Sand y sus usuarios. Esa noche marcaban las diez de la noche y todos se encontraban en la sala hablando entre ellos o solamente estaban matando el tiempo.

Chicos, ¿quieren escuchar una historia?, esta me la conto un buen amigo mío —la voz de IX calo en los oídos de todos. Los más grandes se acercaron al mayor ya que para ellos sus historias eran bastante interesantes, pero para el contrario del albino eran aburridas. Y conociendo a IX no era absolutamente nada bueno que las contara, los más pequeños dudaron en acercarse pero VI e incluso VII se acercaron solo por curiosidad, el menor soltó un suspiro de sus labios y cerro sus ojos apoyándose en su espalda —. Comienza de esta forma…

Una sombra débil se reflejaba sobre la vitrina del comedor. No hacía falta ser muy listo para ver que era un comedor atípico. Sus cajoneras y estantes metálicos estaban herrumbrados y corroídos por el paso del tiempo, o tal vez por su excesivo uso. Pero centrémonos en la sombra...aquella maldita sombra.

Tendríamos que remontarnos 2 años para saber que pasó en aquel comedor, extraño sin duda y algo oscuro. Allí vivió un hombre, precario, tímido, sin amigos, y con una obsesión, su muerte. Tendría unos 35 años, no recuerdo bien, pero de lo que sí que me acuerdo es de su silla de ruedas, vieja y oxidada.

Aquel extraño hombre no podía andar, debido a un accidente de tráfico que le costó la pierna, un hierro le atravesó el muslo que no tardó en gangrenarse.

Se pasaba las horas delante de su vitrina de cristal, mirándola y observándola, como si de ella fuera a salir algún movimiento, pero nunca paso nada.

Un día su obsesión llego a un extremo y tomando uno de los trozos de cristal de la vitrina que tanto admiraba se degolló.

Ahora 2 años después, su cuerpo sigue tendido sobre su silla, observando aquella vitrina y produciendo una sombra, pequeña, pero maldita sombra, la cual se va acercando a cualquiera que la observe, tomando de nuevo aquel cristal roto, y… degollándote


El grito del albino se escucho en toda la sala, los más pequeños giraron a ver al chico que estaba azul, verde e incluso de otros colores en la esquina de la sala, este trago seco y se levanto dándose la vuelta, para ignorar la vista de la mayoría de los alquimistas, algunos con una sonrisa burlona y otros de sorpresa; ya que para el albino no había nada que le asustase — ¿Gintoki? —pregunto con curiosidad III, el albino giro suavemente su rostro —. Lo siento… fue una pesadilla —mintió. Su cuerpo se movía como si estuviese metalizado; y cuando salió de la sala comenzó a correr hacia su habitación pero al pasar por la cocina se congelo totalmente Eso no existe… solo fue una estúpida historia de IX, no puede ser verdad… no puede ser…, giro lentamente su rostro hacia la ventana de la cocina escuchando está siendo rasgada, su grito quedo ahogado en su garganta y su corazón comenzó a latir rápidamente.

Apretó fuertemente su espada y la saco, sus manos estaban temblando y sus piernas dieron un paso hacia atrás No es un fantasma, no es un fantasma, no es n fantasma, la sombra se volvió más grande y su espada cayó al suelo, y sintió que su cuerpo caía al suelo —. ¡Lo siento! ¡Soy un niño bueno! ¡No me vuelvo a comer los dulces de los chicos y no hago llorar más a VI ni a VII! —dijo tratando de pedir disculpas mientras agachaba su cabeza —. ¡E incluso no le vuelvo a robar los dulces que padre le trae a IV! —grito, casi ahogándose levantado su mirada al notar unos zapatos reconocidos, cuando sus ojos rojos notaron la mirada del ajeno sus labios se formaron en una pequeña sonrisa temblorosa — ¿Mag-chan?... —susurro.





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Re: I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Jue Oct 31, 2013 8:12 pm

10 años. Años con los que se instauró rebeldía en el más pequeño de todos los alquimistas. Todos estaban reunidos en la sala más grande del lugar a petición de I, quién esa noche no restaría con ellos. Todos los primero de Noviembre se recibía la noche con pavor e incluso inquietud, Padre se lo explicó años atrás: Esa noche se celebraba y recordaba a quienes habían perecido, según tenía entendido, en la tierra de dónde creía que venía (Japón) la gente encendía un farolillo para guiar las almas de aquellos a quienes recordaban, empero en Estados Unidos, lugar en que ahora se encontraban, los niños salían a la calle en busca de dulces asustando a los adultos que les habrían las puertas. Todos estaban en la sala, sí, todos estaban sumergiéndose en las historias de IX , era a fin de cuentas de los que mejor sabía cómo retener la atención de su público y a su vez, los que mejor transmitía las historias al resto, empatizándolas con fervor. Todos excepto él.

Estaba vestido con un yukata masculino, el pantalón se adhería a su cintura gracias a un grueso obi de color blanco, hakama entablillado oscuro que no le cubría los tobillos y un yukata de amplias mangas era cuanto vestía su cuerpo pre-adolescente. Se encontraba en el jardín del vecino, el que tenía en la parte de atrás de uno de sus frutos pre-dilectos. Finos dedos se alargaron en dirección al dango: Sonaría estúpido pero le recordaban horriblemente al albino, su sabor le traía a los recuerdos de ése día compartido hacia ya varios años. No recordaba las palabras con exactitud, tampoco qué hacían allí, pero si era la sonrisa de V la que le atravesaba el pensamiento cuando su paladar rozaba el dulce de esa fruta. El frío le hizo retractarse de su escapada y bien sabía que el lugar más fiable para adentrarse sin ser visto sería el mismo por el cual salió: La ventana de la cocina. Esta ya estaría medio abierta, preparada especialmente por y para él. Dango en mano y satisfecho de haber realizado su pequeña y secreta travesura diaria se debatió con la ventana: Atascada. Rasgó de la misma para procurar alzarla, consiguiéndolo al poco y escurriéndose de ése modo por la misma sin demasiada dificultad: Su cuerpo era pequeño, ágil.

La voz de un suplicante albino que no paraba de hablar atropellado casi consiguió enviarle de vuelta al suelo pero éste no pareció saber quién era, no mientras rebelaba cosas de aquella índole. Guardó a la espera de una mejora por parte del foráneo y así se hizo. Incluso... Le había reconocido. Torció los labios, quería inquirirle sobre lo referente a los dulces pero observó cómo esos labios temblaban. –¿Estás bien?- diez años... Pero incluso en momentos en los que debería asustarse sonaba sereno, tranquilo, serio incluso. Doblegó las rodillas en busca de quedar a una altura similar a la que ahora se encontraba Gintoki e hizo una inicial introinspección: No parecía herido. Suspiró... Oh, creía que sabía por dónde le vendría el albino, así que se adelantó a éste mientras volvía a alzarse. –¿El degollado?- cuando tenía cuatro o cinco años IX se la contó, empero únicamente consiguió que el pequeño relatase toda una serie de estrategias para acabar con ése destino, tal fue la frustración del rubio y las risas de I, que éste no volvió a intentar inducirle miedo mediante historias.

Tendió su palma derecha, serio, tranquilo. –¿Vamos a dar una vuelta? Te irá bien el frío en la cara.- el jardín era lo suficientemente amplio cómo para que la oscuridad reinase en cualquier paraje, pareció meditar sobre aquello y añadió. –Llevaré de esos farolillos que nos regaló III.- supuso que tal vez con luz y una ligera vuelta lejos de IX éste lograría despejar la mente.





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Re: I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Jue Oct 31, 2013 8:42 pm

Miro la palma ajena y frunciendo el ceño la golpeo levantándose y tomando su espalda para alejarse de él frunciendo un poco el ceño, de todos los niños ¿Por qué él? Bueno aunque hubiera preferido que hubiese sido mil veces el que aquel sujeto de la historia de terror, aspiro una cantidad de aire hasta que sus pulmones estuvieran completamente llenos y guardo de nuevo la espalda en la vaina, mientras la colocaba a un lado de su cuerpo mirando al ajeno. Esa noche Gin solo portaba su típica yukata de color azul, por lo cual miro al ajeno con curiosidad y asintió, aunque tenía terror no lo iba a mostrar delante de él —. Pero no podemos salir sin el permiso de IX o II, eso fue lo que dijo padre —menciono abrazándose a sí mismo, mientras miraba la espada que estaba en su mano y amplio una pequeña sonrisa —. Espérame aquí, Mag-chan —menciono corriendo hacia las habitaciones.

Al estar en una casa más o menos grande las habitaciones también lo eran. Abrió lentamente la puerta de su habitación y busco en sus cosas los maniquí que tenia III para la muestra de su arte, mientras los ocultaba en la cama de los dos niños y le colocaba las pelucas que le había regalado II para él día anterior. El pequeño acomodo su espada en la cama suya y amplio una sonrisa, mientras salía de la habitación; pasando de nuevo con cuidado por la sala donde seguía escuchando la voz de IX — ¡El está detrás de ti! —su piel se puso azul, amarilla, roja y verde y pego una carrera de donde estaba hasta la cocina escondiéndose detrás de la gran mesa de madera temblando y maldiciéndose por haber escuchado lo que el mayor estaba diciendo, comenzó a soplar suavemente sus manos mientras seguía con terror en sus venas y su piel seguía erizándose —. Mag-chan… es una mala idea salir tan tarde… digo… algo puede aparecer atrás de nosotros, y si padre regresa… y nos regaña… —su respiración era agitada mientras sujetaba suavemente su mano mientras se levantaba temblando y mirando hacia todas partes.

Estoy en la cocina ¿cierto? se pregunto mentalmente mirando hacia todas partes No hay nada, no hay nada, no hay nada, se repetía mentalmente caminando tesamente, una pierna hacia adelante y el brazo del otro lado se movía y se repetía el mismo movimiento. Se escuchaba como si su cuerpo estuviera des configurado mientras maldecía mentalmente todas esas historias que estaba contando IX. Miro por donde el ajeno estaba saliendo, y trago seco mientras miraba hacia todas partes subiéndose para salir por la puerta de la ventana, cuando sus piernas cayeron en el suelo levanto la vista observando como unas ramas golpeaban la ventana. El chico tomo temblorosamente la mano del menor ocultándose detrás de él colocando sus manos en sus hombros —. No creas… no creas que tengo miedo… esto es… esto es por protección… para ti… —susurraba temblando, mirando hacia todas partes pero sin atreverse a mirar hacia atrás. El albino trago seco, y sus piernas se movían hacia adelante evadiendo cualquier cosa que para él diera miedo.

Llevaban caminando un buen rato por el jardín, o eso era lo que el pequeño albino pensaba; ya que no reconocía el lugar por donde estaban caminando. Miro para todas partes abrazándose más al pequeño de cabellos morados, sintiendo sus mejillas sonrojadas por el miedo y el corazón queriendo salir por su boca —. ¿Dónde?... ¿Dónde estamos? —pregunto con su mirada un poco temblorosa, y ocultándose más en el menor a pesar de la pequeña altura de indiferencia. Su cabello que estaba completamente alborotado y sus ojos entrecerrados sin querer ver nada más, solamente seguían la luz que los alumbraba en aquella pequeña lámpara que era sostenía por un trozo de madera.





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Re: I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Sáb Nov 02, 2013 7:24 am

Parpadeó repetidas veces cuando vio cómo su hermano saltaba de su posición y tras decirle que permaneciera ahí salía corriendo de la cocina. No pudo más que rotar los ojos hacia arriba con pesadumbre, realmente ése idiota era complicado de guiar, las peleas habían comenzado entre ambos hacía a duras penas un par de meses atrás cuando se vio con mayor ímpetu que ambos chicos eran totalmente distintos y discrepaban en la mayoría de opiniones, aunque a pesar de ello, por ahora proseguían comportándose cómo le correspondía a dos hermanos. Se apoyaban y ayudaban, aunque pronto aquella época pasaría, cuando la adolescencia se apoderase totalmente del comportamiento de aquellos que a pesar de todo se procesaban claro y directo cariño: Padre había conseguido educarlos de manera que no existieran demasiadas batallas entre ambos, así pues la mayoría de alquimistas pensaba que no les había criado tan descontrolados como en un inicio todos creyeron que sucedería. Eran unos chicos inquietos pero inteligentes y de buenas intenciones.

Poco tardó en verle volver y... Esconderse. Suspiró y fue rumbo a éste, volviendo a tenderle la mano. –No pasará nada.- instó, totalmente convencido de que si ponían en descubierto que IX había estado contando esas historias suyas éste comprendería que hubieran escapado de las mismas, además, no se alejarían demasiado. Lo justo para que la noche calmase al que yacía asustado. Su palma fue agarrada y no dudó en llevar al albino en dirección a la ventana, lugar por el cual tenía él costumbre entrar y salir cuando los adultos vetaban las entradas fuera por protección o por indicación de I o II para que él no saliera –cosa que hacía de manera asidua, gustaba de la noche, la oscuridad y la calma que la misma le entregaba cuando se dejaba sumergir en esta-. Fue el primero en salir por ésta y poco más tarde su hermano aterrizó con piernas temblorosas cerca de él, lo que le hizo sonreír débil aunque al avanzar no tardó en sentir el peso de su compañero en su espalda, suspiró. Bien, por el miedo que podía sentir en ése supuso que el paseo no debería ser a oscuras y fue motivo suficiente cómo para que rebuscase entre unos arbustos cercanos la lámpara que utilizaba cuando quería alejarse algo más del calor del hogar.

Extendió aquella que alumbraba hacia delante, sosteniéndola firmemente con la diestra para asegurarse un camino despejado y... Seguía con Gintoki a sus espaldas, notando incluso el mecánico palpitar de su acompañante dar contra su espalda conforme los pasos iban adentrándoles algo más en aquel lugar. Le miró de reojo, ahí estaba, oculto tras su figura, una que era ligeramente más pequeña de altura y composición. –Sólo estamos en el jardín.- aunque lo cierto era que ya habían abandonado el mismo por la parte trasera y estaban un par de metros metidos en el bosque que justo tenían a sus espaldas. A pesar de ser caída la noche había calor por lo que agradeció internamente las ropas que se había puesto pues el otro estaba tan pegado contra sí que podía sentir su calor, su respiración y cada temblor propinado por su persona. –No tienes que tener miedo.- abrió en grande los labios mientras decía eso, aún mirándole, poco tardó en volver la mirada hacia delante, ligeramente, muy ligeramente sonrojado pero ése rubor era por causas verdaderamente distintas a las que Sakata. –Estás conmigo.- ... Mierda. Esas palabras dichas sin más eran mucho más vergonzosas si se decían en voz tan alta y directa. Procuró rectificarse. –... Es cómo padre lo quiere.-

Y quizás como él en ése momento también. Era sumamente extraño caminar con alguien más pero gratificante a su vez. Detuvo poco a poco el paso, consciente de que el otro también ejecutaría mencionada acción y alzó el rostro hacia el cielo: Estaban rodeados de espesa naturaleza empero las estrellas parecían desear alumbrarles el camino, brillando intensamente sobre la cabeza de ambos. Con la diestra sostenía aún la lámpara que alumbraba vagamente el camino, empero su zurda se alzó y apuntó hacia la galaxia que les cubría, abrió la palma y cómo si fuera un crío aún, hizo amago de capturar una de ellas, riéndose por lo bajo después, dejando repentinamente a un lado ése porte serio con el que siempre se vestía.





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Re: I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Sáb Nov 02, 2013 12:39 pm

El chico detuvo suavemente sus piernas al mismo contacto que el ajeno y elevo su mirada hacia el cielo; a pesar de estar asustado contemplaba de igual manera las estrellas que estaban en aquel sitio, sus labios estaban entreabiertos dejando que el aire entrase en sus fosas y saliera con la misma libertad. Escuchaba con el silencio de la noche su corazón latiendo rápidamente y sus pulmones tratando de tomar todo el aire del mundo para poder verterle dentro de ellos. Bajo su mirada hacia el menor mientras fruncía un poco el ceño, no estaba asustado, para nada lo estaba; okey si lo estaba pero no lo iba a admitir delante de él. No delante de aquel chico que desde pequeño estaba con él en todos los sentidos —. No tengo miedo… como si tuviese miedo por algo tan estúpido como los sands —admitió totalmente seguro; no iba a soltar tal deliberadamente que le tenía miedo a los fantasmas por lo cual acudió a llamarlos sands sin importar lo que pensaran las demás personas de lo que ese niño de cabellos blancos tuviese en su cabeza. ¿Y es que acaso tenía algo bueno en su cabeza? Recordaba que era el dolor de cabeza de II y de III cuando se las arreglaban para hacer de las suyas, los cálculos matemáticos de V y las estrategias de IV siempre funcionaban para sacar de sus casillas a todos los del vecindario, sobre todo al que vendía dulces y al cartero. Oh, como amaba molestar al que entregaba la correspondencia.

Lo miro durante unos segundos y vacilo un poco con sus palabras —. Tu eres más terrorífico que los sands, recuerda eso —le menciono, aferrándose más a la ropa ajena, sus manos estaban apretando la ropa sobre los hombros del ajeno y su saliva se deslizaba desde su boca hasta su estomago recorriendo todo su esófago, desapareciendo por completo. La noche en si estaba fría; pero no era porque él odiaba el frío que se encontraba temblando, al contrario le encantaba tanto el frío que si fuera él saldría desnudo corriendo por todo el pueblo para disfrutar del frío de la noche pero I no lo dejaría y dos sería estúpido. Una gota de sudor se resbalo por su nuca al sentir unos sonidos sobre los arbustos y su cuerpo se pego más al ajeno —. Magheq… ¿me has mentido cierto?... ya… ya no estamos en nuestro jardín… ¿cierto? —el chico trato de recordar los arbustos que estaban en el jardín, y según recordaba todos esos arbustos tenían una hermosa forma hecha por II; y estos arbustos eran… ¿salvajes? Si, esa era la palabra adecuada para definirlos. Sus manos apretaron más los hombros ajenos y de sus labios salió un gritico que resonó como eco en todo el lugar.

. ¡Hay algo ahí! —grito señalando el arbusto, mientras corría completamente el cuerpo del ajeno delante del arbusto y él se colocaba detrás. De alguna manera “protegiéndose” de los espíritus malignos que estuvieran rodeando el bosque y quisieran comérselos por ser niños desobedientes. Ninguno de los dos podría culpar a al otro; después de todo había sido idea del pelimorado pero el albino lo sigo por su propia cuenta. Por lo cual de alguna u otra manera también era culpable de todos los cargos hasta el momento, su piel se erizo completamente y el sudor que estaba deslizándose por su cuello se hizo presente —Mag-chan… ¿Gintoki? —alguna voz hizo que el cuerpo del albino se tensara, no identifico que clase de voz era ni tampoco quien era; solamente… solamente, un grito fue para su adentro y sus manos tomaron la del ajeno y comenzó a correr a lo que sus piernas daban — ¡Esperen! —otro grito, y este se deshizo con el viento.

Su respiración estaba regulándose al estar tirado en la tierra, sus rodillas estaban cruzadas y sus manos en el suelo respirando agitado, su pecho subía y bajaba. Había arrastrado a IV consigo hasta algún lugar indefinido, ya si la lamparita que los alumbraba con solamente observar la luz de la luna como su guía; eso sí que ahora era lindo –sobre todo para el albino que le aterra todo lo referente a historias de fantasmas y estos mismos- El albino levanto su cabeza tratando de identificar el lugar donde estaban —. Lo siento… creo que he perdido tu lámpara —susurro, trato de levantarse sujetándose de algo y esta se movió un poco hacia adelante haciendo que el albino cayese de rodillas en esta y leyera, entendía el inglés, por lo cual le fue fácil deducir —. “Rest in peace. Alexander Douglas” —el mismo color de su cabello se rego en su rostro; completamente blanco, completamente pálido —. Que… que bruto soy… acabo de leer… RIP… —susurro débilmente apretando la lapida donde estaba —. Mag… ¿estamos?... no lo estamos cierto… dime que no estamos en el cementerio —su voz se entrecorto con la mitad, y sus manos temblaron. Era el peor día para estar en el cementerio. El día de los muertos. El albino, estaba jodido.





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Re: I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Sáb Nov 02, 2013 8:40 pm

-Deja de...- suspiró. ¿Qué importaba si el contrario se inventaba palabras para todo? Simplemente debería recordar lo que aquella significaba y procurar no olvidarla para cuando el foráneo volviera a mencionarla... Cosa complicada, si mal no recordaba esa lista de palabras inventadas había llegado casi a las cincuenta: Ya no era una lista, se trataba de todo un diccionario editado por el mayor de ambos. Su ceño se vio ligeramente fruncido, aunque no mencionó nada en referencia a aquello que él le provocaba más temor, bien, no solía ser un chico sonriente, mucho menos se trataba de alguien que regalase sonrisas o buenos gestos para con el resto. Aunque con Gintoki y I solía ser distinto eran muchos los que le rodeaban que procuraban no envolverle demasiado, pues sabían de su parco temperamento y de las maneras más bien bruscas con las que el de cabellera morada solía actuar. Sí. Podría decirse que no era como el resto de pequeños, se podría quizás incluso afirmar que podría llegar a dar miedo a aquellos que no le conocían de manera total... Pero inspirarle miedo al albino... No, eso no le gustaba. Si bien infundía respeto por las malas, para con aquel otro no quería ser superior o diferente, quería ser un hermano. Un igual. No solía ponerse meditativo en aquellos temas pero en aquella ocasión tampoco le dio tiempo a sumirse demasiado en sus pensamientos pues el grito de ése que estaba aferrado a él le hizo estremecer y ponerse en guardía...

... Hasta que su cuerpo fue bruscamente agitado al ser agarrado y posteriormente arrastrado tierras desconocidas hacia dentro. Había parecido escuchar su nombre pero el alboroto provocado por su acompañante logró que disipase toda idea de su mente y que optase por seguir el paso del ajeno, trastabillando en un inicio por tener los pies cubiertos por el típico calzado nipon, uno que no se lidiaba demasiado con el arte de correr. Pronto el paso decreció y cuando el ajeno se tiró sobre la tierra él hizo su cuerpo hacia delante y apoyó las manos sobre sus delgadas rodillas, con rostro inclinado y boca abierta intentó que sus pulmones recuperasen el aliento perdido durante la carrera, no logrando más que jadear. Ya no portaba la lámpara y por consiguiente luna era la única que desde ahora les iluminaría. Aquello no presagiaba nada bueno, el lugar... Cuando logró respirar con mayor acierto enervó la cabeza, encontrándose con una escena de índole lúgubre rodeándoles. Los árboles allí tenían las ramas partidas, la luz parecía no tocar de manera adiente la zona y... un profundo escalofrío le invadió al escuchar a su hermano, mirando con ojos bien abiertos aquel sepulcro: Tumba.

El menor de ambos negó con la cabeza lentamente: Sí, era una lápida... Pero al haber sido testigo de los gritos que podía emitir el ajeno, procuró mentir la evidencia. -Será la decoración de alguna casa.- pero era demasiado realista y el lugar demasiado frío, además, ahí no contaba con la mencionada casa. Estaban solos. Solos y rodeados de cadáveres que yacían bajo tierra. Inconscientemente miró a sus pies y se preguntó de manera fugaz e infantil a cuantos estaría pisando en esos momentos. Enervó la mirada, viendo a ése otro tan pálido cómo la leche y se aproximó a él, sosteniéndole la diestra. Gintoki no había dudado un segundo a arrastrarle con él cuando el miedo le invadió ¿Le había protegido de manera inconsciente?. Sus dedos sostuvieron firmes la mano contraria como si de esa manera estuviera pidiéndole atención. -Vamos a casa.- el problema residía en que... No tenía ni idea de hacia donde era la misma. El mas alto de ambos, ése acongojado, había hecho que perdiera la noción del tiempo y espacio, aquello sumado al hecho de que no tenían luz haría que la cosa se complicase: Uno de Noviembre, día de difuntos.

Tiró suavemente de la mano adyacente y se mantuvo firme a su decisión de salir de allí, pisó el suelo y algo crujió bajo su peso, de inmediato éste llevó la mirada al lugar, retirando gentil el pie de la posición, observando unos muy pequeños huesos centrados en el lugar. Su cuerpo se tensó y su piel se erizó. No emitió ningún sonido pero su rostro poco tardó en buscar la mirada ajena. Estaban perdidos. No tenía consigo la katana y aunque Gintoki era hábil con el cuerpo a cuerpo... Dudaba realmente que nada pudiera salvarlos de ése lugar en el que se habían metido.





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Re: I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Sáb Nov 02, 2013 9:58 pm

El albino escuchaba a lo lejos la voz del pelimorado. Juraba que el sonido de la noche en esos momentos estaba calando profundamente sus huesos. Animales arrastrándose en el suelo, produciendo el sonido de las ramas rotas. Los arboles viejos que se movían con el viento buscando de algún u otro momento romperse y caer al suelo hecho pedazos. Escuchaba incluso el sonido de un molino viejo moverse; e incluso un rayo cubrió todo el cielo haciendo que su piel se erizara por completo; el sonido de un lobo aullar llego profundamente a sus tímpanos y su cuerpo estaba completamente petrificado en aquel lugar —. La… la decoración de esta… esta casa es muy buena… pero… Mag-chan… ¿Dónde… donde está la casa? —pregunto temblando, escuchando los ladridos de algunos perros a lo lejos. Sintiendo que su cuerpo se congelaba más en donde estaba, no le estaba gustando para nada estar en ese lugar, mucho menos rodeado de fantasmas… los cadáveres no le importaban; había visto muchos de ellos pero… ¡Los fantasmas eran diferentes! Bueno, para él albino lo eran.

El sonido de un árbol cayendo detrás de ellos fue lo que le asusto. Salto de un brinco cuando el rayo cayó cerca de donde estaban haciendo que el árbol se balanceara hacia adelante y cayera por completo; quien sabe en qué lugar había caído, pero el albino sintió completamente el viento chocar contra su espalda y el frío subir desde sus pantorrillas hasta su cuello, con el gran terror que le causo. Los arboles crujían y el sonido de los murciélagos en la noche al igual que su chillido estaba presente; su cuerpo se aferro completamente al del pelimorado, mientras se ocultaba entre sus brazos. Le estaba valiendo completamente todo, pero sintió que la pierna de ambos se enredaron y cayeron al suelo; el albino quien cayó encima del chico, sintiendo que crujía algo más en el suelo —. Me arrepiento completamente al decir que tú dabas más terror que los sands… —susurro, era mentira, Mag-chan no daba para nada miedo al contrario a él le gustaba mucho el pelimorado –pero para un niño como él, era en buen sentido, todavía no había descubiertos sus sentimientos- —, pero… siento que estamos malditos —al finalizar lo ultimo sintió que donde habían caído se había roto en pedazos, era… solo un trozo de madera podrido.

El albino quien cayó de frente comenzó a sobar su nariz y su frente la cual se había golpeado demasiado. Mientras trataba de levantarse, al pisar un poco ahogo un gruñido de dolor notando que se había enterrado algo, bajo su mano quitándolo de su pierna, la cual ya no tenía su pequeña sandalia y noto que lo que tenía en su mano era un hueso de alguna parte de las costillas, se puso completamente pálido y lo soltó echándose hacia atrás chocándose con algo, giro lentamente su rostro hacia atrás y ahogo un gran grito al notar un esqueleto humano colgado —. Mag… Mag… ¿Dónde estás, Mag? —preguntaba, solamente se colaba la luz de la luna, y todo estaba completamente oscuro, el albino quien comenzó a sollozar arrodillado en aquel lugar; sus lagrimas se escurrían de su rostro.

Lo odiaba… odiaba sentirse de esa manera; pero le tenía miedo a los fantasmas. Los fantasmas eran personas que no encontraron el descanso eterno y seguirían vagando por el resto del mundo. El temía por ellos, porque no pudieron ir a descansar en paz, no importaba si era el cielo o la tierra. No los odiaba, les tenía miedo y lastima. Aquella lastima comenzó a volverse en miedo y al final temía que pudieran salir todas las personas que él había matado antes. Su cuerpo estaba convulsionando por los sollozos que estaba dando en aquel lugar que al parecer parecía una cueva y bastante profunda; llena de esqueletos los cuales asustaban demasiado al niño de cabellos blancos.

. Mag-chan… —sollozaba, apretando su yukata, la cual yacía completamente sucia. No tenía su espada, no sentía a I con él… y Mag-chan se había perdido. Estaba completamente solo… solo.






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Re: I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Mar Nov 05, 2013 6:56 am

Todo apuntaba a que aquella noche habría tormenta, una de la que difícilmente conseguirían escapar al estar rodeado de árboles, lo que deberían hacer era sin lugar a dudas salir de allí. Padre le enseñó tiempo atrás que los de copas más altas eran propensos a llamar a los rayos y con ello sembrar pánico a quienes estuvieran cerca y fue así exactamente cómo todo sucedió. Estallido, el ruido seco una luz alumbrando el camino y el grito de Gintoki. No supo en qué momento dejó de sentir el cuerpo de su hermano pegado al propio pero se sabía caminar solo, no, Gintoki no estaba con él. Empero poco tardó en escuchar como algo caía contra el suelo y hablaba, no le entendió por la distancia entre ambos, pero estaba hablando por consiguiente procuró moverse en dirección a la conocida voz, sin saber que realmente lo que estaba haciendo era alejarse cada vez más del albino y adentrarse más al bosque que ambos tenían rodeándoles con frondosas ramas y sendosos arbustos que les tapiaban las vistas.

Sus pasos eran lentos pues temía terminar enredado en alguna de las ramas que yacían por el suelo, pero durante el recorrido un crujido le hizo mirar hacia atrás: Nada. Todo era tan negro que hubiera asustado al más valiente, no obstante él se sentía seguro, con una muy extraña calma rodeándole. Aquella negrura no mermaba su espíritu, para nada. Alzó una ceja cuando creyó divisar algo y su pequeño cuerpo fue volteándose poco a poco hacia el sendero contrario, de repente sus grandes ojos infantiles se abrieron de par en par cuando vio alzado en medio de la nada una especie de fuego azul que brillaba con densidad, supo reconocer lo que era de inmediato. –Fuego fatuo...- murmuró, maravillado con aquello. bien, estaban en un cementerio y conocía del cierto la composición de aquellos gases, sus mayores procuraron desde pequeño infundirle miedo para con los cementerios pero por las noches, al ser arropado, I le desmentía todo y le explicaba las cosas de la manera más técnica posible para que no las temiera, y realmente aquella técnica funcionó... al menos con él. Gintoki tuvo en cambio que lidiar con las aventuras de IX, claramente no recomendadas para niños.

Estaba ahí, admirándolo, cuando el mismo sin más desapareció, logrando que el peli morado parpadease un par de veces seguida, sin embargo una sonrisa apareció en su rostro cuando otro, unos metros más atrás apareció. Movido por el interés se dirigió hacia aquellas lucecitas: Iban, venían, desaparecían... Tenía una mano hacia delante, buscando tocarlas, quería saber que se sentía con uno de aquellos en la mano, conocer textura, aroma, empero estas eran rápidas y no se dejaban atrapar, ganándose algún que otro resoplido por parte del perseguidor. El camino fue dejando de ser tan prieto y así fue cómo dejó de ser arañado por las pérfidas ramas que merodeaban por la zona en busca de clara víctima. Tenía las ropas con algún que otro descosido y algún arañazo superficial: Nada de vital importancia que precisara de pronta revisión.

Su sonrisa se iluminó cuando creyó poder tocar una de aquellas lucecitas, aunque la misma estaba... ¿Llorando? Alargó la mano y esta volvió a desaparecer, pero su mano yacía sobre algo. Enfocó con cuidado que era lo que rozaba y advirtió el cabello blanco y rizado de Gintoki y éste estaba llorando. Parpadeó nuevamente. ¿Le habían traído hasta él? miró hacia atrás: Nada. Ni uno solo de los fuegos. Suspiró y agazapó su posición aún con la mano sobre el cabello de su hermano y buscó algún signo de herida, todo parecía en orden a pesar de todo lo sucio que se encontraba, así que le dedicó un suave roce a modo de caricia sobre su cabeza. –No llores.- no estaba acostumbrado a lidiar con personas que lloraban, de hecho, jamás vio llorar a un hermano. -Creo que sé dónde está el camino.- susurró, sí, no sabía el motivo, pero entendió el mensaje de aquellos: Estaba caminando por el lado contrario al hogar.





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Re: I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Mar Nov 05, 2013 1:42 pm

El albino levanto suavemente su rostro y los mocos seguían deslizándose por su rostro al igual que las lagrimas los absorbió como solía hacerlo y se limpio la cara rápidamente con la manga de la yukata. Inhalo un poco de aire y su mano termino sosteniendo la yukata del ajeno con fuerza mientras lo escuchaba; sus mejillas estaban sonrojadas y su respiración estaba algo contraída, ya que por el gran susto que se había dado no podría encontrar la manera de respirar con tranquilidad. Siempre que sucedían esas cosas Gintoki se asustaba demasiado; le tenía tanto miedo a los fantasmas, las historias de terror, todo lo que tuviese que ver con lo paranormal lo que lo alejaba del mundo real. Tener mido a los seres sin forma y a aquellos seres con ectoplasma era lo más terrorífico que sus pequeños ojos rojos pudiesen observar. Pero en esos momentos recordaba que no estaba solo, Ya no más, por lo cual su mano temblando sujeto con más fuerza la ajena tratando de levantarse del suelo mientras apoyaba sus piernas y se sostenía.

. No estaba llorando, se metió un sucio en mis ojos —mentía, mientras seguía tallándose su rostro tratando de quitar cualquier suciedad de su pequeño rostro soñoliento —, talle demasiado fuerte y comenzaron a llorar mis ojos; solo es eso —seguía con su mentira, la cual era tan normal para el albino cuando lloraba, sujetando la yukata del ajeno comenzando a caminar seguido de él —, ¿Cómo?... ¿Cómo sabes dónde está la salida? —le pregunto mirando a todas partes, buscando a alguien que tal vez los ayude desde las sombras, o a alguien que lo quisiera asustar.

Estaba demasiado alterado que cualquier movimiento, pudiese colocarle la piel de gallina; sobre todo si se trataba de Gintoki. Un mocoso de tan solo 12 años que le tenía miedo a los fantasmas y alterado como estaba dentro del cementerio o… ¿cerca de él? Ya no sabía ni donde se encontraba y si ese lugar era seguro; lo único que sabía era que quería salir de ese lugar a toda costa. Sus pasos seguían suavemente a los del pelimorado; sujetando esta vez la mano del menor; apretándola contra sus dedos —. Por… por si te vuelves a perder —susurro girando su rostro con sus mejillas sonrojadas, viendo por donde estaban pasando, era como una pequeña cueva con algunas luciérnagas por dentro que iluminaban todo el camino el albino las observa con una sonrisa en su rostro por lo hermosas que eran. Era como un camino oscuro lleno de luz; el albino lanzo una pequeña risa de sus labios al pesar del temor que tenia “Gintoki, donde hay luz tiene que haber oscuridad por obligación; ninguna puede vivir sin la otra”, cerro sus pequeños ojos y apretó más fuerte el agarre de sus manos, sintiendo a las luciérnagas volar a su alrededor.

. Parecen pequeños dulces luminosos —susurro, con un pequeño hilo de baba deslizarse a un lado de su boca, levanto su mano limpiándolo y sintiendo que una de las pequeñas luciérnagas se quedo en su yukata por lo cual la quedo observando con curiosidad, y el pequeño animal termino en su nariz y el albino tratando de verla junto sus pequeños ojos hacia la dirección de su nariz con diversión y tranquilidad. Escuchando las alas pequeñas de la ajena vibrar contra el viento, esta salió volando el albino la siguió con sus ojos. No quería preguntarle al ajeno como lo encontró, por lo cual solo sentir la calidad de su mano que quedara entre la suya era lo mejor que pudiera sentir; con sus ojos cerrados mostrando tranquilidad y ahora tenia de alguna manera fuerza.





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Re: I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Miér Nov 06, 2013 3:40 am

No hizo alusión ninguna al comentario de ése otro, cuando éste se negó a estar llorando se limitó a asentir empero su mirada no se apartó demasiado de ése otro cómo si esperase que de un momento a otro volviera a romper a llorar, no obstante parecía que ahora estaba algo más tranquilo, cosa que agradecería debido a que no sabía hasta que punto daría su paciencia para con los sollozos de su hermano. No, realmente no estaba acostumbrado a la debilidad. Sus hermanos siempre se mostraban altaneros y autosuficientes, siempre fuertes y valerosos, desde que tuvo consciencia intentó y procurar verse cómo ellos para no incomodarlos, ser uno más a pesar de lo pequeño que pudiera verse ante el resto. No, él debía ser uno más, un compañero... y así lo dictaminó con a duras penas dos o tres años, mucho antes de la llegada de Gintoki a la casa.

Dio un muy ligero respingo cuando notó la mano foránea sujetarse a la suya, ya con el otro en pie y ambos alineados para caminar en un mismo compás miró de reojo la palma que estaba envolviendo a la propia y enervó despacio esa mirada suya hasta dar con el rostro enrojecido del albino. Sonrió, allí, en medio de la nada mostró una callada pero endulzada sonrisa que enfocó y englobó al otro. –Tú tampoco podrás perderte.- quizás justamente esa era la manera del mayor de realmente mostrar que debían estar juntos, así que sus dedos afianzaron el agarre tan buen punto acabó la oración haciéndole claro testigo de que por su parte aquella unión no se rompería. Avanzó seguro, cómo si una extraña fuerza le empujase al camino que debían ambos tomar, ahora no era ése fuego travieso... Eran miles de pequeñas lucecitas adheridas a unas paredes estrechas que estaban cubriéndoles, cómo si estuviera rodeándole una galaxia. Se sintió tremendamente pequeño, era cómo si el cielo hubiera bajado para rodearles y hacerles participes de lo maravillosa que podía llegar a ser la vida, su mirada se iluminó pero al contrario que su acompañante el resguardó silencio admirando todo aquello, aunque miró de reojo al ajeno no pudiendo reprimir una callada risa y es que ningún sonido manó de sus labios, fue cómo una película de cine mudo, hizo el gesto de reírse incluso enseñó los dientes al foráneo en un gesto que irradiaba tranquilidad, confianza.

Negó con la cabeza ante lo torpe de su hermano y él mismo tendió la palma, la manga del yukata recayó por lo delgado de su brazo pues la amplitud de la mano se hizo notar en el gesto y resguardó tranquilo, antes de lo previsto un de aquellos insectos se postró en su dermis y cuidadoso soltó la mano del antes asustado futuro alquimista para enclaustrar cuidadoso al mismo entre sus dos manos, hizo una cárcel oscura para el luminoso y entonces se encaró al que intentó capturarla con aquella diversión tan típica de niños. –¿Si te regalo una estrella dejarás de llorar cuando te asustes?- alzó las manos aún encerradas hasta que quedaron a la altura del rostro de ése que era una cabeza más alta a él. –Será tú estrella, siempre estará en el cielo y te acompañará. No estarás solo nunca más.- y estaba completa y totalmente convencido de que aquello era realmente el cielo que había ascendido a ellos para darles esa visión tan maravillosa de lo caído, de lo inalcanzable.

Con manos extendidas hacia el otro el yukata escurriéndole entre los brazos y la mirada fija en el de cabellos blancos la escena se vio envuelta de más de aquellas pequeñas luces que revoloteaban inquietas. Notó el suave movimiento de la capturada, pero esa era de Gintoki, no podría liberarla hasta que no fuera el momento y debía ser fuera de la cueva para que la misma volviera al cielo y resguardase desde ése mismo instante el camino ajeno. Para siempre. Por siempre.





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Re: I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Miér Nov 06, 2013 12:36 pm

El pequeño albino quedo dentro de la cueva completamente callado, escuchando lo que el pelimorado estaba diciendo. Una pequeña risa curso sus labios, no era por burla, solamente era por diversión. Sus manos se estiraron tomando la ajena y ampliando una sonrisa mostrando sus dientes; aquella sonrisa que no solía mostrarle a todos, ni siquiera la solía mostrar muy seguido a I, siempre se mostraba serio, sujetando su espada y abrazándose a ella a pesar de las circunstancias. Tan callado, tan silencioso. La única persona que lo había visto llorar de los niños había sido ese pelimorado que estaba delante de sus ojos. El pequeño también estiro su mano y agarro una estrella, y la dirigió hacia su pecho mirando atentamente al pelimorado.

. No lloro cuando me asusto ¡Y no me asusto! —le dijo frunciendo un poco el ceño pero trago seco y bajo su mano hasta colocarla encima de la de él, y tratar de abrirla un poco haciendo una pequeña cárcel con ambas manos resguardando las dos pequeñas estrellas, entre sus manos —. Pero… si, tratare de no… dejar que mis ojos piquen cuando este solo —susurro, levantando suavemente sus manos mientras se acercaba más a él para que la cárcel no se rompiera.

Ahora lo único que faltaba era liberarlas hasta el cielo. El no tenía motivos algunos por lo cual regalarle una estrella a la persona que fue su mejor amigo desde que piso aquella casa; el primer niño que conoció y aunque el encuentro no fue para nada agradable; seguían aferrándose a sus creencias gracias a I, gemelos, niños abandonados y juntos, muchos niños observando y verlos llegar era algo que no podría negar que le gustaba; tenía más y más amigos y podría disfrutar de lo que realmente era una vida rodeada de personas. Sus manos temblorosas sujetaban las ajenas mientras más caminaban hasta la salida de la cueva, el viento comenzó a colarse y su ropa se desordenaba completamente; los labios del albino se abrieron sonriendo al ver pequeñas lámparas a lo lejos, ya estaban cerca de la ciudad por lo cual estaban acercándose a su casa, el albino camino más rápido y cuando piso el suelo de afuera levanto su vista observando las miles de estrellas que estaban pegadas en el frío cielo, y levanto sus manos junto a su hermano.

. Tú me tienes que prometer que no te enojaras conmigo cuando me coma tus dulces —susurro, antes de liberar a las pequeñas estrellas que volarían hacia el cielo; el albino antes de que el ajeno le contestara divertido abrió sus manos y las luciérnagas comenzaron a volar hacia el cielo, haciendo pequeños 8 en este mientras volaban y se cruzaban entre sí. El albino bajo su mano y sujeto fuertemente la del pelimorado sujetándose, sosteniéndose entre sí; observando con alegría y dulzura como aquellas rebeldes y hermosas luciérnagas desaparecían en el cielo.

. Sigo pensando… que son pequeñas golosinas luminosas —susurro suavemente, apretando sus manos contra su ropa y meciendo su cuerpo hacia atrás un poco, para observarlas con mejor postura, observo una roca y como no podría soltar la mano de Magheq lo empujo hasta esta y se sentó observando con mejor vista aquellas estrellas.





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Re: I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por "Magheq" IV. Kahlfuss el Miér Nov 06, 2013 3:37 pm

Asintió pasiblemente con un movimiento lento pero firme cuando el ajeno enunció lo referente a los enojos en referencia a los dulces, a él no le gustaban demasiado si realmente armaba disputa era porque Gintoki carecía de cordura y se los quitaba sin siquiera aviarle, sin pedirlos. Era sumamente posesivo para con lo suyo y el hecho de que el albino le arrebatase sus pertenencias no era fruto de su agrado, aunque por su parte veía más factible sostener alguna fruta que no hacerse con los dulces que I o II les traían, III era sin duda el que mejor sabía elegir a su parecer y le traía dulces que si eran deliciosos, pero estos eran arrebatados –como todo- por el total y absoluto fan de aquellos, dejándole con poco más que vagas esperanzas de que el adulto volviera a traer otros para, con suerte, poder esa vez comer alguno. Mas no era algo que le quitase el sueño, podía vivir sin el azúcar empero adivinaba que su hermano no. Desde que esa primera noche en las piernas de I le vio probar el dulce supo por las mejillas ruborizadas de éste que aquel sabor le condenaría.

Y... la unión de ambas manos, de esa cárcel creada entre cuatro pequeñas manos se abrió liberando a aquellas que desde ése día les harían de guía. La sonrisa que anteriormente mostraron ambos volvió a ser parte del rostro siempre serio del futuro alquimista mientras observaba el curso del vuelo de aquellas pequeñas formas de vida luminosas, se cruzaban y volvían a unir...: Algo que les pasaría a los que observaban la escena. Ahora sus caminos estaban en el eje central del ocho creado, pero más tarde no habría ningún tipo de conexión hasta que el camino, el sendero o el destino volviera a unir a los que ahora estaban tomados de la mano observando el cielo. Sin miedo, sin ansiedad... Eran ellos y aquella vaga promesa de protección, aunque el último comentario por parte del albino le arrancó una risita, una que jamás se daba en presencia de más adultos que no fueran I.

El correr de alguien le hizo mover vagamente la cabeza hacia atrás. –¡O-oe!- un chico claramente reconocible de cabellera rubia agitó la mano de lado a lado para capturar la atención de los pequeños, venía corriendo, jadeando pero una sonrisa se formó en sus labios al ver que había encontrado unidos a la fuente de su preocupación. –¡Estáis aquí!- cuando les alcanzó detuvo la carrera y apoyó las manos sobre sus rodillas prosiguiendo con los jadeos –Menos mal...- suspiró –Os estábamos buscando.-

Llevó las dos manos hacia delante para capturar las cabezas de ambos niños y gesto extraño en el alquimista, empero los atrajo hacia sí para rodearlos en una especie de abrazo –Vamos a casa, anda. I está que echa humo.- pero a pesar de esas palabras se quedó abrazando un poco más a los niños, sólo un poco más. desconocía del cierto el tiempo que habían perecido perdidos pero el cielo comenzaba a cubrir las estrellas por lo rojizo de la llegada del sol. El día de los muertos llegó a su fin.





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Re: I curse again and again the ghosts || "Magheq" IV. Kahlfuss [Flash Back]

Mensaje por Gintoki “Grim” V. Sakata el Miér Nov 06, 2013 4:03 pm

Una voz conocida logro completamente entrar dentro del cuerpo del albino, el pequeño giro su cuerpo al igual que el chico con quien compartía su calor hasta que se posiciono delante de ellos. Gintoki trago seco por la pequeña broma que dejo en las habitaciones para poder escapar esa noche con Magheq. Pero el abrazo le hizo relajarse un poco, por lo menos no iban a ser regañados si no hasta llegar a casa. Pero estaba 100% seguro de que iba a salir regañado seria él por asustarlo primeramente. Y I sabía perfectamente como se colocaba el albino cuando se trataba de historias de terror, pero IX no tenía la culpa ¿O sí? Si, si la tenia no era inteligente para nada y no fue a pertenecer a la secta por puro capricho de I. El albino levanto su manito agarrando la ropa del mayor y este lanzo un largo suspiro de alivio al ver que los dos estaban bien; o eso aparentaba — ¡Gin! ¡Mag! ¡Están realmente sucios! ¡¿Dónde estaban metidos?! —dijo alarmado comenzando a revisarlos, al albino lo tomo de las mejillas y observaba su rostro con seguridad —. I me va a matar si los ve sucios y con pequeños raspones, ¿en donde estaban? —los dos pequeños se observaron; y esos profundos ojos dieron a entender que iba a ser un secreto de solo ellos dos. El adulto más alterado lanzo un largo suspiro y los tomos de las manos para salir de aquel lugar en dirección a la casa.

Si IX tenía que tener su castigo por asustar al pequeño albino con sus tontas historias de terror, debía tenerlo ahora y siempre que las contaba. Aunque afirmara muchas veces que no tenía miedo a aquellas historias siempre iba a terminar completamente asustado y corriendo entre los brazos de I para que se durmiera con tranquilidad; esa noche había salido sin su espada y en vez de llegar a casa con terror y miedo llegaba con una pequeña sonrisa divertida y un secreto que quedaba entre el corazón de los dos futuros alquimistas. La casa para ellos no estuvo tan lejos de regreso; los dos chicos fueron abrazados efusivamente por III quien los regañaba porque habían salido corriendo Así que esa fue la voz de III, para mí fue tan aterradora…, pensó el albino tragando seco por aquellos pensamientos que surcaron su cabeza en esos momentos.

I estaba delante de la puerta de la habitación de los dos con las pelucas y la espada de Gintoki, el pequeño corrió y tomo su espada con sus manos apretándola contra su pecho escuchando los pequeños “regaños” de I, mientras entraba a la habitación tomando tranquilamente su peluca desordenada y la guardaba en su armario. El mayor suspiro y los cargo a los dos sentándolos en la cama. De la boca del albino no iba a salir ni una sola palabra de lo que habían pasado de esa noche y de tampoco su pequeña promesa, trataría de no llorar cuando estuviese asustado y solo; pero no iba a dejar de temer a ese tipo de cosas fantasmales. El pequeño miraba al mayor parpadeando un par de veces y apretaba tranquilamente sus manos contra su yukata y apretaba fuertemente su espada. El niño oculto una sonrisa entre sus largos cabellos cuando bajaron el rostro pidiendo disculpas antes del fuerte abrazo paternal; y recordaría esto por siempre.



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